El peso de las guerras fratricidas

El peso de las guerras fratricidas

No todos sienten el peso de las guerras, de las luchas fratricidas entre hermanos; hay quienes sólo atienden a su yo, a su familia por la sangre.

Hay quienes sienten con el espíritu, son los que tratan de cargar el peso del dolor de muchos,… aunque no los conozcan, tratan de aliviar las penas de la humanidad, de esa humanidad sollazante y todavía incapaz de comprender el amor espiritual.

Aún no existe el amor espiritual en esta morada, la gran mayoría comprende un amor limitado, el que abarca su yo, su familia, sus seres queridos, en una palabra es amor humano. Lo humano es pasajero, lo espiritual tiende a lo eterno. En lo humano hay distinción, en lo espiritual elevado hay igualdad.

Entre naciones hay diferencias por los pensamientos de los mismos espíritus, al creerse que pertenecen a una porción de tierra al que cuidan y defienden, si fuera necesario hasta con su propia existencia. Si el pensamiento de los espíritus tuviese un sentido espiritual desarrollado, tendrían por cierto, que es un absurdo la lucha entre seres espirituales por la defensa de lo que llaman patrias.

Los discípulos del Maestro, aquellos que ya empiezan a vislumbrar en su ser el amor espiritual, observan que aún la gran parte de la humanidad no sienten ese amor. Que las luchas fratricidas son una constante, un ir y venir donde pueblos enteros no encuentran descanso. Se castigan unos y otros por medio de la fuerza, donde de las veces hasta el pan es arrebatado.

Muchos espíritus sienten en su propio ser todas esas lacras, esas heridas y es que ya han saboreado en otros tiempos el egoísmo entre hermanos espirituales, el arrebato de los seres amados, el sufrimiento que quema de los distintos cálices que se provocan unos a otros.

No todos los espíritus se han incitado en las luchas fratricidas, mas sí han sido arrastrados a ellas. El peso siempre lo ha de llevar más hondo, el que por su boca manda dar muerte.

Esta morada es una de tantas en la Creación donde los espíritus podrán observar el fruto de su libre albedrío. En esta morada ese fruto tiene un sabor muy amargo, cuando se degusta quema y no se soporta; no alimenta, al contrario devora al mismo ser. Legiones enteras han sembrado así y han cosechado así también. Esas legiones tanto les sea necesario tendrán una morada y otra, donde el egoísmo de los unos a los otros sea su purificación.

El Maestro ha dicho, ha enseñado, ha declarado que el espíritu donde su virtud empiece a resplandecer, a ese le correponderá una morada con mayor luz, amor y sabiduría. Ese espíritu ya tiene y ya empieza a prácticar un pensamiento con un sentido mucho más espiritual, en el amor que todo lo abarca. Donde él medita, si hay diferencias en la apariencia de la carne, entre los mismos pueblos, todos como espíritus son semejantes a él.

Esos espíritus tienden a ascender al Reino prometido, a ya edfificar el Reino de los Cielos en su propio ser. Se acercan cada vez más a los justos, a engalanarse con la vestidura resplandeciente de la virtud. Y en cierto, para todos,… ese es su destino.

No siempre las grandes legiones que se disputan en las sombras del egoísmo, lo serán; habrá un instante donde la virtud empiece a sentirse, donde el amor espiritual de los unos a los otros empiece a tomar sentido. Donde no exista ese sentido de abarcar según mucho, de poseer tanto al arrebatar a los demás,… sino otro sentido con sensibilidad espiritual de abarcar el todo, al practicar las distintas luces de la virtud con los demás.

Cada espíritu se sirve de su libre albedrío. En un camino se extiende el camino anchuroso de las sombras del egoísmo;… del otro, un camino estrecho, el de la virtud. En el primero el llanto, la pesadumbre, la aflicción, la desesperación, la desolación, en el otro,… la paz del espíritu.

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