Segundo Precepto

Tercer Libro

Los Veintidós Preceptos

Precepto 2

No hablarás mal de tus hermanos, aunque tengas razón para ello, a Dios toca defender tu causa si fuere justa.

No habléis mal unos de otros, hermanos. El que habla mal de un hermano o juzga a su hermano, habla mal de la Ley y juzga a la Ley; y si juzgas a la Ley, ya no eres un cumplidor de la Ley, sino un juez. Uno solo Es el legislador y juez, que puede salvar o perder. En cambio tú, ¿quién eres para juzgar al prójimo? Santiago 4:11-12

Aparta de ti la falsía de la boca y el enredo de los labios arrójalo de ti. Proverbios 4:24

Aprended a callar y dejadme a Mí la causa. Sed los intercesores de los mismos que os ofendan y vuestro mérito será grande. Hoy ignoráis muchas faltas de vuestros Semejantes, mas cuando sepáis juzgar con verdadera justicia sus faltas os serán reveladas, porque entonces estaréis capacitados para enseñar y salvar a vuestros hermanos. 3-64-37

Nunca penséis mal de los que no os quieran, ni os exasperéis con aquellos que no os comprendan, ya que hasta el sentimiento más íntimo que tengáis hacia vuestros Semejantes, se lo transmitiréis con el pensamiento. 4-105-37

Vivid siempre alerta, para que podáis perdonar de corazón a quienes os ofendieren; meditad de antemano, que quien causa ofensa a su hermano, es porque carece de luz, y Yo os digo, que el perdón es lo único que puede hacer luz en esos corazones. El rencor o la venganza, aumentan la tiniebla y atraen el dolor. 4-99-53

No temáis a los insultos ni a la blasfemia; recordad que ellas también fueron lanzadas sobre vuestro Maestro. No temáis que los hombres digan de vosotros lo que no sois, recordad que a Mí me llamaron brujo y hechicero; si el mundo os aborrece, recordad que a Mí me aborreció antes que a vosotros. 3-64-36

También os advierto que no podrá decirse discípulo mío, aquel que tomare mi palabra como una espada para herir a su hermano o como un cetro para humillarle, así como aquel que se exaltare al hablar de esta Doctrina y perdiese la calma, porque no levantará ninguna simiente de fe. 4-92-9

Discípulo preparado será aquel que al verse atacado en su fe sepa permanecer sereno, porque será como un faro enmedio de una tempestad. 4-92-10

Las mentes elevadas, cuando se ocupan de los demás, son para alabar las virtudes ajenas o para disculpar sus errores, jamás para juzgar o sentenciar; las mentes bajas juzgan, calumnian, publican las faltas ajenas y encuentran placer en ello. 7-204-47

A éstos que juzgan y toman la causa de sus hermanos les pregunto: ¿Os parece liviano vuestro fardo de pecados, que aun queréis agregar el de los demás? ¿Si no os podéis libraros de vuestra carga, por qué la aumentáis con la de los demás? ¿Por qué en vez de buscar valores espirituales en vuestros hermanos para enriqueceros, preferís llevaros el cieno para cargarlo vosotros? 6-204-48

No salgáis a buscar defectos en vuestros hermanos, con los que vosotros tenéis es bastante. 10-286-42

No os ofendáis si os hablo así, comprended que mis Cátedras no son para justos ni para santos, a ellos les hablaría en forma muy distinta. Yo vengo a daros mi Doctrina redentora para salvar pecadores y la doy a través de labios pecadores. 10-286-43

Escudriñad vuestras propias obras antes de juzgar las ajenas y veréis surgir infinidad de imperfecciones que habían pasado inadvertidas ante vuestros ojos por falta de estudio y de amor. 9-271-25

Comprended: No deis rienda suelta a la imaginación, no juzguéis las obras de vuestros hermanos. Os quiero buenos y además, deseo que lleguéis a ser perfectos, porque vosotros aparentemente tan pequeños, sois más grandes que los objetos materiales y los mundos, porque tenéis vida eterna, sois una chispa de mi Luz. Sois espíritus. Es menester que reconozcáis lo que es espíritu, para que podáis comprender por qué os llamo al camino de perfección. 6-174-60

Dejad en Mí todas vuestras causas y Yo sabré juzgaros con benevolencia. Si contemplo que vuestro propósito fue hacer el bien, que luchasteis defendiendo los principios que os he dado para vuestra salvación, que supisteis oírme y obedecerme, tomaré vuestras obras y por ellas no sólo os salvaréis vosotros, sino la porción espiritual a la que estáis atados por los lazos fraternales y los que forman vuestra familia. Y vuestro ejemplo repercutirá no sólo en el mundo en que habitáis, sino en otros Valles, y será como una semilla que se multiplicará infinitamente a través de los tiempos. 8-234-60

Os he inspirado las virtudes de la caridad, de la benevolencia, del perdón, ¡cuán necesarias son en este tiempo estas virtudes, pues contemplo a la humanidad despojada de ellas! Solamente florece el egoísmo, la división, la falta de amor; por doquiera escucho las murmuraciones de los unos a los otros. Recordad que os he dicho: “No hablaréis mal de vuestro hermano aunque tengáis justicia para ello”. Sabed dejarme la causa; no os he nombrado jueces, os he enviado a todos con los mismos dones para que os miréis como hermanos. 12-341-52

Mi paz sea con vosotros.

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