Décimoquinto Precepto

Tercer Libro 

Los Veintidós Preceptos

Precepto 15

No tratarás con desprecio a los que sufren enfermedades que tú llamas asquerosas.

Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis. Mateo 10:8

Si os presentase en vuestro paso al enfermo de lepra, ¿os apartaríais de él llenos de horror?; ¿seréis incapaces de tocarlo con vuestra mano?; ¿acaso teméis contagiaros? No, mis discípulos, porque en vez de contemplar la miseria de aquel cuerpo, debéis contemplar su espíritu, que es vuestro propio hermano, que es mi hijo quien espera vuestra caridad. ¡Cuánto tenéis que aprender aún! 8-215-71

Para que no sintáis desprecio por los pobres ni asco ante las enfermedades que vosotros llamáis repulsivas, ¡por cuántas pruebas tendréis que pasar! ¿Quién puede saber si ese leproso que os ha tendido su mano y del cual os habéis apartado horrorizados fue en otra encarnación vuestro padre o vuestro hijo? 3-67-25

Mirad que en vuestro camino vais a encontrar cuadros de miseria, de dolor. Vais a cruzaros con los muertos vivientes y los poseídos. Vais a contemplar a los que tienen el corazón empedernido y a los que han caído víctimas de sus pasiones. 6-147-32

Yo os digo desde ahora: No temáis llegar hasta ellos. Si es su cuerpo el que adolece de enfermedades para vosotros repugnantes o contagiosas, no temáis al contagio ni a las enfermedades del espíritu. No olvidéis ni dudéis que estáis protegidos por mi gracia, para que también ello sea un testimonio más ante los incrédulos. Id al encuentro de los enfermos y necesitados y por medio de vuestra elevación, consejos y oraciones, acercadlos al Doctor de los doctores. Si así lo hacéis, habréis puesto en práctica los dones que os he entregado. 6-147-33

Sobre los seres y elementos de la Naturaleza, podéis obrar en múltiples formas para llevar a todos el consuelo. Mas también os digo: No temáis a las enfermedades y sed con todos pacientes y misericordiosos. En cuanto a los poseídos y a los confundidos en su mente humana, también podéis curarlos, porque tenéis esa facultad y debéis ponerla al servicio de esos seres que han caído en la desesperación y en el olvido. Libertadlos y manifestad esa potestad ante los incrédulos. Es una de las grandes misiones de este pueblo: Llevar la luz donde haya tinieblas, romper toda esclavitud y toda injusticia y preparar a este mundo para contemplar a su Señor y mirarse a sí mismo, a su interior, con pleno conocimiento de la verdad. 12-339-41

Mi paz sea con vosotros.

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