Enseñanza 213

1. La Luz de mi Espíritu es con vosotros, Cristo es sobre vuestro espíritu y a través de labios humanos manifiesta la palabra de vida y verdad como un camino que conduce hasta Mí.

2. Abrid las puertas de vuestro Santuario para que Yo penetre a lo más puro de vuestro ser.

3. Domingo de Resurrección llamáis a este día, porque en él evocáis los acontecimientos que vivió Jesús a su paso por la Tierra.

4. Descorred ya el velo del misterio para que penetréis en el santuario de la verdad. En esta Cátedra os revelo grandes enseñanzas para que desaparezcan de vosotros las tinieblas del misterio con que ayer envolvíais mi luz. Escuchad: Sólo el que muere puede resucitar; ¿creéis que Cristo haya muerto en aquel tiempo?; ¿habéis podido imaginar muerto a vuestro Maestro?

5. La muerte es sólo un símbolo, la muerte existe para aquellos que aun no alcanzan el conocimiento de la verdad; para ellos la muerte sigue siendo un espectro tras el cual está el misterio o la nada. A vosotros os digo: Abrid vuestros ojos y comprended que tampoco moriréis; os separaréis de la materia, mas eso no quiere decir que moriréis; vosotros, como vuestro Maestro, tenéis vida eterna.

6. Cuando dejé mi cuerpo, mi Espíritu hizo su entrada en el mundo de los espíritus para hablarles con la palabra de verdad como a vosotros, les hablé del Amor divino porque ése es el verdadero conocimiento de la vida.

7. En verdad os digo, que el Espíritu de Jesús no estuvo un solo instante en la tumba, tenía en otros mundos muchas caridades que hacer; mi mente infinita tenía para aquellos, como para vosotros, muchas revelaciones que manifestar.

8. También hay mundos donde los seres en espíritu no saben amar, moran en la oscuridad y ansían la luz; hoy los hombres saben que donde hay desamor y egoísmo existe oscuridad, que la guerra y las pasiones son la llave que cierra la puerta del camino que conduce al Reino de Dios.

9. El amor, en cambio, es la llave con que se abre el Reino de la Luz que es la verdad.

10. Aquí me he comunicado a través de materias, allá me he comunicado directamente con los espíritus elevados, para que ellos instruyan a los que no están capacitados para recibir directamente mi inspiración.

11. Y esos seres elevados, luminosos, son como aquí para vosotros, los portavoces.

12. Hoy sabréis el por qué de mi venida a este mundo y el por qué de mi visita a aquellos mundos.

13. Yo había dicho a los espíritus: “Volveréis a nacer, y antes de expiar en cuerpo, limpiaréis vuestro espíritu de toda impresión superflua, para que en vuestro nuevo nacimiento seáis como antorchas encendidas”.

14. Los hombres que llevan en sí la Luz de mi Espíritu Santo, son como antorchas encendidas; los que no quieren conocer la verdad, son como antorchas apagadas, lámparas que no arden porque no se han encendido en el fuego de mi sabiduría.

15. Yo no quiero que seáis antorchas apagadas, porque no podréis cumplir con vuestro destino, o sea con la misión de vuestro espíritu.

16. En verdad os digo, que en los instantes en que vibra mi palabra por el entendimiento del hombre, millares y millares de seres desencarnados están aquí presenciando mi manifestación y escuchando mi voz; el número de ellos es siempre mayor al de los que se presentan en materia. Como vosotros, van saliendo lentamente de la tiniebla, para penetrar en el Reino de la Luz.

17. Sois eternos.

18. Este día de recordación y meditaciones, es el símbolo de la gloria del espíritu, de la resurrección de la luz de vuestra lámpara.

19. Me ha placido manifestarme entre vosotros en estos días de conmemoración, para despertar en vuestro corazón sentimientos de fe, de piedad, de espiritualidad; he aprovechado estas horas para lavar y purificar vuestros corazones.

20. ¿Por qué os habéis manchado? Porque no os habéis dejado conducir por el poder del espíritu, cuya fuerza la habéis confundido con la de vuestra voluntad humana, vuestras vanidades y caprichos.

21. Es necesario que penetréis en vuestro corazón, en vuestro interior, para que sepáis en qué grado os encontráis para la voz de la Conciencia, en qué estado de amor estáis para con vuestros Semejantes; entonces sabréis hasta qué punto sois antorchas encendidas o flamas apagadas.

22. Yo os digo, que de acuerdo con vuestro amor, así será la fuerza, la bondad y la luz que poseáis.

23. También vosotros tendréis vuestro día de Liberación y vuestro día de gloria. ¿Cuál será ese día? Aquél en que venzáis en el campo de batalla de vuestra vida.

24. La Tierra es campo de lucha, mucho hay allí que aprender; si así no fuese, os bastarían unos años de vida sobre este planeta y no seríais enviados una vez tras otra a reencarnar. No hay tumba más lóbrega y oscura para el espíritu, que su propio cuerpo, si éste lleva en sí escoria y materialismo.

25. Mi palabra os levanta de esa tumba y luego os da alas para que remontéis el vuelo, a las regiones de paz y luz espiritual.

26. Conforme vuestro espíritu va triunfando de las tinieblas y va salvando obstáculos, en él va apareciendo la luz; por ello, unos recorreréis en mayor tiempo que otros el camino.

27. Grande será el que siga la huella del progreso espiritual, y pasando sobre él las Edades y las Eras adquiera la luz, la experiencia y la evolución.

28. Y después de esa lucha, esfuerzos y lágrimas, tendréis vuestra Liberación y vuestra gloria, aquélla en que surjáis brillando en plenitud con la luz de la Conciencia.

29. La Gloria no es un lugar determinado, la Gloria es el final de la evolución del espíritu; no siendo esa Gloria un lugar fijo, es necesario que comprendáis por qué los que dudan de la existencia del espíritu dicen: “Yo moriré”, y quienes creen en la vida eterna dicen: “Yo siempre viviré”.

30. El que materializa su fe y su culto, imagina y busca a Dios en forma limitada.

31. El Espiritualista sabe que el Omnipotente está en todo, que el mundo, el Universo y el infinito, están saturados de mi esencia y mi presencia.

32. El que así me reconozca y me conciba, es Templo viviente de Dios y no materializará ya las manifestaciones del espíritu con símbolos o formas.

33. No digáis ya, que hay solamente un Cielo y una Tierra, y que éstos son lugares determinados, existen millares de mundos; no olvidéis que dije en Jesús: “Hay muchas moradas en la casa de mi Padre”.

34. Bien está que en la vida material os apeguéis a las leyes de vuestra naturaleza, mas también comprended que dichas leyes no son eternas.

35. Yo he venido una vez más a los humildes porque son los que entienden mejor estas palabras; recordad que dije: “El que ha sido humillado, será ensalzado”.

En este día que llamáis de Resurrección, espiritualizaos para que digáis: “Yo soy el Templo y la lámpara, yo soy la ofrenda”. Amaos, sí, pueblo, porque el que ama lleva en sí la Gloria. Pueblo bendito, espíritus de las doce tribus de Israel encarnados en este tiempo para formar el escudo de la humanidad, os estoy preparando en espíritu y en materia para hacer de vosotros un instrumento dócil y llevaros por esta senda que os trazo, para que dejéis vuestro ejemplo a las nuevas generaciones.

36. Entre vosotros están los descendientes de Rubén, de Dan, de Judá y Leví, de Isacaar y Zabulón, y de todos los patriarcas de las tribus, y como espíritus fuertes que sois, debéis seguir manifestando esa fortaleza y fe en vuestro Dios.

37. El nombre de Israel no puede borrarse, y aunque ha sido codiciado, probado y perseguido, este pueblo no morirá porque es la simiente de vuestros primeros padres, que fueron tronco y vida de muchas generaciones. Hoy miráis esa raza decadente y en alto grado de degeneración, que ha amado más a su carne que a su espíritu y se ha envanecido con sus dones; por eso a vosotros os he hecho encarnar en otra tierra, en otra raza, para que no cayeseis en aquellos errores.

38. La espiritualidad os ha sido inspirada desde el principio de los tiempos, es una semilla que os fue dada para que la cultivéis con esmero, y os encomendé la tarea de transmitirla a todos los pueblos sin distinción de razas. Hoy, en la plenitud de los tiempos vengo a vosotros para pediros cuenta de esa simiente.

39. Todos los hombres lleváis esa semilla porque antes que materias, habéis sido espíritus, y la Espiritualidad es el camino que os he señalado, por la cual llegaréis a perfeccionaros.

40. Sois el pueblo más agraciado y a pesar de ello no habéis sabido usar vuestros dones, no habéis querido interpretar mi voluntad. Este mundo que he preparado para recreo, desarrollo y bendición de vuestro espíritu, lo habéis amado como si fuese vuestra morada eterna, y habéis echado en él profundas raíces; olvidáis la vida espiritual y no preparáis vuestra entrada en ese Valle que os espera.

41. Mirad, esa morada se encuentra poblada de espíritus escasos de méritos por su falta de espiritualidad, de preparación, y cuánto dolor los embarga, cuánto arrepentimiento. Vosotros no debéis habitar ese mundo, sin antes hacer progresar a esos espíritus que ya sea por ignorancia o rebeldía no supieron labrar su elevación.

42. Lo que la humanidad llama progreso, no lo es para los espíritus, porque si estuviesen elevados me amarían sobre todo lo creado, y habría paz y armonía entre los hombres; ellos sólo me presentan su desnudez e ignorancia espiritual.

43. Cuán dura es la humanidad para convertirse al bien. No estáis conformes con mis leyes y no queréis modificar vuestra vida, os lastima mi palabra cuando os hablo de regeneración. ¿Cómo queréis que calle si no estáis a salvo?

44. Sed fuerte, Israel, luchad contra el mal; id aun en contra de vosotros mismos si lleváis huellas de maldad. Preparad el ambiente que respiráis, venced toda influencia extraña, haced uso de vuestras facultades y potencias, velad y orad.

45. Cimentad la fe de la humanidad y construid con ella una torre tan alta, que llegue a lo celestial cuya base sea inconmovible.

46. Con vuestra oración y con obras espirituales podéis detener el avance de los elementos de destrucción, porque serán desatados con mayor fuerza que ahora después de 1950; la humanidad se purificará para que pueda recibir la Buena Nueva, y después de su gran dolor verá brillar el iris de la paz y sentirá mi llamado que le invita a penetrar en una nueva vida.

47. Hoy que habéis vuelto a la Tierra, venís a testificar mi presencia, es una de las misiones que siempre habéis tenido y os sorprendéis cuando os hablo en esta forma, porque creéis no tener conocimiento del pasado de vuestro espíritu. Pero es tan profunda esa huella, que no podréis ni vosotros ni el tiempo, borrar vuestra historia.

48. Os estoy enseñando para que más tarde prediquéis mi enseñanza, y los que hayan de oíros se sorprenderán de vuestras palabras y os tendrán por los nuevos profetas y apóstoles, entonces os amarán. Haced que vuestra obra sea fructífera. No sembréis en tierra estéril, no expongáis mi Obra a la burla. Sed prudentes y complaced a los que os soliciten y perdonad a quienes no sepan recibiros.

49. Mi palabra ha encontrado eco en la unión de vuestros pensamientos y se deleita mi Espíritu de Maestro enseñando a mis nuevos discípulos.

50. Si meditáis profundamente, encontraréis que Yo he estado siempre con vosotros y que desde la primera revelación, mi Mensaje encaminó a los hombres a la Espiritualidad. Es natural que después de algunos miles de años de habitar espíritus en esta Tierra, os traiga una Doctrina de mayor elevación de la que ahora tenéis.

51. Mi Doctrina, que es en todo tiempo la explicación de la Ley, ha venido a vosotros como camino de luz, como brecha segura para el espíritu; sin embargo, los hombres empleando el libre albedrío de que fueron dotados, queriendo seguir un camino para su vida, han elegido siempre el camino fácil de la materialidad, desoyendo algunos de manera absoluta los llamados de la Conciencia que siempre encaminan hacia lo espiritual; y otros, creando cultos y ritos para creer que van con paso firme por la senda espiritual, cuando en verdad, son tan egoístas como aquéllos que han excluido de su vida mi Nombre y mi palabra.

52. Si pudieseis contemplar desde aquí el Valle espiritual donde habitan los seres materializados, aquéllos que nada han labrado para la jornada espiritual después de esta vida, quedaríais anonadados; pero ni por un instante diríais: “¡Cuán terrible es la justicia de Dios!” No, en cambio exclamaríais: “¡Qué ingratos, qué injustos y crueles somos con nosotros mismos! ¡Qué indiferentes para con nuestro espíritu y qué fríos hemos sido como discípulos de Cristo!”

53. Por eso he permitido que aquellos seres se manifiesten a veces en vuestra vida y os den el mensaje doloroso, angustioso, de su vida oscura y sin paz. Son moradores de un mundo que no tiene la luz radiante de las moradas espirituales ni las bellezas de la Tierra que habitaron.

54. Aquel extenso Valle, lleno de turbación, de remordimientos, de dolor, de tristeza y desesperación, sólo es iluminado por la luz de la Conciencia que va despertando uno a uno a aquellos seres y cuando esa luz llega a invadir todo el espíritu, éste reconoce su camino, arroja la vestidura de materialidad que conservaba y vuelve a sentir que vive, que ha sido resucitado, que una voz le llama desde lo infinito, y que esa voz es la del Padre, quien desde el principio de los tiempos le trazó el sendero de luz y felicidad.

55. Nadie de vosotros quiera ir a habitar en las tinieblas de la turbación, ni a beber el cáliz de los remordimientos.

56. Para evitaros aquella infinita amargura, tened caridad de vuestro espíritu, haced obras verdaderas de amor, no obras superficiales con las cuales tratéis de engañaros a vosotros mismos.

57. Mi Doctrina imparte espiritualidad, y la Espiritualidad quiere decir verdad, pureza, luz, sinceridad y amor.

58. Esta es mi senda, la única, aquélla que desde los principios os fue trazada y quedó escrita en toda Conciencia.

59. Mi voz, que resuena nuevamente en lo recóndito de vuestro ser, viene a llamaros hacia el camino perdido, hacia el sendero olvidado, para que acumuléis méritos, que serán luz, satisfacciones y elevación para vuestro espíritu, cuando él tenga que traspasar el velo que existe entre lo material y lo espiritual.

60. Os hablo de ese velo, porque vuestra pequeña elevación espiritual aun no os permite unir en una sola todas las moradas existentes, y así como en la Tierra, vuestra falta de fraternidad os ha dividido en pueblos y naciones, en el Universo, los seres pequeños se han visto divididos por mundos, moradas y espacios.

61. Tiempo llegará en que las fronteras de este mundo sean borradas por el amor y en que los mundos se acerquen unos a otros por la espiritualidad.

62. Mientras, seguirá la lucha entre la Conciencia y el libre albedrío, del cual toma y se aprovecha el hombre para hacer de su vida lo que le place.

63. La lucha entre esas dos fuerzas llegará a su culminación y el triunfo se inclinará de parte del espíritu, el cual, en una entrega absoluta de amor hacia su Padre, le dirá: “Señor, renuncio a mi libre albedrío, hágase en mí sólo vuestra voluntad”.

64. Yo bendeciré al que así llegue delante de Mí y lo envolveré en mi luz, mas le haré saber que esa bendita libertad de que fue dotado, nunca se la quitaré, pues el que hace mi voluntad, el que es fiel y obediente, es digno de la confianza de su Señor.

65. ¿Verdad que habéis entendido lo que os he hablado de la vida espiritual? Ved como lo espiritual es simple y diáfano, al contrario de las doctrinas y enseñanzas vuestras que todo lo complican.

66. Meditad, discípulos.

67. Mi Arcano se abre y algo de él dejo manifestar a los hombres a través del portavoz.

68. En el año de 1866 brilló una estrella como aquélla que anunció el nacimiento del Mesías. Pocos la contemplaron porque el mundo estaba durmiendo.

69. Esa estrella fue Elías, y con su manifestación a través del entendimiento de Roque Rojas, se abrió una nueva Era espiritual. Con su luz vino a iluminar el camino para guiar a los hombres y anunciarles un tiempo de grandes revelaciones. Mas como Elías es mi profeta y mi precursor, a través de su espíritu profeticé el tiempo de mi comunicación en esa misma forma.

70. Los primeros oyentes, los primeros testigos de esa manifestación, se sorprendieron al escuchar que la palabra que Roque Rojas pronunciaba, no era de él sino que venía del Más Allá; que era una palabra llena de consuelo, de promesas y de esperanza.

71. El corto número de párvulos creció, convirtiéndose en multitud, la cual al recibir más tarde la presencia del Maestro a través de nuevos portavoces, reconoció en la palabra un fruto con sabor divino y esencia espiritual, que era el único que podía apagar su sed y mitigar su hambre.

72. Un nuevo apostolado surgió de entre ese pueblo, formado por corazones sencillos y humildes, pero llenos de amor y de fe para seguirme. No podía faltar entre ellos un nuevo Tomás que necesitase ver para creer en mi presencia; un nuevo Pedro que creyendo en Mí, me negase por temor a la humanidad y un nuevo Judas Iscariote que me traicionase, cambiando mi palabra y mi verdad por monedas y halagos.

73. Las multitudes que forman este pueblo siguieron aumentando y ramificándose por ciudades, comarcas y aldeas, y fueron surgiendo de este pueblo apóstoles de la verdad y la rectitud, labriegos abnegados y llenos de celo en la Doctrina de su Señor y profetas limpios de corazón que han hablado la verdad.

74. Ante una inmensa e invisible mesa espiritual les siento para que coman mi Pan celestial y mi vino de eternidad, para que nunca les falte la fortaleza en su misión. Mientras hay quienes escuchándome, permanecen aletargados espiritualmente, hay también quienes me interrogan a cada instante, porque se hallan ávidos de saber. Estos me preguntan: “¿Por qué me manifiesto a la humanidad bajo esa forma?; ¿por qué Elías vino antes?; ¿quién es Elías y quién Roque Rojas?; y, ¿quién desató los Siete Sellos?”

75. Yo a todos contesto y enseño con el amor del perfecto Maestro. Si algunos se confunden porque no vengo entre regios altares o suntuosas ceremonias, la espiritualidad que otros tienen les dice que Jesús nunca buscó galas ni vanidades, sino corazones.

76. Siempre he venido en pos de vuestro espíritu, no de vuestro cuerpo; porque la materia pertenece a la Tierra donde su seno la reclama, mientras el espíritu a través de su Conciencia, estará oyendo siempre la voz divina que le llama.

77. Extenso ha sido el tiempo de mi predicación en mi última venida, abarca desde 1866 hasta 1950.

78. Los primeros frutos de mi enseñanza deben ser los de vuestra regeneración espiritual y material, abandonando toda idolatría, fanatismo, superstición, erróneas interpretaciones y también egoísmo, malas voluntades, vicios y toda lacra; cuando eso sea, podréis hablar de mi Ley sin confundir a nadie; no imprimiréis en mi Doctrina vuestros errores, ni trataréis tampoco de ocultarla reservándola sólo para vosotros.

79. Elevad vuestro espíritu a través de un culto más perfecto y elevad vuestro corazón por medio de una vida virtuosa y seréis como el principio para un nuevo mundo, una nueva humanidad que supo levantarse sobre los cimientos de espiritualidad que os traje en mi revelación del Tercer Tiempo.

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