Explicación 14

1. Somos soldados y siervos del Señor, unos en espíritu y otros morando en la materia humana.

2. A unos y otros, nos ha escogido el Señor de entre las grandes multitudes de espíritus, para desempeñar una misión que desde el principio de los tiempos nos ha confiado, y ved cómo nos encontramos en la misma senda, en las mismas encrucijadas del camino, nos palpamos los unos a los otros, estrechándonos de las manos espiritualmente, latiendo nuestros corazones cerca el uno del otro.

3. Son los tiempos en que los Cielos se acercarían a la Tierra, y son los tiempos de lucha.

4. El espíritu es una joya preciosa para el Padre, joya que no tiene los límites ni las dimensiones o capacidades de vuestra materia, es infinitamente más grande, y vuestra materia es insignificante al lado de lo que representa vuestro verdadero ser, vuestro espíritu.

5. Contemplad esa creación material que es maravillosa, mas pensad que vuestro espíritu es mayor en su perfección y lo que le hace empequeñecer son lo imperfecto de sus obras, lo escaso de su desarrollo y la poca comprensión de sus dones.

6. Vuestro espíritu es grande desde el instante mismo que es chispa de luz del Padre; es él quien posee como atributos la inteligencia, la razón y la voluntad.

7. Mas no debe esto llenaros de soberbia, porque ésta es ignorancia que antes os hizo enfrentaros a la misma Divinidad.

8. No hay un espíritu que haya sido creado superior a otro.

9. Pensad en vuestro espíritu como una semilla, simiente divina, que cultivada con amor, con dedicación y esmero, crece y se multiplica para convertirse en el árbol que es capaz de dar vida y frutos por toda la eternidad.

10. Entre el pueblo de Israel, no debe haber pequeños ni mayores, sabios ni ignorantes, ricos ni desheredados, ni deben existir organizaciones materiales entre vosotros; por eso, el Padre le ha hablado al primero y al postrero, al presente y al ausente.

11. El saber del Padre es un tesoro de valor incalculable que no se debe ocultar en unos cuantos, el Libro de la Vida Verdadera no debe empolvarse en rincones ocultos.

12. Todo espíritu necesita de esta luz, porque el Espíritu Divino es la luz de la verdad, y Su amor resplandece sobre todo espíritu, y mientras más rudo sea éste, mientras más tiniebla e ignorancia sea en él, más necesita de esa luz.

13. El Padre os lo ha explicado: “El sabio no necesita del maestro, el sano no precisa del médico; el ignorante si necesita de la enseñanza, el enfermo de la salud”.

14. No hagáis lo que hacen las diferentes religiones que quieren conservar para sí mismos su sabiduría, las altas filosofías y las revelaciones, dándoles a sus congregaciones únicamente el vacío de los ritos y la pobreza de un culto exterior.

15. No os amedrente la magnitud de esta Obra, porque os decimos que no descansa en vuestros hombros, y si alguno de vosotros se acobarda al escuchar los reclamos y misiones que el Padre os confía, es que ese espíritu no se ha reconocido a sí mismo, no sabe quién es, y por su misma ignorancia no quiere acogerse a la verdadera fuerza del Padre, no sabe asirse a la barquilla salvadora y prefiere entregarse al ambiente de este mundo, a las flaquezas de la carne, a la esclavitud y al dolor que se abate sobre todos los caminos de esta humanidad.

16. Pero el espíritu que se reconoce a sí mismo, es fuerte para resistir las tentaciones y salir avante en las pruebas que se le presentan en esta contienda, se acoge a la Obra, se entrega a la Ley, se arroja en los brazos de su Padre y ansía cumplir con su misión para colocarse por sobre todas las miserias y vicisitudes humanas.

17. Por tanto, no temáis, no creáis que por cumplir las órdenes del Padre va a sentir hambre vuestra materia y que por seguir vuestra misión habréis de cubrir de harapos vuestro cuerpo, y que por impartir la caridad tengáis que abandonar a los vuestros, no.

18. Ved cuán grande es la misericordia del Padre, daos cuenta de todas las facilidades que Él os brinda para hacer partícipe a vuestro espíritu de Sus gracias y así hacerlo digno de pertenecer al pueblo de Israel.

19. El Señor no os exige vuestra sangre ni vuestra vida humana.

20. Pensad en aquellos labriegos del Segundo Tiempo, que por cumplir su misión todo tuvieron que dejarlo: Su esposa, sus hijos, su vida.

21. Pensad en los doce que siguieron al Maestro en Su peregrinar por este mundo: Tenían sobre sus cabezas el cielo azul de Galilea, un Sol esplendoroso, campiñas fecundas, un mar tranquilo que les brindaba sustento y paz, una choza humilde donde la esposa y los hijos les daban el calor y la caricia, una vida sencilla, sana, buena y amable.

22. Mas llegado el momento, todo lo dejaron, pues sus espíritus reconocieron que había llegado Aquél al que tanto tiempo habían esperado, Aquél que les prometía dar más de lo que dejaban y por ese algo infinito, todo lo dejaron; mas no os confundáis, no lo dejaron en el abandono sino en los brazos del Señor, con la fe puesta en Él, con esa confianza de que todo lo que tenían en este mundo quedaba a Su cuidado.

23. Así, cuando iban cumpliendo con su destino por los caminos, ellos recibían noticias de los suyos, siempre sabían que estaban bien y bendiciéndoles, pues nada faltaba en el corazón y en la mesa, ni dentro ni fuera del hogar.

24. Ahora no ha venido el Padre a exigiros, hasta este momento, tales cosas.

25. No os ha pedido dejar, como aquéllos, vuestro hogar y vuestros afectos para enviaros de comarca en comarca; no os ha pedido que abandonéis las herramientas del trabajo para seguirle, le ha bastado unos instantes de cumplimiento a Su enseñanza para recibir del Señor, y otros instantes para entregar a los demás lo que de Él habéis recibido.

26. Comprended que os ha sido fácil cumplir con el César, pues Dios os ha permitido que os quedéis al lado de los que amáis y que os aman, sean vuestros padres, vuestros hermanos, vuestros cónyuges o vuestros hijos.

27. Es este el tiempo en que vuestro espíritu debe saber tener vida espiritual dentro de la vida humana, y vuestro corazón el saber hacer una vida plenamente humana dentro de los principios espirituales.

28. En la iniciación de todo camino se cometen tropiezos; vosotros, cuando fuisteis niños comenzasteis aprender a caminar con tropiezos, y así habéis enseñado a vuestra materia.

29. Así también sucede con el espíritu; en el sendero espiritual que se encuentra lleno de encrucijadas, de pruebas y de enseñanzas, vuestro espíritu ha tropezado, mas después de los golpes y las caídas va elevándose, irguiéndose fuerte en el camino.

30. Hoy, ante vuestros ojos espirituales se abre la misma senda; pero con mayor enseñanza y fortaleza en vuestro espíritu, podéis ir dejando atrás los yerros, los tropiezos y titubeos,

31. Cuando la vida que tenéis por delante, cambie, no os sorprendáis, seguid en el sendero espiritual con la misma firmeza y con el mismo valor conque lo seguís ahora, sin concederle importancia a los obstáculos y con la mirada espiritual de la fe puesta en la meta a donde debéis llegar, para que vuestro espíritu no se detenga y no se estacione en el camino.

32. Así cuando este tiempo de preparación y de enseñanzas haya pasado, no quedaréis envueltos en caos espiritual ni material, porque tendréis que despojaros de todo lo superfluo, listos y aptos para la lucha; mas para que eso suceda, muchas cosas tendrán que acontecer.

33. La mayoría de vosotros está ya sujeto a las pruebas, y el pueblo de Israel se pregunta en su corazón “¿Será acaso castigo del Señor?”, y una vez más os decimos: Dios no castiga, Él simplemente corrige permitiendo que aquél que comete una falta, conozca el resultado de la misma, y esto hermanos, es sencillamente justicia.

34. Comprended que para que el pueblo encuentre dentro de su vida humana su verdadero cause y acomodo, es menester que sufra y sienta el dolor; mas después de ello, florecerá la sonrisa de nuevo en vuestra faz, y después de las tormentas y torbellinos, el iris de paz iluminará vuestra vida, no para deciros: “Descansad eternamente”, no, sino que esa luz os dirá: “Levantaos, habéis alcanzado lo indispensable para ostentar dignamente el nombre que el Padre os ha dado, la señal que ha puesto en vuestro espíritu y la misión que os ha confiado”.

35. Ese iris de paz, con su luz, llegará con grandes resplandores espirituales, con grandes acontecimientos en el seno del pueblo de Israel y en todo el mundo, invitándoos al cumplimiento, y vosotros sabréis a dónde conducir vuestros pasos.

36. Las porciones y grupos habrán entonces desaparecido, para formar todos un solo pueblo, una sola multitud, y este pueblo no tendrá más guía que la Conciencia y la humanidad no tendrá más guía que el mismo espíritu de Dios que vibra en el espíritu de todos.

37. Todos los componentes del pueblo de Israel estamos en el mismo sendero, en la senda de evolución espiritual; ni vosotros ni nosotros hemos llegado todavía a la escala final.

38. Estamos todos en el camino de ascensión, unos más arriba que otros, pero todos en ese camino que nos llevará a los brazos del Padre, y para que allá podamos llegar, vivamos unidos espiritualmente en el nombre del Padre, unidos en esta Obra, en esta Ley divina.

39. Sigamos así, paso a paso, hasta vernos en la misma escala, en donde podremos estrecharnos fraternalmente, con el mismo amor, la misma comprensión y con la misma Conciencia, sin tener por medio un mundo, un tiempo o un espacio.

40. Marchemos hacia allá, hermanos, como soldados unidos en una sola fuerza, bajo una sola Ley y alentados a la conquista de la verdadera Tierra Prometida, ¿y cuál es esa Tierra? El Seno del Padre, el lugar glorioso que se encuentra preparado para recibir a los espíritus que han de morar para siempre en paz y en gloria.

41. La paz del Señor quede con vosotros.

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