Sobre los vicios

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Una luz que tenemos en nuestro espíritu y que la podemos utilizar en beneficio de los nuestros que han caído en las adicciones, es el pensamiento. Cuando un ser amado duerme, su espíritu está más dispuesto a recibir. La carne no se opone en esos instantes. Así, cada noche o cuando le contemplemos dormir, le podemos hablar con el pensamiento a su espíritu. Con el pensamiento hay que hacerle sentir que no está sólo, que se le acompaña, que nos preocupa… etc. Pero también, hacerle sentir que necesita ayuda para salir de esa situación. Así mismo,… alentarle a que sea más dócil a los consejos de quienes le aprecian, como al tratamiento que pudiese tener en un futuro. No sólo tenemos como luz y fuerza a la oración, sino también, el de influir beneficamente a su espíritu, quien es el que necesita realmente la ayuda.
Muchas ocasiones lo que nos aconteció en el pasado de la infancia o la adolescencia, puede influir perniciosamente en un comportamiento o una conducta presente, que desgasta tanto a nuestro propio ser como a los demás. Y sucede que el tratar ese pasado, sea la respuesta a la recuperación. Eso es lo que se hace en la gran mayoría donde se tratan las adicciones, en que personas que han atravesado por lo mismo, conocen el rumbo de cómo tratar ese pasado, con la posibilidad de la recuperación de una adicción.
Con el pensamiento, así a la vez con el sentimiento de nuestro corazón, el utilizar a nuestro favor el don de la comunicación de espíritu a espíritu. Esa comunicación es semejante cuando hacemos oración a Dios, ya que tratamos de sentir Su presencia,… es por ello, que quienes acostumbran colocar una imagen para orar, su espíritu está en la presencia de la imagen, y no en el Espíritu de Dios. Esa presencia que se halla en nuestro propio corazón,… ese es Su verdadero templo. Por ello la importancia de desarrollar la comunicación de espíritu a Espíritu… nuestro ser y Dios.
¿Qué es lo que incluso sucede en muchos hermanos que se encuentran en los vicios? Que la presencia espiritual de bastantes espíritus son con ellos. Son hermanos desencarnados atados todavía a las frivolidades del mundo, de sus vicios y pasiones. Ellos influyen también en el pensar y sentir de aquellos hermanos, que luchan por liberarse de las ataduras que nublan su juicio y razón. Pero también tienen otra lucha… con su propia carne, ya que ella ha quedado enviciada. No es ella la que pidió estar así, fue el espíritu que la ató a una debilidad, a una inclinación. Y ahora en esa debilidad, a la carne le es muy difícil liberarse. Porque ella pide y ansía lo que le provocó un estímulo,… por ello, cuando se le quita o se le va retirando lo que le degenera y perturba, entra en ansiedad. Y esa ansiedad es muy difícil de aquietar, de apaciguar.
A aquella presencia espiritual que perturba, no se le ataca en el nombre de Dios. Sino se ora por ellos, se pide por los suyos. No se les guarda rencor ni resentimiento, sino serenamente nuestro espíritu tiene que aceptar su presencia. No se les ataca con fuego, porque reaccionarán también con fuego,… sino se les bendice con verdadero sentir. En cierto, la mayoría de ellos tienen también una necesidad de las veces muy oculta en su ser.
Y la ansiedad… muy, muy difícil batallar con ella… sólo la VOLUNTAD del espíritu sobre su carne le dará el mérito de liberarla. ¿Se puede? Sí, y de las veces nuestro espíritu tendrá que aceptar que necesita ayuda, pero no sólo aceptar, sino humildemente GUIARSE ante la orientación y los consejos de quienes ya vencieron esa lucha. Sólo es VOLUNTAD, y esa ansiedad no prevalecerá.

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