El Eterno en la Tierra

El Eterno en la Tierra
Esta morada tuvo el privilegio de la visita del Eterno en Jesús. Aunque sus últimos días vivió Su pasión, con la tristeza de Su corazón divino, Él se gozó a lo largo de Su existencia humana, conviviendo y sintiendo a los que son parte de su mismo Espíritu Divino.
Se dejó oír, se dejó ver, se dejó acariciar; Su presencia era una salutación constante de los justos, que le acompañaban desde aquel Reino que Él venía a proponer a los hombres. Su mirada penetraba hondo en el corazón de quienes le acompañaron, de quienes visitó, de quienes sanó, de quienes no percibieron en Él, al Eterno hecho hombre.
Cuántas veces Sus manos acarició Su obra, la Naturaleza,… ella vibraba al toque del Maestro; la Vida que su Espíritu desprendía, no era más que la confirmación de la sabiduría con que fue colmado el todo desde su principio. Mas no sólo acarició la Naturaleza, sino también a Su obra maestra, a ese ser espiritual ya en forma de mujer o de hombre. ¡Quién como Él podría manifestar la ternura de la Madre en toda Su creación!
Su breve existencia sobre la Tierra, sería un perpetuo ejemplo para quienes fueron antes y para quienes serían después. Él se presento como la escala divina para ascender al Reino prometido. La escala para que cada espíritu se elevase en su propio ser, hasta edificar la luz en plenitud.
Todo espíritu está destinado a edificar la luz en plenitud. A algunos espíritus podrá parecerles una eternidad salir de sus abismos, mas para el Maestro será sólo una porción de esa misma eternidad. Él se goza mostrando Su corazón, Su sabiduría, se goza siendo el Pastor Divino rescatando a Su oveja, la cien. No existe lugar ni morada donde no llegue Su verbo, Su amor divino; la expresión del Eterno donde quiera es,… como un Sol presente que se asoma después del anochecer del espíritu errante.
¡Cuántas veces sintió el peso del hombre, de la mujer, del anciano, del joven, del infante! Era el Eterno que se hizó humano en el Maestro palpando el peso de la humanidad, como en todo momento lo ha sentido. Le quizó dar una prueba a ella, de que no es el Dios que vive en Su gloria gozando eternamente; así descendió a lo humano y como tal padeció las angustias de Sus creaturas. Podrá decir el hombre que fue corto el tiempo en que vivió como hombre y sus pesares; pero, ¿conoce él si en este instante en otras moradas Él lo soporta y padece una y otra vez, las penas, el desazón, las preocupaciones de Sus hijos?
Sí, esta morada tuvo el privilegio de la visita del Eterno hecho hombre. A la humanidad le parece muy lejos ese momento; sin embargo para el espíritu dotado de la videncia, podrá con su desarrollo entrever a través de los tiempos, del ayer y del mañana los grandes acontecimientos que han sucedido desde que él existe.
Todo espíritu tiene un Ejemplo que imitar, no le hace falta Enseñanza; la vid ha estado presente para que él sacie su sed. A través de esa vid conocerá a fondo el Camino, la Verdad y la Vida,… sí, el cómo conquistar la luz en plenitud.