Abraham y el sacrificio de su hijo

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Casi siempre quien pasa por una adicción, necesita abrirse primero humanamente, para después venir lo espiritual. Muchos están resentidos con la vida, con la sociedad, con la familia, consigo mismos, con Dios. Por ello a una gran mayoría les es necesario acudir a un centro de adicciones como lo es AA, y allí ellos abrirse humanamente ante otros. Y es indispensable, muy indispensable que ellos reconozcan que necesitan ayuda, que la adicción les está arrastrando a un vacío, un abismo cada vez más hondo.
¿Es posible influir en ellos a que tomen esa decisión de buscar ayuda? Sí, a través del pensamiento, de la comunicación de espíritu a espíritu. Cada vez que tengamos oportunidad hacerles sentir con nuestro espíritu, el enviarles ese mensaje con nuestro pensamiento que lo que están haciendo no es la solución, que necesitan buscar ayuda, porque su adicción los ha sobrepasado. Que lo hagan por sí mismos, que sean honestos consigo mismos para aceptar su enfermedad.






«Caridad y más caridad a vuestros hermanos, y veréis al Padre en todo Su esplendor».
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La caridad es una de las más excelsas y sublimes de las virtudes espirituales, por la cual nuestro espíritu va conquistando su elevación espiritual cuando lo hace de corazón.
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El dar de corazón sin esperar pago alguno ni si acaso de Quién todo lo da, nos hace humildes ante Él.
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Cuantas formas de manifestarse el amor espiritual, aquel amor más allá de lo humano, aquel amor que trasciende, transforma, eleva, enaltece, y hasta dignifica al espíritu cuando desea saldar sus deudas espirituales no por el dolor, sino por el amor.
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Cuantas veces se espera que el Cielo responda, pero nos olvidamos a cada momento de dar nuestra respuesta. Pues también es cierto, que el QUE DA, RECIBE.
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«Caridad y más caridad y veréis al Padre en todo Su esplendor»… Así es la Doctrina del Espiritualismo, la Doctrina del Espíritu Santo de Dios, porque el que da con el corazón, con espíritu humilde está abriendo la oportunidad de recibir de lo alto.
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Nunca nos arrepentiremos de hacer esta practica, todo se guarda en el arcano de la eternidad, y todo llega en el preciso instante en que nuestro ser reciba su galardón. En nuestra propia familia cuántas formas de manifestar esta virtud, y más allá del hogar también. Esta morada no sería de tormento ni de llanto, si quienes lo habitan tuviesen como practica esta verdad.
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El que da, recibe… que hermoso es cuando por medio de otro hermano sin interés alguno llega ese auxilio, esa ayuda… ¿será que en otro tiempo también nosotros mismos fuimos desinteresados? Entonces sigamos sembrando con corazón y espíritu de verdad.

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El único que conoce nuestro verdadero ser es Quien nos dio vida y eternidad. Quien puede adentrarse hasta el fondo de nuestro corazón y conocer con certeza la veracidad del espíritu en su virtud.
Ante los ojos de los demás pasan imperceptibles nuestras virtudes espirituales, y muchas veces no interesan. Hay ocasiones que los hombres son engañados ante la belleza exterior, y sin embargo, a quien admiran por su encanto, interiormente guarda el sepulcro. Hay quienes se maravillan por aquellos que tienen un florido verbo, ese encanto les hace pensar que lo que expresan exteriormente a similitud lo tienen interiormente,… pero se olvidan que en esa elocuencia, su corazón está en el vacío.
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Hay quienes no tienen un florido verbo ni el encanto exterior, pero sí poseen la virtud de Dios en su interior. Conocen el lenguaje del espíritu, ese lenguaje que abre de par en par el Arcano divino. Para ellos son los secretos de los cielos;… para ellos son las grandes aureolas, que son como coronas que no van ceñidas en la frente, sino en el mismo arcano que cada espíritu posee por Cielo y Gloria. Allí humildemente permanecen esas coronas, que sólo pueden ser contempladas en la luz del espíritu. Ningún soberbio puede poseer los secretos de los Cielos. Mas como lo dice el Maestro, cuando el soberbio se torne humilde, Él será quien engalane aquel espíritu con los grandes tesoros espirituales.
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El humilde pasa desapercibido ante los ojos humanos, incluso parecer que no guarda virtud alguna. Y sin embargo, ese espíritu elevado desde el interior de su templo espiritual, por su elevación a cada instante si lo desea tiene por dicha, la llave que abre el arcano de Dios.
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¿Quiénes vestirán como una túnica blanca y resplandeciente la virtud? Todos. Así cada quien abrirán los cielos conforme su anhelo de conquistarlos. Pues nadie puede perder la luz de la virtud con que fue engalanado cada espíritu al nacer del Espíritu Divino. Podrá quedar oculta o empañada, pero no perderse. Ya que sólo basta un instante de voluntad, para volverla hacerla brillar, acrecentarla cada vez más y entregarle su pureza original, conforme pasa la gran eternidad en los hijos de Dios.
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3-59-55. El hombre es lo más perfecto que en el mundo ha existido. En él hay semejanza con el Creador. En él existe una trinidad: Conciencia, espíritu y materia, tres potencias que unidas forman un ser perfecto.
56. Podría el cuerpo vivir sin espíritu, animado tan sólo por la vida material, pero no sería humano. Poseería alma y carecería de Conciencia, pero no sabría guiarse por sí mismo ni sería el ser superior que por medio de la Conciencia, conoce la Ley, distingue el bien del mal y recibe toda revelación divina.
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Como la gran parte de la humanidad no conoce el beneficio de la elevación espiritual, que nos da la posibilidad de la comunicación con nuestro Padre y por esa elevación recibir directamente la Sabiduría, Él ha dejado un legado, un testamento espiritual uno tras otro en los tiempos.
Hay veces juzgamos a los niños de poco entendimiento espiritual; pero el Padre bien nos dice, que en aquellos pequeños pueden estar espíritus mucho más viejos que el nuestro. Espíritus con una mayor trayectoria en la vida que el nuestro. Espíritus mucho más evolucionados que los mismos padres. Por lo tanto, tienen la posibilidad de entender lo espiritual.
Cada hijo nuestro va ir procurando sus propias necesidades en el transcurso de su crecimiento; no todos les llamará la atención del aprendizaje espiritual. Y aún así, les es necesario conocer que cada obra que haga por su espíritu tiene como fruto una alegría o una desdicha. Que no son sólo carne, sino también esencia. Que la carne pide su tributo o sea su alimento, su necesidad de vestirse, de desarrollarse; sin embargo, también la esencia pide su tributo, la necesidad de la oración, de tener presente su desarrollo de la comunicación con Dios. Y, preguntarán ellos, ¿cómo se logra eso? Procurando la virtud en su existencia, lo bueno y lo noble para consigo mismos y los demás. Entendiendo que así como es importante el desarrollo del intelecto de la ciencia humana, también es importante el desarrollo de la ciencia espiritual. Que así como hay libros donde se aprende de la ciencia del hombre, también los hay donde se aprende la ciencia del espíritu. Así como existe una guía exacta para guiarse y desarrollar la ciencia que aspiramos aprender en lo material,… también existe una guía certera para desarrollar el espíritu: El Libro de la Vida Verdadera, el Tercer Testamento. Porque comprendiendo el último Legado divino, les será mucho más fácil el entender los dos Legados anteriores, así como cualquier otro libro de índole espiritual.
No juzguemos a nuestros niños, como que apenas van a comenzar el trayecto de la vida. Ya que será un pensamiento y sentir erróneo; ellos ya tienen su propio adelanto espiritual, y de las veces más desarrollado que el nuestro. Incluso pueden venir a enseñar, no para aprender. Su libro de la vida es mucho más extenso, más amplio. En sus hojas están escritos sus errores, sus faltas, sus aciertos, sus victorias, de la misma forma como lo es en cualquiera de nosotros. Aunque sí, de pequeños necesitarán guía, ese báculo paternal que los conduzcan por el buen sendero. Al crecer tomarán por sí mismos lo que les interese no sólo lo que corresponde en el camino material, sino también en el sendero espiritual.
Decirles que en su ser existe una guía espiritual y divina, la voz del Padre, presente en toda Conciencia. Esa voz que se hace sentir sabiamente a través de un sentimiento cuando hacemos el bien, o hacemos lo opuesto. Esa voz que no nos deja tranquilos ante nuestro mal obrar, y que nos invita a rectificar el camino, más no obliga. Esa voz que indica al espíritu hacerse sabio y,… a conquistar moradas mucho más elevadas en luz y sabiduría, al practicar en su existencia el amor, el bien, la virtud.
Y bueno,… ¿cuándo iniciar una plática de lo espiritual con nuestros niños? Cuando se presente la oportunidad,… cuando por alguna razón nos pregunten por Dios, por el espíritu. Cuando hayan soñado algo y les cause inquietud, y nos lo hagan conocer. Cuando los observemos ver una película, como por ejemplo en Semana Santa o Navidad. Cuando estén las festividades navideñas y les expliquemos quién fue Jesús. Cuando asisten y nos acompañan a una reunión de doctrina espiritual. Las oportunidades pueden ser bastantes. Lo importante a considerar es, que esos primeros pasos de aprendizaje serán el cimiento continuo, que pueden hacer de nuestros hijos ya en su vida adulta, hombres y mujeres de buena voluntad. Claro está que el ejemplo de los padres, siempre será la mejor herencia espiritual. Una herencia abierta a todos, al amor a todos. De no juzgar livianamente. Al respeto hacia las ideologías espirituales. El ser lo más posible apegados por convicción a la Ley espiritual, el no robar, no mentir, no codiciar lo ajeno… etc. Amar la Naturaleza, la Creación,… el ser respetuosos con las criaturas, con nuestro propio cuerpo. El no guardar rencores, resentimientos, odios. El procurar la igualdad y la fraternidad entre las naciones. A ser libres espiritualmente, teniendo como guía, consejo y sendero la luz de la Conciencia… Y más mucho más.
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5-118-1. “Dejad a los niños que vengan a Mí”, vuelvo a deciros; no porque les miréis pequeños, penséis que no pueden recibirme.
5-118-2. Por muchas deudas y manchas que tenga un espíritu, cuando vive en la infancia, la envoltura participa de la pureza y de la inocencia de ésta. En esos instantes es cuando necesita el espíritu toda clase de ayuda para no desviarse del sendero.
5-118-3. La reencarnación es la oportunidad que Dios, en su amorosa justicia, ofrece al espíritu, para que recobre su pureza y retorne al camino. Esa es la forma en que puede aprovechar la experiencia recogida en su peregrinaje.
5-118-4. Cuando miréis a los niños, hacedlo con respeto, porque no sabéis qué espíritu se oculta en ellos; mas de lo que podéis estar seguros, es que en cada uno de esos pequeños seres existe un pasado que es toda una historia, toda una vida de evolución.
5-118-5. El espíritu, cuando vive la niñez de su envoltura, necesita del apoyo de los mayores, porque su materia es frágil para sostenerle; requiere de la ternura, para que su corazón no se endurezca, y también necesita de ejemplos y enseñanzas que le cultiven y le fortalezcan, mientras llega la hora de poder manifestarse.
5-118-6. Cada espíritu trae su mensaje y para que pueda expresarlo, es preciso que todo sea favorable a su derredor. Cuando el espíritu, después de su largo tránsito de luchas y de pruebas para alcanzar su perfeccionamiento, llega a verse libre de manchas, miserias e ignorancias y es en él sólo la luz, llega a tener semejanza con la pureza de los niños.
5-118-7. El niño sabe intuitivamente que es impotente para luchar por sí mismo, y entonces deposita toda su confianza en sus padres. Nada teme cuando se encuentra al lado de ellos; sólo bien espera y sabe que nada le faltará. Luego va descubriendo que en ellos existe una fuente de saber, de ternura y de vida, por lo que en su compañía llega a experimentar la felicidad.


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