Explicación 57

1. Bienvenidos seáis pequeña porción, ovejas de Elías, el Precursor del Señor, quien se manifestara a través de mi entendimiento, al principio de esta etapa que pronto ha de llegar a su final.

2. El Padre me ha concedido el estar con vosotros en espíritu en esta alba de gracia, hoy que os encontráis reunidos y congregados, ayudando al Pastor a preparar los caminos para que lleguéis al Padre con más facilidad.

3. He venido a explicaros dónde se encuentra la espiritualidad, a explicaros dónde, en este tiempo, estuvo el simbolismo de los Siete Sellos, porque muchos de vosotros, amados hermanos, ignoráis dónde y cómo fueron implantados en el seno de este pueblo para representar, aunque fuese materialmente, la lección que el Padre le entrega a Israel en este Tiempo.

4. Vuestro Pastor vino a comunicarse en esta nación bendita, por medio de mi entendimiento, y un día, por su inspiración y por mi intuición, señalé a siete personas humildes para representar los Siete Sellos.

5. Y fue en personas humildes en materia y espíritu, para que viese el mundo cómo en los pobres resplandece la grandeza del Señor, de cómo en las familias más desposeídas en lo material es reconocido el Redentor Celestial.

6. Los tiempos han transcurrido y habéis evolucionado; aquellos tiempos, como los presentes, fueron preciosos, mas he aquí que reinaba en vosotros el fanatismo y la idolatría.

7. Fue mandato divino el que yo Roque Rojas fuese el que rasgara, inspirado por el espíritu de Elías, los velos de la ignorancia, y el que tuviese que soportar y sufrir todo ese fanatismo e idolatría, con toda amargura y humildad.

8. ¡Cuánto esfuerzo para daros espiritualidad!

9. Recuerdo cómo las multitudes que me siguieron llegaban hasta el sacrificio moral, cuando eran arrojados de las sinagogas y los templos de cantera por los sacerdotes y eclesiásticos que alardeaban llevar en sus manos la bandera de la luz divina, dejándola flotar en el olvido, pretendiendo dispersar a todos aquéllos que seguían al Precursor.

10. ¡Tiempos difíciles, hermanos! Mas como vine por mandato divino a desempeñar esta misión, no temí a la humanidad ni a su persecución.

11. La manifestación del Tercer Tiempo descendió hasta el pequeño claustro que era mi morada en ese entonces, ya que, en esos días la única manera que una persona de mi condición tenía para estudiar la palabra del Primero y Segundo Tiempos, era el pertenecer a una orden religiosa, por lo cual me vi en la necesidad de iniciar el estudio de las cosas sagradas en el seno de una congregación de esa clase.

12. Me refugiaba del mundo en mi humilde claustro, para permitir que la luz llegara a mí; y la luz me bañó en plenitud, manifestada en mi mente y en mis pupilas, ordenándome que saliera yo de ese lugar a extender la luz divina del Señor.

13. Empecé entonces a extender Su luz divina, predicando la Buena Nueva de la tercera venida del Padre a mis hermanos.

14. Por orden del superior-obispo que en aquel tiempo era la autoridad religiosa, fui destituido y llevado a la montaña, a un lugar remoto donde no pudiese tener contacto con nadie.

15. Decían ellos, mis perseguidores, que con mis palabras perdía yo a la humanidad, por eso me arrojaron a la montaña, para que ahí, el Sol, el frío, el hambre y la sed me hicieran perecer, y no pudiera así continuar, según ellos creían, pervirtiendo a la humanidad.

16. En verdad les puedo decir que mucho padecí en mi envoltura, mas no me retenían el hambre ni la sed materiales, y como era el enviado de la Divinidad, tuve en aquella montaña, aparte de las ovejitas y corderillos que me rodeaban, quien me escuchara y llevara mis mensajes a los lugares cercanos a mi exilio.

17. En uno de aquellos lugares fui finalmente recibido para apacentar a las ovejas, a mis corderitos que como obreros se encontrarían después laborando en la Obra del Señor.

18. En aquella montaña no faltaron las ovejitas, como les nombraba yo, quienes se acercaban a escuchar mi palabra, llenándoles de luz sus corazones, y por medio de ese cumplimiento fue como el Señor me hizo descender de la montaña, para aposentarme en uno de los lugares cercanos.

19. Quien tenga ojos que vea, quien tenga palabras que hable y quien tenga entendimiento que lo prepare para que le explique a los demás la enseñanza divina.

20. Llegado a ese lugar, recomencé mi predicación, empecé a preparar las arcas donde había el Señor de depositar Su tercer testamento, y a preparar a las ovejitas para recibir al Espíritu Santo; debo deciros, sin embargo, que antes de bajar de la montaña había yo elevado mi preparación al Señor.

21. La familia Malanco se encontraba entre aquella pequeña porción que subía a la montaña para escucharme, la que me brindó su protección, dándome un hogar para que dejara yo la montaña, pues se sentían satisfechos en sus espíritus al oír mi palabra.

22. En aquel tiempo no había otros entendimientos que dieran paso a las manifestaciones divinas, y por eso quiso esa familia llevarme a su seno, porque no se conocía aún la palabra a través de portavoces, no había mentes preparadas para que el Señor hablara por ellas.

23. Fue hasta un tiempo después, cuando el Señor me concedió la inspiración para llamar a una doncella, para que ella fuese la primera receptora donde descendiese la palabra del Divino Maestro.

24. Mi mirada confirmó lo que la inspiración me había confiado, y llamé a aquella niña bendita de 16 años para entregarle la representación del Sexto Sello.

25. Esa doncella era Damiana Oviedo, la dulce Damianita, a quien, por mandato del Señor, le entregué su marca, así como se la entregué a sus familiares.

26. El Señor me enseñaba para entregarle a aquellos primeros, y yo les entregaba; ellos fueron llamando a sus familiares, a sus amigos, a los obreros, a los empleados, y cundió así la palabra, desde el año de 1866 cuando comenzara yo a traslucir la luz divina.

27. Por mi conducto fueron entregados a la humanidad los 22 preceptos de la Ley divina; se levantaron diversos recintos a los que el pueblo, en su ignorancia aún les llamaban templos y llegaron las multitudes a las que Elías desarrollo su espíritu, enseñándoles a orar.

28. Y Damiana Oviedo, aquella niña que desde su tierna infancia hasta la ancianidad sirviera al Señor como pedestal, supo llevar su juventud sin mancillarla, por ese amor perfecto que siempre resplandece en los corazones de buena voluntad.

29. ¡Cuánto sufre mi espíritu al ver vuestro camino en estas tierras, porque no todos sabéis prepararos en vuestro corazón, ni siquiera para el cumplimiento en los diversos rediles!

30. Contemplo negligencia, desesperación, no veo el anhelo en las multitudes como en aquellos tiempos en que, aún siendo temprana la hora, el Señor se derramaba por aquella niña al despuntar el alba.

31. Las grandes multitudes dejaban sus hogares, no le temían a la intemperie de los elementos, todo lo dejaban para escuchar la palabra del Divino Maestro.

32. Sí, ovejas, en aquellos tiempos el fanatismo se encontraba en su apogeo, y grandes dificultades se le presentaban al pueblo del Señor, pero a pesar de todo, todos se encontraban reunidos, unificados en su ideal.

33. Y ahora, vosotros que os reunís en grandes recintos formados por vuestro materialismo, ¿dónde habéis dejado esa unificación, ese ideal?

34. Ved cómo para aquella dulce niña se encontraba el camino sembrado de espinas, mas no temió, tuvo gran fe y vino a daros ejemplo; soportó con alegría y conformidad las penas en su envoltura, y el Señor mucho se derramó por ella.

35. Un día, cuando mis perseguidores se dieron cuenta de que me encontraba yo en la ciudad, intentaron prenderme, y yo me guardé en una fosa; mas he aquí, que descubrieron mi escondite, y reconociéndome, llenaron la fosa con agua para ahogarme en ella.

36. Cuando ellos creían que había terminado ya mi existencia, salí del agua con toda magnificencia porque pude sustentarme del agua con que ellos quisieron darme muerte; los ángeles del Señor me custodiaban y me daban todo cuanto yo necesitaba para no perecer.

37. Entonces, al ver el prodigio, se dieron cuenta que la palabra del Señor que yo entregaba, era la verdad ante el mundo, ante los niños y ante los hombres.

38. ¿Quién de vosotros podría resistir una prueba de éstas?

39. Ovejitas, vuestras envolturas son débiles y les falta lo principal, que es la fe para sentirse fuertes en el cumplimiento; cuando la fe falta en el corazón, éste debilita.

40. A vuestra envoltura le ha faltado la voluntad para servirle al Señor, pocas son las que reflejan la fe y el anhelo del espíritu.

41. Ya no recordáis a aquellos pedestales que llegaron después de Damiana Oviedo, que han sido levantados y que se encuentran habitando los espacios espirituales; recordad a Apolonia Alanís quien tanto sirviera a la humanidad, y que se encuentra gozando de la luz divina, recordad a Serafín Fernández.

42. Ellos, los primeros en llegar a las plantas del Señor a servirle en este tiempo de luz, supieron llevar su corazón con mano firme para no faltar en el camino, ni dejar de observar la Ley divina del Maestro.

43. Os pido que les recordéis con respeto y gratitud, mas no por ello le rindáis tributo a su envoltura; no llevéis a sus tumbas una flor que consuma el Sol o seque el aire, elevadles mejor una oración, ofreced al Señor vuestro cumplimiento en recuerdo suyo.

44. Recordad, Israel, el nido donde os mecisteis, la cuna donde comenzasteis a tomar fuerzas; hoy, cada árbol tiene su ramaje y muchos son los portavoces y pedestales.

45. El Padre os ha enseñado a dar tiempo para el tiempo, y dentro de ese tiempo, cumplid en vuestros hogares, en vuestros trabajos y en vuestros caminos.

46. Cuando sea llegado el tiempo en que estudiéis en los escritos las observaciones, explicaciones y consejos del Mundo Espiritual de Luz, una sola voz escucharéis.

47. En esta alba bendita me ha permitido el Padre llegar a tocar vuestros corazones; no olvidéis las enseñanzas del Pastor, para que pueda él dejar en el aprisco bendito a las 99 ovejas halladas e ir por las extraviadas; ved que por cuidaros a vosotros, la extraviada continúa su extraviado recorrido.

48. Sed obedientes y así no sentiréis pesado vuestro madero; preparaos en oración, en pensamiento y en voluntad.

49. Que la luz de Elías y la paz del Padre estén siempre con vosotros.

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