A la ancianidad

Libro de la Vida Verdadera

A la ancianidad

¡Ah, sí supieseis vivir con la sencillez de las aves que viven amándose y que cuando sienten que el invierno se aproxima emprenden el vuelo en busca de mejores climas, pero dejando preparados sus nidos en los árboles para que sirvan de hogar a sus hermanos! El invierno de vuestra vida es la vejez; mas vosotros que sois hombres de poca fe, miráis en ese invierno la frialdad de la muerte y del fin sin comprender que siempre después del invierno llega la primavera con sus renuevos, sus trinos y sus perfumes. 3-64-63

Ancianidad: Os habéis doblegado bajo el peso del tiempo y de las luchas, vuestros labios callan, vuestro corazón está triste; mucho habéis aprendido en la vida, no podéis aspirar a las glorias del mundo, porque vuestra juventud quedó atrás y sólo ponéis vuestra esperanza en la vida que más allá de la muerte espera a vuestro espíritu. Os sentís inútiles porque vuestros hermanos creen que para nada servís, porque no ayudáis materialmente, pero sabéis que en vuestro corazón arde una luz y existe un libro. Yo, vuestro Maestro, os comprendo, conozco vuestro corazón y os digo: Conversad Conmigo, mirad cómo os envuelve mi amor. Esperad tranquilamente la hora del llamado, no os inquietéis, ahí os espera la vida verdadera, la juventud eterna. 3-67-50

Hombres en edad madura y ancianos: No lamentéis el tiempo que dejasteis pasar sin haberme oído, hoy estáis Conmigo. Si me amáis podréis en poco tiempo conocer mi enseñanza y aprovecharla. Ya estáis en el camino y podéis dar principio a la jornada y vuestro guía será la voz de vuestra Conciencia. Yo iré delante de vosotros y no habrá prueba, por dura que sea, que os aparte de Mí. Si me amáis, no volveréis atrás, porque vuestra fe brillará como una nueva aurora y veréis el camino por donde debéis transitar bañados en luz. 4-98-2

Pensad que muchos de vosotros habéis tenido tiempo suficiente para escucharme y aprender de Mí, pero que, encontrándoos en las postrimerías de vuestra vida, no vais a tener tiempo de sembrar lo que con tanto amor habéis acumulado en vuestro espíritu. No temáis, Yo soy la Vida y os haré vivir para que sembréis en los corazones, esa semilla que tanto anheláis cultivar. 4-101-41

El anciano me dice: “Tarde llego ante Vos, oh, Padre mío, y muy poco tiempo gozaré de vuestra palabra, beneficios y caridad”. Y el Padre le dice: “Anciano, sed Conmigo, nunca más os apartéis de Mí. Seguidme hoy, y cuando vuestro espíritu llegue a los umbrales del Valle espiritual, y sea en la nueva vida, no tendréis edad. Seréis siempre joven y fuerte. No lamentéis haber llegado ahora que vuestro cuerpo está cansado y enfermo, a conocer la luz de mi Doctrina. Mirad que he llamado a los niños y en el seno de mi Obra han crecido, y hoy que se encuentran convertidos en hombres y mujeres, se han alejado, se han cansado de mi palabra y han ido en busca de nuevos senderos, olvidando mis consejos y mis caricias. Mas Yo los atraeré nuevamente y en la hora final, todos serán Conmigo porque Yo estoy en todos los planos en los que el espíritu habita”. 8-220-38

Cuando el hombre se aleja de la senda del bien, por la falta de oración y de buenas prácticas, pierde su fortaleza moral, su espiritualidad y queda expuesto a la tentación, y en su debilidad, da cabida a los pecados, y éstos enferman el corazón. Mas Yo, he venido como Doctor al lecho del enfermo y he puesto en él todo mi amor y mi cuidado. Mi luz ha sido como agua cristalina en los labios abrazados por la fiebre y al sentir mi bálsamo sobre su frente, me ha dicho: “Señor, sólo vuestra caridad puede salvarme. Me encuentro gravemente enfermo del cuerpo y la muerte llegará muy pronto a mí”. Y Yo le he dicho: No moriréis, porque Yo, que soy la Vida, he llegado y todo lo que habéis perdido, os será devuelto. 8-220-39

Mi voz está llamando a las grandes multitudes, porque para muchos espíritus se está acercando el final de su peregrinaje en la Tierra. Ese abatimiento, ese hastío, esa tristeza que llevan en el corazón, son la prueba de que anhelan ya una morada más alta, un mundo mejor; pero es necesario que la última etapa que recorran en el mundo, la vivan obedeciendo los dictados de su Conciencia, para que la huella de sus últimos pasos en la Tierra sea de bendición para las generaciones que después vengan a cumplir sus diversas misiones en el mundo. 9-276-4

La tristeza de muchos hombres proviene de no haber encontrado en su larga jornada un árbol frondoso a cuya sombra descansar. Encontraron árboles en el camino, pero estaban secos y su semilla era vana. 9-276-5

Todos esos hombres que me han buscado, que han esperado mucho tiempo, pronto escucharán mi voz y acudirán a ella, porque el último resto de esperanza y el último destello de fe, no se han apagado en su corazón. 9-276-6

Mi Obra espiritual les espera; es el Árbol corpulento que buscan, bajo cuya sombra quieren reposar y con cuyos frutos anhelan sustentarse. 9-276-7

Cuando lleguen y satisfagan su hambre y su sed y se deleiten descansando, verán pasar por su imaginación todo su pasado: Las penosas jornadas por el desierto, las tinieblas con sus tentaciones, los abismos llenos de peligros, de vicios y de muerte. Recordarán uno a uno los cálices amargos que bebieron y contemplarán en sí mismos las huellas de la lucha de la dura jornada. Aquí recobrarán la paz. Yo les espero. Limpiad vosotros el camino para que no se pierdan y preparad un himno, para que les recibáis con fiesta y alegría en vuestro corazón. 9-276-8

Mi paz sea con vosotros.

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