Enseñanza 210

1. Vengo a libraros del tormento en que os ha hundido vuestro materialismo, entregándoos la lámpara con la que podáis alumbrar el sendero.

2. Sois los hombres del Tercer Tiempo, aquéllos que habrán de conocer verdaderamente el por qué de su vida, y Yo vengo a ayudaros a obtener ese conocimiento por medio de mis revelaciones.

3. Sois los hombres del nuevo tiempo en el cual mi Reino busca vuestro corazón para levantarse en él, en el que haréis del bien vuestro ideal espiritual y aprenderéis que la mejor oración es la de vuestras obras.

4. El amor y la verdad corresponden al espíritu, de él es la sabiduría porque fue creado para amar y conocer a su Padre.

5. Yo, el Maestro, vengo a estremeceros con los recuerdos de vuestro pasado espiritual, que vuestro corazón no conoce porque pertenecen al espíritu, cuando éste vivía su verdadera existencia, cuando era otra vuestra morada y no habitabais aún en este cuerpo que ahora tenéis, que es crisol, yunque y lección para el espíritu.

6. Os traigo recuerdos de la vida espiritual, oculta tras el velo de vuestra materialidad, para deciros que esa vida os espera nuevamente para que vengáis a gozarla en plenitud después de vuestro peregrinaje, de vuestra experiencia y de vuestra evolución.

7. Cuando estéis de retorno en la morada infinita y sintáis el gozo de habitarla, no os cansaréis de bendecir este mundo de lágrimas adonde vinisteis a aprender, a apreciar la felicidad, la paz, la luz.

8. Mi nueva venida, ahora en Espíritu, tiene por fin recordaros el camino de la Ley que os unirá con el Absoluto, que os hará penetrar en la armonía universal y, cuando forméis parte de esa armonía divina, cuando os alimentéis ya del pan de mi sabiduría, sabréis verdaderamente quiénes sois.

9. ¿Qué podrá haceros llorar en el mundo cuando estéis por sobre las pequeñeces de la vida humana? Ni los sufrimientos, ni las necesidades, ni las pruebas morales, ni los elementos, nada podrá venceros o abatiros cuando hayáis alcanzado verdadera espiritualidad.

10. Vuestros sufrimientos serán por los demás, vuestras preocupaciones serán por la salvación de todos los hombres, y cada vez que contempléis la salvación de un ser, sentiréis mi luz de Padre alumbrando vuestro interior y estaréis bendiciendo el día en que disteis el primer paso firme en el sendero.

11. Mi palabra es el camino espiritual al que debéis penetrar con todos vuestros sentidos, con todo vuestro entendimiento y todo vuestro amor, si queréis saber de dónde habéis venido y hacia dónde camináis.

12. Nadie se conoce aún. Si no conocéis todavía vuestro cuerpo, ¿cómo creéis conocer vuestro espíritu? Pero llegaréis a conoceros, a medida que vayáis practicando mis divinas enseñanzas.

13. Yo os enseño con la palabra, porque ella lo contiene todo, puesto que procede de Mí que soy el Verbo. Vosotros aprended a hablar de lo espiritual en tal forma, que cada palabra que deis a los demás pase de vuestro corazón al corazón de vuestro hermano como si fuese una perla, una joya de infinito valor.

14. Aprended a hablar a los espíritus, enseñadles a oír la voz de su Conciencia, sensibilizad sus sentimientos con mis enseñanzas.

15. Mirad cómo todas mis frases van por el sendero que orienta, y aunque por ahora las miréis superficialmente, mañana, cuando podáis penetrar en un plano superior, encontraréis sólo esencia en mi palabra.

16. Yo no desciendo, pueblo; cuando os digo que he descendido hasta vosotros, es en sentido figurado, porque mi comunicación es a través de una inspiración que se hace ideas en la mente de estos portavoces. Como sé que al instante de escuchar estos mensajes no podéis comprenderlos, ni siquiera retenerlos en la memoria, he ordenado que escribáis mis palabras, para que lo que ahora no comprendáis, mañana poco a poco, lo vayáis entendiendo.

17. Muy pobre es en apariencia mi manifestación de este tiempo, porque su esplendor es espiritual, mas, ya sentiréis la grandeza con que he venido a vosotros y veréis a esta Doctrina obrar el milagro de salvar a la humanidad por la espiritualidad.

18. El Templo espiritual construido con amor por mis hijos, será sostenido por muchas columnas, cada una de las cuales será uno de los que con firmeza permanezcan en el camino de mi Ley.

19. ¿No lo creéis posible? Es que no tenéis fe en vosotros todavía, mas Yo sí tengo fe en todos, siempre la he tenido y por eso a través de los tiempos he venido a confiaros nuevas y mayores revelaciones. De cierto os digo, que no está lejano el día en que deis enseñanzas de profunda sabiduría a vuestros hermanos, mas no con la palabra que se estudia sino con aquella que brota del venero del espíritu cuando se está en comunión con mi Espíritu.

20. ¿Por qué no ha de ser posible que de corazones estériles broten los buenos sentimientos? ¿Por qué no ha de ser posible que del corazón del que ha pecado, brote agua de gracia para aplacar la sed de los que sufren?

21. No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana no; no sois sólo carnes que hoy palpitan y pronto dejan de existir; para Mí, ante todo sois espíritus eternos, hijos de Dios y por eso os trazo el camino que en verdad os corresponde.

22. No vengo a privaros de nada de lo que en esta Naturaleza he depositado para la conservación, la salud, el sustento, el bienestar y el goce de mis hijos; por el contrario, os digo, que así como ofrezco el pan del espíritu y os invito a aspirar esencias divinas y a saturaros de efluvios espirituales, no desconozcáis ni os alejéis de cuanto os brinda la Naturaleza, ya que así lograréis la armonía, la salud, la energía, y por lo tanto, el buen cumplimiento a las leyes de la vida.

23. Sabéis que soy vuestro Guía, pueblo, mas decidme, si soy vuestro Guía, ¿ya me sentís en vuestro corazón, ya me obedecéis, ya acatáis mis mandamientos y mis leyes? Si soy vuestro Guía, ¿hasta qué punto me obedecéis?

24. La voz de la Conciencia es quien contesta desde vuestro interior, diciéndome que todavía vuestra entrega no es absoluta, que vuestra obediencia no es constante.

25. No olvidéis ni un momento que en mi palabra os digo, que quien obedece mis leyes conoce mi paz. Por eso los que conocen mi palabra no se sienten solos ni tristes, porque para ellos las palabras desgracia, condenación y muerte, no les acechan como una amenaza o como una sombra sobre la paz de su espíritu; a ellos les preocupa conocer la verdad, vivir en la luz, conquistar para siempre la salud, la paz y la sabiduría.

26. Los que vienen a Mí por el sendero de mi enseñanza, saben que no pueden perderse porque una Luz divina les conduce, es aquella luz que les da la certeza del fin y del verdadero objeto de la vida.

27. Mi camino es el sendero del bien, discípulos. Venid por él, paso a paso, sembrándolo de buenas obras, de buenos pensamientos, y de buenas palabras; pero jamás llevéis cuenta de vuestros buenos hechos, en cambio sí os aconsejo que toméis cuenta minuciosa de vuestras malas obras, palabras y pensamientos, para que vayáis dejando de cometer yerros.

28. A Mí dejadme la buena semilla recogida y vosotros tomad la semilla vana; escudriñadla para que conozcáis la causa de vuestra flaqueza, cuidad de que ella no se mezcle entre los buenos granos y después exterminadla.

29. Sólo la bondad puede dar paz, alegría, salud, saber; por lo tanto, el que sea abundante en amor, tendrá que ser grande en espíritu.

30. Esto es lo que vine a enseñaros cuando habité en el mundo con vosotros, y esto vengo ahora a recordaros. Si a través de Jesús, tocando con mi mano sané a los enfermos, también en este tiempo vengo a tocarlos para devolverles la salud y hacerlos entrar de nuevo en el milagro de la vida.

31. Hoy no tengo manos para tocar vuestro cuerpo enfermo, porque vengo en Espíritu, mas el espíritu también puede tocaros con su amor y haceros sentir su presencia.

32. Los hombres ciegos de aquel tiempo, ciegos del espíritu, derramaron la sangre del Maestro y clavaron las manos que sanaban tocando, que acariciaban y bendecían; mas no pudieron destrozar mi Espíritu, ni aprisionarlo, ni enclavarlo; Él se levantó por sobre la pequeñez de los hombres, prometiendo volver, ya que en aquellos instantes no era reconocido ni comprendida mi palabra como la suprema Verdad.

33. Aquí me tenéis cumpliendo mi promesa y esperando que la humanidad me reconozca.

34. Mas, si os preguntase: ¿Qué fue de aquel cuerpo bendito en el que habitó Cristo? ¿Sabríais contestarme? Debo ser Yo mismo quien os diga, que aquel cuerpo que fue instrumento del Amor Divino, una vez concluida su jornada, una vez que sus labios se cerraron para siempre y sus ojos también, bajó a la tierra para terminar de cumplir su misión en cuanto hombre; pero cuando la tierra le envolvió en su seno, aquel cuerpo, cuyas células sólo vibraron para amar, se esparcieron en el infinito para caer después como lluvia de vida sobre los mismos seres que habían rechazado la vida que el Redentor les trajo.

Cuando pensáis que Dios mismo se hizo hombre para habitar con vosotros, llegáis a sentir la vanidad de ser tan amados por el Padre y entonces pensáis también en que sois su obra maestra. Mas, de cierto os digo, que no existe una obra del Padre que no sea maestra y, además, debéis saber que existen espíritus cuya perfección, belleza y elevación ni siquiera podéis imaginar.

35. Más allá de vosotros, hay obras más grandes que las que aquí conocéis y también obras de hermanos vuestros, superiores a las obras de los hombres.

36. ¿Por qué creer que el hombre sea lo más grande que hoy existe dentro de las obras del Señor? Sólo sois pequeñas criaturas que vais por un largo camino en pos de la verdadera grandeza.

37. Grandes y perfectos sois en cuanto a que sois obra mía, pero en cuanto a vuestras obras, sois todavía muy pequeños e imperfectos, por eso vengo a manifestarme como Maestro ante vosotros, para enseñaros nuevas revelaciones que os lleven a la cumbre del bien, del saber, del amor y os unáis armoniosamente con todo lo perfecto.

38. ¿Cómo va a existir perfección en vuestro mundo si existe el dolor, si hay menesterosos, viciosos, lisiados, oprimidos, si hay soberbios y egoístas y también fratricidas?

39. La felicidad es el patrimonio de las moradas elevadas y en vuestro mundo aún no contemplo la felicidad.

40. Hoy vengo a dejaros en esta palabra mi nuevo Mensaje para que surjáis a una nueva vida.

41. Construid vuestra paz, construid vuestro mundo de felicidad, empleando para ello la virtud de mis enseñanzas.

42. Ciertamente habéis luchado mucho para procuraros comodidades, placeres y adelantos, mas vuestros ideales muchas veces encierran egoísmo, maldad, ambición desmedida; entonces en vez de lograr felicidad o paz, recogéis dolor, guerra y destrucción, que es lo que estáis recogiendo en estos momentos que vivís.

43. ¿Cómo van a ser perfectas vuestras obras en la Tierra, cuando os veo enemistados con los elementos de la Naturaleza que son los mismos de los que tomáis vida?

44. Mi Doctrina no viene a prohibiros que utilicéis los elementos y fuerzas de la Naturaleza, pero viene a ordenaros y a enseñaros a emplearlos para fines buenos.

45. Los elementos de la Naturaleza en vuestras manos, pueden convertirse, de amigos y hermanos, en jueces que os castiguen severamente.

46. Ya era tiempo de que los hombres recogiesen el fruto de la experiencia para que no provocaran más las fuerzas de los elementos, porque con toda su ciencia no serán capaces de contenerlos.

47. ¡Oh, humanidad, siempre alejada de Mí! A pesar de vuestro olvido, mi recuerdo no se separa de vos. Mundo regado con mi sangre: Yo os traigo de nuevo mi amor.

48. ¿Recordáis mis ejemplos del Segundo Tiempo? Escuchad:

49. Encontrándome en las afueras de una aldea, llegó ante Mí el emisario de un poderoso, quien me dijo: “Señor, ¡cuánto he tenido que andar para llegar hasta Vos!” Yo le dije: “Bienaventurado el que me busca, porque siempre me hallará”.

50. “¿Delante de quién os encontráis?” Le pregunté. “Delante de Aquél que sana con su poder todos los males. ¿No sois acaso el Hijo de Dios?” Yo le dije entonces: “Yo soy el Principio y el Fin, soy la Resurrección y la Vida, soy Aquél que ha bajado de los Cielos al mundo para salvaros. ¿Veis a estos hombres que me siguen por comarcas, provincias y aldeas? Así, vos, me seguiréis mañana, dejando vuestra regia capa y confundiéndoos entre los humildes y los pobres. En verdad os digo, que habéis venido a llamarme en nombre de vuestro amo, quien desea que lo limpie de su lepra. ¿Acaso no es así?” Aquel hombre, sorprendido, se sintió sobrecogido de temor, mas le dije: “No temáis, que sólo he dicho la verdad, porque a eso he venido al mundo”.

51. Entonces, el siervo aquél, me dijo: “Señor, ya que lo sabéis, venid a la casa de mi señor, quien llamándoos está”.

52. “¡Oh, varón, -le dije,- decid a vuestro señor que me basta que haya creído en Mí; cuando vos lleguéis a él, estará limpio!”

53. Aquel hombre se alejó y pronto sus ojos testificaron llenos de gozo la palabra de Jesús. En eso Mateo vino hacia Mí y me dijo: “Maestro, una mujer viene a buscaros”. “Ya lo sé, -le contesté,- es María, la Magdalena, quien viene a buscarme para que la liberte de las influencias de los espíritus que la poseen”. El discípulo quedó sorprendido de que Yo lo supiese todo. Ante mi presencia llego regiamente ataviada, me buscaba hacía tiempo para encontrar en mis ojos la luz que podía salvarla. En sueños había visto al Nazareno libertándola de su fardo y venía hacia Mí, impulsada por su espíritu ansioso de luz y redención.

54. Cayó a mis pies, ante el asombro de todos los presentes y le dije: “¿Por qué lloráis? Lloráis de pena y de gozo, mas Yo os perdono”.

55. En aquel instante cayeron de aquella criatura todas las cadenas que al mundo la ataban y una vez libre, siguió mi huella como uno de mis discípulos más fieles.

56. Aquella mujer, quedó transformada ante una palabra de perdón, en la sierva más humilde del Maestro y más tarde en el dulce báculo de María, cuando la hora del dolor a todos cubrió.

57. Yo, que escucho la voz de los espíritus, oía que aquella mujer me preguntaba: “Señor, ¿será posible que yo sea digna de estar con Vos, en esa hora postrera que anunciáis?; ¿será posible que yo llegue a serviros verdaderamente?” “¡Oh, mujer -le dije,- levantaos que ya estáis limpia, cubríos con el manto de la humildad y volved al seno de los vuestros, id en busca de mi Madre y seguidla!”

58. Iba por un camino hacia una aldea, cuando vi a María, mi Madre que venía hacia Mí: “¡Oh, Hijo amado, sé que tus labios han anunciado tu próxima partida, y aunque mi Corazón ya lo sabía no puedo menos que decirte que sufro infinitamente por la humanidad!” “Sí, escrito está, -le contesté,- y así debe de cumplirse; es menester mi sacrificio, es necesario que la semilla muera en las entrañas de la tierra para que fructifique y se multiplique. Mi sangre al derramarse, hará sentir a vuestro Corazón un dolor muy intenso, pero ella será como un raudal de vida para los hombres, a quienes dejaré como vuestros hijos. Mi muerte será la vida y ni por un instante estaremos distantes Vos y Yo”.

59. “Ahora voy a la casa de Lázaro, porque él en breve irá al sepulcro, mas Yo le haré volver, para que el nombre de mi Padre sea glorificado”.

60. “Id también Vos, para que vuestra presencia conforte a aquellas mujeres, porque su dolor pronto va a ser grande y en vuestro amor encontrarán dulce consuelo”.

61. Después volví a reunirme con mis discípulos, eran ya los últimos días de mi permanencia entre ellos. Así se los hacía comprender para que no fueran a verse sorprendidos. Pedro lloraba y recibía en silencio mis órdenes; Juan oprimía mis manos entre las suyas, al serle anunciado que él quedaría acompañado de mi Madre para que ambos se consolasen en las horas de prueba.

62. Tadeo sufría ya la separación del Maestro y Yo aun estaba entre ellos. El instante era tierno y doloroso; mas que los labios, hablaban los espíritus. Mas Yo era el Verbo y mi palabra debía calmar el dolor inmenso acumulado en aquellos corazones.

63. Hablé como el Padre a los hijos, como el Hermano a los hermanos, como el Maestro a los párvulos: “¡Oh, discípulos, que habéis bebido Conmigo el agua del peregrino sediento, que habéis soportado la fatiga de los largos caminos por ir en pos de mi palabra y de mis obras, en verdad os digo, que aunque parta de vuestra vista, no os abandonaré y que si queréis llevarme en vuestro corazón os resignéis con mi muerte, para que Yo viva en vosotros y hable por vuestras bocas. Escuchad, mis discípulos, hasta la última de mis palabras”.

64. Bajo la sombra de un árbol, les dije: “Ya se aproxima el instante, pero aun podéis saborear el fruto de mi palabra. Ciertamente quedaréis como ovejas entre lobos, mas no sucumbiréis porque mi manto os cubrirá. Mirad cuán grandes son las multitudes; a ellas alimentaréis como Yo lo hice en el desierto y sabréis multiplicar el pan como os lo enseñé”.

65. “Yo soy la Luz del mundo, que ha venido a iluminar el camino del perdido entre tinieblas; Yo soy el Libertador que viene a romper las cadenas de los cautivos. Habéis contemplado lo que os faltaba por ver y lo habéis visto, mas se acerca el instante en que todos sintáis vibrar mi vida en vuestro ser”.

66. Así hablé y acaricié a través de Jesús a cada uno de mis discípulos, mientras sus ojos desbordaban en llanto y en su corazón me expresaban sentimientos llenos de ternura y me hacían innúmeras promesas de seguirme.

67. Hoy no quiero recordaros los últimos tres días que en el mundo pasé, esto será en otra ocasión, en la que os hable del Cenáculo, de mi última visita al Huerto, donde me retiraba a orar y finalmente os hablaré de mi sacrificio.

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