Mensaje de María 2

1. Nuevamente me encuentro entre vosotros para manifestaros mi ternura y traeros el recuerdo de mi Hijo amado.

2. Bienvenidos seáis, discípulos del Maestro, os saludo en el nombre de mi Hijo que me encomendó en la cruz ser vuestra Guía y os bendigo en el nombre del Espíritu Santo.

3. Mi gozo es grande entre vosotros. Me llamáis Intermediaria e Intercesora, y así es. El Señor recibe vuestras obras y oraciones a través de mi Espíritu y por mi conducto os envía presentes de caridad y amor.

4. No vengo a daros una doctrina, sólo deseo haceros sentir mi calor, consolaros y daros valor en vuestra caminata.

5. Siempre que el Maestro os da Su palabra estoy presente, como en aquel tiempo, en que me fue dado estar cerca de Jesús cuando enseñaba a las multitudes.

6. Nada de cuanto os acontece pasa inadvertido para Mí. Soy vuestra Compañera de viaje, vuestra Consejera y Confidente. Hay gozo en Mí cuando os veo felices y lloro cuando sufrís.

7. Os quiero en el Reino celestial, por eso en Mi palabra vengo a deciros que sigáis los pasos de Cristo y que los que estéis alejados de Él, os acerquéis con amor, confianza y fe.

8. Amo a los nuevos apóstoles del Maestro y velo por ellos para que no caigan en tentación.

9. Mirad que el Señor no ha venido a pediros sacrificios ni esfuerzos sobrehumanos, sólo un poco de humildad, sencillez y buena voluntad.

10. Quiero veros unidos para que disfrutéis de una inefable paz. ¿Podéis imaginar mi dolor cuando os veo vivir sin armonía? ¿Sabéis de mi tristeza cuando encuentro a los pueblos empeñados en guerras fratricidas? Es esta la misma humanidad que el Redentor me confió en la hora de su partida, cuando me dijo: “Mujer, he aquí a tu hijo”.

11. Por eso Yo, como Madre vuestra, os pido que luchéis por fraternizar con todos y que no ceséis de orar por la paz de la humanidad.

12. Si os sentís débiles para orar, buscadme y Yo haré que vuestro corazón se enternezca ante el dolor de los hombres y os ayudaré a elevaros para ofrecer al Padre vuestros más nobles y elevados pensamientos.

13. Os encargo, discípulos del Señor, que vuestros trabajos revistan siempre espiritualidad y limpidez y sembréis la caridad en el camino de los necesitados, como una de las más hermosas enseñanzas del Divino Maestro.

14. Yo estaré siempre presta a protegeros, apartando las espinas del sendero y ayudándoos en el desempeño de vuestra misión.

15. Esta paz y sencillez con que me habéis recibido, conservadlas siempre.

16. No permitáis que nada os arrebate el inapreciable tesoro de la paz.

17. Amados míos: No penséis que al cesar de daros mis palabras vaya a dejaros. Tened confianza en que mi Espíritu de Madre, como vuestra sombra, os seguirá por doquier.

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