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Las enfermedades de la humanidad… y su curación

Las enfermedades de la humanidad… y su curación

¡La salud es inmortal, porque es un bien que brota del Espíritu Divino!

Gran parte de la humanidad se encuentra enferma, del espíritu, de la mente y del cuerpo.

Existen ricos acaudalados que no tienen salud, ni conocen la alegría, y hombres pobres que teniendo salud no saben lo que poseen y viven amargados porque desean caudales o comodidades. No descubro ambiciones nobles en el corazón de los hombres y cuando llegan a tenerlas no persiguen aquel ideal por buenos caminos.

Ahora que he vuelto la humanidad, encuentro a unos ciegos, a otros paralíticos, leprosos a muchos, y a otros poseídos por espíritus turbados. A todos os voy a sanar, y en verdad os digo que ninguno perecerá, mas también debo de advertiros que debéis estar preparados, porque los milagros de este tiempo, mas que en vuestro cuerpo, vengo a hacerlos en vuestro espíritu.

¡Ved cómo también el espíritu puede ser un paralítico! ¡Si Yo os dijese que el mundo está lleno de paralíticos, de ciegos, de sordos y enfermos del espíritu! El espíritu que vive encerrado y sin libertad para desarrollarse, es un ser que no crece, ni en sabiduría, ni en fuerza, ni en virtud, por lo que ha permanecido enfermo.

Volverán a hablar los mudos, a ver los ciegos, a andar los paralíticos y a resucitar los muertos. Estos prodigios serán en lo espiritual para unos y también en lo material para otros.

Yo resucitaré a todos los muertos, pero como no todo ha de hacerlo el Maestro; he venido a enseñar a mis nuevos discípulos a curar las enfermedades del espíritu, de la mente y del cuerpo.

Debéis saber que Yo he venido, no sólo para que sepas que soy grande, sino también para que todos vosotros lo seáis. En esta Era voy a probaros el poder que poseéis como herencia o dones que deposité en vosotros; no es poder de la mente, sino del espíritu, porque el hombre no es poderoso, grande, ni sabio por la mente, lo es por el espíritu.

Por eso vengo a preparar a mis nuevos discípulos, para que alcancen mediante su fe y caridad, potestad sobre las enfermedades del cuerpo y del espíritu.

Quiero que os preparéis para que seáis en breve doctores del espíritu y del cuerpo; mas sabed que es más importante ante Mí el que sana al espíritu, que el que sólo cura el dolor del cuerpo.

Comprended que ya no es tiempo de que viváis en la ignorancia, hoy vivís en la Era de la Luz.

La curación atenuante o definitiva de la materia, según el Señor lo disponga, sólo podrá ser alcanzada por medio de la purificación, por la regeneración y cumplimiento del espíritu.

Veréis muertos a la fe y a la virtud, resucitar a la vida; enfermos de lacras morales que se limpian y ciegos que abren sus ojos a la verdad.

Por lo tanto, os digo estad preparados, porque a vosotros llegarán, hermanos vuestros con problemas graves, enfermos incurables, viudas, huérfanos, en busca de soluciones y salud espiritual y material.

¿Sabía el hombre de la antigüedad en qué forma se verificaba el contagio de alguna enfermedad, o cuál era la causa de la propagación de una epidemia? No, la ignoraban, de aquella ignorancia surgieron las supersticiones y los cultos misteriosos. Pero llegó un día en que la inteligencia del hombre iluminada por la luz del Creador, descubrió la causa de sus males físicos y comenzó a luchar por encontrar la forma de recuperar la salud. Entonces, lo que había sido oculto e invisible al hombre de ciencia, llegó a serle comprensible, con lo que la humanidad adquirió un conocimiento que los hombres de los tiempos pasados no tuvieron.

En la misma forma llegaréis a conocer el origen y la influencia de las fuerzas del bien y del mal sobre la humanidad; y cuando ese conocimiento sea del dominio público, no habrá quien al escuchar esta enseñanza, dude de la verdad de mi Doctrina.

Si la luz de mi Espíritu ha iluminado al hombre de ciencia para que descubra el origen de los males del cuerpo, a lo que llamáis enfermedad, también os ilumina a vosotros para que descubráis con vuestra sensibilidad espiritual el origen de todos los males que aquejan la vida humana, así sean los que turban al espíritu, como a los que ofuscan la mente o atormentan al corazón.

El origen de las enfermedades

La humanidad se encuentra enferma y decadente, por haberse alejado de la fuente divina. Es semejante al hijo pródigo que ha derrochado su herencia, ha hecho mal uso de su libre albedrío y ahora sufre sus consecuencias. (Lucas 15:11-32)

El amor es el principio y la razón de vuestra existencia, oh humanidad, ¿cómo podéis vivir sin ese don? Creedme, hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie.

El odio, el rencor, el materialismo, la ambición, las guerras, las bajas pasiones los vicios, la infidelidad, la falta de perdón y de no practicar el verdadero amor entre unos y otros han originado que vuestro espíritu se enferme y con ello también vuestra mente y corazón. ¡Esa es la causa de vuestra enfermedad!

Es la herencia funesta de todas las generaciones pasadas, la que con sus ambiciones, vicios y enfermedades, está dando sus frutos en este tiempo. Es el árbol del mal que ha crecido en el corazón de los hombres, árbol que ha sido fecundado con pecados, cuyos frutos siguen tentando a la mujer y al hombre, haciendo caer día a día a nuevos corazones.

Bajo la sombra de ese árbol yacen hombres y mujeres sin fuerzas para librarse de su influencia; ahí han quedado virtudes rotas, honras manchadas y muchas vidas truncas.

Todo ha sido profanado por el hombre, no sólo su espíritu; las aguas están contaminadas, el aire está viciado y saturado de enfermedades y de muerte y Yo os pregunto: ¿Con qué doctrinas y en qué tiempo pensáis purificaros? ¿Cuándo llegaréis a limpiar vuestro espíritu y mente si sólo vuestro cuerpo queréis lavar? ¿Qué lograríais con ello? Engañaros a vosotros mismos. Limpiad primero el corazón y la mente que es de donde provienen todos los malos pensamientos y las malas obras. El ser encarnado necesita pan espiritual, para llegar a sentirse aunque sea por unos momentos lo que es: espíritu.

¡Ay de vosotros escribas, y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera esté limpio: (Mateo 23: 25-26)

El desaseo, el desorden, la falta de higiene moral y corporal, la pereza, la negligencia y la inmoralidad, han traído al hombre como consecuencia las enfermedades.

Si comprendieseis que son vuestras malas costumbres y vuestra indolencia por espiritualizar vuestra vida material, las que os acarrean males y enfermedades de toda índole, no exigiríais que os entregáramos medicamentos materiales; no ha existido en vosotros la preparación para que podamos entregar el fluido espiritual que sanaría todos esos males.

El origen de las enfermedades del cuerpo se encuentra oculto en lo profundo del espíritu, ahí donde los hombres de ciencia no han podido penetrar, y donde el Mundo Espiritual de Luz penetra a cada instante y en donde vosotros debéis aprender a penetrar.

Pero cuanto más sea la espiritualidad en esta humanidad, así como su regeneración y enmienda espiritual y humana, mayor irá siendo su emancipación de todas estas cosas, y se irá acercando a los principios de los tiempos, en los cuales no se había desarrollado tanto la ciencia médica porque no era necesaria, ya que no eran frecuentes las enfermedades, las dolencias físicas no aquejaban todavía al género humano.

Ahora tenéis nuevas y grandes enfermedades que son producto de la complicación en vuestras costumbres y en vuestra vida, y son prueba de la degeneración a que ha llegado la raza humana.

La salud espiritual y física serán, por el contrario, signo de regeneración.

El Señor ha puesto en su Creación, todos los elementos necesarios para la vida y para la salud; pero el mundo se aparta del camino del bien; camino donde se encuentran la vida y la salud.

Es, por lo tanto, hermanos míos, imperativo para la humanidad, reconocer las virtudes que encierran los elementos, para que recupere la salud en esa fuente inagotable que es el amor divino presente en toda la Creación, para que recupere esa salud que es la Naturaleza, el sol, el agua, el campo, los alimentos naturales y sencillos, el trabajo saludable, el ejercicio moderado, las buenas costumbres, el afecto, y todos esos placeres propios del espíritu, tanto interiores como exteriores.

Si esto enseñáis a la humanidad, veréis a un hombre renovado, que al tomar el camino del bien, retornará a la vida y a la salud.

También el mundo espiritual en tinieblas, los espíritus enfermos, los espíritus obsesores, están saturados de influencias maléficas, influencias malsanas que depositan en los seres encarnados, enfermándoles a su vez.

Esos espíritus que han sido tradicionalmente espíritus enfermos, manejan a su antojo a las materias y ejercen un efecto de sugestión sobre aquellos que les han dado cabida, a través de los hilos fluídicos que todo espíritu posee.

Existen fuerzas invisibles a la mirada humana e imperceptibles a la ciencia del hombre, que influyen constantemente en vuestra vida. Las hay buenas e insanas, las hay de luz y también obscuras.

De aquel mundo invisible que palpita y vibra en vuestro propio mundo, parten influencias que tocan a los hombres, ya sea en su mente, en sus sentimientos o en su voluntad, convirtiéndolos en siervos sumisos, en esclavos, en instrumentos, y en víctimas. Por doquiera surgen manifestaciones espirituales y sin embargo, el mundo sigue sin querer darse cuenta de lo que rodea a su espíritu.

Son seres ya sin cuerpo, que en su turbación buscan cuerpos ajenos para expresarse a través de ellos, pero por su turbación y su influencia lo único que logran es perturbar la paz, nublar la mente o enfermar a aquellos a quienes se acercan.

De ese desequilibrio provienen las enfermedades, los errores y las bajas pasiones que atormentan al hombre hasta vuestros días.

Esos espíritus son el símbolo de la enfermedad, los habitantes de las sombras, los que no saben ni lo que es vida ni lo que es muerte.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra salud y libertad espiritual.

Hay hombres y mujeres que arrastran enfermedades incurables, y que han buscado el alivio en manos de muchos médicos, que han llamado a muchas puertas, que han ido de comarca en comarca, de puerta en puerta y no han encontrado la vida que se les va; lo que esos enfermos necesitan no es otra cosa que la regeneración espiritual y moral, que les proporciona orden en su vida y paz, porque las lacras que están en sus espíritus, se manifiestan en enfermedades físicas.

Cuando esos hombres y mujeres enfermos, descubran a través de vuestra palabra el origen de sus males, cuando se regeneren, se espiritualicen, se moralicen, ordenen sus vidas y se eleven sobre el camino firme de la verdad y del bien, como jirones caerán de sus espíritus y de sus cuerpos todas las dolencias, todas las miserias y todas las lacras.

Ya podrán verter sobre de ellos los hombres del saber humano medicina tras medicina, que no encontrarán su salud.

Preparación espiritual, para saber curar

Es necesario que comprendáis que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia de la mente, porque la inteligencia humana sólo descubre lo que su espíritu le revela. Os hago esta advertencia, porque muchos de vosotros diréis: «¿Cómo voy a curar a los enfermos, si ignoro la ciencia de curar?»

El don espiritual de curación no está fuera del alcance de vosotros, pues el Señor os ha traído una doctrina y una enseñanza accesibles, practicables y comprensibles; mas para desarrollar tanto el don de curación como los demás dones del espíritu, precisáis de buena voluntad, fe y amor.

Tened caridad y verdadera comprensión de vuestros hermanos, tened fe, sabed orar y con esos méritos haceos dignos de mi gracia y en verdad os digo, que entonces veréis cómo es posible hacer prodigios.

Preparación espiritual es lo que necesitáis, mas cuando estéis practicando mi Palabra, causaréis conmoción en la vida de vuestros hermanos, porque se manifestará en vosotros el espíritu con todos sus dones y potencias.

Discípulos amados: Entregad el bálsamo de curación a los enfermos, hacedlo con amor, con verdadera preparación espiritual, para que logréis que ellos experimenten el consuelo divino.

Disponed vuestro corazón y ennobleced vuestros sentimientos. Desarrollad el don de curación con que os he enriquecido espiritualmente ya que tendrán que llegar enfermos muchos de los caminantes y otros agobiados por el cansancio. Enfermedades conocidas y desconocidas les aquejarán; mas Yo os doy un solo bálsamo para todas las dolencias, ya sean del espíritu o del cuerpo. Ese bálsamo para que obre prodigios necesita de la verdadera caridad, que tiene por base la oración. Debéis aprender a corregir sin lastimar ni juzgar, a curar una herida sin hacerla sangrar y a perdonar sin causar humillaciones.

Hallaréis a vuestro paso muchos enfermos que no serán curados por la ciencia. En cambio, entre vosotros encontraréis la forma de obtener curación a sus males. Los sanaréis con vuestro amor, por la influencia buena que ejerzáis; por la regeneración que les inspiréis y por el conocimiento de mi Doctrina que les transmitáis y encontrarán que el bálsamo está en la paz del espíritu y en el cumplimiento de los deberes, en el amor de los unos hacia los otros.

No dejéis que sea solamente el enfermo el que por su dolor se haga merecedor a mis beneficios, debéis unir a sus méritos los de vuestra caridad y en ambos se manifestará mi gracia. Doquiera que estéis, debéis hacer méritos para que cada vez que intercedáis por vuestro hermanos, seáis dignos de pedirme lo que hayáis menester, en favor de vuestros semejantes.

Enseñadle a cada quien, hermanos míos, a ser doctor de sí mismo, por medio de la oración espiritual, para que obtenga la comunicación directa con el Divino Espíritu que es el Doctor de los doctores, para que en los momentos de prueba sepa encontrarle y pedirle consejo y remedio para todos sus males, tanto del espíritu como de la materia.

¿Qué pueden pedir los hijos que sea para su bien, que el Padre no les conceda? Esto os ha dicho el Señor, y os decimos también nosotros lo mismo: ¿Qué nos podréis pedir en beneficio vuestro que no os concedamos?

Haced que en el momento de vuestro trabajo espiritual, cuando vayáis a impartir bálsamo a los enfermos, vuestra mente esté clara y despejada y vuestro corazón se limpie y tenga buenos sentimientos, para que sintáis toda la ternura, caridad y preocupación por el semejante enfermo, por el hermano caído, por el hermano que sufre, sangra y llora.

Si queréis que en vosotros se desborde el don de curación, es menester que vuestro corazón sienta el dolor de los demás, y que vuestro espíritu se despoje de todo egoísmo, despojando a la vez de pasiones a su materia, consciente de que lleváis un don precioso. Identificaos con nosotros, y el Mundo Espiritual de Luz llegará por medio de vuestra inspiración, como emisarios del Doctor de los doctores, para hacer sentir en los enfermos, la emanación sana, la emanación limpia y pura, llena de consuelo y luz, que brote de nuestros espíritus, las cuales fundidas con vuestras propias emanaciones saludables y benéficas, obrarán el prodigio en los necesitados. Mientras más se limpie vuestro espíritu, mientras más se sature de amor, mientras más adquiera el conocimiento verdadero de la vida espiritual, más sanas, saludables y benéficas serán vuestras emanaciones.

¿Veis cómo entonces, en vosotros se encuentra el secreto de la salud de vuestros hermanos así como de la vuestra?

En vuestro espíritu existe una fuente de salud y de paz, un manantial inagotable de bendiciones.

Cada uno de vosotros puede ser un doctor de sí mismo y de los demás, al tener una intuición, un conocimiento y una espiritualidad amplios, para resolver todos los casos difíciles y curar todas las enfermedades.

Llegará el día en que vosotros ya preparados, vayáis a la humanidad con vuestras pupilas abiertas y vuestra intuición desarrollada, para penetrar con respeto en el interior de los corazones y descubrir su dolor, su pobreza espiritual y con mi enseñanza podréis calmar su necesidad y alentar a su espíritu.

Conservad la preparación espiritual y material, porque no sabéis el momento en que necesitéis hacer una obra de caridad y será muy grato para Mí, haceros depositarios del bálsamo de la paz o de lo que más falta les haga a vuestros hermanos. Comprended lo hermoso de la misión que habéis venido a cumplir en vuestra restitución, para que os abracéis de vuestra cruz, con todo el amor de que seáis capaces.

Cuando encuentro que alguno de vosotros está ocupado en la ejecución de una buena obra, elevado en oración, pidiendo por algún hermano necesitado y me hace presente su corazón lleno de angustia por el dolor de su semejante, mi divino amor deposita en aquél una gota de mi bálsamo de curación y le concedo el prodigio que ha estado pidiendo.

A los que creyendo pertenecer a este mundo, vivan turbados y confundidos en su espíritu, ayudadlos con amor a salir de su gran error. No uséis la violencia, pero llenad de ternura y de compasión vuestro corazón para tratar a todos los seres.

El fluido y el bálsamo como medios de curación.

Os vamos a hablar ahora, de la curación fluídica y comenzaremos por preguntaros: ¿Qué cosa es ese fluido espiritual que cura a los enfermos? El fluido espiritual, hermanos míos que brota de nuestros espíritus para derramarse en curación, en beneficio y salud para los enfermos, no es otra cosa que el fluido universal que viene de la misma Divinidad.

Os hemos dicho que Dios es la fuente de la salud, que de su Espíritu proviene todo bien, todo bienestar, toda paz, toda salud; y de estos atributos nos ha colmado, tanto a los seres espirituales como a las criaturas humanas.

De nuestro espíritu y de vuestro ser brotan emanaciones espirituales que son en su origen benéficas, pero hay que saber algo, hermanos: según la índole y la tendencia del espíritu, según los sentimientos de su corazón, así son las emanaciones que brotan de él.

Si el espíritu es bueno, si ha permanecido en él su principio que es el bien, que es Dios, de ese espíritu brotará emanación de paz, de luz, de salud y bienestar; si por el contrario, ese espíritu, por los tropiezos del camino, por las tentaciones, por las tempestades y por las pasiones se tornase en espíritu en tinieblas, en un espíritu al servicio del mal, entonces de él sólo podrán emanar las enfermedades espirituales, la turbación, las mala influencias y la tiniebla.

Sucede en el espíritu justamente lo que acontece en la materia. De una materia enferma brota el contagio para las sanas, de un ser humano sano brota y emana salud, porque no solo transmitís la enfermedad, también se transmite la salud, y ésta es más poderosa que la enfermedad, y aunque pasajeramente pueda ser vencida la salud, al final ella acaba por vencer.

Vosotros gozáis del don bendito del fluido que está en todo vuestro ser y que es vuestro principio vital: la fuerza de vuestro espíritu; con él podéis sanar a los enfermos, pues con las emanaciones de vuestro espíritu podéis levantar a los desahuciados, a todos aquéllos que envueltos están por enfermedades extrañas e incomprensibles para la ciencia humana. Mas ese don no ha encontrado en vosotros todavía su máximo desarrollo, y vuestro don curativo espiritual ha encontrado muchos obstáculos debido a que no tenéis fe, a que carecéis de la confianza absoluta en ese don.

Si os entregáis con fe y absoluta confianza, con amor y espiritualidad al desarrollo de ese don, contemplaréis como en breve tiempo, se realizarán ante vuestros ojos los verdaderos prodigios profetizados y prometidos por el Padre.

El desarrollo de los dones espirituales requiere de vosotros esfuerzo, aún más abnegación y sacrificio, mayor entrega, espiritualidad y preparación, porque si no contribuís vosotros de esa manera, no podréis alcanzar un buen desarrollo de esos dones que latentes se encuentran dentro de vosotros. Para que el don curativo florezca, se desenvuelva y se manifieste ampliamente entre vosotros sin necesidad de recursos materiales o de acudir a la ciencia humana, tendréis que poner más espíritu, más corazón: en una palabra, más amor.

No infrinjáis las leyes humanas; sanad a los enfermos con la palabra, con la oración y con el fluido. Se abre ante vosotros una nueva etapa de buenas obras y de espiritualidad. Los científicos no podrán mofarse de vosotros, la justicia humana no os sancionará y las religiones tendrán que concederos que poseéis potestad espiritual.

Muchos enfermos han sanado sin necesitar mas que el fluido espiritual, mas esos casos no han abundado; es vuestro deber hacer que esos casos se multipliquen, para que todo enfermo que se acerque a vosotros, tenga la dicha de experimentar en su espíritu y en su materia el verdadero fluido espiritual, para sentirse saturado de esas emanaciones.

Lo que necesitáis, para poder derramar ese fluido verdadero en los enfermos, es mayor preparación espiritual, mayor desarrollo de vuestros sentimientos y de vuestras virtudes.

Son los espíritus los que se encuentran enfermos por el pecado, por el vicio, por el fanatismo y las tinieblas; por los desengaños, por las ambiciones; es ahí, en el espíritu enfermo, donde deben caer la gota de bálsamo y el fluido curativo, y es en vuestra oración y en vuestra palabra donde irá ese vuestro fluido como rocío que envuelva a esos espíritus y a sus materias.

Id a vuestros hermanos como Jesús en el Segundo Tiempo, llevando antes que mi palabra, el bálsamo. Y, ¿cuál es el bálsamo, oh discípulos? ¿Acaso el agua de los manantiales bendecida y transformada en medicina para los enfermos? No, ese bálsamo de que os hablo está en vuestro corazón, ahí lo he depositado como esencia preciosa y sólo el amor puede abrirlo para que brote como un torrente; cuando queráis derramarlo sobre algún enfermo.

No serán vuestras manos las que unjan al enfermo, sino vuestro espíritu y corazón inundado de amor, de caridad y de consuelo, el que lo haga cuando en él se encuentren los sentimientos elevados del amor. Y ahí donde vosotros dirijáis vuestro pensamiento, se obrará el prodigio.

Fluido llamáis a esa fuerza con que los seres de luz, sanan vuestras dolencias físicas o morales. Y en verdad, en ese fluido está el bálsamo; es el mismo con el que Jesús dio vista al ciego, movimiento al paralítico, habla al mudo, con él curó al leproso y resucitó al muerto.

Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora. (Mateo 8:5-13)

Llevad a vuestros hermanos, en mi palabra de consuelo de luz y amor, el bálsamo que os he confiado.

También podéis visitar a los enfermos y ungirles con vuestro amor en mi Nombre, que en vuestra fe hallaréis la potestad para curar y vuestra caridad será el mejor bálsamo. Nadie dude de sí tendrá don para hacerlo o no.

El hombre desahuciado por la ciencia, volverá a la salud y a la vida, al contacto de ese bálsamo.

A vosotros os he entregado dones, uno de ellos es el de la curación espiritual, para que podáis cumplir una de las misiones más hermosas entre la humanidad, ya que vuestro planeta es el valle de lágrimas, donde siempre se encuentra el dolor. Por medio de ese don, tenéis un vasto campo para sembrar el consuelo y ese bálsamo lo he depositado en vuestro ser, en las fibras más tiernas de vuestro corazón.

Entregad ese bálsamo que no está en vuestras manos, porque él se desborda en miradas de compasión, de consuelo, de comprensión, pasa a través de los buenos pensamientos y se convierte en sanos consejos y en palabras de luz.

Grabad bien en vuestro corazón, que no será con actos exteriores e impresionantes con los que tratéis de persuadir a vuestros hermanos, debe ser con la esencia espiritual de mi Doctrina. Podéis impresionar a aquellos que vienen con su fardo de sufrimientos en busca de consuelo y que en su anhelo de encontrar alivio a su dolor ni siquiera reparan en la forma con que reciban el bálsamo; pero, pensad que ellos abrirán sus ojos y comprenderán que no les fue entregado en toda su pureza el bálsamo que de Mí recibieron los labriegos. En verdad os digo que la siembra hecha en esa forma, dará muchos frutos vanos.

Cuando seáis llamados para curar al enfermo, practicad la caridad y cuidad de que vuestras obras sean espirituales, elevadas y libre de todo materialismo.

Analizad, hermanos, que si el fluido benéfico verdadero brota del espíritu, él, entonces, buscará al espíritu, no a la materia del enfermo; ni siquiera os es necesario que vuestras manos materiales toquen o unjan al enfermo. El fluido espiritual bien puede darse en una mirada, en un pensamiento de amor, o en una palabra de consuelo; la forma mas material de entregar la curación fluídica es tocando al enfermo, y es más espiritual el usar la palabra, palabra que contenga esencia, consuelo y bálsamo.

El cumplimiento espiritual y material en la curación

Trabajad sin cansaros; enseñad, haced obras que conviertan; y ya que habéis resucitado, velad por los que creyendo vivir, han muerto a la fe y a la esperanza. Los que ahora sois fuertes y los que estáis sanos, velad por los enfermos. Orad por los que no oran y fortaleced a los que atraviesan por grandes pruebas.

Dejad de preocuparos tan sólo de vosotros y comenzad a preocuparos por vuestros semejantes. Quiero que descubráis el supremo deleite que se alcanza aliviando el dolor ajeno.

Elevad vuestro espíritu y pensad en los enfermos del mundo, a los que podéis contar por millones y sobre todos ellos derramad el bálsamo de vuestra oración.

Con vuestra paz, la luz espiritual y el bálsamo, formaréis en vosotros un solo ser, de tal manera, que con vuestra palabra, con vuestro pensamiento, y vuestra mirada transmitiréis salud, paz y fortaleza y en muchos casos, vuestra sola presencia emanará estas virtudes.

Pero no creáis que os bastará con saber que Yo os he concedido estos dones, además debéis comprender que necesitáis el poder para manifestarlos, y es indispensable conquistarlo con la fe en Mí, con la caridad hacia vuestros semejantes, con la limpidez de sentimientos y el desinterés. Quien no obre bajo estos principios, aunque esté donado por Mí, nada bueno entregará; porque esos dones sólo florecen y se prodigan a través de sentimientos nobles, puros y elevados.

Ciertamente hay muchos que a pesar de que no están preparados espiritualmente, van dejando huella de prodigios a su paso, pero no son ellos los que van entregando, soy Yo que tengo caridad de los necesitados, de los enfermos, de los pobres de espíritu y de los hombres de buena fe, y entonces, aquellos labriegos se atribuyen a sí mismos mis prodigios.

El labriego que haga su labor en la práctica de una caridad verdadera, bien entendida, que además de llevar el alivio a los males del cuerpo, encienda la luz de la fe en Dios, e imparta conocimientos espirituales; aquel que olvidado de sí mismo, consagre algunos instantes al servicio de sus semejantes, ese hará sentir el Espiritualismo en sus hermanos, hará sentir mi presencia a través de sus obras y por consiguiente su parcela será fértil y su cosecha buena y abundante.

Dad, siempre tenéis algo que dar. No imitéis a los ricos avaros; no arrojéis a los enfermos, a los menesterosos, juzgándolos imprudentes. No despreciéis a los hambrientos. Si sabéis penetrar en su corazón, descubriréis su dolor y sentiréis piedad de ellos.

Yo os he dado en el amor, el bálsamo para curar todos los males. ¿Teméis ser censurados porque al hacer la caridad me imitáis? ¿Qué teméis de esta humanidad injusta y egoísta que nada sabe de Mí? Venid y refugiaos en mis leyes inmutables, bebed mi esencia y sentíos llenos del Espíritu de Verdad.

Yo os hablaré de Espíritu a espíritu y os guiare en el camino; pero quiero que antes que lleguéis a la humanidad como maestros, lleguéis como doctores. Buscad antes la herida, la llaga o enfermedad y curad sus dolores, los cuales están en el espíritu.

Si queréis apartar de vuestro hermano las manchas que lleva en su espíritu, antes tenéis que desmancharos; si queréis ser perdonados, antes tenéis que perdonar.

Aprended todo esto y en vuestro camino seréis reconocidos como mis discípulos. Habrá quienes al contemplar vuestro don curativo quieran comprar vuestro secreto, unos con buena fe, otros con fines de lucro; mas a ellos diréis que el secreto para sanar el dolor del hermano es la caridad, y ese don todos lo poseen.

Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. (Hechos 8: 18-20)

A vosotros, os digo que no olvidéis ese don divino, ya que por medio de él haréis luz en los espíritus, llevaréis consuelo a los que sufren y convertiréis a muchos, al salvarlos de sus aflicciones.

En vuestras manos espirituales ha depositado el Señor, con su palabra y su Doctrina, la fuente de la salud, el gran milagro, el gran don, la maravilla, el don precioso que vosotros todavía no habéis desarrollado y que se encuentra latente en vosotros; desarrolladlo, ponedlo en práctica y experimentad, que muy pronto obtendréis los grandes frutos.

Cuando vayáis a experimentar el alcance de vuestro don curativo, iniciad vuestro trabajo sobre una caridad sentida y profunda; que vuestro corazón se encuentre vibrando de ternura y compasión por todos los enfermos, ausentes y presentes, sin distinción alguna. Y pensad también, en aquellos enfermos que ya no tienen cuerpo, son las legiones de seres confundidos que vagan por los espacios, para que a ellos llegue también el bálsamo que brota de vuestro espíritu, porque os encontraréis entregando curación no por vuestra materia, sino por vuestro espíritu.

Debéis aprender a ungir al enfermo y a resucitar al que ha muerto a la vida de la gracia; pero si hay quienes aún dentro de este camino buscan riquezas, galas y honores, es que no saben con cuánto dolor se purifican esas manchas.

El que sólo busca lo que pertenece al mundo no es Conmigo. Los bienes de la Tierra los obtenéis con vuestro trabajo material, mas los bienes del espíritu sólo los alcanzáis con la preparación y el cumplimiento espiritual.

En cuanto a los poseídos y a los confundidos en su mente humana, también podéis curarlos, porque tenéis esa facultad y debéis ponerla al servicio de esos seres que han caído en la desesperación y en el olvido. Libertadlos y manifestad esta potestad ante los incrédulos.

Los poseídos se libertarán de sus obsesiones, de sus perseguidores y opresores, ante la palabra, la oración y la potestad de mis nuevos discípulos.

Este es el tiempo en que la luz divina brillará en plenitud en mis seguidores, los cuales manifestarán los dones del espíritu, demostrando que no necesitan de los bienes terrenales ni de las ciencias materiales para hacer la caridad y obrar prodigios. Ellos curarán en mi Nombre, sanarán a los enfermos desahuciados y levantarán de su lecho a los muertos a la vida de la gracia. Su oración tendrá la potestad de aplacar los vientos, de apaciguar los elementos y combatir las epidemias y las malas influencias.

Os convierto en labriegos y os doy mi semilla de amor para que la sembréis en los enfermos, en los tristes, en los delincuentes, y si alguno se siente indigno de recibirla, hacedlo llegar a Mí que Yo sabré dignificarlo, para que no se sienta menospreciado. Evocad a vuestra Madre celestial y su amor divino os ayudará en esta lucha y a todos os conducirá a Mí.

Cuando las grandes epidemias se desaten y los hombres de ciencia por su falta de amor y caridad no logren curar a los que sufren, surgirán los labriegos, llevando con amor su misión de curar y consolar a sus hermanos. Y el mundo espiritual uniéndose a ellos, impartirá sus beneficios entre la humanidad agobiada por el dolor.

Apartad de vuestro corazón el horror que pudierais sentir por los que sufren enfermedades que vosotros llamáis asquerosas y rechazad la repulsión que pudieseis experimentar al encontraros frente al homicida o al que ha enloquecido en los vicios. Tendedles vuestra mano, dedicadles las frases más sentidas. Orad por ellos. Sólo Yo sé lo que se esconde en cada una de esas existencias, sólo Yo conozco las causas de su caída.

Tenéis la ayuda de vuestro Padre y del Mundo Espiritual de Luz; no desmayéis en la lucha, que no os atemorice el no tener pan, ni el contagio de las enfermedades por muy repugnantes que os pudieran parecer; no se os pide que derraméis vuestra sangre ni que paséis hambre.

Los milagros en las curaciones

En aquel Segundo Tiempo sané a multitud de enfermos. Curé ciegos, leprosos, poseídos, sordos, paralíticos y mudos. Todos eran enfermos del cuerpo, mas, por el milagro hecho en sus cuerpos resucitó su espíritu.

Pero, así como muchos negaron, también muchos creyeron aquella palabra que penetraba hasta lo más escondido del corazón; aquella forma de sanar dolencias y males incurables, tan sólo con una caricia, con una mirada de compasión infinita, con una palabra de esperanza; aquella enseñanza que era la promesa de un mundo nuevo, de una vida de luz y de justicia, no pudo borrarse de muchos corazones, los cuales comprendieron que aquel hombre divino era la verdad del Padre, el amor divino de Aquél a quien los hombres no conocían y por lo tanto, no podían amar.

Cristo en su perfección, dominó la materia y por eso hizo el milagro de dar vista a los ciegos y hacer andar a los paralíticos. Vosotros debéis evolucionar para que vuestro espíritu pueda dominar a la materia y manifestarse a través de ella.

Jesús les respondió: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, dioses sois? (Juan 10:34)

Esto es lo que vine a enseñaros cuando habité en el mundo con vosotros, y esto vengo ahora a recordaros. Si a través de Jesús, tocando con mi mano sané a los enfermos, también en este tiempo vengo a tocarlos para devolverles la salud y hacerlos entrar de nuevo en el milagro de la vida.

Hoy no tengo manos para tocar vuestro cuerpo enfermo, porque vengo en Espíritu, mas el espíritu también puede tocaros con su amor y haceros sentir su presencia.

A Jesús atribuís muchos milagros y de cierto os digo, que sus obras fueron el efecto natural del amor, de esa divina fuerza que estando latente en cada espíritu, vosotros aún no la sabéis usar, porque no habéis querido conocer la virtud del amor.

¿Qué existió en todos los prodigios que realizó Jesús, sino amor?

Para que el amor de Dios se manifestara a la humanidad, era necesaria la humildad del instrumento, y Jesús fue siempre humilde, y como de ello vino a dar ejemplo a los hombres, os dijo que sin la voluntad de su Padre Celestial, nada podría hacer. Con estas palabras Jesús os dio una lección de humildad.

Él sabía que esa humildad, esa unidad con el Padre, le hacía todopoderoso ante la humanidad. Ahora vengo primero a dar luz al espíritu, a despertarle, a darle libertad, a encender su fe y a sanarle de todo mal para que después él se encargue de fortalecer y sanar su cuerpo.

¿No creéis que de tiempo en tiempo debo encontraros más adelantados y que por lo tanto mis lecciones tienen que ser cada vez más elevadas?

¡Oh, inmensa y hermosa transfiguración que da el amor, la humildad y la sabiduría!

Ahora sabéis porque Jesús, aun diciendo que nada podía hacer si no era por la voluntad de su Padre, en realidad todo lo podía, porque fue obediente, porque fue humilde, porque se hizo siervo de la Ley y de los hombres, y porque supo amar.

Conociendo vosotros algunas de las virtudes del amor espiritual, no lo sentís y por eso no podéis comprender el porqué de todo lo que llamáis milagro, o misterio, y que son las obras que hace el divino amor.

¿Qué enseñanzas os dio Jesús que no fuesen de amor? ¿Qué ciencia, prácticas o conocimientos misteriosos empleó para dejaros sus ejemplos de poder y sabiduría? Sólo la dulzura del amor con la cual todo se puede hacer. Nada hay contradictorio en las leyes del Padre, sencillas por sabias y sabias por estar saturadas de amor.

Entended al Maestro, Él es vuestro Libro. ¿He de volver a hacer las obras que llamáis milagros como en el Segundo Tiempo, para ser creído? ¿Tendré que dar vista al ciego, movimiento al paralítico y devolver la vida a Lázaro, para despertar vuestra fe? En verdad os digo: que en este tiempo, muchos ciegos han visto la luz, muchos tullidos han caminado y muchos muertos se han levantado a la vida de la gracia.

Grande será el asombro de esta humanidad materializada cuando hasta su misma ciencia y sus observaciones le demuestren la verdad de muchos de aquellos hechos que no querían aceptar; entonces sorprendida dirá: Fue verdad; mas todo aquello que hoy llamáis milagro, no es más que la materialización de un mensaje divino, mensaje cuya voz os habla incesantemente de algo que está más allá de vuestra razón, de algo que viene directamente de mi Espíritu al vuestro.

He ahí por qué Jesús os asombró con las obras que llamáis milagros. Comprended que nada hay sobrenatural ni contradictorio en lo divino que vibra en toda la Creación.

Os enseñé a curar. Jesús era el bálsamo, Él era salud, su palabra sanaba al que la escuchaba. Su mirada impartía consuelo infinito al que la recibía. Aún su túnica, cuando era tocada por la fe de los que a Él llegaban cargados de amarguras y dolencias, les devolvía la paz, y hasta su sangre, cayendo sobre el rostro del centurión le devolvió a sus ojos la luz perdida.

Esos milagros sólo el amor y la caridad, que es hija de ese amor, los pueden realizar. Con ellos podréis curar.

En aquel Segundo Tiempo, las multitudes me buscaban más como doctor que como Maestro, porque siempre han creído los hombres, que es más grande el dolor del cuerpo que el del espíritu. Jesús era complaciente y dejaba que los enfermos se acercarán a Él; sabía que ese dolor era el camino que atraía a los hombres hacia la luz de su palabra.

Cuando los ciegos volvían a ver, y los leprosos se limpiaban, cuando los paralíticos abandonaban su lecho y los poseídos se liberaban de sus influencias y obsesiones, eran testimonios vivientes de que Jesús era el Doctor de los doctores.

¿Cuándo volveréis a buscarme con aquella fe, con que se acercaban a Mí los enfermos en el Segundo Tiempo? Es necesario que os diga que tengo sed de vuestra fe y que cuando depositéis en Mí vuestra confianza, os haréis merecedores de los grandes prodigios que tengo reservados para vosotros.

Yo no desconozco a los hombres de ciencia, puesto que la misión que desempeñan se las he dado Yo, pero muchos de ellos han faltado a la oración, a la caridad y a la elevación de espíritu para ser los verdaderos doctores de la humanidad. Ya les hablaré también a ellos, mas mi voz será de justicia cuando vean a mis discípulos sanando por medios espirituales las enfermedades que la ciencia no ha sabido curar, y cuando los hombres se curen los unos a los otros por medio de su don espiritual, los materialistas abrirán sus ojos ante esa revelación y dirán: Ciertamente, más allá de nuestra ciencia existe una sabiduría y un poder superior al nuestro.

¡Cuántos casos de conversión presenciaréis! ¡Cuántas curaciones milagrosas en enfermos del cuerpo o del espíritu! ¡Cómo os recrearéis contemplando a vuestros hermanos que hasta entonces habrían caminado como parias, manifestar también los dones que vosotros les enseñasteis a descubrir en su ser! Ellos que se habían creído desheredados al contemplar vuestros dones, confirmarán que todos sois herederos míos y que lo que os doy jamás os lo quito, aunque a veces llegue a retenéroslo, a través de mis leyes perfectas de amor. El tiempo de los milagros está en la eternidad. Yo soy un milagro infinito de amor para todos mis hijos.

De la ciencia en las curaciones

En vosotros no ha arraigado la ciencia; os miro humildes y por eso os he escogido. Os he dado mi palabra, para que poseáis la verdadera ciencia, porque los conocimientos que tienen los hombres no pueden curar el mal que aqueja a la humanidad. Esa luz, esa ciencia de la que tanto se envanece el hombre, ni convierte corazones, ni salva espíritus.

Daos cuenta de que todos los tesoros y poderes de los hombres no podrán comprar un átomo de paz y que también el don de curación se ha apartado de los doctores, quienes no podrán comprar una sola gota de mi bálsamo con su ciencia, mientras su corazón no se despeje del egoísmo. Cuando ese tiempo esté en plenitud, las fuerzas espirituales de luz, envolverán a los hombres, habrá manifestaciones, acontecimientos y señales nunca vistos; los soberbios hombres de la ciencia se encontrarán asombrados y habrá ocasiones en que lloren de impotencia, convencidos de su pequeñez.

Los hombres de ciencia no aciertan a curar tanto mal; las enfermedades se hacen más y más complicadas, y se convierten en un caos para la ciencia médica. ¿Tendremos entonces que recomendar a los hombres en ciertos casos, que acudan a la ciencia humana?

Yo no os prohíbo que toméis la ciencia ni la condeno. Sólo deseo que los hombres comprendan a través de mi Doctrina, que hay una ciencia mayor que la que ellos conocen y la cual pueden alcanzar por medio del amor, que es la esencia de todas mis enseñanzas.

Hay cuerpos que sanan con medicinas materiales, otros que no pueden curarse porque el espíritu es el que está enfermo.

Hay casos en que simplemente el fluido espiritual puede sanar al enfermo, en otros casos, os veréis en la necesidad de recurrir a medicamentos materiales y si hay casos así, dispuestos por Dios que tienen que resolverse por medio los hombres de ciencia, ¿habréis incurrido en profanación?

No, hermanos, el pensar que eso sea profanación u ofensa al Padre es ignorancia y fanatismo, fanatismo que se manifiesta cuando pensáis que el acudir al médico humano es prueba de poca fe. Muchas veces, habéis tenido que recurrir a vuestros hermanos los hombres de ciencia y aún continuaréis haciéndolo, mas si queréis recibir a través de ellos el verdadero bálsamo, y que con su inteligencia os entreguen algo limpio y puro que ataque directamente vuestro mal, penetrad en oración elevándoos al Padre, invocad al Mundo Espiritual en nombre del Señor y pedid que la luz de la Divinidad ilumine aquella mente de ese hombre de ciencia.

Cuando llega un doctor junto a vuestro lecho de enfermo y en él depositáis toda vuestra fe y confiáis en su ciencia vuestra vida, olvidáis que la vida de ambos depende de Mí. Os olvidáis en ese instante de orar ante vuestro Padre para solicitar de Él la luz sobre el hombre de ciencia y el bálsamo sobre vuestra dolencia. Aquella alcoba, en vez de llenarse de luz y saturarse de fuerza y de esperanza, permanece triste y sombría por falta de espiritualidad.

El advenimiento del Espíritu de Verdad

El advenimiento del Espíritu de Verdad

Humanidad: Os prometí volver y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu.

Recordad que en cierta ocasión dije a las multitudes que me oían: Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)

He aquí al Espíritu de Verdad, explicando lo que en el Segundo Tiempo os dijo y que no supisteis interpretar.

Si la humanidad hubiese sabido analizar las profecías del Primero y Segundo Testamentos, no se confundiría hoy ante la realización de ellas; esto fue lo que pasó en el Segundo Tiempo cuando el Mesías nació entre los hombres, lo mismo que acontece ahora que he venido en Espíritu.

No todos me esperabais y menos en la forma en que me he manifestado. Ahora mi palabra os anuncia un nuevo tiempo de revelaciones que vendrán a libertarlos de toda esclavitud.

¡La verdad os hará libres, no más cadenas, ni más cautiverio, humanidad!

En verdad os digo que aquella divina promesa de volver entre vosotros como Espíritu de Consolación, nadie la borró, ni el tiempo, ni el pecado, ni las Edades que sobre los hombres han pasado.

Así como en el Segundo Tiempo mi presencia no fue en la misma forma que en el Primero, también en esta Era mi manifestación es diferente, siendo la misma Doctrina.

Este es un nuevo tiempo, y esa es la causa por la cual estáis recibiendo nuevas lecciones, porque los hechos de los primeros tiempos, según los espera la humanidad, no se repetirán, eso sería como si el tiempo se hubiera estacionado y a la humanidad le estuviera repitiendo la misma lección.

Así vengo a vosotros en este tiempo en el cual mi luz, se manifestará en diversas formas sobre los hombres y volverá a estremecerles, a unos de gozo, a otros de temor, a otros de ira, pero no habrá uno que, llegada la hora de ser conocido mi mensaje, no se conmueva.

Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos se sonreirán con incredulidad ante mi Doctrina y ante mis profecías, pero nunca el escepticismo del hombre me ha herido.

Llegará mi palabra a los palacios y a las casas humildes, llamando a las puertas de los corazones, haciendo estremecer a los espíritus, sanando y consolando a los enfermos del espíritu o del cuerpo e iluminando las mentes que se encuentren en tinieblas.

Aquél que os enseñó la humildad y en su amor os llamó hermanos, es el mismo que hoy viene a hablaros en este tiempo.

Aquí tenéis ante vosotros desarrollándose aquel tiempo, aquí están cumpliéndose aquellas profecías. ¿Quién puede sorprenderse? Sólo los que han dormido en tinieblas o los que borraron de ellos mismos mis promesas.

¿Quién sino Yo podía ser el Espíritu de Consolación?

En verdad os digo, que si en este tiempo yo hubiese venido en cuanto hombre, vuestros ojos habrían tenido que ver mis heridas frescas y sangrantes aún, porque el pecado de los hombres no ha cesado.

Si por decir la verdad al mundo los hombres vuelven a juzgarme, podrán hacerlo, Yo dejaré que lo hagan. Mas si quieren tocarme y aprenderme, no podrán, porque estoy en Espíritu y ante ellos soy intangible e invisible.

Mañana, cuando ya en calma, los hombres estudien la forma de mi manifestación y la comparen con las profecías contenidas en las Escrituras y analicen el medio en el que me presenté y en el que se desarrolló mi manifestación, la nación que escogí y el pueblo a quien llamé, llegarán a la comprensión absoluta de que todo fue hecho a la perfección y que se fueron cumpliendo fielmente todas las profecías.

En aquel Segundo Tiempo encontré al ciego y le di la vista, al tullido le hice andar, al muerto le resucité; ahora encuentro mayor desolación en el mundo, porque contemplo por millares a los ciegos, a los sordos, a los leprosos y a los muertos del espíritu.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. (1ª de Tesalonicenses 5:2)

De puntillas, como ladrón, he penetrado entre vosotros sorprendiendo vuestro sueño.

En verdad os digo que ya mi luz, como el relámpago, ha cruzado de oriente hacia occidente, sin que el mundo se percatara de ello.

Grande será la transformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

La verdad es que vengo con justicia entre vosotros, mas también lleno de amor, porque nunca os dejaré de considerar como mis hijos.

Yo os amo y vengo a buscar a los que me han olvidado, para renovarles mi promesa, diciéndoles que aún les espera el Reino de los Cielos. No traigo para vosotros nueva doctrina, ni nueva ley, pero sí muchas nuevas revelaciones.

De las señales, antes del advenimiento del Espíritu de Verdad

En el Segundo Tiempo, cuando entre mis discípulos o entre las turbas que me seguían, alguien preguntaba si acaso Yo volvería entre vosotros, no tuve motivo alguno para ocultárselo y les declaré que mi retorno sería en un tiempo de grandes pruebas para la humanidad, el cual sería precedido de grandes acontecimientos y trastornos en los distintos órdenes de vuestra vida.

Mirad cómo la guerra ha envuelto a las naciones más adelantadas, la maldad ha alcanzado su más alto grado de desarrollo. La mentira es tomada como si fuera verdad. La ciencia al revelar grandes misterios a la humanidad, le ha permitido utilizarlos para la destrucción y cuántas actividades impuras ha consagrado el mundo como buenas. Entonces es cuando me presento delante de vosotros para iluminar vuestra mente y deteneros en vuestra carrera hacia el abismo.

Las señales de mi manifestación en esta Era, han sido muy claras; la misma sangre de los hombres derramada a torrentes, empapando la Tierra, ha marcado el tiempo de mi presencia entre vosotros como Espíritu Santo.

Hice aparecer todas las señales que debían anunciar mi advenimiento y también pasaron desapercibidas para los hombres, porque estaban dormidos espiritualmente, entregados al mundo y estacionados en sus religiones.

¿Esperará el mundo nuevas manifestaciones para continuar aguardando mi llegada? ¿Hará lo que el pueblo Judío que tuvo las profecías del advenimiento del Mesías, vio el cumplimiento de ellas, recibió en su seno al Salvador, no lo reconoció y aún continúa esperándolo? La experiencia es muy grande y dolorosa para que esta humanidad, aún se obstine en el materialismo.

Mi presencia sorprende a esta humanidad impreparada para recibirme. Mi manifestación en Espíritu en este Tercer Tiempo, coincide con el mayor materialismo de la ciencia.

Veo las armas con las que los hombres se preparan para combatir mi Doctrina, que son: su ciencia, su filosofía, sus teorías materialistas, su egoísmo, su ambición y su soberbia. Mas Yo poseo una espada que es la verdad cuyo resplandor nadie puede resistir, su luz en este tiempo iluminará a la humanidad y pondrá al descubierto todo lo que sea falso y destruirá la tiniebla.

Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y licito, tal parece que Sodoma y Gomorra, Babilonia y Roma, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado.

Aunque parezca absurdo, esta es la hora propicia para que mi palabra encuentre eco en el corazón de los hombres. Recordad a la pagana Roma, hastiada de placer, cansada de gozar de los deleites de la carne, abrió su corazón para recibir mi mensaje.

El momento en que Yo había de venir estaba señalado y esta profecía se ha cumplido. Estaba dicho: «Los hombres escalarán el monte del pecado y el materialismo. Las guerras cundirán de nación en nación como incendio que lo destruye todo. El odio y la mala voluntad crecerán como mala hierba e invadirán los campos». (Mateo 24:6-8)

¿Comprendéis el momento que vivís?

La manifestación del Espíritu de Verdad en la mayor sencillez

Para daros esta lección de caridad y amor no he venido a humanizarme, ni a manifestarme en palacios, entre vanidades y rodeado de lujos. En el humilde barrio de vuestra ciudad, entre los pobres y los humildes, así he llegado a vosotros, como corresponde a quien en otro tiempo os dijo: «Mi Reino no es de este mundo».

A nadie extrañe que no haya aparecido en este tiempo en el seno de alguna iglesia, tampoco en el Segundo Tiempo surgí de religión alguna. ¿Para qué había de manifestarme en regios palacios, entre pompas y ceremonias? De cierto os digo, que quienes me conciban entre lujos y esplendores superfluos, tienen un concepto errado de lo que es mi Divinidad.

¿No creéis que si Yo buscase el esplendor mundano, en lugar de haber nacido en cuanto hombre en un establo, hubiera nacido en el interior del templo de Sión? Os digo esto, porque ha habido muchos que en su interior se preguntan por qué no me manifiesto en el interior de las grandes sinagogas o en las suntuosas iglesias.

No me encontraré donde exista vanidad, materialismo e idolatría; quiero manifestarme en el seno de la más grande sencillez y humildad, donde no existan ritos que os hagan olvidar la esencia de mi Ley. La solemnidad de las liturgias, el esplendor de los ritos religiosos no son los que atraen a mi Espíritu ni significan mi Iglesia.

También en el Segundo Tiempo muchos hombres que soñaban con la presencia del Mesías prometido, se sintieron defraudados cuando contemplaron la humildad de Cristo y por eso me negaron. No pudieron ellos descubrir a través de la pobreza exterior de Jesús la presencia del Reino de los Cielos, del Reino de la Luz y la Verdad.

Los príncipes y los sacerdotes esperaban el nacimiento del Mesías en el seno de su iglesia, sin embargo, no nací entre ellos, porque encontré más limpio el establo de Belén, hallé más amor entre los pastores y más clemencia en el crudo invierno. He ahí por qué los teólogos de aquel tiempo se confundieron y por qué los reyes me persiguieron desde mi nacimiento hasta mi muerte. Hoy vuelven a confundirse los teólogos ante mi advenimiento, porque las profecías no han sido interpretadas con acierto.

Si algunos se confunden porque no vengo entre regios altares o suntuosas ceremonias, quiero recordarles que Yo nada tengo en la Tierra y que cuando vine a morar entre vosotros, viví en la humildad, porque así os enseñé a comprender que mi Reino no es de este mundo y que lo que vengo a buscar son corazones. La corona que visteis en mi cabeza no la puse Yo sino los hombres, y fue de espinas.

Lo que más ha torturado la mente de muchos hombres, es la pobreza y la humildad en que he venido a manifestarme, porque están acostumbrados a lo fastuoso de los ritos y a la riqueza derrochada en los templos materiales. Mas Yo os digo, que así como en aquel tiempo vine a juzgar la vanidad de los hombres haciéndoles presente mi humildad, ahora huyendo de los falsos esplendores, he querido aparecer no solo entre pobres, sino entre pecadores.

No temáis por no poder recibirme entre pompas y galas o con regias ceremonias; vuestra humildad y sencillez son el mejor ambiente que podéis preparar para mi manifestación. Yo quiero espíritus, porque son a los que busco, por los que descendí al mundo en otro tiempo, y por los que os di mi sangre.

Algunos esperan que el Espíritu Santo venga en este tiempo a manifestarse en sinagogas o iglesias; Yo solo os digo que vengo en busca de la humildad y de la sencillez, porque el oro, las riquezas o las vanidades, no halaga a quien es Dueño de toda la creación.

Yo podía haber venido entre relámpagos y tempestades para hacer sentir mi poder, pero entonces, ¡cuán fácil hubiese sido que el hombre confesase que era llegada la presencia del Señor! Más, ¿no creéis que hubiese vuelto el temor a vuestro corazón, y también la idea de lo incomprensible? ¿No creéis que todo sentimiento de amor hacia el Padre se hubiese tomado tan sólo en miedo a su justicia? Y debéis saber que Dios, aunque es fuerza omnipotente, no os vencerá con esa fuerza, no se impondrá por ella, sino por otra potencia, y esa es la del amor.

La presencia de Dios, sobre la nube

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre… (Daniel 7:13)

¿Sabéis de aquella nube sobre la cual me vieron ascender mis discípulos la última vez que a ellos me manifesté? Pues en verdad quedó escrito que sobre la nube vendría nuevamente y lo he cumplido.

Yo os revelé que mi retorno sería en una nube. Hoy, ya me encuentro entre vosotros y por lo tanto, he cumplido aquella palabra. De cierto os digo, que la nube es la representación de mi presencia en Espíritu. En la misma forma en que me vieron ascender mis discípulos, una vez que dejé concluida mi obra en el Segundo Tiempo, así he descendido en este tiempo entre la humanidad.

No volveréis a verme en cuanto hombre, hoy tenéis que prepararos para contemplarme en Espíritu; así se os dio a entender desde el Segundo Tiempo.

Ahora que vengo en la nube, estoy posándome en vuestro espíritu, por lo tanto mis manifestaciones en este Tercer Tiempo son invisibles a los ojos mortales. Sólo el espíritu con sus sentidos elevados, es el que puede mirar, sentir y comprender mis revelaciones.

Esta manifestación es el cumplimiento de aquella promesa, si a alguno le parece demasiado pobre la forma en que he venido, es porque no ha sabido elevarse espiritualmente para poder contemplar la luz radiante con que mi Espíritu ilumina el nuevo tiempo.

Muchos creen que Yo he de aparecer en cuanto hombre en la Tierra, y eso nunca os lo dije, en cambio, os di a comprender que mi advenimiento, sería espiritual, que vendría sobre la nube.

Elegí la nube como símbolo para que representase mi llegada al mundo en el Tercer Tiempo. ¿No es la nube la mensajera que cruza sobre montes, valles y ciudades? ¿No es ella la que fecunda los campos con su lluvia y brinda su sombra? ¿No surge de ella el relámpago que anuncia la tempestad y el rayo vibrante que estremece?

Mi promesa de volver hecha en el Segundo Tiempo, os la he cumplido. Los apóstoles, en Betania, me vieron ascender de la tierra al infinito, y vosotros me habéis visto retornar del infinito hacia vuestro corazón. ¿No encontráis también en ello una semejanza con las nubes que se levantan del mar y ascienden para ir a derramar su lluvia en otros lugares, donde las tierras sedientas las llaman?

Pronto sabrá la humanidad que la Tercera Era ha llegado y que Yo me he manifestado conforme a lo anunciado; que vine sobre la nube, o sea en Espíritu, para enviar mi Verbo, como un rayo de luz, a esta humanidad, que aún permanece en tinieblas.

La nube espiritual llegará y cubrirá con un manto de paz a los pueblos que la invocan, a los corazones que la esperan. A todos aquellos que tratan de apagar la sed del espíritu con los placeres del mundo, la nube los sorprenderá con el resplandor de su relámpago y el estruendo de su tempestad les llenará de pavor, porque hasta entonces recordarán que existe una justicia divina y que cada hombre es portador de un espíritu que tendrá que responder a Dios de todas sus obras.

Bienaventurados sean los que en este tiempo esperan mi llegada, me reciban en su corazón y crean en mi palabra, porque ellos me verán en la nube celestial rodeado de mis huestes espirituales, y aunque no toque el polvo de la Tierra como en el Segundo Tiempo, sabrán sentir mi presencia espiritual.

Sí, humanidad: vuestra fe os dice que soy Yo el que os habla, aunque sabéis que no he venido a materializarme, porque os dije que vendría en la nube, y así os lo he cumplido.

La comunicación Divina, a través del entendimiento humano

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad. La forma en que ahora me manifiesto no es nueva; sólo el que se ha materializado podrá parecerle extraña o imposible, en cambio para el que me esperaba, es lo más natural y justo oír la voz de su Padre en sí mismo.

Profetizada estaba esta Era. Escrito está que Yo volvería. Mas he aquí al escuchar mi enseñanza a través del entendimiento humano, muchos tuvieron duda y me negaron, otros no dieron la menor importancia a mi manifestación.

Los tiempos anunciados por las profecías, aquellos en que el Espíritu de Verdad vendría a esclarecerlo todo, son precisamente éstos que vivís. Mas Yo he querido sorprenderos comunicándome bajo esta forma, para poner a prueba vuestra penetración en el sentido de las profecías, donde está dicho que Yo vendría a comunicarme espiritualmente por el entendimiento humano.

Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; (Isaías 28:10)

Os digo que cualquier forma que Yo hubiese elegido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigilia y preparado, cualquier forma que Yo hubiese empleado para mi manifestación no le habría sorprendido, porque a través de cualquier forma me hubiese sentido.

He tenido que humanizarme haciéndoos escuchar mi voz a través del entendimiento humano, para haceros mirar con claridad, todo lo que os habéis obstinado en ver como misterio y que es tan natural como lo es para el cuerpo, nacer, crecer y morir.

¿Por qué juzgáis imposible esta comunicación? ¿Pensáis que el hombre pueda tener más poder que Dios, al lograr con su ciencia la comunicación a distancia entre unos y otros? En este tiempo me ha placido manifestarme a vosotros a través del entendimiento humano. ¿En qué forma mejor podríais comprenderme, si no en ésta, valiéndome de vuestra propia mente y de vuestro lenguaje?

¿Por qué creéis imposible mi comunicación con vosotros si estáis recibiendo la comunicación del universo? ¿Cómo ha de pareceros imposible la vibración de mi Espíritu a través del espíritu humano, si todos estáis llenos de los pensamientos de Dios? ¿Cómo ha de ser imposible que Dios se comunique con vosotros, cuando los ángeles, los mundos, los espacios y todo lo creado están llenos de Él?

Hay quienes se han sorprendido porque me comunico por conducto del hombre, y no aciertan a comprender si ha sido por voluntad de Dios o por voluntad humana. Mas Yo os digo: ha sido vuestro propio Dios quien ha venido a sorprender a la humanidad.

Os he dicho porqué en vez de buscar al sabio, al teólogo o al científico, busqué al humilde, al rudo y sencillo, para manifestarme por él, porque el testimonio del humilde sorprenderá al mundo. ¿En dónde están los limpios de corazón y los justos para manifestarme en ellos?

Si alguien dijese que es imposible que Yo me comunique por este medio con la humanidad, porque soy infinito y no sois dignos de recibirme, os digo: Mas que fijarme en vuestra pequeñez, me manifiesto a vosotros porque me necesitáis. En verdad os digo y no lo olvidéis: que no es imposible que Yo me comunique, a través del entendimiento humano; imposible sería que no pudiera comunicarme.

Si he venido a manifestarme por medio del ser humano, es porque el hombre constituye la obra máxima de cuanto deposité en la Tierra, si le doté de espíritu. ¿Qué mejor intérprete que él podría encontrar mi Espíritu para hablar con la humanidad? Ahí tenéis la razón de por qué en todos los tiempos ha sido el hombre mi mejor conducto para expresaros mis divinos pensamientos.

Me ha placido comunicarme con el hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque Yo lo he creado. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

¡Él espíritu del hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad.

Buscad en el testimonio de mis profetas de los primeros tiempos, el anuncio de esta comunicación a través del entendimiento humano y de cierto os digo, que ahí lo encontraréis. Si hasta ahora los hombres no han descubierto esa profecía, es porque leyendo, no han sabido entender ni interpretar la palabra divina.

Yo he venido a desatar la lengua de los hombres en este tiempo, para que me reconozcan por un solo idioma: el espiritual, el del amor. Cumplida quedará entonces la profecía de Isaías cuando dijo: las lenguas se desatarán porque lenguas de fuego vendrán a desatarlas.

Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo. (Isaías 28:11)

*Mira que viene, se oye ya allá a lo lejos el nombre o Majestad del Señor; está su saña encendida, e insoportable: llenos de indignación sus labios y como fuego devorador su lengua. ( Isaías 30.27)) (*Versión Biblia edición ecuménica de Félix Torres Amat, que al margen comenta lo siguiente: Desde aquí parece que se habla de la venida de Jesu-Christo a juzgar al mundo. (Página 662)

Si mi palabra la hubiese dado en todas las naciones, la mayoría la hubiera rechazado, porque la vanidad, el materialismo y la falsa grandeza de los hombres, no hubieran aceptado una doctrina que habla de espiritualidad, de humildad y de fraternidad.

La humanidad no sabe que he estado entre vosotros, que he venido a manifestarme espiritualmente. Cuando conozca mi mensaje, será porque mi palabra ya habrá dejado de oírse por los labios de mis portavoces.

Inicio y fin de la comunicación Divina (1866-1950)

1866 marca el principio de este tiempo de luz. Yo envié al Profeta Elías para que descorriese el velo del misterio e iniciase el tiempo de mi comunicación como Espíritu Santo entre la humanidad. Elías iluminó a un varón destinado por Mí para que fuese el precursor. Aquel escogido llamado Roque Rojas, fue quien escuchó de espíritu a espíritu la voz del Profeta que le ordenaba en mi nombre, llamar y reunir a sus hermanos, porque una revelación divina estaba a punto de iluminar los destinos de la humanidad. Roque Rojas, manso y humilde como un cordero, obedeció la voz espiritual, respondiendo: «Hágase en mí la voluntad de mi Señor».

Roque Rojas reunió a un grupo de hombres y mujeres de fe y buena voluntad, y ahí, en el seno de sus primeras reuniones, Elías se manifestó a través del entendimiento del enviado, diciendo: «Yo soy Elías el Profeta, el de la transfiguración en el Monte Tabor». Y dio las primeras instrucciones a los primeros discípulos, al mismo tiempo que les anunciaba la Era de la Espiritualidad, y les profetizaba que pronto llegaría el Rayo del Divino Maestro a comunicarse con su pueblo.

Un día en que el humilde recinto de Roque Rojas se encontraba pletórico de adeptos que confiaban en la palabra de aquel varón, descendió Elías a iluminar la mente de su portavoz, e inspirado por Mí, ungió a siete de aquellos creyentes a quienes les dio la representación o el simbolismo de los Siete Sellos.

Más tarde, cuando llegó el instante prometido de mi comunicación, encontré que de aquellos siete escogidos, sólo uno velaba en espera de la llegada del Casto Esposo y ese corazón era el de Damiana Oviedo, la doncella cuyo entendimiento fue el primero en recibir la luz del Rayo divino (1884) como premio a su perseverancia y a su preparación.

Desde entonces y por ese conducto mi palabra iniciada con la manifestación de Elías marcó el tiempo de esta comunicación que es desde 1866 hasta el año de 1950.

No intentéis cambiar esa fecha, ni tratéis por ningún medio de retener la manifestación de mi palabra bajo esta forma ni la del mundo espiritual. Desde ahora os digo, que quienes así lo hicieran ya no estarán iluminados por la luz del Maestro. A unos y a otros desde ahora les digo, que si fuera la única forma en que Yo pudiera manifestarme a su espíritu, no os privaría jamás de ella, pero si la voy a hacer cesar, es señal de que algo más elevado y perfecto os aguarda, algo que vosotros también sabéis: la comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Padre.

Mi palabra es de Rey y no vuelve atrás; porque os he dicho que antes dejaría de alumbrar el astro rey, que mi palabra no se cumpliere, y Yo os he profetizado, os he marcado un tiempo para el final de mi comunicación a través del entendimiento humano.

Pretender hacerme esperar un tiempo más entre vosotros sería necio, sería negarle al Padre su perfección y su justicia y sería negar que he sido Yo, el Inmutable, quien os ha hablado.

¡Ay, de los que habiendo oído mi palabra, la olviden, porque llorarán buscando a su Señor y a su paso sólo encontrarán los falsos cristos, quienes les hablarán en apariencia en la misma forma en que Yo me manifesté, pero con una palabra sin esencia y sin verdad que los llevará a la confusión. ¿No consideráis doloroso que una falsa luz os hiciese perder el camino que mi palabra con tanto amor os trazó? Por eso os hablo mucho, para que quedéis llenos de mi palabra y para que conozcáis su esencia.

Si habéis creído en mi manifestación bajo esta forma, debéis también creer que voy a dejaros de hablar como hasta ahora lo he venido haciendo; y si habéis creído en mi presencia cuando os he doctrinado a través del entendimiento humano, sirviéndome de seres rudos e imperfectos. ¿Cómo no habréis de creer que podréis recibir mi divina inspiración de Espíritu a espíritu?

En el tiempo de mi comunicación, nadie ha callado ni callará mi voz; mas si después de ese tiempo alguno dijera que recibe el rayo divino de mi luz, a sabiendas de que desobedece al Padre y de que engaña a su hermano, no sabrá por dónde le toque mi justicia o en qué momento le sorprenda la justicia humana.

No estoy sentenciando a nadie, me concreto a revelaros a tiempo lo que podréis encontrar como resultado natural de vuestras obras. Os lo digo a tiempo, porque os amo y para que lo evitéis, para que miréis de frente hacia la verdad y no os desviéis del camino.

Desde ahora os digo: que los que quieran hacer creer que me sigo comunicando por su conducto, después del tiempo fijado por Mí, serán negados y llamados impostores y quien se comunique por sus entendimientos será llamado falso cristo; mas los videntes que hiciesen causa común con aquel engaño, serán llamados falsos profetas. ¿Quién creéis que se comunique por estos entendimientos, cuando haya cesado el tiempo de mi comunicación? ¿Por ventura queréis hacerme partícipe de vuestra desobediencia?

Ese deseo de que mi palabra prosiga indefinidamente, de que todo siga como hasta ahora, es una prueba de que el tiempo precioso que les fue confiado, lo han desaprovechado y ahora quisieran un tiempo más, para poder hacer algo. Mas cuando el tiempo señalado haya llegado a su término, nadie podrá hacer variar una determinación divina, porque intentarlo, equivaldría a negarle perfección a lo dispuesto por Dios.

La hora está fijada y mi voluntad es irrevocable. Si Yo no cumpliese mi palabra, dejaría de ser vuestro Padre, porque descendería al plano en que vibran los hombres, que hoy afirman un concepto y mañana se traicionan a ellos mismos.

En los designios de Dios no puede existir variación alguna, porque conociendo el futuro, no puede equivocarse.

Dios todo lo tiene previsto desde el principio, con suma justicia y perfección.

Yo os digo, que hasta las lecciones divinas tienen un término. ¿No partió Moisés una vez que hubo revelado a su pueblo mi Ley? ¿No recordáis que Yo, en Jesús, me elevé de entre los hombres cuando concluí mi misión de Maestro y redentor, luego de deciros, todo está consumado? Así en este tiempo, cuando mi revelación haya sido transmitida y los cerebros preparados hayan dejado manifestar mi mensaje y aquellos a quienes he llamado Plumas de Oro hayan anotado mi palabra y mi Mundo Espiritual haya entregado su mensaje, también os diré: Todo está consumado. Entonces callará esta voz y una nueva etapa se presentará ante los discípulos: la comunicación de espíritu a Espíritu.

Después vendrá el tiempo de la espiritualidad y aunque ya no escuchéis mi palabra, me sentiréis más cerca de vosotros.

Bienaventurados los que permanezcan fieles a mi palabra, porque a ellos llegado el tiempo les tomaré como emisarios y testigos de este Mensaje divino, que a través de mi comunicación por el entendimiento humano deje a la humanidad, como una lección precursora para la verdadera comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Dios Padre Creador.

La evolución espiritual

La evolución espiritual

Hoy se abre al mundo una nueva etapa en la que el hombre buscará mayor libertad para su pensamiento, en la que pugnará por romper las cadenas de esclavitud que su espíritu ha arrastrado. Es el tiempo en que veréis a los pueblos traspasar las barreras del fanatismo en busca de sustento espiritual y de luz verdadera, y os digo que todo aquel que por un instante llegase a experimentar la felicidad de sentirse libre para meditar, para escudriñar y practicar, jamás volverá voluntariamente a su cautiverio, porque ya sus ojos contemplaron la luz, y su espíritu se extasió ante las revelaciones divinas.

No es que lo divino y lo espiritual estén sujetos al tiempo material, ni que la evolución de vuestro espíritu se mida con el reloj o el calendario; es que estando vosotros en materia y siendo pequeños para experimentar la terminación de una etapa espiritual o la llegada de una nueva Era, tengo que humanizar y materializar hasta cierto límite lo espiritual para ponerlo a vuestro alcance.

Mi Ley es un camino de justicia y amor al cual estoy volviendo a llamar a los hombres. En esa Ley existe el principio y el fin de todo lo creado; es mi voluntad que todo viva en armonía, y que vosotros dentro de esta Creación, evolucionéis espiritualmente como evolucionan los diferentes reinos de la Naturaleza, para que alcancéis el progreso de vuestro espíritu.

Cuando la primera lección haya sido comprendida y después ejecutada, os rendirá un fruto agradable, el cual os estimulará para dar el siguiente paso. No dejéis que los años pasen inútilmente sobre vosotros, procurad en cada día dar un paso más hacia adelante, en el sendero espiritual. Caminad con paso firme, nadie vaya de prisa sólo por sentirse adelante de los demás, porque su tropiezo sería muy doloroso.

Ciertamente quiero despertar con mi palabra vuestro interés por la vida espiritual, mas entended lo que os digo: para llegar a alcanzar aquella vida, debéis llegar a ella por la evolución de vuestro espíritu y no sólo por la de la mente. Que se unan el espíritu, la inteligencia, el corazón, los sentidos y todas vuestras potencias, y alcanzaréis la elevación necesaria, pero si el espíritu se confía y se entrega a la capacidad del entendimiento, entonces su penetración será limitada, como lo es todo lo humano.

Si evolucionáis constantemente, ¿por qué había de traeros siempre la misma lección? Esa es la razón por la que mi arcano os revela en cada Era, lecciones más profundas. ¿Por qué si la humanidad ha visto el desarrollo de la ciencia y el descubrimiento de lo que antes no hubiese creído, se resiste a la evolución natural del espíritu? ¿Por qué se obstina en lo que lo estaciona y aletarga? Porque no ha querido asomarse a la vida eterna.

¡Cuán lentamente evoluciona el hombre! ¡Cuántos siglos han pasado desde que él vive en la Tierra y aún no ha alcanzado a comprender su misión espiritual y su verdadero destino!

¿Por qué no os revelé todo desde un principio para evitaros tropiezos, errores y caídas? Y os digo: no podríais haber comprendido mis revelaciones estando carentes de evolución y desarrollo espiritual. Entonces os era suficiente el conocimiento de mi Ley, como el camino recto que había de llevaros hasta la fuente de inagotable sabiduría y eterna revelación. Mi sabiduría he venido enseñándola a lo largo del tiempo y de las Eras, ya que siendo tan grande, no podríais conocerla en un instante.

Ahora os encontráis en aptitud de sentir y comprender mis enseñanzas, por elevadas que sean; no así en el Primer Tiempo cuando para simbolizar la patria del espíritu tuve que entregar al pueblo una tierra, y para enseñarles la Ley hube de grabarla en una piedra.

Yo no os culparé ni os reclamaré de lo que hicisteis cuando vuestros pasos los dabais entre las tinieblas de ignorancia, de pequeñez y de materialidad; mas ahora que tenéis conocimiento completo de lo que es mi Ley, si persistís en lo ilícito o en lo impuro, responderéis de vuestros hechos ante Dios, quien se manifestaría inexorable para vosotros en vuestra misma conciencia.

¿Qué se espera del hombre evolucionado espiritualmente? Se espera el dominio sobre sí mismo, la manifestación de sus potencias y dones. Comprended que la inteligencia del hombre cada vez tendrá que ser mayor y por lo tanto, se encontrará más capacitado para comprender la Obra de Dios. En cuanto al espíritu, ese no puede permanecer inactivo, su anhelo de evolución es como un instinto que lo lleva a la elevación, al continuo esfuerzo por perfeccionarse en las sendas trazadas por las leyes divinas.

Evolución: palabra que estará en los labios de la humanidad cuando se ocupe de su espíritu, porque significa progreso, elevación, transformación y perfeccionamiento.

De la ciencia humana

De la ciencia humana

La humanidad de este tiempo ha dado tanta importancia a su ciencia material, que ha llegado a desconocer su vida espiritual.

Ved a los hombres cómo han extendido sus dominios, señorean y cruzan la Tierra, y todos los caminos; ya no hay continentes, tierras, ni mares ignorados, y no conformes con lo que en su planeta poseen como heredad, sondean y escrutan el firmamento en busca de mayores dominios.

Mirad este mundo soberbio, retador y orgulloso de todas las obras de los hombres con las que asombran a las generaciones de este siglo; en su mayoría no creen ni aman la vida espiritual, por lo tanto, no oran ni practican la Ley de Dios. Sin embargo, están satisfechos y orgullosos de poder mostrar un mundo portentoso, de maravillas creadas con el poder de su ciencia.

Pues este mundo maravilloso de los hombres, logrado a través de siglos de ciencia, de luchas, de guerras y lágrimas, por sus propias manos van a destruirlo, porque ya se acerca el instante en que la humanidad se dé cuenta de la inconsistencia y fragilidad de sus obras, a las que ha faltado el amor, la justicia y el verdadero anhelo de perfeccionamiento.

Ya pronto sabréis que nada sois sin Dios, que la fuerza, la vida y la inteligencia sólo de Mí la podéis tomar para hacer una existencia justa y armoniosa.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aún a los hombres que inventan esas nuevas armas de muerte, les llamáis grandes, porque en un instante pueden destruir millones de seres. Y aun les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón, humanidad?

Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de la verdad.

Si los hombres sintiesen el verdadero amor para sus hermanos, no deberían de sufrir el caos en que se encuentran, todo en ellos sería armonía y paz; pero ese divino amor no lo entienden y sólo quieren la verdad que llega al cerebro, no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena de amargura.

Tras la ciencia han marchado los hombres, y muchas son las maravillas que han descubierto, pero aquélla que da la paz, la salud y la dicha verdadera, ésa no la han podido encontrar, porque está más allá de todo conocimiento humano, precisamente donde el hombre no ha querido llegar. Esa ciencia divina la enseñó Jesús cuando os dijo: Amaos los unos a los otros.

Entonces podréis comprender que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia de la mente, porque la inteligencia humana sólo descubre lo que su espíritu le revela.

Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual.

En todos los tiempos los hombres de ciencia han desmentido y combatido mis revelaciones y manifestaciones espirituales. Mas Yo no los combato, porque Yo soy la Ciencia. Soy quien la inspira al hombre para el bien y recreo de él mismo. En verdad os digo, que quien toma la ciencia para causar males, ése no ha sido inspirado por Mí.

Si censuro la obra de los científicos y reclamo a la ciencia cuando ésta es aplicada insanamente, eso se debe a que esa fuente de vida, esas revelaciones que les he hecho, algunos no las han utilizado para el bien y el adelanto de la humanidad, sino que las han puesto al servicio de la destrucción. Mas todos aquellos que hayan cumplido su misión, que hayan penetrado con humildad, elevación y respeto para descubrir lo que haya sido mi voluntad revelarles, en ellos me he derramado, me he complacido y mirad cuántas obras benéficas han hecho.

Si hay quienes se levantan como enemigos míos, no les contemplo como tales. A los mismos que se tienen por sabios y niegan mi existencia, les miro con piedad. A quienes tratan de destruirme en el corazón de la humanidad, les juzgo ignorantes ya que creen tener el poder o las armas para destruir a quien es el Autor de la Vida.

Aquellos que se dicen sabios, porque han acumulado algunos conocimientos, ignoran que el verdadero sabio no es aquel que se desvela tratando de descubrir la mejor forma de destruir, de dominar, o de aniquilar, sino aquel que se eleva para poder crear y armonizar la vida de los seres, inspirándose en el amor al Dios de todo lo creado y en el amor a todas las criaturas.

Los hombres desafían mi poder y mi justicia, al profanar con su ciencia el templo de la Naturaleza en la que todo es armonía.

La ciencia humana tiene su límite y Dios Creador no lo tiene. La ciencia es luz, pero en manos de muchos hombres se convierte en tinieblas, las cuales quiero que conviertan en luz. Yo les haré triunfar sobre su materialismo para hacerlos poseedor de los bienes espirituales, les haré penetrar en ese arcano de sabiduría que es mi Espíritu, para que en él, calmen su sed de conocimientos y puedan poseer la ciencia de la vida verdadera.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi divina justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones, o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen.

Os quiero grandes de entendimiento, sabios en las enseñanzas que os he heredado; pero teniendo siempre por guía a la conciencia en todos vuestros pasos en la vida.

Quiero que lleguéis a unir los frutos de la ciencia con los frutos de amor del espíritu. Yo bendigo la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad. Bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro.

¿Soy entonces el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo cree, es que no sabe interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el espíritu del hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse.

La ciencia verdadera, la ciencia del bien, está en Mí y Yo soy quien la inspira a los que me han ofrecido su mente como un depósito para mis revelaciones. Son aquellos hombres que con sacrificio de sí mismos han consagrado su existencia en pos de un descubrimiento, de una revelación que beneficie a la humanidad. Esos hombres sí han abierto caminos de luz, sí han llevado a sus hermanos un mensaje de paz, de salud, de consuelo. Unos han realizado obras completas, otros han sido precursores; pero unos y otros os han enseñado con obras que reflejan amor y elevación del espíritu.

Los vicios y las bajas pasiones

Los vicios y las bajas pasiones

Existen en este mundo, muchos enfermos del espíritu, del corazón, de la mente, y del cuerpo, presos de los vicios a causa del abuso que han hecho del don del libre albedrío.

El hombre debiendo ser el señor en el mundo, ha pasado a ser un siervo ultrajado y humillado. Ha quedado el espíritu sometido a las debilidades e inclinaciones de la materia, de las bajas pasiones y de los vicios.

El hombre se ha hecho doblemente culpable, no solamente porque no hace ningún esfuerzo para que caiga la venda que le impide el conocimiento de las enseñanzas más elevadas, sino porque no se ha desligado de los lazos de la materia que lo llevan a los placeres corporales, en oposición a los placeres espirituales; y es por eso que se ha esclavizado bajo el imperio de las pasiones, dejando que su espíritu se asemeje al paralítico que nada hace por sanarse.

Si os hablo así, no es porque venga a exigiros la suprema perfección, sino a pediros que hagáis un esfuerzo por alcanzarla. ¿De qué sirve que Yo os sane y aparte vuestro dolor, si no apartáis de vosotros vuestros errores, pecados, vicios e imperfecciones?

No solamente los adultos corren atraídos por los placeres del mundo, y de los vicios; también los adolescentes y hasta los niños, ha llegado el veneno acumulado a través de los tiempos. Y quienes han logrado escapar de tan funesta influencia de maldad, ¿qué hacen por los que se han perdido? ¡Juzgarles, censurarles y escandalizarse de sus actos!

Mas Yo os digo que si queréis habitar en ese abismo de materialidad y de ignorancia, si sólo deseáis recoger el sabor de los frívolos placeres y de las bajas pasiones, cuando menos no culpéis a Dios de vuestros dolores.

Si entre risas, placeres y vanidades, los hombres se olvidan de Mí y hasta me niegan, ¿por qué se acobardan y tiemblan cuando están recogiendo la cosecha de lágrimas que atormenta a su espíritu y a su cuerpo? Entonces blasfeman diciendo que Dios no existe. Es valiente el hombre para pecar, decidido para salirse fuera del camino de mi Ley; mas Yo os aseguro que es demasiado cobarde cuando se trata de restituir y de saldar sus deudas.

Sin embargo, Yo os fortalezco en vuestra cobardía, os protejo en vuestras flaquezas, os despierto de vuestro letargo, enjugo vuestras lágrimas y os doy nuevas oportunidades, para que recuperéis la luz perdida y volváis a encontrar el camino olvidado de mi Ley.

¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida! (Isaías 5:22)

Yo os di el don del libre albedrío y he respetado esa bendita libertad concedida a mis hijos; pero también puse en vuestro ser la luz divina de la conciencia, para que guiados por ella encaucéis vuestros dones; y Yo os digo que en la lucha del espíritu y la materia, ha sufrido el espíritu una derrota, una caída dolorosa, que poco a poco lo ha ido alejando más y más de la fuente de la verdad.

Mas su derrota no es definitiva, es pasajera, porque del fondo del abismo se levantará cuando ya no pueda soportar su hambre, su sed, su desnudez y sus tinieblas.

Que no sea más la materia dueña y señora, ni cárcel ni verdugo, dejad que vuestro espíritu se libere, que rechace las inclinaciones inmundas, como quien ahuyenta al lobo que a cada paso le acecha.

Si los hombres rindiesen tributo a la verdad, al amor, a la justicia y al bien, que son atributos de mi Espíritu, ¿creéis que en el mundo existiera el dolor, la guerra, el hambre, la confusión, los vicios y la muerte? De cierto os digo, que nada de ello habría en vuestra vida y sí habría paz, salud del espíritu y del cuerpo, habría fortaleza y bienestar.

Por eso vengo en ayuda de los que han equivocado el camino y no los sentencio porque aún pueden arrepentirse y evitar nuevas caídas.

Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.

Yo sí espero del hombre, sí creo en su salvación, en su dignificación, en su elevación y su regeneración.

Ni la muerte, ni la falta de amor podrá destruir el lazo que os une a Mí. Meditad: si Yo estoy en vosotros, ¿a dónde me habéis llevado cuando pecáis?

El Amor de Dios para quienes han cometido errores

Sé de la lucha que existe en vuestro espíritu, de las debilidades de vuestro corazón, ya que a veces no encontráis fuerzas para dejar las insanas pasiones y los vicios, es cuando eleváis vuestra súplica a vuestro Dios pidiéndole venga en vuestro auxilio.

Pues aquí estoy, soy el inseparable amigo del corazón humano. Si me buscáis como consejero, recibiréis sanos y amorosos consejos. Si necesitáis alivio para vuestros males, me tenéis como doctor, fortaleciendo vuestro espíritu.

Pero os digo; invocadme con respeto cuando en medio de los vicios os encontréis, sabiendo que hacéis daño a vuestro espíritu y causáis degeneración a vuestro cuerpo.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado y que habéis hecho más duraderos porque repetís vuestros errores e imperfecciones. Pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor; y si fueseis a los antros del fango o del más profundo abismo de vuestras pasiones, ahí llegaré a buscar a los perdidos para llevarlos al Reino de la Luz y de la verdadera paz.

Quiero que el incomprendido por la humanidad se sienta comprendido por Mí. Muchos quienes se encuentran presa de los vicios, se preguntan: ¿Cómo es posible que Dios ponga sus ojos en nosotros, si ve que vivimos en un mundo de cieno y de pecado, lo cual nos hace indignos de tanta gracia? A lo cual Yo os respondo, que mi poder hace brotar lirios y rosas de entre el mismo fango, de donde nadie podría imaginar que surgiera una flor de tan maravillosa pureza.

Vengo como vuestro Padre a atender toda súplica, a recoger vuestras lágrimas, a curar vuestras dolencias, a hacer que os sintáis perdonados y absueltos de vuestras manchas para que rehagáis vuestra vida.

Cuando el hombre se aleja de la senda del bien, por falta de oración, pierde su fortaleza moral, su espiritualidad y queda expuesto a la tentación, y en su debilidad, da cabida a los pecados, y éstos enferman el espíritu, el corazón, la mente y el cuerpo.

Mas Yo, he venido como Doctor al lecho del enfermo y he puesto en él todo mi amor y mi cuidado. ¿Cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue. ¿Por qué negáis la gracia de mi amor divino, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento, de mi propia Divinidad?

¿No habéis visto como los rayos del sol, llegan hasta la más infecta charca, elevándola a los espacios, purificándola y convirtiéndola finalmente en nube que habrá de pasar sobre los campos, fecundándolos?

¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre respecto de vuestro Padre.

Yo os escucho en silencio, no necesito que tengáis que mover vuestros labios. No soy el pecador que está escuchando a otro pecador.

Lo que me confesáis, sólo Yo lo sé. Mas este confidente que tenéis en Mí nunca publicará vuestras faltas, ni mucho menos os delatará. Vosotros no debéis mirar a Dios a un Juez terrible, sino al Padre de amor perfecto.

La Ley del Padre es de amor, de bondad, es un bálsamo que da consuelo y fortaleza al pecador, para que pueda soportar la restitución de sus faltas. Que siempre da oportunidad generosa al que delinque, de regenerarse, mientras vuestras leyes por el contrario, humillan y castigan al que se ha equivocado y muchas veces al inocente, al débil. En vuestra justicia hay dureza, venganza y falta de piedad.

La Ley de Dios es de dulce persuasión, de infinita justicia y de suprema, rectitud.

Vosotros mismos sois vuestros jueces, en cambio Yo soy vuestro defensor incansable; pero es necesario que sepáis que existen dos maneras de pagar vuestros agravios: una con el amor y otra penosamente con el dolor.

Yo soy el divino Juez, que no aplica jamás una sentencia mayor a la falta cometida. Cuántos de los que se acusan delante de Mí, los encuentro limpios. En cambio, cuántos pregonan limpidez y los encuentro perversos y culpables. A ellos vengo a detener en su veloz carrera, inspirándoles el verdadero arrepentimiento. En verdad, en verdad os digo, que hay más amor en los pecadores arrepentidos, que en aquellos que se han tenido siempre por buenos.

El verdadero arrepentimiento

No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. (2ª de Pedro 3:9)

Cuando un hombre llega a creer que sus faltas no tienen perdón, se aparta de Dios. ¡Ah, si supiera que un instante de sincero arrepentimiento puede salvarle conduciéndole a su restitución que por muy lejos que crea estar de mi Divinidad, un solo paso le separa y ese paso es el de su verdadero arrepentimiento!

Seréis el hijo pródigo que retorna arrepentido a la casa paterna, y os recibiré con amor para haceros recuperar vuestra heredad.

Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del verdadero arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación. Mas, ¿cómo podéis arrepentiros verdaderamente, si no conocías la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres para hacerles comprender lo que significa ante la Divina Justicia, vivir en la degeneración moral, ser presa de los vicios en sus diversas formas, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Debéis de comprender la magnitud de vuestras faltas, y la trascendencia de vuestros errores que antes os parecía que carecían de importancia.

Si entre la falta cometida y sus naturales consecuencias, se interpone un arrepentimiento sincero, el dolor no os llegará, porque entonces ya seréis fuertes para soportar con resignación la prueba.

Quiero escuchar de vosotros una frase de arrepentimiento, vuestra sincera confesión, para consolaros y aconsejaros como Padre y ser vuestro mejor amigo. Pero apartad de vuestro corazón la creencia de que podéis dejar para el último momento vuestro arrepentimiento, confiando en la misericordia de Dios y pensad que lo único que vuestro espíritu recogerá en aquel momento de justicia, será lo que a lo largo de su existencia en la Tierra haya sembrado.

No olvidéis que si he venido a deciros que ninguno de vosotros se perderá, también os he dicho que toda deuda deberá quedar saldada, y toda falta borrada del Libro de la Vida. A vosotros toca elegir el camino para llegar a Mí.

Ciertamente, Dios es amor y no existe falta por grave que sea que no perdone, pero debéis saber precisamente que de ese amor divino procede una justicia que es inexorable. No olvidéis que el amor del Padre os perdona, pero que la mancha a pesar del perdón, queda impresa en vuestro espíritu y que vosotros tendréis que lavarla con méritos, correspondiendo así al amor que os perdonó.

Es el hombre el que dicta con sus obras su sentencia, terribles sentencias algunas veces, y es vuestro Señor el que os da su ayuda, para que encontréis la forma en que podáis soportar vuestra expiación.

En verdad os digo, que si queréis evitaros una restitución demasiado dolorosa, arrepentíos en tiempo oportuno y con una regeneración sincera, tened una vida limpia y sana, libre de todo materialismo y vicios.

Elevad una oración inspirada en el amor a Dios, en vuestro propio dolor o en el arrepentimiento por las faltas cometidas, también en acción de gracias por los bienes recibidos, eso acercará vuestro espíritu a Dios, vuestro Padre Creador. Una hermosa oportunidad de restituir y saldar vuestras deudas os ha ofrecido mi justicia; no desaprovechéis ni uno solo de los días de vida que os he confiado.

Yo vengo a servirme del pecador, pero no del obstinado, sino del pecador arrepentido y cuando os habéis arrepentido ¿qué habéis recibido? Paz, tranquilidad espiritual, sosiego en vuestro espíritu, gracias y virtudes de vuestro Dios.

La lucha contra los vicios

La carne en su debilidad es caprichosa y sensual; ama lo bajo y por lo tanto hay que gobernarla con amor. ¿Quién podría cumplir mejor esa misión sino el espíritu dotado de fuerza, luz, inteligencia y voluntad? Para que el adelanto y la evolución del espíritu alcanzara a tener méritos ante Dios y ante sí mismo le fue concedido el libre albedrío o sea la libre voluntad para elegir el camino del bien o del mal, ascendiendo o descendiendo por sí mismo.

¿Cuándo venceréis en esta lucha interior? La fortaleza sólo la podréis encontrar en vosotros mismos.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41)

De un lado están la buena voluntad, la razón, la justicia y la caridad; del otro lado se alzan las insanas pasiones humanas; pero será la luz la que triunfará sobre las tinieblas. Si Yo supiera que no habría de ser así, no os permitiría que os empeñaseis en una lucha inútil y estéril para vuestro espíritu.

¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? (Santiago 4:1)

Voluntad para vencer el mal es lo que necesitáis, y esa fortaleza para vuestro espíritu viene a dárosla mi palabra. La batalla más grande y noble, en la que quiero veros vencedores, es la que vais a sostener en contra de vosotros mismos, para llegar a dominar vuestras pasiones y tantos vicios que han enfermado a vuestro espíritu, mente y cuerpo. Es una lucha de potencia a potencia.

Al hablaros de lucha, Yo me refiero a la que debéis desarrollar para vencer vuestras debilidades y pasiones. Esa lucha es las única que permito a los hombres para que dominen su egoísmo y su materialidad, a fin de que el espíritu tome su verdadero sitio iluminado por la conciencia. Esa batalla interior sí la autorizo, mas no aquella que hacen los hombres con el deseo de engrandecerse, cegados por la ambición y la maldad.

Yo he dejado que así acontezca por razón del libre albedrío que os he dado, porque detrás de toda la perversidad, de todas las tinieblas y de la ofuscación de los hombres, hay una luz divina: la conciencia que no se pierde y no se perderá jamás, porque la conciencia es mi propia voz. Por eso os invito a que os apartéis de tantas tentaciones y vicios que acechan vuestro paso en este tiempo. Orad por el mundo, donde tantas mujeres se pierden, muchos santuarios se profanan y donde tantas lámparas se apagan a temprana edad.

¿Cuál sería el mérito de los hijos de Dios, si no lucharan? ¿Qué haríais si vivieseis llenos de felicidad, como lo deseáis en el mundo? ¿Rodeados de comodidades y riquezas, podríais esperar el progreso espiritual? Estaríais estancados porque no existe el mérito donde no hay lucha.

¡Con qué satisfacción se yergue el espíritu después de librar una batalla y salir vencedor en ella! ¿Qué satisfacción podrían experimentar aquellos que sin mérito alguno recibiesen algún bien de su Padre? Esos no sabrían estimar lo que recibieron, ni sabrían conservarlo, ya que ningún esfuerzo o sacrificio les costó obtenerlo; pero el que ha conquistado la salud y la paz, después de grande lucha, no se expone a perderla, la cuida y vela por ella. El que a base de renunciaciones y sacrificios recupera la salud no vuelve a ponerla en peligro, porque sabe cuánto le costó lograrla.

Yo, con sólo quererlo ya seréis limpios, ¿pero qué mérito tendría que Yo fuera quien os purificara? ¡Que cada quien restituya sus faltas a mi Ley, eso sí tiene mérito, porque entonces sabréis evitar en lo futuro las caídas y errores, porque el dolor os lo recordará!

Dejad que la conciencia haga su voluntad por sobre lo que piense vuestra mente y espíritu, ya que es ella la que verdaderamente se da cuenta de la misión que sobre el espíritu pesa. Mirad que si en lugar de seguir los dictados de la conciencia, os inclináis a obedecer los impulsos de la carne, pronto retornaréis al camino de la lucha estéril, al mundo de las frivolidades y de la vanidad, en donde vuestro espíritu se sentirá vacío y triste.

Armonía de espíritu, mente y cuerpo.

Venid a Mí y sanad de vuestros males, haced que vuestra fe y regeneración, obre el milagro de devolveros la salud y de alcanzar vuestra salvación. El milagro no está en Mí, sino en vosotros, mas no olvidéis que ya no es mi túnica la que habréis de tocar para recibir el prodigio, sino que debéis llegar ante mi Espíritu por medio de vuestra regeneración, fe y elevación espiritual.

Esta elevación la alcanzaréis cuando la materia y el espíritu vivan en armonía y caminen unidos por el sendero de la evolución espiritual. Buscad siempre que exista armonía entre lo espiritual y lo material, o sea que aprendáis a dar a Dios lo que es de Dios y al mundo lo que a él corresponde.

Muchos seres se preguntan: ¿Es menester desconocer al cuerpo y al mundo, para lograr que nuestro espíritu se liberte? A lo cual Yo les respondo: el mérito no consiste en desconocer a la materia, sino en encontrar la armonía entre el espíritu y el cuerpo que le sirve de envoltura. Mas, ¿cómo alcanzar esa armonía si antes el espíritu no se deja conducir por la conciencia?

De la falta de armonía en el hombre, es de donde han surgido esas grandes tempestades, de las cuales, la mayoría de las veces ha salido derrotado el espíritu. Mas cuando la materia, doblegada al fin por la persuasión y la confianza de que el espíritu se encamine hacia su gran final, tome mansamente la misión que le corresponde y ya no prive a su espíritu de lo que a él le pertenece, habrá logrado la armonía y la paz entre el espíritu, la mente y el cuerpo.

Esa paz y esa alegría, se deben al triunfo del espíritu sobre la materia, triunfo logrado a costa de una inmensa lucha, de una cruenta batalla interior; ahí, en esa renunciación de lo nocivo, veréis morir algo que habita en vuestro interior, sin que sea él vuestra vida; sino tan sólo una insana pasión.

La naturaleza material, parece ser la más opuesta a la naturaleza espiritual; sin embargo, cuando en vosotros lleguen a armonizar ambas, llegaréis a ver que vuestra naturaleza material es como un espejo limpio que refleja en toda su belleza lo espiritual y aun lo divino.

Cuando en el ser humano haya perfecta armonía entre las tres naturalezas de que está formado, habrá semejanza con la armonía que existe en Dios, porque en él existirá una sola voluntad, la de alcanzar la cumbre de su perfección espiritual.

Yo soy la luz de éste y de todos los mundos, quiero que os vistáis con esa luz. Mi palabra es bálsamo de curación; sanaos con ella escuchándola, y sobre todo, poniéndola en práctica. ¿Por qué si lleváis a Dios en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos a vosotros mismos y corregid cuanto haya que corregir, limpiad todo cuanto haya que limpiar. Yo os dije: “Limpiad el vaso por dentro y por fuera”, o sea que vuestro ser interior armonice en voluntad e inspiración con vuestra parte material o humana.

Doblegad la materia con amor, usad la energía si es necesario, pero cuidad de que no os ciegue el fanatismo, para que no obréis con crueldad en ella. Haced de vuestro ser una sola voluntad.

Yo modelo vuestra vida interior, aquella que escondéis a los hombres, pero que ante Mí no la podéis ocultar. Vosotros modelad vuestro exterior de tal manera, que su faz sea un reflejo fiel de vuestro espíritu; entonces existirán en vuestros actos sinceridad y verdad.

¡Cuántos han encontrado su salud en este camino, porque a tiempo supieron descubrir el origen de sus males y pusieron toda su fe y su voluntad en luchar hasta vencer! ¡Cuántos también se han alejado tristes, confusos o decepcionados, sin haber conseguido lo que deseaban porque nunca se interesaron por descubrir la causa de sus sufrimientos y tuvieron que alejarse sin haber alcanzado el bien que buscaban! Esos son los que viven sin luz espiritual, los que ignoran la causa de sus sufrimientos y el valor que tiene la salud o la paz.

Por eso os digo: Vivid una sana espiritualidad ya que esta no consiste en apartarse de lo que pertenece a la vida material, sino en armonizar con toda la creación, y con vosotros mismos.

El mal está en el hombre y en la mujer, ¡la solución también!

Por causa del libre albedrío habéis caído en faltas. También os digo que por ese don podéis corregir a tiempo vuestros errores.

Os he otorgado el don del libre albedrío y os he dotado de conciencia. El primero para que os desarrolléis libremente dentro de mis leyes y la segunda, para que sepáis distinguir el bien del mal, para que ella como juez perfecto os diga cuándo cumplís o faltáis a mi Ley.

Encontráis contradictorio con el amor del Creador vuestro peregrinar por esta vida llena de amarguras y vicisitudes, en la cual imitáis a los niños cuando están descontentos o enfermos. Vivís en un continuo llorar por vuestros sufrimientos, mas éstos son el resultado natural de vuestras desobediencias y faltas a la Ley, y del mal uso que habéis hecho de la libertad que mi amor os ha dado.

¿Qué os ha dejado vuestro libre albedrío, cuando lo habéis empleado para perseguir y buscar los placeres materiales? Sólo dolor y desengaños.

Si el hombre o la mujer no detienen a tiempo sus insanas inclinaciones caerán en un abismo y en una fatiga total, en ese caos de odios, de placeres, de ambiciones no satisfechas, de pecado, de adulterio, de profanación a las leyes espirituales y humanas, encontrarán una muerte pasajera para su espíritu y corazón; pero de esa muerte, Yo haré que se levante a la vida verdadera. Yo haré que tengan su resurrección y en esa nueva vida, luchen por el renacimiento de grandes y nobles ideales, por el resurgimiento de todos los principios y de todas las virtudes, que son atributos y patrimonio del espíritu.

Aquellos que del fango, de la escoria o del egoísmo, se levanten a una vida de regeneración de su espíritu y de su cuerpo, los mostraré como un ejemplo de que mi Doctrina tiene luz y gracia para regenerar a los pecadores.

Dejad que el mundo vea que practicáis las buenas obras, mas no con el fin de recibir homenajes, sino tan sólo con el de dar buenos ejemplos y enseñanzas y dar testimonio de mi verdad.

¡Cuántos ejemplos dignos de ser imitados, podéis recoger de vuestros hermanos de otros tiempos! Su obra es como un libro abierto. Y vosotros, ¿no queréis dejar escrito vuestro ejemplo? Yo tomaré vuestras obras que encuentre dignas, para presentarlas a vuestros descendientes. No recogeréis, hoy que vivís en materia, gloria ni veneración. Sed humildes y dejad que otros valoricen vuestras obras.

Escribid vosotros también vuestra historia, la cual quiero que sea imborrable por los buenos ejemplos que dejéis a las generaciones venideras.

Presentad delante de vuestros hijos buenos ejemplos que les sirvan de ayuda en su camino para continuar su ascensión hacia Mí. No porque los miréis en la infancia de la materia les concedáis poca importancia.

Trabajad para que tengáis paz, luchad intensamente en este tiempo para que dejéis un ejemplo de trabajo, de obediencia y de fe.

Hombres y mujeres: huid de los vicios para que vuestra sangre sea semilla fértil y los frutos del mañana sean agradables. Desde ahora moralizad vuestra vida, reconstruid vuestros hogares y unificad vuestra familia.

Haced cuanto esté de vuestra parte, que Yo no os pediré más de lo que podáis hacer.

Cuán distinta es mi justicia de como la concebís vosotros, cuando creíais que vendría mi cetro a exterminaros por desobedientes a mi Ley. He llamado a los que más se han manchado para confiarles hermosas misiones y nobles cargos que les dignifiquen ante los demás y los salven de sus errores.

¡Si formaseis propósitos de verdadera enmienda, cuánto bien os haríais y cómo recobraríais la salud y la paz perdida!

Del mal uso del libre albedrío, han provenido todos los errores, caídas y pecados de la humanidad; pero son errores pasajeros ante la justicia y la eternidad del Creador, porque luego se impondrá la conciencia sobre las flaquezas de la materia y sobre la debilidad del espíritu. Con ello vendrá el triunfo de la luz, que es sabiduría, sobre las tinieblas, que son ignorancia; será el triunfo del bien, que es amor, justicia y armonía, sobre el mal, que es egoísmo, libertinaje, injusticia.

Así como el hombre, con su regeneración puede crearse un mundo de paz espiritual, semejante a la paz de mi Reino, también con su perversidad puede rodearse de una existencia que sea como un infierno de vicios, de maldades y remordimientos.

Quiero que cada uno comprenda mi palabra y se arrepienta de sus errores; que seáis los pecadores arrepentidos ante mi presencia, que vengáis en silencio. Yo no publicaré vuestras faltas ni os delataré, sino que os aconsejaré como el mas fiel de vuestros amigos. No toméis más los frutos prohibidos, ni lo que no os pertenece, no hagáis obras que os deshonren en la vida. Sed el varón o la mujer que viva con toda honradez y rectitud, como Yo os he enseñado.

Si una debilidad os hizo pecar, arrepentíos ahora de vuestra falta. Dejad que mi caridad os limpie, mas quiero que vuestro arrepentimiento sea de limpio corazón.

Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. También os oculto el libro de vuestro pasado, pues si contemplarais sus páginas, lloraríais de pena y enfermaríais de tristeza. En muchos, sería tan grande su horror y su amargura, que se considerarían indignos de perdón y redención.

Ahí, en esas tinieblas, también brilla mi amor, impidiéndoos una agonía terrible y sin fin. Mas si conocieseis las páginas futuras del libro de vuestra vida, ¡cómo sonreiríais de dicha!

Reclamo divino

No sólo os reclamaré por lo que los hombres hayan hecho de las vidas ajenas; también les reclamaré de lo que hayan hecho de su propia vida y de su cuerpo. Muchas veces abreviáis vuestra existencia envejeciendo prematuramente, consumidos muchas veces por causas de los vicios e insanas pasiones.

Los hombres y mujeres aman a su cuerpo, halagan sus vanidades y consienten sus debilidades; aman las riquezas de la tierra, a las cuales les sacrifican su paz y su futuro espiritual. Rinden culto a la carne, llegando a veces a la degeneración y hasta a la muerte por ir tras de los placeres insanos.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Y si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Cuando a través de vuestra conciencia descubráis el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlo, sentiréis en plenitud la divina fuerza, ayudándoos a vencer en la batalla y a conquistar vuestra libertad espiritual.

No temáis llegar al valle espiritual pensando en todo lo que habéis pecado, si dejáis que el dolor os lave, que el arrepentimiento brote del corazón. Si lucháis por reparar vuestras faltas llegaréis dignos y limpios ante mi presencia y nadie, ni vuestra conciencia, se atreverá a mencionar vuestras pasadas imperfecciones.

Sé lo fuerte que es el mundo y sus tentaciones, por eso vuestros propósitos deben ser más fuertes aún, para que en medio de la lucha y de las pruebas vuestra voluntad no debilite.

Veo que venís a confiarme una pena para que os libre de ella, y en verdad voy a concedéroslo, mas esto será cuando comprendáis que el mal no hay que curarlo superficialmente, sino en su origen; que además de orar y de pedir es menester la enmienda, la reflexión, la regeneración y la armonía de vuestro ser.

Orad para que recibáis mi luz y por medio de ella lleguéis a descubrir las causas o el origen de vuestras pruebas y vicisitudes. Pedid para que en vuestra humildad os sintáis fortalecidos, pero antes poned toda vuestra voluntad en evitar todo cuanto os pudiese perjudicar, en el espíritu como a vuestro cuerpo.

A quienes han mancillado el honor de la mujer

A vosotros varones que habéis mancillado el honor de las mujeres, haciéndolas caer en vuestras redes insanas, buscando en ellas las fibras sensibles y débiles, os pregunto: ¿por qué hoy despreciáis a las mismas que ayer indujisteis a la perdición?

¿Por qué decís que amáis, cuando no es amor lo que sentís? ¿Por qué procuráis que caigan otras y nada os detiene? Pensad, ¿qué sentiría vuestro corazón si lo que hacéis con esas flores deshojadas lo hiciesen con vuestra madre, con vuestra hermana o con la mujer amada y por lo tanto, respetada? ¿Habéis pensado alguna vez en las heridas que causasteis a los padres de aquéllas a quienes cultivaban con tanto amor?

¡A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece!

¿Cuántas serán vuestras víctimas? ¿Cuál será vuestro final? En verdad os digo, que tenéis muchas víctimas sacrificadas en el torbellino de vuestras pasiones.

No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de estos van libres, sin presidio y sin cadenas.

Ved cuantos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuantos niños sin padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que es sagrado, es un criminal?

La redención es para todos. ¿Por qué no ha de redimirse hasta el más pecador? Por eso os digo, varones: trabajad Conmigo para salvar a las que habéis llevado a la perdición. Toda mujer fue niña, toda mujer fue virgen, por lo tanto debéis llegar a su corazón por el camino de la sensibilidad.

Vuestra alegría será grande cuando miréis que la virtud retorna a aquéllas que la habían perdido. Y esos espejos que fueron limpios y que hoy se encuentran empañados, debéis hacer que reflejen nuevamente la claridad y la belleza de su espíritu.

De la Navidad

De la Navidad

Humanidad: en estos días en que conmemoráis el nacimiento de Jesús, es cuando dejáis llegar la paz a vuestro corazón y cuando parecéis una familia unida y feliz. Sé que no todos los corazones sienten una alegría sincera al recordar mi llegada al mundo en aquel tiempo, muy pocos son los que se entregan a la meditación y al recogimiento, dejando que la alegría sea interior y que la fiesta de recordación sea en el espíritu.

Hoy, como en todos los tiempos, los hombres han hecho de las conmemoraciones, fiestas profanas y pretextos para buscar placeres de los sentidos, muy alejados de lo que deben ser los goces del espíritu. Si los hombres tomasen este día para consagrarlo al espíritu, meditando en el amor divino, del que fue prueba absoluta el hecho de hacerme hombre para vivir con vosotros, de cierto os digo que vuestra fe, brillaría en lo más alto de vuestro ser, y sería la estrella que os señalara el camino que conduce a Mí, vuestro espíritu quedaría de tal manera saturado de bondad, que a vuestro paso iríais desbordando caridad, consuelo y ternura en los necesitados.

Os sentiríais más hermanos, perdonaríais de corazón a vuestros ofensores; os sentiríais embargados de ternura ante la vista de los desheredados, de esos niños sin padres, sin techo y sin amor. Pensaríais en los pueblos sin paz, donde la guerra ha destruido todo lo bueno, lo noble y sagrado de la vida humana. Entonces, la oración brotaría límpida hacia Mí, para decirme: “Señor, ¿qué derecho tenemos a la paz, mientras hay tantos hermanos nuestros que padecen intensamente?”

Mi contestación hacia vosotros, es esta: Ya que habéis sentido el dolor de vuestros hermanos y habéis orado y habéis tenido caridad, reuníos en vuestro hogar, sentaos a vuestra mesa y gozad esa hora bendita, porque Yo estaré allí presente, no temáis estar contentos si sabéis que en ese instante hay muchos que sufren, pues de cierto os digo, que si vuestra alegría es sana, de ella se desprenderá un hálito de paz y de esperanza, que irá flotando como nubecilla de amor sobre los necesitados.

Ninguno piense que vengo a borrar de vuestro corazón la fiesta más pura que celebráis en el año, cuando conmemoráis la Natividad de Jesús. Sólo vengo a enseñaros a dar al mundo lo del mundo y al espíritu lo del espíritu, porque si tantas fiestas tenéis para celebrar hechos humanos, ¿por qué no le dejáis esta fiesta al espíritu, para que él, convertido en niño, se acerque a ofrecerme su presente de amor, para que adquiera la sencillez de los pastores para adorarme y la humildad de los sabios para inclinar su cerviz y presentar su ciencia ante el dueño de la sabiduría verdadera?

No vengo a contener la alegría que en estos días envuelve la vida de los hombres. No es tan sólo la fuerza de una tradición, es que mi caridad os toca, mi luz os ilumina, mi amor como un manto, os cubre. Entonces sentís el corazón lleno de esperanza, de alegría, de ternura, de necesidad de dar algo, de vivir y amar, sólo que esos sentimientos y esas inspiraciones no siempre los dejáis expresar con su verdadera elevación y pureza. Porque aquella alegría la desbordáis en placeres del mundo, sin dejar que el espíritu, que fue por quien vino el Redentor al mundo, viva ese instante, penetre en esa luz, se purifique y se salve, porque aquel divino amor, que se hizo hombre, está presente eternamente en el camino de cada ser humano, para que en él encuentre la vida.

¡Alegraos, oh humanidad, al menos por esa noche, ya que no sabéis retener por siempre esa paz! Alegraos con sana alegría del corazón. Que es ternura y retorno a la bondad. Aquella noche marcó el momento en que nació el hombre en quien vino a encarnarse el Verbo, pero mi Espíritu estuvo tan cerca de los hombres, como lo estuvo antes y como lo está ahora. Noche Buena llamáis a esa noche, los que recordáis cuando Jesús llegó al mundo. Bajo el influjo de ese recuerdo, los seres se acercan, se evoca al ausente, se perdonan las ofensas, se reunen las familias, se visitan los amigos y se inunda de paz el corazón.

Quiero que la humanidad sienta mi presencia espiritual, deseo que la niñez se regocije en Mí, que la juventud se detenga un instante a recordar al que se hizo hombre por amor a la humanidad y que los ancianos que recuerdan los días felices de su niñez, sientan en su espíritu mi paz. Quiero estar con vosotros, tan cerca de vuestro corazón, que sintáis verdaderamente mi presencia. Quiero que vosotros y Yo seamos uno en la armonía y ternura de esta noche; que tengáis presente que Yo soy vuestra luz primera, la promesa divina, el Maestro incansable que trabaja para hacer de vosotros espíritus perfectos, dignos de Dios.

Quiero estar con vosotros, aunque sea una hora tan solo, pero de tal manera que os sea imposible separaros de Mí; mirad que vengo a llenaros de ternura, de esperanza y de bálsamo, y quiero que recordéis que en una noche como ésta vine al mundo, para enseñaros con mi vida y ejemplos el camino que conduce al Reino de los Cielos. Acercaos a Mí, para que recibáis en vuestro corazón la esencia de esta palabra, y vuestra oración, que en silencio se escapa de vuestro corazón, se una a todos los cantos de los cielos y de la Tierra en esta hora solemne.

No hay uno de vosotros, por duro que sea vuestro corazón, que en estos instantes no se dulcifique; mas os digo también que, para poder pensar en los demás, es menester olvidarse de sí mismo; entonces sí, ellos, vosotros y Yo, seremos uno en esta hora de comunión espiritual.

Sabed que Yo soy vuestro y vosotros míos. Recordad que os probé mi amor viniendo a vivir entre vosotros, naciendo en la pobreza, luchando entre abrojos y muriendo en la ignominia. De Mí no podéis decir que no os comprendo, porque no sólo he visto vuestros dolores sino que los he vivido.

Pensad que los verdaderos necesitados representan a Jesús, que Él viene en cada uno de ellos para deciros: “Sed tengo”, sed de que os améis los unos a los otros. ¿Será posible que el corazón de los hombres no se conmueva ante los grandes cuadros de dolor y de miseria que presenta esta humanidad? Sí, sí es posible; Yo veo a los que no padecen miseria, acariciar con su mirada las riquezas que poseen, con más cariño que a los seres, hijos de Dios. Me habéis acompañado en estos breves momentos a visitar a los necesitados, por ello, benditos seáis; no creáis que me olvido de los ricos y de los poderosos, porque aunque en apariencia no me necesitan, Yo soy quien mejor sabe su miseria y sus amarguras, y quien mejor conoce sus desgracias; pero hoy creen tenerlo todo; entonces, ¿para qué acudir a Mí si soy, según ellos, el Cristo de los enfermos, de los parias, de los tristes? No saben que mi misión es salvarlos del falso esplendor para darles la verdadera y eterna felicidad.

Esta es la conmemoración más tierna de cuantas hacéis de vuestro Maestro; el corazón de los niños rebosa de júbilo y el de los mayores se inunda de paz y de esperanza en el Salvador. Vosotros, los que tenéis la gracia de escuchar esta palabra, sois de los pocos que conmemoráis esta fiesta sin ritos, celebrándola en lo más puro del corazón. Así no podréis caer en profanación. Es que a vuestro entendimiento ha llegado la comprensión de que la mejor conmemoración, la más agradable ante el Señor, es la que hacéis cuando aplicáis a vuestra vida los ejemplos del Maestro, cuando vivís su Doctrina.

Quiero que todos sientan mi presencia. Si al menos en estos días de recordación los hombres supieran sensibilizar y espiritualizar su corazón, podrían encontrarme en cualquier sitio, en el camino de cada criatura, en los hogares, en los lugares donde hay dolor, pero aún debo esperar, no todos saben sentirme en su corazón; sin embargo, dejo en el sendero de cada uno de mis hijos un presente de amor. En este día en que los hombres conmemoran aquel amanecer en que el Mesías niño iniciaba su jornada sobre la Tierra, quiero que toda la humanidad sienta mi presencia espiritual. Quiero que la niñez se regocije en Mí, que la juventud se detenga un instante a recordar Al que se hizo hombre por amor para salvaros, y los ancianos que derraman sus lágrimas meditando en estas enseñanzas y rememorando los días felices de su niñez, sientan en su corazón mi paz.

Alegrías y tristezas tendrán que mezclarse recordando el maternal regazo que os meciera, el amor y las caricias de vuestros padres, la dichosa, pero fugaz infancia y luego todo lo que habéis ido perdiendo en el mundo: padres, niñez, alegrías, inocencia. Tendréis que recordar cómo se han enfriado muchos corazones para amarme y amar en el mundo a los suyos. Me decís: Es la noche en que recordamos cada año aquella en que llegasteis a nuestro mundo para traernos un mensaje de amor, y Yo os respondo, que aquella hora marcó el momento en que nació el hombre en quien vino a encarnarse el Verbo, pero que mi Espíritu tan cerca estuvo entonces de los hombres, como lo estuvo antes y como está ahora.

Pero mientras no llevéis una vida diaria apegada en todo a la ley, a la verdad y al amor de los unos hacia los otros, al menos procurad estar unidos espiritualmente en esta noche de recordación. Buscadme todos, venid todos a Mí, pero venid mansos y humildes, esperándolo todo de la caridad de vuestro Señor. Nadie venga con grandeza o vanidad, porque os digo que os prefiero menesterosos y pecadores, pero humildes, tratando de lavar vuestras manchas en las aguas cristalinas de mi perdón.

¡Ah, si pudieseis venir Conmigo en espíritu y contemplar desde aquí toda la miseria de la humanidad! Si los poderosos, los ricos y los que viven rodeados de comodidades quisiesen estar Conmigo esta noche, Yo les llevaría en espíritu a los lugares de dolor y de pobreza que ellos no quieren ver. Entonces les diría: Dejad por un momento vuestra fiesta y recorramos juntos los sitios donde viven vuestros hermanos los pobres, veamos cómo viven ellos esta noche bendita de tristezas para unos y de festines para otros. No temáis, les diría, que sólo unos instantes os pido, y luego podréis retornar a vuestro festín y a vuestra alegría; entonces les llevaría de sitio en sitio y les mostraría a una madre anciana, que en la soledad de su mísera alcoba llora la pérdida de sus hijos, que eran su esperanza, los cuales le fueron arrebatados por la guerra.

Esa mujer vive sólo de recuerdos y de oraciones; mientras hay muchos que llegan a embriagarse de placer, ella apura su cáliz de amargura. Su espíritu sólo espera la hora de dejar este mundo y penetrar en la eternidad, porque su esperanza en los hombres hace tiempo que ha muerto. Después les mostraría a la niñez, vagando entre la humanidad que no respeta la vida de su semejante, no ama ni comprende al necesitado.

Yo haría que esos hombres escuchasen las interrogaciones tan profundas de los niños, que en su inocencia humana se preguntan el por qué de tanta injusticia, de tanto odio, egoísmo, y crueldad. Luego les llevaría hasta aquellos lugares, donde se ahogan los ayes y lamentos del enfermo, del que ha visto doblarse su cuerpo, como se quiebra una rama cuando azota el huracán; son los enfermos, los vencidos, los olvidados. Más tarde haría que las puertas de las cárceles nos dieran paso, para que contemplaran los millares de seres que han caído en las tinieblas del cautiverio por falta de amor, de caridad, de luz, de justicia, de paz. Y así, de sitio en sitio, les presentaría en un solo cuadro toda la miseria y el dolor que han producido las ambiciones, la codicia, el odio, el materialismo y la sed insaciable de poder de los envanecidos que creyéndose poderosos, no lo son, ni dejan poseer a nadie lo que a cada quién en justicia le corresponde.

Pero no les llamo, porque sé que, aunque en su conciencia se escucha mi voz, se hacen sordos a ella. Mas vos, que me estáis escuchando, que sabéis de privaciones, de soledad, de frío y de orfandad también, y que por lo tanto vibráis junto con esa humanidad que llora su hambre y sed de justicia, venid a Mí, y juntos visitemos en espíritu a los enfermos, a los tristes, a todos los pobres y olvidados del mundo. Venid, para que veáis cómo extiendo mi manto y lo uno al vuestro para cubrir amorosamente a toda la humanidad; venid para que escuchéis mi voz espiritual diciendo a los que lloran: No lloréis más, no estéis tristes, despertad a la fe y a la esperanza que son luz en el sendero de la vida; de cierto os digo que si volvéis a orar y a velar con fe verdadera, estos días de dolor para la humanidad serán acortados.

Sí, desde ahí, desde el asiento donde reposáis para escucharme, podéis dejar que vuestro espíritu se acerque a mi morada, para que contemple, comprenda y sienta mejor la tragedia de los hombres, de sus hermanos. ¿Veis aquellas muchedumbres, que llenas de animación se encuentran? Son soldados que han dado breve tregua a su combate para ofrendarme unos minutos de oración y de recuerdo; pero su alegría y animación son ficticios, comen y beben para calmar sus penas, mas en su corazón hay un gran dolor.

Sufren, sufren mucho y sobre todo en esta noche que es para ellos de tortura; cada recuerdo es una espina, cada nombre o cada rostro que evocan es una herida.

Mientras vosotros tenéis paz a pesar de vuestras pobrezas, mientras vosotros podéis ver a vuestros padres, hijos y esposas, ellos tienen que resistir la amargura de no poderles estrechar y la angustia de pensar que tal vez no volverán a mirarlos. Muchos, muchos de ellos sufren segando vidas, destruyendo hogares y ciudades, sembrando dolor luto y lágrimas, y entonces creen haber perdido todo derecho a volver al hogar, a la paz, al seno de los suyos. Yo sé que muchos de ellos no son culpables, no llevan odio ni perversidad en el corazón; sé que son víctimas, son esclavos e instrumentos de los verdaderos malvados. Sólo Yo puedo rescatarlos, sólo mi amor puede cubrirles, están solos en el mundo.

Vos, que no podéis imaginar lo que esa prueba significa, pero que hoy por mi palabra habéis sido tocados en vuestras fibras más sensibles, enviadles vuestros pensamientos llenos de caridad y de luz; porque en verdad os digo, que ellos, sin saber por qué, se sentirán fortalecidos y alentados a orar y a esperar que al fin la guerra fratricida cese y en vez del ronco estruendo del combate, sus oídos vuelvan a escuchar aquellas dulces frases que dicen: “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”. Orad, y con ello haced que el mundo espere la luz de un nuevo día; que los hombres recuerden mi promesa, aquella que habla de tiempos mejores, de espiritualidad y bienandanza.

También a vosotros os digo: Vamos ahora al corazón de los niños y busquemos a aquéllos a quienes todo les falta. Miradles, duermen, en su sueño no hay reproches para nadie, aunque su lecho es muy duro. La mesa hoy no tuvo pan, sin embargo, descansan confiados en el nuevo día. Visten harapos, mas no sienten vergüenza, porque son inocentes y sonríen aunque a sus cuerpos les falte calor. Son ángeles en la Tierra, porque en sus sonrisas sin maldad reflejan algo de la pureza de los cielos. ¡Oh, inocencia! ¡Cubridles con vuestro fino manto porque de ellos es el reino de los cielos!. Llamáis todos Noche Buena a esta noche, y Yo derramo una lluvia de bendiciones sobre todos.

Llega hasta Mí el gozo espiritual con que recordáis en estos días la noche bendita en que el Verbo se hizo hombre para habitar entre vosotros. Mas Yo os pregunto, humanidad: ¿Creéis que sólo esta noche sea digna de llamarse Buena? ¿No podéis con un poco de amor, hacer buenas todas las noches y los días de vuestra existencia, con el fin de que vieseis que toda la vida, sin excepción de un instante es buena?

La familia, un tesoro divino

¡La familia, un tesoro divino!

He instituido desde el principio de los tiempos el hogar, formado por el varón y la mujer, y en él he derramado sabiduría y amor. He puesto sobre ambos una cruz, un destino perfecto. Las bases de ese hogar son el amor, la comprensión mutua. Y esa institución bendita no es mi voluntad que se desconozca o se profane, a pesar de las tempestades que azotan y amenazan por doquier.

Yo bendigo a todos aquellos que saben encontrar en el calor de su hogar los mejores goces de su existencia, procurando con su cariño de padres a hijos, de hijos para con sus padres, y de hermanos con hermanos formar un culto, porque en su unión y paz se asemejan a la armonía que existe entre el Padre Universal y su familia espiritual.

¡Cuán liviana sería la cruz y llevadera la existencia si todos los padres y los hijos se amasen! Las pruebas más grandes serían atenuadas por el cariño y la comprensión; su conformidad ante la voluntad divina la verían recompensada con la paz.

Haced de vuestro hogar un segundo templo, de vuestros afectos un segundo culto. Si queréis amarme, amad a vuestra esposa y amad a vuestros hijos, porque también de ese templo brotarán grandes obras, pensamientos y ejemplos.

Procurad que vuestro hogar tenga algo de templo, que sea un pequeño reino, un oasis en el desierto árido y hostil de vuestra vida.

Quiero que forméis hogares creyentes del Dios único, hogares que sean templos en donde se practique el amor, la paciencia y la abnegación. En ellos debéis ser maestros de los niños, a quienes debéis rodear de ternura y comprensión.

Enaltezco al varón y el lugar de la mujer, santifico el matrimonio y bendigo la familia.

En el hombre está la fuerza y debe éste usar siempre la comprensión. En la mujer, preparada con ternura y sensibilidad, anida el amor y el sacrificio, y así, ambos se complementan. De esa unión, de esa comunión de espíritus y cuerpos, brota la vida como un río inagotable. De esa semilla y de esa tierra fecunda, surge la simiente que no tiene fin.

A los padres de familia

Yo digo a los padres de familia que así como se preocupan por el futuro material de sus hijos, lo hagan también por su futuro espiritual.

Contemplo a los niños sin alegría, sin paz, llenando del saber material su entendimiento, sin haber aprendido nada de las leyes y virtudes espirituales.

Padres de familia, evitad errores y malos ejemplos; no os exijo perfección, solamente amor y caridad para con vuestros hijos.

Os recomiendo a los niños y os encargo que les conduzcáis por el camino certero. Congregadlos, habladles de Mí con amor y con ternura.

Velad por todos los niños a quienes pueda vuestro corazón brindar un latido de amor.

Enseñad a la niñez a orar por la humanidad, su oración inocente y pura como el perfume de las flores, se elevará hasta Mí y llegará también a los corazones que sufren.

Formad en el corazón de vuestros hijos un santuario de espiritualidad.

Cultivad el corazón de la niñez bendita para que desde su tierna infancia se amen los unos a los otros y sepan reconocer el camino del amor y de la justicia.

Vuestra ternura y vuestra inteligencia para conducirles, vuestra sabiduría para guiarles y corregirles, vuestro amor para dulcificar sus pasiones, serán el cincel que pulimente y dé forma a la parte moral y espiritual de esas generaciones.

Dad mi enseñanza a los niños, simplificándola y poniéndola al alcance de su mente, pero nunca olvidéis que la mejor forma de explicar mis lecciones, es a través de la virtud y ejemplos de vuestra vida, en la que ellos verán vuestras obras de caridad y de paciencia. Vuestra humildad y espiritualidad, será la mejor forma de doctrinar.

Haced que vuestros hijos reconozcan las consecuencias del bien y del mal.

Reclamo divino a familias

Amaos y vivid en paz en vuestro hogar, porque Yo he contemplado que de cinco que forman una familia, dos están contra tres y tres contra dos. Los hermanos, llevando una misma sangre, se sienten distantes, no se aman, ni se comprenden.

Contemplad el dolor por doquier, la niñez abandonada, la juventud penetrando en el fango, la infidelidad en los esposos. Es que los hombres han perdido la semilla de amor, que sin saberlo, llevan en lo más puro de su corazón, tan dentro que ellos mismos no alcanzan a descubrir.

Por eso he venido a dignificar la familia y el hogar, porque hace tiempo que habéis roto esa bendita armonía.

Niñez bendita

Dedico algunas de mis palabras a la niñez, a la cual exhorto para que se fortalezca en la virtud y huya de la corriente de maldad que ha arrastrado a tantos corazones al precipicio.

A los pequeños que me escuchan les digo: no vayáis a dejaros llevar por los malos ejemplos de vuestros mayores, no os apartéis del camino de sumisión, obediencia y buenos sentimientos. No os dejéis contaminar, huid de la influencia del mal. Confiad en Mí y dejad que mi luz os guíe, iluminando el sendero de vuestra evolución.

Niñez bendita, conozco vuestra oración y entiendo vuestro lenguaje; no os toman en cuenta porque os juzgan pequeños y débiles, sufriendo el espíritu que en vos se oculta.

A la juventud

Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento. (Eclesiastés 12:1)

Mientras el hombre es niño aun, ora y piensa en Dios; lo mismo hace cuando ha traspuesto la cumbre de la montaña de su vida y comienza a hundirse como el sol en el ocaso. Pero cuando su corazón es como una ave, que está ansiosa de volar y su carne vibra al contacto de las tentaciones del mundo y se siente fuerte, entonces se aleja de las lecciones divinas.

Huid de los vicios para que vuestra sangre sea semilla fértil y los frutos del mañana sean agradables.

Doncellas, sólo Yo os comprendo; vuestro corazón se ha abierto a la vida como la corola de las flores; soñáis con el amor, con la ternura, con la dicha y os digo: No soñéis más, despertad que mucho tenéis que prepararos para que cumpláis con la sublime misión que os espera.

Apartaos de tantas tentaciones que acechan vuestro paso. Orad por las ciudades pecadoras, donde tantas mujeres se pierden, donde tantos santuarios se profanan y donde tantas lámparas se apagan.

Especialmente le hablo a las doncellas, las que mañana habrán de iluminar con su presencia la vida de un nuevo hogar; que sepan que el corazón de la esposa y el de la madre, son lámparas que iluminan ese santuario, así como el espíritu es quien ilumina el templo interior.

Desde ahora disponeos para que vuestra vida nueva no os sorprenda; desde ahora id preparando la senda por la que habrán de caminar vuestros hijos.

No está el hombre ligado a sus padres, porque para cumplir este destino, se aleja de ellos y queda en la senda de la lucha. Sus hijos también, cuando es llegado el tiempo de ir en busca de su destino, se alejarán y abandonarán el hogar paterno, y sólo quedará cerca del corazón del hombre, la compañera de su vida, la mujer que eligió, la que ha compartido sus alegrías y sufrimientos, y cuya unión sólo la muerte puede separar.

A todos os digo: Velad por las rosas y los lirios que son el corazón de la juventud y de los niños y mañana os deleitaréis con el florecimiento de su virtud. Para ellos, tened comprensión y sabed ayudarlos, para que salgan adelante en la difícil jornada de la vida.

Ha mucho tiempo que se os dijo: “Honrad a vuestro padre y a vuestra madre”; y la mejor forma de honrarlos es llevando una vida recta y virtuosa. Honrad con vuestra vida a quienes por mi voluntad os dieron la existencia, y mañana vuestros hijos os honrarán.

Si sois hijos, entended y estimad la bondad de vuestros padres. Si sois padres, sabed comprended a vuestros hijos. Si sois esposos conoceos y amaos el uno al otro; mas si aun no lo sois y esperáis a quien se una a vuestro destino, preparaos para recibirle, para comprenderle.

Os hablo de los ancianos, de aquellos que ha tiempo dejaron la primavera de la vida y ahora sienten el frío del invierno. Con la vejez va faltándoles la fuerza, la energía, la salud; el trabajo se hace pesado, los miembros se tornan torpes y ya no se les solicita para desempeñarlo.

Así, los ancianos se ven excluidos de la lucha de los demás, se ven abandonados, y su corazón abatido tiene que hundirse en la tristeza y tiene que conocer la necesidad, la miseria, el hambre, la soledad. Os hablo de ellos, porque necesitan también de vuestra ayuda y consuelo. Amadles y tendréis derecho a sentaros en la gran mesa del banquete espiritual, donde os diré: Bienaventurados vosotros que a imitación del Maestro supisteis comprender a todos los que sufren.

Ancianidad

Os habéis doblegado bajo el peso del tiempo y de las luchas, vuestros labios callan, vuestro corazón está triste; mucho habéis aprendido en la vida, no podéis aspirar a las glorias del mundo, porque vuestra juventud quedó atrás y sólo ponéis vuestra esperanza en la vida que más allá de la muerte espera a vuestro espíritu. Os sentís inútiles porque vuestros hermanos creen que para nada servís, porque no ayudáis materialmente, pero sabéis que en vuestro corazón arde una luz y existe un libro.

Conversad Conmigo, mirad cómo os envuelve mi amor. Esperad tranquilamente la hora del llamado, no os inquietéis, ahí os espera la vida verdadera, ¡la juventud eterna!

¡Ah, si supieseis vivir con la sencillez de las aves que viven amándose y que cuando sienten que el invierno se aproxima, emprenden el vuelo en busca de mejores climas, pero dejando preparados sus nidos en los árboles para que sirvan de hogar a sus hermanos! El invierno de vuestra vida es la vejez, pero no miréis en ese invierno la frialdad de la muerte y del fin sin comprender que siempre después del invierno llega la primavera con sus renuevos, sus trinos y sus perfumes.

Corona de honra es la vejez, que se halla en el camino de justicia. (Proverbios 16:31)

…Y la hermosura de los ancianos es su vejez. (Proverbios 20:29)

Del matrimonio

He instituido desde el principio de los tiempos el hogar, formado por el varón y la mujer, y en él he derramado sabiduría y amor. He puesto sobre ambos una cruz, un destino perfecto. Las bases de ese hogar son el amor, la comprensión mutua. Y esa institución bendita, no es mi voluntad que se desconozca o se profane, a pesar de las tempestades que azotan y amenazan por doquier.

En un principio el ser humano fue dividido en dos partes, creando así los dos sexos, el uno, el hombre, el otro, la mujer; en él fuerza, inteligencia, majestad; en la otra ternura, gracia, belleza. El uno, la simiente, la otra, la tierra fecunda. He ahí dos seres que sólo unidos pueden sentirse completos, perfectos y felices, porque con su armonía formarán una sola carne, una sola voluntad y un solo ideal. A esa unión, cuando es inspirada por la conciencia y por el amor, se le llama matrimonio.

Cuando vine en Jesús al mundo, penetré en el hogar de muchos matrimonios unidos por la ley de Moisés, y, ¿cómo encontré a muchos de ellos? Riñendo, destruyendo la simiente de paz, de amor y de confianza; miré guerras y discordias en sus corazones, en su mesa y en su lecho. Penetré también en el hogar de muchos otros que sin haber sido su matrimonio sancionado por la ley, se amaban y vivían como hacen las alondras en el nido, acariciando y protegiendo al ser querido.

Cuando estuve en la Tierra, gustaba de visitar los matrimonios y las familias. Mi presencia en los hogares santificaba aquellas uniones y bendecía sus frutos.

Ahora que me encuentro nuevamente entre vosotros, os pregunto: ¿Qué habéis hecho del matrimonio? ¡Cuán pocos podrán contestar satisfactoriamente! Mi institución sagrada ha sido profanada, de aquella fuente de vida, brota muerte y dolor. Sobre la blancura de la hoja de esa ley, están las manchas y las huellas del hombre y la mujer. El fruto que debiera ser dulce, es amargo, y el cáliz que beben los hombres es de hiel.

Yo sé que en este tiempo, existen problemas en el seno de los matrimonios, a los que sólo les encuentran una solución: el distanciamiento o la separación. Muchas veces al estar juntos en su alcoba, sus espíritus viven distantes uno de otro. Las atenciones y la ternura de otras veces, han dejado paso a las palabras violentas y a las frases hirientes; entonces la flama de la fe, que debe arder en el corazón, se estremece y se apaga azotada por la tempestad de las pasiones y de los sentimientos exaltados.

¿Habéis olvidado vuestros juramentos? ¿Por qué faltáis a vuestras promesas? ¿Por ventura no es una burla a mi ley y a mi Nombre? El pacto que habéis hecho Conmigo, no es un compromiso material, es un cargo espiritual que habéis aceptado contraer con vuestro Padre, con aquél que ha hecho todo lo creado.

Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios. (Hebreos 13:4)

Nunca rompáis un pacto sagrado, como son el del matrimonio, el de la paternidad y el de la amistad.

Todo el que se une en matrimonio ante mi Divinidad, aun cuando su unión no esté sancionada por ningún ministro, hace un pacto Conmigo, pacto que queda escrito en el libro de Dios, en donde están anotados todos los destinos. ¿Quién podrá borrar de ahí esos dos nombres entrelazados? ¿Quién podrá en el mundo desatar lo que en mi ley ha sido unido?

¡Cuántos hay que viviendo bajo un mismo techo no se aman, y al no amarse no están unidos, están distantes espiritualmente! Mas no hacen pública su separación, por temor a un castigo divino o a las leyes humanas o al juicio de la sociedad y eso, no es un matrimonio; en esos seres no hay unión ni hay verdad. Sin embargo, visitan los hogares y los templos, van por los caminos y el mundo no los juzga porque saben ocultar su falta de amor. En cambio, ¡cuántos que se aman tienen que esconderse, ocultando su unión y sufriendo incomprensiones e injusticias!

Si cada matrimonio pensara que la unión definitiva de dos seres no es confirmada por ningún papel, ministro o juramento, sino por la afinidad espiritual de dos seres que comprenden su misión y deciden enfrentarla haciendo que donde había dos sólo exista uno, el mundo no vería tantos fracasos de parejas que no se aman, que no se respetan, que no se miman, que no se ayudan.

Todavía la evolución del hombre no es tan grande como para contemplar que dos seres se unen en Nombre mío. Pero ese tiempo vendrá y entonces no habrá duda en el hombre ni en la mujer cuando se encuentren, ellos conocerán la hora destinada por Mí y sabrán prepararse para penetrar con firmeza y confianza en su unión matrimonial, y la sociedad no los juzgará mal por no haber sido sancionada por un ministro ante un altar.

La unión del uno con la otra significa pacto con el Creador. El fruto de esa unión es el hijo, en el que se funde la sangre de sus padres, como prueba que lo que una la voluntad de dos seres ante Dios, no podrá ser desatado en el mundo.

Esa dicha que el padre y la madre experimentan cuando han dado un hijo al mundo, es semejante a la que el Creador experimentó cuando dio vida a sus hijos. A través de los tiempos, mi Ley y mis revelaciones han hablado a la humanidad de lo sublime de esa misión.

Yo he colocado a la mujer a la diestra del hombre para endulzar su existencia, para llenarla de encanto. Es el hombre en la vida de la mujer, escudo, guardián; porque en él he puesto mi luz, mi Ley, mi fuerza. Así os he unido en este mundo trazándoos el camino que debéis seguir.

¿El amor humano es ilícito y abominable delante de Dios y sólo aprueba el amor espiritual? No, bien está que al espíritu le corresponden los más elevados y puros amores, mas también en la materia deposité un corazón para que amase y le di sentidos para que a través de ellos amase cuanto le rodea.

El amor humano es bendecido por Mí cuando está inspirado por el amor del espíritu. Desde la antigüedad se os ha dicho que el hombre es la cabeza de la mujer; no por ello debe sentirse menospreciada, porque ahora le digo que ella es el corazón del hombre. He ahí por qué he instituido y bendecido el matrimonio, porque en la unión de esos seres, espiritualmente iguales pero corporalmente diferentes, se encuentra el reflejo del estado perfecto.

A los varones:

A la mujer que os diere por esposa la cuidaréis, la honraréis y en ella haré fructificar vuestra simiente. No tratéis mal a vuestra esposa, tened caridad, ella es parte de vosotros mismos.

A la mujer se le ama con el amor que eleva, no con la pasión que envilece. Entonces veréis cual es la obra que mancha y cuál la que redime. Veréis las maravillas que hace el verdadero amor.

Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre. (Proverbios 5:18-19)

Debéis ser dulces y comprensivos y encender el fuego del amor que es la llama que debe dar vida a vuestra unión.

Yo contemplo entre vosotros hogares destrozados, en los que habéis desatendido vuestros deberes y os habéis creado fuera de ellos nuevas obligaciones, sin importaros el dolor y el abandono de los vuestros. Ved por doquiera cuántos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuántos niños sin padre. ¿Cómo podrá existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que era sagrado, es un criminal?

¿Y por qué, hijo mío, andarás ciego con la mujer ajena, y abrazarás el seno de la extraña? (Proverbios 5:20)

Para que te guarden de la mala mujer, de la blandura de la lengua de la mujer extraña. No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos; (Proverbios 6:24-25)

No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de éstos van libres, sin presidio ni cadenas.

Desde ahora moralizad vuestra vida, reconstruid vuestros hogares y unificad vuestra familia. Que el padre vaya en busca de su hijo que huyó de su hogar y los hijos busquen a quien les abandonó; que la esposa vuelva a los brazos del compañero y que el esposo que había renunciado a sus deberes, busque a la compañera y construyan una nueva y mejor existencia.

Enaltezco al varón y el lugar de la mujer a la diestra de él, santifico el matrimonio y bendigo la familia.

Bienaventurado el corazón de la esposa, porque es refugio del hombre. Bendito el corazón de la madre, porque es manantial de ternura para sus hijos. Es grande la misión espiritual de la mujer, es delicado su corazón, su mente, su seno, todas sus fibras son delicadas. Sólo así puede ser capaz de desempeñar tan noble misión.

Del amor con que os he dado la vida, pocas pruebas o señales dan los hombres. De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

De la dicha de ser Padre quise que el hombre participara, y así le hice padre de hombres para que forjase seres semejantes a él, en los que palpitaran los espíritus que Yo enviara. Y si en lo divino y eterno existe el amor maternal, el amor de María la madre universal, quise que en la vida humana existiese un ser que la representara y ese ser es la mujer.

Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol. (Eclesiastés 9:9)

La verdadera paz

La verdadera paz

¡Qué distantes se encuentran los hombres de comprender la paz espiritual que reinará en el mundo! Ellos tratan de imponerla por medio de la fuerza y de amenazas, es el fruto de su ciencia, de la cual hacen alarde.

La paz que firman las naciones, es falsa porque no hay en sus palabras amor ni buenos propósitos. Detrás de esa aparente paz, está el rencor, el anhelo de venganza y la guerra acechando.

La paz verdadera no podrá levantarse sobre cimientos de temor o de conveniencias materiales. La paz tiene que nacer del amor, de la fraternidad, esa paz que el mundo en apariencia logra no será duradera porque no es verdadera. Yo la destruiré con mi espada de justicia, como destruyo todo lo que es falso. Esa paz de que os hablo será aparente, porque se fundará en el temor de unos para otros; la verdadera paz no puede brotar de corazones impuros, la verdadera paz, vendrá después, y descenderá del Reino de los Cielos al corazón de la humanidad.

Hace cerca de dos mil años que repetís aquella frase que escucharon los pastores de belén: «Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad», mas, ¿cuándo habéis puesto en práctica la buena voluntad para haceros merecedores de la paz? En verdad os digo, que más bien habéis hecho lo contrario. Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase.

En el Segundo Tiempo os dije: «Más fácil es que un camello entre por el ojo de una aguja que un rico al Reino de los cielos», y ahora lo estáis mirando. Quisieran los poderosos poder comprar con sus riquezas la paz y no lo logran.

Así la humanidad comprenderá que los bienes espirituales son indispensables en la vida del hombre, bienes que no se pueden adquirir con monedas, sino con espiritualidad.

La humanidad necesita paz en su espíritu, tranquilidad en su corazón, pero esa riqueza no se consigue por la fuerza, ni se compra a ningún precio. Es una gracia que se alcanza mediante la constancia en el bien. No hay paz en la Tierra, ni aun en aquellos días que consagráis a recordar la natividad y la pasión de Jesús el Cristo. Yo propongo al mundo la paz, pero la soberbia de las naciones engrandecidas con su falso poder y su falso esplendor, rechaza todo llamado de la conciencia, para dejarse arrastrar sólo por sus ambiciones y odios.

Por sobre vuestros sufrimientos Yo os haré sentir mi paz, esa gracia divina, que no consiguen gozar los poderosos, a pesar de todos sus caudales.

Mejor es un bocado seco y en paz, que casa de contiendas llena de provisiones. (Proverbios 17:1)

Vosotros no privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar, comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y substancioso.

Vosotros atraed la paz con la regeneración, con la oración y la práctica de mi Doctrina. Si anheláis paz para las naciones en guerra, haced la paz en vuestro corazón o en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de esos pueblos la concordia y la unificación.

Yo os digo que el secreto consiste en llevar una vida tranquila, sencilla, en vivir con amor, en cultivar en vuestro hogar la simiente de la virtud.

En el seno de otras congregaciones, lo mismo en esta nación, que en otros países, existen hombres que oran por la paz, que anhelan el bienestar para su semejantes, y para lograr su ideal, trabajan afanosamente.

Mirad que os trato como Maestro justo y amoroso, que pone a vuestro alcance todos los medios para que alcancéis la paz que debéis conquistar.

¡Cultivad la paz y amadla, porque de ella cuán necesitada se encuentra la humanidad! No os dejéis perturbar por las vicisitudes de la vida, para que os conservéis siempre fuertes y prestos a dar lo que poseéis. Esa paz que es patrimonio de todo espíritu, ha huido en este tiempo para dar paso a la guerra y torturar naciones, destruir instituciones y anonadar a los espíritus.

Es que el mal se ha enseñoreado del corazón humano, el odio, la ambición insana, la codicia desenfrenada se extienden haciendo daño, pero cuán breve será ya su reinado. Yo os anuncio para vuestra alegría y tranquilidad, que ya está próxima vuestra liberación que en pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, de pureza y de salud.

Desde el principio de la humanidad han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella una vez que la han alcanzado, porque el hombre sólo la busca cuando el dolor lo ha vencido. Por eso veis como después de cada una de vuestras guerras inhumanas, fratricidas e injustas, se levantan millares de seres sedientos de la paz, que antes no supieron estimar, porque no se habían dado cuenta del valor que tiene ese don divino.

Quienes aún disfruten de algo de paz, tienen el deber de orar para ayudar espiritualmente a los que sufren los rigores y calamidades de la guerra.

Voy a proponer nuevamente la paz a los hombres, confiándoles un tiempo más para que alcancen ese supremo bien del espíritu. Mas si desaprovechan esta ocasión, sus dolores y amarguras aumentarán.

¿Estáis esperando que el mundo forje su paz? ¿Con qué simiente podrá formarla, si en el espíritu ahora pesa más la ley de los hombres, que la de Dios?

Mi paz dejo entre vosotros, saboreadla, disfrutad de ella hasta el punto en que vuestra vida os lo permita, porque el reino de paz no ha descendido aún entre los hombres. Hoy vivís un tiempo de caos, de perturbaciones, mas Yo he venido a traeros el antídoto de todo mal y os prometo en cumplimiento a mi palabra de los tiempos pasados, que la paz vendrá como aurora radiante a iluminar vuestro espíritu y que de este tiempo de dolores no quedará huella.

La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)

Sólo Yo puedo daros la verdadera paz, porque sólo en Mí existe.

¿Reconocéis ahora que verdaderamente no habéis logrado vivir como hermanos en mi ley? ¿Comprenderéis por qué os dije desde aquel tiempo que mi mandamiento supremo es: Amaos los unos a los otros?

No he venido en este tiempo a borrar de vuestro corazón aquella máxima ni a sustituirla por otra. Ella es inconmovible e inmutable, sólo os la explico para que comprendáis todo su alcance y conozcáis su contenido que es mi sabiduría.

Aun cuando en el presente os parezca imposible cimentar la paz entre la humanidad, Yo os digo que la paz se hará y aún más, que el hombre practicará la espiritualidad.

De las guerras

De las guerras

¡Cuán lejos de la armonía ha vivido el hombre, desde que inició su tránsito sobre la Tierra!, de ello dan prueba sus incesantes tropiezos, el inagotable cáliz de sufrimientos que ha padecido, su falta de paz. Mirad la guerra, el hambre, la peste y la muerte, como un tétrico cortejo que va de pueblo en pueblo sembrando el luto, la desolación y el exterminio. ¡Cuánto daño se hacen los hombres con sus guerras fratricidas!

Los días, los meses y los años pasan sin tener un poco de paz en el corazón, viviendo en constante zozobra bajo amenaza de sus propios hermanos convertidos en enemigos. ¿Es vivir esto o por lo menos, luchar por un ideal elevado? No, los hombres se matan por sus humanas ambiciones que valen mucho menos que su vida, pero no quieren conocer el precio de una vida, no quieren saber que la existencia de un hombre es sagrada y que sólo puede disponer de ella Aquél que la creó.

¿Veis a los pueblos en eternas pugnas? ¿Veis esas guerras que son la negación más rotunda del amor que os enseñé? De esas guerras movidas por ambiciones humanas y de esas divergencias de credos, ¡cuánta miseria y cuánta amargura ha caído sobre la humanidad! Mirad los campos de batalla en donde sólo se escucha el estruendo de las armas y los ayes angustiosos de los heridos. Montañas de cadáveres mutilados que ayer fueron cuerpos fuertes de hombres jóvenes. ¿Imagináis a éstos, cuando por última vez estrecharon entre sus brazos a la madre, a la esposa o al hijo? Quién no haya bebido ese cáliz, ¿podrá imaginar el dolor de esas despedidas?

Millares de padres, de esposas y de hijos angustiados han visto partir a los seres amados hacia los campos de guerra, de odios, de venganza, obligados por la codicia y el orgullo de unos cuantos hombres sin luz y sin amor para sus semejantes. Esas legiones de hombres jóvenes y fuertes, no han podido volver al hogar porque quedaron destrozados en los campos de batalla; más ahí la tierra, la madre tierra, más misericordiosa que los hombres que gobiernan a los pueblos y que creen ser dueños de la vida de sus semejantes, ha abierto su seno para recibirles y cubrirles amorosamente.

Ved las caravanas de hombres de todas edades, de mujeres y de niños, huyendo de la destrucción, buscando fatigosamente un lugar de protección y de paz. Sus pies ya están destrozados y sangrantes; su corazón ya no resiste más dolor; pero aún les queda en lo más íntimo de su ser, ¡un destello de esperanza!

¿Por qué se desatan las guerras? Porque los hombres no escuchan los dictados de la conciencia, hacen mal uso de su libre albedrío y viven empeñados en conservar sus filosofías y doctrinas, no quieren contemplar la verdad. ¿No creéis que la división de la humanidad en pueblos y razas, es algo primitivo? ¿No meditáis que si vuestro adelanto en vuestra civilización de la que tanto os enorgullecéis, fuese verdadera, no estaría aún imperando la ley de la fuerza y la maldad?

Del Oriente al Occidente se levantarán las naciones desconociéndose y del Norte hacia el Sur también se levantarán para encontrarse todas en la encrucijada, con cuyo choque se producirá una inmensa hoguera en la que arderá el odio, se extinguirá el orgullo y se consumirá la mala hierba.

¿Por qué Dios permite las guerras? ¿Qué fuerza mueve a los hombres para desconocerse y destruirse, siendo que emanaron de la fuente límpida del Padre? ¿Cuáles son esas fuerzas y por qué Dios con su infinito poder, no ha detenido? ¿Por qué permite la maldad entre la humanidad? He permitido que el dolor, la destrucción y la muerte se dejen sentir en vuestra vida, para que esos frutos tan amargos os hagan comprender la clase de árbol que cultivasteis.

«Si para Dios no hay imposibles, ¿por qué no detiene la guerra y crea un nuevo mundo lleno de paz?» Yo os digo que así como en el hombre está la guerra también está la paz.

¿Cuál será la deuda de esos hombres delante de Dios y cómo tendrán que pagarla? Eso sólo Yo lo sé, pero de cierto os digo, que ninguno escapará a la ley de restitución.

¡Ay de los que han matado, y más aún de los que han aconsejado u ordenado matar!

Tarde o temprano, el malo será castigado… ( Proverbios 11:21)

Mi justicia siempre llega y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia, perfecta e inexorable. Mientras vuestros hermanos siguen destrozando el mundo que Dios les dio para vivir; velad y orad por ellos porque no saben lo que hacen, porque de saberlo, tiempo ha que con sus lágrimas, con su sangre y aun con su vida, estarían reconstruyendo todo lo que han destruido.

Ya se ha desatado en el mundo una nueva contienda: Naciones enteras luchan con el afán de vencer a sus enemigos, otros buscan la superioridad para avasallar pueblos y tener esclavos, y otros para que su raza demuestre que es la más elevada entre todas, y no comprenden en su ceguedad el abismo que a todos espera. Mirad cómo la buena simiente ha sido arrasada por la maldad, unas naciones destruyen a las otras, las que hoy son fuertes, mañana quedarán aniquiladas.

Ahora veis sólo guerras y clamáis que es castigo de Dios, cuando os he enseñado que Dios es Padre amoroso y que no castiga, y que los acontecimientos se suceden por causa de los mismos hombres.

Desde el principio de la humanidad, han sido pocos los que han buscado la paz o los que han permanecido en ella una vez que la han alcanzado, porque el hombre sólo la busca cuando el dolor lo ha vencido.

Por eso veis cómo después de cada una de vuestras guerras inhumanas, fratricidas e injustas, se levantan millares de seres sedientos de la paz, que antes no supieron estimar, porque no se habían dado cuenta del valor que tiene ese don divino. No esperéis que se multipliquen las lamentaciones en la Tierra y aumenten los rumores de guerra para levantaros; orad y haced obras de caridad en cada día, que con esto contrarrestaréis la fuerza del mal.

En verdad os digo que allí, en medio de los ejércitos que combaten por ideales y ambiciones terrestres, he descubierto en los instantes de reposo a los hombres de paz y de buena voluntad, convertidos en soldados por la fuerza. De su corazón se escapan los suspiros cuando mi Nombre brota de sus labios y las lágrimas corren por sus mejillas con el recuerdo de los suyos: padres, esposas, hijos o hermanos. Entonces su espíritu sin más templo que el santuario de su fe, sin más altar que su amor, ni más luz que la de su espíritu, se eleva hacia Mí en demanda de perdón por las muertes que involuntariamente ha ocasionado con sus armas. Me buscan para pedirme con todas las fuerzas de su ser que les permita retornar a su hogar o que, al menos, si han de caer bajo el golpe del enemigo, que cubra con mi manto de misericordia a los que dejan en la Tierra.

A todos los que buscan en esa forma mi perdón, Yo los bendigo, porque ellos no tienen la culpa de matar, otros son los asesinos que habrán de responderme, llegada la hora de su juicio, de cuanto hayan hecho de las vidas humanas. Orad por la paz de las naciones. He hablado a los hombres a través de la conciencia, a los que gobiernan estos pueblos y he visto que su corazón es reacio, que de él no retiran su odio y su ambición. Mirad la estela de dolor que va dejando la guerra y los hombres no quieren despertar de su letargo, mas pronto surgirán en el mundo sucesos que conmuevan a la humanidad y la hagan cambiar de ruta.

Orad para que ayudéis a los representantes de las naciones que se reúnen para resolver los conflictos entre los pueblos. ¿Creéis que todos ellos tienen un concepto diferente para cada solución? No, ellos se engañan. Son los intereses materiales los que les hacen pasar sobre sus propias convicciones. Cuán fácil sería la solución de todos los conflictos, si cada quien obrase de acuerdo con la conciencia.

Contemplad a vuestros hermanos, a los que llamáis poderosos; quieren triunfar matando, quieren levantar su nuevo reino sobre escombros, ruinas y cadáveres.

Orad, humanidad, y pensad en la soberbia y la ambición que germina en los cerebros de los hombres que han llevado a la ruina, a la desolación y a la muerte a otros hombres que no tienen ninguna culpa. Pero si en vez de piedad, sentís cólera o desprecio hacia quienes causan tantos sufrimientos a la humanidad, en verdad os digo, que os despojáis de toda elevación espiritual y de toda comprensión. Cuando logréis elevar vuestros sentimientos por encima de tanta miseria humana, brotará de vosotros la más sentida y sincera petición en favor de vuestros hermanos y esa vibración de amor, esa pureza de vuestros sentimientos, serán las espadas más poderosas que destruyan las tinieblas, que las guerras y las pasiones de los hombres han venido formando.

Cuántas y espantosas guerras esperan a la humanidad, mucho más aterradoras que las que han pasado, en las que el furor de los elementos desencadenados, se confundirá con el estruendo de las armas; el mundo será pequeño para contener en su seno tanta destrucción. Todo ello traerá como consecuencia que los hombres, habiendo llegado al máximo de su dolor y desesperación, se dirijan suplicantes al Dios verdadero, al que no quisieron llegar por el camino del amor, para pedirle su divina paz. Entonces Yo, Cristo, el Verbo, resucitaré en los corazones, porque ese tiempo será el tercer día, en el cual cumpliré mi promesa de salvación al reconstruir el templo como os lo prometí.

Sólo la espiritualidad salvará de su caos a esta humanidad, no esperéis otra solución, ¡oh pueblos y naciones de la Tierra! ¡Podréis hacer tratados de paz, pero mientras esa paz no tenga por base la luz de la conciencia, seréis necios, porque estaréis edificando sobre arena!

Profecías en el LVV

Profecías en el LVV

No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. (1 Tesalonicenses 5: 20-21)

Se aproxima a toda la humanidad una prueba muy grande, tanto que en toda la historia de sus siglos y edades no ha tenido semejanza, es un tiempo de gran tribulación, en el que no valdrá a los hombres todo su poder, su oro, ni su sabiduría para contener el peso de la divina justicia. Surgirán acontecimientos que a los orgullosos y engrandecidos les parecerán absurdos e ilógicos.

Se acerca esa hora, en que veréis que los pueblos se conmueven ante acontecimientos extraños y sorprendentes.

Grande será la trasformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

Una conmoción de orden espiritual será entre la humanidad como está profetizado y entonces los hombres despertarán para volver a Mí. Los caminos están siendo preparados, pruebas y acontecimientos extraordinarios sacudirán al mundo y serán voces de justicia que llamen a los hombres a la regeneración.

Todo esto habrá de surgir en los hombres cuando el hambre y la sed les hayan llevado hasta los límites de su resistencia, cuando abatida su soberbia se confiesen arrepentidos delante de su Señor, cuando desciendan de sus tronos y de sus sítiales, donde me han ignorado. y desde donde me han juzgado y negado; para que arrepentidos de sus errores, vuelvan sus ojos hacia Mí y me hablen como hijos a un Padre que les ha estado esperando por siglos para colmarlos de su amor.

La humanidad se encuentra dividida espiritualmente en religiones, sectas, doctrinas e ideologías y Yo demostraré el poder de mi palabra uniéndolas. Antes que esto sea, el mundo se depurará y los espíritus se estremecerán como los bosques al soplo del huracán.

Todo a su tiempo se cumplirá, porque todo lo que se ha profetizado ha tenido siempre una profunda razón de ser, aunque los hombres han dudado cuando aquel anuncio les ha sido revelado mucho tiempo antes de su cumplimiento.

Buscad en aquellas escrituras y encontraréis la historia anticipada de todo lo que ahora estáis viviendo en el mundo.

Aun hay acontecimientos que están aún por venir y que no fueron anunciados en aquellos tiempos, porque esas profecías, las tiene reservadas el Señor para darlas a conocer en este tiempo.

Humanidad, ¿queréis que sea el dolor quien os siga enseñando a lo largo de vuestra vida? Yo quiero que sea el amor del Maestro el que os muestre el camino y la finalidad de la vida; pero vosotros preferís que sea el dolor el que os enseñe. Ya pasaréis de ese amargo maestro a recibir las lecciones del que os enseña con dulzura.

Yo os anuncio que veréis presentarse sobre este mundo las más grandes calamidades, que serán la consecuencia del egoísmo y la ambición humanas, de la falta de amor y de caridad, del materialismo y de las bajas pasiones. Verá este mundo la presencia de grandes terremotos. Las aguas saldrán de su cauce y partes del mar se convertirán en tierra y otras tierras serán invadidas por las aguas. Los hombres saldrán de sus comarcas y aun de sus países en busca de salvación.

En verdad, tres cuartas partes de la Tierra serán tocadas, a ellas el dolor les lavará.

Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas. (Isaías 8:22)

Pronto principiará un tiempo de grandes acontecimientos para el mundo. La Tierra se estremecerá, y el sol hará caer sobre este mundo, rayos candentes que quemarán su superficie.

El dolor será tan grande entre la humanidad, que el pan no será suficiente para alimentar a los hombres, y la tierra, hoy fecunda, por un tiempo se volverá estéril.

Se desatarán las epidemias y gran parte de la humanidad perecerá. Serán enfermedades extrañas y raras, ante las cuales la ciencia será impotente.

Veréis las guerras más terribles y habrá pugna entre diferentes religiones y doctrinas; veréis el hambre, la peste y la muerte arrasar naciones y ciudades, marcando todo ello el final de una Era.

Todo el dolor causado por los hombres, se reunirá en un solo cáliz que será bebido por los que lo originaron; y los que nunca se conmovieron ante el dolor, ahora se estremecerán en su espíritu y en su materia.

El poder material quedará aniquilado, la ciencia confundida, la soberbia humillada y las pasiones retenidas.

Los hombres de ciencia enfermarán, de otros callará su lengua, muchos cegarán y a otros se les trastornará su cerebro. Los sabios dudarán de su sabiduría, los hombres de ciencia al creer encontrar la meta, hallarán un arcano insondable. Los elementos se volverán en contra de los malos científicos. Los hombres de ciencia serán tocados por Mí. Muchas enfermedades extrañas aparecerán y no sabrán curarlas; serán impotentes para calmar el dolor.

Cuando todo esto sea y el hombre de ciencia con todo su poder, se sienta impotente y pequeño para contener las fuerzas desatadas, que siembran justicia por doquiera, retrocederá horrorizado de su obra, y al fin exclamará: «¡Señor, eres Tú, es tu presencia, es tu voz, es tu justicia la que está manifestándose!”

Hoy os parecen muy lejanas todas estas profecías, sin embargo su cumplimiento está próximo.

Muchas calamidades sufrirá el mundo; pero esos sufrimientos serán para bien de la humanidad, tanto en lo material como en lo espiritual; serán como un «hasta aquí» a la carrera desenfrenada de maldades, egoísmos y lujuria de los hombres. Así vendrá un equilibrio, porque las fuerzas del mal no podrán prevalecer sobre las fuerzas del bien. La purificación tiene apariencia de castigo sin serlo, porque viene siempre a tocar lo más sensible, lo más delicado y querido; pero en realidad es medio de salvación para el espíritu alejado o perdido del camino. Quien juzga materialmente, no puede encontrar nada útil en el dolor; quien juzga que lleva consigo un espíritu que vive eternamente, extrae, del mismo dolor, luz, experiencia, temple y regeneración.

El tiempo pasa y llegará un instante en que esas grandes pruebas comiencen a aparecer y huya del mundo hasta el último resto de paz, que no retornará hasta que la humanidad haya encontrado el camino de mi Ley, escuchando esa voz interior que le dirá a cada momento: ¡Dios existe! ¡Dios está en vosotros! ¡Reconocedlo, sentidlo, reconciliaos con Él!

Buenas y agradables profecías

Porque un momento será su ira (justicia) pero su favor dura toda la vida. Por la noche durará el lloro Y a la mañana vendrá la alegría (Salmos 30:5)

Yo os digo que aunque es cierto que a este mundo le esperan pruebas muy grandes, los días de dolor le serán acortados, porque será tan grande su amargura, que ello hará que los hombres despierten, vuelvan sus ojos hacia Mí y escuchen la voz de la conciencia que les pedirá el cumplimiento de mi ley.

La madre tierra, que desde los primeros tiempos ha sido profanada por sus hijos, volverá a ataviarse con sus galas más hermosas y los hombres no la volverán a llamar valle de lágrimas, ni la convertirán en campo de sangre y de muerte.

Veréis de nuevo el cielo limpio y los campos fecundos, las aguas en su corriente volverán a ser puras y el mar será clemente; habrá frutos en los árboles y flores en los prados y las cosechas serán abundantes. Y el hombre, que habrá sido purificado y sano, volverá a sentirse digno y verá preparado su camino para su ascensión y retorno a Mí.

La misma Naturaleza que a veces os parece hostil, la veréis amable en sus distintas estaciones. Los montes y valles, ostentarán exuberancia y belleza. Los árboles se cargarán de buenos frutos y la salud, el bienestar y la paz, envolverán la vida humana.

Entonces los hombres al transitar en el sendero de la virtud y la espiritualidad, se asombrarán al comprender que esta vida es la misma que les ofrecí desde el principio, que nada en ella a cambiado, sabrán que el planeta que les confié como morada pasajera, sigue siendo pródigo en bendiciones, que la madre Tierra misericordiosa como el Autor de la Vida, les sigue ofreciendo su seno para alimentarlos con su amor, porque esa es la misión que el Padre le ha confiado. El sol será el mismo, que enviará siempre su calor vivificante, como un símbolo de la presencia del Señor. Y después de ese gran caos, volverán las naciones a recobrar la calma y los elementos naturales se aquietarán. Después de esa noche de tempestad en que vive este mundo, aparecerá el iris de la paz y todo volverá a sus leyes, a su orden y armonía.

En lo material también palparéis la transformación, los ríos serán abundantes, las tierras estériles serán fértiles, los elementos volverán a su cauce, porque habrá armonía entre el hombre y las Leyes dictadas por el Autor de la Vida.

La ciencia no se detendrá en su camino, y el científico penetrará con respeto en mi Doctrina para estudiarla y se maravillará con mis revelaciones, e inspirado por ellas hará obras benéficas que llevarán el adelanto y el progreso, de la Humanidad.

Es en ese tiempo de espiritualidad, que ahora os anuncio, los hombres pondrán su fuerza mental al servicio del espíritu, y la misma ciencia se inclinará ante su luz.

Haré que las banderas de las naciones, destrozadas por el combate, se unan todas hasta formar un estandarte de paz. Os hablo de esta manera, porque soy el Dios de la paz, el Padre que quiere la alegría en el corazón de sus hijos.

La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron (Salmos 85:10)

Haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

Ahora os parece inalcanzable tanta paz y tanto bienestar material y espiritual, porque miráis toda la confusión que reina en torno a vosotros, confusión que irá creciendo más y más en todos los órdenes de la vida humana. Mas luego que esta noche tempestuosa deje asomar la luz de la nueva aurora, la misma Tierra sentirá que sus nuevos moradores vienen a sembrar la vida verdadera con obras nobles, que vienen a restaurar y reconstruir, y que los destructores, los profanos y los impíos ya se ausentaron para encontrar su purificación. ¡Bendito sea ese instante, en que los hombres, al fin abran los ojos del espíritu a la luz de la verdad, porque su pasado será perdonado y un nuevo sol brillará en su vida, transformándola, regenerándola y ennobleciéndola!

Yo os prometo que borraré las fronteras y acercaré los unos a los otros. Las coronas y los cetros caerán, el poderío desaparecerá y la riqueza también, porque ya es tiempo que dejen de existir esas diferencias. Llegará el día en que todos poseeréis por igual la Tierra. Iréis de un polo al otro, sin que nadie os lo impida. Desaparecerá la hipocresía, la mala voluntad y la vanidad, para dar lugar al amor y a la concordia. Y ese lamento que se eleva hasta Mí, por la viudez, la orfandad, la escasez de pan, la ausencia de paz y de alegría, se cambiará por un himno de amor y de reconocimiento que brotará de todos mis hijos.

De las obras malas de la humanidad nada quedará, mas sobre los escombros de vuestro pasado, Yo haré surgir un mundo nuevo como un gran reino en donde la humanidad sea una extensa familia que viva en paz, que ame, que sienta y piense en mi ley de amor. Sobre las ruinas de un mundo creado y destruido por una humanidad materialista, se levantará un nuevo mundo, cuyos cimientos serán la experiencia y tendrá por finalidad el ideal de su elevación espiritual.

Entonces volverá la moral al seno del hogar, habrá verdad en vuestras instituciones y espiritualidad en vuestras costumbres.

Pensad en el adelanto de una humanidad cuya moral proceda de la espiritualidad; imaginad una humanidad sin límites ni fronteras, compartiendo fraternalmente todos los medios de vida que la Tierra ofrece a sus hijos.

Este mundo será como un pequeño santuario en medio del universo, desde el cual los hombres eleven su espíritu al infinito, en una comunicación llena de humildad y amor con su Padre Celestial.

Los hombres, sin apartarse de sus deberes, de sus misiones en el mundo, pondrán al servicio de mi causa divina su ciencia, su fortaleza, su talento y su corazón. Buscarán los goces sanos, los que sean saludables para su espíritu y su materia. Lucharán por su regeneración y por su libertad, no se contaminarán, no tomarán lo que no les sea necesario. Será entonces cuando desaparezca de la Tierra la maldad, la frivolidad; entonces el espíritu habrá alcanzado el dominio absoluto sobre su envoltura, y habitando todavía en una materia hará una vida espiritual de amor, de fraternidad y de paz.

Entonces podréis ver las primeras luces del Gran Día anunciado por profetas y enviados tiempo ha; podréis sentir cómo desciendo en Espíritu a hablaros de la vida eterna que a todos os espera, porque todos estáis destinados a ella.

Porque he aquí que Yo crearé nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. (Isaías 65:17)

Esa sí será vida para los hombres, porque dentro de ella respirarán paz, gozarán de libertad y se sustentarán solamente con aquello que encierre verdad.

¡Entonces comprenderéis, porque la he llamado vida!

Concebid una humanidad que consagre su ciencia y su talento, al servicio de ella misma, que sin fanatismo ni idolatría, rinda culto agradable a Dios; que aun los placeres sean saludables y sus goces sanos al cuerpo y al espíritu y tendréis un mundo nuevo, moral, científico y espiritualmente elevado. Se respetará la vida del semejante y no se dispondrá de la propia, porque comprenderán aquellos hombres que no son dueños de sí mismos y que el único dueño de todo soy Yo.

La conciencia será escuchada y obedecida, los llamados del espíritu serán entendidos, los anhelos y derechos espirituales serán tenidos en cuenta y respetados y en todas partes brillará el anhelo de conocer a Dios, de sentirlo, de acercarse a Él y de mirar su verdad.

¿Os parece una fantasía mi palabra? Es que no os podéis dar cuenta de que estáis en el final de una etapa material y en el principio de una era espiritual.

Nuevas generaciones poblarán la Tierra y recogerán los frutos de la experiencia y de la evolución tanto espiritual como material, que sus antepasados hayan dejado, porque de todo el pasado seleccionarán los buenos frutos.

Desde ese día, el hombre abominará la guerra, arrojará de su corazón el odio y el rencor, perseguirá al pecado y comenzará una vida de restauración y de reconstrucción. Muchos se sentirán inspirados por una luz que antes no contemplaron y se levantarán a crear un mundo de paz.

Cuando todas estas profecías se cumplan y los hombres busquen en las Escrituras algún indicio de ellas, se sorprenderán al encontrar a cada paso el indicio claro de todo cuanto vuestros ojos han contemplado en este tiempo y en los que están por venir. Entonces la humanidad dirá: En verdad ésta es la Tercera Era, la nueva manifestación del Señor.

Profecía a siete naciones

Profecía recibida el 1o. De enero de 1945

He aquí mi presencia entre vosotros, ¡oh siete naciones! ¡Siete cabezas que os habéis levantado en el mundo delante de Mí!

INGLATERRA: Yo os ilumino. Mi justicia grandemente os tocará todavía, mas os doy la fuerza, toco vuestro corazón y os digo: Vuestras ambiciones caerán, vuestros poderíos os serán quitados y a nadie le serán dados.

ALEMANIA: Toco en este instante vuestra soberbia y os digo: Preparaos, porque vuestra semilla no perecerá. Nuevas tierras me habéis pedido y los hombres se han interpuesto en mis altos juicios. Yo toco vuestra cerviz y os digo: Tomad mi fuerza y confiad en Mí que Yo os salvaré; mas si en Mí no confiareis y os entregaseis a vuestra soberbia, caeréis y seréis esclava del mundo; mas esa no es mi voluntad, porque es el tiempo en que vengo derribando a los señores y libertando a los esclavos y cautivos. Tomad mi luz y levantaos.

RUSIA: Mi Espíritu todo lo contempla. No será vuestro el mundo. Yo seré quien, reine sobre todos vosotros. No lograréis borrar mi nombre, porque Cristo que os habla, reinará sobre todos los hombres. Desmaterializaos y preparaos para una nueva vida, porque si así no fuere, Yo quebrantaré vuestro orgullo. Os entrego mi luz.

ITALIA: No sois ya el Señor de los tiempos pasados; hoy el escarnio, la esclavitud y la guerra os han destruido. Una gran purificación estáis atravesando por vuestra degeneración. Mas os digo: Regeneraos, apartad vuestro fanatismo e idolatría y reconocedme como el Señor de los señores. Yo derramaré nuevas inspiraciones y luz entre vosotros. Tomad mi bálsamo y perdonaos los unos a los otros.

FRANCIA: Me hacéis presente vuestro dolor. Vuestro lamento llega hasta la altura de mi solio. Yo os recibo. Ayer os levantasteis como señor, ahora sólo me presentáis las cadenas que arrastráis. No habéis velado ni orado; os habéis entregado a los placeres de la materia, y el dragón ha hecho presa de vosotros. Mas Yo os salvaré, porque el clamor de vuestras mujeres y el llanto de los niños llega a Mí. Queréis salvaros, y Yo os doy mi mano, pero en verdad os digo: Velad, orad y perdonad.

ESTADOS UNIDOS: En este instante también os recibo. Contemplo vuestro corazón, no de piedra, sino de metal, de oro. Vuestro cerebro de metal lo encuentro endurecido. No encuentro amor en vosotros, no descubro espiritualidad sólo veo grandeza, ambiciones y codicia.

Seguid, mas os pregunto: ¿Cuándo mi simiente va a enraizar profundamente en vosotros? ¿Cuándo derrumbaréis vuestro becerro de oro y vuestra torre de Babel, para edificar el verdadero templo del Señor? Yo os toco la conciencia, desde el primero al último y os perdono. Os ilumino para que en la hora suprema, cuando la prueba llegue a la culminación, no se ofusque vuestra mente, sino que penséis con claridad y recordéis que Yo soy antes que vos.

Os doy luz, fuerza y potestad. No os intercaléis en mis altos juicios, porque si desobedecieseis mis mandatos o traspasaseis el límite que señalo, el dolor, la destrucción, el fuego, la peste y la muerte serán con vos.

JAPON: Os recibo y os hablo. He penetrado en vuestro santuario y todo lo he contemplado. No queréis ser postrero, siempre habéis querido ser primero y en verdad os digo: Esa simiente no es grata delante de Mí. Es menester que apuréis el cáliz de amargura, para que se purifique vuestro corazón. Es necesario que vuestra lengua se mezcle con las otras lenguas; es menester que el mundo se acerque a vosotros. Cuando el mundo se encuentre preparado y limpio, os llevará simiente que Yo le he de entregar, porque a nadie contemplo preparado.

No contemplo en vosotros la simiente espiritual de mi Divinidad. Mas Yo prepararé el camino. Pronto habrá caos de ideas en el mundo, confusión de ciencias y teorías, y después de ese caos llegará la luz a vosotros.

Yo a todas os preparo y perdono y hago que penetréis en el camino certero. Cuando el momento sea marcado y llegue la paz a las naciones, no seáis reacios, no os intercaléis en mis altos juicios, ni os opongáis a mi voluntad. Si las naciones firmaron, vos no las traicionéis, porque entonces Yo descargará mi justicia sobre vosotros.

¡Siete naciones! ¡Siete cabezas! Os ha recibido el Padre. Ante vosotras, bajo vuestro dominio, se encuentra el mundo. Vosotros me responderéis de él. Sea la luz del libro de los siete sellos en cada una de las naciones, para que los hombres se preparen conforme es mi voluntad.

¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

¿Es la muerte de mi cuerpo, el final de mi vida?

En verdad os digo que la muerte no existe, porque Dios, como el Padre Creador es la vida y sus obras no pueden morir.

Muchos hombres, escépticos, sonríen irónicamente cuando se les habla de espiritualidad y del Más Allá; mas llegará la hora de la muerte, aquélla en la que no hay corazón que no tema, ni espíritu que no tiemble ante la presencia inminente de la eternidad. La muerte como la concebís vosotros no existe o sea el dejar de existir, no puede ser la muerte del cuerpo, muerte o fin para el espíritu.

Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven. (Lucas 20:38)

Cuando la humanidad comprenda que el desprendimiento del espíritu al dejar el cuerpo en este mundo, es el paso de transición, indispensable para seguir evolucionando, será entonces cuando deje de temer a lo que llama desconocido.

Ahí donde creéis contemplar la muerte, está la vida; donde miráis el fin, está el principio. Donde creéis que todo es misterio e insondable arcano, está la luz, donde creéis que está la nada, está el todo y donde percibís el silencio, está el concierto divino.

Al espíritu le hace falta un verdadero conocimiento espiritual, para continuar, después de la muerte de su cuerpo su viaje hacia el Más Allá; por eso, vengo a dar al espíritu enseñanzas que parecen fantasías al hombre, lecciones profundas e insondables aún para la imaginación más despierta.

¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde oh, sepulcro tu victoria? (1 Corintios 15:55)

El cuerpo cuando muere, es como la flor cuando se corta que luego se marchita, mas su perfume es como el espíritu que se desprende e inunda de esencia el ambiente.

Ya pronto sabrá el hombre a qué viene el que nace para este mundo, cuál es el sentido, la misión y finalidad de esta vida y sabrá explicarse lo que ha llamado «muerte». Esta humanidad dejará las teorías y los cultos externos para vivir la verdad, y entonces consagrará su existencia al bien, y cuando llegue la hora de dejar este mundo, no llamarán muerte al hecho de cerrar para siempre los ojos del cuerpo, sabiendo que ése es el instante en que el espíritu puede entrar a una vida superior por sus méritos.

Sólo a la materia le corresponde desintegrarse y transformarse en la tierra, después de que haya cumplido su misión junto al espíritu, al que le sirviera como instrumento; pero el espíritu que estuvo en aquel cuerpo, la luz de su esencia divina, la voluntad, los sentimientos, no pueden morir, porque forma parte del espíritu inmortal que animó la vida de aquel ser humano. Ver (Job 19:25-27)

Meditando en todo esto, ¿no pensáis en vuestra partida? ¿No os dais cuenta de que cada día que pasa, es una oportunidad para que vuestro espíritu alcance una morada de mayor elevación? Oíd y entended, porque ahí, donde muchos miran la muerte, está la vida; donde creen que está la tiniebla, está la luz; donde ven la nada, está el todo y donde ven el fin, está la eternidad. Cuántos hombres en su inconciencia, se semejan a los niños que, entregados a sus juegos infantiles, no les preocupa el futuro.

Solamente cuando la muerte del cuerpo les sorprende, es cuando piensan no tan solo en el futuro, sino en el pasado y es cuando su mente se llena de temor, porque inexorablemente tendrá que penetrar en el Más Allá. El temor a lo desconocido, turba su imaginación.

Recordad que no es en el tribunal creado por la imaginación humana donde me veréis en aquella hora de juicio; será en mundos desconocidos donde penetren los espíritus para encontrar una luz más pura y brillante. Los que no buscaron mi verdad llegarán a lugares de expiación en donde restituirán a su espíritu su pureza para después seguir adelante y llegar a Mí, porque ninguno se perderá.

¿A qué teméis después de haber dejado vuestro cuerpo en este mundo, al infierno, al castigo o a mi juicio? ¿Por ventura mi juicio no proviene del amor que os tengo?

¡Cuán decisiva será en ese instante la luz de la conciencia!, porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia. Ahí será donde esa luz que puse en vuestro espíritu, desde el principio para que iluminara el camino del espíritu, brillará intensamente.

Ahí se abrirán vuestros ojos espirituales a la verdad y en un instante sabréis interpretar lo que en toda una vida, no lograsteis comprender; ahí sabréis lo que significa ser hijos de Dios y hermanos de vuestros semejantes; ahí comprenderéis el valor de todo lo que hayáis poseído, experimentaréis el pesar y el arrepentimiento por los errores cometidos, por el tiempo perdido, y nacerán de vosotros los más bellos propósitos de enmienda y de reparación.

No debilitéis en la fe, tened siempre presente que el fin de esta jornada llegará; no olvidéis que en Mí habéis tenido vuestro principio y que el fin lo tendréis también en Mí, y ese fin es la eternidad porque no existe la muerte del espíritu.

Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio. (Eclesiastés 12:7)

En los hombres del mañana habrá tanta espiritualidad y comprensión de la evolución que debe alcanzar su espíritu, que cuando penetren en la agonía y se hallen a un paso de la muerte, consideren ellos y quienes les acompañen en aquel momento como el más hermoso de toda su existencia, aquel que debe ser como la culminación de una vida fecunda y provechosa y puedan decir como su Maestro en la cruz: «Todo está consumado».

Mejor es la buena fama que el buen ungüento; y mejor el día de la muerte que el día del nacimiento. Mejor es ir a la casa de luto que a la casa del banquete; porque aquello es el fin de todos los hombres, y el que vive lo pondrá en su corazón. (Eclesiastés 7:1-2)

¿Quién por incrédulo que sea, no se ha preguntado si existirá en él, algo que sobrevivirá a la materia? En verdad os digo que no hay quien medite un momento en lo insondable. Sobre el misterio de la vida en el Más Allá que parece estar lejos; unos preguntan, otros se confunden y niegan, unos hablan creyendo saberlo todo, y los demás callan y esperan.

Más allá de este mundo, existe un valle espiritual al cual todos penetraréis en espíritu, si cumplís con vuestra misión de amor. ¿Quién no tiene ahí un ser querido? ¿Quién no quisiera volver a contemplar, a quien recuerde como padre, madre, hermano, hijo, esposo, esposa, o amigo?

Yo siempre soy justo en mis determinaciones. ¿Por qué a veces queréis intercalaros en mis altos designios?

Aquellos seres con los cuales tuvisteis vínculos en la Tierra, y que ahora son vuestros hermanos espirituales, están cerca de vosotros.

¿Por qué seguir lamentando que los seres que amasteis en el mundo hayan partido al Más Allá? ¿Por qué les recordáis en su forma humana, si ellos ahora sólo son esencia espiritual? (1ª de Samuel 28:15)

Esos seres que ya dejaron su cuerpo en este mundo, y a quienes todavía llamáis los vuestros, están en la morada que les corresponde según sus obras o méritos que hayan hecho en su vida. Lo que el espíritu cultive, eso será lo que recoja; esa es Mi ley y Mi justicia divina.

Yo os digo, que en la hora suprema de la muerte de vuestro cuerpo, será mi voz quien le diga a vuestro espíritu la verdad de su elevación.

Juzgaos a vosotros mismos: ¿Adónde iréis después de la muerte de vuestro cuerpo?

No digáis que hay solamente un Cielo y una Tierra, y que éstos son lugares determinados, existen millares de mundos; no olvidéis lo que dije a través de Jesucristo: “hay muchas moradas en la casa de mi Padre”.

Aprended a dejar ese cuerpo en el seno de la tierra, cuando la hora llegue, si queréis seguir viviendo para los que amáis y si deseáis que os sientan.

Partid de este mundo sin lágrimas, sin dejar dolor en el corazón de los vuestros. Desprendeos cuando el instante sea llegado, dejando en la faz de vuestro cuerpo una sonrisa de paz que hable de la liberación de vuestro espíritu.

Vivid preparados espiritualmente, velad y orad. Acumulad méritos, y no tendréis confusiones ni turbaciones, porque al dejar la materia, vuestro espíritu batirá sus alas y sabrá volar, como las aves cuando abandonan el nido para emprender su primer vuelo.

El descanso espiritual según lo entiende y lo concibe vuestra materia, no existe; el descanso que espera el espíritu es la actividad, el multiplicarse haciendo el bien, el no desperdiciar un instante. Entonces descansa el espíritu, se aligera de remordimientos y de penas, se recrea haciendo el bien, salda su deuda y descansa amando a su Padre Creador en sus hermanos.

En verdad os digo que el espíritu nunca sentirá fatiga trabajando en mis tierras, por lo tanto el reposo del sepulcro no será para él, aún después de la muerte de su materia, porque en espíritu seguirá trabajando por su elevación y perfeccionamiento.

El descanso no es para el espíritu, porque, sería su peor castigo ya que el mejor premio para el espíritu, es la actividad, la práctica de mis enseñanzas divinas, la lucha por el bien; porque en ello glorifica a su Dios, que nunca descansa. La fatiga no existe en el espíritu que está en plena evolución, tampoco la noche, el hambre ni la sed. El descanso es para el cuerpo, porque éste es frágil.

Aquí en la Tierra sí debe sentirse preso vuestro espíritu, ya que en ella todo es limitado y pasajero. Aquí sí debe cansarse de tanto pecado y tanta impureza como existe en la vida humana. Mas no es un cansancio como el que agobia al cuerpo, sino un hastío de todo lo malo, una repulsión por todo lo impuro, una fatiga de luchar y sufrir muchas veces por frivolidades o causas injustificadas.

El hombre quiere salvarse desconociendo su naturaleza espiritual y eso no puede ser. Mientras vive y se siente fuerte, procura olvidarse de toda idea que le hable de la vida en el Más Allá; no pierde esa intuición, pero se desentiende de ella y sólo cuando siente en sí la agonía, es cuando quisiera en un instante reponer el tiempo perdido; pero entonces ya será tarde porque no todo lo logra el arrepentimiento. Es Ley de justicia divina recoger lo que se ha sembrado, aunque el arrepentimiento le ayudará a que su espíritu no quede turbado ni confundido.

¡Cuánto mal se han hecho los que creen que en el instante de morir su cuerpo, pueden alcanzar la gloria espiritual! Triste equivocación, porque los errores sólo pueden repararse con obras de amor.

Esos espíritus no saben mirar en esta vida más allá de lo que en su imaginación se han forjado. Yo os digo que son pocos los que en esa hora lloran por los males que han causado y que su preocupación es más bien el temor al castigo, a la sentencia o a la condena según ellos la imaginan.

No porque en el último instante de vuestra vida material tengáis junto a vuestro lecho a un confesor que os auxilie espiritualmente, creáis que estáis a salvo. Ni por vuestro arrepentimiento en esa hora, creáis que alcanzaréis la purificación, creyendo haber llegado al final de vuestra evolución. Aprended a amar, a perdonar y bendecir en vuestra vida material; labrad con vuestras obras de amor y caridad hacia vuestros hermanos, la purificación de vuestro espíritu.

¿De qué le sirve a muchos creer en una vida después de ésta, si no emplean su existencia en hacer méritos para la eternidad? Toda su fe se concreta en saber que después de la muerte, su espíritu irá a un y espera el último instante para reponer todo el tiempo perdido y borrar todas sus manchas solamente con un acto de contrición.

Hay quienes piensan: ¿Y si el hombre siempre fuese sano, como moriría? A lo cual os respondo, que no es necesario que vuestro cuerpo esté enfermo para que deje de vivir; basta que el corazón se detenga cuando la hora marcada por Mí haya sonado, para que ese cuerpo deje de latir.

Yo sólo os digo: el sol no sale ni se oculta un instante antes o después del marcado por el Creador. Todo se rige por una ley infalible. Por lo tanto, vosotros no moraréis en la Tierra un segundo más de los marcados en vuestro destino. He aquí por qué mi palabra está sonando para vosotros como el reloj de la eternidad que os aconseja que aprovechéis el tiempo.

Tened piedad de vosotros. Ninguno sabe cuándo llegará el momento en que su espíritu abandone su cuerpo. Nadie sabe si al día siguiente sus ojos se abrirán a la luz. Todos sois del único dueño de todo lo creado y no sabéis cuando seréis recogidos.

No tratéis de rechazar a la muerte cuando por mi voluntad se acerque a vosotros, no busquéis al hombre de ciencia para que os haga el milagro según lo entendéis, de prolongar vuestra existencia en la Tierra, ya que vuestra hora esta marcada por Mí y nada ni nadie podrá intervenir en mis altos designios.

Os digo esto, porque os contemplo indiferentes a mi enseñanza, en cambio, cuando sentís que la muerte se acerca, lloráis porque queréis cumplir y recuperar el tiempo perdido.

Cuántos espíritus, que vagan a vuestro alrededor, quisieran hacerse oír de los hombres, para decirles: «No perdáis vuestro tiempo como yo lo perdí”.

Cuando os veáis separados de los seres que fueron carne de vuestra carne y que partieron al Más Allá, no les olvidéis, comunicaos con ellos por medio de vuestra oración espiritual y ayudadles a trabajar para la elevación de su espíritu.

No lloréis por esos seres, no les faltéis al respeto intentando materializar su voz y su presencia; dejadles comunicarse con vosotros espiritualmente, recibid en vuestro corazón su mensaje y su sano consejo y luego dejadles ir en paz, sólo debéis sentir su presencia espiritual en vuestro corazón.

Tampoco queremos hermanos que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. (1 Tesalonicenses 4:13)

La muerte del cuerpo no os aleja de los seres que os han sido confiados ni os aparta de la responsabilidad espiritual que tenéis sobre de los que fueron vuestros padres, hermanos o hijos. Comprended que la muerte no existe para el amor, para el deber, para los sentimientos; en una palabra, para el espíritu.

No sintáis la necesidad de que ellos se manifiesten en alguna forma material en vuestra vida, porque negaríais la limpidez de la espiritualidad, por lo tanto, todo instante podrá ser propicio para aproximaros a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual, recordad que ellos al igual que vosotros tenéis vida eterna.

No mostréis impaciencia por volver a encontraros con vuestros seres queridos que ya habitan en el Más Allá. Esa impaciencia proviene de la ignorancia depositada en la mente y en el corazón humano que quisiera percibir la forma de esos seres, su faz y su actitud.

Esperad con verdadera virtud espiritual que llegue el momento feliz de ese encuentro y después seguiréis caminando unidos por la misma senda que ha de llevaros a todos a mi Reino. Cuando queráis comunicaros con los seres que habitan en el Más Allá, no fijéis día, hora, ni lugar para evocarlos, hacedlo por el amor que os une a ellos a través de vuestra oración y elevación espiritual y pensad que ellos pertenecen y habitan mas allá de vosotros; y no se encuentran bajo la acción del tiempo.

Sabed acompañar con vuestra oración espiritual al que se desprende de su cuerpo y se despide momentáneamente de vosotros; conducidlo con vuestra oración, hasta los umbrales del Más Allá.

A los seres que les concedo espiritualmente acercarse a vosotros en el instante de vuestra elevación y oración, no los recordéis ya bajo la forma humana que tuvieron.

¿Debemos guardar luto por quienes han muerto?

Dije en aquel tiempo: «Dejad que los muertos entierren a sus muertos». Si analizáis con cuidado y con amor mis palabras, veréis cuánta razón tuve al decíroslo. También os dije que el hombre es idólatra por inclinación y por este culto a sus muertos da una prueba palpable, de su idolatría.

He visto que aún celebráis el día de los muertos, y, ¿por qué? ¿Es acaso la forma en que celebráis la victoria sobre la muerte? No, humanidad; no os equivoquéis, mirad que con ello estáis celebrando el culto a la materia y el amor al mundo.

¿Por qué recordáis más en ese día a los seres que han pasado al Más Allá, si para el espíritu no existen días ni fechas? Vosotros no sois muertos ni tampoco lo están los que en esta vida fueron vuestros padres, hijos, hermanos, parientes o amigos.

También debo deciros que si en lugar de dedicarles según vuestras tradiciones un día a los que pasaron al Más Allá, estuvieseis siempre unidos a ellos por el lazo de la oración, su ser invisible, pero real en vuestra vida y su benéfica influencia, sería sentida por vosotros a lo largo de vuestra existencia, en vuestras luchas, en vuestras pruebas y también en vuestros momentos amables. Y aquellos seres, por su parte, tendrían oportunidad de trabajar en vuestras obras y empresas nobles, con lo cual adquirirían más luz.

Ah, si en vez de llorar la partida de vuestros seres queridos, escuchaseis en el fondo de vuestro corazón su voz espiritual; en vez de luto, que es tiniebla, habría alegría espiritual.

¡Cuántos quisierais tener entre vosotros a los que creéis que han desaparecido para siempre, sin comprender que ellos desean que vosotros estéis con ellos en el Más Allá! Lo que llamáis muerte, separa en apariencia a los que se van de los que se quedan en este mundo, pero un lazo eterno de fe y amor, los une: el de la fraternidad espiritual.

¿Creéis que sea necesario que os diga, que nada tenéis que hacer en los cementerios y que las lágrimas que sobre las tumbas derraméis, son las lágrimas de la ignorancia, de la materialidad y del fanatismo? No toméis mis palabras como un reproche, porque no lo es: Mi deber de Padre es corregiros, ¡recordad que os dije soy Dios de vivos no de muertos!

Bienaventurados los que dan el adiós al cuerpo que depositan en la tierra y no lo vuelven a visitar para contarle sus cuitas, porque ya dejó de latir y no escucha.

¿Verdad que vivís confundidos cuando lloráis ante un cuerpo inerte, mientras olvidáis que un espíritu vive, vibra y palpita?

Si supieseis con qué compasión os ven desde el Más Allá, aquellos seres que ya no están con vosotros cuando os ven actuar y llorar así. ¡Piedad es lo que sienten ante vuestra ignorancia, porque si les pudieseis contemplar, aunque fuese por un solo instante, os quedaríais mudos y asombrados frente a la verdad!

Los altares son crespones negros y las tumbas son una prueba de ignorancia y de idolatría. Yo perdono todas vuestras faltas, mas en verdad debo despertaros. Mi enseñanza será comprendida y llegará el tiempo en que los hombres cambien las ofrendas materiales por pensamientos de amor espiritualmente elevados.

El espíritu del que lloráis, vive y os obstináis en darle por muerto en aquel cuerpo que se desintegró bajo la tierra. Les dais por perdidos, mientras que ellos, llenos de amor os están esperando para daros testimonio de la verdad y de la vida. Les creéis lejanos o insensibles y sordos ante vuestras luchas y penalidades y no sabéis cuántos pedruscos van apartando de vuestro paso y de cuántos riesgos os van librando.

Allí habitan los espíritus de los que fueron vuestros padres, hijos, hermanos, esposos o amigos, los que en espíritu son simplemente hermanos vuestros, pero su amor por vosotros es el mismo o aún mayor, así como su potestad para ayudaros y protegeros.

Orad por ellos, no vayáis a dejar de amarles y recordadles espiritualmente, porque vuestro recuerdo y vuestras oraciones son un dulce consuelo en su lucha. Nunca los imaginéis turbados o habitando entre tinieblas, porque sería tanto como si vosotros os sintieseis capacitados para dictaminar un juicio y una sentencia sobre ellos; y si aquí en la Tierra los humanos suelen ser tan imperfectos e injustos para juzgar las causas de sus semejantes, ¿qué será tratándose de juicios sobre algún espíritu?

La fuerza del pensamiento

La fuerza del pensamiento

Cuando de vuestra mente brota una idea o un pensamiento de luz, así llega a su destino para cumplir su misión bienhechora. Si en vez de pensamientos de bondad, brotan de vuestra mente emanaciones impuras, sólo causarán perjuicios a donde las enviéis. Yo os digo que también los pensamientos son obras y como tales, quedan escritas en el libro que existe en vuestra conciencia.

Nunca penséis mal de los que no os quieran, ni os exasperéis con aquellos que no os comprendan, ya que hasta el sentimiento más íntimo que tengáis hacia vuestros semejantes, se lo transmitiréis con el pensamiento.

Si vuestras obras son buenas o malas, recibiréis multiplicado lo que deseasteis para vuestros hermanos. Mas os valdrá haceros un mal a vosotros mismos, que desearlo a uno de vuestros semejantes.

Por eso os dije en el Segundo Tiempo: Lo que se siembra se cosecha. He aquí por qué os digo que no conocéis la fuerza del pensamiento. El pensamiento es voz y es oído, es arma y es escudo. Lo mismo crea que destruye.

Conoced vuestras armas antes de que la lucha comience; el que sepa prepararse será fuerte e invencible. No será necesario que esgrimáis las armas homicidas. Vuestra espada será el pensamiento limpio y puro, y vuestro escudo la fe y la caridad. Aún en el silencio resonará vuestra voz como mensaje de paz.

Combatid con la fuerza del pensamiento la discordia, la desunión y la guerra que ha invadido al mundo.

Os digo que oréis, porque aquel que no ora, se entrega a pensamientos superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento como si fuera espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las fuerzas del mal.

Por todo lo que os digo, comprended cuánto podréis hacer con el espíritu y con la mente en medio del caos que ha envuelto a esta humanidad. Estáis en un mundo de pensamientos e ideas encontradas, donde las pasiones palpitan por el materialismo y los espíritus navegan entre tinieblas.

¿Qué es la Conciencia?

¿Qué es la Conciencia?

El ser humano está formado de espíritu, conciencia y materia, y es la conciencia mi propia voz, por eso es menester que el hombre sepa que me lleva en sí, que en su espíritu y en la luz de su conciencia tiene la presencia pura de lo divino.

Debéis comprender que no existe ni ha existido un ser humano en quien no haya estado un espíritu animándole, ni ha existido jamás un espíritu que careciese de conciencia.

Es la conciencia la expresión más pura y elevada del espíritu. Es la conciencia, que le hace ser entre todas las criaturas que le rodean, la primera, la más grande y la más noble. Ella es la que eleva al espíritu a una vida superior por sobre la materia y sus pasiones.

Libertad para actuar, o sea, el libre albedrío, y la luz de la conciencia para distinguir el bien del mal, son dos de los mayores dones con que mi amor de Padre heredó a vuestro espíritu. ¿Cómo se puede saber lo que es bueno y lo que es malo? Yo soy la justicia divina y como tal me manifiesto en cada uno de vosotros por medio de la conciencia. Por ella podéis saber si el camino en el que transitáis es lícito o lo habéis equivocado.

Que diferente será la conducta de los que habiendo rechazado de su corazón toda buena simiente, han consagrado su ser a una vida egoísta, a una vida materialista y perversa, cuando han llegado a mirar hacia su interior, cuando han tenido un instante de comunicación con la conciencia, se han contemplado en aquel espejo que nunca se empaña, que nunca miente y se han horrorizado del monstruo que en sí llevan y al cual no pueden reconocer como obra de ellos mismos.

Si por un instante escuchasen la voz de la conciencia y de la razón, ella los derribaría de su pedestal, mas al perverso no le agrada conocerse tal cual es, y cuando por un instante contempla al hombre miserable que lleva dentro, prefiere dirigir su pensamiento a otro punto, no le agrada contemplar y valorizar sus errores. La conciencia nunca se equivoca, porque es mi propia voz, es luz de mi Espíritu Divino, ella es como un espejo en el cual se contempla vuestro espíritu.

El mundo es valle de expiación en el que así como se peca, también se purifica; de cierto os digo que el Más Allá es diferente a lo que en la Tierra conocéis, porque el que llega a él envuelto en pecado e impurezas tiene que sufrir dolores infinitamente más grandes que aquellos que sufrió como humano; porque ya en espíritu, la conciencia se hace oír con más claridad por el espíritu, el cual al encontrarse ante tanta pureza quisiera desaparecer o por lo menos volver al mundo material que dejó, donde según él, no se notaban sus múltiples imperfecciones.

¡Cuán decisiva será en ese instante la voz de vuestra conciencia!, porque nadie podrá callar la voz de ese juez que vive unido indisolublemente a vuestro espíritu. Analizaréis todos los actos de vuestra vida y ninguno se sentirá juzgado con exceso de rigor o sobra de benevolencia.

Y aquel instante puede ser el de la suprema felicidad para el espíritu, o también de mucho dolor, al comprobar sus faltas y ver sus manchas, que le harán desear una nueva materia, como una oportunidad para empezar el camino.

¡Cuán dichoso se sentirá vuestro espíritu en el Más Allá si su conciencia le dice que en la Tierra sembró la semilla del amor! Todo el pasado se hará presente delante de vuestros ojos y cada miraje de lo que fueron vuestras obras, os dará un gozo infinito.

Cuando comprendáis que en la conciencia está vuestro verdadero valor, viviréis en armonía con todo lo creado por vuestro Padre. Entonces, la conciencia embellecerá la pobre vida humana, pero antes será necesario que el hombre se aleje de todas las insanas pasiones, para seguir el sendero de la justicia y la sabiduría.

Al hombre le falta saber mirarse en su interior, examinar sus actos y sus pensamientos. ¿Nada os reclama esa voz interior? ¿Sentís verdadera paz, o vivís engañados con un falso razonamiento? ¡Ah, hombres de la Tierra, hasta cuándo escucharéis el mensaje de esa voz interior de la conciencia que a cada paso se levanta para reprochar vuestros actos indignos!

Cuando el espíritu sienta que está frente a la conciencia, que le reclama sus errores, ése ser se siente sin fuerzas para escucharse a sí mismo, quisiera no haber existido nunca, porque ante sí, en un instante, pasa delante de su mente toda su vida, y de la cual ha llegado por fin a rendir cuentas.

Bendeciré a Jehová que me aconseja; aun en las noches me enseña mi conciencia. (Samos 16:7)

De los símbolos, ritos y más…

De los símbolos, tradiciones, rutina, idolatría y más…

En el Primer Tiempo conocisteis los símbolos: El tabernáculo o santuario que guardaba el arca donde estaban guardadas las tablas de la ley. Cuando aquellos símbolos hubieron cumplido su misión, mi voluntad los borró de la tierra, los ocultó de la vista de los hombres para que el mundo no cayera en idolatría, pero el sentido o esencia de aquellas lecciones la dejé escrita en la conciencia de mis siervos. En el Segundo Tiempo, después de consumado el sacrificio de Cristo, hice desaparecer el símbolo más grande del cristianismo: la cruz, junto con la corona, el cáliz y todo cuanto podía haber sido objeto de fanática adoración por parte de la humanidad.

Bien está que al iniciaros en cada una de las tres revelaciones que a la humanidad he entregado, se os hayan sido permitidos algunos símbolos y algunos actos para facilitar vuestra comprensión y asimilación de las divinas enseñanzas, mas no para que las conservaseis perpetuamente y mucho menos para que les adoraseis. Esa ha sido siempre la causa de vuestro estancamiento espiritual y la razón por la cual he venido en todos los tiempos a rescataros del camino incierto para conduciros al verdadero sendero de la luz.

Los símbolos religiosos deberán desaparecer, por que es menester que el hombre no me limite, para que su obra sea digna del Padre. Los símbolos son imágenes caídas que ya no deben existir en el culto de la humanidad en su edad de luz.

No profanéis más lo divino, porque en verdad os digo, que es mucha la ingratitud con que os mostráis ante Dios, cuando hacéis esas prácticas externas que habéis heredado de vuestros primeros hermanos y en las que os habéis fanatizado.

El símbolo de la cruz

El mundo cristiano adoptó como símbolo la cruz, porque en aquel madero Jesús derramó su sangre y expiró en cuanto hombre, consumando en ella su obra de redención. Desde entonces, la cruz quedó como símbolo de amor y de perdón divinos. Ella ha sido estandarte de luchas de ideas entre la humanidad; y ahora que ha pasado una Era desde aquel sacrificio, me presento nuevamente en el mundo, ya no como hombre sino en Espíritu y en verdad os digo, que ya no es necesaria para Mí esa cruz.

Ya no la cargaré sobre mis hombros, ya no veréis al Rabí ensangrentado y coronado de espinas, con su cuerpo flagelado, mojando con su sangre los pedruscos del camino. Ya no contemplaréis sus ojos abatidos por el sufrimiento, inspirando piedad a unos y terror a otros. No le veréis llegar a la cima del monte, para ser clavado en su cruz entre los malhechores.

La cruz, que era afrenta y vergüenza para el que en ella moría, quedó convertida en el símbolo del sacrificio por amor. Esto no lo imaginaron siquiera quienes me persiguieron y escogieron para Mí la muerte mas ignominiosa, para dejar satisfecha su crueldad, porque las turbas necesitaban acusar y condenar al que nada había hecho contra ellas, a quien fue para todos bondad, consuelo y perdón. El hombre estaba en un abismo desde el cual no concebía el bien, el amor que Yo vine a mostrarle con mi sacrificio.

En el Segundo Tiempo la humanidad me dio una cruz de madera a cuyo martirio los hombres me sentenciaron, pero sobre mi Espíritu llevé otra más pesada y más cruenta: la de vuestras imperfecciones y la de vuestra ingratitud.

En este tiempo no he venido como hombre, y no será sobre Mí la cruz, ahora soy Yo quien coloca sobre vuestro corazón, una cruz de amor para que sigáis mis pasos. Esa cruz pertenece a los grandes por el espíritu, a los que llegan a sentirse saturados por el fuego del verdadero amor.

El madero horizontal es el pecado del mundo, que se interpone al madero vertical. Este asciende y señala las alturas, mas el pecado es siempre la barrera para elevarse a lo divino.

¿De qué sirve que el símbolo del cristianismo, o sea la cruz, se encuentre por millones en la Tierra, si los hombres no son de buena voluntad, ni se aman los unos a los otros? Yo no os juzgaría si de la Tierra hicieseis desaparecer hasta la última cruz con que simbolizáis vuestra fe cristiana, y en cambio, sustituyeseis ese símbolo con el amor verdadero de los unos hacia los otros; porque entonces vuestra fe y vuestro culto exterior pasarían a ser culto y fe del espíritu, que es lo que Yo espero de vosotros.

¡Si al menos vuestros cultos y vuestros símbolos tuviesen la fuerza para impedir vuestras guerras, para no dejaros caer en el vicio, para manteneros en paz! Pero, mirad como estáis pasando por sobre todo lo que decís que es sagrado; mirad cómo estáis pisoteando lo que habéis tenido como divino.

¡Más os valiera, vuelvo a deciros, no tener un solo templo, ni un altar, ni un símbolo o imagen en toda la Tierra!, pero que supieseis orar con el espíritu, que supieseis amar a vuestro Padre, y creer en Él sin necesidad de representantes, y que os amaseis como os he enseñado en mi Doctrina. Entonces estaríais a salvo, estaríais caminando en la senda trazada con mis huellas de sangre, huellas con las que vine a sellar la verdad de mis enseñanzas.

El mundo me desconoció como Jesús, me enclavó en el madero y más tarde convirtió la cruz en objeto de idolatría y ante él se postró para implorar perdón. Hoy os encontráis alimentando el materialismo, el odio y la mala voluntad. La humanidad se encuentra hoy viviendo en la tercera altura de la perversidad.

No hagáis el símbolo de la cruz materialmente, puesto que me encuentro crucificado en vosotros mismos.

En vez de recordarme en los tormentos y en la agonía de Jesús, ¿por qué no os acordáis de mi resurrección, plena de luz y gloria?

Los hombres no han comprendido la grandeza de aquella lección, y por doquiera levantan la imagen del crucificado, que representa una vergüenza para esta humanidad, la cual sin amor ni respeto hacia Aquél a quien dice amar, le sigue crucificando e hiriendo diariamente al herir el corazón de sus hermanos, por quienes dio el Maestro su vida.

A Jesús el Cristo, lo vio sufrir la humanidad y si su enseñanza y testimonio es creído por vosotros, ¿para qué seguirlo crucificando en vuestras esculturas? ¿No os bastan los siglos que lleváis de exhibirlo como la víctima de vuestra maldad?

De las conmemoraciones y tradiciones

Sabed, mis nuevos discípulos, que vuestro homenaje y vuestro tributo al Señor deben de ser constantes, sin esperar fechas o días determinados para ofrecerlos, como constante es el amor de vuestro Padre para vosotros; mas si queréis saber cómo debéis recordar cada día mis obras de amor, sin caer en fanatismo, Yo os lo diré: vuestra vida debe ser un continuo homenaje a quien lo ha creado todo, amándoos los unos a los otros.

Recordad en vuestras conmemoraciones, que Yo, el Divino Maestro, por amor hacia vosotros, dejé el Reino Espiritual, haciéndome hombre para habitar con vosotros, que dejé mi Reino para mostrarme en vuestro mundo como un ser al servicio del necesitado; que estando en Cristo, el Padre de todo lo creado, llegué entre vosotros, para ser el más humilde y para consagraros toda mi vida.

No perseveró la humanidad en mi enseñanza y prefirió tomar mi nombre para crear religiones según su interpretación y conveniencia. Yo abolí tradiciones y le enseñé la Doctrina del amor, y hoy venís a Mí, para presentarme ritos vanos y ceremonias que en nada benefician al espíritu. Si no existe espiritualidad en vuestras obras, no puede haber verdad y lo que no tiene verdad no llega a vuestro Padre.

Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición. (Marcos 7:9)

Dejad de ser los conservadores de tradiciones y ritos fanáticos. Practicad mi palabra con pureza, porque os he dicho que ella será el eslabón espiritual que unificará a los pueblos y a las razas, porque mi palabra de amor es Ley universal.

Buscadme con el espíritu, sin deteneros en rutinarias tradiciones, ni ritos simbólicos. Buscadme en vuestro corazón y en él me hallaréis, porque el corazón ama, sufre y siente.

Significado del pan y el vino

En el Segundo Tiempo, doce discípulos estuvieron Conmigo en la última cena; ahora invito a toda la humanidad a tomar el pan del espíritu, cuya explicación os doy ahora. Cuando Jesús celebró con sus discípulos aquella pascua, según la tradición de aquel pueblo, les dijo: Algo nuevo vengo a revelaros, tomad de este vino y comed este pan, que representan mi sangre y mi cuerpo, y haced vosotros esto en memoria mía. A medida que los siglos pasaron, los pueblos divididos en religiones, dieron diferente interpretación a mi palabra.

Hoy vengo a deciros cuál fue mi sentir en aquella hora, en aquella cena, donde cada palabra y cada acto de Jesús, fue lección de un libro de profunda sabiduría y de infinito amor. Si tomé el pan y el vino, fue para haceros comprender que ellos son semejantes al amor, que es el sustento y la vida del espíritu, y si os dije: «Haced esto en memoria mía», quise decir que amaseis a vuestros hermanos con un amor semejante al de Jesús, entregándoos como verdadero sustento a la humanidad.

Jesús no sólo os entregó su palabra; sus enseñanzas y obras no fueron tan solo parábola o sentido figurado. Si a sus discípulos, por encontrarse doctrinados, les representó con pan y con vino su cuerpo y su sangre, al siguiente día delante de un pueblo, entregó su cuerpo y derramó toda su sangre, para dar a comer el pan de vida eterna, el del amor perfecto, a toda la humanidad.

Hoy no vengo a representar mi cuerpo y mi sangre con el pan y el vino, ni vengo como hombre a derramar mi sangre y a entregaros mi cuerpo en una cruz; éste es otro tiempo. Ahora vengo en Espíritu, y es a vuestro espíritu al que hablo de su misión espiritual, porque ya está capacitado para comprender las enseñanzas pasadas y también las nuevas revelaciones. Estoy preparando mi Templo en vuestro corazón. Como hombre tuve forma, como Dios no la tengo; he aquí que no hay más cuerpo en Mí que mi verdad, ni más vino que el de mi amor.

¡Si supieseis guardar en vuestro corazón todas mis palabras, cuán ricos seríais de los tesoros del espíritu, cuán fuertes e iluminados; pero es frágil vuestra memoria y vuestro corazón! Dejad que mi palabra y su esencia, que son el símbolo de mi cuerpo y de mi sangre, y que son la imagen del pan y del vino que ofrecí a mis discípulos en la última cena, penetren en vuestro espíritu.

En este Tercer Tiempo, ya no habéis menester de símbolos, porque mi cuerpo y mi sangre que son amor, os los estoy ofreciendo espiritualmente en mi enseñanza. Ahora quiero que vuestro corazón sea pan y vino para vuestro hermano, amándolo, iluminándolo, resucitándolo a la verdad y al amor.

En ningún tiempo he venido como ministro, nunca he celebrado ritos ante vosotros. Yo sólo he sido el Maestro que os ha dado sus lecciones en sentido figurado. Todo rito que de estas enseñanzas hagáis será estéril, si en vuestra vida no lleváis a la práctica mis enseñanzas y ejemplos; he ahí lo difícil para vosotros, mas en ello es donde existe el mérito. Quiero que toméis de mi palabra su esencia que es el alimento de todo espíritu. En ella encontraréis el pan de la vida, el vino de la alegría espiritual, el fruto del verdadero amor.

Vengo borrando formas, ritos y tradiciones, para que os concretéis al cumplimiento de la Ley y no hagáis lo que en los tiempos pasados que os entregasteis con todo vuestro entusiasmo a las tradiciones y festines, haciendo a un lado la Ley.

Ahí se ha mostrado débil el hombre, incapaz de vencer con voluntad los prejuicios que lo agobian. Ahí se ha visto que es esclavo de torcidas interpretaciones.

El hombre es esclavo de la voluntad de otros, víctima de anatemas, de condenas y amenazas. Mas, ¿qué se ha logrado con ello? Que abandone todos sus anhelos por comprender y alcanzar el más elevado conocimiento que el hombre debe poseer, impedirse a sí mismo el poder llegar a esclarecer lo que absurdamente ha considerado siempre un misterio: La vida espiritual.

Cuando los escribas y los fariseos observaron los actos de Jesús y los encontraron que diferían de los suyos, dijeron que la Doctrina que predicaba, iba en contra de la Ley de Moisés. Es que ellos estaban confundiendo la Ley con las tradiciones, mas Yo les probé que no había venido a transgredir la Ley que el Padre había revelado a Moisés, sino a darle cumplimiento con palabras y obras.

Es menester que lleguéis a comprender que hay seres en los que las creencias, las tradiciones y las costumbres han echado raíces tan hondas, que no os será fácil arrancarlas en el primer momento en que les doctrinéis. Tened paciencia y en el transcurso de los años lo lograréis.

De las supersticiones

Ahora he venido a despojaros del fanatismo y supersticiones, a recordaros el culto espiritual hacia vuestro Padre. Es necesario que hagáis un minucioso examen de vuestras prácticas para que vayáis destruyendo todo vestigio de idolatría, de fanatismo religioso, de supersticiones y creencias impropias de esta obra.

Quiero que el conocimiento de todo lo fundamental dentro de mi Obra sea poseído por todos, que el fanatismo y la idolatría desaparezcan; que no existan las supersticiones entre vosotros; que lleguéis a ofrecerme el culto más sencillo, exento de ritos y de inútiles ceremonias, para practicar solamente mi verdad.

De los ritos

Conoced la Ley, amad el bien, practicad el amor y la caridad, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse hacia su morada y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto deberéis hacer y de lo que debéis ser para llegar a Mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, buscadme a través de Él, venid a Mí por su divina huella. Mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o formas la práctica de sus enseñanzas, porque os eternizaréis en vuestras diferencias, en vuestra enemistad y en vuestro fanatismo.

Si amáis, no necesitaréis cultos materiales ni ritos, porque llevaréis la luz que ilumina vuestro templo interior, ante el cual se romperán las olas de todas las tormentas que os pudiesen azotar y se destruirán las tinieblas de la humanidad.

De tiempo en tiempo la humanidad fue evolucionando en sus creencias y en el conocimiento de lo espiritual, perfeccionando su culto iluminado por inspiraciones divinas. Sin embargo, todavía en este tiempo muchos de mis hijos solo me sienten a través de formas, ritos, imágenes y símbolos. Es que el espíritu distraído aún con las tradiciones, se conforma con lo poco que alcanza con su escasa elevación, pero ha llegado para él la hora de la inquietud ante los misterios, experimentando necesidades y atravesando pruebas como nunca las había encontrado en su camino; entonces despertará y se levantará a preguntar, a escudriñar como ya lo hizo cuando quiso conocer el por qué de la vida en la Tierra.

De las ofrendas

En los tiempos pasados recibí de vuestro espíritu todas las ofrendas que me presentó, aun cuando en ellas hubiese mucho de ignorancia y de imperfección. Ahora sólo lo que sea puro, sincero, verdadero, podrá llegar a Mí.

¿Miráis cuan bellas son esas flores de vuestros huertos, que a veces me ofrecéis? De cierto os digo que ni esa ofrenda debo recibir en este tiempo, porque esas flores no son obra vuestra, sino mía y lo que a Mí debéis ofrecer, son las flores espirituales de vuestro corazón, es decir, vuestras buenas obras, vuestras oraciones limpias, vuestras virtudes. No os engañéis más, ya no tratéis de suplir con lo exterior lo que debe ser profundamente espiritual. No temáis, derribar el cerco, no temáis enfrentaros a la verdad. La gloria es sólo de los valerosos y fervientes.

Cuando destruyáis todo fanatismo y toda idolatría en vuestro corazón y aprendáis a orar de espíritu a Espíritu, habréis llegado ante el verdadero altar del Señor, aquel que no es de este mundo. En ese altar podréis depositar vuestra ofrenda, que será la de vuestras buenas obras, y que ante Mí será más hermosa que las flores de vuestros jardines, porque las buenas obras de vuestro espíritu nunca se marchitarán.

Cuando os hablo de cultos y de ofrendas, con la claridad con que manifiesto mi palabra, ¿sentís dolor porque os aparto de vuestras pasadas creencias? Es que en mi palabra existe un bálsamo y una luz que no deja que en ningún entendimiento surja alguna confusión ni se lastime ningún corazón. No me sentiré ofendido si no me ofrecéis altares ni flores o si no me encendéis lámparas, porque lo que he buscado todo tiempo en el corazón del hombre, es el altar espiritual.

Las flores son las ofrendas de los huertos y de los valles, cuya fragancia y perfume, llega hasta Mí como un tributo de amor. No usurpéis entonces a los valles y a los huertos sus ofrendas. No encendáis más lámparas que la de la fe en mi Divinidad, porque de nada os servirá encender lamparillas de aceite si está en tinieblas vuestro corazón.

Os he dicho: concentraos en el fondo de vuestro corazón para que contempléis, no con los ojos de la materia sino con los del espíritu, lo infinito e insondable. Entonces, ante tanta gracia recibida de mi caridad no pretenderéis demostrar vuestra gratitud con ofrendas materiales.

De los cánticos

Os he traído el culto sencillo, aquel que no tiene ritos ni ceremonias y que sin embargo se eleva más allá del humo del incienso, más allá del eco de los cánticos: el culto del amor, de la caridad y de la fraternidad.

¿De qué os sirven cánticos, oraciones y ritos, si en vuestro interior sólo ocultaseis bajas pasiones? Tengo sed de vuestro amor, no del incienso. Menos lágrimas y más luz, es lo que deseo que haya en vuestra existencia.

Vengo a vosotros, ya que no sabéis llegar hasta Mí, y os enseño que la oración más agradable que llega al Padre, es aquélla que en silencio se eleva de vuestro espíritu. No son los cánticos ni las palabras las que halagan a mi Divinidad.

Ved en cuántas confusiones ha caído esta humanidad, pero ha llegado la luz de un nuevo día y con ella nada podrá ocultarse ni empañarse.

Entre la humanidad existen muchos incrédulos que no se satisfacen con la esencia de mi palabra los que no sintiendo una fe verdadera en mi manifestación espiritual, me buscan en el materialismo, en los cánticos y rezos materiales, en los ritos y en las ceremonias, porque aún sus espíritus no se han fortalecido en la verdad y por esta causa se alejan de Mí.

A vosotros os digo: no quiero que el mañana por vuestra falta de preparación os vayáis a sentir como huérfanos y vayáis a imitar a las multitudes que se reúnen en sus templos de cantera y se conforman con ceremonias y cánticos materiales.

Del fanatismo

Muchos han vivido en la ignorancia, alimentando el fanatismo religioso y por ello poco han adelanto en la evolución de su espíritu.

El fanatismo domina la vida de los hombres, fanatismo religioso, fanatismo por sus razas, fanatismo por la gloria y el poder del mundo y fanatismo por sí mismos. Es menester que destruyáis vuestra ignorancia, de la cual proviene el fanatismo religioso, la idolatría y la superstición.

Ved cómo la mala simiente se ha multiplicado entre vosotros, hasta casi ocultar la verdadera semilla. La mentira, la superstición, la hipocresía, el lucro, las malas influencias, el fanatismo y todas las impurezas, han sido la mala hierba que ha cundido entre la humanidad a la cual quisiera ver libre de toda lacra.

Analizad mi palabra, a fin de que podáis espiritualizaros, porque si no penetráis al fondo de esta Doctrina, podréis caer en un nuevo fanatismo. Comprended, discípulos, que en la espiritualidad no tiene cabida el fanatismo, ni el prejuicio, la idolatría o la superstición. Espiritualismo quiere decir elevación; espiritualidad significa libertad del espíritu, porque quien la alcanza, se ha desmaterializado, se ha emancipado de las pasiones de la carne, ha pasado por el sacrificio y por la renunciación bien entendida.

De la rutina

Mientras las religiones permanezcan sumergidas en su sueño y no rompan su rutina, no habrá despertar en el espíritu, ni conocimiento de los ideales espirituales; y por lo tanto, no podrá haber paz entre los hombres, ni aparecerá la caridad; no podrá brillar la luz que resuelve los graves conflictos humanos.

El hombre se ha estancado moral y espiritualmente, ha forjado un culto hacia Mí y una forma de vivir que cree son las mejores, y ha caído en una rutina que hastía y fatiga su espíritu, fanatizándolo en ritos y ceremonias materiales. En cambio ved el nivel de evolución en que se encuentran los reinos que forman la Naturaleza material, ved su orden, su armonía y su perfección.

¿Por qué os olvidáis que he venido lleno de amor a perdonar vuestras faltas y a daros oportunidad de empezar una nueva vida? ¿Por qué caéis en rutina, si os estoy preparando para que transitéis por el camino de evolución, en donde estáis descubriendo nuevos y vastos horizontes y alicientes sin fin para el espíritu?

No debiera sorprenderos este tiempo envueltos en rutina y menos ocupados en lo superfluo.

No os hundáis en la rutina, comprended cuando ha llegado el tiempo de dar un paso más en el sendero. No os adelantéis a darlo, mas tampoco os retardéis en hacerlo. La forma de no estacionaros, es la de apegaros a mi palabra, apartándoos de todo acto exterior con el que quisierais sustituir al verdadero cumplimiento de mi enseñanza.

De la penitencia

Sólo la regeneración y el ideal de perfeccionamiento os podrán hacer volver al camino de la verdad. Quiénes sintiéndose intérpretes de la Ley de Dios os digan que a vuestra perversidad y rebeldía le esperan sufrimientos infernales y que sólo demostrando vuestro arrepentimiento, mortificando e hiriendo vuestras carnes y presentando a Dios ofrendas materiales, Él os perdonará y os llevará a su Reino, en verdad os digo que están en confusión. La única penitencia que os pido, es que dominéis el egoísmo, para que sirváis con pureza y buena voluntad a vuestros semejantes.

Haced comprender a vuestros hermanos que no necesitan mortificar o lacerar su cuerpo para conmover a mi Espíritu, para despertar mi piedad o mi caridad. Quienes se procuran sufrimientos y penitencias corporales, es porque no tienen la menor noción de cuáles son las ofrendas más agradables para Mí; ni tienen idea de mi amor ni de la misericordia de vuestro Padre.

¿Creéis que sea necesario para Mí, ver en vuestros ojos las lágrimas y en vuestro corazón el dolor, para apiadarme de vosotros? Eso sería atribuirme dureza, insensibilidad, indiferencia, egoísmo, y, ¿concebís estos defectos en el Dios que amáis? Ya no es el tiempo de penitencias, ni de ceremonias o ritos para poderos comunicar conmigo, para poder creer que me estáis glorificando y agradando.

De la idolatría

Y habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso,… (Éxodo 20:1-5)

El materialismo ha envuelto a la humanidad. De muchos corazones se ha borrado mi Nombre, los hombres se olvidan de orar, que es la forma espiritual de conversar con Dios. Mi Doctrina y mis ejemplos a través de Jesús se han olvidado y quienes tratan de perseverar en mis lecciones y de cumplir con mi Ley, lo hacen por medio de cultos idólatras, buscándome a través de formas e imágenes hechas por la mano del hombre. ¿Es así como debe cumplirse mi Ley?

No deseo el sacrificio de vuestras vidas, ni que me ofrezcáis las flores o los frutos de vuestros huertos, porque ellos son mi obra y ningún mérito hacéis con dármelos. No es mi voluntad que hagáis imágenes con vuestras propias manos y después las adoréis, ni que edifiquéis otra torre de Babel, llenos de vanidad y de soberbia. Lo que anhelo que me ofrezcáis, es un santuario que llegue hasta Mí, formado con vuestras obras de amor, oraciones y palabras nacidas de vuestro corazón y entregadas en mi Nombre a los espíritus hambrientos de verdad: Este es el culto que os pido.

¿No decís que soy Omnipotente, que estoy en todas partes, que doquiera os escucho? Es por eso que siempre os he dicho que doquiera que estéis me tenéis con vosotros. Entonces, ¿por qué si soy omnipotente me buscáis en objetos hechos por vuestras manos? ¿Por qué tenéis que penetrar en determinados recintos para decir: aquí está el Señor, porque ésta es su casa, cuando sabéis que soy universal? ¿Por qué os dejáis deslumbrar con festines y ornamentos si sabéis que en el esplendor de la Naturaleza y en el santuario interior de vuestro espíritu habito y me manifiesto Yo?

Os estoy doctrinando para que os apartéis del materialismo y dejéis de ser los fanáticos e idólatras; para que no adoréis ni rindáis culto a objetos materiales hechos por las manos humanas. No quiero que existan en vuestro corazón raíces de idolatría, de fanatismo, de cultos falsos; no me presentéis ofrendas que no llegan a Mí, sólo os pido vuestra regeneración y vuestro cumplimiento en la espiritualidad.

Recordad al profeta Elías que dio testimonio del Dios verdadero en el Primer Tiempo. El pueblo de Israel cayó en idolatría y adoraba a un dios pagano. Elías, para convencerle de su error y de su impiedad, dijo a los sacerdotes del ídolo en presencia del pueblo congregado en un monte: «Haced vosotros un holocausto con leña y colocad sobre él a la víctima. Yo formaré igualmente otro holocausto. Invocad los nombres de vuestros dioses y Yo invocaré el nombre de mi Señor y el Dios que enviare fuego para consumir a la víctima, ese será reconocido como el Dios verdadero».

El ídolo permaneció sordo a las súplicas de sus sacerdotes; Elías les decía: «Gritad más alto para que vuestro dios os oiga, para que despierte, pues tal vez está durmiendo». Cuando los idólatras consideraron inútiles sus esfuerzos, el profeta se entregó a la oración rogando a su Señor que se mostrase como el Dios viviente y verdadero. Acababa Elías de pronunciar su oración, cuando descendió un rayo del cielo y consumió a la víctima del holocausto.

Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! (1ª de Reyes 18: 38-39)

El pueblo reconoció la impostura de los sacerdotes de Baal y al mismo tiempo reconoció que Jehová, el Dios de Elías, era el único y verdadero.

Los ídolos de ellos son plata y oro, Obra de manos de hombres. Tienen boca, mas no hablan; tienen ojos, mas no ven; orejas tienen, mas no oyen; tienen narices, mas no huelen; manos tienen, mas no palpan; tienen pies, mas no andan; no hablan con su garganta. Semejantes a ellos son los que los hacen, y cualquiera que confía en ellos. (Salmos 115:4-8)

La insensatez de la idolatría

Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres. Todos ellos se juntarán, se presentarán, se asombrarán, y serán avergonzados a una.

El herrero toma la tenaza, trabaja en las ascuas, le da forma con los martillos, y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre, y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, lo señala con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de hombre hermoso, para tenerlo en casa. Corta cedros, y toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta pino, que se críe con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, y toma de ellos para calentarse; enciende también el horno, y cuece panes; hace además un dios, y lo adora; fabrica un ídolo, y se arrodilla delante de él. Parte del leño quema en el fuego; con parte de él come carne, prepara un asado, y se sacia; después se calienta, y dice: ¡Oh! me he calentado, he visto el fuego; y hace del sobrante un dios, un ídolo suyo; se postra delante de él, lo adora, y le ruega diciendo: Líbrame, porque mi dios eres tú. No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol? De ceniza se alimenta; su corazón engañado le desvía, para que no libre su alma, ni diga: ¿No es pura mentira lo que tengo en mi mano derecha? (Isaías 44:9-20)

En verdad os digo que el mundo ignora muchas lecciones espirituales de mi Doctrina, porque en lugar de buscar la interpretación de mis enseñanzas para luego practicarlas, se ha conformado con ritos y tradiciones. Por eso es que las grandes pruebas han surgido entre la humanidad y aparecen conflictos a los que los hombres no encuentran solución.

El amor de Dios por la humanidad

El amor de Dios para la humanidad

Guardad silencio ante el altar del Universo, para que vuestro espíritu pueda conversar con vuestro Padre Dios y Creador, en el más hermoso de los lenguajes: el del amor.

¿Creéis acaso que contemplando al mundo y a sus moradores en la altura de perversidad en que se encuentran y necesitándome como me necesitan, los abandonase? Pensad en esto, porque os he sorprendido hablando y pensando así.

Si soy vuestro Padre, comprended que necesariamente tengo que sentir lo que los hijos sientan, sólo así comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre y siente su propio dolor, el Espíritu Divino sufre con el dolor de todas sus criaturas.

Cuando estáis tristes, tiernamente recojo vuestras lágrimas, cuando os tortura una pena, me acerco para aliviarla. Tengo la misión de salvar a la humanidad y de redimir hasta el último de los hombres; no os extrañe, que de vez en cuando venga a llamar a vuestras puertas para solicitar que me deis albergue.

Es necesario que comprendáis que he venido a romper las cadenas que os han convertido en esclavos del dolor, a liberaros de sufrimientos que vosotros mismos os habéis forjado y que habéis hecho más duraderos porque repetís vuestros errores e imperfecciones. Pero si vosotros sois necios en el mal, Yo soy constante en mi amor por salvaros; y si fueseis a los antros del fango o del más profundo abismo de vuestras pasiones, ahí llegaré a buscar a los perdidos para llevarlos al Reino de la Luz. Mas necesitáis ser humildes y justos para que mi simiente florezca en vosotros. Algunos me dicen en su corazón: Señor, ¿cómo puedes descender así hasta nuestro corazón? ¡Ah, hijos míos! ¿No habéis visto alguna vez a una madre descender al sórdido suburbio donde algún hijo suyo gime y la implora, perdido en el cieno o en la miseria?

Sólo esas madres pueden deciros cómo sintieron que los latidos del corazón del hijo extraviado les llamaba, implorando su presencia y su ternura, confiando en que alcanzarían su perdón. Y Yo que soy Aquél en quien se resumen todos los amores, en quien está el amor de todos los padres y de todas las madres. ¿Podría permanecer insensible al llamado de vuestro espíritu? ¿Dejaría de acudir al sitio, sea el que fuere, en uno de mis hijos se encontrara perdido y me llamara? ¡Cuán poco es lo que sabéis de Mí, a pesar de que os he manifestado mi amor en tantas y tan infinitas formas!

¿A qué se debe tanta paciencia y tanto amor divino? Y os contesto: muchos habéis sido padres en la Tierra y todos habéis sido hijos, ¿qué padre ha deseado el dolor para el hijo, aun cuando de él haya recibido la mayor ofensa, la más cruel ingratitud? En el corazón de aquel padre se ha abierto una profunda herida, el dolor lo ha embargado y a veces hasta el enojo ha turbado su mente, pero ha bastado una palabra de arrepentimiento de aquel hijo o un acto de humildad, para que lo estreche contra su corazón. Si eso hacéis los humanos, ¿por qué os extraña que os ame y os perdone con perfección?

Os amo, y si un paso os alejáis de Mí, ese mismo doy Yo para acercarme a vosotros. Si me cerráis las puertas de vuestro templo, llamaré a ellas hasta que abráis para penetrar en él.

Ni uno solo de vuestros sollozos deja de escucharse en el Cielo, ninguna oración deja de hallar eco en Mí, ninguna de vuestras aflicciones o trances difíciles pasan desapercibidos para mi amor de Padre. Todo lo sé, lo escucho, lo veo y en todo estoy.

Dadme las tinieblas de vuestros sufrimientos, Yo las convertiré en claridad de paz; dadme vuestros sollozos y lágrimas. Entregadme vuestras penas, dadme vuestras tristezas y no os acordéis más de ellas.

¿Os parece extraño que os procure con tanto afán? Es que no tenéis verdadero conocimiento de lo que es mi amor por vosotros, o de lo que significáis para Mí, porque os habéis formado un concepto muy pobre respecto de vuestro Padre.

Entre Dios y sus criaturas, existen lazos que nunca podrán romperse, pero si los hombres se sienten distanciados de su Padre celestial, es por su falta de espiritualidad o por su falta de fe.

Ved cuánto amor hay en vuestro Dios, que siendo toda omnipotencia, no se detiene para limitarse, para que podáis sentirlo y contemplarlo. Que se multiplica para mostraros que no sólo es vuestro Hacedor y Juez, sino al mismo tiempo vuestro Padre, vuestro Amigo, vuestro Hermano y vuestro Maestro.

Ved que soy amor infinito, sublime y santo, que a todos amo, mas os digo: Amad, como el Padre os ama y os seguirá amando en todos los tiempos. Sois parte de mi Espíritu, sois algo de mi ser. ¿Está mal que os busque con tanto afán y tanto amor? Nadie podrá impedir que os ame.

Humanidad: Yo sólo sé deciros que lo que es mío no lo dejaré perder, y vosotros sois míos. Os amo desde antes que fueseis y os amaré eternamente. Ni la muerte, ni la falta de amor podrá destruir el lazo que os une a Mí.

He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por amor y seréis en la eternidad por amor.

El amor habrá de venceros al fin y por el amor me conoceréis.

Encontrándome en las afueras de una aldea, llegó ante Mí el emisario de un poderoso, quien me dijo: Señor: ¡Cuánto he tenido que andar para llegar hasta vos! Yo le dije: “Bienaventurados el que me busca, porque siempre me hallará”.

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. (Lucas 11: 9-10)

¿Cómo he de dejar sin cubrir bajo mi caridad a todo el Universo? Si a vosotros que sois ahora criaturas humanas, vengo a enseñaros el amor universal. ¿Cómo podría el Maestro solamente fijarse en unos, olvidando a otros?

Si alguno de vosotros sintiere envidia de su hermano juzgándole más querido del Maestro y ambos reclamasen su sitio a mi diestra, les diría: No soy quien debe sentaros a mi diestra; es algo que toca a cada quien labrarse por sus propios méritos. En verdad os digo que no podría amar más a un hijo que a otro.

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. (Mateo 20: 20-28)

El Diablo y el Infierno no existen

El Diablo y el Infierno no existen

He aquí una más de mis lecciones, mas para que la comprendáis mejor, analizadla con vuestro espíritu y no tanto con vuestra mente.

Ya es tiempo que interpretéis justamente el contenido de todas mis parábolas y enseñanzas que por medio de símbolos os he revelado. Quienes se han aproximado más a la verdad, son los que han encontrado el sentido espiritual de mis enseñanzas. A causa de la interpretación material que las mentes humanas han dado a mis revelaciones, muchas creencias sobre la vida espiritual están tan alejadas de la verdad.

¿Cómo podrán los hombres dar así una justa interpretación a lo que he llamado «Reino de los Cielos? ¿Cómo podrán conocer mi justicia, mientras crean que existe un infierno como el que su imaginación a forjado?

Mi palabra no desciende a atacar creencia alguna, solamente viene a explicar el contenido de todo aquello que no ha sido debidamente interpretado y que por lo tanto, ha producido confusiones que se han transmitido de generación en generación entre la humanidad.

He venido a aclarar muchas mentiras que la humanidad ha tomado como verdades.

Las antiguas creencias, figuras, formas y nombres simbólicos con que los hombres de los tiempos pasados representaron al mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, creencias que han llegado hasta las presentes generaciones deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellas mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre ha alcanzado en este tiempo. ¡Qué distinta es la realidad espiritual en comparación a la que los hombres han imaginado! Ni mi justicia es como creéis, ni existe el castigo divino, ni es el Cielo como vosotros pensáis, ni se logra en la forma tan fácil y rápida como imagináis, como tampoco la expiación espiritual es como decís, ni la tentación es un espíritu.

En algunas ocasiones, mis profetas al hablar de la vida espiritual, lo hicieron a través de formas humanas y de objetos conocidos por vosotros. Pero ahora debéis comprender que todo ello era sólo un significado, un símbolo, un sentido divino, una revelación que tuvo que ser expresada a vosotros bajo una forma alegórica, ya que no os encontrabais capacitados para comprender otra más elevada.

Qué interpretación tan material habéis dado a mis revelaciones del Primero y Segundo Testamentos!

Cuántas torcidas interpretaciones han dado los hombres a las lecciones divinas. Me hacen aparecer como un juez de monstruosa crueldad. Cuántos absurdos ha creado la mente humana y luego los ha impuesto como la suprema verdad.

¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? (Mateo 23:33)

¡Mi justicia a nadie condena y menos eternamente!

Cuán deforme e imperfecto es ese Dios en la forma en que tantos lo imaginan; qué injusto, monstruoso y cruel. Reuniendo todos los pecados y crímenes que hayan cometido los hombres, no pueden compararse con la perversidad que significa el castigo del infierno para toda la eternidad al cual, según ellos, condena Dios a los hijos que pecan. ¿No os he explicado que el atributo más grande de Dios es el amor? ¿No creéis, entonces, que un tormento eterno sería la negación absoluta del atributo divino del amor eterno?

¿Cómo concebís que Yo hubiese puesto en la senda de los hombres a un ser infinitamente más poderoso que ellos, para que les estuviese tentando sin cesar y que al final los empujase a la perdición eterna? De Dios no pueden brotar demonios; a éstos los habéis forjado con vuestra mente. El concepto que tenéis de ese ser que a cada paso me ponéis por adversario, es falso. Cuán erróneamente se ha interpretado la existencia del príncipe de las tinieblas. Cuántos han llegado a creer más en su poder que en el mío.

Los hombres de hoy no pueden pensar en Dios sin materializarlo en alguna forma; no pueden hablar de tentaciones sin personificar la influencia del mal en un ser cuya misión es perder a los espíritus, y tampoco pueden pensar en la expiación del que ha pecado, sin imaginar el castigo del fuego del infierno, el cual jamás ha existido.

Sobre estas tres confusiones que dominan la mente de la humanidad, os digo que, si creéis que Dios es el Espíritu Santo, no tienen por qué buscarlo en formas materiales, puesto que es Espíritu; y que ese ser imaginario a quien llamáis Lucifer o Satanás, no existe sino en la mente de quienes no han podido interpretar espiritualmente mis palabras, revelaciones y mensajes de los tiempos pasados.

El hombre es el que con su imaginación ha creado la muerte y además ha creado infiernos y glorias según su pobre entendimiento: ¿Qué conceptos justos podrá tener de mi existencia, de mi justicia y de la verdad sobre la vida eterna? Sólo confusión hay en el corazón de la humanidad, y esa confusión forma parte de los cimientos donde descansan las creencias de las mayorías. ¿Qué futuro le espera a la humanidad si persiste en apartarse del camino verdadero? Sólo miseria, turbación y dolor, de lo cual tiene un anticipo en la vida llena de vicisitudes que lleva en la Tierra.

¿Qué lograría de vosotros si en verdad os diese como castigo el fuego eterno? Que blasfemaseis eternamente en contra de un Dios a quien juzgaríais injusto, cruel y vengativo.

No alimentéis más la idea que existe entre la humanidad acerca del infierno, porque no hay más infierno en este mundo, que la vida que habéis creado con vuestras guerras y odios, y en el más allá no existe más fuego que el remordimiento del espíritu, cuando la conciencia le muestra sus errores.

Yo no creé la muerte ni el infierno, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de mi seno sólo brotó vida; si la muerte y el infierno existiesen, entonces tendrían que ser obras humanas, por pequeñas; y ya sabéis que nada de lo humano es eterno.

Os digo que con mi palabra, aboliré en este tiempo el infierno que los hombres a través de religiones y erróneas interpretaciones, han forjado para inspirar temor y poner una venda de ignorancia a la humanidad.

Mucho os hablé en tiempos pasados de ese fuego, de ese juicio, de esa expiación; mas las figuras con las que eran representadas estas enseñanzas las tomasteis en sentido material y vuestra imaginación desvirtuó la realidad de esas revelaciones.

El infierno es el símbolo de las grandes penas, de los terribles remordimientos, de la desesperación, del dolor y la amargura de los que han pecado grandemente y de cuyas consecuencias se librarán mediante la evolución de su espíritu hacia el amor.

No solamente vengo a libraros de errores y prejuicios que afectan vuestra vida en el mundo, sino también vengo a deciros que la condenación eterna como os la han descrito, no existe, porque el espíritu no puede sufrir la pena física que produce dolor en la materia; el dolor del espíritu proviene de que contemple sus acciones a la luz de la conciencia, la cual lo hace mirar y comprender con claridad todos los errores e imperfecciones cometidas.

¿Cómo podrá perderse irremisiblemente para Mí un espíritu, si lleva en sí un destello de mi luz que jamás se extingue y doquier que vaya me tiene delante? Por muy larga que sea su reaciedad o muy duradera su turbación, nunca serán esas tinieblas más largas que mi eternidad.

¿Cómo condenar al hombre al exterminio o al dolor eterno, cuando su pecado sólo es pasajero y es producto de su ignorancia? ¿Cómo condenar a un ser que en si lleva mi propia naturaleza divina?

...¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? (Isaías 33:14)

¡Mi justicia a nadie condena y menos eternamente!

¿Qué valor tendría mi Ley y mi Doctrina si no fuesen capaces de salvar del error y del pecado a los espíritus? ¿Y que objeto habría tenido mi presencia como hombre en el mundo, si iba a haber muchos que habrían de perderse para siempre en una expiación sin fin? ¡Qué mal pensáis de Mí y de mi justicia los que decís conocerme y amarme! ¿Habéis olvidado que os di mi vida por salvaros? ¡Mi amor si es infinito y eterno!

para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. (Mateo 5:45)

Cree el hombre que los cielos están tan distantes y altos, que es muy difícil que Yo me manifieste entre esos pequeños y es porque tienen una vaga noción de lo que es y de lo que quiere decir Cielo. Ignoran que Cielo es para el espíritu el estado de perfección, de pureza y de luz a que todo espíritu debe llegar y no un sitio determinado en el espacio.

Ese infinito de que os hablo, nunca lo podréis medir con vuestra mente. Ese infinito os habla de ternura, de luz, de pureza, de sabiduría, de amor, de perfección, porque todo ello no tiene principio ni fin, ya que son atributos de Dios. El Cielo es el estado de perfección; Yo os lo he simbolizado como una inmensa y blanca ciudad que tenéis que conquistar con vuestro valor, con vuestra fe y con vuestra voluntad inquebrantable.

El Cielo es la felicidad suprema a dónde llega un espíritu por el camino de su perfeccionamiento, por lo cual deberá elevarse tanto en sabiduría y amor que le permita alcanzar tal estado de pureza, a donde no llega el pecado ni el dolor. Deseáis salvaros y queréis escapar de las expiaciones del espíritu con conocer el Cielo; mas Yo os digo que es bien pequeño el esfuerzo que hacéis por lograr todo esto y que muchas veces, en vez de buscar los medios que podrían ayudaros a conseguirlo, huis de ellos.

El espíritu, a medida que se eleva, amplía el mundo o mansión en que habita; así, al llegar a su perfección, dominará el infinito, podrá ir a todas partes, todo en él será luz, armonía con su Padre y con todos sus hermanos. Ese será su Cielo, esa será su gloria. ¿A qué más puede aspirar el espíritu, que a la paz eterna, a la sabiduría, a la felicidad de amar y saberse amado?

La gloria, en cambio, simboliza la felicidad y la paz verdadera, es para aquellos que se han apartado de las pasiones del mundo para vivir en comunión con Dios.

No limitéis más lo infinito y lo divino. ¿No comprendéis que si el Cielo fuese como creéis, una mansión, una región o un sitio determinado entonces ya no sería infinito? Ya es tiempo de que concibáis lo espiritual de una manera más elevada, aunque vuestra idea no alcance a abarcar toda la realidad, pero que al menos se aproxime a ella.

Yo no tengo un sitio determinado o limitado para habitar en el infinito, porque mi presencia está en todo lo que existe, lo mismo en lo divino, que en lo espiritual o en lo material. De Mí no podréis decir en qué dirección está mi Reino, y cuando elevéis vuestra mirada a las alturas, señalando hacia los “cielos”, hacedlo sólo como algo simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta nuevos cielos y nuevas alturas. Con todo esto quiero deciros que entre vosotros y Yo, no existe ninguna distancia y que lo único que os separa de Mí son vuestras obras ilícitas que ponéis entre mi Ley perfecta y vuestro espíritu.

Tened siempre presente que el espíritu que alcanza los altos grados de la bondad, de la sabiduría, de la pureza y el amor, está más allá del tiempo, del dolor y de las distancias. No está limitado a habitar un sitio, puede estar en todas partes, y encontrar en todo un supremo deleite de existir, de sentir, de saber, de amar y saberse amado. ¡Ese es el Cielo del espíritu!

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. (Apocalipsis 21:1)

Los espíritus aún faltos de luz

De los seres a quienes les falta luz espiritual

Existen fuerzas invisibles a la mirada humana e imperceptibles a la ciencia del hombre, que influyen constantemente en vuestra vida. Las hay buenas e insanas, las hay de luz y también oscuras.

Unas y otras vibraciones invaden el espacio, luchan entre sí, esas influencias lo mismo brotan de espíritus encarnados que de seres sin materia, porque lo mismo en la Tierra que en el Más Allá, existen espíritus de luz así como espíritus turbados.

Hombres y pueblos han sucumbido bajo el poder de esas influencias sin que la humanidad repare en ello. Enfermedades raras y desconocidas, son producidas por ellas, las cuales, han abatido a los hombres y han confundido a los científicos.

¡Cuántos misterios existen aún para el hombre, está rodeado de seres invisibles e impalpables, los cuales ya deberían ser visibles para él! ¿Por qué os sorprendéis de que se presenten entre vosotros seres que habitaron la Tierra hace miles de años? ¿Qué es el tiempo en el mundo espiritual? Nada.

En este tiempo es mayor la influencia del mal que la del bien; por lo tanto, la fuerza que domina en la humanidad es la del mal, del que se derivan el egoísmo, la mentira, la lujuria, el orgullo, el materialismo y el placer de hacer daño.

De aquél mundo invisible que palpita y vibra en vuestro propio mundo, parten influencias que tocan a los hombres, ya sea en su mente, en sus sentimientos o en su voluntad, convirtiéndolos en siervos sumisos, en esclavos, en instrumentos, y en víctimas. Por doquiera surgen manifestaciones espirituales y sin embargo, el mundo sigue sin querer darse cuenta de lo que rodea a su espíritu.

Estas manifestaciones que día a día aumentan, llegarán a abrumar en tal forma a los hombres, que al fin vencerán el escepticismo de la humanidad. Ahora que el hombre cree encontrarse en la cumbre del saber, es cuando ignora que está en el abismo.

¿De dónde surgen esas influencias? Del espíritu, de la mente, de los sentimientos. La causa que motiva la presencia de los espíritus turbados, sin paz y sin luz, entre vosotros, son los malos pensamientos, las malas palabras, las bajas pasiones, las malas costumbres, los vicios; todo ello es una fuerza que los atrae. Son seres ya sin cuerpo, que en su turbación buscan cuerpos ajenos para expresarse a través de ellos, pero por su turbación y su influencia lo único que logran es perturbar la paz, nublar la mente o enfermar a aquellos a quienes se acercan.

De ese desequilibrio provienen las enfermedades, los errores y las bajas pasiones que atormentan al hombre hasta vuestros días.

Todo espíritu encarnado o desencarnado, al pensar, emana vibraciones; todo sentimiento ejerce una influencia. Podéis estar seguros que el mundo está poblado de esas vibraciones, por lo que debéis comprender fácilmente que donde se piensa y se vive en el bien, tienen que existir fuerzas e influencias saludables y que donde se vive fuera de las leyes y normas que señala el bien, la justicia y el amor, tienen que existir fuerzas maléficas.

Los espíritus en tiniebla, cruzándose en el camino espiritual de la humanidad, la confunden induciéndole a la idolatría, al paganismo y al fanatismo. Un hombre entregado a una vida de pecado, es capaz de arrastrar tras de sí una legión de seres en tiniebla, que harán que a su paso vaya dejando una estela de influencias maléficas.

Seres de luz al servicio de la Obra divina y otros rebeldes e ignorantes surgieron por doquier y aparecieron entre aquella humanidad los poseídos, a quienes la ciencia no acertaba a liberar y eran repudiados por el pueblo. Ni los doctores de la Ley, ni los científicos, acertaban a devolver la salud a aquellos enfermos.

Pero este género no sale sino con oración y ayuno. (Mateo 17:21)

Mas todo estaba dispuesto por Mí, para enseñaros y daros pruebas de amor y os concedí a través de Jesús la curación de esas criaturas, con asombro de muchos. Los incrédulos, los que habían oído hablar de la potestad de Jesús y sabían de sus milagros, buscaban las pruebas más difíciles para hacerlo vacilar un instante y demostrar que no era infalible; y esta liberación de los poseídos, el hecho de volverlos a su estado de seres normales con sólo dirigirles una palabra de orden, para que aquellos seres espirituales recibiesen la luz y unos y otros quedasen libres de su pesada carga, confundió a aquéllos. Ante este poder, los fariseos, los científicos, los escribas y publicanos tuvieron diferentes reacciones.

Unos reconocían la potestad de Jesús, otros atribuían su poder a extrañas influencias, otros nada acertaban a decir; pero los enfermos que habían sido sanados bendecían su nombre; unos habían sido poseídos por un solo espíritu, otros por siete como María de Magdala y otros por un número tan grande, que ellos mismos decían ser una legión.

Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. (Marcos 5:9)

Ahora llamadme brujo y hechicero porque os hablo de estas revelaciones. Yo sólo vengo a salvar a unos y a otros de las tinieblas, del dolor y de la muerte, porque Yo soy la luz que brilla delante de los hombres y de las legiones de espíritus turbados. ¿Quiénes me reconocerán primero?

Muchas manifestaciones fueron miradas en ese tiempo con regocijo y fe de muchos, y otros, reacios e incrédulos para la vida espiritual, dudaron y negaron esta verdad; pero mis huestes espirituales que estuvieron desatadas, eran atraídas por la luz que irradiaba el Maestro.

Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. (Mateo 4:24)

Esos espíritus son el símbolo de la enfermedad, los habitantes de las sombras, los que no saben ni lo que es vida ni lo que es muerte.

No existe en la Tierra cáliz más amargo ni dolor más intenso que el de los espíritus turbados, el no poder comprender lo que acontece a su alrededor, los remordimientos, Los tropiezos, la nostalgia de lo que abandonaron, la soledad, el silencio y la impotencia para elevarse, constituyen el fuego donde habrán de purificarse hasta alcanzar la luz.

¡Cuán fácilmente muere el cuerpo!, pero qué difícil es para el espíritu que no supo prepararse, poder librarse de la turbación. Cuando el espíritu se deja dominar por la influencia de cuanto le rodea en la Tierra, llega a identificarse a tal grado con su materia que se olvida de su verdadera naturaleza, se aleja de la vida espiritual al grado de serle ajena, y es por eso que cuando su cuerpo muere, tiene que turbarse o confundirse.

Mientras unos en su confusión quedan adheridos a su cuerpo muerto, otros, conservando en su espíritu las impresiones de su envoltura, creen seguir siendo humanos sin poder elevarse hacia la morada que les corresponde quedando atados a los que en el mundo amaron.

Son aquellos, que conservan las miserias e impresiones que en ellos dejó la materia y la vida terrestre; luchan entre las dos fuerzas que les atraen, la espiritual y la material, porque aún sienten el apego y el amor por las satisfacciones de este mundo.

Su intención, es dominar a los hombres convirtiéndolos en esclavos e instrumentos de su voluntad, en fin, no dejarse despojar de lo que han creído siempre suyo: el mundo.

Humanidad: siempre habéis presentido la existencia de seres invisibles que vagan por el espacio, que a veces se acercan a vosotros, que os rodean y pensando que pueden ser espíritus que sufren, habéis tratado de hacer algo por ellos. La intención ha sido buena, pero siempre os ha faltado el conocimiento para que aquella caridad resultase efectiva. Hasta ahora, no sabéis la forma verdadera de hacer luz en los seres turbados o presas del remordimiento.

Debéis saber cuál es la causa de que esos seres, hermanos vuestros, penetran en vuestra vida material y qué es lo que debéis hacer para libraros de sus malas influencias, haciendo al mismo tiempo, luz en aquellos espíritus dignos de vuestra caridad.

Les habéis ofrecido ceremonias y dádivas materiales y aunque se ha logrado tranquilizar vuestro corazón, ellos nada han recibido, porque lo del mundo ya no les pertenece, ya no llega a ellos. Esos seres buscan caridad espiritual, consuelo, amor, comprensión y luz, que es conocimiento, más ¿cómo poder ofrecerles una ayuda espiritual? Mi palabra viene a ilustraros sobre la forma de hacer la caridad a aquellos a quienes ni siquiera contempláis.

Si en verdad queréis hacer un bien a vuestros hermanos espirituales librándoos a la vez de sus malas influencias, debéis orar por ellos, con oración sentida, plena de piedad, y de elevados pensamientos.

Si sentís que en vuestra vida humana se manifiestan en alguna forma, presentadles buenos ejemplos y buenas obras, para que en ellas tomen luz para su espíritu. Dejad que os vean sanar enfermos, que os contemplen perdonar a quien os haya ofendido, que vean brillar nobles ideas en vuestra mente y que sólo escuchen buenas palabras.

No os estoy autorizando a que materialicéis en alguna forma a aquellos seres, por el contrario, os inspiro la forma de que les conduzcáis hacia la espiritualidad y a que apartéis de ellos sus confusiones y tinieblas por medio de vuestras oraciones, cuyos pensamientos e ideas hagan luz en sus entendimientos.

Para que esta humanidad pueda defenderse y librarse de las malas influencias, necesita tener conocimiento de la verdad que le rodea, necesita aprender a orar con el espíritu y también saber de cuantos dones está revestido su ser, para poder emplearlos como armas en esta gran batalla del bien contra el mal, de la luz contra las tinieblas, de la espiritualidad contra el materialismo.

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. (Efesios 6:12)

Velad y orad, no sólo por los peligros materiales, sino también por las acechanzas que vuestros ojos no alcanzan a distinguir, aquellas que provienen de seres invisibles.

¿Queréis gozar de la influencia de los seres espirituales de luz y libraros de quienes habitan en las sombras de su materialismo y de su confusión? Pues Yo os digo que el secreto consiste en llevar una vida tranquila, sencilla, en vivir con amor, con limpidez y en cultivar en vuestro hogar la simiente de la virtud.

Dedicad siempre en vuestras oraciones un pensamiento en favor de aquellos que sin ser vistos por los ojos del cuerpo, lloran cerca de vosotros; pero no tratéis de llegar a ellos, o de obligarlos a manifestarse.

De cierto os digo que sólo las armas de la oración y la virtud os pueden servir para ayudar a esos seres, vuestros hermanos. Si vosotros inventáis otras prácticas para sustituirlas, seréis víctimas de tales influencias, y en vez de hacer luz en vuestro camino, iréis aumentando las tinieblas.

Las armas que os doy, no son de las que arrancan la vida, no ciegan a nadie, no derraman sangre, ni causan dolor, no dejan viudas ni huérfanos a su paso, ni dejan hogares sumidos en la desolación, puesto que las armas que Yo os he dejado son: La perseverancia en la Ley de Dios, vuestro Padre Creador, el amor de los unos a los otros, la caridad, el perdón, para que con su ayuda podáis luchar por cambiar las malas influencias en vibraciones de luz.

El que lucha con estas armas no sólo a sí mismo se liberta, sino también salva y liberta a sus hermanos quienes reciben la luz y renacen a la vida y al amor.

Buscad con la oración a esos seres, porque su luz y su fuerza no les bastan aún para romper las cadenas que les atan a este mundo.

Vuestra voz resonará donde ellos habitan y los hará despertar de su profundo sueño. Les hará llorar y lavarse con el llanto del arrepentimiento, entonces comprenderán sus pasadas vanidades, sus errores, sus pecados.

En verdad os digo que tales seres no son malos, que sólo son espíritus turbados a los que les falta un instante de lucidez para tornarse en mansas ovejas.

No son demonios, son seres imperfectos, turbados, confundidos, oscurecidos por el dolor, por el materialismo, la envidia o el rencor.

Si vosotros os habéis imaginado que los seres en turbación, son como monstruos, Yo sólo los veo como criaturas imperfectas, a las cuales les tiendo mi mano para salvarles, porque también son mis hijos muy amados.

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. (Lucas 6:35-36)

No os asombréis si os digo que su naturaleza es la misma que tiene vuestro espíritu y la misma que tienen aquellos seres llamados ángeles por vosotros.

Cuando Cristo expiró en cuanto hombre, el Espíritu Divino hizo luz en las moradas espirituales y en los mismos sepulcros, de donde salieron los espíritus que junto a sus cuerpos dormían el sueño de la muerte.

Seres materializados, perturbados y enfermos, perdidos del camino, atados con cadenas de remordimientos, arrastrando fardos de iniquidad y otros espíritus que creían estar muertos y estaban adheridos a su cuerpo. Todos salieron de su letargo, y se levantaron a la vida; pero antes de abandonar esta Tierra, fueron a dar testimonio de su resurrección y de su existencia.

Esos seres vagaron esa noche por el mundo haciéndose visibles a las miradas humanas como un testimonio de que el Redentor es vida para todos los seres y de que el espíritu es inmortal. Sólo Cristo pudo iluminar aquellas tinieblas, sólo su voz pudo resucitar a aquellos espíritus que dormían para su evolución.

y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. (Mateo 27:52-53)

Yo permití estas manifestaciones para que el mundo medite y conozca que el espíritu no muere jamás.

En el Segundo Tiempo habiendo liberado a un poseído, los que miraban aquello, decían que Jesús tenía pacto con el espíritu del mal; en cambio el espíritu que atormentaba a aquel hombre me habló diciéndome: Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.

Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: !Ah!, ¿qué tienes con nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: ¡Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. (Marcos 1:23-26)

Sin embargo, también había quienes maravillados por esas obras, decían: ¿Con qué autoridad y potencia manda a los seres inmundos y ellos le obedecen? No sabían que ese don está en todos y esas armas todos las lleváis.

Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? (Marcos 1:27)

Yo sané a los enfermos desahuciados por la ciencia, porque sus enfermedades eran sobrenaturales, porque pertenecían a la naturaleza espiritual. Liberté a los poseídos por las grandes legiones de espíritus turbados y los que en Mí creían se levantaron glorificando mí nombre y reconociendo mi poder.

Esos espíritus que no pertenecen ya a la vida humana, llegan a los hombres y aún conviven con ellos: de esto os di muchas lecciones en el Segundo Tiempo aprovechando los casos en que me eran presentados algunos poseídos; pero aquel pueblo y sus sacerdotes no supieron comprender el sentido de aquellas revelaciones y me juzgaron según su mala fe.

Ahora vengo a ampliar mi lección para que seáis poseedores de este conocimiento y a daros armas para que luchéis y venzáis en esta confusión.

Yo mismo volví después de la crucifixión para dar testimonio de mi verdad y vencer la incredulidad de la humanidad y aun entre mis discípulos me presenté para demostrar que soy la vida y mi vida está en toda la creación. (Marcos 16:12-13) (Lucas 24:13-49)

Estudiad profundamente mis palabras y no tratéis de hacer ciencias de mis enseñanzas, ni a valeros de lo que Yo he enseñado, para libraros sin amar a los que llegasen a perturbaros, porque caeréis junto con ellos en las tinieblas.

Si no llegáis a conocer esta realidad, nunca podréis libraros de aquellas asechanzas, ni podréis hacer nada en beneficio de los grandes necesitados; seréis unos y otros enfermos que continuamente se contagien sus males.

Meditad en la finalidad de mis enseñanzas y en todo lo que abarca mi palabra con su luz, para que dejéis de imaginaros como únicos habitantes de esta morada.

Las legiones de espíritus que vagan errantes por el mundo, llamando en distintas formas a las puertas del corazón de la humanidad, son voces que quieren deciros que despertéis, que abráis vuestros ojos a la realidad, que os arrepintáis de vuestros errores y que os regeneréis, para que más tarde, cuando dejéis vuestra materia en el seno de la tierra, no tengáis que llorar como ellos su soledad, su ignorancia y su materialismo.

¡He ahí la luz surgiendo de las mismas tinieblas!

Cuántos espíritus, que vagan en el espacio, quisieran hacerse oír de los hombres, para decirles: «No perdáis vuestro tiempo como yo lo perdí».

Los seres de luz

Los seres de luz

Os habéis empeñado en ignorar la vida espiritual de vuestros hermanos a quienes llamo ángeles o protectores. Esa vida palpita sin cesar dentro y fuera de vosotros, sin imaginaros que estáis tan íntimamente ligados a ella, como lo estáis al aire que respiráis.

Unos llaman invisible a aquel mundo, otros dicen que habitan en el «más allá» y, ¿por qué? Sencillamente porque carecen de fe para ver y comprender esa vida espiritual, de la cual os sentís extraños de su mundo y que deberíais sentir muy próximo a vuestro corazón.

Para que la fe de la humanidad se afirmara en el conocimiento de la existencia espiritual de los ángeles, en los tiempos pasados os fueron concedidas algunas manifestaciones de esos hermanos vuestros, enviados del Padre.

Llegaron pues los dos ángeles a Sodoma a la caída de… (Génesis 19:1)

Cuando os hablo de mi mundo espiritual, me refiero a aquellas legiones de seres obedientes que como verdaderos siervos, sólo hacen lo que la voluntad de su Señor les ordena. Ésos son a los que he enviado entre vosotros, para que sean los consejeros, los guardianes, los doctores y verdaderos hermanos.

Hoy ignoráis la bendita influencia que ejercen entre la humanidad, mas cuando tengáis sensibilidad para percibir las inspiraciones y mensajes que os envían, comprenderéis el sinnúmero de ocupaciones y obras nobles a que ellos dedican su existencia.

Ya que os hablo de la bondad y elevación de esos seres, debo deciros que ellos, como vosotros, también tuvieron desde un principio el don del libre albedrío, es decir, verdadera y santa libertad de acción que es prueba del amor del Creador hacia sus hijos. Ellos hicieron buen uso de este don y hoy viven solamente para hacer el bien.

Están limpios y pueden hablar de limpidez; me aman y os aman, por lo tanto, tienen derecho a hablar de amor, están saturados de salud y por esa causa pueden impartir salud a los enfermos.

He dejado a vuestra diestra un ángel guardián, que conoce vuestra vida. Él tiene la misión de guiaros, y de libraros de los peligros.

Tenéis muchos amores tras el velo de la materia; pero vosotros no los conocéis ni sabéis de qué manera os aman desde el Más Allá. ¡Tenéis tantos hermanos y tantos amigos en el valle espiritual a quienes no conocéis! ¡Qué hermosa es la misión que desempeñan, y cómo les dificultáis su labor! Nunca os portéis como ingratos ante ellos, ni seáis sordos a sus inspiraciones, porque vuestras fuerzas no os bastarán para haceros salir avante en todas las pruebas de la vida.

¡De cuántos abismos y peligros os han salvado, de cuántas malas determinaciones os han hecho desistir! ¡Cuánto os aman y protegen esos hermanos vuestros, y cómo influyen benéficamente en la humanidad! Aquél mundo es mayor y más hermoso que éste que con vuestros ojos contempláis. Es un mundo de luz y armonía perfecta.

¿A qué ha venido el Mundo Espiritual de Luz en este tiempo? A explicar con su palabra y sus obras mi Doctrina, a enseñaros a interpretar mis revelaciones y a ayudaros a comprender su esencia. Jamás os han dado enseñanzas superfluas; ni han descubierto lo que aún no es tiempo de que conozcáis; nunca han venido a despertar vuestra curiosidad ni a sugeriros ciencias ni poderes misteriosos. Su elevación y su luz no puede permitirles caer en vulgares materializaciones, porque han hecho de la Ley de amor el ideal de su espíritu.

Ese Mundo Espiritual vino por mandato divino a comunicarse en forma humana por breve tiempo, para dejar la impresión de su elevada fraternidad, el testimonio de su existencia y la prueba de su presencia entre los hombres.

Si la humanidad de ahora no fuese tan insensible, recibiría constantemente mensajes del Mundo Espiritual y comprobaría que los seres humanos, jamás están solos. Ciertamente que ellos, los ángeles de luz, vuestros hermanos, acuden a vuestro llamado, que interpretan vuestros deseos y os imparten su ayuda, porque su misión está inspirada en la caridad; pero aquella ayuda no la habéis logrado con vuestra espiritualidad, sin embargo, os bastará orar y evocar sus consejos, mas hacedlo con pureza, para que sintáis su influencia, y no dudéis de su presencia.

Tenéis tan cerca al mundo de los espíritus virtuosos que vienen en vuestra ayuda, que sólo basta invocarles a través de la oración con fe y respeto, y recibiréis sus beneficios. Llamadlos sin distinción ninguna, en medio de una limpia espiritualidad, libre de fanatismo y supersticiones.

Os digo esto, porque muchas veces confundís la elevada espiritualidad con prácticas materiales, que en vez de aproximaros hacia ellos, más bien los alejáis. Creéis que al invocarlos es más eficaz llamarlos con algún nombre que atraerlos con una oración. Creéis que hay mejor preparación en vosotros si les invocáis encendiendo un cirio u orando en voz alta, y eso no debe ser.

Mis ángeles están diseminados en el Universo, cumpliendo mis mandatos de ordenar y volver todo a su cauce. Y cuando todos hayan cumplido, la ignorancia habrá desaparecido, el mal no existirá y sólo el bien reinará en la Tierra.

¿Les habéis reconocido? Es el Mundo Espiritual que ha venido entre vosotros a dar testimonio de mi presencia entre la humanidad.

Os he prometido enviar a morar entre vosotros a los espíritus de grande luz, que esperan tan sólo el momento de encarnar y cumplir una gran misión de restauración.

Cuando aquellos seres habiten este mundo, ¿qué tendréis que enseñarles? Nada, porque ellos vendrán a enseñar, no a aprender. Os maravillaréis de escucharles desde la infancia hablando de enseñanzas profundas, sosteniendo conversaciones con los hombres de ciencia y con los teólogos, asombrando con su experiencia a los ancianos y aconsejando la buena senda a la juventud y a la niñez.

¿Por ventura será vuestro hogar el que reciba la presencia de aquellos seres de luz? Si estáis preparados os elegiré; si no lo estáis, buscaré corazones dispuestos y ahí les enviaré.

Mañana, cuando el conocimiento sobre la vida espiritual se haya extendido por el Orbe, reconocerá la humanidad la importancia de esos seres y los bendecirán.

¡Cuántas veces los apóstoles, los profetas y los enviados del Señor hablaron al mundo bajo la influencia del Mundo Espiritual, sin que la humanidad se diera cuenta de ello!

No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. (Hebreos 13:2)

La Virgen María

¡La Virgen María, la Ternura Divina!

Quiero hablaros de María, mi Madre en cuanto hombre y Madre espiritual de vosotros.

Es menester que el corazón humano conozca a fondo el precioso mensaje que su Espíritu trajo al mundo.

Yo, el Verbo, me hice hombre en el Segundo Tiempo, para mostraros mi divino amor; no desdeñé vivir entre vosotros en carne humana. Quise ser hijo de esta humanidad, para sentirme más suyo, para que me viera más cerca; aquella mujer que ofreció su seno, para que en él se hiciera hombre el Verbo, era por su pureza e inocencia, el templo digno de quien la había elegido como madre humana. María era la flor de un linaje preparado por el Señor, muchas generaciones antes que Ella naciera.

Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo (Mateo 1:1-16)

Sólo Ella podía haber llevado en su seno la semilla de Dios; y ser digna de quedar como Madre espiritual de la humanidad.

Cuando aquella mujer hubo llegado a su edad de doncella, fue desposada. El Padre le envío un ángel para anunciarle su misión. Mas, ¿cómo sorprendió a la virgen desposada? Orando, y al encontrarla preparada, le dijo: “Salve, oh María, el Señor es contigo, bendita Tú entre las mujeres» que has hallado gracia delante de Dios. No temas, que tu seno concebirá a Aquél que ha de reinar en la casa de Jacob y su reinado no tendrá fin”.

Su paso por el mundo, aunque más largo que el mío, porque llegó antes y se fue después, fue corto; sus palabras breves y dulces fueron una caricia celestial. El mundo vio con indiferencia su paso por la Tierra, mas en verdad os digo, que hoy conoceréis su dulce voz de Madre, que es arrullo, consuelo, esperanza y bálsamo.

Unos la reconocen, otros la niegan, sin embargo, Ella, tierna y amorosa, extiende su divino manto sobre el Universo, también salva y redime, si en cuanto a mujer, su vientre fue el arca donde estuvo depositado el cuerpo de Jesús, ¡Cuánto no guardará su Espíritu para todos sus hijos!

María no es solamente la mujer que en el Segundo Tiempo concibió al Redentor. Yo digo a toda la humanidad, a todas las sectas y religiones, a todas las razas y a todos los seres, que la Virgen María es la esencia maternal divina que siempre ha existido en Mí; es la esencia femenina Universal que podéis descubrir y contemplar en todas las obras de la Creación; es el Espíritu maternal, es la intercesión y el seno que amamanta.

María, representa la pureza, la obediencia, la fe, la ternura y la humildad. Cada una de esas virtudes es un peldaño de la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre.

Es la misma que os presento para que a través de Ella ascendáis. María es el seno materno, buscadla y me encontraréis a Mí. Ella es la esposa de mi pureza, y de mi santidad; es mi Hija al hacerse mujer y mi Madre al concebir al Verbo encarnado.

María es el Espíritu fundido de tal manera a la Divinidad, que constituye una de sus partes como lo son sus tres fases: El Padre, el Verbo y la luz del Espíritu Santo. Así María es el Espíritu de Dios que se manifiesta y representa la Ternura Divina.

¿Por qué juzgarla humana, si fue la hija predilecta, anunciada a la humanidad desde el principio de los tiempos como la criatura en quien se encarnaría el Verbo Divino?

Ella está en el mismo Padre y vino a encarnarse sólo para cumplir aquella hermosa y delicada misión y, ¿aquel corazón de Madre insigne se concretó a amar solamente a su Hijo amantísimo? No, en verdad. A través de aquel pequeño corazón humano, se manifestó el corazón maternal en consuelo y en palabras sublimes, en consejos, en caridad, en prodigios, en luz, y en verdad.

Desde el principio de la humanidad, os fue profetizado el advenimiento del Mesías, también la Virgen María os fue anunciada y prometida.

Esa mujer, esa virgen, es María, la que volverá a concebir en su seno, no a un nuevo Redentor, sino a un mundo de hombres que en Ella se sustenten de amor, de fe y de humildad.

Siglos antes de mi presencia a través de Jesús, el profeta Isaías dijo: Por lo tanto el Señor os dará esta señal, he aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel. Con esta profecía entre otras anunció mi advenimiento.

Por tanto el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz, un hijo y llamará su nombre Emmanuel (Isaías 7:14)

En Nazareth vivía una flor de pureza y de ternura, una virgen desposada, llamada María que era precisamente la anunciada por el profeta Isaías, para que de su seno surgiese el fruto de la Vida Verdadera.

Sólo de una flor pura como Ella podía brotar el fruto que diera la redención a la humanidad.

Desde el Primer Tiempo, los patriarcas y profetas hablaron del Advenimiento del Mesías. Mas Él, no vino solamente en Espíritu, vino a encarnarse, a hacerse hombre, a tomar carne de una mujer. La esencia maternal divina tuvo que encarnarse también, y a hacerse mujer, como una flor de pureza; para que de su corola brotase la fragancia, el perfume del Verbo de Dios que fue Jesús.

Ella es modelo perfecto para toda mujer, porque la misión de todas ellas es delicada, noble y abnegada hasta el sacrificio.

La mujer despierta el corazón del niño al amor, encauza los sentimientos del hijo por la senda del bien, enjuga sus lágrimas cuando llora y lo consuela cuando sufre. Es la madre quien enseña al hijo la primera oración y le revela la existencia del Creador.

¿Veis esas flores que ocultan con humildad su belleza? Así fue y así es María: un caudal inagotable de belleza para el que sabe mirarla con limpidez y respeto, y un tesoro de bondad y de ternura para todos los seres.

Si la buscáis en la soledad de la noche, en el silencio que nada perturba, allí en el cosmos, la encontraréis, y si la buscáis en la fragancia de las flores, y en el corazón de vuestra madre, allí la tendréis. Si la queréis encontrar en la pureza de la doncella, allí la miraréis también, y así como en tantas obras donde se refleja la imagen del eterno femenino que existe en Dios y está en toda la Creación.

María pasó por el mundo en silencio, pero llenando de paz los corazones, intercediendo por los necesitados, orando por todos y finalmente derramando sus lágrimas de perdón y de piedad sobre la ignorancia y la maldad de los hombres. ¿Por qué no buscar a María si queréis llegar al Señor, si a través de Ella recibisteis a Jesús?

Nada tiene de extraño que en este Tiempo la busquéis para que os guíe y os acerque a Dios.

¡Cuán profundo ha sido el dolor que el mundo ha clavado en el corazón de su Madre y con cuánta ternura Ella esconde sus lágrimas, para mostraros tan sólo la dulzura de su sonrisa y lo amoroso de sus caricias! Siempre entre mi justicia inexorable y los pecados de los hombres se levanta su intercesión.

Buscadla espiritualmente; no pongáis delante de vosotros imagen alguna para sentirla cerca. Ella es la ternura de Dios, que habéis visto manifestarse en todos los tiempos. Es vuestra intercesora divina. Amadla, para que Yo pueda decirle nuevamente: «¡Madre, he ahí a tu hijo!»

De su virginidad incomprendida

Muchos siglos han pasado después de que con mi presencia iluminé a la humanidad y cuando tratan de comprender la verdad sobre la concepción de María, sobre mi naturaleza humana y mi esencia espiritual, la mente turbada de muchos hombres, no han podido comprender, ni su corazón envenenado han concebido aquella verdad.

María fue enviada para manifestar su virtud, su ejemplo y Divinidad perfecta. No fue una mujer más entre la humanidad. Fue una mujer distinta y el mundo contempló su vida, conoció su manera de pensar y de sentir, supo de la pureza y gracia de su espíritu y cuerpo. Ella es ejemplo de sencillez, de humildad, abnegación y amor. Y a pesar de que su vida ha sido conocida por el mundo de aquel tiempo y de las siguientes generaciones, hay quienes desconocen su virtud y su virginidad. No se explican el hecho de que haya sido virgen y madre y es que el hombre es incrédulo por naturaleza y no ha comprendido las obras divinas con el espíritu preparado.

¿Cómo es posible que haya quien pueda pensar que María, en cuyo seno se formó el cuerpo de Jesús y a cuyo lado vivió el Maestro, pudiese carecer de elevación espiritual, de pureza y santidad?

Quienes se levanten desconociendo la pureza y perfección de María son torpes, porque en su ignorancia desafían a Dios negando su poder.

Si estudiaran las escrituras y analizaran la encarnación de María y la vida de sus antecesores, llegarían a saber quién es Ella.

Los que niegan la divina Maternidad de María, desconocen una de las más hermosas revelaciones que Dios ha hecho a los hombres.

Los que reconocen la Divinidad de Cristo y niegan a María, no saben que se están privando de poseer la esencia más tierna y dulce que existe en Mí.

¡Cuántas teorías y confusiones han forjado los hombres! Sobre su maternidad, su concepción y su pureza, ¡cuánto han blasfemado!

Los hombres, sin respeto y sin amor, han osado juzgar la vida de los seres más elevados que Dios ha enviado entre la humanidad, tomando mi propia palabra, como base para sus razonamientos. Si en cierta ocasión llamé a mis discípulos hermanos, no fue la única, ni a ellos solamente a quienes así llamé.

María en su seno virgen llevó el cuerpo de Jesús. La Madre purísima, la azucena sin mancha, fue la encarnación de la ternura materna que en lo divino existe. ¿Por qué Jesús llamándose el hijo de Dios, no había de llamar hermanos a los hombres cuando ellos también son hijos de Dios? ¿Cuándo tendréis la elevación suficiente que os permita dar su justo sentido a lo divino y a lo humano? Comprended que es la única forma de que sepáis dónde están los errores y dónde brilla la verdad.

María; es la pureza incomprendida por la humanidad, virginidad que no puede ser analizada por la mente materializada de los hombres y que sólo puede ser sentida por aquel que se purifique en sus sentimientos.

Si en la Tierra su corazón se sintió lacerado muchas veces hasta la muerte, también en espíritu había de experimentar el dolor de ver su nombre y su pureza profanados por las blasfemias, dudas, juicios y burlas de los hombres materializados.

Si grande concibió al Maestro, así tiene que ser la que se hizo Madre humana para traerlo al mundo.

Sabía María que iba a concebir a un Rey más poderoso y grande que todos los reyes de la Tierra, y ¿acaso por ello se coronó reina entre la humanidad?

¿Acaso sus labios pregonaron por las plazas, por las calles, por los hogares humildes o en los palacios, que Ella iba a ser la Madre del Mesías, y que el Unigénito del Padre iba a brotar de su seno? No, la más grande humildad, mansedumbre y gracia hubo en Ella.

Su corazón de Madre humana fue dichoso y desde antes de dar a luz, y después, a lo largo de la vida de su hijo, fue madre amantísima, que conocía espiritualmente el destino de Jesús, la misión que había de desempeñar entre la humanidad y para que había venido. Jamás se opuso a ese destino, porque Ella es parte de la misma obra.

Si a veces derramó su llanto, era llanto de madre humana, era carne que sentía el dolor de su propio hijo. Más, ¿fue discípula del Maestro, su Hijo? No, nada tenía María que aprender de Jesús.

Jamás la ostentación fue en Ella, jamás turbó la palabra del Maestro, pero así como fue a los pies del pesebre que le sirvió de cuna, así fue a los pies de la cruz donde expiró Jesús, dando el último suspiro en cuanto hombre.

María, a los pies de Jesús el Cristo, estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella humanidad. Por eso ante el Padre fue grande como mujer, porque es el Espíritu de la maternidad universal que existe en Dios.

María me sentía en su Espíritu, no llevaba luto por Mí, no lloraba la muerte de Jesús, su dolor era por toda la humanidad. No tiene reproches para los que le han causado tanto dolor, ni una queja en contra de los que sacrificaron al Hijo muy amado; sólo su amor y su perdón a la humanidad coronan la obra de redención de su Unigénito. Es vuestra Madre Celestial a quien dejo entre vosotros para que la escuchéis y en su regazo os consoléis.

¿No estuvieron juntos Madre e Hijo en la hora suprema de la muerte de Jesús? ¿No se mezclaron en aquel instante la sangre del Hijo, con las lágrimas de la Madre?

María estuvo ahí sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella turba. Por eso es fue grande como mujer, porque es el Espíritu universal.

¡María, es la Ternura Divina! La ternura de Dios

Dicho esto, comprended cuándo os hablo de mi amor hecho hombre y mi ternura hecha mujer.

¡Cuánto ha llorado María sobre vuestra miseria! ¡Cuánto es lo que debéis a su ternura y a su amor! Lo mismo a los que la llaman como a los que la ignoran, a todos les hace sentir su calor maternal y la dulzura infinita de su caricia. En verdad os digo, que antes que los espíritus lleguen a Mí, tienen que encontrar en su camino a María la divina Madre.

El que me ame, antes tendrá que amar todo lo que es mío, todo lo que Yo amo.

Si estudiáis las profecías de los tiempos pasados, comprobaréis que estaba anunciada mi nueva manifestación. ¿También la presencia de María estaría anunciada? De cierto os digo, que si interpretaseis bien las profecías de Juan el Apóstol, encontraríais que su presencia había de ser también en este tiempo.

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (Apocalipsis 12:1-17)

Para que Ella fuese tenida en cuenta por la humanidad, y para que sea también amada y su ejemplo no se borre del corazón de los hombres, Jesús el Divino Maestro, sangrando en el madero, dedicó una de sus siete palabras diciéndole: “Madre, ¡he ahí a tu hijo! Y diciendo al hijo, que en ese instante era Juan, el apóstol del Señor: Hijo, ¡he ahí a tu Madre!»

Con esto quiso el Maestro dejar a Juan, representando a la humanidad y crear en el corazón de los hombres un santuario de amor y de respeto para la Madre Universal.

Os bendigo diciéndoos que, doquiera se recuerde la Natividad de Jesús, estará presente el dulce manto de vuestra Madre Celestial, quien se hizo mujer para que, a través de su seno, pasara Dios al hacerse hombre.

Enseñanza de la Virgen María, la Ternura Divina

He aquí a la sierva del Señor entre sus hijos, manifestándoles una vez más mi amor y mi ternura, trayendo a vosotros el recuerdo de mi Hijo muy amado, su memoria y su nombre. Yo os saludo en el nombre del Espíritu Santo. Bienvenido seáis ¡oh, pueblo amante de la verdad! que tenéis sed de espiritualidad, en el nombre de mi Hijo que me inspiró en la cruz vuestra guía y protección. Noche de recuerdo es ésta, en que acompañáis con vuestro corazón a María de Jericó, la madre solitaria en aquel día de dolor.

María, que sufre en el presente, tanto como en aquel Segundo Tiempo, por el desvío y desconsuelo de los hombres, piensa en todos vosotros. Y la naturaleza, también sensible al dolor divino, manifiesta su pena. El sol se ha puesto triste esta tarde como todas las tardes de recordación. La Tierra está triste como el alma de todos los hombres y vosotros vivís en estos momentos la pasión del Redentor. Jesús era humilde, Jesús era todo amor, ternura y misericordia; tenía su corazón, su mirada y sus manos suaves, Él era como un lirio. Su voz era dulce y bondadosa a los que le oían y su palabra iluminaba como una estrella a los que lo rodeaban. Hablaba de cosas bellas, santas y buenas a los niños que le escuchaban, pues solía platicarles del reino de su Padre, se sentían transportados al oír la promesa de habitar después de esta vida en un mundo mejor. Su protección era la de un amante Pastor y su enseñanza la del mejor de los Maestros. Los niños lo amaban, gozaban cuando la mano de Jesús pasaba suavemente por sus cabezas y en su faz se veía la felicidad cuando eran mirados por Él. ¡Cuánto amó a los hombres y cuánto amó a los niños!

Jesús brillaba más que los rayos del sol, porque de Él se desprendía una luz divina que embellecía su ser. Su mirada no era como la de los demás hombres, como la de los otros maestros, sino que penetraba en los corazones vivificándoles y bendiciéndolos.

Sus ojos siempre serenos y tristes tenían un mensaje secreto, profundo, sublime, para la humanidad. Su voz tenía una armonía tan dulce y desconocida, que arrullaba y llamaba a los niños sus amigos. Los niños cuando se acercaban a Mí, buscándolo, me decían: buscamos a nuestro amigo Jesús, y era verdadero amigo de la niñez. ¡Cuántas cosas bellas mis ojos contemplaron y cómo me alegré de ser madre de Jesús! Después de mi embeleso y éxtasis con que miraba a mi Hijo, viéndolo tornarse de niño en adolescente, presentía el fin que le esperaba cuando hubiera concluido su misión.

Él como Maestro, desde su niñez me decía: «Mira Madre la limpidez de esa fuente, de la cual toman agua para cultivar el jardín y cuánta belleza después en las flores cuando llega la primavera. Así es el corazón del que ama, siempre dispuesto a dar sus mejores aguas y el pensamiento a dar sus primeras luces». Así amo a la humanidad, un canto eterno de amor hay dentro de Mí. Más allá de Jerusalén hay también otros hombres que viven como éstos y mi Padre, es el Padre espiritual de todos, también a ellos llegará su divino mensaje. El hablaba con una seguridad tan grande desde pequeño y me decía: «Mi Padre me habló esta noche y a Mí ha llegado su mensaje secreto: Lo he sentido en mi corazón.»

Una belleza muy grande lo cubría, cuando elevaba su Espíritu haciendo comunión con el Padre y después, cuando lleno del Espíritu Divino se encontraba e iba en busca de los tristes, de los enfermos, de sus labios parecían brotar rayos de claridad, de luz divina. Su lenguaje sencillo hacía que todos le comprendieran.

Su vida fue ejemplo de espiritualidad y Yo la feliz madre de aquel hijo que el cielo me había dado, lo acompañé en su tránsito por el mundo. Después de mi gozo, fue el sufrimiento; mas el hijo y la madre acataron la voluntad divina. Y aquel Jesús tan dulce, tan tierno, que amó tanto a los hombres, fue por ellos crucificado y cuando fue depositado en mis brazos no había donde poner en Él un dedo, porque todo su cuerpo había sido herido. Entonces contemplé cuán duro es el corazón del hombre y qué ciega es la humanidad que sabe levantar sobre un trono al que no lo merece y aquel que sólo vino a enseñar y a ser ejemplo, fue burlado y sacrificado.

Sus manos que acariciaron tanto, fueron traspasadas por clavos. Sus enemigos, a pesar de su ofuscación, muchas veces oyéndolo hablar lo admiraron; y es que dentro de ellos le reconocían pero callaban por no confesar que les había cautivado. Dentro de ellos le admiraban y fuera le despreciaban. Él lo sabía todo y no tuvo para ellos reproche alguno. Amó tiernamente a sus discípulos, aún a Judas que lo entregó. Habló a sus discípulos como nadie ha hablado en este mundo y muchas veces ellos que convivieron con Él y conocían su lenguaje, no comprendían su sentido y se preguntaban unos a otros el significado de sus palabras. Y es que les hablaba con tanta perfección, como Dios, que ellos como hombres no alcanzaban a comprenderlo.

Cuántas veces a la caída de la tarde, siendo niño Jesús, le estrechaba en mis brazos y conversaba con Él. Le hablaba de Dios o de los anuncios de los profetas, diciéndole: «Los profetas, han enseñado que el Hijo de Dios vendrá a salvar a los hombres» y entonces para no revelar por humildad su misión, permanecía silencioso y fingía dormir. Yo continuaba diciendo: Sabemos que un profeta ha de venir cuando el mundo duerma espiritualmente y esté entregado a su pecado a anunciar la proximidad del Reino de los Cielos y Él sabía quién era ese profeta, mas parecía abstraerse en profundos pensamientos y no atender a mis palabras. Otras veces le hablaba de su nacimiento, diciéndole que hasta Él habían llegado tres sabios para rendir el tributo de su amor y solo sonreía.

Muchas veces lo sorprendía hablando con alguien que Yo no veía. El sabía que era el Hijo de Dios, Yo también lo sabía y muy poco hablaba de lo que ambos conocíamos. Los sabios “magos” atestiguaron que Él era el Mesías. En el templo dijeron: «He aquí al Enviado», y Él no habló de estas cosas hasta que fue llegado el momento de su predicación. Cuando un pobre llamaba a la puerta de aquella morada humilde, pidiendo caridad, mi hijo acariciaba su cabeza y le decía: Yo he venido a vosotros para haceros dueños de un Reino, y hablaba a aquel largamente, entonces aquel menesteroso olvidaba su pobreza y se alejaba satisfecho.

Jesús tenía tanto poder, que cuando decía a los hombres: Seguidme, ellos lo seguían dejando las cosas materiales. Porque el que le había oído, ya no podía vivir sin su palabra. Olvidaban sus afectos y necesidades porque su palabra era cautivadora, llena de verdad, de ese amor y caridad de que está siempre hambrienta la humanidad. Cuando conversaba Conmigo me decía que el amor del Padre Celestial es el primero y último amor. Que Él es principio y fin de toda criatura y que, lo que de Él procede a Él tiene que volver. Cuando oraba, parecía transportarse a otras regiones y después de volver de su éxtasis me decía: Madre, en breve partiré porque hay misiones que mi Padre me ha confiado y voy a cumplirlas. La humanidad me llama, me necesita y debo ir a ella a dar lo que el Padre me ha ordenado.

Su corazón siempre compasivo, se complacía en consolar lo mismo a los hombres que a los seres inferiores, también necesitados de amor. El venía curando y restaurando seres y cosas y al paso de su mano las heridas se cerraban.

Los hombres palparon sus prodigios. Siendo niño todavía, se acercó a Él un anciano y le dijo: Sé que posees ciertas virtudes y vengo a Ti en busca de ayuda, mi siembra se marchita por falta de agua; yendo en pos del anciano llegó a aquellos campos y después de elevar sus ojos al cielo habló algunas palabras y las aguas cayeron a torrentes fecundando los campos. Aquél anciano recogió abundante cosecha y el sembrador me dijo: Este niño tiene una virtud que el cielo le ha dado, pues nunca mis campos produjeron tanto, ni mis graneros fueron tan llenos. Y la Madre era feliz mirando el cumplimiento de la palabra de Dios y la obediencia de mi hijo. Yo también necesitaba verlo, oírlo y estar cerca de Él para ser dichosa.

Aquel niño convertido más tarde en Maestro, habló en parábola para instruir a sus discípulos conforme a su entendimiento; habló de la eternidad, de las leyes del Padre y de su plan perfecto. Y cuántas veces por hablar y preparar a los corazones, olvidaba que no había llevado un pan a sus labios. No descansó en su tarea, pues decía que debía dar a los hombres lo que era de los hombres. Y después de leer en el corazón de los que le habían oído y saber que muy pocos le comprendían, ¿creéis pueblo, que su mirada era alegre? Jesús tenía su mirada bella pero siempre triste.

Cuando lo llevaron al Calvario y su cuerpo fue sólo una herida, yo pregunté: ¿Qué ha hecho a los hombres sino darles la fragancia de su exquisito corazón? Por eso al presentir Él, todo lo que había de ser, su mirada triste parecía ocultar un secreto. Habló también de un tiempo en que Él enviaría rayos de luz sobre los hombres y es lo que tenía reservado para el tiempo presente, la irradiación de su Espíritu. Esta es la forma en que habría de comunicarse con vosotros, para elevaros con su palabra divina y consumar su obra. Amados míos: ¿Cómo estaría el corazón de la Madre en aquel día de dolor? Yo sabía por las profecías que el Hijo de Dios sería sacrificado, por eso cuando Él se ausentaba para ir a predicar, mi alma angustiada preguntaba si le habían visto, y me decían: ¿Quién eres tú que has perdido a tu hijo? Soy la Madre de Jesús, y contestaban: Anda predicando el Reino de Dios en la conciencia del hombre. Y predicaba así: «El Reino de Dios dentro del corazón del hombre limpio y justo se encuentra». Y el Reino vino a ellos y teniéndolo en Jesús no lo reconocieron.

¡Oh, Hijo mío, en quien se ocultó el Verbo Divino, te recuerdo como niño, te admiro como Verbo y te amo como Enviado! ¡Los que te escucharon como hombre en el Segundo Tiempo y hoy te oyen como Espíritu Divino, te recordarán siempre!

Su palabra es semilla que florece en los cielos y será fruto en la Tierra. Dios en los cielos se sirve de los ángeles para llevar a cabo sus designios y en la Tierra se sirve de los hombres. Amado mío: fue tu vida una constante entrega a tus hijos. Consagraste tu vida a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, y tus labios que hablaban tanto de amor, se cerraron por causa de la incomprensión humana. Tu sed era de amor y caridad entre los hombres y no supieron calmarla, porque la sed de la humanidad es de guerras y de pasiones terrestres y sólo el agua de gracia apartará la sed que los consume. Falta luz en la Tierra porque no quiere el hombre esa iluminación divina. Las virtudes se apagan poco a poco y sólo persiguen esa falsa luz que da la ciencia, y Tú vienes a hablarles de esa luz que no se extingue jamás. Su última mirada fue tan triste…Madre, me dijo: ¡Ahí tienes a tu hijo! Yo amé a Juan y lo tomé desde esa hora como mi hijo, pues tenía en su virtud semejanza con Jesús. Fue báculo en mi ancianidad.

Aquella voz cesó en aquel día y Yo con todo mi amor no pude cerrar sus heridas.

Su alma y su cuerpo estaban destrozados. Heridas sobre heridas sufrió en su martirio. En esta noche Yo os bendigo, madres. Os deseo que nunca oigáis el grito de una turba enloquecida pidiendo que vuestro hijo muera en la cruz. ¿Podéis imaginar lo que pasaba en el alma de María?

¡Que nunca sepáis de esas cosas, oh, madres, porque si tuvieseis que soportar esta prueba no la resistiríais! Sus últimas miradas fueron para alentar mi corazón desgarrado. ¡ Aliento mío, causa de mi felicidad y mi dolor! Yo bendigo a tus hijos, Jesús, a tus discípulos, y como sucesora tuya, seguiré instruyéndolos. Bendigo el género humano y en este día mi caridad sea con las madres que van por el camino de flores y de espinas.

¡Mi Paz Dejo en Vosotros!

¿Quién es el profeta Elías, Tisbita?

¿Quién es el Profeta Elías Tisbita?

He aquí a Elías, aquel que junto a Moisés y Jesús, contemplaron los discípulos en una visión espiritual sobre el Monte Tabor. Esta es su Era. Fortaleced vuestro espíritu con el calor de su presencia y despertad a la esperanza y a la verdadera fe.

Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar. Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías; (Lucas 9: 28-30)

Elías es el rayo de Dios, cuya luz viene a disipar vuestras tinieblas y a libertaros también de la esclavitud de este tiempo que es la del pecado, y quién guiará vuestro espíritu a través del desierto hasta llegar a la Tierra Prometida en el seno de Dios.

Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. (Mateo 11:10) (Malaquías 3:1)

También ahora, como en el Primer Tiempo, viene a desempeñar una misión semejante, a derribar los ídolos de sus altares para enseñar al mundo el verdadero culto espiritual.

Elías y los profetas de Baal

Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que Tú eres Dios de Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. Entonces cayó fuego de Jehová y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arrollo de Cisón, y allí los degolló. (1ª de Reyes 18: 36-40)

Elías es con vosotros y su luz os inspira para que terminéis de construir en vuestro corazón el verdadero santuario, como también os dio valor para que derrumbaseis de su pedestal a vuestros ídolos. El rayo de Elías ha venido siempre a exterminar la idolatría, la superstición, la ignorancia y ha hecho que los hombres reconozcan el poder del Dios de Verdad.

Sí, Elías está entre vosotros y volverá a poner a prueba a los sacerdotes de los falsos dioses y les enseñará nuevamente quién es el verdadero Dios y cómo debe adorarse. Mas no viene Elías a hacerse hombre; no es indispensable el cuerpo humano para poder manifestarse un espíritu en la Tierra y menos el de Elías, que posee la llave que abre las puertas para la comunicación entre un mundo y otro.

En verdad él fue uno de aquellos espíritus extraordinarios que sorprendió y asombró a los hombres por sus manifestaciones, por sus obras, por sus palabras; un varón que sin ser hombre de ciencia tenía en sus manos los elementos; un ser que siendo humano, sabía sobreponerse a la muerte y pasar sobre ella; un hombre que con su invocación atraía los elementos para sorprender la incredulidad y el materialismo de la humanidad.

Entonces Elías Tisbita, que era de los moradores de Galaad. Dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. (1ª de Reyes 17:1)

Ved cuántas y cuán grandes lecciones os ha traído siempre Elías, cómo ha venido a enseñar a vuestro espíritu; mirad cómo en todos los tiempos ha venido a daros a conocer grandes manifestaciones de difícil explicación para vosotros; mas todos aquellos conocimientos que no hubierais comprendido en los tiempos pasados, ahora, en este Tercer Tiempo, os serán explicados por el mismo Elías, quien viene con la misión de restituir todo a su verdadero sentido.

En cada Era y en cada revelación aparece El Profeta Elías. ¿Quién ha sentido su presencia?

Os fue concedido habitar en el mundo en esta Tercera Era, que será la de la perfección, la cual abrió Elías manifestando su espíritu por medio del entendimiento humano, y os anunció mi comunicación bajo la misma forma.

En apariencia se levantarán por sí solos los hombres buscando la paz y la verdad, mas de cierto os digo, que el espíritu de Elías se mostrará delante de los pueblos y naciones, y les hará el llamado hacia la libertad.

Muchas serán las amarguras que tendrán que sufrir los hombres para ver llegar ese tiempo, mas vosotros que lo esperáis no debéis temer, porque en vuestras luchas o en vuestra soledad, siempre hay una estrella luminosa que alumbra vuestro sendero y esa estrella es Elías.

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