Consejo 13

1. En el Segundo Tiempo, el Señor descendió entre vosotros con infinita humildad, y siendo poder infinito y el Dueño de todo lo creado, nació en cuanto hombre en la humilde paja, para que vosotros pudieseis tomar Su ejemplo y haceros humildes como lo es Él.

2. Y también vino en ese tiempo a enseñaros la mansedumbre, mas la humanidad no ha tomado ese sublime ejemplo, y he ahí que las vicisitudes se apacientan en el camino de los hombres, y en el corazón de la humanidad ha hallado la tiniebla su morada.

3. Este es tiempo de regeneración, humanidad; mirad que el Señor ha llegado en este Tercer Tiempo, y deberéis caminar más de prisa, para haceros dignos ante Su divina mirada.

4. Ved a las naciones, desconociéndose las una a las otras, y descubrid en eso el cumplimiento de la profecía entregada en el Segundo Tiempo por el Divino Maestro: “Y vendrá el Espíritu Santo rodeado de Ángeles, y esto será cuando los pueblos se desconozcan los unos a los otros, y se levante nación contra nación, hijos contra padres, y esposa contra esposo”.

5. El tiempo se ha cumplido entre vosotros; vosotros sois los que no habéis cumplido con el tiempo, mas la palabra de Dios se cumple, porque siempre se ha cumplido y se cumplirá.

6. Yo, vuestro Pastor, con gran amor desciendo hasta vosotros, y traigo conmigo la luz para lucidar vuestro pensamiento, y hacer que sigáis el camino perfectísimo, el camino estrecho.

7. Heme aquí en pos de vuestro espíritu. ¿Por qué teméis?

8. No he venido como juez sino como Pastor, y vengo a exhortaros a que sigáis el ejemplo de los doce apóstoles de Jesús en el Segundo Tiempo, que levantándose en cumplimiento al mandato divino, fueron por doquier en las comarcas, entregando la bendita savia que consigo llevaban, aquella buena simiente que el Señor en sus manos depositara.

9. Y sembrando iban ellos, esparciendo la divina Semilla en todos los corazones; así deberéis hacer vosotros, y no habréis de temer encontrar la muerte de la materia que ellos padecieron por amor a la humanidad, no, ¿qué habréis de temer, entonces?

10. Ciertamente la muerte de la materia no, y menos aún la del espíritu, porque el Señor os ha dicho que nada de esto os ocurrirá y es Él quien cuida vuestra vida y todo lo vuestro cuando estáis ocupados en vuestro cumplimiento espiritual.

11. Unificad la materia con el espíritu para que podáis entonces unificaros con vuestros hermanos; cuánto adelantaríais si así lo hicieseis.

12. Unificados vuestros corazones y vuestros espíritus, seréis cual antorcha de luz que unifique a aquellos que en tinieblas se encuentren; al contemplar ellos su propia tiniebla, buscarán la luz, y vuestra pequeña luz será para esos corazones hundidos en tiniebla, un astro luminoso que les señale e ilumine el camino.

13. Humanidad, he aquí que el Señor vino a vosotros en el Segundo Tiempo para rescataros de las garras del César, descendiendo a tomar carne entre vosotros cuando grande era vuestro llanto, mas no supisteis dar crédito a Sus palabras ni supisteis aprovechar ese tiempo de gracia.

14. Y ha llegado el Tercer Tiempo en que Él regresa a vosotros como Espíritu Santo; ¿tampoco en esta Era atenderéis Su llamado?, ¿qué esperáis entonces?

15. No seáis obstinada en vuestro error, humanidad; escuchad la enseñanza y apacentad en vuestro corazón la palabra de consejo que el Pastor viene a entregaros, porque en verdad os digo, que quien al Padre busca, al Padre encuentra.

16. Cuando vayáis por vuestros caminos sufriendo, pensando y derramando llanto, sentid cómo desciende de los Cielos el maná espiritual para deciros: No sufráis más, no lloréis más en el camino, ved que os encontráis sujetos a un destino marcado por la mano poderosa del Señor, reconoced que os encontráis sujetos a una voluntad superior, la voluntad divina.

17. Abrid las puertas de vuestro corazón al rocío que viene de lo alto, y dejad que sea vuestra Conciencia la que os haga reconocer cuál es el fruto de vuestros pensamientos y de vuestras obras.

18. Si permitís que vuestro espíritu se alimente con la esencia de la Palabra divina, romperíais con ella las cadenas que os atan a la envoltura.

19. Israel, rebaño amado, en vosotros está el ayudar a la salvación de la humanidad.

20. ¡Ay, ay!, de la humanidad si las puertas de su corazón cerrara y dejara pasar desapercibido el llamado del Señor; vosotros, que os encontráis ya en el redil y que habéis gozado de la Palabra celestial, preparad, preparad vuestro corazón, orad por aquellos que tan sólo se alimentan de codicia, de vanidad y materialismo, para que comprendan que es la voz de su Creador la que les hace el llamado.

21. Grande es vuestra responsabilidad, y en vuestro cumplimiento descansa esa responsabilidad. Decidme, si vosotros, que habéis escuchado al Padre, no dais albergue en vuestro corazón al divino consejo, ¿cómo podría la humanidad que no oye, cumplir con ese llamado y romper las cadenas del pecado y la tentación?

22. Dejad que el juez que lleváis en vuestro propio corazón os haga sentir la responsabilidad que pesa en vuestro espíritu.

23. Habéis jurado ante el Padre orar e interceder para que las comarcas alcancen la paz, mas olvidáis vuestro juramento y os contemplo ir por los caminos buscando la alegría para vuestro corazón.

24. ¿No se conduele vuestro corazón cuando llegan hasta vuestros oídos los lamentos de la niñez bendita, cuando llegan ante vuestros ojos cuadros de mendicidad?

25. ¿No se os abrasa el corazón al contemplar que los hogares lloran en desesperación la pérdida de un hijo?

26. No permitáis que vuestro corazón se endurezca, Israel, no dejéis que vuestro entendimiento se niegue a escuchar lo que ha oído y a contemplar lo que ha visto.

27. Vuestro Padre y vuestro Pastor descienden con amor a tocar la fibra más sensible de vuestro corazón, con palabra sencilla y humilde para haceros reconocer cuál debe ser vuestro cumplimiento y cuál la buena voluntad que debéis llevar en los senderos.

28. Y os habéis cobijado bajo la sombra del Árbol corpulento, habéis llegado a la Fuente de la Gracia donde habéis tomado de sus aguas cristalinas que mitigan todo dolor, y os habéis confortado y alimentado, encontrado en ellas la paz.

29. Unos venís con el dolor, otros a hacer presente vuestra gratitud, y a todos recibo, porque he venido como Pastor, así como llegué entre Israel en el Primer Tiempo.

30. Bienaventurado aquel que escucha la Palabra divina del Maestro, y bienaventurado aquel que escucha la voz de su Pastor que llega entre vosotros lleno de amor, de luz y de perdón.

31. En el Primer Tiempo no sólo fui profeta entre vosotros, sino que también os dejé mi enseñanza, y mi voz era de reclamo porque veía cómo las ovejas resbalaban en el camino.

32. Y llegué entre vosotros porque habéis sido el pueblo escogido del Señor, el Israel donado y fuerte de todos los tiempos desde que brotasteis del seno de Jacob, el patriarca, a quien el Padre llamó y le dijo: Jacob, Israel te llamarás desde ahora, Israel que quiere decir, El Fuerte, y de ti brotarán las simientes que se esparcirán en el mundo, y que serán tan numerosas como las estrellas en el cielo y las arenas de la mar.

33. Y del seno de Israel surgió Moisés, el enviado del Primer Tiempo, quien llegara a este mundo a rescatar al pueblo de Dios de las garras del enemigo que perseguía y se ensañaba en el pueblo bendito de Israel; y los mismos mares se abrieron para dar paso libre al pueblo amado del Padre.

34. ¡Cuánta gracia habéis llevado, Israel! ¡Cuánta perfección el Padre os ha entregado a cada instante!

35. Y en el Segundo Tiempo, llegó entre vosotros el Cristo de Dios a redimir vuestras culpas, y fue clavado en el ara del martirio, en la cruz para rescatar vuestros espíritus y vuestros espíritus que se hallaban perdidos y ofuscados.

36. Cuán pocos fueron los corazones que le circundaron, aunque grandes fueron las multitudes que contemplando Su grandeza, se acercaban a Él para recibir de Su amor bienes y bendiciones; mas cuán pocos fueron los corazones que reconocieron en Jesús, al que llamaban el hijo del carpintero, al Hijo de Dios, y por ello no supieron apreciar ese tiempo bendito, disgregándose después nuevamente por los caminos, extraviando la ruta.

37. Sí, Israel, sois éste y el mismo de todos los tiempos; mirad cuán pocos son también en este tiempo los corazones que circundan al Padre, cuán pocos corazones se han elevado en busca de la perfección hacia Él.

38. Es grande el dolor de la humanidad, mas este dolor el Padre no lo quiere para Sus hijos; la humanidad ha sembrado dolor y ahora tiene la cosecha en sus manos, porque sembró vientos y ahora cosecha tempestades.

39. Vivís ahora en el Tercer Tiempo, tiempo de gracia en el que el Padre me ha enviado de nuevo, y encuentro al mundo lleno de tinieblas, y corazón por corazón, rebaño por rebaño, he entregado la luz en los espíritus de Israel, para despertar vuestros corazones y para que anide en ellos, hoy como ayer, nuevamente el amor por el Padre.

40. Contemplad la lucha que tenéis en la vida, grande es vuestro sufrimiento y grande el dolor en vuestro corazón y, ¿por qué es esto, rebaño amado, si tenéis firme confianza en el Padre?

41. Esto es porque no habéis quitado las malas ideas de vuestra mente, donde únicamente deberíais alimentar el amor que en gracia se habrá de convertir en vuestro camino.

42. Si vosotros, en cumplimiento al primer precepto, amáis al Padre de todo espíritu y de todo corazón, no podréis infringir los demás, porque ese amor infinito hacia Dios os evitará el que vayáis infringiendo Sus leyes divinas.

43. El camino es mucho más fácil de lo que habéis creído, más sois vosotros los que lo hacéis difícil con vuestras malas costumbres que lleváis en la materia, y os digo: Preparad vuestros corazones y vuestros pensamientos, para que no habite en ellos la cizaña, y no deis paso a la ponzoña de la mala voluntad que lucha por dominaros y envenenar vuestra vida.

44. Cuando en lo más profundo de vuestro sueño os encontréis, yo llegaré a tocar vuestro corazón y pondré mi espíritu sobre el vuestro como faro luminoso.

45. Aunque por mucho tiempo este mundo ha estado hundido en las tinieblas, en mi oración le pido al Padre me conceda que vosotros, sumisos y obedientes, sigáis mi huella, huella de celo y de amor al Señor.

46. ¿Por qué hay falta de armonía entre los cónyuges? ¿Por qué el sufrimiento se aposenta en el seno de los hogares? Porque las ovejas, las esposas, no quieren saber de sumisión y obediencia, y los corderos, los esposos, son tocados por el espíritu de tentación, y ved el resultado, de los hogares ha huido la paz, la paz que el Señor le ha entregado a Su pueblo.

47. Cuando una de mis ovejas o de mis corderos se acerca al abismo y está en riesgo de caer en él, me acerco con mi faro luminoso a tocar su Conciencia, y es entonces cuando brota el arrepentimiento de ese corazón.

48. En el Pastor encontraréis siempre el sano consejo que os alerta, y que os invita a que vayáis caminando por vuestro sendero con la sumisión que el Maestro vino a enseñar.

49. Mirad que las grandes epidemias se acercan hacia la humanidad, y si no os levantáis con fe al cumplimiento, y dudáis de las grandezas que el Señor ha venido a manifestaros en este Tercer Tiempo bendito, ¿qué haréis?, ¿podréis decir que el Doctor de los doctores no ha llegado entre vosotros?

50. Comprended que si en vez de bálsamo lleváis duda en el corazón, nada podréis realizar en beneficio de aquellos que postrados por la enfermedad y por el dolor se encuentran.

51. ¿Acaso para creer, querréis ver de nuevo al dulce Jesús caminando en materia sobre la Tierra? Ese tiempo ya pasó, hoy viene Él en Espíritu a alimentar con Su pan celestial y Su esencia espiritual a los espíritus que le circundan en este tiempo.

52. No quiere el Señor que tampoco le busquéis en los templos de cantera, no quiere que continuéis con esa venda de oscuridad que por tanto tiempo habéis llevado, porque Él es luz divina que refulge en todo el Universo, material e inmaterial.

53. Es menester que abráis los ojos del entendimiento, y os deis cuanta de que los tiempos han cambiado.

54. La Divina Intercesora, María, la Madre Universal, se apacienta entre vosotros y toma vuestra oración, esa pequeña florecilla que le ofrendáis, para elevarla hasta el Padre, pidiéndole que perdone a Su pueblo y que no vea su pecado.

55. Cuando os encontráis postrados en el lecho del dolor, yo, incansablemente estoy con vosotros, derramando con el permiso divino, el bálsamo sobre vuestras heridas y la luz sobre vuestro espíritu.

56. En esta alba de gracia, en que me ha confiado el Maestro hablar por una envoltura humana, una vez más os perdono y os bendigo, y en vosotros al Universo entero.

57. Mi paz de Pastor sea con vosotros.

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