Sobre las adicciones

1-8-54

Casi siempre quien pasa por una adicción, necesita abrirse primero humanamente, para después venir lo espiritual. Muchos están resentidos con la vida, con la sociedad, con la familia, consigo mismos, con Dios. Por ello a una gran mayoría les es necesario acudir a un centro de adicciones como lo es AA, y allí ellos abrirse humanamente ante otros. Y es indispensable, muy indispensable que ellos reconozcan que necesitan ayuda, que la adicción les está arrastrando a un vacío, un abismo cada vez más hondo.

¿Es posible influir en ellos a que tomen esa decisión de buscar ayuda? Sí, a través del pensamiento, de la comunicación de espíritu a espíritu. Cada vez que tengamos oportunidad hacerles sentir con nuestro espíritu, el enviarles ese mensaje con nuestro pensamiento que lo que están haciendo no es la solución, que necesitan buscar ayuda, porque su adicción los ha sobrepasado. Que lo hagan por sí mismos, que sean honestos consigo mismos para aceptar su enfermedad.

Muchos hermanos nuestros en la humanidad están resentidos con Dios, nuestro Padre. Creen y hasta afirman que Él es la causa de sus sufrimientos, de aquello que les ha acontecido en el pasado. Ese sufrimiento lo eluden, según tratando de «olvidar», entumeciendo su razón. Les es necesario sanar, pero antes les es indispensable el reconocer que necesitan ayuda. Creen que todo está bien, que la adicción no les domina, que son los amos y no los esclavos. Por ello una gran mayoría les ha sido necesario caer muy fondo, donde sus fuerzas ya no son suficientes. Donde posiblemente ya han lastimado a otros en demasía, y sí,… llega el remordimiento de sus acciones.

Ojala ese remordimiento llegase mucho, pero mucho antes. Ahora el espíritu tiene necesidad de sanar, y aunque no lo reconozca su entendimiento humano, el espiritual le dirá que también le es indispensable purificar, restituir las equivocaciones que obró con los demás. ¿Le es necesario purificar y restituir con dolor? Muy probablemente sí acaso volviese obstinarse en la debilidad de la adicción… Sin embargo si su voluntad es fuerte y quiere reparar todo mal, todo error, sus deudas espirituales lo podrá restituir y purificar no con dolor, sino con otro maestro, el del amor para consigo mismo y los demás.

Las debilidades no suceden sólo con nuestros hermanos adictos, sino esto puede acontecer con cualquiera de nosotros, donde una debilidad, una pasión, un obrar o actuar alejado de la luz o de la Ley espiritual, el espíritu tendrá, sentirá esa necesidad de saldar sus deudas espirituales.

Nuestro Padre no es causa de nuestros sufrimientos, ni si acaso a puesto sendero de dolor en nuestro camino. Estamos en una morada, donde unos y otros se están purificando por el dolor. Donde unos y otros por sus hechos y obras, gimen en el ¡ay! del fuego por su egoísmo. Pues cuando de los unos de los otros, haya el sentido del amor espiritual, el dolor no tendrá razón de ser. Ya que el espíritu tendrá la luz y el amor por convicción. Entonces seremos de los unos a los otros los grandes espíritus, que han dejado una etapa muy amarga, para encumbrarse por su elevación espiritual a otra etapa que se significará o destacará por la virtud y la voluntad del espíritu.

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