Explicación 61

1. La explicación del Mundo Espiritual de Luz en esta alba de gracia, versará sobre la ciencia, hermanos míos.

2. Sabed que Dios es el origen y el principio de toda ciencia; así pues, no es correcto pensar que Él condene a los hombres por esa inclinación natural hacia el conocimiento o saber que revela la ciencia.

3. Lo que sí reclama con rigor el Padre, y nosotros también os lo señalamos, es el mal uso que se haga del saber, sea en las cosas materiales como en las espirituales.

4. Y es precisamente en este tiempo cuando es palpable el fin egoísta y perverso con que el hombre hace uso de su ciencia, mas esas obras tendrán que ser tocadas por la justicia divina.

5. Hermanos: Comprended que la ciencia da al hombre sabiduría, y es por esto que el corazón humano, ávido de grandeza, persigue la ciencia con el fin de arrancarle sus secretos a la vida, a la Creación y la Naturaleza o como queráis nombrar a cuanto os rodea, y lo hace para poder colocarse en un sitial desde el cual mirar pequeña a la humanidad y ésta se rinda ante aquéllos a quienes cree seres superiores.

6. En este Tercer Tiempo que habrá de ser llamado por todos, el Tiempo de la Luz, la justicia del Padre hará comprender a la humanidad el verdadero valor y el mérito real de las obras de los hombres.

7. Sabréis entonces que el saber, cuando no va acompañado de un fin elevado, cuando no está inspirado por la Conciencia que es la que aconseja siempre lo mejor, no es verdadera sabiduría sino saber a medias, porque carece de lo esencial, que es ese fin elevado.

8. Si la ciencia es luz, ¿podría llamársele correctamente hombre de ciencia a quien descubre alguna forma de hacer enormes males con su saber? No, hermanos, esa no puede ser luz, es tiniebla, es la falsa ciencia; la ciencia verdadera, es aquélla que descubre al hombre todo cuanto es sabio, bueno, profundo y justo para el bien de las criaturas del Señor.

9. Hay quienes al penetrar en el estudio de la ciencia, al hurgar en los misterios de la Creación, llevan en el fondo de su ser, como una flama esplendorosa, el ideal de procurarle bienes a la humanidad.

10. Mas, ¡cuántos hay que sólo piensan en su propia grandeza y que, ignorando que cuanto ha creado el Hacedor del Universo tiene un principio de amor y por ello su origen es el bien, contrariando ese divino ideal, consagran su ciencia al mal, a producir dolor, a crear miseria, a originar destrucción y a causar muerte!

11. Los primeros, se complacen en compartir con sus Semejantes aquellos beneficios que con su ciencia han logrado obtener; los otros, ocultan egoístamente su secreto, y que muchas veces se llevan, después de la muerte, a otro mundo.

12. Pocos, muy pocos, han sido hasta ahora los hombres que han aplicado la Conciencia a su ciencia, pocos son los que han penetrado al Arcano de la vida con respeto; pocos son los que han orado antes de escudriñar, y menos aún son aquéllos a los que no ha impulsado la vanidad, sino el ideal de descubrir algo en beneficio de la humanidad.

13. Esos que han orado y tenido nobles ideales, para con respeto asomarse al Arcano del Padre, han sido enviados de Dios, emisarios de luz, portadores de mensajes y revelaciones que han proporcionado bienestar, adelanto, mejoramiento, salud y beneficios de diversa índole a la humanidad.

14. Los que penetran en el campo de la ciencia sin preparación espiritual, sin respeto a lo creado por el Padre y sin ideales elevados, llevados tan sólo por sus pasiones que pueden ser la vanidad o los sueños de grandeza, así como la codicia o la venganza, esos no son enviados del Señor, son ladrones que han robado lo que no les pertenece, porque no son ellos a quienes la Divinidad tiene destinados para revelar a la humanidad los secretos que la Naturaleza reserva a los hombres de bien, a los hombres de espíritu preparado.

15. Esos hombres, que sin amor a sus Semejantes penetran en ese gran templo de la Sabiduría divina que es la ciencia, son tomados por el Padre, una vez que se han internado por ese camino, como instrumentos de Su divina justicia, mas nunca como los verdaderos emisarios de aquellas revelaciones que por medio de la ciencia Dios hace, sólo para beneficio de Sus hijos.

16. Mirad cómo vais entrando en el tiempo de pruebas en el que toda obra humana está siendo juzgada, tiempo en el que la ciencia del hombre será también juzgada de gran manera, a causa del abuso que de ella se ha hecho.

17. Falta poco para que la humanidad presencie las señales universales de la justicia divina, una vez que la vanidad de los hombres científicos alcance su mayor grado, y su soberbia y orgullo les haga creerse semidioses.

18. Días vienen en que cada día proporcione a la humanidad una nueva sorpresa, con la aparición de nuevos descubrimientos, de nuevos inventos científicos, unos causando asombro, otros provocando terror.

19. Entonces vendrá a vosotros la justicia de Dios, para decir la última palabra, sometiendo a prueba las obras de los hombres, poniendo a prueba el poder, la sabiduría y la grandeza que creen poseer.

20. Si las obras de los hombres resistieran estas pruebas que el Señor les enviara, sería señal de que verdaderamente son grandes y buenas; mas, por el contrario, si ellos se afligiesen, se vieran confundidos o se desesperasen ante las pruebas, sería señal de que su saber es pequeño, su poder escaso y su grandeza falsa.

21. A la puerta están ya las epidemias, producto de las guerras inhumanas, insensatas e impropias de una humanidad capacitada para resolver sus conflictos por medio de la razón, de la justicia y de la inteligencia, y no por medio de la fuerza.

22. Los elementos de la Naturaleza lanzarán sus voces y desatarán su fuerza, como demostración de protesta ante la perversidad humana, haciéndole comprender así al hombre, que sólo la fuerza del amor, el respeto y la Conciencia debían moverle, y no la fuerza del mal.

23. Desatados, los elementos se volverán en contra de quienes les hayan tentado en su ruta de armonía.

24. La ciencia del hombre es a imitación de la Torre de Babel; ¿recordáis aquélla lección?

25. En aquel lejano tiempo, todos los hombres hablaban un mismo idioma, y aún permanecía en ellos la noción de que el Ser Divino era invisible y que se encontraba en el Más Allá.

26. Mas la tentación llegó a ellos, y se preguntaron: “¿Cómo haremos para penetrar hasta ese Más Allá, para alcanzar las bóvedas celestiales? Hagamos una torre que se eleve más allá de lo que nuestros ojos contemplan”.

27. Y desde ese momento trataron ellos de penetrar hasta donde se encontraba su Padre, no para reverenciarle ni para adorarle, sino para descubrir Sus arcanos.

28. El Padre, con santa paciencia, contemplaba a Sus hijos, mientras ellos construían su torre, a la que veían grande e invulnerable, siendo tan sólo un átomo de todo lo creado.

29. Más tarde llegó a los hombres la confusión de lenguas; hablaban y no se entendían, y acabaron por comprender que de lo alto les había llegado el pago de su soberbia y su sinrazón.

30. Dejando inconclusa su vana obra, se alejaron los unos de los otros, saliendo hacia distintas comarcas para formar, de ahí, distintas ciudades, después distintas naciones, hasta llegar a formar distintos imperios.

31. Los hombres, en su orgullo y falta de respeto hacia el Arcano divino, terminaron por verse los unos a los otros como extraños, y así es hasta el día de hoy, en el que las naciones se encuentran todavía divididas.

32. Los hombres, al verse de distinto color se desconocen, y al hablar distinto lenguaje, se odian.

33. Ahora, en este tiempo, en que la humanidad cree estar en el pináculo de su civilización, los hombres siguen confundidos; se han intercalado en los altos designios del Padre y por ello se han confundido, encaminándose a un mayor atraso, hundiéndose más.

34. Muchos de los hombres quieren ser admirados como si fuesen seres privilegiados; y ahí los veis, estudiando la ciencia sólo para sobresalir y engrandecerse ante los demás, buscando cosas que les hagan sentirse superiores los unos sobre los otros.

35. El amor y la fraternidad son conceptos que a esos hombres suenan utópicos e irrealizables, de ahí el enorme retraso de esta humanidad.

36. Ved como ni siquiera los hombres de la ciencia médica se levantan, en su inmensa mayoría, con el anhelo de calmar el dolor humano, tan sólo les sirve éste para llenar sus arcas con oro y metal, ambicionando únicamente la comodidad y el lujo para sus propias materias.

37. Las fuerzas del hombre son escasas, más aún así, han osado penetrar en los misterios que ante ellos se presenta, ya que no han podido traspasar los umbrales del Más Allá.

38. Y se desvelan, los unos, descubriendo las distintas funciones de los órganos corporales puestos en la materia por el Padre; los otros, observando los astros, y la mayor parte de ellos, sin pedirle al Padre les conceda descubrir esas cosas para bien de sus Semejantes.

39. En este tiempo, como en aquél de la Torre de Babel, una vez más se han levantado queriendo penetrar con su egoísmo y soberbia, en los arcanos del Padre.

40. Comprended que lo que los hombres han descubierto con su ciencia, es nada ante el poder infinito del Padre.

41. Los elementos confundirán la sabiduría del hombre; acontecerán fenómenos en los cielos que el hombre no tendrá poder alguno para detener, llegarán epidemias y los hombres de ciencia no tendrán ni el poder ni el conocimiento suficientes para sanar enfermedades que para ellos serán desconocidas.

42. El Poder se hará sentir sobre todos los ámbitos de la Tierra, y ese poder viene de Dios.

43. Vosotros reconocéis ya que única y perfecta es Su enseñanza, sois los hijos de la esencia del Padre, no sois hombres y mujeres de ciencias humanas, mas con cinco minutos de vuestra oración unificada, con vuestra elevación espiritual, los elementos recobrarán la calma.

44. Es a vosotros, Israel, a quien el Padre le entrega la potestad de sanar esas raras enfermedades que han de azotar a la humanidad, y el Mundo Espiritual de Luz, por vuestro conducto, ha salvado y seguirá salvando a los enfermos del cuerpo y el espíritu.

45. Reconoced, por tanto, la pureza y limpidez de esta Obra divina.

46. Haced que los hombres vengan a unificarse al pueblo de Dios.

47. Llamad a congregación a los increyentes, a los que confundidos se encuentran en los diversos caminos de la humanidad, para que unidos con vosotros, forméis la verdadera Torre de Israel, la que nunca se derrumbará como lo fue la de Babel.

48. Mucho habréis de estudiar las enseñanzas del Divino Maestro para que os podáis levantar con ahínco, para que seáis los hombres de paz.

49. Si así hiciereis, aquellos que se encuentran en las naciones que llamáis extranjeras por vuestro cumplimiento alcanzaran.

50. Analizad detenidamente las Cátedras del Maestro así como las explicaciones de Su mundo espiritual de luz, para que extraigáis de ellos su luz y su esencia.

51. La paz del Maestro quede con mis hermanos.

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