Explicación 11

1. En ninguno de los Tres Tiempos Israel ha admitido con mansedumbre las amonestaciones de su Padre, ni ha aceptado Su corrección ni escuchado Sus reclamos.

2. En todos los tiempos, Israel se ha hecho señor, engrandeciéndose a sí mismo, abusando de las complacencias del Padre.

3. Desde el Primer Tiempo, el Padre, celoso de Su pueblo y pendiente de Sus hijos, al contemplar que el pueblo profanaba la Ley, degenerando moral y espiritualmente, le envió profetas para amonestarle y corregirle, y para que aquellos enviados llevaran a cabo en medio de él obra de depuración.

4. Aquellos hombres traían la misión espiritual de profetizar, de prevenir a aquel pueblo soberbio para que, arrepintiéndose de sus faltas se espiritualizará y volviera al seno de la Ley y de su Señor, porque de no hacerlo, atraería sobre sí purificaciones, el cáliz de amargura, la esclavitud y las guerras.

5. Mas el pueblo acallaba esas bocas, se levantaba en contra de los profetas, les arrojaba de su seno, les desconocía, les apedreaba públicamente y les daba muerte.

6. Así Jeremías, el profeta, fue juzgado por el pueblo como un hombre que había perdido la razón, pues su actitud les parecía extraña; lo que sucedía es que aquel espíritu veía claramente el porvenir del pueblo, veía que debido a la indolencia, al pecado, al materialismo y a las profanaciones, estaban próximos los grandes dolores, y la esclavitud se anunciaba tremenda.

7. Jeremías, amando profundamente a ese pueblo, lloraba, llevando sus lamentaciones por calles y plazuelas, arrastrando tras de sí cadenas, para dramatizarle al pueblo incrédulo el dolor que le esperaba.

8. Y ese pueblo necio se mofó, no creyó aquellas profecías, no quiso escuchar aquella voz que le llamaba a oración, depuración y purificación.

9. Aquel profeta del Altísimo, fue perseguido, despreciado y muerto por el mismo pueblo que él pretendiera salvar.

10. En el Segundo Tiempo surgió, como los profetas de antes, Juan el Bautista, el profeta que se levantara delante de los mercaderes de la Obra del Señor, delante de los publicanos y de los fariseos, censurándoles sus actos, arrancándoles el antifaz de hipocresía con que cubrían su miseria: Era el profeta precursor que llamaba a purificación con las aguas simbólicas del Jordán, para preparar el camino al Enviado, al Unigénito, al Mesías verdadero.

11. Juan perdió la vida ante el poder humano que no toleraba escuchar su voz recia clamando por justicia y arrepentimiento.

12. El mismo Maestro, el mismo Mesías, padeció lo que todos los profetas de Israel antes de Él: Sus palabras de amor, de humildad, perdón, fraternidad, sinceridad y de pureza le hicieron encontrar a Sus jueces, a Sus verdugos que le enviaron al Gólgota y a Su pasión, consumando en Su sacrificio todo lo que los profetas habían anunciado de Él.

13. En este Tercer Tiempo, Israel rechaza una vez más la voz que le invita al progreso, que le exhorta a la elevación y a la verdadera paz, que le propone la liberación de la consciencia, del espíritu y aún de su misma carne.

14. Una vez más el Señor ha hecho llegar Sus profetas al seno de Israel y, ¿qué ha sucedido? Que como antes, el pueblo les da muerte, muerte en espíritu y muerte en el corazón, porque no le agrada lo que esa voz tiene que decirles en nombre del Señor; los nuevos profetas son escarnecidos y burlados, y se les niega que hablen en nombre de la Divinidad cuando hablan de limpidez, de honradez y de mansedumbre.

15. La voz profética es acallada por la murmuración y por la duda; muchas veces los mismos que se levantan para silenciar a los nuevos profetas son aquéllos que interiormente reconocen que han faltado a la Ley del Padre.

16. ¡Profetas del Tercer Tiempo! Aunque ya las turbas no os apedreen para daros muerte material, todavía tenéis que soportar las heridas y el desconocimiento del pueblo que tanto amáis, mas vuestra fe es grande, el aceite no ha faltado en vuestras lámparas, la flama arde porque sois la voz que llama a unificación, a obediencia, a concordia.

17. Cumplid vuestra misión con entereza y esfuerzo, para que Israel primero, y la humanidad después, reciba estos mensajes con toda limpidez y pureza espiritual.

18. Si al llegar 1950, no os presentáis ante el Ojo de la Divinidad con la simiente en la mano, pueblo Espiritualista que nos escucháis, después tendréis que seguir luchando hasta que existan entre vosotros orden, disciplina y organización; sólo así lograréis rechazar la impostura y la mistificación, la impureza o profanación, para que no veáis surgir del seno de Israel, ningún falso profeta que os traiga falsos mensajes o falsos espiritualismos.

19. ¡Ay!, de vosotros en ese tiempo, porque para entonces los espíritus estarán más fuertes, tanto para lo bueno como para lo malo, y las luchas espirituales serán terribles.

20. No os espante la lucha, pero para ello es menester que sigáis estudiando y analizando la palabra del Señor, pues no deberéis en ese tiempo ser jueces o espectadores, sino soldados activos, labriegos, hermanos y amigos.

21. ¡Grande es vuestra misión, profetas del Tercer Tiempo!

22. Preferible siempre es ser el herido y no el heridor, preferible es ser el que muera y no el que mate, preferible es ser el ofendido y no el ofensor, preferible es enjugar lágrimas que el hacerlas brotar.

23. No hay Doctrina más grande ni se ha impartido jamás enseñanza más elevada que ésta que el Padre ha venido una vez más a confiaros en este Tercer Tiempo.

24. Lo más grande en el hombre, y lo sabéis porque el Divino Maestro así os lo enseñó, es saber perdonar.

25. Habéis aprendido a darle al que injuria una bendición, al que blasfema e insulta una caricia, y es el perdón el antídoto que endulza la amargura de aquéllos que os quieren quitar la paz o aún la vida.

26. Cuán grande es aquél que está siempre dispuesto a perdonar y a conservar la paz, dominando toda violencia.

27. Dispensaos vuestros errores los unos a los otros, porque habéis visto el mal efecto que la violencia y la ira producen; sed pues, dóciles y mansos de corazón, armónicos en vuestro vivir, puros en el sentir, limpios en el hablar, nobles y elevados en todos los actos de vuestra vida humana, y así los demás os verán como maestros.

28. A aquéllos que gustan de lamentar los acontecimientos, enseñadles a no lamentarse, a aceptar con alegría los hechos y sucesos de cada día, porque en cada uno de ellos se encuentra una nueva lección que aprender, una tarea que cumplir.

29. No pongáis piedras en el sendero de nadie, porque piedras son la vanidad, la violencia y el orgullo, porque con vuestros actos dejáis el sello de lo que sois, no de lo que decís.

30. Pensad en que la vanidad y el orgullo deben quemarse en el fuego de la sabiduría.

31. Sed sencillos cual palomas, glorificad al Creador, quien hace adeptos con Su divino ejemplo; seguid Sus huellas, marcadas con la luz de las buenas obras.

32. No confundáis la humildad del espíritu con los harapos de la materia.

33. No quedaréis en la Tierra como jueces; a Dios toca juzgar a los hombres a través de vosotros mismos, a través de vuestras virtudes, que al verlas vuestros hermanos, sentirán un reclamo en su Conciencia.

34. Seréis testigos de muy grandes injusticias y profanaciones; mas vosotros no señalaréis con el índice la imperfección de vuestros hermanos, os bastará cumplir y practicar esta Obra con la pureza con que el Maestro os la ha enseñado, y con eso hablaréis más, y tocaréis más las Conciencias que si a voz en cuello os pusieseis a gritar por las calles y plazuelas las imperfecciones y pecados de la humanidad.

35. Mas mientras no estéis capacitados para dar un ejemplo de verdad entre los hombres, no habréis alcanzado el derecho de levantaros a entregar dicho ejemplo.

36. Como primer paso, tendréis que vencer y que triunfar sobre vosotros mismos; y cuando Israel alcance ese triunfo, entonces el Padre os dirá: “Tu triunfo es Mi victoria”.

37. Doquiera que estéis, sentid la presencia real y verdadera del Padre con vosotros, que si a un cadalso fuereis llevados, y en la noche solos os encontraseis, ahí sentiréis la presencia de vuestro hermano y antes que nada, la presencia de vuestro Padre y la de vuestros hermanos espirituales de luz.

38. Así, este pueblo que es tan pequeño en relación al número que representa la humanidad, podrá dispersarse, no en grupos, sino en corazones, diseminarse para llevar esta semilla por todo el Orbe.

39. El Padre no os pidió en otros tiempos la espiritualidad que ahora os pide, porque en los tiempos pasados el espíritu de la humanidad no tenía el desarrollo que ahora tiene, y el espíritu se encuentra a punto ya en su preparación.

40. La humanidad, a pesar de su materialismo, de su ciencia, de su forma de vida, de su pecado y del ambiente en que vive, está próxima ya a alcanzar la preparación necesaria para recibir la revelación del Espíritu Santo.

41. El Padre os ha dicho que no ha venido a entregaros una religión, os ha dicho que Su obra no es creación humana ni idea de hombre; ésta es Su ley, es Su doctrina y está por encima de todo culto exterior.

42. Lo que vale para Él, es el cumplimiento de dos de las más grandes máximas universales, uno, entregado en el Primer Tiempo y otro en el Segundo Tiempo.

43. El primero: “Amaras a Dios antes que a todo lo creado”, y el segundo: “Amaos los unos a los otros”.

44. Fuera de esto, hermanos míos, todo es vano, nada tiene valor.

45. Sin el cumplimiento de estas dos grandes leyes de la Divinidad, todo es inútil y estéril.

46. Ante la justicia divina, ante la Perfección, no cuentan los distintos nombres de sectas o religiones, no cuentan teologías o teosofías; lo que cuenta ante la perfección divina es el amor hacia Él y el Amor de los unos a los otros.

47. Es ése el verdadero cumplimiento, ésa la verdad, he ahí la clave, en el amor.

48. Por el amor, adquirís las grandes revelaciones.

49. Por el amor, tenéis el desarrollo de vuestro espíritu en la senda del bien.

50. Por el amor podéis tener la mirada profunda para contemplar y comprender el sentido de la vida espiritual y de la vida humana.

51. Por el amor podéis alcanzar a recordar vuestro pasado, por lejano que sea, contemplar vuestro presente y mirar con visión clara vuestro futuro.

52. Dios es amor.

53. Volved al amor de Dios, al Amor de los amores, volved a vuestro primer amor, al amor del cual habéis brotado, al amor de la verdad, de la luz, de la justicia y de la virtud.

54. El Mundo Espiritual de Luz, clama al Padre: “¡Padre, Padre!, ¿cómo es posible que los hombres de la Tierra vivan tan lejos de Tu luz, de Tu misericordia y de la virtud?

55. Si vosotros sabéis amar a vuestra madre y a vuestro padre cuando niños, y les habéis amado desde el primer ósculo, ¿cómo es posible que os olvidéis de vuestro Padre celestial?

56. Si a la madre le entregáis de niños todas las sonrisas y después los suspiros de vuestro pecho, ¿qué no le habréis de entregar a Dios que tanto os ama?

57. ¿Cómo es posible que cuando llegáis a hombre, olvidéis la oración que cuando niños elevabais al Padre?

58. ¿Será posible que le digáis al Padre: “Acuérdate del niño, mas del hombre olvídate?”

59. El os enseño la oración perfecta, os legó en Jesús el “Padre Nuestro”, donde os enseño a llamarle ¡Padre, Padre mío!

60. Antes de crearos, vuestro Padre ya os amaba y una imagen de ese amor lo tenéis en la madre en la tierra, que ama a su hijo en el seno, antes de que éste nazca.

61. El mueve los cielos, los soles y los mundos todos, os hace vivir con el hálito de Su propia vida, como el niño vive antes de nacer en el cáliz materno por la propia vida de la madre, así todos vivís por la vida de Dios, y aún así le olvidáis, ¡oh, hombres!

62. Si llevaseis en el corazón el sentimiento del amor espiritual, comprenderíais el mandato divino, la Ley que os pide Amar a Dios antes que todo lo creado; viviríais Sus mandamiento y los haríais vivir a los demás, tratando al prójimo como a vosotros mismos, y veríais a Dios en toda criatura y en todo ser, veríais en vuestro prójimo a Dios y comprenderías el sublime mandato de Amaros los unos a los otros, porque en unos y en otros vive Dios.

63. La paz del Padre sea con mis hermanos.

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