Consejo 05

1. Grande es la lucha del Pastor, porque a cada uno y a cada cual de vosotros contempla mi mirada sufriendo en el corazón, porque las pruebas y vicisitudes se aposentan en vuestro camino.

2. Israel, la humanidad perece, y esperando se encuentra a aquellos que van en pos de los que duermen en este Tercer Tiempo.

3. Mas para ello, antes debéis unificaros en una sola luz, una sola antorcha que rompa las tinieblas.

4. El mundo se encuentra en la tercera cima de perversidad, y vosotros sois los encomendados para romper esas tinieblas con la luz del Señor, luz que se encuentra en vuestro espíritu.

5. En el Segundo Tiempo nuestro Señor, encarnado en Jesús, el Divino Maestro, fue quien hizo los méritos para mostraros el camino de salvación.

6. Pero ahora sois vosotros quienes debéis levantaros, vuestros tienen que ser los méritos para llegar a la Tierra Prometida que el Padre tiene señalada para cada uno de vosotros.

7. No durmáis, Israel, ya no es tiempo de complacencias materiales, es tiempo de lucha en el espíritu y en la materia; mirad que si dormís, he aquí que la peste desatada será, sorprendiéndoos en medio de vuestras congregaciones y de vuestros hogares, y esa no es la voluntad del Padre.

8. Si ya os hubieses levantado a trabajar, el mundo entero se encontraría ya saboreando el pan de la Vida Eterna, pan del que vosotros os habéis hartado.

9. Veintidós preceptos os confió el Padre para que vosotros los estudiéis, los comprendáis y los viváis.

10. Os encuentro muy apegados a las cosas de la Tierra, y es tiempo de que os espiritualicéis más y más, para que logréis la comunicación de espíritu a Espíritu.

11. En verdad, os dice el Pastor, sois grandes, muy grandes, mas no habéis sabido reconoceros y no habéis sabido reconocer lo que lleváis en vosotros.

12. En el Segundo Tiempo el Espíritu Divino vino a este planeta a legaros las grandes virtudes, descendiendo entre vosotros con gran humildad, para enseñaros a ser humildes también.

13. Siendo Poder infinito y el Dueño de todo lo creado, llegó hasta vosotros, naciendo en cuanto hombre, en la humildad de la paja, para daros ejemplo de virtud.

14. ¡Regeneraos!, para que mañana seáis los maestros que enseñen a las multitudes, entregando a través de una vida elevada, la perfección del mensaje del Tercer Tiempo que el Padre sembró en el corazón de Su amado pueblo.

15. Mirad, las naciones se desconocen las unas a las otras, en cumplimiento de la profecía del Segundo Tiempo, misma que os reveló que en este Tiempo el Espíritu Santo descendería entre vosotros y que los pueblos se desconocerían entre sí, levantándose nación contra nación, hijos contra padres y esposa contra esposo.

16. Mi lucha es grande para que, los unos en espíritu y los otros en materia, al finalizar 1950 se encuentren reunidas y congregadas las doce tribus de Israel, el pueblo del Señor.

17. Si vosotros al levantaros a cumplir no lleváis fe en el corazón, si no lleváis confianza en vosotros y en vuestra misión, por instantes sentiréis temor ante vuestros hermanos, temor que deberéis apartar.

18. Tenéis como ejemplo a los doce apóstoles de Jesús que en el Segundo Tiempo cumplieron con el mandato divino, yendo por todas las comarcas entregando la savia bendita que consigo llevaban, la buena simiente que su Maestro les había confiado.

19. Debéis imitarles siendo fuertes también, sin temer a la muerte, pues yo, vuestro Pastor, no he venido a hablaros de muerte sino de vida; en este tiempo, en verdad, no debéis temer a la muerte de la materia, ese tiempo ya pasó.

20. Por tanto, ¡levantaos y cumplid! No desaprovechéis el tiempo, porque ¿qué podéis pedirle al Padre para vuestra misión, que Él no os conceda?

21. Si tenéis fe, demostradla, sintiéndola en lo profundo del corazón.

22. El Padre quiere que seáis los buenos soldados, dispuestos a seguirle y no que seáis de aquellos que al menor peligro, vuelven la espalda y abandonan su cumplimiento y su pueblo.

23. La tentación también lucha y busca haceros caer, y presenta su causa al Padre, pero el Maestro os ha enseñado a defenderos y a rechazar la tentación.

24. ¿Esperáis acaso que las sectas y religiones os den ejemplo de unificación? Mucho se os ha pedido la unificación.

25. Seréis débiles sino os unificáis, y el Padre no puede daros Sus mandatos divinos si la división cunde en el pueblo.

26. No os detengáis a contemplar las faltas y las pequeñeces en vuestros hermanos, así podéis unificaros dentro de vosotros mismos, porque cada uno de vosotros dividido se encuentra, materia y espíritu luchando entre sí, y hay guerra y división en vuestro propio ser.

27. Unificaos interiormente, después proseguid con vuestros hermanos y entonces, sólo entonces, os podréis unificar con el Padre.

28. Grande es el dolor en el Espíritu Divino, pues lo que Él os pide en cada momento, no debería ser un sacrificio para vosotros, y lo que os pide es la unificación.

29. Sin uniros, no podéis esgrimir en la lucha contra el mal la espada de amor y caridad que Él puso en vuestra diestra.

30. Si por el contrario os unís, lucharéis contra las distintas creencias, contra tan diversas ideas equivocadas de vuestros hermanos, como buenos soldados de luz con la cual rescataréis a todos aquellos que en tiniebla se encuentran.

31. Es necesario que os venga a recordad las palabras divinas del Maestro, pues contemplo, en unos que las almacenáis y no las estudiáis, y en otros, que dejáis que el viento se las lleve, y habéis dejado una vez más al Padre hablando en el desierto.

32. Esto no debería ser así, pues de cada palabra que el Padre os ha entregado habréis de responder y os ha de preguntar de cada una de ellas y, ¿qué contestaréis?

33. Vosotros sois aquellos que en el Segundo Tiempo escuchasteis al Divino Maestro en las explanadas y las riberas de los ríos, en los valles y montañas; en verdad, muchos contemplasteis Su divino paso, tocasteis Su túnica y escuchasteis la enseñanza divina de Sus propios labios.

34. ¡Ah, cuánto amor ha recibido vuestro espíritu!

35. Gran amor y grandes prodigios ha entregado el Señor en vuestro camino.

36. Gran enseñanza se os dio; unos la creísteis, otros no. Al abandonar al Maestro y seguir la confusión de costumbres y credos, no os percatasteis de que era Él quien os había hablado, y cuando os disteis cuenta de que era el mismo Dios quien se había apacentado y llegado entre vosotros, ¡cuánto habéis llorado! Pero ya era demasiado tarde, porque le habíais llevado al sacrificio, le habíais llevado al Gólgota sangriento, donde Jesús derramó hasta la última gota de sangre.

37. El sacrificio, al consumarse, os rescató de las garras del pecado, de ese César implacable que es el mundo, como antes Moisés os rescatara de las garras del Faraón.

38. No habéis aprovechado el Segundo Tiempo, y he aquí que una vez más regresa el Señor en este Tercer Tiempo, y en cumplimiento a su profecía, se encuentra entre vosotros como Espíritu Santo, cumpliendo de esta manera su promesa.

39. Es la Tercer Era de restitución y debéis aprovecharla; hoy mi Padre viene a juzgaros, por eso el juicio es entre vosotros.

40. Levantaos, aprovechad mi consejo, y aunque humilde es esta palabra, ha llevado consigo luz y esencia.

41. ¡Naciones!, os contemplo en este instante, y llegan a mí el dolor de las madres, la aflicción de las viudas y la desolación de los huérfanos, y yo os entrego mi luz, para que con ella los mandatarios que conducen a las naciones sientan en su corazón el deseo de la paz.

42. Os entrego mi caridad y que mi paz de Pastor sea con vosotros.

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