La finalidad de nuestra existencia

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Sólo los seres con las facultades del razonamiento, del discernimiento, de la indagación y del cuestionamiento, facultades que pertenecen a la potencia del pensamiento, han llegado a preguntarse las grandes interrogantes de la vida, y una de ellas es,… la finalidad de nuestra existencia.

Cuántas veces hemos pasado una y otra vez a través de tantas reencarnaciones, y una y otra vez esa pregunta se llega a entrever nuevamente en nuestro pensamiento. Es nuestro Maestro-Padre quien nos lo aclara y explica esta gran interrogante: Adquirir la Espiritualidad.
La Espiritualidad es esa conquista de nuestro ser en la ARMONÍA de nuestras dos naturalezas, la material y la espiritual, que paso a paso conseguiremos si procuramos escuchar la tercera naturaleza que existe y es con cada uno de nosotros, la divina y en ella la voz de la Conciencia.
Por esa falta de armonía de nuestro ser en sus tres naturalezas nos es necesario una y otra vez reencarnar. Y es que de las veces, en cada reencarnación el César no sólo se adueña, sino encadena a nuestro espíritu al volvernos muy materiales. Olvidamos y no tenemos consideración de esa naturaleza que es esencia y que sólo se alimenta de lo que es esencia también. Esa esencia que es nuestro espíritu que se desarrolla y evoluciona al sustentarse con el maná espiritual: la práctica de la oración, de la virtud, el bien, la caridad, el amor, la meditación, el conocimiento espiritual,… etc.
Es nuestro espíritu el que se vuelve materialista al atesorar en demasía los bienes materiales, al dejarse influir por el poder y la gloria material, y algunos por lograr ello cometen los más grandes errores y atrocidades. Otros más se dejan seducir por sus debilidades e inclinaciones espirituales, y los llevan a cabo por medio de su carne.
No es malo conquistar el mundo y lo que le pertenece, sólo no olvidemos que nuestro ser es el que debe priorizar su existencia en una armonía donde de al César lo que le corresponda y al espíritu lo que le pertenece. Donde las debilidades de nuestro espíritu que se han vuelto inclinaciones o tendencias, cada vez vaya procurando aminorar a través de la práctica de la virtud.
Adquirir Espiritualidad en nuestra existencia no es sencillo, representa un lucha para el espíritu. Cada quien según su anhelo lo conquistará. Dice nuestro Maestro en Su sabiduría en el Libro de la Vida Verdadera, que Juan, su apóstol, evolucionó en breve tiempo lo que otros espíritus han necesitado miles de años. Que la nobleza de su ser, la bondad de sus pensamientos y sentimientos, una existencia dedicada al amor por sus hermanos, la oración,… etc., hicieron ese prodigio.
Reflexionando lo que nuestro Maestro dice de Juan, nos podemos dar una idea clara del cómo elevar nuestra existencia humana y espiritual, y por lo tanto dejar de reencarnar una y otra vez. Todos estamos en un tiempo donde somos influidos constantemente: la carne, lo del mundo; nuestras aspiraciones por lograr; aquello que de las veces no hemos conseguido y está como un pendiente. Sí, nuestro Padre lo conoce, todo ello y más, nos conoce mucho mejor que a nosotros mismos. Sin embargo, podemos hacer bastante por nosotros al tener pensamientos y sentimientos nobles, al dedicar tiempo a nuestro espíritu, al hacer caridad cuando nuestro espíritu lo sienta, el adentrarnos en esa oración o meditación cuando nuestro espíritu también sienta esa necesidad. El no apegarnos a las cosas materiales; si hemos conquistado mucho en lo material reflexionar que llegará el instante en que lo tendremos que dejar.
En sí, reflexionar que no es correcto para nuestro espíritu que el César representado por lo del mundo y lo de la carne, le subyugue y aprisione. Reflexionar que esta morada no será eterna, ni es nuestro hogar para siempre,… que más allá de este mundo existen otros deleites, que aunque aún no conocidos del todo por nuestro espíritu le esperan, ya que él tiene por destino su grandeza espiritual.
Esta morada guarda grandes maravillas, nuestro ser también. Puede que nuestro espíritu aún quiera, desee el estar aquí,.. y sí, nuestro Padre lo permite, sólo procuremos el que cada oportunidad que se nos de, el tratarnos lo más posiblemente con pensamientos y sentimientos nobles los unos a los otros. Llegará el instante en que nuestro espíritu al fin sienta la necesidad de conquistar otras moradas, y entonces también nuestro Padre lo consentirá.
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188.3. Luchad por alcanzar la espiritualidad, porque ella significa la Liberación del espíritu. Ajustaos a mis leyes que son amorosas e infalibles y ellas regirán vuestra vida, porque todo cuanto os rodea, ya sea material o espiritual, vive dentro de mi Ley.

188.4. El hombre, que es obra perfecta dentro de la Creación, debe vivir de acuerdo con la gracia que he depositado en él.

188.5. No vengo a deciros que os apartéis de las obligaciones del mundo, instituidas por Mí para vuestra conservación, satisfacción y perfeccionamiento. Sed equitativos y justos dando lo necesario a vuestro espíritu y a vuestro cuerpo.

188.6. He hecho libre al hombre desde un principio, mas su libertad ha sido siempre acompañada de la luz de la Conciencia; a pesar de ello, él ha desoído la voz de su juez interior, alejándose del camino de la Ley, hasta crear esas guerras fratricidas y sangrientas, en las que el hijo se ha levantado en contra del Padre, porque se ha apartado de todo sentimiento de humanidad, de caridad, de respeto y de espiritualidad.

188.7. Ya deberían huir los hombres de la destrucción, de las guerras y evitarse una dolorosa restitución; sabed que si no alcanzan a purificarse en el bien antes de llegar a Mí, tendré que enviarles nuevamente a este Valle de lágrimas y sangre, porque quien camina en sentido inverso a la perfección, no podrá llegar a mi Seno.

309.39. Mientras tanto, seguid preparándoos, fortaleced vuestro espíritu, porque ella sólo os pide redención, salvación, por la espiritualidad. Mas, ¿qué es Espiritualidad? Es la senda trazada por Mí desde el principio de los tiempos y por la cual llegarán todos los espíritus purificados, al seno de Dios. En ella está la Ley divina, que es origen de toda virtud. Allí está el libro abierto, el Libro de la Vida, que encierra toda la sabiduría de Dios, por esa senda, una vez más he venido a invitaros.

309.40. Desde lo alto de la montaña os hablo por tercera vez diciéndoos: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, ya no os apartéis de Mí”.

309.41. Recordad que cuando mi cuerpo fue desclavado de la cruz y luego sepultado, consternados los discípulos y sin poder comprender lo que había pasado, creyeron que con la muerte del Maestro todo había terminado. Fue menester que sus ojos volviesen a verme y que sus oídos me escuchasen de nuevo para que su fe se encendiese y su conocimiento en mi palabra se afirmase.

309.42. Ahora debo deciros que entre aquellos discípulos hubo uno que jamás dudó de Mí, que nunca titubeó ante las pruebas y ni por un instante me abandonó: Fue Juan, el discípulo fiel, valeroso, ferviente y amantísimo.

Por ese amor lo confié a María, a los pies de la cruz, para que siguiese bebiendo el amor en aquel Corazón sin mancha y a su lado, se fortaleciese aún más para la lucha que le aguardaba. Mientras sus hermanos, los otros discípulos, iban cayendo uno a uno bajo el golpe del verdugo, sellando con su sangre y su vida la verdad de cuanto predicaban y el nombre de su Maestro, Juan vencía a la muerte y escapaba del martirio. Confinado al destierro, no supieron sus perseguidores que allí, en aquella isla a donde le arrojaban, descendería de los Cielos sobre aquel hombre, la gran revelación de los tiempos que vosotros estáis viviendo, la profecía que habla a los hombres de cuanto ha de ser y se ha de cumplir.

309.43. Después de amar mucho a sus hermanos y dedicar su vida para servirles en el nombre de su Maestro, tuvo Juan que vivir aislado de ellos, solitario, pero siempre orando por la humanidad, siempre pensando en aquellos por quienes Jesús había derramado su sangre.

309.44. La oración, el silencio, el recogimiento, la pureza de su existencia y la bondad de sus pensamientos, hicieron el milagro de que aquel espíritu evolucionase en un breve tiempo, lo que espíritus han necesitado de miles de años para poder alcanzar.

309.45. Sí, discípulos, Juan es un ejemplo de lo que alcanzará el espíritu de la humanidad en tiempos que están por venir. El éxtasis de Juan, a través del que hablaba, veía y oía, fue la revelación de lo que vosotros habríais de contemplar en este tiempo. Los mirajes espirituales representados con símbolos, fueron vistos a través del don de la videncia o sea de la mirada espiritual.

2 comentarios

  • Anibal Castro

    NAMASTE

  • José Hernández Landeros

    Gracias hermanos por hacernos recordar el motivo de nuestra existencia que a veces nos agobia y entristece y al hacer un análisis de nuestra vida nos damos cuenta que nuestras acciones son las causantes de todo.

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