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¿Qué es la reencarnación del espíritu?

¿Qué es la reencarnación del espíritu?

La reencarnación es la oportunidad que Dios, en su amorosa justicia, ofrece al espíritu, para que recobre su pureza y retorne al verdadero camino. Esa es la forma en que puede aprovechar la experiencia recogida en su peregrinaje.

La reencarnación es un don que Dios ha concedido a vuestro espíritu para que no se limite nunca a la pequeñez de la materia, a su efímera existencia en la Tierra, a sus naturales debilidades; si no que, procediendo el espíritu de una naturaleza superior, pueda tomar cuantas materias le sean necesarias para el desempeño de sus grandes misiones en el mundo.

La intuición de ello la conservan todos los hombres; en todos los pueblos de la Tierra presienten el misterio que encierra el pasado, presente y futuro de cada espíritu. Para unos es teoría, para otros es posibilidad, para otros fantasía, otros lo niegan rotundamente. Sin embargo, los encuentro pensativos en torno a esta verdad.

¿Quién sois? ¿Qué sois? ¿Quién creéis ser? ¿Qué sentís ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad, hacia el infinito?

La materia es sólo la vestidura temporal del espíritu, la que cambia cuantas veces le es necesario para sus experiencias, su evolución o expiación.

La existencia de un hombre en la Tierra es sólo un instante en la eternidad, un soplo de vida que alienta por un tiempo al ser humano y luego se aparta para después volver a alentar a un nuevo cuerpo.

El cuerpo es de este mundo y en él queda, mientras el espíritu se levanta libre y vuelve a la vida de donde brotó.

«Lo que es nacido de la carne, carne es; lo que es nacido de mi Espíritu, espíritu es». (Juan 3:6)

La resurrección de la carne es la reencarnación del espíritu y si unos creen que esa es una teoría humana y otros piensan que es una nueva revelación, de cierto os digo que este conocimiento, lo di al mundo desde el principio de la humanidad; prueba de ello pueden encontrarla, en el texto de las Escrituras que son un testimonio de mis obras.

Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. (Génesis 28:12)

¿Sabéis que significado encierra aquella Escala que en sueños contempló Jacob? Esa Escala representa la vida y la evolución de los espíritus. El cuerpo de Jacob dormía en el momento de la revelación; pero su espíritu se encontraba despierto. El se había elevado hacia el Padre, buscando como medio la oración y al penetrar su espíritu en las regiones de luz. Recibió un mensaje celestial que quedará como un testamento de revelaciones y verdades espirituales para su pueblo, que es toda la humanidad, porque Israel no es nombre material sino espiritual.

Jacob veía que aquella escala estaba apoyada en la Tierra y que su cúspide tocaba el cielo; esto indica el camino de elevación espiritual que empieza en la Tierra a través de la carne y termina fundiendo su luz y su esencia con la de su Padre, fuera de toda influencia material.

Vio el patriarca que por aquella escala subían y descendían ángeles, representando ello, el incesante encarnar y desencarnar, el continuo ir y venir de los espíritus en pos de luz, o también en misión de restituir y de purificarse, para elevarse un poco más al retornar al mundo espiritual. Es el camino de evolución espiritual que conduce al perfeccionamiento, por eso Jacob contempló en la cumbre de la escala la forma representativa de Jehová, indicando que Dios es la meta de vuestra perfección, de vuestras aspiraciones y el supremo galardón de infinitos goces, como compensación a las arduas luchas, a los prolongados sufrimientos y a la perseverancia por llegar al seno del Padre.

En las vicisitudes y en las pruebas, el espíritu encontró siempre la oportunidad de hacer méritos para ascender. Ahí, en cada prueba, ha estado siempre representada la Escala de Jacob, invitándoos a subir un peldaño más. Ésta es una gran revelación, porque en ella se os habla de la vida espiritual en un tiempo en el que apenas se iniciaba el despertar del espíritu hacia el culto a lo divino, a lo elevado, a lo puro, bueno y verdadero.

Ese mensaje no es tan sólo para una familia, ni siquiera para un solo pueblo; su esencia es espiritual y por lo tanto tiene universalidad. Por eso mismo la voz del Padre dijo a Jacob: «Yo soy Jehová, el Dios de Abraham y el Dios de Isaac, la tierra en que os encontráis os la daré a vos y a vuestra simiente y esa simiente será como el polvo del mundo y os extenderéis hacia el occidente y al oriente, y al norte y al mediodía, y todas las familias de la Tierra serán benditas en vos y en vuestra simiente».

Este mensaje os podrá parecer de poca importancia en apariencia, pero es profundamente infinito en su contenido espiritual. Mas, ¿cómo podrían los hombres encontrar su esencia, si no la han valorizado, si huyen de toda señal o revelación espiritual? He tenido que ser Yo mismo quien viene a daros la interpretación de aquel mensaje que os di en otro tiempo, cuando apenas se iniciaba el despertar del espíritu en el mundo, para alentaros en vuestra misión.

En verdad os digo, que sois como los arroyos que a veces desvían su cauce, pero que al fin van a desembocar al mar, que es su meta.

Los ríos todos van al mar, y el mar no se llena; al lugar de donde los ríos vinieron, allí vuelven para correr de nuevo. (Eclesiastés 1:7)

Una sola existencia en la Tierra, por ser tan breve comparada con la vida espiritual, no puede ser decisiva sobre la eternidad de un espíritu, o sea que ni será suficiente para que uno de vosotros alcance dentro de ella la perfección, que os lleve directamente al Reino de la más alta espiritualidad que es a lo que llamáis Cielo, como tampoco los errores de una vida en la Tierra podrán determinar que un espíritu se pierda en las tinieblas o en el dolor por una eternidad.

Esta revelación, estremecerá al mundo, hará revolución entre los hombres y con ello alcanzarán la explicación de muchos misterios y la fortaleza para su espíritu, porque es Ley de amor y en ella está mi luz. Ahora el mundo sabrá la verdad sobre la resurrección de la carne, que es la reencarnación del espíritu.

Reencarnar: Volver al mundo material para nacer de nuevo en cuanto hombre o mujer; surgir el espíritu en un cuerpo humano para continuar una misión, Esa es la verdad sobre la resurrección de la carne, de que os han hablado, dándoles tan torcidas como absurdas interpretaciones.

El misterio de la resurrección de la carne, lo ha esclarecido la revelación de la reencarnación del espíritu. Debéis saber que la finalidad de esta Ley de amor y de justicia, es la de que vuestro espíritu se perfeccione, de que no se pierda jamás, porque siempre encontrará una puerta abierta como oportunidad que le da el Padre para su salvación.

He aquí la resurrección de la carne, mas no en la forma en que fue concebida por la humanidad. La carne, al quedar inerte, va a las entrañas de la tierra mientras el espíritu parte al más allá en espera de que mi justicia le envíe a encarnar en un nuevo cuerpo; en esta forma espíritu y materia vuelven a unirse en este mundo, mas no en el valle espiritual.

¿Cómo han podido creer que en el día del juicio resuciten los cuerpos de los muertos y se unan a sus espíritus para penetrar en el Reino de Dios? ¿Cómo pueden interpretar así lo que en otros tiempos se os enseñó?

Mas en este tiempo ha llegado esta revelación a vuestro espíritu en un grado mayor de evolución y en breve será comprendida como una de las leyes más justas y amorosas del Creador.

No basta a vuestro espíritu una sola materia en su existencia eterna como tampoco es suficiente para vuestro cuerpo un solo vestido durante su vida en este mundo. Por ello, la reencarnación del espíritu es necesaria para su evolución. En cada etapa conocéis la riqueza y la pobreza, la salud y todas las enfermedades que afligen a la humanidad; conocéis el egoísmo, la soberbia, la inquietud y falta de caridad y también el perdón y el amor, la nobleza y la generosidad.

Hoy estáis cubiertos aún con el velo de la ignorancia, de materialismo y de fanatismo religioso, lleno de falsos temores y prejuicios, por lo que cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encontráis alguna causa clara, clamáis, diciendo: Pero, ¿qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarde siglos y hasta Eras para llegar a un espíritu. Mi justicia siempre llega y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia, perfecta e inexorable.

No crean que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendrán que responder de vuestras obras. A veces llegará a parecerles que vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero debéis saber que como juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

Si sabéis valorizar las lecciones que la vida os da, alcanzaréis la evolución de vuestro espíritu y comprenderéis la finalidad de la lucha que os va forjando, el dolor que os pulimenta, el trabajo que ennoblece, el saber que ilumina y el amor que eleva. El que practique mi Ley, puede dejar de venir a reencarnar en este planeta; mas aquél que en su última reencarnación deje huella de sangre o de maldad, ése tiene que tornar a esta Tierra a reparar errores, a reconstruir lo destruido, a dar vida a lo que dejó inerte, a perdonar a los que no perdonó. En una palabra: a restituir. Aquí tienen el último tiempo para reparar sus faltas, ya que estáis sujetos a la ley de evolución.

Evolución: palabra que estará en los labios de la humanidad cuando se ocupe de su espíritu, porque significa progreso, elevación, transformación y perfeccionamiento.

Las ciencias, las religiones y los teólogos no podrán descubrir en este tiempo cómo obra mi justicia. Cada corazón humano es una prueba viviente de mi justicia y de mi sabiduría.

A veces en el corazón de un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó corona sobre su cabeza, o en un presidiario se esconde el que en otra vida privó de su libertad a un pueblo. A veces le corresponde habitar en un ser cuyo corazón encierra gran rebeldía y entonces le parece difícil manifestar su luz. Ese corazón será su crisol y su prueba en la vida y si logra someterle y persuadirle de que sólo estando en armonía materia y espíritu puede el hombre encontrar la paz, entonces habrá triunfado de su prueba y podrá aspirar a un mundo más elevado.

Esa es mi justicia, que siempre os da la oportunidad de reparar la falta o de rectificar el error. Mi juicio en cada espíritu, por medio de esta ley, es perfecto e inexorable.

Sólo Yo sé juzgarlos, porque cada destino es incomprensible para los hombres. Así, nadie es descubierto ni delatado ante los demás.

El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

El pasado de vuestro espíritu, es desconocido, para vosotros. ¿Quiénes fuisteis antes de esta vida, quiénes sois en la presente y quiénes serán en el futuro? Estos son los misterios que sólo al Juez Divino corresponde saber. Por ahora solo debéis comprender el verdadero significado de la ley de reencarnación que os he revelado como una suprema verdad.

Si por un instante Yo quitara el velo que impide a vuestra mente conocer vuestro pasado, en verdad os digo que caeríais postrados ante mi presencia, agobiados de arrepentimiento ante vuestras ingratitudes, desobediencias, infidelidades y falta de fe en mi Obra. Por esto, no os he permitido hasta ahora saber quiénes sois espiritualmente ni quienes habéis sido en sus vidas anteriores.

Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él (Jesús el Cristo) los reprendió, diciendo: Vosotros nos sabéis de que espíritus sois. (Lucas 9: 54-55)

Por lo tanto, todas aquellas ideas con que algunos de vuestros hermanos quieran sorprenderos, hablándoos de vuestro pasado o de vuestro futuro en la vida del espíritu, desechadlas, ya que esto es desconocido para vuestra mente.

Ahí podrán encontrar la causa por la que el espíritu olvida su pasado. Desde el instante en que encarna en una criatura inconsciente, recién nacida y se funde en ella, inicia una vida junto con aquel ser. Del espíritu sólo quedan dos atributos presentes: La conciencia y la intuición, pero la personalidad, las obras hechas y el pasado, temporalmente quedan ocultos. Así ha sido dispuesto por el Padre. ¿Qué sería del espíritu que ha venido de la luz de una elevada morada a habitar entre miserias de este mundo, si recordara sus vidas anteriores? ¡Cuántas vanidades habría entre los hombres al serles revelada la grandeza que en otra vida existió en su espíritu!

¿Alguno de vosotros cree que su presente existencia es la primera que vive en la Tierra? Muy poco es lo que os he permitido conocer acerca de lo que habéis sido a través de los tiempos, porque no quiero que vosotros penetréis en el santuario, en la intimidad de mis altos juicios; no quiero que hagáis de las enseñanzas de la vida espiritual, nuevas ciencias que tan sólo os conduzcan a la curiosidad y a la pérdida de tiempo. Entre la humanidad, hay algunos que supieron del fin de Sodoma y Gomorra y que más tarde vieron la destrucción de Jerusalén.

En este mundo, descubro a seres que otro tiempo cruzaron el desierto en pos de una promesa divina, que oyeron la voz del Señor sobre un monte; también descubro a otros que vivieron en el tiempo de Jesús el Cristo, vieron sus obras y escucharon su palabra, que le siguieron al desierto y comieron de los panes y peces que dio a comer a la multitud cuando ascendieron a la montaña para oír aquella voz, y a los que anduvieron entre las turbas gritando el día de su crucifixión.

También descubro a los que en otro tiempo, fueron doctores de ley o científicos; ahora traen su mente despierta para el saber espiritual, convencidos de que en el limitado saber humano no encontrarán la Suprema verdad.

En este mundo se encuentran muchos de los que fueron poderosos y ricos en la Tierra, y ahora han venido a saber de la pobreza y la humildad, Yo los bendigo por su conformidad y por su anhelo de perfeccionamiento. Ahí tenéis una prueba de mi amorosa justicia al hacerlos venir nuevamente a la Tierra para mostrarles una página más del libro de la sabiduría eterna.

Comparad esta forma de restitución con la del eterno castigo en el fuego eterno del infierno, forma de la que se valen los hombres para amedrentar al espíritu de la humanidad. Decidme, ¿cuál de estas dos formas os da la idea de una justicia divina, perfecta y misericordiosa? Una revela crueldad, rencor sin limite, venganza; la otra encierra tan sólo perdón, caridad, esperanza de alcanzar la vida eterna. ¡Cuán grande es la deformación que han sufrido mis enseñanzas por causa de las malas interpretaciones!

La idea de la muerte o de la condenación eterna, queda destruida ante esta revelación. Si en los primeros tiempos no se os descubrió esto, fue porque no estabais preparados para saberlo.

Para las generaciones del futuro está reservada esa gracia, a las que el conocimiento de su pasado no les causará impresión y vosotros seréis para ellas como un libro abierto. Serán esos espíritus los reveladores de muchos misterios, los que vengan a aclarar la vida del espíritu a través de sus propias vidas materiales, los que hablen a este mundo de otros mundos y de ese camino tan largo que es el de la vida espiritual.

Cuando miréis a los niños, hacedlo con respeto, porqué no sabéis qué espíritu se oculta en ellos; mas de lo que podéis estar seguros, es de que en cada uno de esos pequeños seres existe un pasado que es toda una historia, toda una vida de evolución.

Os he prometido enviar a morar entre vosotros a los espíritus de luz, ellos esperan tan sólo el momento para reencarnar y cumplir una gran misión de restauración. Cuando aquellos seres habiten este mundo, ¿qué tendréis que enseñarles? Nada, porque ellos vendrán a enseñar, no a aprender. Os maravillaréis de escucharles desde la infancia hablando de enseñanzas profundas, sosteniendo conversaciones con los hombres de ciencia y con los teólogos, asombrando con su experiencia a los ancianos y aconsejando la buena senda a la juventud y a la niñez.

Bienaventurado el hogar que reciba en su seno a uno de estos espíritus. ¡Cuán graves serán los cargos que se hagan a quienes traten de impedir el cumplimiento de mis enviados!

Mucho van a padecer ellos por causa de la maldad de los hombres; mas no será nada nuevo, ya que ninguno de los enviados de Dios ha escapado a la persecución, a la burla y a las ofensas.

No sabéis en que caminos de la vida humana tendrán que surgir, mas Yo os digo que unos aparecerán en el seno de las grandes religiones, donde lucharán por la unificación y la armonía espiritual de toda la humanidad. Otros se levantarán entre los hombres de ciencia para mostrar con el fruto de sus inspiraciones que la verdadera finalidad de la ciencia, es la de perfeccionamiento espiritual del hombre y no su miseria y destrucción. Y así en cada sendero aparecerán mis siervos llevando en su corazón mi Ley y testificando con palabras y obras todo lo que os he venido a hablar en este tiempo.

¡Cuántas lecciones os he dado para que aprendáis a amar! ¡Cuántas oportunidades vidas y reencarnaciones os ha proporcionado la misericordia divina! La lección se ha repetido cuantas veces ha sido necesaria, hasta que ha sido aprendida. Una vez cumplida, no existe razón para ser repetida porque tampoco podrá ser olvidada.

He concedido a vuestro ser la oportunidad de reparar errores, purificar y perfeccionar a vuestro espíritu en vez de castigaros o condenaros como solías pensar antes. En ello debéis comprender mi amor infinito. Vuestro deber, para no hablar de castigo, es reparar, restaurar, restituir y saldar hasta la última cuenta. Nadie, ni vuestro Padre Celestial, ni vuestros hermanos de la Tierra o del valle espiritual, harán lo que sólo vosotros debéis hacer.

Las reencarnaciones han pasado sobre vosotros y muchos no habéis estimado la gracia infinita y el amor que os ha concedido el Padre, vuestro Dios.

Mirad que mientras mayor sea el número de oportunidades, mayor será vuestra responsabilidad y si estas no son aprovechadas, en cada una irá en aumento la restitución y la justicia; ese es el fardo cuyo peso insoportable muchos seres no se explican y sólo mi Doctrina os puede revelar.

Muchos de vosotros ya no tendréis una nueva oportunidad de venir a la Tierra, a reparar sus faltas, no poseerán ese instrumento que hoy llevan y que es el cuerpo, en el que se apoya el espíritu. Es menester que comprendáis que el venir al mundo es un privilegio para el espíritu, que nunca es un castigo; por tanto, debéis aprovechar esta gracia.

No porque el Padre os conceda más de una oportunidad para el desempeño de vuestra misión, desaprovechéis la que hoy tienen, porque nadie sabe el número de existencias que mi justicia le asigne.

Si bien es cierto que mi justicia os ofrece nuevas ocasiones para borrar manchas y reparar errores, también es cierto que en cada oportunidad aumenta el número de pruebas, y que los trabajos y sufrimientos son más intensos cada vez, como grandes fueron los errores cometidos.

¿Habrá quién, después de escuchar este mensaje, lo rechace como lección inútil o falsa? Yo os digo que sólo aquel que llegare a encontrarse en un grado de materialismo extremo o de ciego fanatismo, puede rechazar esta luz sin que su espíritu se conmueva. ¿Quién es aquel que pueda pensar que, una sola existencia humana puede bastar a un espíritu para su desarrollo total y su perfeccionamiento espiritual?

¡Ah hombres, que se ocupan demasiado de la vida humana, creyéndose que son eternos en la Tierra, y no saben que a causa de vuestra materialidad, tienen que venir en nuevas materias al mundo, a dar el paso que en la ocasión anterior no supieron dar! Si pronto aprenden mis lecciones, no tendréis por qué sufrir, ni por qué llorar. Un ser que en la Tierra aprovecha las lecciones en ella recibidas, podrá volver al mundo, pero siempre será con mayor adelanto y en mejores condiciones.

En verdad os digo, que la vida en la Tierra es un grado más en la escala de evolución. ¿Por qué no lo entendéis así, para que aprovechéis todas sus lecciones? Es la razón por la que muchos tienen que volver a ella, una y otra vez: porque no comprendieron ni sacaron utilidad de su vida anterior.

Si habéis de volver al mundo una o algunas veces más, que sea para que recojáis frutos agradables, cultivados por vosotros con anterioridad, para que vuestro espíritu experimente la satisfacción de tener ante sí la oportunidad de concluir alguna obra empezada.

¡Qué doloroso es para el que tiene que retornar y encuentra que la labor que apenas dejó empezada, ahora tendrá que verla unida a nuevas misiones, responsabilidades y trabajos!

Muchas reencarnaciones tampoco le dan la perfección absoluta a un espíritu; por muy elevado que éste se encuentre. Después de su última estancia en la Tierra, aún le espera el valle espiritual con sus moradas en número infinito, sus nuevas enseñanzas, revelaciones, y maravillas. Y en todo esto, ¿no descubrís mi amor?

No olvidéis que vuestra existencia no está limitada por vuestra materia, por lo tanto al acabar ésta, no muere vuestro espíritu, ya que él tiene semilla de eternidad.

Sólo os pido que deis un paso en cada reencarnación, pero que sea un paso firme hacia la perfección; entonces será vuestro espíritu el que advierta su adelanto, manifestándose cada vez con mayor sabiduría a través de aquellos cuerpos que le vayan siendo confiados.

Extenso es el camino por el cual llegaréis a la plenitud de la luz. Ningún ser tiene un camino más largo que el de la reencarnación del espíritu en el cual el Padre, el Divino Escultor que pule y modela a vuestro espíritu, le da la forma perfecta.

Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel?, dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh, casa de Israel. (Jeremías 18-6)

Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? (Job 14:14)

De la soledad espiritual

De la soledad espiritual

Envío mis palabras a todos aquellos cuyo corazón y espíritu se encuentra abatido por las penas y el dolor.

En mi palabra existe la miel para endulzar vuestra existencia y apartar para siempre la amargura, que ha sido en todos los tiempos el triste sabor de vuestra vida.

Deseo que el incomprendido por la humanidad, se sienta comprendido por Mí. ¿Por qué os veo caminar cabizbajos como fracasados? ¿Estáis cansados de esta vida? Pues descansad un instante y decidme vuestras penas.

Venid a Mí siempre que os encontréis afligidos por las penas, siempre que necesitéis un confidente, o un amigo bondadoso, buscadme y os aconsejaré el mejor camino.

Cuando el dolor os agobie y las penas de la vida aniquilen vuestros sentidos, no dudéis de Mí. A los que sufren y sollozan, a los que se nombran desheredados, a los que dicen que su estrella no brilla y a los que lamentan haber venido a la vida para llorar, os digo, no perdáis la esperanza de llegar a sentirme, porque la esperanza procede de la fe, es la fuerza que produce aquello que nombráis milagros.

¿Por qué caéis en el abismo de la desesperación y de la desconfianza? Tomadme como vuestro confidente y depositaré en vosotros la paz. No os deis por vencidos, no os confeséis nunca fracasados. Todos necesitáis la palabra de aliento que venga a reanimaros; si os llamáis incomprendidos, os digo que conozco todo lo que pasa en vuestro interior y os daré la solución que buscáis.

Vengo como Padre para que en Mí encuentren calor los que en el mundo han carecido de amor, de afecto y de ternura. Vengo como Doctor para que depositéis en Mí vuestras dolencias, cuitas y todos los sufrimientos recónditos que han enfermado al espíritu y al cuerpo.

Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido. (Salmos 31:9)

Vengo como amigo para que me confiéis vuestros más íntimos secretos, luchas y anhelos. Todos tenéis una herida, ¿quién como Yo para penetrar en vuestro interior? Sé de vuestra amargura, tristeza y desaliento ante tanta injusticia e ingratitud que existe en el mundo; sé de la fatiga de los que han vivido y luchado mucho y cuya existencia es para ellos como un pesado fardo; sé del vacío de los que se van quedando solos en esta vida. A todos os digo: Pedid que se os dará, porque a eso he venido, a daros según necesitéis de Mí, ya sea compañía, paz o tranquilidad.

Mis palabras son gotas de rocío que descienden al corazón, porque lo encuentro marchito, pero sabed que no me concreto a sentir vuestras aflicciones, sino que vengo a remediarlas, y ofreceros al mismo instante un sustento y un aliciente.

Vengo a mostrarme como Padre, jamás indiferente a vuestros sufrimientos y siempre indulgente y misericordioso ante vuestras imperfecciones. Lo mismo el hombre solitario e incomprendido, que el hombre convertido en esclavo de pasiones o vicios, que la mujer abandonada o la doncella temerosa de enfrentarse a la vida. Lo mismo el padre o la madre que me presentan sus problemas, que el huérfano que no tiene amparo en el mundo. A todos les escucho y les toco el corazón con el fino cincel de mi palabra. Sois como avecillas perdidas que en vez de trinar, gimen angustiosamente.

Quiero que adquiráis sensibilidad espiritual, para que con ello endulcéis vuestra tristeza. Si las fieras en las selvas, las aves en el espacio y las flores en los valles, reciben a cada instante el amor y vida de su Padre, ¿cómo será posible que lleguéis a pensar que Yo os niegue un sólo segundo la gracia de mi amor cuando lleváis en vuestro ser un fragmento de mi propia Divinidad?

Todo ser humano siente vivir dentro de sí a su propio espíritu y siente a veces el anhelo que una mano invisible se tienda sobre él. Cuando la pena invade su corazón, levanta su vista al cielo en busca de resignación y grita desde lo más profundo de su ser para ser oído.

El corazón que no ha sabido de ternura, de comprensión o de cariño, de pronto se siente envuelto en la ternura de mi palabra con un amor infinito y siente desbordar el torrente de su dolor contenido por mucho tiempo. En estos instantes, dejad en Mí toda queja y dolor.

Dejaos envolver en Mí, para que olvidéis tristezas, lutos, miserias y lágrimas y dejéis de ser los parias del mundo.

Seres enfermos, tristes y necesitados de amor espiritual: Veréis cómo la serenidad del espíritu aquieta el mar tempestuoso de vuestras pasiones.

¿Por qué lloráis? No siempre sabéis la causa, a veces es porque la lucha ha sido cruenta, a veces porque la vida os ha azotado con ingratitudes, desengaños, fracasos, enfermedades o lutos; pero hay ocasiones en que sin tener ninguno de esos motivos, habéis llorado mucho.

Yo sé el por qué de ese llanto sin motivo aparente, Yo conozco su origen, es vuestro espíritu el que llora. Cada lágrima es un caudal de ternura contenida, de dolor por sentirse cautivo, de arrepentimiento por los errores cometidos, de pena por haber debilitado, de tristeza por el tiempo perdido. ¿Qué sabe de todo esto la materia? Por eso es que muchas veces habéis creído que llorasteis sin motivo.

¿Es una falta llorar delante de Mí? En verdad os digo que, quien no experimentase esa necesidad de desahogar una pena o de expresar una suprema alegría, es que en lugar de corazón tiene una piedra, porque no siente en ninguna forma mi presencia.

Llorad, porque también el llanto es un medio que he otorgado al hombre para que se purifique y se libre del fardo que le agobia. Veréis cómo después os sentiréis más libres, más ligeros, limpios y fuertes, llenos de ánimo y de fe para emprender nuevamente el camino de vuestra vida.

El llanto en los instantes de vuestra meditación, es prueba de sincera emoción y cada lágrima es más elocuente que mil palabras, de las más hermosas y expresivas de vuestro idioma; pero no en todos se manifiesta por medio de lágrimas el llanto del espíritu, el arrepentimiento o el gozo. En muchos de mis hijos ese sentimiento es interior, oculto, callado, visible sólo para Mí. Ellos parecerán insensibles o impasibles, pero su corazón es tanto o más sensible que quienes exteriorizan sus sentimientos.

No temáis llorar delante de Mí, varones, que las lágrimas no sólo son del niño o de la mujer; bienaventurados los que lloren delante de Mí, porque mi mano enjugará su llanto y mi palabra de consuelo descenderá a su corazón. Hombres y mujeres que mucho habéis llorado en la vida, a vosotros está dedicada esta lección. Veréis qué consuelo tan dulce penetra en lo más recóndito de vuestro ser y una sensibilidad que nunca antes habíais experimentado, sorprenderá vuestras fibras dormidas dejándoos sentir mi presencia, así, en vuestras penas, alegrías y en los momentos de paz.

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. (Juan 16:20)

Bienaventurados los que saben llorar de amor, porque ésa es la prueba de que su espíritu y su corazón viven en armonía. Son los instantes de vuestra meditación, la hora propicia para que comprendáis y sintáis mi amor, el momento en que casi sin daros cuenta, se abre vuestro corazón como una flor y de vuestros ojos brota dulcemente el manantial del llanto. Esas lágrimas hablan más que todas las palabras y dicen más que todos los pensamientos. En ellas hay sinceridad, humildad, amor, gratitud, contrición y promesas. Al oírme hablar así os sentís comprendidos y amados por Mí.

No debéis blasfemar en la dura caminata, cada nuevo dolor es una nueva luz en vuestro corazón, cada prueba hará brotar en vuestro ser las flores de la experiencia. Comprended que si el dolor llega hasta vosotros, es porque lo necesitabais; también debéis comprender que si la alegría llega a posesionarse de vosotros, era porque también la estabais necesitando.

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar. (Eclesiastés 3:1-4)

Benditos aquellos que callan sus penas y en cambio hacen partícipes a sus hermanos de todas sus alegrías, aunque éstas sean muy pequeñas.

Sí, a todos os contemplo y a todos os escucho; sé vuestros nombres, conozco todas vuestras necesidades, oigo vuestro clamor y vuestras peticiones y recibo de todos las súplicas y las ofrendas. Sí, sois mis hijos porque de mi Espíritu brotasteis, ¿cómo no he de conoceros y amaros?

Entonces la virgen se alegrará en la danza, los jóvenes y los viejos juntamente; y cambiaré su lloro en gozo, y los consolaré, y los alegraré de su dolor. (Jeremías 31:13)

Dejad que vuestra fe hable

Dejad que vuestra fe hable, y el cielo os contestará

Quiero que sepáis lo que es la fe, para que comprendas que quien la posee, es dueño de un tesoro incomparable.

El que vive iluminado por esa luz interior, por pobre que le considere el mundo, nunca se sentirá paria, abandonado, débil, ni perdido; su fe en Dios, en la vida, en su destino, y aún en el mismo, jamás lo dejarán caer en la lucha.

Cuántos se engañan a sí mismos con una falsa fe, porque jamás han sabido mirar ni sentir con el espíritu y se han conformado con creer que tienen fe, y éstos son los que en la primera prueba dudan, se desconciertan o se confunden y muchas veces concluyen negando.

Ahora estáis ante un tiempo en el que no sólo creeréis por fe, por esa vista superior del espíritu, sino que también tendréis una comprensión que será superior a la de vuestro humano entendimiento, porque será el espíritu el que se ilumine con la sabiduría espiritual.

No quiero que viváis engañados con un escaso conocimiento de lo que es la verdadera fe, por eso Yo repruebo a quienes predican una fe ciega, una fe sin conocimiento, adquirida por temores y supersticiones.

…para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. (1ª de Corintios 2:5)

La verdadera fe es la mirada espiritual que ve más allá del corazón y de la mente. Yo he sorprendido muchas veces a los hombres abatidos y tristes, creyéndose impotentes para librarse del yugo que para ellos significa en este tiempo la vida. Y por eso he venido a sorprenderos gratamente con mi palabra que viene a infundiros fe, valor, alegría y esperanza.

Para los seres humanos, sobre todo cuando viven horas dolorosas, hay instantes que les parecen siglos, porque no saben revestirse de esperanza, de fe y de paciencia. ¿Por qué hay ocasiones en que me llamáis con desesperación creyendo que no os escucho? Si alguno se sintiera fatigado o que su fe es débil, llámeme, ore, y Yo estaré a su lado al instante.

Dije a los hombres que en Mí creyeron en aquel Tiempo: «Tu fe te ha salvado». Así lo declaré porque la fe es una potencia curativa, es una fuerza que transforma y su luz destruye las tinieblas.

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? (Santiago 2:14-20)

Tened fe del tamaño del grano de la mostaza y veréis realizarse grandes prodigios. Hoy busco a los que no han comprendido el sentido de la vida, a los que se debilitan en cada empresa, y en cada propósito y les digo: La fe os dará una fuerza invencible y una luz que no se extinguirá jamás.

Vosotros sólo poseéis el presente, mas Yo sé por dónde cruzaréis el mañana, por lo tanto confiad en mí. Bendito sea el que tiene fe, mas también bendigo al que viene a Mí, pidiéndome ese precioso don. La fe os salvará, os he dicho siempre. En los trances difíciles, en las grandes pruebas, todo el que ore y confíe será salvo.

¿Por qué caéis a veces en el abismo de la desesperación y de la desconfianza, sabiendo que os amo y que tenéis toda mi protección? En mi camino nadie sucumbe y aunque hay ocasiones en que el hombre cae doblegado por el peso de la cruz, una fuerza superior le levanta y le da ánimos, esa fuerza proviene de la fe.

¿Acaso no vive dentro de vosotros la esperanza que os anima para aguardar un mañana mejor? Existen quienes olvidando a su espíritu, solamente piden para su materia pan, salud o trabajo y en todos obro un prodigio, porque ésos también serán testimonios que mañana enciendan la fe y esperanza en el corazón de vuestros hermanos. Mas no me pidáis tan poco, eso que os parece mucho, pronto termina; mejor pedidme beneficios eternos, bienes espirituales. Yo, por añadidura, os daré lo del mundo. Más tengo que daros que vosotros que pedirme, por lo tanto no os conforméis con tan poco. Recordad que os he dicho: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios».

Deducid de mis palabras que lo que quiero de vosotros es confianza, fe, optimismo, calma y fortaleza, que a pesar de vuestras penalidades no haya amargura en vuestro corazón.

No privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar. Comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo que lo encontraréis más dulce y sustancioso.

A pesar de cuanto os hablo, existen quienes hoy creen y mañana no, porque tienen sus horas para creer y sus horas para dudar. Mientras existan la duda y la debilidad que lucha por venceros, no podrá haber verdadera fe en vosotros. La fe se siente, es el impulso que os hace poner en práctica una idea sin temor a fracasar. Es la mirada espiritual que alcanza a contemplar la verdad.

Aprended de Mí que jamás he dudado de vosotros. Yo veo que dudáis del poder del amor, que dudáis de la fuerza de la fe; que dudáis hasta de vosotros mismos. ¿Qué podéis hacer con tanta duda? Yo sí creo en vosotros, conozco la simiente que hay en cada hijo mío, porque Yo lo formé, porque le di vida con mi amor.

Cuando carecéis de fe, o ésta es muy débil, sin daros cuenta a cada paso me vais negando, y en muchas de vuestras obras vais dando testimonio en contra mía; os digo esto para que observéis bien vuestros actos y midáis sus efectos, no sólo materiales sino también espirituales.

Considerad que si en vez de dudas y desconfianzas, llegáis a depositar toda vuestra fe en vuestro Padre, Él os iluminará a cada instante y os fortalecerá en cada una de vuestras pruebas.

No queráis que repita mis palabras del Segundo Tiempo y que os diga, que sois hombres de poca fe.

Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. (Mateo 8:26)

¿Qué os falta entonces, para poder obrar prodigios? Que crezca vuestra fe, que aumente, que se desborde, y entonces no serán miserias las que vengáis a presentarme, ni lágrimas las que me ofrezcáis, sino acción de gracias, satisfacción, conformidad, confianza, alegría, fortaleza y esperanza.

¿Qué es la Espiritualidad?

¿Qué es la espiritualidad?

La finalidad de mi palabra es la de mostraros el camino certero por donde debéis transitar para alcanzar la verdadera espiritualidad, por la cual lograréis no solamente la tranquilidad del corazón, sino la paz de vuestro espíritu. Ya que a los valores materiales les habéis dado mayor importancia de la que poseen y en cambio de la vida espiritual ya nada queréis saber y ha llegado a tanto vuestro amor al mundo, que hasta lucháis cuanto es posible por ignorar todo lo que se refiere a la espiritualidad, por creer que este conocimiento es contrario a vuestro progreso en el mundo.

Sólo la luz de la vida espiritual, os revela la verdad, con ella podéis comprender cuanto deseáis y necesitáis saber.

La verdadera espiritualidad no puede admitir ninguna especie de idolatría o prejuicios. Espiritualidad quiere decir armonía del espíritu y de la materia, observancia de las leyes divinas y humanas, sencillez y pureza en la vida, fe absoluta y profunda en el Dios verdadero, alegría de servir a Dios en vuestros semejantes.

Espiritualidad es claridad, es sencillez, es culto al amor, es lucha por alcanzar la perfección del espíritu, es elevación de los sentimientos, bondad del corazón, rectitud en los actos. Es limpieza en las obras y en las palabras, vida elevada y generosa.

Espiritualidad es libertad, es la armonía con todo cuanto os rodea. Todo esto, significa desarrollo de todas las facultades del hombre, tanto las que corresponden a su parte humana, como las que vibran más allá de los sentidos del cuerpo y que son las potencias, atributos, facultades y sentidos del espíritu.

Quienes vivan y sientan la espiritualidad bien entendida, les dará fuerza y salud, por lo que nunca dejarán de sentir la verdadera paz y hasta cuando duerman su sueño será tranquilo y reparador.

¿Cómo podéis lograr la espiritualidad? Yo os digo, procurando ser justos en todos vuestros actos, practicando la caridad con vuestros hermanos, amando y perdonando.

¿No deseáis sanar las enfermedades del espíritu así como las del cuerpo? De cierto os digo, que podéis y debéis hacerlo, y esto es posible, practicando la verdadera espiritualidad, entonces veréis realizarse verdaderas maravillas y prodigios.

Vuestro camino ya no será pesado, las tentaciones ya no os harán caer en las profundidades del abismo, ya sabréis tomar de este mundo lo estrictamente justo, lo lícito e indispensable, dando con ello libertad a vuestro espíritu para lograr un mundo mejor.

Cuando despertéis a la espiritualidad, comprenderéis que las tinieblas son débiles ante la luz, el odio es un átomo frente a la fuerza irresistible del amor, y el materialismo se empequeñece ante los dones del espíritu. Por medio de ella, se logra un grado de elevación que permite al hombre concebir ideas elevadas, más allá de lo que puede su mente presentir.

La semilla de la espiritualidad, que siempre he sembrado en el mundo, es la que una vez más os recuerdo en este tiempo. Esa semilla encierra el secreto de una vida mejor. Imaginad el adelanto de una humanidad cuya moral proceda de la espiritualidad; una humanidad sin limites ni fronteras, compartiendo fraternalmente todos los medios de vida que la Tierra ofrece a sus hijos. Tratad de imaginar lo que será la ciencia humana, cuando ella tenga por ideal el amor de los unos a los otros.

Pensad en lo grato que será para Mí recibir de los hombres el culto del amor, de la fe, de la obediencia y de la humildad, a través de su vida sin que tengan que recurrir a ritos ni a cultos externos.

¡Ah, si en toda vuestra vida supieseis conservar pureza en la verdadera espiritualidad sin caer en fanatismo; cuán grande sería vuestra evolución!

Yo no os aparto de vuestro cumplimiento en el mundo, porque también ahí tenéis deberes sagrados, pero os digo que no deis al mundo más importancia que a vuestro desarrollo espiritual.

Espiritualidad es cuanto os pido en este tiempo a los hombres, y dentro de lo lícito, verán cumplidos sus más grandes ideales y resueltos sus más grandes conflictos.

Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual. (Colosenses 1:9)

La humanidad comprenderá que los bienes espirituales son indispensables en la vida del hombre, bienes que no se pueden adquirir con monedas, sino preparación espiritual. ¡Hoy es el dolor, el que os purifica, mañana será vuestra espiritualidad!

Análisis espiritual de la Biblia

Análisis espiritual de la Biblia

A quienes estudian las escrituras de los tiempos pasados, les digo que sólo con espiritualidad en su vida, podrán encontrar la verdad que existe en aquel lenguaje.

Muchas veces enseñáis conceptos erróneos por falta de estudio y penetración en lo espiritual, por eso os encargo que os dediquéis a la meditación de mi enseñanza, para que ya no hagáis obras que creyéndolas buenas, ante el Padre son imperfectas.

Reconoced que los responsables de que la humanidad comprenda con claridad el sentido espiritual de mis enseñanzas presentes y pasadas, sois todos los que sentís en el espíritu el hambre de saber, los que habéis penetrado por los caminos del estudio, de la meditación y del análisis. De los que sólo viven de ritos, ceremonias y cultos materiales no puedo decir lo mismo, ellos se satisfacen con lo superficial, porque aún no han conocido el sabor del fruto.

Si a vuestras manos llegasen alterados los escritos de mis discípulos que en el Segundo Tiempo (Segundo Testamento) os legaron mi palabra, Yo haré que reconozcáis cuáles son las verdaderas palabras de Jesús, la conciencia que es mi voz divina, descubrirá como falsas, las que no estén en armonía con el concierto divino de mi amor.

No caigáis en teologías complicando lo simple, no imitéis a quienes pretendan aprisionar a Dios, en un libro material, porque jamás como humanos, lograréis escudriñar a Dios.

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16: 12-13)

Os doy mi palabra con la misma esencia con que os hablé en el Segundo Tiempo y he venido a recordaros muchas de mis enseñanzas que habíais olvidado, o de las cuales os habéis apartado debido a erróneas interpretaciones de vuestros antepasados.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

Los hombres interpretaron mal mi Ley y falsearon mis enseñanzas; por eso en este tiempo vengo a derramar mi luz en todo espíritu y en toda mente para que la lección que os he dado a través de la vida lleguéis a entenderla.

Una nueva lección os he entregado; con ella he destruido conceptos erróneos porque habíais materializado enseñanzas anteriores. Ved que os hablo en múltiples formas; una misma lección os la enseño de distintas maneras, para que ninguno se quede sin comprender mi palabra.

Quiero que lleguéis a comprender la importancia que tiene el estudio y análisis de mi palabra, ya que cada frase encierra cuando no una revelación, una profecía; cuando no un juicio, una lección para vuestro espíritu.

Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? (Mateo 12:24)

Quienes den a mi Obra la importancia que ella encierra en este Tercer Tiempo y se profundicen en el análisis de mi palabra, verán el florecimiento y el desarrollo de muchos dones que estaban latentes en su ser.

Mucho os hablé en tiempos pasados de ese fuego, de ese juicio, de esa expiación; mas las figuras con las que eran representadas estas enseñanzas las tomasteis en sentido material y vuestra imaginación desvirtuó la realidad de esas revelaciones.

Cuántas torcidas interpretaciones han dado los hombres a estás lecciones divinas. Me hacen aparecer como un juez de monstruosa crueldad.

¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Hebreos 10:31

Cuántos absurdos ha creado la mente humana y luego los ha impuesto como la suprema verdad.

Cuando vine en Jesús a habitar entre los hombres, sólo cuando fue necesario tomé la esencia de aquellas escrituras, del sentido de aquellas obras para dar mis lecciones; lo material y lo superfluo jamás lo ensalcé. ¿No recordáis que mencioné al justo Abel, que ponderé la paciencia de Job y mencioné la sabiduría y el esplendor de Salomón? ¿Verdad que en muchas ocasiones recordé a Abraham y hablé de los profetas, y que refiriéndome a Moisés os dije que Yo no venía a borrar la Ley que él recibió, sino a darle cumplimiento?

Ahora que he venido a vosotros con una extensa lección espiritual, os he venido enseñando y recordando lo que fue, los ejemplos que no debéis olvidar, las lecciones que tiene vida eterna; pero vuelvo a deciros, también ahora sólo os he hablado de lo espiritual. No penséis que os prohíbo la lectura de aquel libro de los primeros tiempos, no, sabed que Yo dije: «Escudriñad las escrituras», y añado ahora: «Antes de leer, orad, para que cuando escudriñéis, halléis verdadera luz y no os confundáis como muchos se han confundido, dando una falsa interpretación a lo sucedido». Leed, escudriñad, mas el análisis lo encontraréis en mi palabra del Tercer Tiempo.

Y estos eran más nobles que los que estaban en Tesálonica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las escrituras para ver si estas cosas eran así. (Hechos 17:11)

Todo cuanto en ellas es fue revelado, tiene un sentido divino, aunque os parezca que en algunas ocasiones están hablando de la vida humana; buscad su esencia y encontraréis que siempre os están mostrando la vida espiritual.

No os detengáis, demasiado en analizar la letra, que es lo superficial, porque ella puede llevaros a la confusión, penetrad al significado de la palabra y ahí hallaréis la verdad. Procurad que vuestro análisis sea sencillo, como lo es mi palabra, y no compliquéis lo que es diáfano, puro y natural.

Meditación y oración es lo que se requiere para el estudio de las lecciones divinas. Quien así busque mi luz, en verdad os digo que pronto la hallará. Ya os he enseñado que con oración se adquiere sabiduría.

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. (Salmos 51:6)

El discípulo que de esta manera analice mi palabra y que en esta forma consulte a su Maestro, será el que siempre acierte con la verdad y nunca se confunda.

Llegará el día en que vuestra sensibilidad para lo espiritual os haga descubrir fácilmente la esencia que contiene toda palabra que ha brotado de Mí.

Mi palabra de este tiempo no borra las palabras que os dije en el Segundo Tiempo. (Segundo Testamento) Pasarán los tiempos, los siglos y las eras, mas las palabras de Jesús no pasarán. Hoy vengo a explicaros y a revelaros el contenido de lo que os dije entonces y que no comprendisteis.

¡Cuántos hay que creyendo conocer las Escrituras, nada conocen, porque nada han entendido! ¡Y cuántos hay que creyendo haber encontrado el lenguaje de la creación, viven confundidos!

Estudiad con amor y buena voluntad mis enseñanzas y llegaréis a entender cuanto os he revelado a través de los tiempos.

En verdad os digo, que vosotros y todos los que penetren al fondo de esta palabra, serán los verdaderos intérpretes de las Escrituras.

El testimonio de lo que aquel pueblo vio y vivió, pasó a la historia y se escribió en textos que han conocido todas las generaciones hasta vuestros días; pero aquellos testimonios, han encontrado ahora a los hombres sin fe ni preparación espiritual, a los que para creer, necesitan pensar, analizar y escudriñar, sometiendo todo a su ciencia, a su razón y a su lógica; estos han dudado, otros se han confundido, algunos han negado y ha habido quien se ha burlado.

Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente. (Efesios 4:17)

Es menester que Yo os diga que el testimonio de los hombres que me siguieron fue verdadero, lo que legaron a la posteridad fue cierto; ellos explicaron las lecciones recibidas a través de su fe sencilla e inocente, tal como la vieron y como estudiaron todo lo sucedido.

Cada uno de aquellos hechos, de aquellas obras y pruebas de que os hablan los antiguos, encierra una verdad, una luz, una revelación. Aquellos creyeron sin escudriñar porque palparon los hechos. A vosotros toca creer analizando, para extraer el contenido espiritual de lo que os ha sido revelado.

Todo tiene una explicación tan sencilla y tan clara; pero vuelvo a deciros que es menester que para encontrarla, el espíritu se adelante a meditar.

Es natural que, quienes tratan de encontrar la divina verdad buscándola con su pobre mente, no den tres pasos sin que hayan tropezado o encontrado el abismo. El camino de la verdad sólo el espíritu puede encontrarlo.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. (1 de Corintios 2:10-14)

Esta luz os librará de la ignorancia y de la mentira; bajo su claridad, cuánta falsedad, cuánto adulterio e impostura quedarán al descubierto. iAy, de los que han adulterado la ley! ¡Ay, de los que han ocultado o falseado la verdad! No se imaginan cómo será su juicio.

No todos los que andan por calles y caminos, hablando de los acontecimientos de los tiempos pasados, interpretando profecías o explicando revelaciones, son mis enviados, porque muchos por vanidad, por despecho o por intereses humanos, han tomado aquellas enseñanzas para ofender y juzgar, para humillar o herir y aun para matar.

Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; (1ª de Pedro 2:15)

Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; (Efesios 4:18)

Necesario es que esta luz que tan dulcemente ha llegado hasta vuestro corazón, se extienda de un punto al otro del orbe para que los hombres se acuerden que Cristo no hiere, ni humilla y menos entrega muerte; porque Él es la vida, el pan, la salud, el consuelo, y de todo esto hoy se encuentra menesterosa la humanidad.

El discípulo espiritual debe buscar siempre la esencia de mis obras, para que descubra la verdad en mis mensajes divinos. Veréis entonces cuan sencillo es encontrar el sentido de todo aquello que unos envuelven en el misterio y otros complican con sus teologías.

Espiritualidad quiere decir sencillez; ¿por qué complicar entonces lo que es simple, claro y diáfano como la luz?

Mi palabra de los tiempos pasados no ha sido debidamente interpretada, mas la semilla está en el espíritu y ahí será cultivada por Mí.

No despreciéis lo escrito en otros tiempos, porque seríais fanáticos; no os dejéis dominar por las pasiones, y aprended a respetar a vuestros hermanos que en otros tiempos escribieron con su amor, con fe y aun con su sangre, páginas de ese libro en el cual están los nombres y los ejemplos de los que han dado testimonio de mi verdad.

Estudiad e interpretad bien mis enseñanzas, porque de no hacerlo así, caeríais en fanatismo debido a la mala interpretación que le deis a mis lecciones de espiritualidad, y ésta que es elevación, no admite errores.

En todos los tiempos los hombres han falseado mi verdad y han ocultado mi Ley a la humanidad.

Ahora, he visto que la Doctrina que os enseñé en el Segundo Tiempo se encuentra oculta, imperfectamente interpretada y no conforme a la evolución espiritual que tenéis ahora, sino adecuada al entendimiento de los hombres de hace muchos siglos.

Si adulteráis mi palabra o no la interpretáis debidamente, entonces mi lección en vuestros labios no será sustento para vuestros hermanos.

Os estoy entregando mi nuevo Mensaje para que él os facilite comprender toda la Revelación anterior.

Os estoy hablando con suma claridad, aun usando el sentido figurado, porque sé que así podréis entenderme mejor. En el Segundo Tiempo, cuando hablaba a las multitudes, muchas veces lo hice por medio de parábolas para que me comprendieran, mas cuando sólo me dirigía a mis discípulos, lo hacía con lenguaje sencillo, pero profundo en su enseñanza.

Por eso, entended que cuando hablo por medio de parábolas y empleo el sentido figurado, es para que los postreros, los torpes de entendimiento o los que aún tienen poco evolucionado su espíritu, alcancen a comprender todo el significado de mi enseñanza; cuando os hago revelaciones sin emplear el sentido figurado, están dirigidas para aquellos cuyo desarrollo y conocimiento de las lecciones espirituales, les permite entender mejor.

Mas la confusión de que os hablo vendrá porque los que han interpretado aquellas revelaciones, han impuesto a la humanidad sus análisis y éstos han sido en parte acertados y en parte erróneos. También será porque aquella luz espiritual de mis enseñanzas, fue ocultada a los hombres y a veces se les ha dado a conocer adulterada. Por eso ahora que ha llegado el tiempo en que mi luz ha venido a sacaros de las tinieblas de vuestra ignorancia, muchos hombres han negado que ésta pueda ser la luz de la verdad, ya que no concuerda, según su criterio, con lo que antes os había enseñado.

 entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, (2 de Pedro 1:20)

Os aseguro que ninguna de mis palabras se perderá y que los hombres de este tiempo, llegarán a saber qué fue lo que os dije en los tiempos pasados. Entonces dirá el mundo cuando conozca el Espiritualismo: en realidad, ya todo lo había dicho Jesús.

Efectivamente: todo lo dije ya, aun cuando de muchas de las verdades reveladas, sólo os manifesté el principio de ellas; os las dejé para que empezaseis a entenderlas, porque en aquel tiempo aún no estaba capacitada la humanidad para comprender todo lo que ahora he venido a mostraros en plenitud.

Cierta ocasión se encontraba Jesús con un hombre que era entendido en Ley y el Maestro contestando a las preguntas de aquél, le hizo una revelación. Entonces el hombre, asombrado ante lo que nunca había imaginado, dijo a Jesús: Señor, ¿pero cómo puede ser esto? A lo que el Divino Maestro respondió: ¿Si no podéis creer en las cosas terrenas que os digo, como llegaréis a creer en las lecciones celestiales? (Juan 3:1-15)

Mas ya es tiempo de que me entendáis, porque el espíritu evolucionado del hombre, puede recibir aquella luz intensa de la Divinidad que todo lo revela, lo descubre y lo explica y a lo cual llamáis la luz del Espíritu Santo o sea el Espíritu de Verdad.

Viene el tiempo de controversias en el que los hombres pondrán de manifiesto su inteligencia y su elocuencia, de la que llegarán hasta el alarde y la vanidad. Volverá a ponerse a discusión mi palabra del Segundo Tiempo, y también se discutirán las diversas interpretaciones que a ella se han dado. En verdad os digo: De ese torbellino surgirá la luz y muchos velos quedarán descorridos y la hipocresía será abatida por la verdad.

Es mi divino deseo que los hombres lleguen a la unificación de ideas y de culto espiritual, porque algo tengo reservado para ellos cuando esto sea.

Aquellos profetas de los tiempos pasados no recibieron consagración o autorización alguna en la Tierra, no estaban obligados a tener sumisión ante ninguna autoridad y sólo se concretaban a obedecer los dictados de su Señor, que era el que ponía su palabra en los labios de aquellos escogidos por Él.

Llenos de fe y de valor, nada los detenía en su misión de enseñar mi Ley al pueblo y apartarlo del fanatismo religioso, haciéndole comprender la indolencia y los errores de los sacerdotes.

Si meditáis un poco y estudiáis las Escrituras, veréis cómo a través de todos los profetas, una sola fue la esencia que en su palabra entregaron a los hombres. Ellos dieron a la humanidad amonestaciones, revelaciones y mensajes, sin los errores del culto materializado que profesaba el pueblo en aquellos tiempos. Enseñando a obedecer la Ley y la palabra de Dios, ayudaron a la humanidad a ponerse en contacto con su Padre Celestial.

Cuántas veces en la historia del pueblo de Dios, los hombres se interpusieron con sus desobediencias y a pesar de sus errores se cumplió mi palabra. Lo mismo sucederá en este tiempo. No todos serán obedientes a mis mandatos; mientras unos se levanten interpretando justamente mis órdenes, otros queriendo conciliar lo puro y verdadero con lo bajo y carnal, tratarán de pasar sobre mi voluntad, sin comprender que la voluntad divina que es poder y justicia infinita, será la que juzgue todos los actos impuros de quienes hayan profanado mi palabra.

No vengo con mi palabra de este tiempo a borrar lo que dije en el Segundo Tiempo; antes bien, os lo vengo a recordar, porque lo habéis olvidado y a explicarlo, porque no lo habéis comprendido. Os estoy revelando lo que entonces no os dije y que tenía reservado para vosotros en el tiempo presente en que vuestro espíritu está más evolucionado.

Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

Los que escribieron mi palabra con amor, con sangre y lágrimas, obedecieron a su memoria y a su inspiración, ellos fielmente interpretaron mi voluntad; mas después vinieron otros y mi palabra fue adulterada, su esencia se ha perdido entre ideas y prácticas que no pertenecen a mi doctrina. Y en este tiempo la luz viene a romper todo velo, para dejar ver la pureza de mi verdad.

Los que estudian mi palabra en esta forma, son los que van encontrando la verdad. Ellos serán los discípulos, que se levanten mañana a explicar a la humanidad mi Doctrina. Harán comprender a quienes se han confundido interpretando las escrituras de los tiempos pasados, que para descubrir la verdad de mis revelaciones es menester no detenerse en el significado material de las palabras, sino buscar el sentido espiritual que es la esencia, que es la verdad y la vida.

Con esta lección quedaréis capacitados para explicar a los que buscan la interpretación de mis pasados mensajes, la forma de descubrir espiritualmente la esencia de cada enseñanza, pasaje o ejemplo, la verdad que es una sola.

Ahora se abre una nueva Era delante de vuestra vista, mas no un nuevo camino. Yo no he venido a destruir vuestra simiente ni a confundiros con palabras extrañas. No os digo que desconozcáis el mensaje espiritual que os dejé en los tiempos pasados, sólo vengo a continuar mi lección comenzada, la cual había dejado en su segunda parte.

Después de mi partida en el Segundo Tiempo, Juan, mi discípulo, contempló en sus éxtasis la época en que estáis viviendo, los peligros en que la humanidad se vería envuelta, las calamidades que azotarían al mundo, las luchas y contiendas de los hombres y la paz que después de todo esto vendría. También le fue revelada la forma en que debería quedar escrita aquella revelación o profecía, para que se diera a conocer en toda la tierra.

Si el libro de las profecías de Juan, ha sido visto por algunos como misterio impenetrable y por otros considerado bajo una interpretación errónea, se debe a que la humanidad no ha alcanzado aún la espiritualidad necesaria para comprender lo que ahí está representado y puedo deciros también que ni siquiera fue entendido por el profeta a quien se le inspiró.

El hombre que contempló, el Cordero, el león, el libro, las estrellas, los ancianos, los candeleros y cuando su vista absorta miró, sólo eran figuras y formas existentes en la Tierra conocidas por el hombre, las cuales fueron tomadas como símbolos, para representar con ellas enseñanzas profundas y divinas, pero mi Divinidad en todo su esplendor nadie puede contemplarla, porque soy infinito, no tengo principio ni fin.

Juan oyó y vio, y al escuchar que se le ordenaba que escribiese, al punto obedeció, más comprendió que aquel mensaje era para los hombres que vendrían mucho tiempo después de él.

Hoy os encontráis en este tiempo que os fue profetizado, y esta Doctrina como luz de una nueva Era, tiene la virtud de enseñar a leer en ese libro que por tanto tiempo estuviera cerrado a vuestra comprensión. Se acerca la hora en la que llegaréis a descifrar todo aquello que por tanto tiempo mirasteis oculto tras el velo del misterio.

¿No creéis en verdad, que si Juan hubiese comprendido el significado de la revelación que había recibido, en lugar de legaros un libro de figuras y símbolos, os hubiese explicado con claridad su contenido? Reconoced que si hubiera explicado con entera claridad esa revelación, ¿qué hombre de aquel tiempo hubiera podido comprenderla y por lo tanto creído en la verdad de la profecía?

Fue mi voluntad que aquel libro permaneciera sellado y sólo su existencia y parte de su contenido os fuese revelado, para que llegado este tiempo Yo viniera a explicaros esa revelación.

Al fin vuestra evolución espiritual os permitirá comprender, el verdadero sentido de las enseñanzas que os he dado a conocer, y cuya luz os conducirá a una morada perfecta en la eternidad.

Si la humanidad se hubiese preocupado por estudiar y analizar las profecías del Primero y Segundo Tiempos, nada de cuanto ahora acontece le sorprendería, ni le confundiría, porque ya todo estaba pronosticado.

Quiero que mis nuevos discípulos conozcan el sentido de aquellas revelaciones.

Las Escrituras de los tiempos pasados podrían revelaros lo que hoy os repito, pero el hombre se ha atrevido a falsear mis verdades para difundirlas adulteradas. Y ahí tenéis una humanidad espiritualmente enferma, cansada y sola.

El hombre, en su materialismo, ha encontrado la conveniencia de modificar la palabra que os di en tiempos pasados. Mas mi Obra es perfecta y no radica en palabras materiales. Preparaos y descubriréis siempre mi verdad; entonces encontraréis que mi semilla os la he dado en abundancia en todos los tiempos, para que vosotros también la entreguéis en esa forma.

¿Cómo pueden presentir la gracia de este tiempo, aquellos que envueltos en fanatismo religioso, quitan toda libertad al espíritu y le privan de toda expresión natural? Todo espíritu guarda en sí mismo grandes dones, puesto que él ha sido antes que el mundo, pero si él se encuentra encadenado y privado de expresar lo que encierra, tendrá que vivir incomprendido y confundido; tendrá que vivir de presentimientos de lo espiritual y de reminiscencias de su propio pasado, ocultando y callando todo, por el temor que sobre lo espiritual le han infundido fanáticas creencias. Así no podrá sentir mi presencia si le sorprende hasta la palabra espíritu. ¿Cómo podrá tener fe en la resurrección del espíritu, que es la reencarnación? ¿Cómo podrá creer en estas manifestaciones que ahora miráis?

No vengo a provocar una leve contienda, sino una gran guerra de ideas, en la que brillarán los inspirados.

No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; (Mateo 10:34,35)

Venid al Maestro y aprended de Él para que destruyáis las malas interpretaciones que sobre las Escrituras de los tiempos pasados os han enseñado. Esas erróneas interpretaciones han sido espesos velos que no os han dejado mirar la verdad.

Os han hablado del Anticristo, al que se refiere en revelación mi discípulo Juan y en vuestra confusión, habéis atribuido esa personalidad a muchos de vuestros hermanos, tanto del pasado, como del presente. Hoy os digo: que ese Anticristo como lo ha concebido la humanidad, ni ha existido ni existirá. Anticristo, es todo aquel que no ama, porque Cristo es el amor del Creador. Ved entonces como vuestro mundo se encuentra lleno de Anticristos cegados por el materialismo.

Yo os digo, que más os vale estar llenos de incertidumbres y de negaciones, que llenos de afirmaciones falsas o de mentiras que pasáis por verdades. Menos mal os hace la negación sincera que nace de la duda o de la ignorancia, que la afirmación hipócrita de una falsedad. Es mejor la duda limpia, que tiene hambre de comprensión, que la firme creencia de un mito cualquiera.

Es mejor la incertidumbre desesperada, que a gritos pide la luz, que la firmeza fanática o idólatra. Hoy abundan por doquiera los increyentes, los desconfiados y los amargados. Son rebeldes que muchas veces ven más claro que los demás, que no sienten el ritualismo, ni les convencen las afirmaciones que han escuchado de quienes dirigen espiritualmente a los hombres; porque todas aquellas complicadas teorías no llenan su corazón sediento de aguas puras que calmen su angustia. Esos que juzgáis rebeldes, muchas veces tienen en sus preguntas más luz que los que, creyéndose sabios o grandes, las contestan. Sienten, ven, palpan, oyen y entienden con más claridad, que muchos que se dicen maestros en las lecciones divinas.

Habéis creído al pie de la letra en la venida de hombres que a sí mismos se llamarán cristos y habéis acabado por creer y comprender que esos serán los falsos cristos.

¿Quiénes son los falsos cristos? Todos aquellos que pregonando superioridad y virtud y diciendo ser difusores del bien, hagan todo lo contrario.

Y así disputáis sobre el temido y terrible fin del mundo que suponíais a la puerta de cada una de vuestras guerras. También os digo ahora, que ese fin que esperáis, no vendrá; mis palabras del Segundo Tiempo se referían a un mundo materializado y científico que no me honra, ni me ama, ni me reconoce.

Persistís en querer entender al revés los símbolos ú os apegáis a ellos de tal manera, que os confundís y al fin no sabéis qué pensar. Dejad de pensar tanto, purificad vuestro espíritu y vuestro corazón y venid a Mí. Yo os daré la luz y os revelaré lo que debéis saber, tanto para vuestro mejoramiento material, como para vuestra ascensión espiritual.

Aún habláis de la justicia terrible de Dios, de la ira de Jehová, del «ojo por ojo y del diente por diente» del día del juicio en que Yo seré el juez vengador.

¿Cuántos días de juicio habéis tenido durante vuestra existencia? En mi Espíritu no puede existir la ira, entonces, ¿cómo podría manifestarla? En Mí sólo existe la armonía. Los que se cobran ojo por ojo y diente por diente, sois vosotros. Mí justicia es amorosa y sois vosotros los que pedís la oportunidad de purificaros, pues Yo no os castigo.

Muchos se han levantado por el mundo reconociendo que este es el tiempo del cumplimiento de aquellas profecías, mas debo deciros que no todos han comprendido el sentido de las Escrituras, cuando les dan una interpretación material, semejante a la que los judíos dieron en aquel tiempo al advenimiento del Mesías y su Reino.

¿Por qué materializasteis el sentido divino de aquellas revelaciones? En parábola y en sentido figurado he hablado a los hombres en los tiempos pasados, porque ni los espíritus ni las mentes estaban capacitadas para recibir la luz en plenitud, era indispensable entonces traducir e interpretar espiritualmente aquel lenguaje, aquellas figuras y parábolas, hasta encontrar el sentido verdadero de ellas.

Ya que los hombres no supieron dar la interpretación verdadera y justa a las revelaciones que se les han hecho desde los primeros tiempos, hoy vengo en Espíritu para ser Yo quien les dé la definición clara y la interpretación justa a cuanto les he enseñado.

¡Cómo han falseado la verdad de mi justicia todos los que van predicando una doctrina de temores, de castigos y de ignorancia! Más, ¿sabéis el por qué de esa actitud? Porque necesitan tener supremacía sobre los demás, porque no conocen la humildad y en cambio tienen mucha vanidad para nombrarse poseedores de la verdad y predilectos sobre los demás.

Predican la ignorancia y atemorizan para no perder su lugar de privilegiados.

Sólo mi luz y mi piedad podrán salvar a las grandes multitudes, del abismo y las tinieblas hacia donde son conducidas.

Yo repruebo a quienes prediquen una fe ciega, una fe sin conocimiento, una fe adquirida por temores y supersticiones.

No escuchéis las palabras de quienes atribuyen a Dios todos los males que aquejan a la humanidad, todas las plagas, hambres y pestes, llamándolas castigos o ira de Dios. Esos son los falsos profetas.

Apartaos de ellos porque no me conocen y quieren enseñar a los hombres cómo es Dios.

Ahí tenéis el fruto de la mala interpretación que se ha dado a las escrituras de los tiempos pasados, cuyo lenguaje divino no ha sido encontrado todavía en el fondo del lenguaje humano con que fueron escritas las revelaciones y las profecías. Muchos van hablando del fin del mundo, del juicio final, de la muerte y del infierno, sin saber un átomo de la verdad.

El concepto sobre mi Divinidad, sobre la vida espiritual y sobre la finalidad de vuestra existencia irá tomando el cauce verdadero, porque cada hombre será un buen intérprete de cuanto os fue dicho en parábola y en sentido figurado por vuestro Maestro, por sus enviados y profetas.

Aquel lenguaje sólo en parte fue comprendido por los hombres; era la lección que les estaba asignada de acuerdo con su capacidad espiritual y mental, pero ellos, queriéndolo saber todo llegaron a turbarse y a confundirse, dando interpretaciones materiales a lo que sólo podía analizarse en forma espiritual.

Ya está la luz nuevamente brillando en cada espíritu y podéis, por lo tanto, penetrar en el fondo de aquellas y de estas revelaciones, mas no olvidéis que si en verdad aspiráis a conocer el sentido o esencia de mi palabra, tendréis que penetrar en el estudio de estas revelaciones; analizándolas espiritualmente y entonces ella se simplificará; su significado aparecerá diáfano, claro y sencillo. Los misterios quedarán destruidos y con ello la ignorancia, y entonces la Tierra comenzará a devolver al valle espiritual seres luminosos y no seres oscuros envueltos en el velo de la ignorancia.

Conocedme todos para que ninguno me niegue, conocedme para que vuestro concepto sobre Dios esté fundado en la verdad y sepáis que donde se manifieste el bien, ahí estoy Yo.

El bien no se confunde con nada. El bien es verdad, es amor, es caridad, es comprensión.

El bien es preciso, exacto, determinado. Conocedlo para que no os equivoquéis. Cada uno de los hombres podrá ir por diversos caminos; pero si todos ellos coinciden en un punto, que es el bien, llegarán a identificarse y a unirse. No así cuando se empeñen en engañarse a sí mismos, dándole cariz de malo a lo bueno y disfrazando de bueno a lo malo, como acontece entre los hombres de este tiempo.

Meditad sobre esta enseñanza, y entonces juzgad, pero antes recordad que cuando estuve entre los hombres, os dije que «mi Reino no es de este mundo», dándoles a comprender que mi morada es espiritual. Al hablarles de la vida espiritual lo hice por medio de parábolas, ya que no hubiesen podido comprender si les hubiese descrito en toda su grandeza y verdad el Reino de los Cielos.

Erróneamente la humanidad ha tomado en forma literal mis parábolas y enseñanzas en sentido figurado, porque en su imaginación han dado formas materiales o humanas a todo lo divino.

A causa de la interpretación material que las mentes humanas han dado a mis revelaciones, muchas creencias sobre la vida espiritual están tan alejadas de la verdad.

¿Cómo podrán los hombres dar así una justa interpretación a lo que he llamado Reino de los Cielos? ¿Cómo podrán conocer mi justicia, mientras crean que existe un infierno como el que su imaginación a forjado? Y, ¿cuándo podrán aceptar y comprender que la ley de la reencarnación no es una simple teoría, ni una falsa creencia de unos cuantos hombres, sino una ley de eterna justicia y de amorosa compensación, a través de la cual el espíritu se purifica, se perfecciona, se modela y eleva?

Oídme nuevamente, humanidad: Este es el Tercer Tiempo en el que me he presentado para deciros que no he venido a borrar una sola de mis palabras reveladas por Mí cuando estuve en la Tierra, sino a borrar de vuestro corazón todas las interpretaciones erróneas que a mis enseñanzas habéis dado.

Cuando renunciéis a vuestro fanatismo que es lo que os ciega y os impide mirar la verdad, comenzaréis a comprender esta Doctrina y ante vosotros miraréis surgir pleno de luz, el contenido de mis revelaciones, tanto de este tiempo, como de los tiempos pasados. Entonces llamaréis justicia perfecta a lo que hoy llamáis misterio y sabréis dar su valor eterno a lo inmutable y su justa importancia a lo humano, que es pasajero.

¿Dónde está vuestro análisis que no os sirve para comprender las lecciones más sencillas? Os he traído de nuevo la luz para que analicéis lo que antes no habíais logrado comprender.

Analizad mis enseñanzas que son claras y sencillas, más no tratéis de analizar primero lo infinito porque os equivocaréis.

Así como aprendéis en el mundo a leer, aprended a analizar la enseñanza del espíritu y su lenguaje de amor.

Preparad vuestro entendimiento para que analicéis con rectitud mi palabra, ya os he dicho que quienes analicen espiritualmente mi palabra, serán los que den una justa interpretación a las lecciones que en esta Era y en los tiempos pasados os ha revelado vuestro Señor. El que lea en mi libro y al analizar lo haga en el sentido espiritual, ese será el que se acerque a la verdad.

Los buenos discípulos, los perseverantes, los fieles, serán los que analicen esta Doctrina. Ellos también serán humildes, pero a pesar de su sencillez asombrarán a sus hermanos con la sabiduría de sus interpretaciones.

Cuán pocos son los que en verdad saben entender mis divinas lecciones, y éstos pocos son los que las analizan con el espíritu. Mas tened en cuenta, que la divina revelación no os la he traído en una sola vez, sino que os la he ido aclarando en cada una de mis lecciones.

Si en ocasiones os habéis confundido y sobre una errónea interpretación habéis acumulado otras, es natural que ahora no comprendáis con claridad ni deis el justo análisis a la enseñanza espiritual del Tercer Tiempo.

Escuchad esta palabra, analizadla y comprenderéis que ella viene a ayudaros a despojaros de todo lo superfluo, porque esas influencias no dejan en libertad a vuestro espíritu.

¡Cuántos prodigios y cuánta caridad podréis sembrar en vuestro camino cuando os preparéis como Yo os he enseñado! No necesitaréis libros de ciencia o filosofías para saber ni para enseñar, os bastará estudiar y analizar las enseñanzas que os he dado en los Tres Tiempos.

Estudiad mi palabra con el ahínco con que estudiáis las lecciones de la Tierra y analizándolas descubriréis que lo que creíais insondable, estaba reservado a vuestro espíritu. En estos tiempos el velo de muchos misterios se está descorriendo, muchos secretos saldrán a la luz de la verdad y por ello seré mejor amado y comprendido por mis hijos.

¿Comprendéis por qué siempre os estoy diciendo que analicéis mi palabra y que la estudiéis? Porque solamente en esa forma podrá penetrar en vuestro ser la luz de la persuasión. Entonces sí habrá una transformación total en vuestra manera de sentir, de pensar y de practicar.

Quiero que lleguéis a comprender la importancia que tiene el estudio y análisis de mi palabra, ya que cada frase encierra cuando no una revelación, una profecía; cuando no un juicio, una lección para vuestro espíritu.

El análisis que hagáis de mi palabra y el cumplimiento que le deis, será la mejor obra espiritual que dejéis a las generaciones venideras; ellas os lo agradecerán y Yo os bendeciré.

Todo cuanto en ellas es fue revelado, tiene un sentido divino, aunque os parezca que en algunas ocasiones os están hablando de la vida humana. Buscad su esencia y encontraréis que siempre os están mostrando la vida espiritual.

No os detengáis, demasiado en analizar la letra, que es lo superficial, porque ella puede llevaros a la confusión, penetrad al significado de la palabra y ahí hallaréis la verdad. Procurad que vuestro análisis sea sencillo, como lo es mi palabra, y no compliquéis lo que es diáfano, puro y natural. La mirada humana se detiene siempre en lo exterior; no analiza, de ahí provienen las interpretaciones injustas y erróneas del hombre.

El cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. (2 de Corintios 3:6)

Oración y meditación es lo que se requiere para el estudio de las lecciones divinas. Quien así busque mi luz, en verdad os digo que pronto la hallará. Ya os he enseñado que con oración se adquiere sabiduría. El discípulo que de esta manera analice mi palabra y que en esta forma consulte a su Maestro, será el que siempre acierte con la verdad y nunca se confunde.

Analizad mi palabra, a fin de que podáis espiritualizaros, porque si no penetráis al fondo de esta doctrina, podréis caer en un nuevo fanatismo. Comprended, discípulos, que en la espiritualidad no tiene cabida el fanatismo, ni el prejuicio, la idolatría o la superstición.

Unificad vuestro análisis y vuestra interpretación de mi palabra, para que vuestro culto y vuestras obras sean las mismas en todos. Analizad mi palabra para que podáis alimentaros con su esencia; para que podáis encontrar mi presencia y sentir mi caricia divina.

Al analizar, procurad ir más allá de la forma de la palabra, y procurad interpretar todo lo que halléis de simbólico o alegórico, buscando la simplificación y la espiritualidad en vuestros análisis, observaciones y estudios; pensando siempre que mañana tendréis que participar de este mensaje a vuestros hermanos, a quienes se lo daréis ya analizado, para que más pronto lo comprendan.

Apartad con tiempo todo símbolo y toda imagen material, pero conservad el sentido de ellos.

Comprended el escaso valor que tienen las formas, si las comparáis con la esencia eterna de lo espiritual. También procurad penetrar poco a poco en esta sabiduría, para que no os parezca imposible la práctica de mis lecciones.

Es menester que analicéis mi palabra, porque si no lo hacéis, veréis misterios en donde el Maestro os habló con claridad y perfección. Dios no tiene misterios para el hombre. Lo que ha sucedido es que unas veces no habéis querido penetrar a la luz y otras, deseáis conocer las revelaciones antes de su debido tiempo. El cieno en que el hombre ha caído es el motivo de que muchas de mis enseñanzas no las haya sabido interpretar debidamente, a pesar de ser ya tiempo de que las comprendiera.

No necesitaréis conocer la ciencia para contestar al científico ni saber teología para responder al teólogo. Una palabra de luz lo ilumina todo y Yo quiero que de vuestros labios broten palabras de luz.

Sólo desde un punto de vista espiritual lograréis encontrar la interpretación justa y verdadera de mi palabra, lo mismo de la que os envié a través de los profetas, que aquellas que os legué por conducto de Jesús, o ésta enseñanza que os entregué por medio de los portavoces del Tercer Tiempo.

A todos los que den a la profecía un sentido material, tendrá que acontecerles lo que al pueblo Judío, que esperaba en el Mesías prometido a un rey poderoso de la tierra, y cuando me vio humilde y manso, no creyó en Mí a pesar de las obras que hice ante sus ojos.

No vayáis en este tiempo a imitar al pueblo judío del Segundo Tiempo, que por ser tradicionalista, conservador y fanático, no pudo comer el pan del Reino de los Cielos que el Mesías le trajo y a quien estaba esperando por siglos y siglos, y llegada la hora no pudo reconocerle porque su materialidad no le dejó ver la luz de la verdad.

De las sectas y religiones del mundo

De las diversas religiones y sectas en el mundo

¿Cuál es la verdadera religión? ¿En dónde está la verdadera sabiduría? Yo os digo: En Dios. Quien me ame y ame a su hermano, ha encontrado la verdad y ha cumplido con la Ley.

Si alguno se cree religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino que engaña su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. (Santiago 1: 26-27)

El vacío que los hombres sienten dentro de sus diferentes religiones en este tiempo, se debe a que su espíritu tiene hambre y sed de espiritualidad; no le bastan los ritos y las tradiciones; ansía conocer mi verdad.

¡Cuán poco le dan los hombres a su espíritu a través de sus cultos religiosos! ¡Cuánta sed, cuánta hambre y qué necesidad tan grande de luz tiene el espíritu de la humanidad!

Yo no vengo hablando en contra de ninguna de las religiones, porque todas ellas son benditas en Mí, pero también, debéis comprender, que Yo como Maestro debo señalar los errores que el hombre ha venido cometiendo, para que algún día lleguéis a enmendarlos, porque si Yo no os ayudase a encontrar la verdad, ¿cuándo la hallaríais vosotros solos?

Mi Doctrina del Segundo Tiempo reveló a los hombres la vida espiritual, pero los hombres, en vez de analizar mis lecciones y de cumplir mis preceptos, crearon religiones en torno a mi Doctrina concretándose al cumplimiento de ritos y ceremonias materiales, que no dan luz al espíritu del hombre y sí lo alejan del sendero de su cumplimiento. La Cristiandad se dividió en sectas que no se aman entre sí, que humillan, desprecian y amenazan con falsos juicios a sus hermanos. Yo os digo que son cristianos sin amor, por lo tanto no son cristianos porque Cristo es amor.

¿No creéis que si unas y otras hubiesen comprendido mi Doctrina la hubiesen aplicado a la práctica llevando a la reconciliación y a la paz a los pueblos? Pero no ha sido así. Todas ellas se han mantenido distanciadas unas de otras, distanciando y dividiendo espiritualmente a los hombres, quienes se ven como enemigos o como extraños. Cada quien busca medios y argumentos para demostrar a los demás que él es el poseedor de la verdad y que los demás están equivocados; pero ninguno tiene la fuerza ni el valor para luchar por la unificación de todos, ni tiene la buena fe para descubrir que en cada creencia y en cada culto existe algo de verdad.

¿Entonces las religiones no son la verdad? A lo cual Yo os digo que, si ellas fuesen la verdad, sólo existiría una, porque una sola es la verdad. Cada una encierra una parte de esa suprema luz, todas son caminos que conducen al espíritu y lo acercan a la fuente del saber.

Comprended mi lección, cada religión es una forma de entender la verdad; pero no la verdad misma, por eso veis las diferencias que entre unas y otras existen. De mi Ley, que es semejante a un árbol, los hombres han cortado ramas que son las sectas y las religiones, las cuales por haber quedado desprendidas del árbol han perdido la savia, su sombra ha sido escasa y entre su follaje no existen nidos de amor ni frutos de buen sabor.

Las religiones duermen el sueño de los siglos, sin dar un paso hacia adelante y cuando despiertan es sólo para agitarse en su interior sin atreverse a romper el cerco que se han creado con sus tradiciones. Las distintas religiones han venido sembrando en el corazón del hombre un falso temor hacia el conocimiento espiritual, lo que ha ocasionado que huyan de mis revelaciones y que se vayan hundiendo en las tinieblas de la ignorancia, argumentando que la vida espiritual es un misterio impenetrable.

Inútiles y vanos serán los esfuerzos que las religiones hagan por conservar a sus fieles en la rutina de antiguas creencias y métodos fuera de tiempo, porque nadie podrá detener la luz divina que penetra al fondo de los entendimientos, despertando al espíritu a una Era de revelaciones, de divinas confidencias, de esclarecimientos de dudas y misterios, de liberación espiritual.

Tampoco nadie podrá detener el torrente que habrá de formar la humanidad cuando se levante en pos de su libertad de pensamiento de espíritu y de verdadera fe.

Nadie crea que Yo vengo a arrebatar sus adeptos, fieles o seguidores a las distintas religiones, no, pero ha llegado la hora en que un nuevo tiempo hace su entrada, removiendo lecciones olvidadas, borrando costumbres, creencias y tradiciones inútiles, purificando y despojando al espíritu de toda falsedad, para entregarle el verdadero pan del espíritu que siempre ha cambiado por el rito.

…Aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio… (Mateo 9: 13)

¡Cuántos hay en el mundo que se dedican a guiar espiritualmente a través de las diversas religiones y sectas que existen, y que en lugar de guiar a sus hermanos por la senda de la verdad, los hacen perderse entre tinieblas y los arrojan a los abismos de la ignorancia!

A quienes se dicen ateos no les reclamaré el haberme arrojado de su corazón, sino a los que, falseando la verdad, han mostrado un Dios que muchos no han podido aceptar.

No serán las religiones las que se unifiquen porque sus diferencias no se lo permiten; serán los hombres los que se unan en la Ley de amor, de, justicia y de verdad que solamente procede de Dios.

Al final de la lucha, los hombres ya en paz consigo mismos y con sus semejantes, comprenderán que para alcanzar la meta del saber y experimentar la verdadera paz, es indispensable vivir en comunión con la Ley Divina, que precisamente procede del amor del Creador. Al mismo tiempo comprenderán que no es necesario profesar tantas y tan diversas religiones para poderse conservar en el bien y en la moral, sino que, para lograr entre todos la verdadera armonía y tener una moral que esté más allá de lo simplemente humano basta con llevar en el corazón la palabra que llamáis Doctrina de Cristo y que para abrazarla tendréis que vivirla y amarla con sencillez y humildad. ¡Pero sobre todo practicarla!

La Ley y Doctrina que legué a la humanidad en tiempos pasados, se encuentra oculta y ha sido sustituida por ritos, cultos exteriores y tradiciones.

A esta humanidad le recuerdo las mismas palabras que dije al pueblo judío en aquel tiempo, cuando le hice ver que por cumplir con antiguas y ya inútiles tradiciones, se había olvidado de la Ley.

Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? (Mateo 15:3)

Aquella palabra de vida que sellé con obras de amor y con sangre en la cruz, ya no vive en el corazón de los hombres, está encerrada y muda en los libros envejecidos y empolvados. Y ahí tenéis una humanidad cristiana que ni conoce ni comprende ni sabe imitar a Cristo. Concluid por comprender: ¿Por qué si todos decís que amáis a un solo Dios verdadero, por qué no os amáis y os respetáis los unos a los otros?

De la Doctrina Cristiana

De la Doctrina Cristiana

Han pasado cerca de dos mil años, desde que vine a entregaros mi Doctrina, y a pesar del tiempo transcurrido, aún no ha sido conocida por toda la humanidad, pero a su tiempo habrá de surgir llena de esplendor desde el fondo de los mismos corazones, que antes fueron para ella como un sepulcro. La Doctrina que vengo a enseñaros no es nueva, no digáis que con mi advenimiento, ha surgido una nueva religión en la Tierra. Si os parece extraña mi Doctrina, os digo qué vosotros sois los extraños.

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad.

Porque tanto Yo como mi Ley, somos inmutables y eternos. Cada vez que vengo a vosotros os encuentro más distantes, más manchados y por lo tanto, más extraviados del camino.

En torno a mi Doctrina, se han creado misterios y dogmas y Yo os digo que el misterio no existe y la ignorancia sí. Esta es mi Doctrina de todos los tiempos. Mirad que teniendo la verdad delante de vuestros ojos, no la habéis comprendido. ¿Cómo podréis vivirla si no la conocéis?

Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo perjuicio y la tomará como norma de su vida.

Yo no he venido a infundiros temor; he venido a inspiraros amor.

Y se admiraban de su doctrina, porque su palabra era con autoridad. (Lucas 4:32)

No deseo esclavizaros con mi enseñanza, porque en ella no existen dogmas, sentencias ni anatemas; quiero que lleguéis a Mí por amor, por méritos, por fe, por convencimiento.

Si verdaderamente penetráis en el sentido de Mi Doctrina, veréis cómo mi palabra de ahora es la explicación y aclaración de cuanto dije en aquel Segundo Tiempo, a través de Jesús.

Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (Juan 16:14-15)

¿Por ventura creéis que venga Yo a negarle poder a la Doctrina que en el Segundo Tiempo os traje como mensaje de amor? No, os la vengo a traer nuevamente, porque la habéis encerrado en libros y no la lleváis en el corazón.

Hay quienes juzgan fuera de época mi Doctrina, y esto es porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones. Para muchos hombres, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; a lo que Yo os digo, que la palabra y las obras de Jesús el Cristo, no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el verdadero amor y la humildad y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual.

Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. (Juan 7:16)

Ya veréis cómo este mundo de ahora, materialista, hostil y egoísta, se transformará, porque mi Doctrina, a veces fuerte como la tempestad y en ocasiones suave como la brisa, arrasará lo impuro y dará vida a la buena simiente para que, los hombres establezcan su futuro sobre cimientos de amor y de armonía.

Sin embargo, no será comprendida al instante; el mundo volverá a juzgarme, esta humanidad volverá a poner la cruz sobre mis hombros; mas ya sé que deberá pasar mi Doctrina por sobre todas estas ingratitudes, para que sea reconocida y amada.

De todo os prevengo porque ya os he dicho que habrá lucha y que mi Doctrina será combatida en muchas formas. Muchos serán los que traten de hacerla desaparecer, mas para que mi Doctrina desaparezca antes tendrá que dejar de existir el último de los espíritus, o sea, el último de los hombres sobre este mundo. Ciertamente mi Doctrina conmoverá al mundo, mas cuando la lucha haya cesado, se sentirá en la Tierra la verdadera paz, aquella que viene de mi Espíritu. Sólo seguirán sufriendo los necios, los reacios de entendimiento y duros de corazón.

La Ley y Doctrina que legué a la humanidad en tiempos pasados, se encuentran ocultas y han sido sustituidas por ritos, cultos exteriores, tradiciones y ceremonias. Mi palabra es como un libro, ha abierto ante vosotros sus páginas para mostraros la sencillez del más allá. Los tiempos en que los hombres cumplían en forma religiosa, olvidándose de la Ley, pasarán porque eso es prevaricar. Mi Doctrina pierde todo su sentido si no la lleváis a la práctica, y por lo tanto, quien la lleve tan sólo en la memoria o en los labios, sin aplicarla a sus obras, está prevaricando.

Veía a los prevaricadores, y me disgustaba, porque no guardaban tus palabras. (Salmos 119:158)

Con cuánta dulzura y amor enseñaron a la humanidad los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras, con las cuales convertían e invitaban a la espiritualidad. Los llamo maestros, porque enseñaron según mi ejemplo. Si alguien ha querido enseñaros obligándoos a creer sin comprender el sentido de mis enseñanzas, ése no es un buen maestro, menos si hace uso de la fuerza privando a sus hermanos de la libertad de pensar, de creer y razonar.

¡Cuánto temor veo en muchos corazones cuando se trata de renunciar a esos hábitos, que habéis creado dentro de mi Doctrina! Y cómo sentís lastimado vuestro corazón cuando se os habla de ellos, sin que queráis comprender que por cumplir con esas tradiciones, abandonáis el verdadero cumplimiento de mi Ley. ¡Cuántos ritos le habéis mezclado, cuántas impurezas, hasta haber llegado a deformarla!

Qué equivocados se encuentran los hombres cuando piensan en Dios a través de la liturgia y las ceremonias. Dios no es ni puede ser lo que el hombre ha edificado en la Tierra.

Mi palabra no detiene la evolución de vuestro espíritu, por el contrario, lo liberta de temores y de prejuicios y le hace contemplar el camino de luz que le espera. Son los hombres los que provocan tempestades. El materialismo, el egoísmo, el orgullo y el amor al mundo, son las fuerzas que se levantan en contra de esta revelación, que no es nueva ni distinta a la que os he traído en los tiempos pasados. La Doctrina que ahora he venido a revelaros, y a la que dais el nombre de Espiritualismo, es la esencia de la Ley y de la Doctrina que en el Primero y Segundo Tiempos os fueron reveladas.

Mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios. (Hechos 5:39)

El sentido y finalidad de mi Doctrina es la salvación moral y espiritual de la humanidad. Esta palabra, sencilla y humilde en su forma, pero profunda en su sentido espiritual, volverá a confundir a los sabios en su soberbia y en su vanidad, y les demostrará que a la Doctrina de Cristo, el Salvador, nadie podrá extinguirla, porque Él es la Vida.

¿Veis cómo mi semilla no está perdida? A vosotros que dudáis de ello, os digo que busquéis con la meditación esa semilla, sin esperar a que sea el dolor el que os ponga frente a la verdad.

Cuando la Humanidad conozca mi Enseñanza y penetre en su sentido, depositará en ella su confianza y se afirmará su fe en este certero camino, que es guía para todo ser que quiera vivir en la justicia, en el amor y en el respeto hacia sus semejantes. Cuando Mi Doctrina se asiente en el corazón de los hombres, se iluminará la vida del hogar, fortaleciendo a los padres en la virtud, a los matrimonios en la fidelidad, a los hijos en la obediencia y colmará de sabiduría a los maestros, hará magnánimos a los gobernantes e inspirará a los jueces, para que hagan verdadera justicia; los científicos se verán iluminados y esta luz les revelará grandes secretos para el bien de la humanidad y para su evolución espiritual. Así empezará una nueva era de paz y de progreso.

Muchos aún tendrán que andar de religión en religión, hasta que su espíritu se eleve en conocimientos y lleguen a comprender que la Ley única, la Doctrina Universal y eterna del espíritu, es la del amor, a la cual todos llegarán. Yo los esperaré con los brazos abiertos, tal como estuve en la cruz.

Comed el pan espiritual según lo ofrecen las diferentes religiones; conoced lo que es la ciencia; y escuchad diferentes teorías humanas; pero ahora oídme a Mí: si después de escuchar mi última palabra mi Doctrina no os satisface, id y buscad la verdad en otro sendero. Aquí debe convenceros la luz, el amor, la elevación de mi enseñanza, porque Yo no quiero esclavos del espíritu.

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Galatas 5:1)

La religión cristiana que conocéis en estos tiempos, no es siquiera un reflejo de la Doctrina que mis apóstoles practicaron y enseñaron.

Nuevamente os digo que en aquellos discípulos podéis encontrar modelos perfectos de humildad, de amor, de caridad y elevación. Ellos sellaron con sangre la verdad que pronunciaron sus bocas. De vosotros no pedirá ya sangre la humanidad, para creer en vuestro testimonio; pero os pedirá verdad.

El Templo espiritual

El verdadero Templo de Dios

En aquel Segundo Tiempo dije a mis discípulos. ¿Veis cuán grande, majestuoso y opulento es el templo de Jerusalén? pues de él no quedará ni piedra sobre piedra. Mi palabra se cumplió, porque toda la idolatría y profanación que en él se hacían, las borré con mi doctrina. Yo prometí reedificarlo en tres días, que precisamente se cumplen en este Tercer Tiempo, en que vengo a levantar en el corazón de la humanidad el nuevo Templo, el nuevo santuario construido en lo más puro del espíritu del hombre.

…que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo (Mateo 26:61)

Por eso os digo que vosotros sois mi Templo, ese santuario que existe en vuestro espíritu y que es donde busco vuestra adoración, donde quiero que mi voz encuentre eco, donde quiero que se levante mi altar y donde Yo pueda habitar por siempre.

Abrid las puertas de vuestro santuario para que Yo penetre a lo más puro de vuestro ser. No vengo a buscar los templos de cantera, vengo en pos del Templo en vuestro espíritu y corazón para morar en él, cuando en vosotros exista la espiritualidad.

Cada quien lleva en su interior un Templo y también vuestro hogar es santuario, porque en él mora la familia humana que es semejante a la familia espiritual. Ahí en el seno del hogar está mi mejor Templo.

El verdadero Templo interior, en el que se levante un altar de amor a mi Divinidad, es un santuario que no será construido con piedras, sino con oraciones, obras de caridad y testimonios verdaderos. No busquéis un lugar determinado para rendirme culto, basta vuestra presencia en cualquier sitio para que sea sagrado, porque en vosotros estoy Yo.

El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. (Hechos 17:24-25)

Vuestro planeta, siendo un átomo en medio de la inmensidad del Universo, tiene por misión ser una imagen de aquel templo armonioso.

Mirad que mi enseñanza, a la vez que es profunda, es sencilla y clara. Ahora estoy levantando un santuario en el corazón de mis hijos, pero en esta edificación he de contar con la ayuda de todos vosotros.

¿A qué santuario se refiere Dios vuestro Padre? Al de vuestro espíritu, que en este tiempo le contemplo en ruinas, mas Yo os ayudaré en su restauración.

¿Quiénes formarán los cimientos de este santuario? Con vuestra unión, formaréis el Templo: Unos por su firmeza, serán cimientos; los que alcancen mayor elevación, serán los muros, otros con su caridad serán escalinatas; y otros más, con su don de palabra, se asemejarán a las campanas que con sus voces llaman a las multitudes. Habrá quienes, por su inspiración, simbolizarán altas torres y cúpulas del recinto; y los que por su amor a la humanidad sean como puertas siempre abiertas al necesitado, al sediento, al enfermo, al incomprendido.

Nadie debe profanar este Templo, ni permitir que en él penetren la idolatría, la codicia, el egoísmo ni la hipocresía.

Mas Yo llegaré a mi Templo para arrojar de allí a los mercaderes como lo hice en el Segundo Tiempo en el templo de Jerusalén y les diré una vez más: «No hagáis de la casa de oración una casa de mercado». ¿Dónde está la mentira? Donde han convertido mi Obra en mercadería, donde han interpretado mal mi palabra dada en todos los tiempos.

Si consideráis que la Creación es un templo donde Yo habito, ¿no teméis que Jesús se presente ahí empuñando el látigo y arroje a los mercaderes y a los que la profanen? ¿De qué os servirían cánticos, oraciones y ritos, si en vuestro interior sólo ocultaseis bajas pasiones? Tengo sed de vuestro amor, no del incienso. Menos lágrimas y más luz, es lo que deseo que haya en vuestra existencia.

Comprended ahora por qué mis apóstoles de aquel tiempo no construyeron templos materiales y sí levantaron templos de fe, de virtud y amor en los corazones, lo hicieron con sus palabras y obras. Cuando, hablaban de la Doctrina de Cristo, levantaban santuarios en el espíritu de las multitudes.

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1ª Corintios 3:16)

El culto espiritual en las religiones

El culto espiritual, en las diferentes religiones

Esta humanidad, que en algunas fases se ha desarrollado, espiritualmente vive en un profundo letargo; porque no ha logrado escudriñar su interior donde existe el verdadero templo. Ese santuario se encuentra desierto, no arde su lámpara, su altar está sin ofrenda, mas Yo os pregunto: ¿A qué se debe todo esto? Porque ha mucho tiempo que el hombre se alimenta con cultos externos, sustituyendo con ello lo que debería ser completamente espiritual.

¿No creéis que ya es tiempo de que los hombres eleven a su Dios, a su Creador, un culto y un tributo digno del que lo recibe y de quien lo ofrece? Si estudiáis u observáis los diferentes reinos de la naturaleza, hallaréis en ellos un número infinito de ejemplos, lecciones y parábolas dignas de que las imitéis; no quiero deciros que los seres inferiores sean vuestros maestros, pero sí os digo que la naturaleza, la vida entera, es un libro cuyo autor es Dios. Ese libro lo he abierto delante de los hombres para que en él contemplen mi perfección, mi amor y mi justicia, no en palabra sino en obra.

No me ofrezcáis las flores o los frutos de vuestros huertos, porque ellos son mi obra y ningún mérito hacéis con dármelos. No es mi voluntad que hagáis imágenes con vuestras propias manos y después las adoréis. Lo que anhelo que me ofrezcáis, es un santuario que llegue hasta Mí, formado con vuestras obras de amor, oraciones y palabras nacidas de vuestro corazón y entregadas en mi nombre a los espíritus hambrientos de verdad: Este es el culto que os pido.

¡Ah, hijos míos de todas las creencias, no deis muerte a los más nobles sentimientos del espíritu, ni tratéis de conformarlo con prácticas y cultos externos! Mirad: Si una madre, no tiene nada material que ofrecer a su amado y pequeño hijo, lo estrecha contra su corazón, lo bendice con todo su amor, le cubre de ósculos, lo mira dulcemente, lo baña con sus lágrimas, pero jamás trata de engañarlo con actos vacíos de amor.

Mirad la magnificencia de lo que os rodea: Las altas montañas simbolizando altares en perpetuo homenaje al Creador, el astro sol como inmensa lámpara alumbrando la vida de los seres; lo majestuosos del mar, la belleza de las flores, el canto armonioso de las aves, elevando al Padre sus trinos que son como plegarias, y en medio de ese esplendor, vuestro espíritu en éxtasis, ante el concierto de la palabra divina.

Mi doctrina os enseña un culto perfecto, espiritual y puro hacia el Padre, porque el espíritu de la humanidad ha llegado, sin darse cuenta, ante los umbrales del templo del Señor, donde penetrará para sentir mi presencia, para oír mi voz a través de su conciencia y verme en la luz que a su mente desciende. Mas, ¿por qué habéis de ofrecerme las riquezas materiales si de antemano sabéis que todo es mío? Dadme lo que no poseo aún: vuestro amor.

Mi enseñanza ha venido a iluminar vuestro entendimiento y ahora sabéis que la obra, los sentimientos y la limpidez de corazón, son la mejor forma de rendir culto al Padre.

Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque aprisionaréis vuestro espíritu y no lo dejaréis abrir sus alas, para conquistar la eternidad. El altar que os dejo para que celebréis en él el culto que Yo espero, es la vida, sin limitación alguna, más allá de todas las religiones, de todas las iglesias y las sectas, porque existe en lo espiritual, en lo eterno, en lo divino.

Habéis penetrado en el tiempo del Espíritu, el de las grandes revelaciones, en el que desaparecerá de todo culto la materialización, la impostura y la imperfección, en que todo hombre, a través de su espíritu, reconocerá a su Dios que es Espíritu, y por ese camino encontrará la forma de la comunicación perfecta.

¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. (Isaías 1:11-14)

Las imperfecciones en el culto de los hombres desaparecerán a medida que la espiritualidad penetre en los corazones y que el espíritu, cansado de falsos dioses, busque mi presencia y mi palabra; no me llamarán ya en las riberas de los ríos, ni en las montañas, ni en el valle o el desierto, me buscarán en el fondo de su espíritu, y ahí formarán un templo en donde me amarán.

Oración, Padre nuestro

Explicación espiritual de la oración del Padre nuestro

Escucha Oh Dios, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío, y Dios mío, porque a ti orare. (Salmos 5:2)

Humanidad, volved a Mí, empezad por orar como Yo os enseñé, para que sintáis la paz de mi llegada; orad espiritualmente, delante de Mí, sintiendo aquellas frases que os enseñé y que dicen: ¡Padre nuestro que estás en los cielos! ¡Cuántas veces estas palabras, que son una invocación para mi presencia, las habéis pronunciado sin sentirlas!

Al deciros que os elevéis espiritualmente, no borro de vuestro corazón aquella oración modelo, sólo quiero que en vez de hablarme con los labios lo hagáis, con el pensamiento y que en lugar de concretaros a repetir una por una las frases que componen esa oración, os inspiréis en ellas para que los pensamientos que forméis en vuestro espíritu, lleven, como el Padre Nuestro, amor, humildad, fe, respeto, conformidad y confianza en el Padre.

En el Segundo Tiempo mis apóstoles me preguntaron cómo debían orar, y les enseñé la oración perfecta, que vosotros llamáis el ¡Padre Nuestro! Ahora os digo a vosotros: inspiraos en esa oración, en su sentido, su humildad, en su fe y esencia, para que vuestro espíritu se comunique con el mío, porque no deben ser ya los labios materiales los que pronuncien aquellas benditas palabras, sino el espíritu el que me hable con su propio lenguaje. En este tiempo he venido a explicaros el sentido espiritual de esta oración.

Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis. Vosotros, pues, oraréis así… (Mateo 6:5-9)

¡Padre nuestro!

Cuando me llamáis Padre, cuando ese nombre brota de vuestro ser, en el cielo se escucha vuestra voz y al arcano le arrancáis un secreto, pero no dejéis que sean solamente los labios los que me llamen Padre, porque muchos hacéis esto maquinalmente. Quiero que cuando digáis Padre nuestro, dejéis que esa oración brote de lo más puro de vuestro ser, meditando cada una de sus frases para que luego quedéis inspirados y en perfecta comunión Conmigo. Nadie se avergüence de llamar Padre a Dios, al Creador, porque ése es su verdadero nombre.

Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros. (Éxodo 3:13-14)

¡Qué estás en los cielos!

Ciertamente, Yo habito en los cielos; mas no en aquel lugar determinado que habéis imaginado. Yo habito en los cielos de la luz, del poder, del amor, del saber, de la justicia, de la felicidad, de la perfección y la armonía. Estoy en el Más Allá, sí; pero Más Allá del pecado humano, del materialismo, y de la soberbia, de la ignorancia y de la pequeñez; porque os hablo de tal forma que vuestros sentidos me perciban y vuestra mente me comprenda, no porque llegue Yo de otros mundos o moradas, ya que mi Espíritu habita en toda la Creación.

Unos dicen que Dios está en los cielos, pero no saben lo que dicen ni comprenden lo que creen. El Cielo es la felicidad suprema a dónde llega un espíritu por el camino de su perfeccionamiento, en donde no existe el pecado ni el dolor.

Mucho habéis luchado y mucho tiempo habéis necesitado para transformar vuestras creencias y conceptos, y aún tendréis que esforzaros más para alcanzar la meta espiritual a que os he destinado y que es la de conocer a vuestro Padre, amarle y rendirle culto a través del espíritu; hasta entonces comenzaréis a presentir la verdadera gloria del espíritu, aquel estado de elevación, de armonía, de paz y bienestar que son el paraíso verdadero a donde todos habréis de llegar.

¡Santificado sea tu nombre!

Deberéis de santificar mi nombre con vuestras buenas obras, con la regeneración de vuestra vida, con la obediencia a mi Ley y practicando el amor y el perdón entre vosotros. Entonces sí podéis decir que habéis entendido mi Doctrina y comprendido mi voluntad.

Obras, palabras y oraciones, son los medios que debéis de emplear para cumplir con la misión de servir y amar a vuestros hermanos. Cuando miréis en cada semejante un hermano, cuando hagáis desaparecer la diferencia entre unos y otros y os perdonéis de corazón, entonces sí estaréis santificando mi nombre.

No queráis hacer grandes obras sin estar preparados; procurad alcanzar mayor espiritualidad, pues así, una palabra, una oración o una obra de caridad, podrán hacer mayores prodigios que aquellos que en vuestra vanidad pudieseis haber deseado realizar.

…sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros; (1ª De Pedro 3-15)

¡Venga a nos tu reino!

Desde tiempos pasados os he dicho que mi “Reino no es de este mundo”, y de cierto os digo que espiritualmente tampoco es la Tierra vuestra morada. El Reino del Padre está en su luz, en su perfección, en su santidad; ésa es vuestra verdadera morada, ésa es vuestra heredad. Recordad que os he dicho que sois los herederos del Reino de los cielos. Quien juzgue extraño que Yo deje mi Reino por venir en busca de pecadores, de cierto no me conoce. Dejo a los justos, porque ellos están a salvo y todo lo poseen, vengo hacia los desheredados, los perdidos, porque también son mis hijos, a quienes amo como a los justos y porque quiero llevarles a mi Reino.

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. (Juan 18-36)

Comprended que del Reino de la paz, vengo al valle de lágrimas; de la mansión de los justos, desciendo a conversar con los pecadores. No traigo corona ni cetro de rey, vengo lleno de humildad a comunicarme con vosotros.

¡Hágase Señor tu voluntad!

¿Cómo se hace la voluntad de Dios? Primero, logrando vuestra armonía interior y luego armonizando con toda mi Obra. Os digo esto porque si os juzgaseis con sinceridad, prevalece más vuestra voluntad que la mía.

Sé, desde antes de que elevéis vuestra plegaria, lo que me vais a pedir, lo que os hace falta, y sólo os concedo aquello que es para vuestro bien, porque vosotros mismos no sabéis qué es lo que os conviene. Si confiáis en Mí y estáis conformes con mi voluntad, Yo os daré lo que os hace falta y vuestro corazón os hará notar que lo que habéis recibido es lo justo, lo que necesitáis, y me concederéis razón para regir vuestro destino.

Orad con humildad y dejad que en vosotros se haga mi voluntad, porque no siempre lo que pedís es lo justo, lo noble o lo bueno. Ahí Yo seré quien os dé lo que os convenga, para que tengáis una vida apacible y feliz.

Quiero que aprendáis a orar, a conversar con vuestro Padre Celestial, meditando y sintiendo todo aquello que queráis comunicarme, con aquel fervor y verdad con que os enseñó Jesús; mas no imitéis a los que diariamente repiten una y más veces: Hágase Señor tu voluntad, así en la tierra como en el cielo, y en realidad no saben lo que dicen, porque en verdad no están conformes con mi voluntad.

Aprended a pedir y también a esperar, sabiendo que nada escapa a mi caridad; confiad en que mi voluntad se manifieste en cada una de vuestras necesidades y pruebas.

Orad en los momentos de prueba, con una oración breve pero limpia y sincera, y os sentiréis confortados, y cuando logréis estar en armonía con vuestro Señor, podré deciros que mi voluntad es la vuestra y vuestra voluntad es la mía.

Ahora os enseño la oración espiritual, la que no brota de los labios, sino de lo más profundo de vuestro espíritu y que con humildad y confianza me dice: «Señor, hágase en nosotros vuestra voluntad».

Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. (Marcos 3:35)

¡El pan nuestro de cada día!

Recordad que os dije: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra de Dios», queriendo enseñaros con ello que en vuestro ser existe una naturaleza a la cual no podréis alimentar tan sólo con lo que en este mundo poseéis, sino que tendréis que buscar para satisfacerle aquello que existe más allá de lo material, es decir, de lo que sólo se encuentra en la región perfecta de donde procede el espíritu de vuestro Padre.

Sé que existe en vosotros hambre y sed que no son materiales, y para reconfortaros, os ofrezco el agua y el pan para vuestro espíritu.

Aquí me tenéis nuevamente en el Tercer Tiempo, vengo a entregaros el pan de la vida eterna del cual comerá la humanidad.

En el Segundo Tiempo, Yo fui a los corazones, en otras ocasiones, ellos me buscaron; pero en todos los casos, mi amor como ahora, es el pan de vida eterna, que les entregué en la esencia de mi palabra.

Fue en una de esas veces, cuando el Maestro realizó el milagro de los panes y de los peces, como una demostración de que cualquier pan alcanzará cuando sea repartido con amor y sin distinciones, porque la conformidad y la fraternidad serán también un sustento.

El pan con que representé mi cuerpo, fue tan sólo un símbolo. Hoy os digo, tomad el pan de mi palabra, bebed el vino de su esencia y os sustentaréis eternamente.

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. (Juan 6:31-33)

¡Perdónanos nuestras deudas!

Yo os enseñé la oración del Padre Nuestro, para que inspirados en ella, recurrieseis a vuestro Padre en vuestras necesidades y tuvieseis siempre presente la promesa de la venida de su Reino; para que a Él acudieseis en demanda de perdón, consultando con vuestra conciencia si antes ya habíais perdonado en la misma forma a vuestros deudores.

Recordad aquel ejemplo de oración que os di en el Huerto de los Olivos, al invocar ante el Padre el perdón para la humanidad. Se postró el cuerpo de Jesús ante el Padre Celestial, mas no ante imagen alguna, y elevé mis palabras a los cielos, las mismas que legué a la humanidad.

Cuántas veces me habéis prometido perdonar a vuestros hermanos, sea cual fuere la ofensa que os hiciesen, me habéis pedido fuerzas para poder cumplir y os las he dado; mas cuán pocas veces habéis cumplido con vuestras promesas.

Vuestra conciencia que pide y espera de vosotros obras perfectas, será la que no os deje tranquilos hasta que sepáis practicar con vuestros hermanos el verdadero perdón.

Porque tú, Señor, eres bueno y perdonador, Y grande en misericordia para con todos los que te invocan. (Salmos 86:5)

¡No nos dejes caer en tentación!

La tentación os inspira odio, rencor, bajas pasiones y materialismo y el hombre que es débil por naturaleza, sucumbe ante sus propias obras insanas e indignas.

Mas no por ello culpéis de vuestras faltas y caídas a determinado ser que personifique esa fuerza; pensad que para cada tentación existe una virtud en vuestro espíritu, para combatir el mal.

Os enseñé en aquel tiempo a vencer las tentaciones del mundo y a la muerte, haciendo que el amor y la verdad salieran triunfantes. Ahora quiero que me imitéis, que arrojéis de vuestro corazón las pasiones, para que ahí, en vuestro interior, se aloje la paz de mi Espíritu Divino y me invitéis a tener en vosotros mi santuario. Mas cuando hayáis vencido el mal, os sorprenderéis al comprender que la tentación la habéis formado con vuestras pasiones, tendencias, debilidades y pecados.

Comprended que si queréis dominar vuestras pasiones y rechazar la atracción que el mundo ejerce sobre vosotros, en mi palabra podéis encontrar la luz y la fuerza para hacerlo.

Yo sólo os digo: velad y orad, para que no caigáis en tentación.

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41)

¡Líbranos de todo mal!

¿De qué sirve que Yo os sane y aparte vuestro dolor, si no apartáis de vosotros vuestros errores, pecados, vicios e imperfecciones? No es el dolor el origen de vuestros males, sino vuestros pecados. ¡He ahí el origen del dolor! Combatid el pecado, apartadlo de vosotros y seréis sanos, mas eso a vosotros corresponde hacerlo, Yo sólo os enseño y os ayudo.

El mal, que es el conjunto de todos los pecados humanos, de los vicios y de la ignorancia, ha imperado por mucho tiempo sobre los hombres, mas es mi voluntad que ellos mismos destruyan ese poder. Para ello Yo les ayudaré, les prestaré mi espada, para que con ella venzan al mal. Ese poder caerá destrozado, su influencia será rechazada de todos los corazones, sus voces serán desoídas y sus indicaciones ya no serán obedecidas. El espíritu se emancipará y estará sobre el pecado, la materia se doblegará por fin y las pasiones llegarán a ser contenidas.

Humanidad: ¿Os parece imprevisto el dolor, la miseria y el caos que os envuelve en este tiempo? Si estáis sorprendidos, es porque no os interesasteis por mis profecías y no os preparasteis. Todo estaba previsto y todo estaba anunciado, pero faltasteis a la fe y ahora apuráis las consecuencias como un cáliz muy amargo.

A quienes me piden con verdadera angustia que os libre de cuanto os acecha, amenaza y aflige, a todos estos Yo os digo como lo hice en aquel tiempo: «¿Qué puede temer el que está Conmigo?» No os alejéis de Mí y os sentiréis seguros en cualquier tiempo y en cualquier sitio. Si teméis, es que, o no estáis en el camino, o estando en él, habéis debilitado en vuestra fe.

¿Y quién es aquel que os podrá hacer daño, si vosotros seguís el bien? (1ª De Pedro 3-13)

Si queréis que una ley más elevada, venga en vuestra ayuda, no sólo para libraros del dolor, que es lo que más teméis, sino también a inspiraros los nobles pensamientos y buenos sentimientos, orad, llamadme, e id luego a vuestro camino a luchar para ser cada vez mejores, para ser fuertes en las pruebas, en una palabra, para llegar a pagar con amor la deuda que tenéis con vuestro Padre y con vuestros semejantes. No desmayéis ante la lucha, ni os desesperéis si aún no contempláis ningún resultado de vuestra labor. Reconoced que vuestra misión es luchar hasta el fin; y solamente así cumpliréis con una mínima parte en esta obra de regeneración y de espiritualidad entre vuestros hermanos.

Vosotros podéis hacer mucho. Con un poco de buena voluntad apartaréis las ruinas, los escombros de un pasado de errores y profanaciones, dejando de ello sólo la luz de una experiencia larga y dolorosa. Si os esforzáis por conduciros por el el camino de los buenos sentimientos, para que vuestra mente se ocupe en las virtudes y vuestros labios sean el fiel instrumento de la verdad e inspiración que germine en vuestro espíritu. Yo os bendeciré y os haré vislumbrar la luz de aquel reino de paz que entre todos construiréis. En esa forma os libraréis de muchas tentaciones.

La oración espiritual

¿Qué es la oración espiritual y cómo se hace?

Ha llegado el momento del silencio y de vuestra comunicación Conmigo, para que así como se confunden en el mar las olas, vosotros os unáis a mi Espíritu Divino; silencio no solamente en los labios, sino también en vuestro templo interior porque es con vuestro espíritu con quien deseo conversar y el momento es solemne.

Hace mucho tiempo que no habláis Conmigo porque hasta la oración, que es el lenguaje que debe emplear vuestro espíritu para hablar con su Señor, ha sido olvidado. Es un idioma desconocido para los hombres de este tiempo. La verdadera oración no es practicada en este tiempo por la humanidad, de ahí que haya tenido que formar oraciones para repetirlas maquinalmente cuantas veces le es necesario.

Yo os digo que la oración es el idioma del espíritu, a través de ella vuestro corazón me habla, se queja, me pide, llora y se fortalece; pero a veces, cuando vuestro ser se encuentra lleno de gozo o se siente inundado de paz, entonces la oración se convierte en un himno espiritual que llega hasta la altura de mi Reino y al cielo le arrancáis un secreto.

Debéis practicar la oración en cualquiera que sea la condición en que os encontréis, con el fin de que sepáis invocar mi ayuda en los trances más difíciles de vuestra vida, sin perder la serenidad, la fe en mi presencia, la confianza y el dominio sobre vosotros mismos.

La verdadera oración, es permitir que vuestro espíritu se eleve libremente hacia Dios vuestro Padre, en entregaros con plena confianza y fe en aquel acto; en recibir en vuestro corazón las sensaciones recogidas por el espíritu; en aceptar con verdadera humildad la voluntad del Padre. La oración es baluarte, arma y escudo del espíritu, refugiaos siempre en ella y no seréis débiles, ya que es el medio revelado a vuestro espíritu para llegar hasta Mí con vuestras interrogaciones, inquietudes, anhelos de luz y con vuestra gratitud.

La oración es una gracia que Dios ha entregado al hombre para que le sirva de escala para elevarse, de arma para defenderse, de libro para instruirse y de bálsamo para ungirse y sanar de todo mal. En la oración encontraréis la forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema, de solucionar una confusión.

En aquella hora de bendita comunicación espiritual, se aclararán todos vuestros sentidos y os sentiréis más dispuestos e inclinados a hacer el bien. Los padres de familia se inspirarán a través de la oración para conducir a sus hijos. La salud la recibirán los enfermos por medio de la oración. Los gobernantes resolverán sus grandes problemas, y el hombre de ciencia recibirá las revelaciones también por medio de este bendito don.

No olvidéis que más tengo que daros que vosotros que pedirme, y que mientras vosotros estáis pidiendo al Padre que os dé, Yo os estoy pidiendo que sepáis recibir. Debo deciros que el día que sepáis llegar con vuestras peticiones hasta la altura de lo espiritual, vuestra dicha al recibir mi caridad será incomparablemente mayor, porque el que sabe pedir, tendrá naturalmente que saber recibir. Recordad la lección en la que os dije: Pedid, pedid que se os dará. Ahora vengo a deciros: Aprended a pedir.

Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? (Lucas 11: 9-13)

¿Qué podéis presentarme, ya sea en vuestro corazón o en vuestro espíritu que Yo no contemple? ¿Qué sufrimiento, anhelos, inquietudes o secretos podéis ocultarme? Ninguno. Entonces aprended a orar espiritualmente, a confesaros interiormente delante de Mí, a confiar en mi providencia y en mi caridad para que dejéis penetrar en vuestro corazón esa paz que tanta falta le hace.

Vosotros pedís para ahora mismo. Yo os doy para el futuro. Vosotros pensáis en vuestro mejoramiento material. Yo pienso en vuestro perfeccionamiento espiritual.

Practicad diariamente la oración espiritual, porque además de penetrar en una comunión íntima con vuestro Maestro y de experimentar una paz infinita en aquellos instantes, ella, representa la mejor ocasión para que recibáis mis divinas inspiraciones, en ellas encontraréis la explicación de todo aquello que no hayáis comprendido o que hayáis entendido mal.

En la oración hallaréis consuelo, inspiración y fuerza, ella os dará la dulce satisfacción de poder hablar íntimamente con Dios, sin testigos ni mediadores; Dios y vuestro espíritu, reunidos en ese dulce momento de confidencias, de comunicación espiritual y de bendiciones.

Intercesión y gratitud

¿Os duele verdaderamente la situación que atraviesa la humanidad? ¿Siente vuestro corazón el dolor de las naciones que se destrozan con la guerra? En los instantes de vuestra oración la guerra se apacigua, los corazones descansan, las madres encuentran consuelo y los niños refugio.

Los hogares que viven en paz, deben orar por los hogares destrozados. Las viudas que han encontrado la resignación y consuelo, acompañen en pensamiento a las que van sin rumbo enloquecidas de dolor.

Si anheláis paz para un pueblo, no es necesario que vayáis hasta él, haced la paz en vuestro corazón y en vuestro hogar y esto bastará para que reflejéis en el espíritu de ese pueblo la concordia y la unificación. Que vuestras penas no os hagan olvidar a los que viven en continua desesperación y angustia. Grandes son vuestras aflicciones y dificultades en la vida diaria, mas no podéis compararlas con aquellas que agobian a algunos de vuestros hermanos.

Debéis aprender a entender a quien lleva oculta una herida y a sentir los sufrimientos de aquellos que, por estar distantes, no podéis contemplar. Entre estos últimos debéis de considerar a los que habitan otros pueblos y naciones, a los que moran en otros mundos o en el más allá. No temáis si algún día os olvidáis de vosotros y sólo os acordáis de los demás, porque nada habréis perdido. Sabed que quien ora por los demás, lo está haciendo por sí mismo.

En este tiempo de gran lucha espiritual, acompañad a los hombres con vuestra oración. Si los veis llorar, no unáis vuestro llanto a la causa que a ellos hace llorar, pero llorad por ellos. Pensad en que hay muchos de vuestros hermanos que no oran y sí sufren. Cuando paséis junto a un extraño a quien no podáis dirigir palabra alguna, pero sintáis conmovido vuestro corazón y vuestro espíritu eleve su oración, presentándome el sufrimiento de aquel hermano vuestro, Yo le daré lo que necesita, porque habéis depositado en Mí su dolor.

Quiero también enseñaros a cumplir vuestros deberes para con vuestros hermanos, quienes gobiernan en el mundo: Si queréis que sus determinaciones sean favorables y justas para sus pueblos, debéis ayudarlos con la oración. A quienes comprendan mi palabra y la practiquen en su vida, os encargo orar por todos los que en su materialismo alteran el sentido de la verdad, y que orgullosos y fuertes se ríen de los que aún, acordándose de Dios, elevan a Él sus preces. Creen tener en sus manos el destino de la humanidad ignorando que también se encuentran bajo mi divina justicia. Ellos necesitan como nadie de vuestras oraciones y de vuestra ayuda espiritual.

A estos hombres perdonadles todo el dolor que os causan y ayudadles con vuestros pensamientos limpios a razonar. No hagáis en torno a ellos más densa la niebla que les rodea, porque cuando tengan que responder de sus actos, también llamaré a responder a quienes en vez de orar por ellos, sólo les enviaron tinieblas con sus malos pensamientos. ¡Por ello quiero que veléis, por eso quiero que oréis, que perdonéis y que améis!

Tened piedad por aquellos que se han hundido en el cieno del vicio; otros, porque no conocen la luz de la verdad y otros porque viven huérfanos de amor o porque tienen hambre y sed de justicia y de paz. Por ellos rogad; pero sobre todo, haced algo que alivie su dolor o mejore su vida. Entonces sí, estaréis entendiendo mi Doctrina, comprendiendo mi sacrificio e interpretando mi voluntad.

Si la humanidad estuviera unida en la verdadera oración y confiara en ella, bastarían unos momentos cada día de meditación, para detener la maldad y el dolor manifestado en tantas y diversas formas.

No sólo oréis cuando os encontréis atravesando por alguna prueba dolorosa, orad también cuando estéis en paz, porque será entonces cuando vuestro corazón y pensamiento puedan ocuparse de los demás. Tampoco pidáis solamente por los que os han hecho bien o por aquellos que no os hayan causado ningún daño, pues ello, siendo meritorio, no lo es tanto como si veláis por los que en alguna forma os hubiesen causado perjuicios. Sabed orar, no sólo en vuestras horas de congoja, sino también en vuestros momentos de alegría. A Mí sólo me ofrecéis lágrimas, penas y tristezas; pero en vuestras alegrías me olvidáis, cuando vuestro corazón esta de fiesta, entonces me cerráis sus puertas.

Cuando elevéis una oración de gratitud, acompañadla de obras que confirmen aquel sentimiento. Esta es la forma a través de la cual podéis ofrecer a vuestro Padre un verdadero tributo de adoración, de amor, de humildad, y de obediencia.

Si así lo hacéis humanidad, Yo haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

El poder de la oración

¡Si los hombres de este tiempo comprendiesen el poder de la oración, cuántas obras sobrehumanas, realizarían! Pero viven una época de materialismo, en el que hasta lo divino tratan de materializarlo para tocarlo y poderlo ver.

Si tuvieseis una fe grande y un conocimiento mayor sobre la fuerza de la oración, cuántas obras de caridad haríais con vuestro pensamiento; pero no le habéis concedido todo el poder que ella tiene y es por eso que muchas veces no os dais cuenta de lo que rechazáis en un momento de sentida y verdadera oración.

Aprended a orar, porque con la oración podréis hacer mucho bien. Es la oración escudo y arma contra todas las acechanzas, con ella, os defenderéis; pero sabed que esa arma no debe herir ni lastimar a nadie, porque su única misión es brillar en las tinieblas.

Os digo que oréis, porque aquel que no ora, se entrega a pensamientos superfluos, materiales y a veces insanos, con lo cual, sin darse cuenta fomenta y alimenta las guerras homicidas; mas cuando oráis, vuestro pensamiento como si fuera espada de luz, rasga los velos de oscuridad y los lazos de la tentación que hoy están aprisionando a muchos seres, satura de espiritualidad el ambiente y contrarresta las fuerzas del mal.

Orad, pero con verdadera fe en el poder de la oración, con una fe tan grande que supere la fuerza de las armas con que vuestros hermanos combaten en la vida y destruyen la paz de sus semejantes. El pensamiento y el espíritu, unidos para orar, crean en el hombre una fuerza superior a toda fuerza humana.

¿No os he enseñado que hasta los elementos desatados pueden escuchar vuestra oración y apaciguarse? Si ellos obedecen a mi voz, ¿Por qué no han de obedecer la voz de los hijos de Dios, cuando ellos se hayan preparado? Todos los que han alcanzado milagros, todos los que han dado pruebas de poder espiritual, así han orado. Así lo hicieron los patriarcas de los primeros tiempos: de espíritu a Espíritu; así oró Moisés en el desierto y Daniel en el foso de los leones.

Así vine Yo en Jesús, a fortalecer al hombre en el conocimiento de la oración verdadera, probando ante sus ojos el poder de la oración espiritual. Jesús oró en el desierto ante la multitud y multiplicó los panes y los peces, maravillando a los hombres. Oró ante el sepulcro de Lázaro y dio pruebas de que la oración nacida de la fe y de la caridad, da salud y vida. Oró ante sus discípulos, revelándoles el poder que el hombre adquiere cuando sabe, ponerse en comunicación con su Padre.

Este estado de elevación no es privilegio tan sólo de algunos seres, es un don que está latente en todo espíritu, pero siempre me ha sido grato servirme de aquellos que han sabido hacer uso de esa gracia. Dos requisitos tan sólo necesitáis para haceros dignos de tal caridad: el primero es vuestra manera de vivir, recta, útil, inspirada siempre en el bien y en la caridad, y una fe que os haga superiores a todo cuanto haya en la Tierra, que os dé fuerza para que, llegado el instante os aleje de un peligro, os eleve por sobre toda miseria, os haga insensibles al dolor y os ayude a vencer aún a la misma muerte.

En verdad os digo, que con bondad y fe, lograréis hacer obras poderosas y sobrehumanas, con las que deis en este tiempo el mejor de los testimonios sobre la fuerza de la oración y del amor. Este será el tiempo en el que los hombres se den cuenta del poder de la oración y para que ella, tenga verdadera fuerza y luz, es menester que con amor la elevéis a Mí.

No olvidéis que para que la oración resulte efectiva, vuestra fe tiene que ser firme, grande, que la caridad sea la esencia de vuestra elevación. Si al orar, vuestra mente está limpia y se ha alejado de todo el materialismo que la rodea, Yo os concederé lo que pidáis para vuestros hermanos. Veréis entonces con admiración cómo en vuestros labios se desborda el consuelo para el que sufre. Vuestra labor será fructífera y bendita porque estaréis practicando mi lección de amor.

Si todos los hombres orasen, nunca perderían la senda de luz trazada por Mí. Por la oración, sanarán los enfermos y volverá la salud y la paz a los espíritus. En la oración, el débil se fortalece, el cobarde se reviste de valor, el ignorante se ilumina, el torpe se despeja. Por la oración se logra la paz, se adquiere sabiduría, se obtiene salud, se comprende lo profundo, se ilumina la mente y se fortalece el espíritu.

¡Cuán diferente es la conducta del que se olvida de orar y de velar! Voluntariamente renuncia a defenderse con las mejores armas que en el hombre he puesto, que son la fe, el amor y la luz del saber.

Os inspiro la verdadera lucha en contra del mal y os revelo cuál es el arma más poderosa e invencible, para que triunféis, aconsejándoos que primero limpiéis vuestro corazón para que luego os elevéis hacia Mí, os llenéis de luz y de fortaleza, para luego enviar vuestros pensamientos como destellos luminosos entre los pueblos sin paz y los hombres sin esperanza.

El materialismo

El materialismo, en la vida de la humanidad

¡Cuánto se ha rebajado la humanidad en su materialismo, cuánto ha tenido que llorar por su indiferencia hacia lo elevado, hacia lo puro y verdadero!

¡Hasta dónde se ha hundido el hombre en su materialismo, llegando a negar a quien todo lo ha creado! ¿Cómo ha podido la mente humana ofuscarse a tal grado? ¿Cómo ha podido vuestra ciencia negarme y profanar la vida y la naturaleza, como lo ha hecho?

Hoy, muchos hombres juzgan fuera de época, mi Doctrina, porque su materialidad no les permite descubrir el sentido eterno de mis lecciones. ¿Por ventura es una prueba de adelanto y de civilización el negar mi existencia, mi amor y mí justicia? No estáis entonces más adelantados que los hombres primitivos, que supieron descubrir en cada elemento y en cada maravilla de la naturaleza la obra de un ser divino, superior, sabio, justo y poderoso, al que atribuyeron todo bien y por eso lo adoraron.

Os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de ahora, sólo existe el César y a su Señor nada tiene que ofrecerle. Si al menos le dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores; pero el César que habéis puesto delante de vuestras acciones, os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Ya disteis mucho tiempo vuestro tributo al César, ahora dadme lo que es mío; ya gozasteis mucho con las satisfacciones del mundo y ya es tiempo de que preparéis vuestro viaje a la eternidad, porque nadie sabe si ha de volver o no a este mundo.

Yo sé por qué os hablo en esta forma, porque mi mirada descubre a aquellos hombres que necesitan que así les hable. Son los materialistas, los que no ven más allá de donde alcanzan sus ojos a mirar, sin creer que más allá de su mente y de sus sentidos es donde comienza la eternidad, la verdad y la sabiduría. Ved a la humanidad perdiéndose en los vicios, en la perversidad y en el crimen; ved a los hombres consagrados a una vida de materialismo y egoísmo; las mujeres se han familiarizado con el pecado que reina en todas partes, pierden su virtud y su delicadeza, el hogar que es el templo del hombre, es profanado porque de él desaparece la luz, el calor y la paz.

Este desastre proviene de la materialización en que ha caído la humanidad. Si habéis relegado al espíritu a último término y antepuesto a él las pasiones de la materia y las ideas de la muerte, natural es que hubieseis llegado a obtener el resultado que hoy estáis mirando.

Hasta ahora, sólo lo que habéis encontrado con la mente y palpado con los sentidos, es lo que para vosotros existe; pero vendrá el momento en que comprendáis que los verdaderos valores existen en vuestro ser espiritual, que no habéis querido reconocer.

Si Yo os he hablado que debéis de apartaros de la lujuria y de materialismo, siempre me he referido a bajas pasiones, a vicios, a frivolidades o al uso de lo superfluo y de lo malo. El amor al mundo, la codicia por el terreno, el deseo de la carne, el deleite de todos los bajos deseos, el egoísmo, el amor por si mismo y el orgullo, han sido la fuerza con que habéis creado una vida según vuestra inteligencia y vuestra voluntad humana, cuyos frutos os he dejado recoger para que vuestra experiencia llegue a ser absoluta.

Buscad vuestro progreso dentro de la vida humana, mas nunca os dejéis dominar por desmedidas ambiciones, porque entonces perderéis vuestra libertad y os esclavizará el materialismo.

En este tiempo tendrán que oírme los orgullosos y los necios, los materializados y los incrédulos, y en su corazón que ha sido como tierra estéril para mi simiente, volveré a sembrar hasta que de las rocas broten flores. Sé que los materializados se escandalizarán al conocer esta Doctrina; pero su conciencia les dirá que mi palabra sólo habla de la verdad.

Os hablo así, porque nadie mejor que Yo conoce la evolución de vuestro espíritu y sé que esta humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus bajas pasiones desarrolladas hasta el máximo, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material. Yo sé que en cuando sienta en su espíritu el toque amoroso de mi amor, vendrá presto a Mí para despojarse de su carga y seguirme por el camino de la verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer.

Las pruebas por las que atraviesa vuestro mundo, son las señales del final de una Era, son el ocaso o la agonía de un tiempo de materialismo, porque materialismo ha habido en vuestra ciencia, en vuestras ambiciones y en vuestros afectos. Materialismo ha habido en vuestro culto hacia Mí y en todas vuestras obras.

La verdadera caridad

La verdadera caridad

En verdad os digo, que todo lo grande y lo bueno que existe en el espíritu, jamás lo habéis dado porque ni siquiera lo conocéis.

Es menester que conozcáis el significado inmenso de la caridad, porque entonces sabréis las maravillas que hace el verdadero amor. ¡Qué hermoso será vuestro mundo, cuando los hombres hayan descubierto en su espíritu el tesoro bendito con que su Creador les dotó desde el instante mismo de su formación!

Os haré comprender cuánto lleváis en vuestro corazón, para que nunca os sintáis menesterosos ante los verdaderos necesitados. La caridad es una de las flores más bellas del amor y es precisamente los pétalos de esta flor los que quiero que se abran en vosotros para esparcir su esencia entre vuestros hermanos, porque la caridad es reflejo de amor y de sabiduría.

Es necesario que aprendáis a mirar un poco afuera de vosotros, algo más allá de vuestro hogar y de vuestros afectos, para que comprendáis el dolor de los demás.

Si en vuestra vida habéis practicado la caridad, continuad haciéndolo; si no, entonces empezad con el primer necesitado que llame a vuestra puerta, ya sea un enfermo del espíritu o del cuerpo, un corazón desolado, una viuda, un anciano o un niño. No cerréis vuestra mano ante el necesitado, ni le juzguéis indigno de vuestra caridad, porque sea malvado, según vosotros. Mientras más grande sea el abismo en que hayan caído vuestros hermanos, mayor deberá ser vuestra paciencia y vuestra caridad para ellos.

No miréis con indiferencia a los que sufren, no despreciéis a los pobres, impartid la caridad, dejad que mi luz ilumine su vida, que el amor que he depositado en vosotros, llegue a ellos y les dé calor, aliento y esperanza. Yo estoy en todos, lo mismo me oculto en el corazón del poderoso, que en el del pordiosero.

Por eso os digo, que cuando veáis llegar a vuestras puertas al menesteroso, no le neguéis la caridad; porque vuestro Padre será el que esté llamado a vuestro corazón. Si observáis a la niñez, veréis que hay muchos pequeños sin amor, sin ley y sin pan. Sí penetráis entre la juventud, encontraréis la lucha de pasiones, los caminos equivocados; y si miráis entre los hombres y mujeres que han alcanzado la madurez en la vida, encontraréis entre muchos de ellos las tragedias, el vicio, el cáliz amargo, a veces la viudez, la falta de esperanza y de fe, así como de un verdadero aliciente espiritual que les conforte y les sostenga.

Quiero que aprendáis todos los medios y las formas de hacer la caridad para que no me digáis: Padre, ¿cómo queréis que comparta con mis semejantes mi pan o mis monedas si son tan escasos? Si las dieseis sin vanidad ni repulsión, vuestra pobre moneda en parte mitigaría el hambre y la sed de amor de esos espíritus en plena restitución.

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazareth, levántate y anda. (hechos 3:6)

Si estáis pobres materialmente y por esa causa no podéis ayudar a vuestros semejantes, no temáis, orad y Yo haré que donde no haya nada, brote luz y haya paz. Mas cuando vuestra conciencia os diga que tenéis que despojaros de algo material para entregarlo al necesitado, no queráis sustituir aquella caridad con una oración. No debéis ocultar o disimular vuestro egoísmo con oraciones espirituales, no queráis que aquello que vosotros podéis hacer, lo haga el Padre, ni debéis evadir el cumplimiento de vuestro deber diciendo que con la intención ha sido bastante.

La caridad que hagáis por medio de una moneda, con ser caridad, será la menos elevada que hagáis. ¿Cómo vais a amaros los unos a los otros con la perfección que Yo os enseñé, si no os reconocéis como hermanos? Necesitáis tomar la esencia que lleva el espíritu, para que vuestro amor sea verdadero amor y vuestra caridad sea verdadera caridad; algo más que palabras vanas, que míseras monedas, o el mendrugo de pan que sobra en vuestra mesa y que son los únicos medios que muchos emplean para haceros creer que practican la caridad y que se aman los unos a los otros.

Los hombres han confundido la verdadera caridad olvidando uno de los sentimientos más elevados del espíritu, con el materialismo que se manifiesta en todos sus actos. A los que así entienden la caridad y con esas obras imperfectas tratan de acallar la voz de la conciencia y pretenden hacerme creer que cumplen con una de mis más elevadas enseñanzas, vengo a deciros: Recogeos en vuestra alcoba y en vuestra oración comunicaos conmigo, para que en esa comunión, sintáis en vuestro interior un destello de bondad y gratitud hacia el Padre, y sintiendo el dolor de vuestros semejantes, pidáis por ellos, lo que ya sería un paso hacia la espiritualidad.

No penséis que para practicar la verdadera caridad, ya es suficiente con sentir compasión, como hasta hoy lo habéis hecho; aun queda mucha frialdad que es menester tornar en calor espiritual, para que al fin, surja de vuestro espíritu el sentimiento de amor, que es la fuente de donde brotan la piedad, la caridad y todos los sentimientos nobles y elevados.

Debo deciros que ese sentimiento no ha sido debidamente interpretado. La caridad es un nombre que vosotros le dais a determinadas acciones que lleváis a cabo, las cuales en la mayoría de los casos, no llevan en su fondo piedad o una verdadera intención de aliviar una necesidad.

Quien piense que para acercarse a Mí deberá dedicar su vida tan sólo a dar, sin esperar recibir, a sacrificarse sin ninguna compensación inmediata, está en un error; por que siendo como sois imperfectos y pecadores, el que os busque para pediros será quien venga a favoreceros, porque al utilizaros os da la oportunidad de que os acerquéis a vuestro Padre.

La caridad verdadera de donde nace la piedad, es la mejor dádiva que podréis depositar en los necesitados. Si al dar una moneda, un pan o un vaso con agua, no tuvieseis en vuestro corazón el sentimiento de amor hacia vuestros hermanos, en verdad os digo que nada habréis dado, más os vale no desprenderos de aquello que dais.

Cuidaos de entregar una caridad aparente, llevando en vuestro corazón el egoísmo. Haced cuanto bien podáis sin interés personal alguno. Hacedlo por amor. Sabed que por mucho que poseáis, si no dieseis nada, es como si nada tuvieseis.

Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía. (Isaías 58:10)

Tened un conocimiento verdadero de lo que es la caridad, de cómo sentirla y cómo impartirla, para que llegue a ser limpia. La caridad aparente podrá proporcionaros algunas satisfacciones que provengan de la admiración que despertéis y de la adulación que recibáis, pero lo aparente no llega a mí Reino.

Quienes viven esperando de Mí la caridad y pudiendo hacerla en su sendero no la hacen, no han tenido caridad de sus hermanos ni de ellos mismos. Esos son los que han dejado enfriar su corazón, los que han apagado su lámpara, los que se asemejan a débiles pajarillos caídos del nido, o a las hojas secas que en otoño se desprenden de los árboles, para ser llevadas sin rumbo por los vientos.

Ciencia y religión

Ciencia y Religión

Desde el principio de los tiempos, los emisarios de la Ley y la Doctrina del espíritu, han encontrado como adversario al hombre de ciencia. Y entre unos y otros se han entablado grandes luchas; y ha llegado el tiempo en que os diga algo sobre estas controversias.

He aquí, que trayendo unos la misión de dar luz a los espíritus, y otros de dar a conocer la ciencia, se han levantado unos en contra de otros a través de los tiempos, sin pensar que no son misiones opuestas, sino que ambas se complementan.

Los hombres de ciencia, llenos de vanidad, han llegado a considerar a las revelaciones divinas como indignas de su atención. No quieren elevarse espiritualmente hasta Dios y cuando no alcanzan a comprender algo de lo que les rodea, lo niegan para no tener que confesar su incapacidad y su ignorancia. Muchos de ellos no quieren creer más que en lo que llegan a comprobar.

No penséis que el cielo sólo ha enviado a quienes os han hablado de espíritu, de amor, de moral; no, también ha enviado a los que os han ofrecido buenos frutos de la ciencia, aquellos conocimientos que hacen luz en la vida de los hombres, que aligeran sus cargas y alivian sus penas. Todos ellos han sido enviados míos.

Mas trayendo unos misiones espirituales y otros misiones científicas, se han levantado en pugna unos contra otros en todos los tiempos, siempre como enemigos, las religiones y la ciencia.

Nuevamente esas dos fuerzas habrán de enfrentarse, hasta que de esa lucha surja la verdad. La lucha será enconada porque a medida que los tiempos pasan, los hombres aman más lo terrenal, en virtud de que su ciencia y sus descubrimientos los hacen sentirse en un reino propio, en un mundo creado por ellos.

¡Cuántos anatemas ha lanzado la religión a la ciencia y cuántas veces ha negado la ciencia a la religión la existencia de la vida espiritual! La religión, fundándose en los males, que la ciencia ha acarreado a la humanidad y la ciencia tomando como arma el fanatismo y las supersticiones que los ministros de las religiones han inculcado a la humanidad. De cierto os digo que a los unos les falta conocer la verdad que la naturaleza encierra y a los otros interpretar debidamente mi Ley.

¡Ay de los que han tomado mi nombre para gobernar espiritualmente a la humanidad si con ello la han estacionado o confundido, porque verán partir de entre sus filas a millares de hombres en busca de la verdad! ¡Ay de los hombres de ciencia, que en vez de hacer liviana la vida, la han hecho más penosa a los hombres, porque entonces verán a los pobres y a los ignorantes realizar prodigios que ellos no serían capaces de hacer con toda su ciencia!

Mas, ¿dónde se hallará la sabiduría? ¿Dónde está el lugar de la inteligencia? (Job 28:12)

En verdad os digo, que la ciencia que los hombres han desarrollado en beneficio de la humanidad, Yo la bendigo. Si la ciencia humana os da muestras de su desarrollo, reconoced que ello revela también evolución espiritual. No vengo a desconocer el saber y la ciencia que los hombres han alcanzado; por el contrario, vengo a iluminar su talento, para que sus obras tengan un fin noble y elevado, porque entonces sí alcanzarán la verdadera grandeza, ya que la ciencia es saber, conocimiento y luz.

Yo no os prohíbo que toméis la ciencia ni la condeno. Sólo he querido que los hombres comprendan a través de mi Doctrina, que hay una ciencia mayor que la que ellos conocen y la cual pueden alcanzar por medio del amor, que es la esencia de todas mis enseñanzas.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. (I Corintios 13:2)

¿Soy acaso el enemigo de la ciencia? ¿Soy un obstáculo para el progreso y evolución de mis hijos? Quien así lo creyese, es que no ha sabido interpretar mi palabra, no ha comprendido en su verdad al Padre, porque todo don o facultad que haya en el hombre, debe tener desarrollo, porque la evolución es Ley Universal. Todo tiene que perfeccionarse en mi creación.

Yo bendigo la ciencia del hombre, que ha sanado y rescatado de la muerte al que estaba al borde del sepulcro. Ni antes ni ahora he condenado vuestra ciencia, porque es un camino por el cual el hombre también encuentra mi verdad; quien me busca en todo conocimiento, me encuentra y siente mi presencia y descubre mis leyes. Lo que repruebo es el mal empleo que se haga de lo que sólo fue creado para buenos fines.

Yo bendigo en mis hijos el anhelo de saber y me es infinitamente grata su ambición de ser sabios, grandes y fuertes; mas lo que no aprueba mi justicia, es la vanidad en que muchas veces fincan sus ambiciones o la finalidad egoísta que en ocasiones persiguen. sólo quieren la verdad que llega al cerebro no la que llega al corazón, y ahí tienen el resultado de su materialismo: una humanidad egoísta, falsa y llena se amargura.

Si habéis empleado algunas de vuestras ciencias para analizarme y juzgarme, ¿No os parece más razonable que deberíais usarlas para analizaros a vosotros mismos, hasta conocer vuestra esencia y destruir vuestro materialismo? ¿Por ventura creéis que vuestro Padre no pueda ayudaros por el camino de vuestras buenas ciencias? En verdad os digo, que si supieseis sentir la esencia del amor divino, el saber llegaría fácilmente a vuestro entendimiento sin que tuvieseis que cansar vuestro cerebro, ni agotaros con el estudio de los conocimientos que creéis profundos y que verdaderamente están a vuestro alcance.

Saber, es sentir mi presencia; saber, es dejarse conducir por mi luz y hacer mi voluntad; saber, es comprender la Ley; saber, es amar.

* Sabréis entonces que el saber, cuando no va acompañado de un fin elevado, cuando no está inspirado por la conciencia que es la que aconseja siempre lo mejor, no es verdadera sabiduría sino saber a medias, porque carece de lo esencial, que es ese fin elevado”

¿Dónde están los verdaderos sabios? Necios y torpes han sido también, porque se han llenado de soberbia y superioridad creyendo haber penetrado en el conocimiento de la Creación, cuando en realidad sólo superficialmente la conocen.

¡Cuán pequeños sois, cuando creyéndoos todo poderosos y grandes os resistís a confesar que sobre el límite de vuestro poder y vuestra ciencia está el del que en verdad todo lo sabe y todo lo puede! Entonces, os concretáis a ser materia y sólo materia y parecéis seres insignificantes, porque quedáis sujetos tan sólo a la ley natural que rige a los seres mortales y fugaces, que nacen, crecen y mueren, sin dejar huella de su paso.

¡Oh, profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! (Romanos 11:33)

Avanzan los pueblos creciendo cada vez más en conocimientos científicos, mas Yo os pregunto: ¿Qué sabiduría es esa, que mientras más penetran en ella los hombres, más se alejan de la verdad espiritual, en donde existe la fuente y el origen de la vida?

¿Podría el hombre con toda su ciencia crear algo de lo que Yo he formado? En verdad os digo, que los hombres del poder no todo lo pueden, ni los sabios todo lo saben, ni los teólogos me conocen en verdad.

Os habla el Padre, aquél que no tiene ante quien inclinarse a orar; mas en verdad os digo, que si sobre Mí existiese alguien más grande, ante él me inclinaría, porque en mi Espíritu habita la humildad.

Qué sorpresa siente el espíritu del científico cuando abandona este mundo y llega a presentarse ante la verdad divina. ¡Ahí inclina avergonzado su faz, rogando que su orgullo le sea perdonado! Creía saberlo y poderlo todo, negaba que existiese algo que estuviese más allá de su conocimiento o de su comprensión; pero al hallarse frente al Libro de la Vida, ante la obra infinita del Creador, tiene que reconocer su pequeñez y que revestirse de humildad ante quien es sabiduría absoluta.

¿Por qué no hojear desde aquí ese libro, cuando está permitido y ordenado por Mí? ¿Por qué no prepararse con espiritualidad para llegar hasta él y aprender en sus páginas la lección que ilumina o la revelación que esclarece los misterios?

Que no teman venir a Mí porque sean fríos de corazón o severos para juzgar. Yo tendré una frase de amor para cada quien, una palabra que será como rayo que ilumine aquellos corazones desilusionados por la ausencia de amor. No importa que no crean en Mí, ni me amen, eso no es motivo para que Yo los excluya de mi mesa.

Sé que muchos, en su orgullo, se resistirán a venir a aprender, considerando que todo lo saben; pero bastará que escuchen uno de mis mensajes y Yo le probaré que aún tiene corazón, que no han muerto para el verdadero amor, que delante de Mí sigue siendo mis pequeños y que aún saben llorar.

El hombre no ha descubierto aún la verdadera ciencia, aquella que se logra por el camino del amor. El supremo conocimiento no está reservado a los hombres de mente desarrollada, sino a los hombres de espíritu elevado.

Significado del verdadero perdón

Significado del verdadero perdón

En verdad os digo, que esta humanidad no conoce aún la fuerza del perdón y los milagros que él obra. Cuando tenga fe en mi palabra, se convencerá de esta verdad.

¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica este sublime mandamiento, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera, tanto en el que entrega el perdón, como el que lo recibe?

Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. (Mateo 5:23)

Cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad, y no temáis humillaros, porque Yo os digo que el que se humillare en el mundo, será ensalzado en el más allá.

Destruid vuestro orgullo, la humildad es el triunfo, la vanidad es la derrota, aunque en el mundo lo apreciéis de diferente manera. Daos la mano unos a otros en prueba de amistad, mas hacedlo con sinceridad. ¿Cómo queréis ser hermanos si aún no sabéis ser amigos? Aprended a perdonar los defectos de vuestros hermanos y si no podéis corregirlos por lo menos tended sobre ellos un velo de indulgencia.

De cierto os digo que si los hombres se perdonaran, ¡cuánta paz habría entre la humanidad! ¡Cuántos seres han pasado por este mundo llamándose cristianos y no fueron capaces de otorgar durante toda su vida un sólo perdón!

Os habla aquél que en la cruz, agonizante, maltrecho y torturado por la turba, elevó sus ojos al infinito, diciendo: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen».

Habéis perdido el derecho de repetir aquella frase, por eso ahora vengo con nuevas lecciones, para que no sean palabras ni oraciones las que se graben en vuestro entendimiento, sino la esencia de mi enseñanza la que penetre en vuestro corazón y espíritu. Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, de amor y de humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos.

Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y surgirá la unión de todas las naciones. Mi palabra la tomáis siempre en su sentido material, sin deteneros a comprenderla en su significado espiritual. Yo os digo que, así como podéis ser tocados en la mejilla, lo podréis ser en el corazón. En vuestra parte moral o también podréis ser tocados en vuestro espíritu.

Cuando conozcáis vuestras manchas y errores, comprenderéis el amor con que os perdono y os espero, entonces no tendréis más que decir: «Si mi Padre me ha perdonado, después de ofenderlo tanto, obligado estoy a perdonar a mis hermanos».

Vosotros solicitáis mi perdón constantemente, porque a cada paso me ofendéis, y Yo os perdono. En cambio: ¿Vosotros habéis perdonado a quien os ha ofendido? Yo consuelo al que se arrepiente sinceramente, perdono sus faltas y le ayudo a restituir el mal causado. Sabed que el que no se arrepiente no llega a Mí, porque sólo del arrepentimiento puede surgir la regeneración, la enmienda y la purificación.

El perdón que proviene del amor verdadero, sólo mi Doctrina lo enseña y él posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al malo en bueno y al pecador en virtuoso.

Pero no porque de antemano os sintáis perdonados, vayáis a hacer mal uso de este perdón. Aprended a perdonar a quien os haya herido. Yo dije a Pedro que si setenta veces siete era ofendido por su hermano, el mismo número de veces debería perdonarlo; dándole a entender con ello, que debería hacerlo siempre, lo mismo con los pequeños que con los grandes agravios.

Si Cristo volviese en este tiempo a la Tierra, hecho hombre, ya no diría como en el Calvario: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», porque ahora recibís en pleno la luz de la conciencia y el espíritu ha evolucionado mucho. ¿Quién ignora que Yo soy el dador de la vida, que por lo tanto, nadie puede tomar la de su hermano? Si el hombre no puede dar la existencia, tampoco está autorizado para tomar lo que no puede devolver. He aquí, que cuando os doy mi palabra de perdón, se hace luz en las tinieblas.

Y guiaré a los ciegos por camino que no sabían, les haré andar por sendas que no habían conocido; delante de ellos cambiaré las tinieblas en luz, y lo escabroso en llanura. Estas cosas les haré, y no los desampararé. (Isaías 42:16)

¿Qué es la verdad?

¿Qué es la verdad?

Muchos hombres proclaman cada uno su propia bondad, pero hombre de verdad, ¿quién lo hallará? (Proverbios 20:6)

Desde que Cristo vino a hablaros de la verdad, cuántos han tratado de hablar de ella, mas Yo os pregunto: ¿También me han imitado en el amor, en la mansedumbre y en la caridad?

Una sola verdad y una sola moral, es la que se ha revelado a los hombres, a través de enviados, profetas y siervos; ¿por qué tienen los pueblos diferentes conceptos acerca de la verdad, de la moral y de la vida?

Bienaventurados los que busquen incansablemente la verdad y aún más, aquellos que habiéndola encontrado no la reserven para sí, sino que la lleven ante la humanidad, para iluminar con su luz el camino de sus hermanos. La Verdad es una y es eterna, sin embargo, mirad a los hombres pregonando diferentes verdades. ¡Cuánto se han falseado en la Tierra mis enseñanzas!

Esa verdad, falseada a través de los tiempos por la humanidad, será restablecida y su luz resplandecerá con tanta fuerza que les parecerá a los hombres como si fuese algo nuevo, siendo la misma luz que siempre ha iluminado el camino de evolución a los hijos de mi Divinidad.

Todo lo que es justo, sano y bueno, encierra verdad, que es la que Yo he proclamado a través de los tiempos. Ha llegado la hora en la que debéis volver a amar la verdad, o sea en la que volveréis a reconocer lo justo y lo bueno; puesto que habiendo nacido de Mí, tendréis que llegar a aspirar a lo elevado, a lo eterno y a lo puro.

El discípulo espiritual debe buscar siempre la esencia de mis obras, para que descubra la verdad en mis mensajes divinos. Veréis entonces cuan sencillo es encontrar el sentido de todo aquello que unos envuelven en el misterio y otros complican con sus teologías.

Después de haber caminado mucho, la humanidad aún permanece dividida espiritualmente. ¿Es que a cada pueblo se le ha dado a conocer una verdad diferente? No, la verdad es una sola. No será ya el cerebro él señor del mundo, sino el colaborador del espíritu, quien le guiará y le iluminará. Buscad con afán la verdad, buscad el sentido de la vida, amad fortaleciéndoos en el bien, y veréis cómo paso a paso irá cayendo de vuestro ser todo lo que es falso, impuro o imperfecto. Sed cada día más sensibles a la luz de la divina gracia, entonces podréis preguntar directamente a vuestro Señor todo aquello que queráis saber y que sea necesario a vuestro espíritu, para alcanzar la suprema verdad.

El vanidoso, el materialista, el indolente, no puede conocer la verdad mientras no destruya las murallas dentro de las cuales vive, es necesario que se sobreponga a sus pasiones y flaquezas para mirar de frente mi luz.

Bendito el que busca la verdad porque es un sediento de amor, de luz y de bondad. Buscad y encontraréis, buscad la verdad y ella os saldrá al encuentro. Meditad e interrogad al Arcano y Él os contestará, porque jamás Dios vuestro Padre, ha permanecido callado o indiferente ante aquel que anhelosamente le interroga.

Cuántos que andan buscando la verdad en libros, entre los sabios y ciencias diversas, acabarán por encontrarla en sí mismos, ya que en el fondo de cada hombre he depositado una semilla de la eterna verdad.

A veces, para hallar la verdad, es preciso renunciar a cuanto se posee, renunciar aún a sí mismo. Sólo en mi verdad podréis descubrir vuestra hermandad, mas si estáis distantes de ella, tendréis que olvidaros hasta de que sois hermanos.

Observad las religiones y veréis que ninguna está dando pruebas de evolución, de desarrollo o perfeccionamiento, cada una es proclamada como la suprema verdad y quienes la profesan, creyendo encontrar y conocer todo en ella, no se esfuerzan en dar un paso, hacia adelante.

La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en ningún libro. Esa divina claridad, esa fuerza omnipotente, ese amor infinito, esa sabiduría absoluta, esa justicia perfecta está en Dios. Él es la única verdad.

El mundo va a estremecerse con la luz de mis nuevas revelaciones y los hombres conocerán la verdad.

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. ( Juan 8:32)

La verdad es el Amor Divino, manifestado en el Universo.

El que no conoce la verdad, no conoce a Dios.

El verdadero amor

¿Qué es el verdadero amor?

Ese vacío que la humanidad me presenta en su espíritu, es el que vengo a llenar con mi amor de Padre.

Deseo explicaros el sentido de aquella máxima, cuyo significado aun no ha sido comprendido. Para vosotros el amor es una bella palabra, pero hasta hoy no habéis penetrado en su verdadero sentido.

En verdad os digo que existe frío en el corazón de los hombres, porque han abandonado el verdadero amor. Es como esos hogares en donde se ha apagado la llama sagrada de los afectos, ya sea entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Están juntos sus cuerpos, pero sus espíritus están distantes. ¡Cuán grande es su vacío, cuánta su soledad y qué frío en el interior de aquellos hogares y de esos corazones!

Cuando os hablo de amor, me refiero al lazo divino que une a todos los seres, no me refiero al amor como lo entienden los hombres, donde hay egoísmo o bajas pasiones.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no existe verdadero amor, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Ah, hombres de muchas palabras, de muchos idiomas y de muchas creencias, pero de muy pocas obras de amor! El que ama, no conoce el odio que amarga la vida, ni sabe del rencor que destroza el corazón y entristece el espíritu. El que ama tiene dulzura en su palabra, en su mirada y en sus obras, su vida es dulce y su muerte corporal tendrá que ser apacible.

El amor no se aprende, sino se siente, se lleva dentro. El amor es un compendio de todos los atributos de Dios. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia.

Hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie. A pesar de todo esto, Yo sé que en lo más íntimo de cada criatura existe una fibra de amor, que al ser tocada, vibra. Es menester llegar a ella por el camino de la ternura y de la caridad, para que despierte y haga sentir al corazón algo de lo que Dios siente por cada uno de sus hijos: Amor.

A Jesús atribuís muchos milagros y de cierto os digo, que sus obras fueron el efecto natural del amor. Existen muchas formas de hacer el bien, muchas formas de consolar y servir, todas son expresiones del amor, que es sabiduría del espíritu.

El amor que os enseño, nace del espíritu, es puro, limpio, desinteresado, y está más allá del amor por los vuestros, del amor a la patria y a vosotros mismos. Muchas veces no necesita palabras, habla mejor con hechos, y pensamientos.

De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino, es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

Sólo la bondad puede dar paz, alegría, salud, saber; por lo tanto, el que sea abundante en amor, tendrá que ser grande en espíritu. Os he dicho que de la abundancia de buenos sentimientos hablará vuestro corazón.

El amor os dará la sabiduría para entender la verdad que otros buscan inútilmente por el camino de la ciencia. Si lleváis amor en el espíritu, tendréis el cielo dentro de vosotros. Si aprendéis de Mí con amor en el corazón, es imposible que os equivoquéis.

Cuando contemplo a los moradores de este mundo, veo que todos los pueblos conocen mi nombre, que millones de hombres pronuncian mis palabras y sin embargo, no veo amor de los unos a los otros.

Por eso os enseño a amar, para que conozcáis el secreto de la vida. Sed generosos, para que vuestro amor sea un canto que alegre el corazón de los tristes. Sabed también que por los sentimientos del corazón se adquiere sabiduría. El que por amor procura ser útil a sus semejantes, se consagra al bien en cualquiera de las múltiples sendas que ofrece la vida.

Es en vano que los hombres traten de encontrar la solución a sus problemas por otros medios; inútilmente querrán establecer la paz en el mundo, si ella no está cimentada en el amor de los unos hacia los otros. Amad a vuestro Dios y amad a vuestros semejantes, porque en ello radica la comprensión universal.

Cuando os he dicho: «Amadme», ¿sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera.

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1ª de Corintios 13:1-13)

No sentís amor por vuestros semejantes y es por eso que continuamente el dolor os aqueja. Habéis olvidado mi mandamiento que os dice: «Amaos los unos a los otros» el cual os enseña la más grande de todas las sabidurías.

¿Cómo podréis decir que amáis a vuestro Dios, si antes no le habéis amado en vuestros hermanos?

«Amaos los unos a los otros», he ahí mi mandamiento supremo para la humanidad, sin distinción de credo o de religión.

De las pruebas y el dolor

De las pruebas y el dolor en el camino de la humanidad

Nunca había estado este camino de evolución tan lleno de dolor y amargura como ahora, sin embargo, hay cálices que todos tienen que beber, unos primero y otros después.

Todos los días de vuestra existencia, es una página del libro, que cada uno de vosotros está escribiendo. Cada día está señalado con una prueba y cada prueba tiene un significado y una razón. A cada paso la vida os hace sentir y pagar con intenso dolor vuestros errores, pero en vez de deteneros a meditar y a reconsiderar vuestros hechos, dejáis que vuestro corazón se endurezca y se envenene más.

No hay pruebas que sean inútiles, no hay prueba que no tenga solución, ni dolor que no deje un rayo de luz en el espíritu. Todas tienen un fin, que es el de perfeccionar a vuestro espíritu.

¡Ah, si comprendieseis cómo el dolor que llega a tocar a la envoltura, es un bálsamo y un alivio para el espíritu! Porque mientras la materia tiene salud y bienestar, el espíritu muchas veces es arrastrado al abismo, o se siente aprisionado dentro de una vida llena de placeres y pasiones desatadas, pero vacía de luz para el espíritu. Hasta que llega el dolor, como una fuerza más poderosa que las pasiones humanas, a detener al hombre en su ciega carrera, haciendo que el espíritu se libere, bendiciendo el dolor y reconociendo que no existe justicia más sabia que la de Dios.

¡Cuánto bien hace el dolor en el espíritu, cuando ese cáliz es bebido con amor y paciencia! Sois como arbustos, que a veces tienen ramas tan secas y enfermas, que necesitan del corte doloroso de la poda, para apartar vuestros males y haceros recobrar la salud. Mi justicia de amor, al arrancar del árbol humano las ramas enfermas que carcomen su corazón, lo eleva. No habéis podido comprender la verdad, y es por eso que cuando él dolor embarga vuestro corazón, os creéis victimas de una injusticia divina, y Yo os digo que en Dios no puede existir ni la menor injusticia.

Estáis cubiertos aún con el velo de la ignorancia, llenos de falsos temores y prejuicios, que no os habéis atrevido a rasgar; por eso; cuando llega una prueba a vuestra vida y no le encontráis alguna causa clara, clamáis diciendo: Pero, ¿qué he hecho yo para que así se me castigue? Sin saber que a veces mi justicia tarda siglos y hasta Eras para llegar a un espíritu.

Mi justicia siempre se presenta y aunque en apariencia llegue tarde o fuera de tiempo, lo cierto es que se manifiesta siempre en forma sabia.

Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. (Salmos 19:9)

No creáis que las consecuencias de una desobediencia, se palpan inmediatamente; no, lo que sí os digo es que tarde o temprano tendréis que responder de vuestras obras; a veces llegará a pareceros que ya vuestra falta no tuvo consecuencias en vista de que el tiempo pasa y mi justicia no da señal alguna, pero debéis saber que como Juez soy inexorable y que, llegado vuestro juicio, abriréis vuestros ojos ante la luz de la conciencia.

¡Cuán importante es que esta humanidad llegue al conocimiento de lo que significa la restitución espiritual! Restituir, es devolver a vuestro espíritu su pureza y limpidez que habéis manchado a través de los siglos, con tantas imperfecciones. El tiempo de la restitución y de la purificación tenía que llegar aunque para ello tuvieran que pasar siglos sobre el mundo y vuestro espíritu tuviese que aguardar esa hora. Y ese tiempo ha llegado, es éste, comprendedlo, vividlo y aprovechadlo.

No os canséis de esta vida, no reneguéis de vuestras penas porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando. Yo quisiera que siempre fuera el amor del Maestro el que os enseñara el camino y la finalidad de la vida; pero vosotros habéis preferido que sea el dolor el que os enseñe. Ya pasaréis de ese amargo maestro a recibir las lecciones del que os enseña con dulzura.

No huyáis de las pruebas, aprended a hacerles frente. Llamadles justicia, expiación o lecciones, y estaréis en lo cierto y en lo justo. Mas si queréis evitar pasar por el dolor o apurar el cáliz de amargura, podéis lograrlo saldando vuestra deuda con arrepentimiento, con buenas obras, con todo lo que la conciencia os diga que debéis hacer. Así saldaréis alguna deuda de amor, devolveréis una honra, una vida o la paz, la salud, la alegría o el pan, que alguna vez hubieseis robado a vuestros hermanos.

Esa conquista podéis hacerla fácilmente por el amor o penosamente por el dolor. Yo os ayudo, os consuelo y os dirijo, mas a vosotros toca hacer el resto. Bendecid vuestro dolor, no sequéis con coraje vuestras lágrimas, bendecid vuestro pan por pobre que éste sea y lo encontraréis más dulce y sustancioso. Hoy muchos maldicen el dolor, pero mañana lo bendecirán como a un maestro que les enseñó bellas y elevadas lecciones. ¡Hoy es el dolor el que os purifica; mañana será vuestra espiritualidad!

Reclamo divino

Reclamo Divino

Os habéis acostumbrado tanto a vuestra forma de vivir, que el mal existente manifestado en diversas formas, os resulta tan familiar, que ya no os detenéis a reflexionar sobre las causas que lo originan. Ya no bendecís el día en que vivís, ni apreciáis la vida que os rodea.

¡El mundo se agita en medio de una tempestad, ha perdido su rumbo, y se encuentra cansado de palabras, doctrinas y filosofías! El mundo de lo que se encuentra hambriento hasta la angustia y sediento hasta la muerte, es de verdadero amor, pero es muy frágil su lucha, por lograrlo, y se ha conformado con vivir, buscando lo necesario para el sustento de su cuerpo, olvidando en el fondo de su ser a su espíritu.

La humanidad vive siempre preocupada por los bienes de la Tierra; contemplo a la mayoría que se conforma con un poco de tranquilidad en el corazón, un techo seguro, un poco de salud corporal, el calor de los suyos y un puñado de monedas.

El que ama el dinero, no se saciará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad. (Eclesiastés 5:10)

Meditáis la forma de disimular vuestros continuos fracasos; y ponéis ante vuestro rostro una máscara sonriente para fingir que sois felices y hacéis alarde de fuerza y de valor para ocultar el miedo que tenéis ante el abismo que habéis abierto bajo vuestros pies.

Veo muchas lágrimas y escucho sollozos. Contemplo vuestro sufrimiento y las cadenas de pobreza y privaciones que tenéis. El desengaño que aflige a vuestro corazón, es porque os habéis convencido que en el mundo no existe justicia ni caridad.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. (Apocalipsis 21:4)

¡Pobres pueblos de la Tierra, esclavizados los unos, humillados los otros y despojados los demás por sus mismos conductores y representantes!

Ya vuestro corazón no ama a quienes os rigen en la Tierra, porque vuestra confianza ha sido defraudada; ya no confiáis en la justicia de vuestros jueces, ya no creéis en promesas, en palabras ni en sonrisas. Habéis visto que la hipocresía se ha apoderado de los corazones y que ha establecido en la Tierra su reinado de mentiras, falsedades y engaños.

La justicia engrandece a la nación; mas el pecado es afrenta de las naciones (Proverbios 14:34)

¡Pobres pueblos!, que llevan sobre sus hombros el trabajo como un fardo insoportable. Ese trabajo que ya no es aquella bendita ley por medio de la cual el hombre obtiene cuanto le es necesario para subsistir, sino que se ha convertido en una lucha desesperada y angustiosa para poder vivir. Y ¿qué obtienen los hombres a cambio de dejar su fuerza y su vida? Un remedo de pan, un cáliz de amargura.

En verdad os digo que este no es el sustento que Yo deposité en la Tierra para vuestro deleite y conservación, ése es el pan de la discordia, de las vanidades, de los sentimientos inhumanos, en fin, es la prueba de la escasa o nula elevación espiritual de quienes os conducen por la vida humana.

Veo que os arrebatáis el pan los unos a los otros; que los ambiciosos no pueden ver que los demás posean algo, porque lo quisieran para sí; que los fuertes se apoderan del pan de los débiles y éstos se concretan a ver comer y gozar a los poderosos.

 Inclina mi corazón a tus testimonios, y no a la avaricia. (Salmos 119:36)

¿En dónde está la diferencia entre la humanidad de ahora y la humanidad de aquellos días? ¿Cuál es el adelanto moral de esta humanidad? ¿Cuál es el desarrollo de sus más nobles sentimientos?

En verdad os digo que en la época en que el hombre vivió en cuevas también se arrebataban de la boca el alimento los unos a los otros; y los más fuertes se llevaban la mayor parte; también el trabajo de los débiles fue en provecho de los que se imponían por la fuerza, y se mataban hombres con hombres, tribus con tribus y pueblos con pueblos.

Hace dos mil años, ¿quién de los humanos se imaginaba al mundo actual que habéis hecho con la fuerza de vuestra inteligencia? Las grandes naciones se levantan llenas de orgullo pregonando su poderío, amenazando al mundo con sus armas, haciendo alarde de inteligencia y de ciencia, sin darse cuenta de lo frágil que es el mundo falso que han creado, pues bastará un débil toque de mi justicia para que ese mundo artificioso desaparezca.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no exista amor verdadero, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Cuánto dolor contemplo en vuestro mundo! La niñez ya conoce la amargura y pronto endurece su corazón, las doncellas se marchitan en plena juventud, los vicios toman fuerza entre los hombres, se atenta contra la vida, las religiones se desconocen y se desgarran entre sí, la discordia y el materialismo ha invadido lo más íntimo de la vida de los hombres. El pecado se ha multiplicado, ofuscando la mente y el corazón.

Vengan pronto tus misericordias a encontrarnos, porque estamos muy abatidos. Ayúdanos, oh Dios de nuestra salvación, por la gloria de tu nombre; y líbranos, y perdona nuestros pecados por amor de tu nombre. (Salmos 79:8-9)

¡Millones de enfermos pueblan la Tierra! Niños que andan abandonados a sus propias fuerzas, multitudes de ancianos incomprendidos, viudas y mujeres desamparadas que ignoran las delicias del calor de un verdadero hogar, seres recluidos en el olvido. Y la guerra, como un tétrico cortejo, que va dejando el luto en cada pueblo.

No encuentro verdadero arrepentimiento, porque hay tanta afinidad con el mal, que ya os parece lo más natural en vuestra vida. ¿Mas cómo podríais arrepentiros verdaderamente, si no habéis comprendido la magnitud de vuestras faltas? He tenido que venir a los hombres, para recordarles lo que significa ante la Divina Justicia, arrebatar la vida a un semejante, destruir la fe, engañar a un espíritu, traicionar un corazón, profanar la inocencia, causar una deshonra, despojar a un hermano de lo que es suyo, mentir, humillar y tantas imperfecciones que pasan inadvertidas a vosotros, porque os habéis familiarizado con todo ello.

Yo os pregunto, humanidad, ¿no os habéis cansado de vivir en esta forma? Porque veo que permanecéis indiferentes ante la marcha de vuestro mundo.

Para muchos hombres, Jesús es el personaje de una hermosa y antigua leyenda; cuyos ejemplos no pueden imitarse y ser llevados a la práctica en estos tiempos de materialismo; a lo que Yo os digo, que la palabra y las obras de Jesús no han pasado ni pasarán jamás, porque no pertenecen a una época ni a una nación, ya que la esencia de su Obra en el mundo es el amor y la humildad, y sus enseñanzas, las que necesita la humanidad para su adelanto espiritual.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César, mas para los hombres de hoy, sólo existe el César y a su Señor nada tienen que ofrecerle. Si al menos diéseis al mundo lo justo, vuestras penas en él serían menores, pero el César os ha dictado leyes absurdas, os ha convertido en sus esclavos y os quita la vida sin daros nada en compensación.

Ved cuán distinta es mi Ley, que no esclaviza al cuerpo ni al espíritu, sólo os convence con amor y os guía con dulzura; todo os lo da a cambio de nada, todo os lo premia y lo compensa a lo largo del camino.

El corazón de los hombres se ha convertido en una inmensa tumba donde están enterradas las virtudes que mi Doctrina les ha enseñado. Existe podredumbre y soledad, como en un cadáver dentro de su sepulcro; pero mí voz ha venido a despertar en su tumba a ese muerto a la verdad, al amor, a la luz. Mi voz, resonando en su espíritu, le está diciendo: no durmáis, éste es el tercer día, en el que debéis resucitar, el Tercer Tiempo destinado al espíritu para su restitución y elevación, con lo cual dejará toda deuda saldada y concluida su misión sobre la Tierra.

Las familias no viven en armonía. Muchos matrimonios se separan, los hermanos aún llevando la misma sangre, se pelean, las madres lloran porque su consejo no es oído por los hijos; la ciudad desolada me presenta el vacío de su vida. La esposa me muestra su corazón incomprendido por su compañero.

En este tiempo, el mundo se desconoce: hermano con hermano se da muerte; las mujeres olvidan su pudor y dignidad; los padres desconocen a sus hijos y los hijos a sus padres; el valor de una vida no es suficientemente estimado. Los hombres siguen distintos ideales y no hay unificación en ellos. Los gobernantes de las naciones no se comprenden.

¿Comprendéis el tiempo en que vivís? Meditad en todo esto, y no juzguéis, para que no tenga que repetiros mis palabras de aquel tiempo: «El que se encuentre libre de pecado, que arroje la primera piedra”. No quiero que os sintáis lastimados con esta verdad, Yo sé que a veces soy brisa de primavera que acaricia y a veces vendaval de otoño que azota.

En algunos contemplo la dureza de la roca y la frialdad del mármol, mas de esos corazones haré brotar agua y ternura, porque Yo sí creo en la humanidad aunque ella me olvide. Pero a pesar de todo, no permitiré que esta humanidad, a quien tanto amo, vaya más allá en su materialismo y en sus errores.

Cuando el dolor de muchos hombres, es grande y su jornada penosa, ha sido mi voluntad acercarme a vosotros para ayudaros a encontrar vuestra heredad, ya que esta ola de materialismo ha creado entre la humanidad una necesidad espiritual tan grande, como es comer, beber y dormir; y hace que surja del fondo de su corazón, esta pregunta: ¿Cuándo viviremos en la moral? ¿Cuándo habrá respeto mutuo entre padres e hijos y esposos? ¿Cuándo habrá inocencia en los niños, pureza en las doncellas, rectitud en los varones, dignidad en los ancianos, justicia en los jueces, amor en los gobernantes y respeto a la Creación? En una palabra: ¿Cuándo habrá amor y comprensión de unos a otros?

Yo os digo: Cuando el orden de vuestra vida cambie y aprendáis a mirar fuera de vosotros mismos, cuando desaparezcan el egoísmo, la soberbia, el orgullo y la vanidad. Cuando seáis útiles a los demás, cuando desaparezca la maldad, y la mentira ya no sea tomada como verdad, cuando reconozcáis que no debéis de disponer de la vida de un semejante, ni de vuestra propia vida. Cuando comprendáis que no sólo son asesinos los que quitan la vida del cuerpo, sino aquellos que matan la fe, roban la honra y matan los sentimientos; cuando os perdonéis los unos a los otros. Cuando entendáis que el que no es causante de la guerra, es responsable de la paz, cuando oréis sin distinción de razas o credos. Si así lo hiciereis, Yo haré que este mundo se levante limpio de su lepra, también haré surgir vida de la muerte; lograré que del odio broten frutos de reconciliación y que de la locura surja la razón.

Sólo la Espiritualidad salvará de su caos a esta humanidad, no esperéis otra solución. ¡Oh pueblos y naciones de la Tierra! ¡Podréis hacer tratados de paz, pero mientras esa paz no tenga por base la luz de la conciencia, seréis necios, porque estaréis edificando sobre arena! Cuando los hombres de paz y buena voluntad abunden en la Tierra, veréis florecer mi doctrina y mis leyes endulzarán vuestra vida. Los tiempos de paz, concordia y bienestar, volverán sin despreciar vuestra civilización y vuestra ciencia. Os dejo esta lección, para que a través de ella miréis hacia el pasado buscando vuestro principio, examinéis vuestro presente y después miréis hacia el futuro que os espera, pleno de sabiduría, de trabajo, de lucha y de compensaciones divinas.

¿Qué es el espíritu?

¿Qué es el espíritu?

He aquí el Libro de la Vida abierto ante vosotros, para que no vayáis entre tinieblas. Hoy vengo a mostraros una página más profunda de ese conocimiento. Si Yo os doté de espíritu lo más natural y justo es que le muestre algo más de lo que pueda enseñarle la Naturaleza.

¿Creéis que eternamente va a ser un enigma para el hombre la vida del espíritu? Existen quienes sienten temor, desconfianza, confusión y no ha faltado quien sienta horror por la palabra espíritu, sin recordar que dentro de sí lleva uno que le ha dado su Creador, quien también es Espíritu.

Decidme: ¿Quiénes sois? ¿Qué sois? ¿Quién creéis ser? ¿Qué sentís ser? ¿Acaso la materia que desciende al sepulcro o el espíritu que se eleva hacia la eternidad? Vuestro espíritu es una chispa brotada del Espíritu Divino, es chispa de luz, semilla de amor, germen de vida.

El cuerpo es sólo un estuche, pero en su interior existe una esencia, como un agradable perfume, y, ¿no creéis que sea injusto que este perfume o esencia pura esté encerrada, cuando su aroma puede embalsamar toda una estancia? La cual debe ser vuestro hogar, mañana será el mundo, después el espacio sin fin.

El espíritu del hombre es mi obra maestra. Nada existe en la creación material que sea mayor que vuestro espíritu, ni el astro rey con su luz, ni la Tierra con todas sus maravillas, porque él es partícula divina, que ha brotado del Espíritu Divino.

Mirad cómo los hombres de Ciencia, escudriñando el cuerpo humano, se han maravillado de su perfección; y si ese cuerpo, que es un ser pasajero en esta vida, encierra tan prodigiosa perfección, ¿imagináis la grandeza del espíritu, cuya naturaleza es inmortal?

Cuando habéis tenido un instante de meditación, sin daros cuenta habéis penetrado en comunión con la vida espiritual y sentís la sensación de lo eterno y de que algo de aquella eternidad vive y palpita en vuestro ser. Así fue como en los primeros tiempos la humanidad descubrió que en sí llevaba un ser, una naturaleza que no era de este mundo, sino que pertenecía a otra morada; y eso no la atemorizó, por el contrario, la llenó de esperanza, porque vio que su vida no se limitaba a la breve existencia en esta Tierra; presintió que su espíritu, al desprenderse del cuerpo, se elevaría hacia una mansión en la que hallaría un goce que en este mundo no había encontrado, una satisfacción justa para su ideal elevado.

El espíritu es antes que el cuerpo, como el cuerpo es antes que el vestido. Esa materia que poseéis es tan sólo una vestidura pasajera del espíritu. No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana no; no sólo sois materias que hoy palpitan y pronto dejan de existir; para Mí, ante todos sois espíritus eternos, hijos de Dios.

¿Qué es la materia sin el espíritu? Un conjunto de células inanimadas. El espíritu es la vida de la materia, pero uno y otro proceden de Dios. Yo soy como un sol, vosotros sois como una chispa de él. Fuisteis creados pequeños para que crecieseis por vuestros méritos desarrollando vuestros dones. Fuisteis puros en un principio, pureza que más tarde manchasteis con vuestros errores.

Todos sois semejantes al brillante en su origen, al cual hay que pulir con cuidado y con mucho amor, para que dé hermosos destellos. ¿Acaso os creéis indignos de ser comparados con el brillante?

No sólo sois sustancia sin también esencia, porque debéis saber que donde termina el hombre, no es el final en el camino del espíritu. Si el hombre careciese de espíritu y fuese un ser absolutamente material, su misión y su destino terminarían con su último aliento de vida.

Muchas son las verdades que el hombre se ha atrevido a negar, sin embargo, la creencia de la existencia de su espíritu, no ha sido de las que haya combatido más, porque el hombre ha sentido y ha llegado a comprender que negar a su espíritu, sería tanto como negarse a sí mismo.

El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. (Juan 6:63)

Qué hermoso será para vuestro espíritu, si al llegar su último instante en la Tierra, su conciencia, llena de paz, pueda hablarle a su Padre y decirle: «Señor, todo está consumado».

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