Archivos por Etiqueta: María

La Virgen María

¡La Virgen María, la Ternura Divina!

Quiero hablaros de María, mi Madre en cuanto hombre y Madre espiritual de vosotros.

Es menester que el corazón humano conozca a fondo el precioso mensaje que su Espíritu trajo al mundo.

Yo, el Verbo, me hice hombre en el Segundo Tiempo, para mostraros mi divino amor; no desdeñé vivir entre vosotros en carne humana. Quise ser hijo de esta humanidad, para sentirme más suyo, para que me viera más cerca; aquella mujer que ofreció su seno, para que en él se hiciera hombre el Verbo, era por su pureza e inocencia, el templo digno de quien la había elegido como madre humana. María era la flor de un linaje preparado por el Señor, muchas generaciones antes que Ella naciera.

Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo (Mateo 1:1-16)

Sólo Ella podía haber llevado en su seno la semilla de Dios; y ser digna de quedar como Madre espiritual de la humanidad.

Cuando aquella mujer hubo llegado a su edad de doncella, fue desposada. El Padre le envío un ángel para anunciarle su misión. Mas, ¿cómo sorprendió a la virgen desposada? Orando, y al encontrarla preparada, le dijo: “Salve, oh María, el Señor es contigo, bendita Tú entre las mujeres» que has hallado gracia delante de Dios. No temas, que tu seno concebirá a Aquél que ha de reinar en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin”.

Su paso por el mundo, aunque más largo que el mío, porque llegó antes y se fue después, fue corto; sus palabras breves y dulces fueron una caricia celestial. El mundo vio con indiferencia su paso por la Tierra, mas en verdad os digo, que hoy conoceréis su dulce voz de Madre, que es arrullo, consuelo, esperanza y bálsamo.

Unos la reconocen, otros la niegan, sin embargo, Ella, tierna y amorosa, extiende su divino manto sobre el Universo, también salva y redime, si en cuanto a mujer, su vientre fue el arca donde estuvo depositado el cuerpo de Jesús, ¡Cuánto no guardará su Espíritu para todos sus hijos!

María no es solamente la mujer que en el Segundo Tiempo concibió al Redentor. Yo digo a toda la humanidad, a todas las sectas y religiones, a todas las razas y a todos los seres, que la Virgen María es la esencia maternal divina que siempre ha existido en Mí; es la esencia femenina Universal que podéis descubrir y contemplar en todas las obras de la Creación; es el Espíritu maternal, es la intercesión y el seno que amamanta.

María, representa la pureza, la obediencia, la fe, la ternura y la humildad. Cada una de esas virtudes es un peldaño de la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre.

Es la misma que os presento para que a través de Ella ascendáis. María es el seno materno, buscadla y me encontraréis a Mí. Ella es la esposa de mi pureza, y de mi santidad; es mi Hija al hacerse mujer y mi Madre al concebir al Verbo encarnado.

María es el Espíritu fundido de tal manera a la Divinidad, que constituye una de sus partes como lo son sus tres fases: El Padre, el Verbo y la luz del Espíritu Santo. Así María es el Espíritu de Dios que se manifiesta y representa la Ternura Divina.

¿Por qué juzgarla humana, si fue la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos como la criatura en quien se encarnaría el Verbo Divino?

Ella está en el mismo Padre y vino a encarnarse sólo para cumplir aquella hermosa y delicada misión y, ¿aquel corazón de Madre insigne se concretó a amar solamente a su Hijo amantísimo? No, en verdad. A través de aquel pequeño corazón humano, se manifestó el corazón maternal en consuelo y en palabras sublimes, en consejos, en caridad, en prodigios, en luz, y en verdad.

Desde el principio de la humanidad, os fue profetizado el advenimiento del Mesías, también la Virgen María os fue anunciada y prometida.

Esa mujer, esa virgen, es María, la que volverá a concebir en su seno, no a un nuevo Redentor, sino a un mundo de hombres que en Ella se sustenten de amor, de fe y de humildad.

Siglos antes de mi presencia a través de Jesús, el profeta Isaías dijo: Por lo tanto el Señor os dará esta señal, he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel. Con esta profecía entre otras anunció mi advenimiento.

Por tanto el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz, un hijo y llamará su nombre Emmanuel (Isaías 7:14)

En Nazareth vivía una flor de pureza y de ternura, una virgen desposada, llamada María que era precisamente la anunciada por el profeta Isaías, para que de su seno surgiese el fruto de la Vida Verdadera.

Sólo de una flor pura como Ella podía brotar el fruto que diera la redención a la humanidad.

Desde el Primer Tiempo, los patriarcas y profetas hablaron del Advenimiento del Mesías. Mas Él, no vino solamente en Espíritu, vino a encarnarse, a hacerse hombre, a tomar carne de una mujer. La esencia maternal divina tuvo que encarnarse también, y a hacerse mujer, como una flor de pureza; para que de su corola brotase la fragancia, el perfume del Verbo de Dios que fue Jesús.

Ella es modelo perfecto para toda mujer, porque la misión de todas ellas es delicada, noble y abnegada hasta el sacrificio.

La mujer despierta el corazón del niño al amor, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas cuando llora y lo consuela cuando sufre. Es la madre quien enseña al hijo la primera oración y le revela la existencia del Creador.

¿Veis esas flores que ocultan con humildad su belleza? Así fue y así es María: un caudal inagotable de belleza para el que sabe mirarla con limpidez y respeto, y un tesoro de bondad y de ternura para todos los seres.

Si la buscáis en la soledad de la noche, en el silencio que nada perturba, allí en el cosmos, la encontraréis, y si la buscáis en la fragancia de las flores, y en el corazón de vuestra madre, allí la tendréis. Si la queréis encontrar en la pureza de la doncella, allí la miraréis también, y así como en tantas obras donde se refleja la imagen del eterno femenino que existe en Dios y está en toda la Creación.

María pasó por el mundo en silencio, pero llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, orando por todos y finalmente derramando sus lágrimas de perdón y de piedad sobre la ignorancia y la maldad de los hombres. ¿Por qué no buscar a María si queréis llegar al Señor, si a través de Ella recibisteis a Jesús?

Nada tiene de extraño que en este Tiempo la busquéis para que os guíe y os acerque a Dios.

¡Cuán profundo ha sido el dolor que el mundo ha clavado en el corazón de su Madre y con cuánta ternura Ella esconde sus lágrimas, para mostraros tan sólo la dulzura de su sonrisa y lo amoroso de sus caricias! Siempre entre mi justicia inexorable y los pecados de los hombres se levanta su intercesión.

Buscadla espiritualmente; no pongáis delante de vosotros imagen alguna para sentirla cerca. Ella es la ternura de Dios, que habéis visto manifestarse en todos los tiempos. Es vuestra intercesora divina. Amadla, para que Yo pueda decirle nuevamente: «¡Madre, he ahí a tu hijo!»

De su virginidad incomprendida

Muchos siglos han pasado después de que con mi presencia iluminé a la humanidad y cuando tratan de comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi esencia espiritual, la mente turbada de muchos hombres, no han podido comprender, ni su corazón envenenado han concebido aquella verdad.

María fue enviada para manifestar su virtud, su ejemplo y Divinidad perfecta. No fue una mujer más entre la humanidad. Fue una mujer distinta y el mundo contempló su vida, conoció su manera de pensar y de sentir, supo de la pureza y gracia de su espíritu y cuerpo. Ella es ejemplo de sencillez, de humildad, abnegación y amor. Y a pesar de que su vida ha sido conocida por el mundo de aquel tiempo y de las siguientes generaciones, hay quienes desconocen su virtud y su virginidad. No se explican el hecho de que haya sido virgen y madre y es que el hombre es incrédulo por naturaleza y no ha comprendido las obras divinas con el espíritu preparado.

¿Cómo es posible que haya quien pueda pensar que María, en cuyo seno se formó el cuerpo de Jesús y a cuyo lado vivió el Maestro, pudiese carecer de elevación espiritual, de pureza y santidad?

Quienes se levanten desconociendo la pureza y perfección de María son torpes, porque en su ignorancia desafían a Dios negando su poder.

Si estudiaran las escrituras y analizaran la encarnación de María y la vida de sus antecesores, llegarían a saber quién es Ella.

Los que niegan la divina Maternidad de María, desconocen una de las más hermosas revelaciones que Dios ha hecho a los hombres.

Los que reconocen la Divinidad de Cristo y niegan a María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en Mí.

¡Cuántas teorías y confusiones han forjado los hombres! Sobre su maternidad, su concepción y su pureza, ¡cuánto han blasfemado!

Los hombres, sin respeto y sin amor, han osado juzgar la vida de los seres más elevados que Dios ha enviado entre la humanidad, tomando mi propia palabra, como base para sus razonamientos. Si en cierta ocasión llamé a mis discípulos hermanos, no fue la única, ni a ellos solamente a quienes así llamé.

María en su seno virgen llevó el cuerpo de Jesús. La Madre purísima, la azucena sin mancha, fue la encarnación de la ternura materna que en lo divino existe. ¿Por qué Jesús llamándose el hijo de Dios, no había de llamar hermanos a los hombres cuando ellos también son hijos de Dios? ¿Cuándo tendréis la elevación suficiente que os permita dar su justo sentido a lo divino y a lo humano? Comprended que es la única forma de que sepáis dónde están los errores y dónde brilla la verdad.

María; es la pureza incomprendida por la humanidad, virginidad que no puede ser analizada por la mente materializada de los hombres y que sólo puede ser sentida por aquel que se purifique en sus sentimientos.

Si en la Tierra su corazón se sintió lacerado muchas veces hasta la muerte, también en espíritu había de experimentar el dolor de ver su nombre y su pureza profanados por las blasfemias, dudas, juicios y burlas de los hombres materializados.

Si grande concibió al Maestro, así tiene que ser la que se hizo Madre humana para traerlo al mundo.

Sabía María que iba a concebir a un Rey más poderoso y grande que todos los reyes de la Tierra, y ¿acaso por ello se coronó reina entre la humanidad?

¿Acaso sus labios pregonaron por las plazas, por las calles, por los hogares humildes o en los palacios, que Ella iba a ser la Madre del Mesías, y que el Unigénito del Padre iba a brotar de su seno? No, la más grande humildad, mansedumbre y gracia hubo en Ella.

Su corazón de Madre humana fue dichoso y desde antes de dar a luz, y después, a lo largo de la vida de su hijo, fue madre amantísima, que conocía espiritualmente el destino de Jesús, la misión que había de desempeñar entre la humanidad y para que había venido. Jamás se opuso a ese destino, porque Ella es parte de la misma obra.

Si a veces derramó su llanto, era llanto de madre humana, era carne que sentía el dolor de su propio hijo. Más, ¿fue discípula del Maestro, su Hijo? No, nada tenía María que aprender de Jesús.

Jamás la ostentación fue en Ella, jamás turbó la palabra del Maestro, pero así como fue a los pies del pesebre que le sirvió de cuna, así fue a los pies de la cruz donde expiró Jesús, dando el último suspiro en cuanto hombre.

María, a los pies de Jesús el Cristo, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer, porque es el Espíritu de la maternidad universal que existe en Dios.

María me sentía en su Espíritu, no llevaba luto por Mí, no lloraba la muerte de Jesús, su dolor era por toda la humanidad. No tiene reproches para los que le han causado tanto dolor, ni una queja en contra de los que sacrificaron al Hijo muy amado; sólo su amor y su perdón a la humanidad coronan la obra de redención de su Unigénito. Es vuestra Madre Celestial a quien dejo entre vosotros para que la escuchéis y en su regazo os consoléis.

¿No estuvieron juntos Madre e Hijo en la hora suprema de la muerte de Jesús? ¿No se mezclaron en aquel instante la sangre del Hijo, con las lágrimas de la Madre?

María estuvo ahí sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella turba. Por eso es fue grande como mujer, porque es el Espíritu universal.

¡María, es la Ternura Divina! La ternura de Dios

Dicho esto, comprended cuándo os hablo de mi amor hecho hombre y mi ternura hecha mujer.

¡Cuánto ha llorado María sobre vuestra miseria! ¡Cuánto es lo que debéis a su ternura y a su amor! Lo mismo a los que la llaman como a los que la ignoran, a todos les hace sentir su calor maternal y la dulzura infinita de su caricia. En verdad os digo, que antes que los espíritus lleguen a Mí, tienen que encontrar en su camino a María la divina Madre.

El que me ame, antes tendrá que amar todo lo que es mío, todo lo que Yo amo.

Si estudiáis las profecías de los tiempos pasados, comprobaréis que estaba anunciada mi nueva manifestación. ¿También la presencia de María estaría anunciada? De cierto os digo, que si interpretaseis bien las profecías de Juan el Apóstol, encontraríais que su presencia había de ser también en este tiempo.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (Apocalipsis 12:1-17)

Para que Ella fuese tenida en cuenta por la humanidad, y para que sea también amada y su ejemplo no se borre del corazón de los hombres, Jesús el Divino Maestro, sangrando en el madero, dedicó una de sus siete palabras diciéndole: “Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y diciendo al hijo, que en ese instante era Juan, el apóstol del Señor: Hijo, ¡he ahí a tu Madre!»

Con esto quiso el Maestro dejar a Juan, representando a la humanidad y crear en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para la Madre Universal.

Os bendigo diciéndoos que, doquiera se recuerde la Natividad de Jesús, estará presente el dulce manto de vuestra Madre Celestial, quien se hizo mujer para que, a través de su seno, pasara Dios al hacerse hombre.

Enseñanza de la Virgen María, la Ternura Divina

He aquí a la sierva del Señor entre sus hijos, manifestándoles una vez más mi amor y mi ternura, trayendo a vosotros el recuerdo de mi Hijo muy amado, su memoria y su nombre. Yo os saludo en el nombre del Espíritu Santo. Bienvenido seáis ¡oh, pueblo amante de la verdad! que tenéis sed de espiritualidad, en el nombre de mi Hijo que me inspiró en la cruz vuestra guía y protección. Noche de recuerdo es ésta, en que acompañáis con vuestro corazón a María de Jericó, la madre solitaria en aquel día de dolor.

María, que sufre en el presente, tanto como en aquel Segundo Tiempo, por el desvío y desconsuelo de los hombres, piensa en todos vosotros. Y la naturaleza, también sensible al dolor divino, manifiesta su pena. El sol se ha puesto triste esta tarde como todas las tardes de recordación. La Tierra está triste como el alma de todos los hombres y vosotros vivís en estos momentos la pasión del Redentor. Jesús era humilde, Jesús era todo amor, ternura y misericordia; tenía su corazón, su mirada y sus manos suaves, Él era como un lirio. Su voz era dulce y bondadosa a los que le oían y su palabra iluminaba como una estrella a los que lo rodeaban. Hablaba de cosas bellas, santas y buenas a los niños que le escuchaban, pues solía platicarles del reino de su Padre, se sentían transportados al oír la promesa de habitar después de esta vida en un mundo mejor. Su protección era la de un amante Pastor y su enseñanza la del mejor de los Maestros. Los niños lo amaban, gozaban cuando la mano de Jesús pasaba suavemente por sus cabezas y en su faz se veía la felicidad cuando eran mirados por Él. ¡Cuánto amó a los hombres y cuánto amó a los niños!

Jesús brillaba más que los rayos del sol, porque de Él se desprendía una luz divina que embellecía su ser. Su mirada no era como la de los demás hombres, como la de los otros maestros, sino que penetraba en los corazones vivificándoles y bendiciéndolos.

Sus ojos siempre serenos y tristes tenían un mensaje secreto, profundo, sublime, para la humanidad. Su voz tenía una armonía tan dulce y desconocida, que arrullaba y llamaba a los niños sus amigos. Los niños cuando se acercaban a Mí, buscándolo, me decían: buscamos a nuestro amigo Jesús, y era verdadero amigo de la niñez. ¡Cuántas cosas bellas mis ojos contemplaron y cómo me alegré de ser madre de Jesús! Después de mi embeleso y éxtasis con que miraba a mi Hijo, viéndolo tornarse de niño en adolescente, presentía el fin que le esperaba cuando hubiera concluido su misión.

Él como Maestro, desde su niñez me decía: «Mira Madre la limpidez de esa fuente, de la cual toman agua para cultivar el jardín y cuánta belleza después en las flores cuando llega la primavera. Así es el corazón del que ama, siempre dispuesto a dar sus mejores aguas y el pensamiento a dar sus primeras luces». Así amo a la humanidad, un canto eterno de amor hay dentro de Mí. Más allá de Jerusalén hay también otros hombres que viven como éstos y mi Padre, es el Padre espiritual de todos, también a ellos llegará su divino mensaje. El hablaba con una seguridad tan grande desde pequeño y me decía: «Mi Padre me habló esta noche y a Mí ha llegado su mensaje secreto: Lo he sentido en mi corazón.»

Una belleza muy grande lo cubría, cuando elevaba su Espíritu haciendo comunión con el Padre y después, cuando lleno del Espíritu Divino se encontraba e iba en busca de los tristes, de los enfermos, de sus labios parecían brotar rayos de claridad, de luz divina. Su lenguaje sencillo hacía que todos le comprendieran.

Su vida fue ejemplo de espiritualidad y Yo la feliz madre de aquel hijo que el cielo me había dado, lo acompañé en su tránsito por el mundo. Después de mi gozo, fue el sufrimiento; mas el hijo y la madre acataron la voluntad divina. Y aquel Jesús tan dulce, tan tierno, que amó tanto a los hombres, fue por ellos crucificado y cuando fue depositado en mis brazos no había donde poner en Él un dedo, porque todo su cuerpo había sido herido. Entonces contemplé cuán duro es el corazón del hombre y qué ciega es la humanidad que sabe levantar sobre un trono al que no lo merece y aquel que sólo vino a enseñar y a ser ejemplo, fue burlado y sacrificado.

Sus manos que acariciaron tanto, fueron traspasadas por clavos. Sus enemigos, a pesar de su ofuscación, muchas veces oyéndolo hablar lo admiraron; y es que dentro de ellos le reconocían pero callaban por no confesar que les había cautivado. Dentro de ellos le admiraban y fuera le despreciaban. Él lo sabía todo y no tuvo para ellos reproche alguno. Amó tiernamente a sus discípulos, aún a Judas que lo entregó. Habló a sus discípulos como nadie ha hablado en este mundo y muchas veces ellos que convivieron con Él y conocían su lenguaje, no comprendían su sentido y se preguntaban unos a otros el significado de sus palabras. Y es que les hablaba con tanta perfección, como Dios, que ellos como hombres no alcanzaban a comprenderlo.

Cuántas veces a la caída de la tarde, siendo niño Jesús, le estrechaba en mis brazos y conversaba con Él. Le hablaba de Dios o de los anuncios de los profetas, diciéndole: «Los profetas, han enseñado que el Hijo de Dios vendrá a salvar a los hombres» y entonces para no revelar por humildad su misión, permanecía silencioso y fingía dormir. Yo continuaba diciendo: Sabemos que un profeta ha de venir cuando el mundo duerma espiritualmente y esté entregado a su pecado a anunciar la proximidad del Reino de los Cielos y Él sabía quién era ese profeta, mas parecía abstraerse en profundos pensamientos y no atender a mis palabras. Otras veces le hablaba de su nacimiento, diciéndole que hasta Él habían llegado tres sabios para rendir el tributo de su amor y solo sonreía.

Muchas veces lo sorprendía hablando con alguien que Yo no veía. El sabía que era el Hijo de Dios, Yo también lo sabía y muy poco hablaba de lo que ambos conocíamos. Los sabios “magos” atestiguaron que Él era el Mesías. En el templo dijeron: «He aquí al Enviado», y Él no habló de estas cosas hasta que fue llegado el momento de su predicación. Cuando un pobre llamaba a la puerta de aquella morada humilde, pidiendo caridad, mi hijo acariciaba su cabeza y le decía: Yo he venido a vosotros para haceros dueños de un Reino, y hablaba a aquel largamente, entonces aquel menesteroso olvidaba su pobreza y se alejaba satisfecho.

Jesús tenía tanto poder, que cuando decía a los hombres: Seguidme, ellos lo seguían dejando las cosas materiales. Porque el que le había oído, ya no podía vivir sin su palabra. Olvidaban sus afectos y necesidades porque su palabra era cautivadora, llena de verdad, de ese amor y caridad de que está siempre hambrienta la humanidad. Cuando conversaba Conmigo me decía que el amor del Padre Celestial es el primero y último amor. Que Él es principio y fin de toda criatura y que, lo que de Él procede a Él tiene que volver. Cuando oraba, parecía transportarse a otras regiones y después de volver de su éxtasis me decía: Madre, en breve partiré porque hay misiones que mi Padre me ha confiado y voy a cumplirlas. La humanidad me llama, me necesita y debo ir a ella a dar lo que el Padre me ha ordenado.

Su corazón siempre compasivo, se complacía en consolar lo mismo a los hombres que a los seres inferiores, también necesitados de amor. El venía curando y restaurando seres y cosas y al paso de su mano las heridas se cerraban.

Los hombres palparon sus prodigios. Siendo niño todavía, se acercó a Él un anciano y le dijo: Sé que posees ciertas virtudes y vengo a Ti en busca de ayuda, mi siembra se marchita por falta de agua; yendo en pos del anciano llegó a aquellos campos y después de elevar sus ojos al cielo habló algunas palabras y las aguas cayeron a torrentes fecundando los campos. Aquél anciano recogió abundante cosecha y el sembrador me dijo: Este niño tiene una virtud que el cielo le ha dado, pues nunca mis campos produjeron tanto, ni mis graneros fueron tan llenos. Y la Madre era feliz mirando el cumplimiento de la palabra de Dios y la obediencia de mi hijo. Yo también necesitaba verlo, oírlo y estar cerca de Él para ser dichosa.

Aquel niño convertido más tarde en Maestro, habló en parábola para instruir a sus discípulos conforme a su entendimiento; habló de la eternidad, de las leyes del Padre y de su plan perfecto. Y cuántas veces por hablar y preparar a los corazones, olvidaba que no había llevado un pan a sus labios. No descansó en su tarea, pues decía que debía dar a los hombres lo que era de los hombres. Y después de leer en el corazón de los que le habían oído y saber que muy pocos le comprendían, ¿creéis pueblo, que su mirada era alegre? Jesús tenía su mirada bella pero siempre triste.

Cuando lo llevaron al Calvario y su cuerpo fue sólo una herida, yo pregunté: ¿Qué ha hecho a los hombres sino darles la fragancia de su exquisito corazón? Por eso al presentir Él, todo lo que había de ser, su mirada triste parecía ocultar un secreto. Habló también de un tiempo en que Él enviaría rayos de luz sobre los hombres y es lo que tenía reservado para el tiempo presente, la irradiación de su Espíritu. Esta es la forma en que habría de comunicarse con vosotros, para elevaros con su palabra divina y consumar su obra. Amados míos: ¿Cómo estaría el corazón de la Madre en aquel día de dolor? Yo sabía por las profecías que el Hijo de Dios sería sacrificado, por eso cuando Él se ausentaba para ir a predicar, mi alma angustiada preguntaba si le habían visto, y me decían: ¿Quién eres tú que has perdido a tu hijo? Soy la Madre de Jesús, y contestaban: Anda predicando el Reino de Dios en la conciencia del hombre. Y predicaba así: «El Reino de Dios dentro del corazón del hombre limpio y justo se encuentra». Y el Reino vino a ellos y teniéndolo en Jesús no lo reconocieron.

¡Oh, Hijo mío, en quien se ocultó el Verbo Divino, te recuerdo como niño, te admiro como Verbo y te amo como Enviado! ¡Los que te escucharon como hombre en el Segundo Tiempo y hoy te oyen como Espíritu Divino, te recordarán siempre!

Su palabra es semilla que florece en los cielos y será fruto en la Tierra. Dios en los cielos se sirve de los ángeles para llevar a cabo sus designios y en la Tierra se sirve de los hombres. Amado mío: fue tu vida una constante entrega a tus hijos. Consagraste tu vida a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, y tus labios que hablaban tanto de amor, se cerraron por causa de la incomprensión humana. Tu sed era de amor y caridad entre los hombres y no supieron calmarla, porque la sed de la humanidad es de guerras y de pasiones terrestres y sólo el agua de gracia apartará la sed que los consume. Falta luz en la Tierra porque no quiere el hombre esa iluminación divina. Las virtudes se apagan poco a poco y sólo persiguen esa falsa luz que da la ciencia, y Tú vienes a hablarles de esa luz que no se extingue jamás. Su última mirada fue tan triste…Madre, me dijo: ¡Ahí tienes a tu hijo! Yo amé a Juan y lo tomé desde esa hora como mi hijo, pues tenía en su virtud semejanza con Jesús. Fue báculo en mi ancianidad.

Aquella voz cesó en aquel día y Yo con todo mi amor no pude cerrar sus heridas.

Su alma y su cuerpo estaban destrozados. Heridas sobre heridas sufrió en su martirio. En esta noche Yo os bendigo, madres. Os deseo que nunca oigáis el grito de una turba enloquecida pidiendo que vuestro hijo muera en la cruz. ¿Podéis imaginar lo que pasaba en el alma de María?

¡Que nunca sepáis de esas cosas, oh, madres, porque si tuvieseis que soportar esta prueba no la resistiríais! Sus últimas miradas fueron para alentar mi corazón desgarrado. ¡ Aliento mío, causa de mi felicidad y mi dolor! Yo bendigo a tus hijos, Jesús, a tus discípulos, y como sucesora tuya, seguiré instruyéndolos. Bendigo el género humano y en este día mi caridad sea con las madres que van por el camino de flores y de espinas.

¡Mi Paz Dejo en Vosotros!

La Ternura Divina

LA TERNURA DIVINA

Con cuánto gozo me recibe vuestro corazón. Es que antes vuestra Madre Divina os ha preparado con su amor.

El ejemplo de María y el de Jesús, están unidos en la obra de redención, y ya que ahora los hombres no han sabido establecer la alianza con su Señor, el nombre de María será el símbolo de su unificación: en Ella se hará la Nueva Alianza en este tiempo.

Debéis saber que si Cristo es el Verbo de Dios, María es la Ternura Divina y desde el infinito, junto a la cruz que nuevamente me habéis preparado, Ella extiende su amor sobre vosotros y os dirige su mirada maternal plena de perdón.

Sobre María, su concepción, su pureza y su maternidad, ¡cuántas teorías y confusiones han creado los hombres!

María encarnó en el Segundo Tiempo para representar la maternidad Divina; fue ejemplo de humildad, abnegación y amor. Muchos han desconocido su virtud, su virginidad; si estudiaran las escrituras y analizaran su encarnación, llegarían a saber que María es esencialmente Divina, su espíritu es Uno con el Padre y el Hijo. ¿Por qué juzgarla humana si es la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos, como la criatura pura en quien encarnaría el Verbo Divino?

Hoy vengo en espíritu y no podrá llamarme la humanidad el hijo del carpintero, ni en aquel tiempo hubo justicia para juzgarme así. José, el patriarca, fue en la senda de la virgen y del niño, sólo un ángel guardián visible a los ojos de los hombres.

Muchos siglos han pasado desde que me hice hombre y habité entre vosotros, y todavía vuestra mente no alcanza a comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi Espíritu Divino. Mas cuando dejéis a vuestro espíritu elevarse a las regiones de la luz, iluminados por una sabiduría superior a la de vuestra razón y vuestra ciencia, sabréis por el espíritu toda la verdad.

Yo he venido en este tiempo a descorrer el velo de muchos misterios, mediante el conocimiento de las enseñanzas espirituales.

No sólo Yo me he manifestado ahora, también Ella, vuestra dulce Madre; porque éste es el último tiempo en que Dios se ha materializado a través del entendimiento humano, para ser oído y sentido por el hombre.

Sobre la cima de la montaña, donde se encuentra el Maestro, también está María, la Madre Universal. Buscadla y hallaréis en Ella la escala que os conducirá a la perfección.

Hoy conoceréis su voz de Madre, que es arrullo, calor y protección para todas sus criaturas. María es el arca que encierra muchos dones y gracias no reveladas aún.

El mensaje de María es como un manto de consuelo y de ternura, en este tiempo de tribulaciones que atraviesa la humanidad. En el Segundo Tiempo hubo de venir a la Tierra para dar a conocer la esencia maternal, ofreciendo su seno virginal para que en ella encarnara el Verbo. Mas no terminó allí su misión. Más allá de este mundo está su morada, desde la cual extiende su manto sobre todos sus hijos.

El amor de María es vuestro baluarte; con Ella os reunís como los hijos se congregan en torno a la madre. Oíd su dulce Palabra, conmoveos y arrepentíos, para que penetre en vosotros su luz y su Ternura. Una vez así preparados, prometed ante Cristo, ante María y delante de Elías, que formaréis un solo cuerpo y una sola voluntad, que lucharéis incansablemente por arrancar de vuestro corazón el egoísmo, el odio y fanatismo. Si cumplís esa promesa, ante el Arca de la Nueva Alianza, Yo haré que sea menos doloroso vuestro paso por el mundo.

Desde el principio de los Tiempos os fue profetizada la venida del Mesías; también María os fue anunciada y prometida.

El amor eterno, cuya esencia está en el Padre, encarnó en María, la doncella que era flor de pureza e inocencia.

Los que niegan su maternidad Divina, desconocen una de las más hermosas revelaciones que el hombre ha recibido.

Los que reconocen la divinidad de Cristo y niegan la de María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en mi Espíritu. ¿No consideráis justo que al que crea en Mí y me ame, también deba hacerlo con todo lo que Yo amo?

María sabía quien era y cuál la misión de su Hijo. Y en vez de hacer ostentación de aquella gracia, se declaraba tan solo una sierva del Altísimo, un instrumento de los designios del Señor.

María, mujer, es la representación del amor maternal. María, espíritu, es la Ternura Divina que descendió a la Tierra para dar a los hombres su ejemplo de elevación y humildad. En la eternidad, sus brazos abiertos esperan amorosamente la llegada de sus hijos, ella es ejemplo de pureza, obediencia y humildad. Cada una de esas virtudes, es un peldaño en la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre en el seno de aquella mujer. Esa escala es la misma que os presento ahora, para que a través de ella ascendáis hasta Mí, transformándoos de hombres en espíritu de luz.

Cuando María escuchó las palabras que le anunciaban que en su seno concebiría al Mesías, sólo hubo en su corazón sumisión y gozo, porque sabía que en ella debían cumplirse los designios del Padre: recibir en su seno la semilla Divina.

Su obra fue callada y humilde, por eso fue grande como mujer y como madre: aceptó su gran destino, sin ninguna vacilación, por amor a la humanidad; pasó por el mundo en silencio, llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, derramando su perdón y piedad sobre los hombres y orando por todos.

El Maestro le dedicó una de sus ultimas palabras: Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y a Juan, el discípulo: Hijo, ¡he ahí a tu madre! Con estas expresiones dejó a Juan en representación de la humanidad y preparó en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para María, la Madre amantísima. Ella quedó entre los discípulos por un tiempo, hasta que empezaron a extender la buena nueva por el mundo; fue entonces cuando María volvió al seno del Padre, de donde había venido.

María es parte de mí Espíritu. ¿No habéis reconocido en mi Palabra su ternura y su gracia? En esta Palabra hablan el Padre y la Madre, unidos en una perfecta conjunción Divina.

EI espíritu de María es un ejemplo perfecto de sumisión y mansedumbre. En Ella se cumplieron las profecías que anunciaban que el Mesías nacería de una virgen y, después de cumplida su misión en la Tierra, quedó como Madre espiritual de la humanidad.

Mujeres del mundo: imitad a María, evocad el tiempo en que vivió en la Tierra como mujer y como madre, entonces sentiréis vuestro espíritu lleno de fortaleza.

Ella es el modelo perfecto para vosotras, pues vuestra misión es noble y delicada hasta el sacrificio. La mujer despierta al amor el corazón del niño, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas y lo consuela en sus sufrimientos. Es la madre quien enseña al hombre la primera oración, revelándole la existencia del Creador. La sombra de la madre acompaña al hombre hasta el final de la jornada, como María acompañó al hijo amado hasta el pie de la cruz, donde recibió sus despojos.

El que cree en la pureza de María, reconoce que Ella fue elegida por voluntad Divina para ser un ejemplo de ternura y castidad. Vosotros, los nuevos discípulos ante la cátedra Divina, ¿pensáis que os vaya a dejar solos cuando cese mi Manifestación a través del portavoz? No, hijos míos, vuestra madre os sostendrá en la prueba. En los días en que os sintáis solos y me creáis ausente, aunque esté más cerca que nunca de vosotros, su amor os ayudará a sentiros fuertes y a penetrar en el verdadero sentido de mi Enseñanza.

Yo soy semilla de eternidad, María es el riego Divino. He ahí al Padre y a la Madre velando por su Obra; junto a la Palabra del Maestro está su Palabra de Madre; ante la presencia del Juez, Ella es la intercesora.

Amadla e invocad su nombre y sentiréis su Presencia. En verdad os digo que María vela por vosotros y os acompaña eternamente.

Si la buscáis en la soledad de la noche, allí en el Cosmos, encontraréis su imagen. Si la buscáis en la fragancia de las flores, allí la hallaréis y en el corazón de vuestra madre también la tendréis. María es la esencia femenina Universal que podréis descubrir en todas las obras de la Creación. Ya podréis comprenderme cuando os hablo de mi Amor hecho hombre y de mi Ternura hecha mujer. En verdad os digo que doquiera se manifieste mi Espíritu, ahí estarán presentes el amor y la dulzura de María.

En este tiempo os envío mi Luz, para que levantéis en vuestro corazón un santuario y dediquéis vuestra más tierna ofrenda a vuestra Madre Divina, entonces llevaréis dignamente el nombre de Marianos.

En aquel tiempo, Juan, mi discípulo, vio en forma de símbolos los grandes misterios Divinos. Después de una gran señal, contempló a una mujer vestida de sol y la luna debajo de sus pies y sobre su sien había una corona formada por doce estrellas. Aquella mujer sentía dolores de parto y cuando el dolor era más intenso, vio Juan a la maldad en forma de dragón acechándola, esperando sólo el nacimiento del hijo para devorarlo. Era María en el Tercer Tiempo, próxima a dar a luz al pueblo Mariano y la maldad acechándolo en el momento de su nacimiento.

Hoy os digo: el pueblo Mariano ha surgido ya sobre el haz de la Tierra y se encuentra recibiendo su escudo y su espada de amor, para penetrar en la gran batalla.

¿Veis cómo la misión de María no terminó en el Segundo Tiempo? A Ella le está reservada una nueva Era, en la que hablará de ESPÍRITU A ESPÍRITU a la humanidad.

Habéis reconocido que esta palabra viene de Mí y buscáis también el calor y la ternura del amor maternal. ¿No habéis percibido en esta Enseñanza del Maestro la caricia y el amor de la Madre? Sí buscáis a María, la encontraréis en mi Palabra, la que os bendice y acaricia a cada instante.

En Mí hablan el Padre y la Madre, en Mí hablan todos los amores. Si me buscáis en mi Verbo que he derramado en todos los tiempos, encontraréis todo lo que ambicionáis. No habrá vacío en vuestro corazón, en Mí encontraréis al Padre, al amigo, al hermano, al maestro, más también a la madre. Yo soy el amor perfecto, el amor de los amores.

Vosotros buscáis a María como intercesora, la invocáis en vuestras penas y su amor desciende sobre todo el género humano.

Amparaos en su ternura. Yo le he confiado a la humanidad como una hija y Ella siempre ha velado por su salvación. Los ojos que se han preparado para mirar desde la Tierra los Valles Espirituales, la ven descender de la escala de perfección a vuestro mundo llena de gracia, y los corazones sensibilizados por mi Palabra sienten su presencia. Doncellas, esposas y madres, que tenéis el corazón traspasado por el dolor, por la ausencia de un ser amado, nombrad a María, vuestra dulce consejera, amadla con el pensamiento, recibidla en el espíritu y seréis consoladas.

Cuando os levantáis por los caminos para predicar mi Enseñanza, tropezaréis con duros corazones que han cerrado su puerta, para no dejar penetrar ni el amor de María ni su nombre. Para muchos esa esencia sublime no existe. ¿Qué haréis? ¿Vais por la fuerza a derribar aquella puerta para hacer penetrar la Enseñanza Mariana en ellos? ¡No!

Os he dicho que solamente vais a exponer mi Obra, a presentar mi Lección, pero hablaréis en una forma tan elevada, con tanto corazón y tanta verdad, que muchos de aquellos espíritus reacios se convertirán y dirán: En verdad, el espíritu de la Madre flota en el universo, la Doctrina es clara y comprensible, como una fuente de vida que invita a beber, pero nadie está obligado a tomar de ella.

María, a los pies de Jesús en el madero, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para esta humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer y como Espíritu, porque es la esencia de la maternidad Universal que existe en Dios. En esta hora bendita dejo ese amor impreso en vosotros, porque sois el pueblo Mariano del Tercer Tiempo, que hará reconocer a la humanidad presente y de los tiempos futuros, la existencia de ese amor, de esa fragancia, de esa ternura infinita, de esa intercesión y de esa virginidad incomprendida por los hombres.

A Ella, que está en Mí y en toda la creación, mi Voz le dice: ¡Quedad siempre como Madre Universal! Y a vosotros, que representáis a la humanidad de éste y de otros tiempos, os digo: ¡He ahí a vuestra Madre!

¡Mi paz sea con vosotros!

María, la Ternura Divina

Maria
Porque en Dios también existe la Ternura divina, ese consuelo más allá de la Fuerza, en que se regocija amar a quienes dio parte de su Ser.Porque en Dios no sólo está y se encuentra el Padre sino también la Madre, aquella que sustenta con amor de madre a toda la Creación. Porque si hay quienes temen a la Fuerza divina del Padre,… también es cierto, que pueden invocar en demanda de alivio y consuelo a la Madre que existe en Dios.
 
Como aquella madre que no abandona y reconoce el hijo, aún dando su propia existencia si fuese necesario por quien llevo en sus entrañas, así es la Madre Universal. Cuan grato es para el hijo conocer que no sólo tiene un Padre en Dios, sino también una Madre, que es dulzura, ternura, delicadeza, suavidad, caricia para cada uno de nosotros. De cierto, en María nuestro espíritu también encontrará esa escala que lo lleva a la perfección espiritual por medio del amor.
 
¿Dónde está María? En cada espíritu; en el Templo del corazón del hombre y la mujer. Que de extraño tiene que el espíritu manifieste la fuerza del Padre, sí también puede manifestar la ternura de la Madre. Sí, somos esencia del Padre y la Madre que existe en Dios.
 
El tiempo pasará y el espíritu reconocerá la fuerza y la ternura que lleva en sí. Si Jesús fue el Verbo hecho hombre, donde el espíritu se eleva por la sabiduría del amor… María fue la Ternura divina hecha mujer, donde el espíritu se eleva por los más sublimes sentimientos del amor de morada en morada. AMOR y SABIDURÍA, las dos grandes virtudes por los cuales el espíritu, tendrá que asemejarse a quienes han alcanzado la majestuosidad de la sabiduría y del amor. Jesús es la escala, María también, y es que en cada uno fue la sabiduría y el amor divinos de Dios.
 
Si el hombre tiende por la fuerza, en su interior existe la ternura… Si la mujer tiende por la ternura, en su interior existe la fuerza. Cuan grato es para el Espíritu Divino, haber hecho partícipe de tanta gracia al espíritu de la humanidad. Pues por la fuerza y la ternura en su ser su morada tendrá reflejo de eternidad, de los grandes espíritus que han conquistado los Cielos en su ser.

Mensaje de María 12

1. Heme aquí en Espíritu. Vengo a traeros el mensaje de amor que esperáis de Mí.

2. El corazón de las madres llora, conmovido ante la presencia de María.

3. Bienvenidas, madres que experimentáis satisfacción por haber formado una familia. Madres que lloráis la ausencia de algún hijo, a veces buscándolo en el espacio, en las noches silenciosas, ascendiendo a las alturas por medio del pensamiento; a otro en la oscuridad del abismo hasta donde descendéis, llamándole. Vosotras tenéis el secreto de la redención por amor. Sois guía y faro luminoso para vuestros hijos; sois las mensajeras e intermediarias entre el Cielo y la Tierra. En vuestro corazón puso Dios ternura, para que la derraméis en todos los que os rodean.

4. Madres felices, madres tristes, a vosotras dedico estas palabras; lo mismo a las que acompañan al hijo en el lecho del dolor, que a aquéllas que lloran porque el hijo sufre moralmente y también a las mujeres que sufren por el hijo en presidio. Mi consuelo desciende sobre todas las madres del mundo. Leer Más

Mensaje de María 11

1. Mi bendición sea con vosotros.

2. Os preparáis para recibir la palabra maternal y Yo desciendo llena de amor para escuchar la voz de vuestro corazón y consolaros en vuestras tribulaciones.

3. Estáis ya en el Tercer Tiempo y la Luz del Espíritu Divino brilla sobre cada uno de vosotros; habéis leído en el Gran Libro de la Enseñanza y saboreado los frutos más dulces del amor del Padre. Aún son pocos los que poseen este privilegio, después vendrán grandes multitudes en busca de Su palabra. Él os invita a orar y practicar sus enseñanzas sin imponer su Ley, para que el hijo, por méritos propios, se eleve buscando su perfeccionamiento.

4. Mi Espíritu está en el Padre y mi voluntad es la suya. ¿Qué secreto puede haber entre el Padre y la Sierva? He venido en el Tercer Tiempo en su Nombre, a consolar y aconsejar a la humanidad. Leer Más

Mensaje de María 10

1. Varones y mujeres que formáis el nuevo pueblo del Señor: Soy la Madre que se acerca a vosotros a consolaros y a daros fuerza en las vicisitudes de la vida.

2. Hijos míos: Ya empezáis a sentir la nostalgia por vuestra patria espiritual, después de buscar en vano la paz perfecta en esta Tierra. Lleváis la cruz del dolor y os preguntáis por qué no habéis llegado aún a la Tierra Prometida. Yo os digo, que ya no está lejos la hora en que miréis aparecer las primeras luces de la Gran Ciudad. Por ahora tenéis el mensaje de vuestro Maestro, quien viene a enseñaros a recobrar los dones que forman vuestra heredad, para que volváis a Él, después de haber puesto en práctica sus lecciones. Leer Más

Mensaje de María 9

1. He venido a cultivar el jardín que forman vuestros espíritus; mi cuidado no permitirá que se marchite. Cuando deis frutos de amor, alimentaréis a aquellos que ahora se sienten alejados de la fuente de vida.

2. Por vosotros, que os habéis preparado para escuchar el Concierto que el Señor ha venido a brindaros, alcanzarán gracia las generaciones venideras, así como el mundo presente.

3. Tomad las enseñanzas del Maestro y dejad que su esencia os alimente; penetrad en Su palabra y comprended su significado, para que después forméis el propósito de practicar, obedecer y honrar esta Doctrina. Leer Más

Mensaje de María 8

1. Os bendigo y preparo para que recibáis mis palabras como rocío fecundo. No faltéis a la fe, no os desalentéis. Si una pena grande aflige a vuestro espíritu, aceptad vuestro cáliz de amargura que ello os traerá siempre un beneficio. ¡Cuántas veces el dolor os ha salvado de un gran peligro, os ha resuelto un problema en vuestra vida!

2. Todo ha sido dispuesto por el Padre que rige y gobierna los destinos. Por eso no temáis al dolor, recibidlo con amor, así como recibís la dicha o la paz.

3. Orad y meditad, para que caminéis confiados y seguros. No quiero que busquéis los placeres ficticios, confundiéndolos con el verdadero goce espiritual. Conoced el valor de unos y otros para que toméis lo que os sea benéfico. Leer Más

Mensaje de María 7

1. He aquí a vuestra Madre Espiritual. Me habéis llamado y os he hecho sentir mi calor y mi ósculo de paz.

2. Habéis soportado los sufrimientos de la vida y a pesar de ellos permanecéis fieles a mi amor.

3. Yo estoy con todos, a nadie excluyo de mi protección, pero aquellos que me buscan ven su sendero libre de tropiezos, pues la luz de la fe ilumina su camino.

4. Donde está la presencia del Señor, ahí estoy Yo, porque soy en Él. Su Espíritu y el Mío son uno solo. Leer Más

Mensaje de María 6

1. Mi voz maternal os acaricia. Seguid mis pasos, venid por mi huella y llegaréis al Seno espiritual de vuestro Padre.

2. Yo estuve al lado del Maestro desde su nacimiento en cuanto hombre hasta que expiró en la cruz. Su amor y el mío, unidos, forman un solo Ser que vela por vosotros. Estad Conmigo y estaréis con Él, como Juan, el discípulo amado que acompañó a la Madre hasta el pie de la cruz, donde recogió del Maestro una postrer mirada y su última palabra. Venid Conmigo y os acercaré a la presencia del Señor, para que también vosotros recibáis sus preciosos dones.

3. Nada os pido para Mí, sino para vosotros. Mi dicha es que haya alegría y paz en vuestro espíritu.

4. El Padre me envió en aquel tiempo a la Tierra a traeros la esencia de Su ternura celestial; concedió a mi Espíritu encarnarse en una criatura llena de gracia como fue María, para entregar por su conducto mi mensaje maternal. El Corazón de la mujer en quien tomé forma humana, sumisa siempre a la voluntad del Señor, jamás flaqueó ante las pruebas por las que tuvo que pasar. Leer Más

Mensaje de María 5

1. Vengo ahora entre nubes, en Espíritu. Si en aquel tiempo el Eterno dispuso que mi Seno fuese el santuario donde el Verbo tomó carne para hacerse hombre, ahora ofrezco al mundo mi regazo maternal, en el cual estará a salvo.

2. Mujeres que vais llorando por el camino de la vida: Vuestras oraciones son flores que regáis con lágrimas para ofrecérmelas. ¿No sentís mi mano acariciándoos, secando vuestro llanto y apartando abrojos de vuestro camino?

3. Madres: ¡Cómo os acordáis de Mí cuando veis padecer a vuestros hijos! ¡Cómo me buscáis cuando ellos os causan dolor! Leer Más

Mensaje de María 4

1. María, vuestra Madre, va a hablaros de cómo fue Jesús en la Tierra.

2. Él fue humilde, todo amor, comprensión y caridad; su mirada era dulce, sus manos suaves. Era semejante a un lirio. Su voz acariciaba y su palabra iluminaba como estrella. Era como un bálsamo, como un arrullo de paloma. Hablaba siempre del Reino de su Padre, de cosas bellas y buenas, y los hombres y los niños le escuchaban transportados a un mundo superior.

3. Su protección era la de un amante Pastor y su enseñanza la del mejor de los maestros. Los niños lo amaban, gozaban cuando la mano de Jesús se posaba sobre sus cabezas, y en su faz dejaban ver la felicidad cuando eran mirados por Él. ¡Cuánto amor a los hombres! ¡Cuánto amor a los niños! Cuando éstos se acercaban a Mí, me decían: Buscamos a nuestro amigo Jesús. ¡Cuántas cosas bellas contemplaron mis ojos! ¡Cuánta alegría experimenta mi Espíritu por haber sido la Madre de Jesús! Leer Más

Mensaje de María 3

1. El Señor os ha dado los atributos espirituales que os hacen semejantes a Él: La sabiduría y el amor, la fortaleza y la justicia.

2. Todo aquel que manifieste estas facultades, le representa y honra, desde el más humilde hasta el más esforzado de sus discípulos.

3. Vosotros, que habéis sido guiados por la luz de esta Enseñanza, amadle y reconocedle, sin pedirle que disminuya vuestra purificación o cambie el derrotero que os ha señalado, porque Él es sabio y justo en sus determinaciones y en sus leyes de amor.

4. Felices vosotros que al nacer traéis el conocimiento de la Ley divina, porque de otra manera ignoráis vuestra misión; no alcanzaríais a penetrar en el sentido de la vida ni sabríais de dónde habéis venido y a dónde vais. Mas la luz y los dones que poseéis os hablan de vuestro origen y os enseñan a aplicaros en beneficio propio y de vuestros hermanos. Leer Más

Mensaje de María 2

1. Nuevamente me encuentro entre vosotros para manifestaros mi ternura y traeros el recuerdo de mi Hijo amado.

2. Bienvenidos seáis, discípulos del Maestro, os saludo en el nombre de mi Hijo que me encomendó en la cruz ser vuestra Guía y os bendigo en el nombre del Espíritu Santo.

3. Mi gozo es grande entre vosotros. Me llamáis Intermediaria e Intercesora, y así es. El Señor recibe vuestras obras y oraciones a través de mi Espíritu y por mi conducto os envía presentes de caridad y amor.

4. No vengo a daros una doctrina, sólo deseo haceros sentir mi calor, consolaros y daros valor en vuestra caminata.

5. Siempre que el Maestro os da Su palabra estoy presente, como en aquel tiempo, en que me fue dado estar cerca de Jesús cuando enseñaba a las multitudes. Leer Más

Mensaje de María 1

1. El Espíritu de María es con vosotros.

2. Mi presencia invisible, sentida por quienes han sabido prepararse espiritualmente, es verdadera. Me place visitar a mi pueblo mariano, para que sienta cerca de su corazón mi presencia, para que escuche mi voz maternal con el amor y confianza con que el niño suele oír los relatos que su madre le hace.

3. Escuchad: En aquel tiempo, oculta entre las montañas de Galilea, existía una aldea llamada Nazaret, formada de casas humildes en las que reinaba la tranquilidad, la sencillez y la paz. Allí, ignorada y silenciosa, en espera de Su misión, vivía una doncella que era el tesoro de sus padres.

4. Me llamaron María, que significa Señora, y desde mi niñez supe que mi destino en el mundo era el de servir al Padre como la más humilde de sus siervas. Durante mi infancia pasé muchas horas entregada a la oración y a la meditación, en dulces éxtasis que daban fuerza a mi Corazón de mujer para poder resistir los trances que me aguardaban. Pero también, como todos los niños, supe de los juegos infantiles, porque siempre he amado a la niñez. Leer Más