Explicación 65

1. La Ley de reencarnación ha sido revelada por el Espíritu Santo en este Tercer Tiempo.

2. Muchos hombres toman la reencarnación como una falsa teoría, pero otros presienten que hay verdad en el fondo de esto, aunque no tienen la certeza todavía.

3. Muchos hombres se levantan en este tiempo escribiendo fantasías sobrenaturales, historias y novelas en torno al tema de la reencarnación del espíritu, y la sola idea, la posibilidad de que esto fuera cierto, estremece y emociona a la humanidad, mas el hombre no tiene aún la certeza de estas cosas.

4. Las sociedades espiritistas han hecho grandes comprobaciones que le han revelado bastante a la humanidad, pero la mayor parte de ella huye todavía de toda revelación espiritual, llamándolas sobrenaturales o de ultratumba.

5. Por ello, para la humanidad en general, la reencarnación es en este tiempo una teoría falsa.

6. La Doctrina del Espíritu Santo, el Espiritualismo desatado entre vosotros en este Tercer Tiempo, viene a aclarar el misterio de la Ley de reencarnación de los espíritus, explicando claramente el por qué de su existencia, el por qué de su justicia.

7. Mas ni siquiera entre vosotros ha sido cabalmente comprendida esta Ley de justicia y de amor, Ley que no podía faltar entre las leyes divinas, porque si así fuera, dejaría de ser perfecto y justo el Espíritu Divino.

8. El Señor no reveló ampliamente esta Ley en tiempos pasados, porque la evolución de vuestro espíritu no lo permitía, y no era llegado aún el tiempo para el espíritu humano de que esas cosas le fueran reveladas, más aún así, algunos indicios de ello hubo en los tiempos pasados.

9. La Divinidad dejó traslucir, desde los primeros tiempos, esto que había de venir a revelar ampliamente en el Tercer Tiempo, el Tiempo del Espíritu Santo.

10. Y también el espíritu del hombre, desde los primeros tiempos, tuvo la intuición íntima, recóndita, de que la reencarnación del espíritu existía.

11. ¡En cuántos espíritus, desde los primeros tiempos de la humanidad, ha anidado el deseo de volver a esta Tierra después de la muerte! Unos, por no estar hartos aún de los placeres terrenales, por no estar todavía satisfechos con su grandeza o con lo que habían perdido en el mundo; otros, porque habían dejado una obra sin concluir, a la que habían consagrado toda su vida y su esfuerzo, y por ello el espíritu sentía la necesidad, el anhelo inmenso de volver, de reencarnar para terminar la obra comenzada.

12. Así, muchos espíritus albergaban la intuición de que esa Ley existía.

13. Uno de los mayores indicios que el Padre traslució al pueblo de Israel en el Primer Tiempo, fue precisamente por conducto de Elías, el Profeta del Carro de Fuego.

14. Elías significa “rayo de Dios” en hebreo arcaico, y señales de su presencia en ese tiempo, lo podréis encontrar si estudiáis la mitología y las tradiciones de culturas muy antiguas.

15. Elías, el profeta, el gran espíritu que aún hoy en el Tercer Tiempo, os viene preparando y vela por vosotros, iluminándoos con su luz, encarnó en aquel tiempo y fue reconocido por el pueblo de Israel.

16. En ese tiempo la potestad de Elías fue grandiosa, su palabra era semejante al trueno, la justicia que por su conducto Dios manifestaba era imperiosa, inexorable y era temido por todos, temido en su potestad, en su fuerza, en su celo y en las grandes manifestaciones que actuaba su espíritu sobre su materia.

17. Él era el enviado de Dios y se dejaba someter a prueba por las multitudes de adoradores idólatras, era él quien hacía caer la idolatría de los hombres con sus prodigios, y sabía salir avante, con el poder de Dios, de las celadas de sus perseguidores.

18. Elías tuvo un discípulo, Eliseo, quien admiraba grandemente los prodigios y las obras poderosas que hacía Elías, y éste le doctrinaba, le iluminaba y le conducía por el sendero.

19. Mas se acercó el momento en que Elías, en la plenitud de su vida humana, debía partir al Más Allá atendiendo el llamado del Padre, y él se lo comunicó antes que a nadie a Eliseo, su discípulo,

20. Y le dijo: “Antes de que yo parta, pídeme una gracia, y en el nombre del Padre, te la concederé”; era tan grande la admiración de Eliseo por las obras de Elías, por su espíritu y su potestad, que le respondió: “Señor, lo que más deseo es poseer tu espíritu; cuando te vayas, te pido que tu espíritu sea en mí”.

21. Elías le aclaró que eso no estaba en su mano concederlo, pero le prometió que, si Eliseo estaba presente cuando Elías fuera tomado por el Espíritu de Dios, sería señal de que el Padre le habría concedido su petición.

22. Y sucedió que un día, mientras los dos caminaban juntos, un carro de fuego descendió de los cielos y arrebató a Elías, llevándole al Más Allá, y Eliseo se sintió inspirado por otro espíritu que era el mismo de Elías, y desde ese instante, las obras que Eliseo llevó a cabo, fueron tan poderosas y tan grandiosas como las que había hecho Elías.

23. De esto fueron testigos los hombres, y el pueblo se asombraba ante los prodigios de Eliseo, y los hombres sabían y así lo decían, que Elías se había manifestado en Eliseo, y de generación en generación se comunicaban este conocimiento.

24. En el Segundo Tiempo, el Señor concedió un indicio de reencarnación a la humanidad a través del mismo espíritu de Elías.

25. Cuando se acercaba el tiempo en que el Mesías había de predicar Su palabra entre los hombres, surgió Juan el Bautista, quien como precursor que era del Divino Maestro, descendió de los montes a preparar y a amonestar a los hombres, desde el más poderoso hasta el más humilde, exhortándoles a penitencia, a la preparación, a la espiritualidad y a la regeneración, porque se acercaba a ellos el Reino de los Cielos, porque se acercaba el Mesías prometido.

26. Y era tan grande y poderosa la palabra del Bautista, tan llena de luz, de reclamo y de justicia, que los hombres que le escuchaban se turbaban y se decían los unos a los otros: “¿Será este el Mesías, el Cristo esperado?” Y Juan, que veía la confusión de los hombres, les decía: “No, yo soy aquél que ha venido a preparar los caminos del Señor, aparejándolos, pues no soy digno ni tan siquiera de desatar la correa de Sus sandalias; yo os bautizo con el agua del río, símbolo de arrepentimiento, pero detrás de mí viene Aquél que os bautizará con el fuego de su Espíritu”.

27. Y los hombres le preguntaban y aún los mismos fariseos: “¿Eres tú, entonces, Elías?”, y la muchedumbre se confundía y se preguntaba: “¿Será Elías?”

28. Sentían que aquella luz, aquella mirada y aquellas palabras quemaban los corazones, extinguían el pecado en su fuego, iluminándoles su interior con una luz llena de potestad, y eso les hacía preguntarle si él era Elías.

29. He ahí la intuición del pueblo, y el Divino Maestro muchas veces en Su palabra dijo a Sus discípulos: “En verdad os digo, que Elías ha sido muy cerca de vosotros y no le habéis reconocido”.

30. Muchas veces el Maestro repitió estas palabras, y los discípulos deliberaban entre ellos y se decían: “¿Acaso Juan era Elías?”, pues sentían en Juan el mismo espíritu de Elías, la misma luz, la misma potestad, la misma justicia.

31. Estos y otros indicios que podréis hallar escudriñando las escrituras de los tiempos pasados, entregó el Señor a Su pueblo para cuando alcanzara éste espiritualmente la debida evolución y elevación, que le capacitaran para recibir las revelaciones que hoy el Espíritu Santo le entrega a Su pueblo.

32. Hoy, desde el primero hasta el postrero de este pueblo, sabe que pertenece al pueblo de Israel, que sois el mismo pueblo que ha venido reencarnando, desde el Primer Tiempo, de materia en materia, pasando de una vida a otra vida, siguiendo los pasos del Señor hasta este tiempo.

33. Íntimamente lo sabéis, mas no es todavía el tiempo en que os expongáis a la mofa, a la burla del mundo, porque todavía no estáis fuertes, no lleváis aún la luz suficiente para explicarle al mundo y para contestarle, pero la fe, la intuición y el conocimiento sobre esto es firme en cada uno de vosotros.

34. Sabéis que sois los mismos que fuisteis en pos del Señor, cuando en el Primer Tiempo, seguisteis a Moisés a través del desierto; que sois los mismos que testificasteis muchas veces con vuestra vida la venida del Mesías en el Segundo Tiempo, y sabéis también que ahora estáis nuevamente en la Tierra bajo la sombra protectora de Su manto, escuchando una vez más Su palabra, y recibiendo en el desierto y la montaña, una vez más, Su Ley.

35. Habéis regresado a la carne y al mundo para hacer ante el Padre, un nuevo pacto con su Divinidad.

36. Y muchos se preguntan: “¿Cuál es el verdadero pueblo de Israel? ¿Es éste, que está siendo llamado y marcado por el Señor para ser Su siervo espiritualista, o es aquél que lleva en sus venas la sangre hebrea?” Y el Mundo Espiritual de Luz os aclara una vez más estas cosas.

37. Cuando el Divino Maestro, el Mesías, apareció en el Segundo Tiempo entre el pueblo de Israel, muchos le esperaban, mas, ¿quiénes eran los que le esperaban?

38. Le esperaban aquéllos que llevaban una vida más espiritualizada, los sencillos, los que esperaban al Mesías que vedría a redimir a los espíritus, a librarles de los pecados, levantándoles de la ignominia del mundo.

39. Y le esperaban como Él llegó, humilde y manso, sin grandezas materiales, sin cetro ni corona, sin trono en esta Tierra, fueron ellos quienes escucharon a los ángeles cantar: “Gloria a Dios en las alturas y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad”.

40. Y fueron ellos quienes le siguieron por los caminos, de comarca en comarca, de aldea en aldea, por desiertos, valles y montañas, por las riberas de los ríos, recreándose con aquella palabra celestial, almacenando en su corazón y espíritu aquel caudal de sabiduría.

41. Fueron ellos quienes gozaron con los triunfos del Maestro, quienes bendijeron Su nombre al ver Sus milagros y prodigios, quienes le acompañaron en Su jornada y quienes le lloraron al pie de la cruz.

42. Fueron ellos quienes recibieron el Reino de los Cielos en su propio espíritu y quienes comprendieron a qué había venido el Mesías, y por qué se había hecho hombre su Dios.

43. Mas también hubo otros que no fueron los Israelitas espirituales, sino que eran los Judíos carnales, quienes estaban esperando que descendiera el Mesías en forma de guerrero material, con corona y cetro, con espada homicida y poder terrenal, para vencer el poder del César que oprimía a su nación en ese tiempo.

44. Esos otros, esperaban a un mesías material que pusiera la espada invencible en manos de aquel pueblo, que depositara tesoros materiales y complacencias mundanas en manos de ese pueblo que esclavo se encontraba.

45. Los Judíos o Israelitas carnales esperaban el tiempo en que el Mesías viniera para vengarse de sus enemigos, para humillar a quienes les habían humillado, para cargar de cadenas a quienes les habían esclavizado, para hacerse dueños y señores del mundo, para ser los más poderosos y los más grandes.

46. Esos otros fueron los que se decepcionaron, los que sintieron desencanto y desilusión ante la aparición del Divino Maestro, y por ello le negaron diciendo: “Nuestro Rey no puede ser el hijo del carpintero, no puede ser éste el Mesías prometido por los patriarcas y anunciado por los profetas; no puede ser el Cristo, éste que es seguido sólo por harapientos, menesterosos e ignorantes, y no puede ser nuestro Rey guerrero, éste que tiene por soldados a rudos pescadores que ni siquiera lavan sus manos al ir a la mesa”.

47. Fueron éstos quienes le negaron, quienes le llevaron al cadalso, quienes le gritaron: “¡Un Dios no calla, un Dios no puede morir, un Dios no puede quejarse! ¡Tú no eres nuestro Dios! ¡Tú no eres el Mesías!”

48. Mas el Maestro había escogido entre aquellos Judíos carnales a uno a quien le pidió agua, agua de comprensión, agua de amor y de gratitud para calmar la sed divina de amor, y aquel judío se la negó, creyendo con ello negar tan sólo el agua material.

49. Y el Padre tomó a ese judío carnal como ejemplo para todos los demás, diciéndole: “Tu andarás errante hasta la Consumación de los Tiempos, hasta el día en que Yo vuelva”; y ahí tenéis al pueblo de Israel dividido en dos bandos en este Tercer Tiempo, tanto el que le amó como el que le aborreció, y tanto el que le creyó como el que le negó surgen de nuevo en este tiempo.

50. Uno, el Israel verdadero, el Israel espiritual, sintiendo el llamado de su Maestro, acudiendo al influjo de Su voz, que le ha esperado según lo prometido por Él, el pueblo sufrido y que se ha despojado de todo lo material, presto a obedecerle, a amarle y a seguirle hasta el final.

51. El otro, ahí lo habéis visto errante durante siglos, pleno de riquezas materiales, nunca espirituales, esperando todavía, según ellos, a su mesías, al guerrero, al fuerte en poder material; y ahí le veis, dominando con su alforja al mundo, estremeciendo a la humanidad y llevándola al caos, al abismo, a la guerra y al juicio con su poderío terrestre.

52. El poder material que ellos ambicionaban, el Padre les ha entregado, porque, ¿qué pueden pedir los hijos al Padre que Él no les conceda? También para ellos han habido complacencias materiales, para ellos también ha habido tiempo y más tiempo, así como tolerancia.

53. Y vedlos, engrandecidos diciendo en su corazón: “Somos el pueblo invencible, somos el pueblo de Dios en el cual Él ha puesto Su ley, Sus revelaciones y Sus complacencias”.

54. Mas es llegado el tiempo de justicia, y ya está una vez más el Padre con Su pueblo, y éste con Él, y a unos y a otros ha hecho Su llamado, y he aquí que habéis acudidos vosotros, hermanos, con el espíritu preparado para recibir Su fuente de enseñanzas, Sus complacencias espirituales, la liberación y la redención de vuestro espíritu.

55. La otra parte de Israel, el judío materializado, tendrá que venir para que se cumpla Su palabra, porque Él les dijo: “Caminarás sin cesar hasta la consumación de los siglos”. La consumación de esta Era llegará, y con ella vendrá el juicio para ellos.

56. Y vendrán a contemplar a su Señor, ya no en materia como cuando vino a derramar Su sangre también por ellos, vendrán ahora llamados por la voz del Espíritu Santo, y la justicia del Padre se derramará en el camino de cada uno de ellos, diciéndole: “¡Detente!, toma la balanza en tu diestra y juzga tu propia obra”, y despertará en ellos la intuición para decirles que también son éstos, aquéllos y los mismos.

57. Y vendrán a vuestro encuentro y os reclamaran el nombre de Israel, y será entonces cuando les explicaréis por qué sois el pueblo verdadero de Israel: Porque habéis reencarnado, porque habéis vuelto por el llamado de Dios en este Tercer Tiempo, cumpliéndose así Su palabra.

58. Sois vosotros el Israel espiritual, el pueblo verdadero de Dios, sois los que, congregados desde los distintos puntos de la Tierra, habéis llegado de los largos caminos y del Más Allá, reencarnando de materia en materia, de vida en vida hasta llegar a este tiempo en que tenéis al Maestro de nueva cuenta entre vosotros.

59. La Ley de la reencarnación del espíritu, hermanos míos, no es solamente Ley para el pueblo de Israel, es una gracia del Espíritu Divino para todos los espíritus, Ley que sólo se os dejó entrever en los tiempos pasados debido a vuestra escasa evolución, y que hoy, vosotros y toda la humanidad, confirmará por los acontecimientos, por las pruebas y manifestaciones espirituales que han de suscitarse y multiplicarse a través de los tiempos.

60. La comprensión de la Ley de reencarnación, hará luz en muchos problemas que afronta la humanidad, resolverá muchos conflictos, allanará muchas dificultades, explicará muchas cosas y muchos misterios.

61. Y para comprenderla mejor, debéis ver que ella se desprende de la Ley de restitución.

62. El Padre os habla de restitución espiritual, y vosotros ya habláis mucho de restitución; cuántas veces en vuestras pruebas o sufrimientos, os conformáis diciendo: “Esto tal vez sea por una restitución espiritual que estoy cumpliendo”.

63. Porque vosotros ya sabéis que habéis habitado antes en este mundo, no sabéis cuántas veces, y que en esas veces, muchas misiones pudisteis haber dejado sin concluir, y muchos agravios habéis hecho que ahora tendréis que borrar.

64. Muchas ofensas pudisteis haber infligido a los hombres, ofensas que tendréis que purgar con vuestra reencarnación y vuestra restitución.

65. ¡Cuántos casos Dios ha juzgado de manera perfecta en Su justicia infinita por medio de la reencarnación a los espíritus!

66. Si los hombres negaran esto, no os amedrentéis, no apartéis de vuestro espíritu y corazón la firmeza de esta Ley que es justicia y es amor.

67. Hasta hoy el Espiritualismo no os ha revelado vidas anteriores; ni el Maestro ni Su mundo espiritual de luz os hemos dicho quiénes fuisteis en pasadas vidas, qué nombre habéis llevado, a qué sexo pertenecisteis, cuáles fueron vuestras faltas y vuestros aciertos, nada de esto se os ha revelado todavía, tan sólo os ha dicho el Padre: “Israel, vosotros y aquéllos sois los mismos, y estáis ahora en el tiempo de restitución, de evolución y perfeccionamiento”.

68. Cuando vosotros tengáis un conocimiento profundo y amplio de lo que es la restitución espiritual y de lo que es la reencarnación del espíritu, ¡cuánta elevación habrá en vuestro espíritu ante las pruebas!, ¡cuánta resignación habrá en vosotros ante los sufrimientos, y cuánta conformidad y amor en vuestro propio destino!

69. Y cuando existan entre la humanidad este conocimiento y esta fe, ¡cuánta elevación habrá también en el espíritu de la humanidad!

70. El fatalismo de los hombres desaparecerá, y desaparecerán también la desesperación, la confusión y la inconformidad, y la blasfemia de muchos también habrá de terminar.

71. ¿Por qué, en su desesperación, se suicidan los hombres en este tiempo? ¿Por qué se arrancan a sí mismos el hilo de la existencia material?

72. Porque no tienen en su propio espíritu la fortaleza espiritual necesaria para atravesar con valor el trance amargo, porque no alcanzan a comprender la magnitud de lo que significa para su espíritu el hecho de arrancarse la vida material, porque no alcanzan a comprender que todas las pruebas que el hombre atraviesa son por restitución espiritual, para lavar sus manchas, para limpiar su espíritu.

73. El hombre, cuando ignora estas cosas, pierde la calma, se ofusca, se acobarda, y no se siente con la fuerza suficiente para apurar el dolor, y acaba por arrancarse la vida material.

74. ¿Quién de vosotros que sabe lo que es la restitución espiritual, la reencarnación del espíritu y la responsabilidad de vuestro espíritu ante Dios, osaría arrancarse el hilo de la existencia material?

75. ¿Quién de vosotros, que conoce lo sagrado de las cosas que Dios ha puesto en vuestro espíritu, ignora lo tremendo que sería para él llegar ante el Padre sin haberse limpiado, llegando antes del tiempo escrito en el Libro de la Vida y de la Eternidad?

76. Ninguno, hermanos; con esta fe, con esta convicción y este conocimiento podréis vosotros atravesar las más grandes pruebas y los más profundo dolores.

77. ¿Por qué los matrimonios se desunen en este tiempo? ¿Por qué los hombres repudian a sus mujeres y las mujeres se apartan de sus esposos, amparándose en las leyes materiales para llevar a cabo esa separación?

78. Porque no tienen el sentido de la responsabilidad de lo que significa ese acto, ese pacto, esa institución, porque carecen del conocimiento espiritual profundo de que dos espíritus encarnados que se unen en matrimonio, vienen a desempeñar una misión muy delicada y que ellos, con anterioridad, han tenido ese destino, esa responsabilidad y esa restitución.

79. Ignoran que, a pesar de todas las pruebas, de todos los defectos, de todas las ofensas, nada ni nadie podrá desunir sus espíritus que cumpliendo están su destino, su restitución.

80. Ante la palabra del Padre que todo lo revela, ¡cuántos tendrán que reprimirse, estudiándose a sí mismos, para profundizarse en el fondo de su propio destino y de su responsabilidad, hasta llegar a la conclusión de que están cumpliendo una dura restitución, y que por ello habrán de buscar la manera de comprenderse el uno con la otra, de sobrellevarse, de perdonarse los defectos y de amarse, para llevar hasta su fin ese destino y esa restitución!

81. ¡Cuántos hombres y mujeres, van por los caminos del mundo arrastrando vicios que no pueden vencer! Vicios que son como cadenas, y que muchas veces muchos de ellos buscaron para mitigar su dolor, para encontrar un alivio, un lenitivo en aquellos placeres engañosos que sólo les han llevado a la turbación, a la degeneración y a la bajeza.

82. ¿Por qué muchos hombres y mujeres se han refugiado en esos vicios? ¿Por qué recurren al embrutecimiento y a la embriaguez?

83. Porque tampoco han tenido el valor suficiente para atravesar las pruebas y el dolor, y porque no han encontrado en el camino de su vida una luz, un consejo, una guía, un baluarte que les sostenga para librarles de la caída.

84. Cuando los hombres comprendan que han venido a este mundo a restituir y a darle temple al espíritu, entonces no se desesperarán; cuando los hombres sepan que no es la presente la única vida que han vivido, no le reclamarán más al Padre el que su existencia haya sido ingrata, dolorosa y hasta funesta para ellos.

85. Cuando los espíritus reconozcan que todos han sabido lo que es el placer, que todos han saboreado leche y miel, que todos les ha sido entregado un tiempo de complacencias terrenales, y que todos han conocido las vanidades y de las grandezas materiales, habrán comprendido que ha llegado el tiempo de la restitución, el tiempo de devolver al espíritu toda su fuerza, toda su luz, su pureza y limpidez.

86. Entonces el corazón humano buscará las más sanas y nobles satisfacciones, eximiéndose de todo lo superfluo, de lo innecesario, libertándose de las bajas pasiones para recrearse el espíritu en la práctica del bien, del amor y la amistad; buscará su recreo en la honradez, en el sano trabajo y en los honestos placeres, sin buscar más el esplendor engañoso de este mundo.

87. Mas la Ley de Dios, Su doctrina infinita y espiritual, no se concreta en su finalidad a que el hombre viva mejor solamente en esta vida.

88. La intención divina, la finalidad de Su ley y Su doctrina, al serle revelada al hombre en todos los tiempos, ha sido para que el espíritu que en él mora, esté siempre preparado, sustentándose con la palabra y la luz divinas, para elevarse en la lucha y perfeccionarse en el camino, cumpliendo con la Ley de evolución.

89. Es muy profunda la Obra del Padre, hermanos míos, y ella ha venido a descansar en vuestro espíritu; el Maestro muchas veces os ha dicho: “No he venido a buscar vuestra materia, he venido en este Tercer Tiempo en busca de vuestro espíritu que es quien me pertenece”.

90. Esta vida que lleváis, es tan sólo el crisol en cual se forja vuestro espíritu, en el cual recoge experiencia en cada sufrimiento o en cada prodigio; cada empresa, cada misión sea empezada o concluida, cada paso de esta vida, es una enseñanza que Dios le entrega al espíritu.

91. Eso es vuestra vida material: Una preparación para la vida verdadera, la vida espiritual.

92. No miréis en vuestro futuro la muerte, no miréis en vuestro mañana el sepulcro o la nada, mirad el todo, la eternidad, la vida, la paz y la dicha.

93. No por ocuparos demasiado en las cosas de la Tierra, privéis a vuestro espíritu de alimentarse también, de saturarse de enseñanza, de liberarse para cumplir la Ley espiritual.

94. Mas tampoco, por practicar más las cosas espirituales, caigáis en el fanatismo de mezclar aún en las cosas materiales, las cosas sublimes de la Obra del Señor.

95. Dad a cada cosa lo que a ella pertenece, en su oportunidad y en su justa medida, no mezcléis el nombre del Señor en cosas superfluas.

96. No debe ser la Ley del Padre una obsesión en vuestro espíritu, porque todas las obsesiones son malas; la Ley del Padre debe vivir en vosotros de una manera natural, sencilla y pura, para que la pongáis en práctica en los debidos momentos, practicando las cosas de la Tierra en su oportunidad también, entregándoos a ellas con buen cumplimiento, con respeto y con consciencia.

97. Sólo así podréis elevar, hermanos míos, la Obra del Padre entre la humanidad, sólo así podréis dar el buen ejemplo entre los hombres.

98. Que no contemplen los hombres, que este pueblo doctrinado por el Señor, materializa Su obra, mas que tampoco contemplen que os excedáis, cayendo en fanatismo y en obsesión; que enseñéis, como os dijo el Maestro en el Segundo Tiempo, a dar al César lo de César, y a Dios lo que es de Dios.

99. Dos mensajes habéis recibido en este día; a vosotros corresponde el unirlo en uno solo, es ésta mi humilde explicación en esta alba de gracia.

100. Que la paz del Señor sea con todos mis hermanos y con todo Israel.

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