El Consejo de Elías

Tercer Libro

Los Veintidós Preceptos

El Consejo de Elías

Cumplid con estos veintidós Preceptos y veréis al Padre en todo Su esplendor; caridad y más caridad con vuestros hermanos y daréis testimonio de Él.

Roque Rojas, el precursor, escribió inspirado por el espíritu de Elías, esta frase: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y veréis a mi Padre en todo su esplendor”. Verdad y luz hay en esas palabras, discípulos, porque quien no practicare en su vida la caridad, no entrará jamás en mi Reino. Por el contrario, os aseguro que por la caridad alcanzará a salvarse el pecador más duro y empedernido. 10-308-52

No dejaréis para el último momento la práctica de la caridad, no sea que lleguéis con muy escasos méritos ante la puerta del Reino espiritual y no podáis penetrar. 10-308-53

Os aconsejo que en todo el trayecto que os falta por recorrer, vayáis sembrando y cultivando esa simiente para que podáis tener una abundante cosecha. 10-308-54

Haced que la caridad sea entre vuestras aspiraciones, la primera, y no os arrepentiréis nunca de haber sido caritativos, porque a través de esa virtud tendréis las mayores satisfacciones y dichas de vuestra existencia y obtendréis al mismo tiempo toda la sabiduría, la fuerza y la elevación que anhela todo espíritu noble. 10-308-55

Por medio de la caridad hacia vuestros hermanos, purificaréis vuestro espíritu, saldando en esa forma antiguas deudas, ennobleceréis vuestra vida humana y elevaréis vuestra vida espiritual, y cuando lleguéis delante de la puerta a la que todos vendréis a llamar, será muy grande vuestra dicha, porque escucharéis la voz de bienvenida que el Mundo Espiritual os dará, bendiciéndoos y llamándoos en la Obra de regeneración y espiritualidad. 10-308-56

Venid a Mí, multitudes y aprended en mi palabra a practicar la caridad, venid y oídme y recibid cuánto vengo a derramar sobre vosotros, para que comprendáis que el más pobre de vosotros, espiritualmente posee un caudal de bienes que a través de vuestra caridad podrán traducirse en vida, en salud, en consuelo, en paz, en sabiduría. 10-308-57

Nadie diga que no está en condiciones de hacer obras de caridad, tomando en cuenta su pobreza material, porque será su ignorancia, su falta de fe y su pequeñez espiritual, las que hablen así. 10-308-58

Aquí, en mi pueblo, no puede haber pobres, porque mi Reino se ha acercado a los hombres para desbordar sus tesoros en ellos. 10-308-59

El primer paso hacia la regeneración de los hombres, para que alcancen un estado de elevación espiritual, es la caridad. Caridad para con el espíritu, caridad para con el cuerpo, caridad hacia los Semejantes. Mas, debo deciros que ese sentimiento no ha sido debidamente interpretado. La caridad es un nombre que vosotros le dais a determinadas acciones que lleváis a cabo, las cuales en la mayoría de los casos, no llevan en su fondo piedad o una verdadera intención de aliviar una necesidad. 10-287-31

Vuestros sentimientos humanos distan aún de ser una realidad, por eso debéis tener siempre presente las palabras y las obras de Jesús en el mundo, como el ejemplo vivo y verdadero de la caridad. 10-287-32

¿Qué será de un espíritu cuando ha cubierto la verdadera caridad con formas que sólo encierran hipocresía? Su despertar será muy doloroso el día que logre penetrar en comunión con su Conciencia y escuche aquella voz justiciera e inexorable. 10-287-33

No temáis hacer la caridad porque os consideréis pobres. En el Segundo Tiempo estando Jesús con sus discípulos, les mostró este ejemplo: “Un publicano penetró en el templo y dejó una moneda como limosna, después un fariseo bien ataviado, depositó siete monedas, dejándolas caer una por una para que fuese contemplada su obra y todos viesen que su dádiva era grande; más tarde, una mujer enferma y pobre se postró a orar y luego depositó dos monedas de poco valor que era todo lo que poseía. Jesús les dijo a sus discípulos: “Mirad, quien creyó dar más dio menos y ésta que dio menos ha dado más, porque dio todo lo que tenía y con ello el pan que había de comer ese día”. 2-38-10

No existe caridad entre los hombres, mi Ley no es practicada. No existen verdaderos hermanos, ni padres, ni hijos, y por eso el caos amenaza a la humanidad. 7-183-49

Mi palabra siempre os aconseja el bien y la virtud: Que no habléis mal de vuestros hermanos causando su deshonra, que no veáis con desprecio a los que sufren enfermedades que vosotros llamáis contagiosas, que no protejáis las guerras, ni tengáis ocupación vergonzosa que destruya la moralidad y proteja los vicios, que no maldigáis nada de lo creado, ni toméis lo ajeno sin permiso del dueño, ni propaguéis supersticiones. Que visitéis a los enfermos, perdonéis a los que os ofenden, que protejáis la virtud, que deis buenos ejemplos y así me estaréis amando y amando a vuestros hermanos, que en esos dos preceptos se resume toda la Ley. 1-6-25

Practicad la caridad es la misión más alta de vuestro destino; derramadla en obras, en palabras y aun en pensamientos, porque un pensamiento dirigido con amor, lleva consuelo a vuestros hermanos. 7-181-22

Cuidaos de entregar una caridad aparente, llevando en vuestro corazón el egoísmo. Haced cuanto bien podáis sin interés personal alguno. Hacedlo por amor, que es la ley que os he enseñado y habréis acumulado méritos para vuestro espíritu. Mostrad mi enseñanza como os la he entregado; es la misma que enseñé a mis profetas y a mis apóstoles de otros tiempos. 8-230-37

Os vi un día dando caridad al que no la necesitaba y os vi negarla al verdaderamente pobre. Mas no vengo a culparos ni a juzgaros, vengo con la luz de mi enseñanza a iluminaros, para que no volváis a pecar; mas también debo deciros, que a veces os he visto serviciales, nobles, caritativos y comprensivos, y esos méritos han sido siempre tomados en cuenta y anotados por Mí, pero ya debería haber en vuestro corazón más trigo que cizaña. 8-204-50

Yo os he enseñado la caridad discreta, las obras piadosas que dignifican al que las hace y al que las recibe, esas que se ocultan entre dos corazones y que buscan aliviar y confortar, teniendo como único testigo a mi Divinidad. 6-147-46

Para que verdaderamente os encontréis a salvo, tenéis que olvidaros de vosotros mismos, para pensar solamente en los demás. Sentid caridad por vuestros hermanos sin distinguirlos por su color, por su sangre, lengua o ideología. Debéis de contemplar en cada uno de vuestros Semejantes la imagen de vuestro Padre, que es universal y que está derramado en todos sus hijos. 10-302-30

Aquí tenéis la presencia de los tres enviados: La de Moisés, la de Jesús y la de Elías; presencia espiritual, invisible a los ojos humanos y sólo perceptible a los sentidos del espíritu. Por eso os digo: Preparaos, para que gocéis de la luz que se derrama sobre vuestro espíritu en estos instantes. 6-143-65

Mi paz sea con vosotros.

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