Enseñanza 255

1. Habéis penetrado en tiempo de lucha, de oración y méritos. Sentís que el tiempo de las complacencias ya pasó y que tenéis que apresurar vuestros pasos porque la humanidad está despertando y vosotros tenéis la responsabilidad de darle la Buena Nueva y el testimonio de mi venida, con palabras y hechos.

2. Ved como en todas las religiones y sectas, los hombres escudriñan el tiempo, la vida y los sucesos, con la esperanza de descubrir las señales que anuncien mi llegada. Son los inocentes que no saben que ha tiempo me estoy manifestando, y que está a punto de terminar esta forma de comunicación. Mas también os digo, que muchos de los que con tanta ansiedad me esperan, si presenciaran la forma en que me he venido a comunicar no me reconocerían, antes bien, me negarían rotundamente.

3. A ellos sólo llegarán los testimonios y por medio de ellos si creerán que estuve entre mis hijos.

4. También vosotros íntimamente me esperabais con impaciencia, mas Yo sabía que me reconoceríais y seríais de mis labriegos en este tiempo.

5. Podrá el mundo burlarse de la forma en que me he venido a comunicar, mas no se reirá de Mí, sino de ellos mismos, porque ni siquiera presienten ni comprenden lo que cada criatura significa para mi Divinidad.

6. Para Mí es lo más justo que puedo hacer con mis hijos, comunicarme con ellos a través de las potencias con que les he donado, sin pretextar que son pecadores y que son impuros. ¿Qué aliciente más justo que el hijo pueda conocer a su Padre, oírlo, mirarlo y sentirlo para poder amarlo?

7. Dicho está en una antigua profecía que todo ojo pecador y no pecador me habría de contemplar. Ahora, en este tiempo os he dicho: No he venido en busca del justo para comunicarme por su conducto, sino del mismo pecador, que en las pruebas de la vida y en un instante de arrepentimiento se purificó, porque es el hijo que al saberse amado y digno del Padre, penetra de lleno por el camino de la regeneración y la virtud.

8. De los portavoces por los cuales os he hablado, ¿quién presintió el don que ya poseía y el servicio a que estaba destinado, antes de escuchar mi palabra? Ninguno; ellos fueron preparados a lo largo de su vida como en un crisol, pero su don permanecía guardado en el secreto hasta que el instante de revelárselo fue llegado.

9. Este es el principio o la preparación para que el espíritu del hombre conozca una comunicación más elevada con el Padre, y os habéis sorprendido. ¡Si supieseis todo lo que tengo reservado para revelároslo a su debido tiempo, no alcanzaríais a comprender por qué os amo tanto, ni los méritos que tendréis que hacer para lograr tanta gracia!

10. En 1866 nació la primera congregación de Espiritualistas, discípulos de esta Obra. Bajo la luz de mi Espíritu y orientados por Elías, comenzaron aquellos primeros párvulos a recibir los destellos del Mensaje que ahora, en su final, estáis recibiendo en plenitud.

11. Desde entonces hasta el presente, muchas congregaciones se han formado como ramas que brotaron de aquel tronco fundado por Roque Rojas.

12. Sólo una luz ha brillado sobre las multitudes que forman este pueblo y sin embargo cuántas diferencias existen entre un grupo y otro. Muchos años habéis gozado de la manifestación de mi palabra a través de una enseñanza sencilla, clara y comprensible y son muy pocos los que han acertado a definir la esencia de la Doctrina Espiritualista.

13. Un año falta tan sólo para que cese mi comunicación en esta forma y la mayor parte del pueblo aún se encuentra muy lejos de la verdad. Yo he perdonado desde los primeros hasta los postreros el hecho de haber materializado una Revelación divina que estaba muy distante de poder comprender en el primer instante; pero, cuando la lección espiritual se ha extendido por largos años y mi palabra ha ido esclareciendo parte por parte esta Obra, veo llegado el tiempo de ordenaros que salgáis de vuestra rutina, que penetréis algo más al fondo de mis enseñanzas y que deis un paso definitivo y firme en el camino de la espiritualidad.

14. ¿Cómo queréis seguirme buscando y adorando a través de símbolos y formas, de cultos externos y materialidades? Me decís: “Es la herencia de los primeros y nosotros la respetamos”. Bien, pueblo, ahora os digo, que aquellos primeros sólo fueron vuestros precursores, para que aquella forma de culto y aquella forma de comunicación espiritual que ellos iniciaron, vosotros la llevéis a la perfección.

15. No confundáis la Ley divina, con las religiones o formas que tengáis para interpretar aquella Ley.

16. La Ley es eterna e inmutable; las religiones, los cultos y prácticas evolucionan y se transforman según el desarrollo moral y espiritual de quienes las profesan. Si esa evolución espiritual no existiese, aún estaríais adorando a Dios en los astros y en los elementos como los pueblos primitivos.

17. No os estacionéis en vuestra forma de amarme, de servirme y de rendirme culto, id siempre a más, siempre mejorando, buscad vuestro perfeccionamiento; en cambio, no toquéis la Ley, no la alteréis, ni la cambiéis. Ella siempre os enseña lo más elevado, siempre os mandará cumplir con perfección; estará presente y eterna como Ley universal, enseñándoos el amor verdadero a Dios y el amor verdadero de los unos a los otros.

18. No seáis conservadores de hábitos, formas o tradiciones, porque os quedaréis por siglos sumidos en el letargo del fanatismo y la ignorancia; en cambio, sed conservadores de la Ley y de la verdad.

19. No vayáis en este tiempo a imitar al pueblo Judío del Segundo Tiempo, que por ser tradicionalista, conservador y fanático, no pudo comer el pan del Reino de los Cielos que el Mesías le trajo y a quien estaba esperando por siglos y siglos, y llegada la hora no pudo reconocerle porque su materialidad no le dejó ver la luz de la verdad.

20. En este día os dejo sólo dos palabras para que las analicéis a fondo, y saquéis de ellas todo el contenido de que seáis capaces por medio de una buena preparación: Espiritualismo y Espiritualidad. Solamente así, meditando, orando y velando, podréis llegar a comprender cuál debe ser el culto verdadero y justo, que por medio de esta Doctrina habéis de profesarme.

21. Sí, pueblo, para amarme a través de cultos exteriores, buscarme en imágenes y símbolos y adorarme por medio de liturgias, ceremoniales y festines, hay muchas religiones y muchas sectas en las que podéis satisfacer vuestro corazón si aún tiene hambre o necesidad de tales prácticas, pero si queréis servirme y amarme a través de esta Obra espiritual y por ella renunciar a la otra forma de rendirme culto, comprended lo que significa Espiritualismo y lo que representa la Espiritualidad para que si en verdad queréis ser discípulos en esta Doctrina, no seáis los que impongáis costumbres, normas, tradiciones y cultos externos, porque tornaréis a caer en materialismo, en idolatría y en fanatismo, y de Espiritualismo sólo conoceréis el nombre.

22. Elevaos hasta donde podáis, buscando adaptaros y ajustaros a mi enseñanza, mas no hagáis lo contrario o sea adaptar mi Doctrina a vuestras pequeñeces y conveniencias, materializándola, deformándola o alterándola.

23. Sirva esta lección de hoy como voz de alerta para quienes la han escuchado, para que inspirándose en ella, se revistan de energía, de celo, de amor y fe, para romper las redes que por mucho tiempo les han aprisionado, surja en su mente la concepción verdadera de lo que significa Espiritualismo y nazca en su corazón el noble ideal de convertirse en verdadero discípulo de esta Doctrina de luz y perfección.

24. Amado pueblo cuando vuestras diferencias hayan desaparecido, cuando la desunión que ahora reina entre vosotros, haya dejado su lugar a la fraternidad, y cuando hayáis comprendido, vuestra misión, surgirá de vuestro espíritu el anhelo y de vuestro corazón el impulso de levantaros a sembrar la semilla de la espiritualidad que en mi palabra recibisteis.

25. Llegará para vosotros el instante de iluminación, en que con suma claridad comprenderéis la grandeza de esta Obra, asombrándoos de encontrar en su fondo, maravillosas revelaciones que nunca imaginasteis. Entonces os levantaréis espontáneamente y os extenderéis por la Tierra, sembrando de caridad, de luz y de consuelo vuestro camino. Ya no os harán daño los juicios de vuestros Semejantes, ni os harán sufrir los desprecios de vuestros familiares, porque todas las penas de la Tierra os parecerán pequeñas ante la magnitud de vuestra misión.

26. Bienaventurados los que alcancen ese grado de espiritualidad, que les haga inmunes al dolor, porque ellos estarán protegidos por el manto de mi misericordia.

27. Fe, amor y espiritualidad, son las tres virtudes que harán invencibles a los soldados y apóstoles del Tercer Tiempo. Esas virtudes estuvieron presentes en todos aquellos siervos, que desde los primeros tiempos testificaron mi existencia, mi presencia, mi Ley y mi verdad.

28. Entre esos siervos podréis encontrar a los patriarcas, a los profetas, a los apóstoles y a los mártires; pero no han sido ellos los únicos en la historia de la humanidad, ha habido muchos más, que en diversos caminos han ido a desempeñar su misión y a testificar mi verdad, resistiendo todo género de ataques, burlas, persecuciones y calumnias; mas su fe, su indulgencia para quienes les han herido, su amor constante y fiel hacia sus hermanos, amor inspirado en su Señor, les ha hecho vencer el dolor, la injusticia y la muerte. ¿Cómo podríais explicaros la resignación de los mártires ante sus verdugos? ¿Cómo podríais concebir la paciencia y la serenidad ante las persecuciones de todos los que me han amado y seguido?

29. Cuando vosotros me améis así, ya nada podréis temer en el mundo. Mientras vuestra fe no sea plena ni firme vuestro amor, la lucha os acobardará.

30. ¿A qué teméis? ¿A qué os encarcelen, a que os quiten la vida? Bien sabéis que esos tiempos ya pasaron y que fueron muchos los mártires que ofrendaron su vida para probar a los enemigos de la verdad que el martirio, el presidio y el cadalso, en vez de apagar la fe de mis siervos avivaba el fuego de su amor, haciendo que se propagaran con mayor fuerza mis enseñanzas.

31. Teméis al juicio de vuestros Semejantes y teméis perder vuestra paz en el mundo. ¿Por qué no teméis mejor al juicio de vuestro Dios o a perder la paz del espíritu por no haber cumplido vuestra misión?

32. Hoy os parece mucho lo que os pido a cambio de la Tierra Prometida, mas en verdad os digo, que cuando estéis en ella, os maravillaréis de encontraros allí, hasta sentiros indignos y decir: “¡Cuán poco fue lo que hicimos para merecer tanta gracia!”

33. En vuestro corazón me estáis preguntando: “Maestro, ¿por ventura vais a darnos más de lo que merezcamos?” A lo que os contesto: Que si os diese según vuestras obras, bien poco o nada poseeríais. ¿Creéis que esta vida que tenéis, ese cuerpo que poseéis, esos dones que palpitan en vuestro ser y todo cuanto os rodea en vuestra existencia, sea un premio justo a vuestros méritos?

34. En verdad os digo, que siempre os he dado y os daré más de lo que en justicia merezcáis, porque os amo, porque soy vuestro Padre.

35. Lloráis, pueblo, reconociendo vuestra falta de fe y de amor, entonces me preguntáis, lo qué debéis hacer para agradarme y lograr méritos delante de Mí. A lo cual contesto: Que sirváis a vuestros Semejantes con la mejor voluntad, que hagáis vuestro el dolor de los que sufren; que desarrolléis vuestros dones y los perfeccionéis en bien de los necesitados, porque de lo que hagáis con vuestros hermanos, depende lo que recibáis a vuestra llegada en espíritu.

36. A Mí, ¿qué podéis darme que no tenga? Tengo poder, tengo paz, tengo luz, soy poseedor del Universo, soy amado y servido, no hay la menor sombra de egoísmo en mi Espíritu, porque soy la Perfección. En cambio, entre vuestros hermanos, que son hijos de mi Espíritu, ¡cuánta miseria existe!, ¡cuánto dolor y tiniebla!, ¡cuánta necesidad!; ¿por qué no me amáis en ellos?, ¿por qué no me dais cuanto haya de amor en vosotros, Amándoos los unos a los otros?

37. Pueblo: Esta es mi respuesta a vuestra pregunta y es mi celestial consejo ante vuestras indecisiones.

38. Hijos amados, a quienes recibo en representación de la humanidad: Se acerca el final de mi comunicación a través del entendimiento humano, después tendrá vuestro espíritu que esforzarse por tener comunión de espíritu a Espíritu con mi Divinidad.

39. Hoy mi palabra es vuestro baluarte, vuestro aliciente; pero también después de este tiempo de mi comunicación, podréis sentir mi presencia y mi aliento si en verdad os sabéis preparar.

40. Los tiempos en que necesitabais de un guía espiritual en el mundo, han pasado; desde ahora, todo el que penetre en este sendero, no tendrá más camino que el de mi Ley, ni más guía que su propia Conciencia. No por esto dejará de haber varones y mujeres de gran luz y gran fortaleza, que ayuden con su ejemplo y con su inspiración a las multitudes.

41. Si fuese de otra manera, ya os habría enviado a la Tierra espíritus como Moisés o como Elías, a que os trazasen el camino y os recordasen a cada paso la Ley. Ellos os ayudan, os vigilan y acompañan, mas ya no a través de una forma humana, sino desde lo espiritual. ¿Quién los ve? Nadie, pero si os preparáis, sentiréis sobre vuestro ser la presencia de los grandes espíritus que han tenido siempre relación con la humanidad y en ella grandes misiones que cumplir.

42. Buscadles en vuestra oración y si en verdad confiáis en ellos, Yo os digo, que nunca os perderéis porque os conducirán con aquel amor y celo de que tantas pruebas os dieron en el mundo.

43. Vuelvo a deciros que no os faltarán en el mundo hombres dotados de gran luz, que iluminen vuestra senda y siembren de amor vuestra vida; siempre ha tenido la humanidad la presencia de esos hombres en la Tierra y vienen tiempos en que lleguen al mundo las grandes legiones de espíritus de gran luz, quienes vendrán a destruir el falso mundo que habéis creado, para levantar uno nuevo donde se respire paz e impere la verdad.

44. Mucho van a padecer ellos por causa de la maldad de los hombres; mas no será nada nuevo, ya que ninguno de los enviados de Dios ha escapado a la persecución, a la burla y a las ofensas. Ellos tendrán que venir al mundo y habitar en él, porque su presencia es necesaria en la Tierra.

45. Llegarán llamando con amor al corazón de la humanidad; su palabra, impregnada de la justicia del Padre, tocará el orgullo y la soberbia de todos los que han cambiado la vestidura de humildad de su espíritu, por el atavío de la vanidad, del orgullo, del falso poder y la falsa grandeza.

46. Estos serán los primeros que se levanten, señalando con su índice tembloroso por la ira a mis enviados; pero eso servirá para que en cada prueba a que sean sometidos mis siervos, puedan dar grandes testimonios de la verdad que al mundo han traído.

47. No sabéis ahora en que caminos de la vida humana tendrán que surgir, mas os digo, que unos aparecerán en el seno de las grandes religiones, esos lucharán por la unificación y la armonía espiritual de todos los hombres. Otros se levantarán entre los hombres de ciencia para mostrar con el fruto de sus inspiraciones que la verdadera finalidad de la ciencia, es la de Perfeccionamiento espiritual del hombre y no su miseria y destrucción. Y así en cada sendero aparecerán mis siervos llevando en su corazón mi Ley y testificando con palabras y obras lo que os he venido a hablar en este tiempo.

48. También os digo que mi semilla, que es esta Doctrina que habéis recibido, dará en vosotros sus frutos y que esos frutos serán los grandes espíritus que vengan a encarnar en vuestros hijos o en los hijos de vuestros hijos.

49. Ya son mis últimas lecciones y aún os sigo hablando de nuevas enseñanzas, es que vengo a cumplir mi misión de Maestro hasta el último instante, derramando luz en cada palabra para que no os quedéis a oscuras en los tiempos de la amargura y el dolor, cuando mi justicia divina se haga sentir como nunca.

50. Velad y orad por el mundo, pueblo amado.

51. ¡Venid a Mí! Yo soy el Consuelo y la Paz.

52. Habéis encontrado amarguras y vicisitudes en la Tierra por no haber desarrollado el espíritu en sus facultades y sus dones para lograr sobreponerse a las miserias humanas.

53. Este mundo podría ser paraíso en vez de Valle de lágrimas, si los hombres llevaran buena voluntad. Yo sembré de bendiciones esta morada, no regué abrojos en los caminos. El dolor de los hombres proviene de sus faltas, mas, así como ellos crearon el dolor, deberán encargarse de destruirlo.

54. Vosotros que me oís, no sois un pueblo perdido o errante; sois como una familia que ha edificado su hogar bajo la sombra de un Árbol corpulento, cuyas ramas os ofrecen constantemente sus frutos.

55. Bajo esta sombra, recobráis fuerzas y sanáis heridas, porque habrá que emprender de nuevo la jornada, para escalar el monte hasta la cumbre.

56. Ya vuestro espíritu alcanza a elevarse al Sexto peldaño de la Escala en donde encontráis la luz que disipa toda confusión, y que os presenta su ayuda para alcanzar el Séptimo escalón.

57. Yo destruiré la confusión y las malas interpretaciones que sobre los Siete Sellos existen entre vosotros; de cierto os digo: No es que pertenezcáis a determinado Sello, sino que debiendo recorrer vuestro espíritu, desde el primero hasta el último, vive ahora en el Sexto Sello o Sexta Etapa de su evolución espiritual.

58. ¡Cuán grandes han sido las lecciones y las pruebas que el espíritu ha tenido que vencer para pasar de un Sello a otro! ¡Cuántos méritos ha tenido que hacer! Y falta aún el de la culminación, el Séptimo.

59. La fuerza del mal, con sus tentaciones, se interpondrá con insistencia en vuestro paso, pero recordaréis a vuestro Maestro venciendo al mundo, al dolor y a la carne, para que imitándolo, salgáis victorioso de la prueba. Buscad en vuestra Conciencia la espada para luchar, ahí encontraréis siempre dispuesta el arma infalible.

60. ¿Cómo podrá perderse irremisiblemente para Mí un espíritu, si lleva en sí un destello de mi luz que jamás se extingue y doquier que vaya me tiene delante? Por muy larga que sea su reaciedad o muy duradera su turbación, nunca serán esas tinieblas más largas que mi eternidad.

61. He venido a libertaros nuevamente o, ¿no sentís más libre vuestro espíritu después de haber destruido su pasado fanatismo y sus perjuicios?

62. Yo soy la Vida y la he venido a derramar por igual en todos; aun cuando siempre haya buscado un pueblo o una porción de hombres para manifestarme en ellos, ha sido para convertirlos en emisarios, profetas o testigos de mi Divinidad al servicio de la humanidad, mas no porque les distinga con un amor o complacencia mayores que a los demás.

63. Fortaleceos en mi palabra, hijos míos, para que lleguéis a mirar con verdadera caridad a vuestros hermanos y no seáis jueces del pecador, del vicioso, del fanático, del engrandecido, porque oiréis en vuestra Conciencia mi voz que os dice: “El que se encuentre limpio, que arroje la primera piedra”.

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