Enseñanza 208

1. Os habéis despertado con el eco de mi palabra y habéis venido de lejanas naciones, pueblos y comarcas, por un largo camino de vicisitudes, con el anhelo de encontrar al Maestro.

2. Habéis abierto vuestro corazón como un libro en limpio, para que en él escriba esta enseñanza. Algunos me han presentado su entendimiento, en el cual también he escrito mi palabra, en espera de que el corazón se sensibilice, porque esta luz penetrará hasta el espíritu, en donde encontrará una morada de la cual no volverá a salir.

3. Jamás había sido tan clara y extensa mi palabra, como en este Tercer Tiempo, en que he venido a humanizarla. Mi palabra os hace comprender lo que os entregué en las dos Eras pasadas. Toda mi Doctrina se encierra en dos preceptos que os legué desde el principio: “Amarás a Dios con todo tu corazón y espíritu” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Más tarde Jesús os vino a decir: “Amaos los unos a los otros”. Ahora vengo a continuar mis enseñanzas, para dejar consumada mi Obra entre vosotros, en cumplimiento a mi promesa de volver.

4. No aparecí en este tiempo en el seno de ninguna iglesia, porque vine en busca de mi Templo que existe en vuestro corazón. La solemnidad de las liturgias, el esplendor de los ritos religiosos no son los que atraen mi Espíritu ni significan mi iglesia.

5. En el Segundo Tiempo, los príncipes y los sacerdotes esperaban el nacimiento del Mesías en el seno de su iglesia; sin embargo, no nací entre ellos, porque encontré más limpio el establo de Belén, hallé más amor entre los pastores y más clemencia en el crudo invierno. He ahí, por qué los teólogos de aquel tiempo se confundieron y por qué los reyes me persiguieron desde mi nacimiento hasta mi muerte.

6. Hoy vuelven a confundirse los teólogos ante mi nueva venida, porque las profecías y anuncios de ella no han sido interpretados con acierto.

7. Desde un principio ha sido puesta en duda mi advenimiento a pesar de que os he dado pruebas, testificándome a Mí mismo, y en esta forma he levantado la fe en el corazón de mi pueblo.

8. Grandes muchedumbres de discípulos han surgido en este tiempo, pero con ser tan grandes, no alcanzan a poseer la fe y la fuerza que tuvieron aquellos doce que me siguieron en el Segundo Tiempo. Y, ¿qué vais a hacer después de mi partida? Todos sabéis que os estoy hablando dentro de los últimos tres años de la enseñanza que recibiréis a través del entendimiento humano.

Si me comprendieseis en verdad, tendríais la certeza de que eternamente estoy con vosotros, de que eternamente os hablo. Mas, ¿quiénes son aquéllos que se están preparando para sentir mi presencia divina y para oír mi voz?, ¿quién alcanzará para 1950, tiempo marcado para mi partida, la espiritualidad suficiente para comunicarse con el Maestro sin necesidad del pedestal?

9. No me sentiré ofendido si no me ofrecéis altares ni flores o si no me encendéis lámparas, porque lo que he buscado todo tiempo en el corazón del hombre, es el altar espiritual.

10. Las flores son las ofrendas de los huertos y de los valles, cuya fragancia y perfume, llega hasta Mí como un tributo de amor. No usurpéis entonces a los valles y a los huertos sus ofrendas. No encendáis más lámparas que la de la fe en mi Divinidad, porque de nada os servirá encender lamparillas de aceite si está en tinieblas vuestro corazón.

11. No habéis alcanzado a comprender, y menos a practicar la Doctrina perfecta que os he revelado, y cuyo nombre de Espiritualismo Trinitario Mariano, lo dice todo: Elevación espiritual, reconocimiento de la Trinidad en manifestaciones divinas y culto a María, la Ternura Divina.

12. Antes de iniciarse el año de 1948, os dije a través de numerosos portavoces: “Preparaos porque reformaré vuestras prácticas espirituales, porque no quiero que el mundo os juzgue como los malos discípulos, que han atraído a su Maestro a participar de sus costumbres superfluas”.

Os he confiado mi Obra perfecta, la cual no debéis de desmentir con vuestros hechos, todo aquél que se levante a seguirme, cargará su cruz y entregará la verdad con todo su ser, hasta donde le sea posible y sus potencias lo permitan. No siempre estáis preparados, mas quisiera que siempre lo estuvieseis, porque en el momento menos esperado puede presentarse la prueba o el necesitado y ahí debéis estar al instante.

13. Para los padres de familia es grave el peso de la cruz, porque habiendo traído al mundo a las nuevas generaciones, han comprendido que eso no les basta para dar por terminada su misión.

La Ley del Padre para los primeros fue esta: “Creced y multiplicaos” y en el tiempo actual, en que encuentro gran evolución en el espíritu humano, os vuelvo a decir: “Creced y multiplicaos”, pero no solamente lo hagáis en materia sino en espíritu, en virtudes, en amor. Esta es la Ley del principio y del fin a la que daréis cumplimiento, para que podáis llegar satisfechos ante mi presencia y podáis decirme: “Señor, he aquí mi cumplimiento espiritual y humano, he aquí el fruto”.

14. Pueblo amado: Los tiempos no os permiten el estancamiento; los elementos, el dolor, la guerra, los conflictos y el caos, os dicen a cada instante: “¡Despertad y trabajad!” Dejad que vuestro corazón se llene de este vino, que es la sangre del Maestro, para que se desborde en vida y en amor sobre vuestros hermanos.

15. Mirad que mi palabra viene de un Padre que os busca, que os ama y corrige, que os levanta cuando tropezáis y os sana cuando estáis enfermos. Ni siquiera he venido en este día a ordenaros, simplemente a acariciaros. Voy a señalar todos vuestros actos delante de vuestra Conciencia, no a unos delante de otros, porque Yo soy el velo que os defiende de vuestros enemigos, para que escuchéis en el silencio la voz del juez interior y recordéis que los discípulos de Cristo han de glorificar con sus obras el nombre de su Maestro.

16. Os hablo con frecuencia de mi partida, como lo hice con mis apóstoles en el Segundo Tiempo: “Jesús se encontraba rodeado de sus discípulos, todos eran mayores en edad que el Maestro, mientras unos se hallaban en la madurez de la vida, otros se encontraban ya en la ancianidad. Sólo había uno menor que Jesús, era Juan. El Maestro solía hablarles de su próxima partida y ante aquel anuncio, aquellos hombres se preguntaban: “¿Cómo habla de su próxima partida si nosotros estamos más cerca del final?” Y es que los discípulos no alcanzaban a comprender como aquel hombre, toda vida, todo amor y fuerza, podía morir para el mundo. No podían concebir que Aquél que vino del Padre, pudiera dejar de vivir. Pero Jesús seguía hablando de su partida, seguía dando su adiós, haciendo que aquellos corazones se acostumbraran a la idea de la separación y comprendieran que debían aprovechar el tiempo y almacenar aquella preciosa semilla en el corazón. Entonces alguno dijo a su Maestro: “Señor, si alguien intenta tocarte, nosotros lo impediremos”, a lo que Jesús contestó: “Lo que escrito está, tendrá que ser y la voluntad del Padre se consumará, pues antes desaparecerían los Cielos y la Tierra que dejar de cumplirse su palabra”.

17. Y los discípulos, cabizbajos y tristes, escuchaban e interiormente se preguntaban: “¿Qué podrían hacer cuando Él ya no se encontrara entre ellos? ¿Cómo podrían luchar solos entre la humanidad? ¿Cómo podrían dar luz al ciego, limpiar al leproso, resucitar al muerto y convertir al pecador?” El Maestro leía sus pensamientos y en una ocasión les dijo: “Vosotros quedaréis en mi lugar como ovejas entre lobos, pero si creéis en Mí y permanecéis en el camino, no pereceréis”.

18. Mi pasión se consumó; mi palabra se cumplió y mis apóstoles sintieron flaquear en su ánimo y en su fe, cuando miraron a Jesús sudar sangre en el Huerto de los Olivos, cual si tuviera temor de los hombres, Él, que tenía el poder en su mano, ante la gritería de las turbas, pensaban ellos que el Maestro les podría enmudecer, ya que a los mismos poseídos había hecho callar. Y cuando las impías manos cayeron sobre el Rabí para aprehenderlo, los discípulos atónitos interrogaban: “Señor, ¿por qué te has dejado aprehender como cualquier malhechor, si en Ti no hay falta alguna?” Entonces se ocultaron abandonando a su Señor. Pero Cristo seguía enseñando en cuanto Dios y en cuanto hombre, porque quiso ser hombre para dar el ejemplo perfecto y para sentir el dolor humano y en Él fueron todas las angustias, toda la soledad; recibió sobre su cuerpo todas las ingratitudes y las blasfemias y llegó la última hora.

19. Desde lo alto del madero, sus ojos buscaron entre la multitud a sus amigos, a los discípulos, aquellos que habían vivido con Él y que le amaban y seguían por los caminos; pero aquéllos no estaban en el último instante, sus ojos corporales no los vieron, sólo Juan, el más pequeño, se encontraba presente acompañando a la Madre del Maestro. Al discípulo le entregó su último mensaje, y a María la consagró en ese instante, ante la humanidad, como la Madre Universal.

20. Todo fue consumado.

21. Los discípulos, unidos por el llanto y el luto, buscaban el consuelo en María. Mas el Maestro ya Espíritu, se hizo visible. Visitó a la Madre y a las santas mujeres, quienes dieron testimonio a los apóstoles de lo cual ellos dudaron. Pero Cristo, queriendo demostrarles que Él seguía entre ellos, también los buscó para manifestarse.

22. En cierta ocasión los apóstoles se encontraban en una casa, Tomás no estaba entre ellos. Mientras aquellos hombres se encontraban entregados a los recuerdos, el Maestro penetró a través de los muros de la alcoba, diciéndoles: “Mi paz sea con vosotros”; el asombro de los discípulos fue indescriptible, al reconocer el acento de aquella voz única para ellos.

23. La silueta de Jesús desapareció, y los apóstoles llenos de fortaleza y alegría, comunicaron a Tomás la nueva, mas aquél se mofó de sus hermanos, y mientras negaba el testimonio, hallándose cerrada la puerta del aposento, la silueta de Jesús nuevamente se presentó saludándoles así: “La paz sea con vosotros”. Tomás, ante el prodigio, temeroso primero y arrepentido después, contempló la silueta de Jesús, pero la duda le atormentó. Entonces el Maestro le dijo: “Acércate Tomás, hunde tus dedos en la herida de mi costado”, y el discípulo incrédulo y material, los hundió y pudo contemplar a través de aquella herida, la Tierra Prometida. Tomás, entonces, cayó a los pies de su Maestro y presa de dolor y arrepentimiento confesó: “¡Señor, Señor, eres Tú!” “Sí, Tomás, confiesas que soy Yo, porque has visto. Bienaventurados los que sin ver creen”.

24. Pueblo: Todo aquello lo estáis viendo ahora. Os estoy anunciando a cada instante mi partida. Os estoy desmaterializando para que después no seáis los incrédulos, los ignorantes o confundidos.

25. En el último día de mi estancia entre vosotros, no quiero contemplaros mesar vuestros cabellos, no quiero que vuestras bocas vayan a exclamar: “¿Por qué te vas, Maestro?”

26. Quiero en el momento final, veros envueltos en un manto de espiritualidad, de serenidad, de recogimiento, llenos de confianza en que Yo no he partido, de que Yo estoy más cerca de vosotros.

27. Os he dicho que todo ojo pecador y no pecador me contemplará; unos verán espiritualmente la silueta de Jesús, otros sentirán mi presencia en su corazón; otros percibirán mi luz en su entendimiento y otros verán maravillas a su paso. Me manifestaré en la oración y en las pruebas. Mas no será menester que contempléis la forma humana de Jesús, sino que me sintáis en el espíritu y en el corazón. Y no habrá luto, no existirá vacío ni soledad, no habrá congoja ni sollozos.

28. Quiero que al partir os unifiquéis, para que reunáis todas vuestras fuerzas espirituales y con ellas podáis suplir lo que el Maestro os daba con su palabra.

29. Cuando se haga la verdadera unificación entre vosotros, habrá señales en el cielo y en la tierra y las naciones lo reconocerán.

30. Ésta es mi Cátedra, ésta ha sido mi palabra de amor y de enseñanza: Una perpetua caricia.

31. Debéis prepararos más y más a medida que se aproxima el instante en que deje de hablaros a través del entendimiento humano. Vais buscando saturaros de la fuerza espiritual que imparte mi palabra.

El materialismo está en su plenitud; hasta ahora ha vivido el mundo sin sentirme ni escucharme. Son muy pocos los que viven con espiritualidad, los que contemplan mi luz y progresan en su camino; pero cuántos se encuentran en tinieblas. Hay quienes están en espera de mi nueva venida, en ellos existe la creencia de que Cristo volverá a hacerse hombre.

32. Discípulos que me habéis escuchado, ante vosotros se muestra clara la misión que tenéis que desempeñar: Anunciar a los hombres la Buena Nueva de mi advenimiento en este tiempo y comunicarles mis revelaciones y enseñanzas. Sois los testigos que sabéis que he vuelto entre vosotros en la misma forma en que fui contemplado por última vez en el Segundo Tiempo: En Espíritu.

33. Mas antes que lleguéis a comunicaros de espíritu a Espíritu con vuestro Señor, he querido comunicarme por el entendimiento del hombre humilde, pero agraciado por Mí, para que esta comunicación os sirviera de base o preparación, para vuestra futura elevación.

34. La ciencia humana con su desarrollo, es una prueba de que el espíritu ha evolucionado y aunque es otro el camino, en cada Era ha ido dejando la huella de su adelanto.

Día llegará en que las mismas ciencias colaboren al progreso del espíritu, porque todo está destinado a ese fin. Os digo que el verdadero hombre de ciencia, es aquél que por amor a sus Semejantes busca en las entrañas de la Creación sus secretos, hasta encontrar la luz divina. Quien así trabaje, nunca se envanecerá de su obra, tan sólo se considerará un instrumento del Creador; por lo mismo, nunca negará la existencia de la Divinidad.

35. También vendrá un tiempo, en que los religiosos recluidos en sus celdas, salgan de ellas, convencidos de la inutilidad de su retiro y de su misticismo; lucharán entre la humanidad, para cumplir con el fin para el cual fueron creados, en una palabra: Darán fin al estancamiento espiritual, para emprender el camino del progreso.

36. La Semilla de la espiritualidad es la semilla del Tercer Tiempo, la cual vengo sembrando entre vosotros. Ella dará a la humanidad el secreto para alcanzar una vida mejor.

37. Ved como por la falta de espiritualidad, la humanidad se desconoce y se divide, ella misma ha ido creando diferentes caminos que han apartado a los unos de los otros. Sois testigos de esa incomprensión.

38. Nuevamente os digo, que la guerra entre los hombres no ha terminado; porque vendrá la guerra de ideas, de credos y religiones, de filosofías y doctrinas, cada quien queriendo ser el único poseedor de la verdad, cada quien buscando superioridad sobre los demás.

39. Mi sacrificio del Segundo Tiempo aun no ha sido comprendido por esta humanidad. Diciendo los más reconocer a Cristo, no han sabido reconocerse en Mí. ¿Por qué buscarme por caminos torcidos, cuando Yo sólo transito por el camino de la mansedumbre, de la caridad y la justicia?

40. Para llegar a Mí, es indispensable amar a vuestros hermanos.

41. Hoy todavía habéis menester de ministros, de jueces y maestros, mas cuando vuestras condiciones espirituales y morales se hayan elevado, no necesitaréis ya de esos báculos ni de esas voces, en cada hombre estará un juez, un guía, un maestro y un altar.

42. Quiero contemplar un pueblo sin ritos, reglamentos ni dogmas, que sepa conducirse por el camino recto y que viva mi Doctrina de Amor.

43. Esa libertad os la doy en este tiempo, porque ya no estaréis sujetos a formas determinadas. No es éste un nuevo derrotero, sino una parte del mismo camino que os había trazado, pero que no conocíais. Estudiad, penetrad en mis palabras y reconoceréis que en ellas existe la verdad.

44. Soy Amor, y como amor me doy a vosotros sin imponeros condición alguna. En los momentos que estáis viviendo necesitáis de este aliciente, de este amor que se encuentra por sobre todo afecto humano.

45. Para lograr esa elevación que os pone en comunicación con mi Divinidad, ya no necesitáis estimular vuestros sentidos, mediante la armonía de unas notas musicales, ni exaltaros ante la contemplación de ritos o de objetos materiales, porque a vuestro espíritu sólo le estremece lo que es profundamente espiritual. Siempre que abráis vuestro corazón para elevar vuestro espíritu hacía Mí, experimentaréis esa sensación de paz que desciende del infinito.

46. ¿Cómo es posible que exista quien nada haga por su progreso espiritual? ¿Cómo pueden existir seres humanos que lleguen a descender más bajo que los seres inferiores o irracionales? El ser irracional no peca, porque él tan sólo se limita a seguir sus propias leyes. En cambio, el hombre sí peca porque lleva en sí un espíritu de luz, una Conciencia y un don de intuición.

47. Entre los llamados a luchar en esta Obra, están también los que por instantes se olvidan del camino que tienen que seguir; olvidan la Marca espiritual con el que les he señalado para que en su senda, sólo dejen huellas de paz y bendición. ¿Cómo podéis descender de la escala en que os he colocado? He aquí por qué desciendo continuamente a hablaros, para que mi palabra, cual fino cincel pulimente las asperezas de vuestro corazón, para haceros comprender que la comunión con Dios, no podéis realizarla si no os alejáis de lo impuro. Entonces, cuando logréis sobreponer vuestro pensamiento a todo lo superfluo y me busquéis en el infinito, sentiréis una extraña sensación de gloria. Por eso reconoceréis que si así me buscáis, no tarda la caridad del Padre en manifestarse en vuestro espíritu.

48. De cierto, en esos momentos no os encontráis en el Mundo material, aunque vuestro cuerpo se encuentre en la Tierra. El espíritu se ha elevado apartándose de todo contacto material, para penetrar en una vida y en un espacio distintos; ahí es donde mi amor de Padre es sentido, donde la paz y la beatitud de mi Reino, es presentida.

49. Para despertar en los reacios ese anhelo, me convierto en el necio Peregrino, hasta hacerles sentir el bien dentro de su corazón, ese sentimiento que los hará realizar obras que los acercarán a Mí. Cuando han llegado a dar ese paso, han contemplado la inmensidad del campo que se extiende ante su vista, invitándoles al trabajo y a la lucha. ¡Cuánta dicha sienten en su corazón, al comprender todo aquello que viendo no miraban y oyendo no escuchaban, porque todo era confuso y no se daban cuenta que estaban llamados a desempeñar una noble y delicada misión!

50. Os digo a todos: Cuando lleguéis a identificaros con el Maestro, llegaréis a sentir como vuestra la miseria de los demás y a tratar de hacer con vuestros hermanos, lo que visteis que Yo hice con vosotros.

Si por instantes os llegaseis a considerar indignos o torpes, bastará que sintáis la caridad y me busquéis, para que Yo haga lo que no podáis hacer vosotros. Todo es principiar aunque de pronto parezca imposible la tarea, luego vendrá el prodigio y la fe se encenderá. Entonces comenzarán a llegar a vuestra puerta los hambrientos, los leprosos, los harapientos y los perdidos. La necesidad en todas sus formas.

Mas debéis velar y orar, porque la tentación y las seducciones os acecharán, ofreciéndoos el mundo a cambio de vuestra espiritualidad; también llegarán los que traten de confundiros con palabras e ideas aparentemente grandes. Los placeres tentarán a vuestra materia tratando de que ella haga debilitar a vuestro espíritu. Vosotros tendréis que hacer frente a todo, unas veces solos, otras en unión de vuestros hermanos. Vuestras armas serán la preparación, la fe, el fin que lleváis, el conocimiento que del Maestro vais adquiriendo.

51. Así, de ser los vencidos de la vida, habréis quedado convertidos en soldados fuertes. Habréis penetrado preparados al tiempo de lucha que estáis viviendo. Vuestro espíritu no se acobardará, porque sentirá que necesita esa lucha para purificarse y elevarse. En verdad os digo, que todo aquél que pueda presentarme su obra consumada, ella será tomada como vuestro último trabajo dentro de la materia.

52. Entonces, mientras vuestro cuerpo esté convirtiéndose en polvo, y vuestro espíritu ya despojado de su último vestido humano haya empezado su trabajo espiritual, contemplará la Escala por donde ascenderá, etapa por etapa, los siete peldaños, hasta llegar al seno del Padre, que es poder, gracia y luz.

53. Mirad cómo habiendo descendido vuestros espíritus a tanta imperfección, recorriendo los caminos del mundo en diferentes materias, conociendo el fango y la impureza, fuisteis dignos de mi caridad; pero toda esa larga jornada fue la experiencia que vuestro espíritu recogió, para poder aquilatar el valor que encierran mis leyes y el valor que tiene lo espiritual, para comprender que en la evolución del espíritu existen la grandeza y la satisfacción perfectas. Por eso siempre invito a los hombres a este camino, porque mientras no lleguen a él, les seguirá tocando el sufrimiento y los falsos placeres les seguirán azotando.

54. Lo que os estoy enseñando es en beneficio de todo el que abraza mi Doctrina, para que sus actos lo conviertan en el maestro del mañana, de aquél que comparta mi fuerza y mi luz que han de dominar la perversidad del mundo.

55. La maldad en estos tiempos ha abierto ante los hombres abismos de desesperación.

56. Muchas obras existen entre los hombres, aparentemente grandes y buenas, por eso os digo: Velad, para que podáis combatir toda impostura, reconociendo que en vosotros lleváis una grandeza incomparable y cierta.

57. ¿Qué mayor grandeza que el bien compartido y practicado? ¿Qué mayor grandeza que el amor que puede prodigarse a los Semejantes, cuya luz e influencia pueden contribuir para que también ellos penetren en el camino de perfección? ¿Qué mayor goce para su espíritu, que poder vencer las flaquezas de su materia para elevarse del nivel en que se encuentra?

58. Desde el Segundo Tiempo os hablé de la vida espiritual y vuestro espíritu comprendió parte de lo que Yo hablaba y del fin a que él está destinado. Ahora que os contemplo nuevamente rodeándome, os revelo y os aclaro todo lo que era confuso para vuestra mente. Y os digo nuevamente: “El que quiera seguirme tome su cruz y sígame, que mi cruz no será de muerte, sino de amor y abnegación, de sacrificio de los bienes superfluos en beneficio del espíritu”.

59. Discípulos: Dejad que en la niñez de hoy se infiltre mi Doctrina. Todo aquél que haya comprendido mi palabra, debe preparar a sus pequeños con ideas elevadas y apartar toda maldad del corazón. Sembrad en ellos la semilla del bien que es espiritualidad y así, cuando esta niñez tenga la capacidad suficiente para comprender la fuerza de mi Doctrina, no vacilará en su camino, antes bien, su paso será firme y nadie le podrá engañar.

60. Como un sol radiante de vida, de luz y de calor me he desbordado en todos, mas cada quien alcanzará según su evolución o preparación.

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