La vejez

La vejez

Sí,… la vejez de la carne para el espíritu ha llegado ser una bendición ante su alejamiento del sendero espiritual. Y es su Espiritualidad el que en algún momento todavía distante en esta morada, su espíritu le de cuanto necesita su materia, para no sentir el peso de ella como lo es ahora.

Es el espíritu el que se ha dejado someter al César, he allí su tirano, su rey, su dios; le ha rendido pletesía y éste, le ha avasallado y encadenado una y otra vez a este mundo. No siempre será su dios, llega Otro a libertarle, a darle verdadera libertad, para elevarle al estado espiritual que le pertenece,… nuevamente será el Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida, la Luz de este mundo y el de todos por haber.

A la humanidad le es necesario adentrarse a su ser espiritual, ese ser olvidado, dejado a último lugar. Le es indespensable el conocimiento espiritual, para que ella le abrá nuevos horizontes a su entendimiento,… y por éste, una mejor comprensión de su propia existencia.

La carne no es su enemiga, nunca lo ha sido, es el medio que el Creador le concedió al espíritu para descender a la naturaleza de las formas,… para crecer, aleccionarse, desarrollarse en su razón. Es el espíritu el que debe considerarla como una compañera de viaje, donde ella no se convierta en su verduga, sino un medio benévolo que le sea de sostén mientras así le sea necesario en este valle.

La lucha del espíritu con la carne es de potencia a potencia, las dos naturalezas de la humanidad en la que no habrá vencedor.

En uno los atributos espirituales, en la otra el instinto. Desde que encarnó por primera vez el espíritu a esta morada, sintió otra naturaleza que no le pertenecía. Así era necesario, así lo determinó el Creador,… que el espíritu encontrara una fuente vasta de lecciones, que le permitieran desarrollar su ser.

¡Cuántos atributos dotó el Creador a los espíritus!,… y no es de extrañar el decir, que ellos han olvidado, menospreciado, relegado lo que poseen desde su formación. Creen ser la carne, pero no es así,… ella es sólo la vestidura temporal, la efímera criatura que tendrá que retornar de donde se originó, la Naturaleza.

La carne siendo limitada ha predominado sobre el espíritu; ella ha impuesto una superioridad, y como tal, ha exigido su tributo,… de cierto, casi todo cuanto se dedica la humanidad, es para satisfacer a su carne.

¿Qué sería de la humanidad si no sintiese que al paso del tiempo su carne pierde la fuerza, su vitalidad, el vigor? Su espíritu se haría un reino en este mundo. Mas como ella envejece, él empieza a predominar. Ya no le interesa tanto los logros materiales; siente que su tiempo acaba, que sus ojos terrenales se han de cerrar pronto,… es un sentimiento que todos llegan a experimentar.

Los más al envejecer su carne se permiten adentrarse así mismos, reencontrarse con su ser espiritual,… los menos quisieran aún conservarse, perdurar, no expirar. Éstos últimos son los que le rinden pletesía no sólo a su carne, sino a lo del mundo,… quisieran perdurar para preservar sus dominios, sus riquezas, seguir en sus deiletes mundanos. ¿Sería mucho el decir que estos últimos así desprenden, materializados? En el Allá como quisieran volver, ser lo que fueron antes, poseer de nuevo lo que lograron.

¡Cuánto se podría hablar de la lucha del espíritu con su carne! De la lucha terrenal con el espiritual,… porque sí, en el Más Allá muchos padecen, se duelen de lo que dejaron en lo terrenal.

No, nadie debe pensar el perpetuarse en este mundo, porque el Creador sí es cierto nos dio un límite espiritual, cuando nuestro espíritu se perfeccione, le pertenecerá el todo. Semejante es como cuando se encierra el ave en una jaula, ese es su mundo, lo que conoce, limitado es. Mas cuando es liberado tiene todo un mundo por tener y haber. Ese será a semejanza el espíritu cuando su Espiritualidad, su aleccionamiento de morada en morada, su perfeccionamiento al fin, le conceda por mérito,… poseer el todo en la Creación.

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