Explicación 06

1. Ha dicho vuestro Padre: “Antes pasarán el cielo y la Tierra, que una sola de mis palabras dejase de cumplirse”; y el Señor ha profetizado acontecimientos que prestos debéis estar a ver cumplidos.

2. El Divino Maestro, con palabra profética ha anunciado a Su pueblo, a través de todos los portavoces, grandes pruebas.

3. Ha dicho que el mundo juzgará y escudriñará Su obra y Su palabra, que Sus labriegos serán sometidos a prueba por los hombres, que Su Ley será discutida, que ante el Mundo Espiritual vendrán los filósofos y los científicos, y que el mismo Divino Maestro será juzgado una vez más.

4. Todo esto no ha llegado todavía, pero Su palabra se cumplirá, y para ese tiempo os debéis de preparar, y desde ahora se irán presentando casos y situaciones en las cuales podéis hacer labor de paz, de unificación, de espiritualidad y de alerta, pues el Padre os envía esto como preparación para los tiempos difíciles, tiempos de peligro, de caos y confusión.

5. Evitemos ese caos y esa confusión, trabajando y uniendo nuestra mano sincera, noble, a la de cada hermano que laborando se encuentre en la Obra del Padre.

6. ¿Qué labriego, qué discípulo o párvulo ignora las profecías del Señor?

7. ¿Quién del pueblo de Israel podrá alegar que no fue alertado y preparado?

8. Mirad el letargo y el estancamiento en que muchos han caído; la Doctrina Espiritualista Trinitaria Mariana no es una rutina, una Obra tan grandiosa no tiene límites, no tiene principio y no tiene fin, y por lo mismo, no puede caber en una preparación mediocre, sino en una preparación que busque el progreso y que tampoco tenga límites.

9. Si siendo escasa la preparación del pueblo, habéis recibido mensajes tan elevados y llenos de luz, imaginad como sería la manifestación del Rayo Divino si fuese mayor vuestra preparación.

10. Todo está anunciado por el Señor; grandes líderes vendrán a conocer la Obra, grandes espíritus de entre la humanidad, que al reconocer al Padre a través de una manifestación perfecta y clara, se levantarán fervientes, fuertes, a sembrar en sus porciones esta verdad; pero de lo contrario, si ven confusión y caos, tendrán que levantarse como enemigos de esta Obra, levantando también en contra a sus multitudes, a las porciones que les siguen.

11. ¿Quiénes son esos líderes, esos espíritus? No lo sabéis, pero el Padre nos ha concedido detener el avance de ellos hasta no encontraros preparados, mas algún día que no sabéis cuando será, llegarán.

12. Aprovechad, pues, el tiempo.

13. Es tiempo de análisis, tiempo para pasar por encima de vuestra propia personalidad, de vuestro propio yo, pues siendo labriegos no os habéis desprendido del amor propio, al que habéis puesto por encima de todos los demás amores, de ahí vuestro retraso y vuestra poca preparación.

14. Quien debe estar por encima de todas las cosas, no es vuestro ego ni vuestra personalidad, es la Obra del Padre quien debiera ser la primera en vuestros afectos y la primera en vuestras preferencias.

15. No os preocupéis tanto por vuestra reputación, ni por vuestro honor, que no hay mayor honor que el ser labriego del Señor, pero un labriego humilde, callado y olvidado de sí mismo.

16. No contempléis vuestras vestiduras ni juzguéis el adelanto de vuestro espíritu por la clase social a la que pertenezcáis en la Tierra, ni juzguéis vuestra evolución espiritual por la ilustración que hayáis tenido en el mundo, ni mucho menos limitéis el desarrollo de vuestro espíritu considerando que sois torpes o rudos, escasos de elocuencia o pobres de inspiración.

17. El más torpe debe luchar por borrar su torpeza, y el más ignorante tiene obligación a dejar su ignorancia en la luz del Maestro.

18. El que se considere indigno por su pasado y aún por su presente, tiene delante de él la Fuente en la cual puede purificarse en un instante de atrición, con un verdadero propósito de regeneración, dignificándose de esta manera para poseer los dones del Espíritu Santo, para participarle de ellos a los demás,

19. No os abandonéis los unos a los otros en los momentos de prueba; que la prueba de uno también sea para los demás.

20. No os abandonéis en vuestro llanto o en vuestros sufrimientos.

21. Aquel que llegue a tener una caída o a cometer un error, que sea perdonado por los demás; otorgad vuestra caridad y comprensión, porque es voluntad divina que vayáis formando la verdadera familia Espiritualista, aquélla en que haya unidad en la comunicación espiritual con el Padre, encontrando en el seno de sí misma, fortaleza, calor y vida.

22. Que vuestra amistad vaya más allá de una simple amistad, para que vaya al espíritu y se convierta en fraternidad espiritual.

23. Visitaos los unos a los otros, comunicaos vuestras penas y vuestras alegrías, acordaos en vuestras oraciones los unos de los otros, para que cuando los tiempos pasen y la palabra del Divino Maestro se haya levantado, no vayáis a experimentar frialdad, distanciamiento ni vacío que os hagan caer en la soledad, el aislamiento y la flaqueza.

24. Si hoy, por las vicisitudes y circunstancias de la vida os encontráis alejados en lo material, en vuestra oración, vuestra intención y vuestros deseos, id siempre juntos los unos con los otros.

25. Resistid los juicios de los demás, los ataques, las críticas, los golpes; resistid todo ello con serenidad, con comprensión, con bondad procurando poner en práctica el perdón que el Maestro os enseñó en forma tan hermosa, cuando traspasada la carne perfecta de Jesús por la burla, el escarnio y la mofa, simplemente os dijo: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen”.

26. En pocas palabras hermanos, contemplaos con amor.

27. Abandonad toda rutina, porque si no lo hacéis, vendría el estancamiento.

28. Voy a daros un humilde consejo que en todos los tiempos podéis aplicar, consejo que está inspirado en la palabra del Señor: Cuando conozcáis la falta de alguno de vuestros Semejantes, antes de intentar juzgarla, serenad vuestro ánimo y colocaos en el lugar de aquél que faltó, y entonces juzgaos a vosotros mismo y pensad, ¿qué habrías determinado hacer si se os presentara la misma situación que obligó a faltar a vuestro hermano?, ¿no pasaría al menos por vuestro pensamiento el hacer lo mismo?

29. Os aseguro que si actuáis así, podréis juzgar benévolamente, justamente; cuando no conozcáis el fin o el móvil que obligó a vuestro hermano a faltar, no tendréis ningún derecho a juzgar ni para bien ni para mal.

30. No hagáis juicio anticipado de nadie.

31. No anticipéis conclusiones, ni adelantéis acontecimientos; no provoquéis luchas que no podáis después apaciguar.

32. Alejad de vuestras congregaciones el gusano roedor de la intriga y el espíritu de crítica que durante Eras ha caracterizado a Israel.

33. La tentación acecha para seduciros, desviaros y debilitaros en vuestro propósito de unificación y armonía.

34. Tened esto continuamente presente, para que no permitáis nunca que la crítica, el prejuicio, el fanatismo y la envidia penetren en el seno de vuestras congregaciones y de vosotros mismos.

35. Que vuestra enseñanza y vuestra corrección sean como una dulce conversación, como un consejo, como una caricia espiritual, como un lenitivo para todo dolor; solamente así podréis llevar hasta los espíritus la Obra en toda su pureza.

36. ¡Cuánto deberéis todavía pulimentar vuestro carácter, para que a pesar de las pruebas o de los triunfos, nunca se exalte y sepáis permanecer serenos y firmes a través de vuestras luchas y tropiezos!

37. En todos los tiempos Dios ha enviado entre los hombres, espíritus de paz encarnando donde hacen falta, ahí donde se levantan la violencia y la discordia; difícil es la misión de esos enviados, mas ¡cuán llena de comprensión y galardones cuando han concluido su cumplimiento!

38. Cuántos hombres cuya historia virtuosa es admirada fueron precisamente eso, espíritus de paz, que supieron ser fuertes en medio de las grandes tormentas, que supieron vencer las contiendas, perdonar las miserias humanas y sufrir bebiendo en silencio su cáliz de amargura, bendiciendo, perdonando y viviendo para los demás, luchando por la paz de sus Semejantes.

39. Y cuántos otros cuyo nombre nunca pasó a la historia, han pasado secretamente, calladamente entre la humanidad, alcanzando de Dios Su bendición y Su galardón después de haber cumplido su misión tan delicada y a veces tan amarga.

40. Esos espíritus de paz que han llegado entre vosotros en todos los tiempos, los podéis hallar aún hoy en vuestro camino.

41. En una misma familia humana coexisten hermanos carnales que viven en guerra al lado de esos espíritus de paz encarnados, quienes con su consejo, su paciencia y fortaleza mantienen la unidad y la paz en esa familia.

42. Habéis contemplado matrimonios donde uno de los componentes, de carácter violento y a veces hasta cruel, está al lado de un ángel de paz, tolerante, humilde y fuerte.

43. Esos espíritus de paz son puertos de salvación para los caracteres violentos, para los espíritus débiles, faltos de educación espiritual, faltos de dominio sobre la carne y sus pasiones.

44. En las grandes instituciones humanas brillan también esos espíritus de paz; en las naciones poderosas esos hombres se levantan también, porque los enviados de paz del Señor han estado siempre entre los hombres que rinden culto a la guerra humana, a la discordia y a la división.

45. ¿Estáis dispuestos a ser en el seno de Israel y en el seno de esta humanidad esos espíritus de paz? A eso estáis llamados hermanos, para eso habéis sido enviados.

46. Sed, entonces, espíritus de paz; educad vuestro carácter, educad vuestro espíritu, sabed ser dueños de vosotros mismos, dominad toda pasión, toda violencia.

47. Entonces, emanará de vuestro ser la influencia sana y poderosa que venza las grandes contiendas que se agiten en torno vuestro.

48. Meditad en esto que os dice el Mundo Espiritual de Luz, para que la llevéis presente en vuestra Conciencia.

49. Cuántos que ayer fuisteis los violentos, los débiles, los irresponsables, os habéis convertido ante la palabra dulce del Divino Maestro, para ser después los guardianes de la paz, y logrando convertir también vuestro hogar en institución de paz y de virtud.

50. Esa es la simiente y el ósculo divino: La paz, ese don precioso, el tesoro más valioso que el espíritu puede recoger en este Valle de lágrimas, de sangre y de guerra.

51. Que esa paz sea con vosotros.

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