Consejo 03

1. Soy el Pastor incansable, soy Elías el Anciano Venerable, que paso a paso camino en pos de todos vosotros; los unos ya me reconocéis, los otros aún dudáis en vuestro corazón de las cosas de este Tercer Tiempo que el Padre permite que os entregue.

2. Os vengo a recordar en vuestro espíritu y en vuestra materia, que sois hijos de un mismo Padre, que brotasteis tiempo ha de su Espíritu Divino y que a Él pertenecéis.

3. Mas en el camino de vuestra vida espiritual, vuestras faltas han hecho que vuestro espíritu, vuestro ser verdadero, se manche y por eso os encontráis morando el planeta Tierra, planeta de restitución, planeta donde ha implantado su reina la tentación.

4. Ese ser, ese hijo que tan amado es del Padre desde el comienzo de su creación, vuestro espíritu, desconociendo y con falta de comprensión hacia el Padre, quiso llevar grandeza para sí mismo y labró su propia tiniebla, y desde aquel instante el Señor le señaló el lugar en que había de morar.

5. La tentación os acosa y si vosotros sois débiles caeréis en sus redes.

6. Mas he aquí que resistiréis, porque ya me escuchasteis, porque ya me habéis reconocido, y no permitiré que vosotros caigáis en tentación, pues sois hijos del Padre y a Él habéis de retornar.

7. Mi deber es señalaros el camino, mostrároslo con mi consejo, con mi palabra inspirada en lo divino, y deciros a cada instante que no escuchéis las voces falsas de la tentación, cerrad a ella vuestros oídos espirituales; escuchad en cambio, la voz que desde el Más Allá repercute en vuestro corazón, así seréis salvos.

8. No tropecéis, pues vuestro pie podría sangrar con el pedrusco que encontréis en el camino.

9. Ved que la cruz que lleváis sobre vosotros, no es la que el Padre os ha entregado, pues esta es ligera, no, la que lleváis es pesada pues la habéis colocado vosotros mismos sobre vuestros hombros, y os abruma la carga, haciendo desfallecer a la materia y tropezar al espíritu.

10. Mas si yo soy amor, si soy caridad, ¿por qué entonces he de hablaros de esta forma?

11. Porque no recordáis que Elías es dulzor, no recordáis que habéis venido a restituir.

12. ¿Por qué acongojar inútilmente a la materia, por qué sentir dolor?

13. Regocijaos, alegraos y acostumbraos al sufrimiento recordando las lecciones que en el Segundo Tiempo os entregara el Divino Maestro, lecciones de abnegación, sencillez, resignación, humildad y obediencia.

14. Sois hijos del Padre, sois mis corderillos, mis ovejitas amadas; haced pues que, si las lágrimas cubren vuestros ojos, sean lágrimas de arrepentimiento y no de dolor vano; para ello, a cada instante llamadme, para que yo ilumine vuestros entendimientos, y os haga reconocer las faltas que cometéis en vuestro camino y así apartaros de la maldad, de la tentación que os acomete en todo momento.

15. Si así lo hacéis, en cada amanecer podéis proponeros cumplir ese día con los mandatos del Padre y le diréis: “Hoy he sido mejor que ayer y espero mañana ser mejor que hoy”.

16. Veréis entonces como esa deuda que tenéis pendiente en el Más Allá, en el Libro de la Vida, va disminuyendo; y cuando os presentéis al Valle espiritual, que sean vuestras buenas obras, vuestro cumplimiento, reconocimiento y obediencia de los preceptos divinos quienes os acompañen, y ya corto será el resto que tengáis por deuda, para que podáis rescatarla conforme os señale la Omnipotencia Divina.

17. Perseverad en el bien en cada alba, en cada amanecer; en el despertar de la nueva aurora, recordad que vuestro Creador, os ha entregado cuanto necesitáis para vuestra materia; tened confianza.

18. Si en el alba anterior, caminasteis con el denario en corto, si el pan fue escaso, recordad que el Padre es potencia divina, poder infinito y que Él os da la fortaleza para que continuéis vuestro camino.

19. No os apartéis del dolor, rebaño amado, no lo hagáis porque haríais que vuestro Pastor gimiera, serían en vano mi caridad y vuestra fortaleza.

20. ¿Por qué iros quejando en el camino?

21. Dejad los lamentos y las quejas para aquellos que no han escuchado al Padre, para los que no le han reconocido.

22. Dejad que los que buscan los placeres terrenales y la satisfacción de los instintos, sientan regocijo en la carne, pues ignoran cuánto manchan a su espíritu; dejad a ellos los lamentos.

23. Vosotros, llevad la conformidad y la paciencia para que os limpien más y más, y entonces aquietaréis el dolor.

24. Id en pos de aquellos que sufren y lloran, pero hacedlo sintiendo el deseo verdadero de dar a vuestra hermana humanidad lo que necesita en el corazón.

25. Ya no es tiempo que durmáis, no desperdiciéis vuestra vida.

26. Mirad que sois responsables de la luz que lleváis, vosotros sois los que conocéis la verdad, verdad que el Divino Maestro os entrega.

27. Os hemos hablado de los Tres Tiempo, por eso os decimos: Sois éstos, aquellos y los mismos.

28. ¿Por qué no hacer que vuestro espíritu adelante? ¿Acaso creéis que habréis de morar en esta Tierra para siempre?

29. Bien sabéis que no, vuestro lugar está en el Más Allá, donde se encuentra la mansión del Padre, el Dios Supremo de todos los tiempos y todos los universos, Él es la eternidad; ¿por qué no procurar entonces el bienestar del espíritu aunque tengáis que dejar el de la materia?

30. Unos, no habéis comprendido al Padre aún estando frente a Él, otros estáis lejos, muy lejos, y aún vosotros, sólo por instantes hacéis con vuestras obras el santuario que con vuestra oración deseáis realizar, santuario vuestro donde debe estar la antorcha de la fe y del amor, para que con ella os ilumine el camino.

31. Mi anhelo no es el de reclamaros, sólo el de recordaros lo sencillo, lo simple que es hacer el bien en vuestro camino.

32. ¡Mirad cuánto lamento en las comarcas! Invadidas están por la peste, esa peste que son la mala voluntad, el odio, la guerra, el exterminio. ¡Y vosotros aún dormís!

33. ¿Qué esperáis? Os pregunta vuestro Pastor, ¿queréis que por vuestra indolencia y vuestra indiferencia llegue a tocar a vuestra nación el cetro del Padre?

34. Si habéis dormido con el amor, quizás con la justicia despertaréis.

35. No es eso lo que quiere vuestro Pastor, yo quiero encontraros a similitud de aquellos animales que caminan por el haz de la Tierra, las hormiguitas; así quiero encontraros a todos, como obreros de la Divinidad, prestos a regar el grano y la semilla, para sembrarles en el surco que es el corazón de vuestra hermana humanidad, cultivándole después para que al fructificar y florecer, podáis contemplar el fruto de vuestro afán.

36. Tenéis el deber ineludible, para después del año 1950, de dar al mundo la buena nueva de la Tercera Venida del Señor, despertándole del sueño de siglos y enseñándole el camino de virtud.

37. Y así, tanto ellos como vosotros, seréis salvos, por eso os habla tanto el Padre.

38. Mi paz de Pastor dejo entre vosotros.

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