Enseñanza 366

1. Desde lo alto del monte de la Nueva Sión os envío mi palabra, ¡oh, pueblo amado! En esencia, presencia y potencia me tenéis por vez postrera comunicado a través del entendimiento humano, medio que elegí por mi divina voluntad en este Tercer Tiempo para manifestarme aquí, para derramar mi Verbo entre los hombres y prepararlos para la perfecta comunicación de espíritu a Espíritu, y por medio de esta preparación poder recibir del hombre el culto perfecto a mi Divinidad.

2. Tiempo de preparación ha sido este, en el que el Padre seguido de sus huestes espirituales, ha venido a entregaros la lección abriendo el Gran Libro de la Vida, el Libro de la Sabiduría divina, el Libro de los Siete Sellos, para que este pueblo, leyendo página por página, escuchando la explicación divina de todas sus lecciones, pudiera convertirse en verdad en el discípulo del Espíritu Santo, en el apóstol fuerte que en este tiempo lleve con el ejemplo, el pensamiento y la palabra, mi Obra al corazón de esta humanidad; a este mundo que en estos instantes de entregaros mi último mensaje, se debate en su zozobra, en su dolor y en su propia sangre.

3. He venido a vosotros y os he contemplado preparados. En esta oración que me eleváis, ¡oh, pueblo amado!, veo la edificación de un Santuario que me invita a penetrar, estoy dentro de él, es tu propio corazón, ¡oh, hijo mío! En él recibo la ofrenda, la fragancia vuestra y a los pies del altar espiritual contemplo vuestra cosecha, lo que habéis recogido y labrado a través de los tiempos, y que habéis hecho culminar ahora que habéis sido mis labriegos en el Tercer Tiempo. Mi mirada de Juez, de Padre y de Maestro juzga la simiente de todos vosotros, en ella está vuestra lucha, vuestro anhelo de progreso espiritual, vuestro sufrimiento, los ideales que habéis visto coronados y los que no habéis visto todavía florecer; pero la humildad de vuestro espíritu ha traído su ofrenda, que en verdad Yo recibo. Mi mano de Padre se extiende y en ella voy recibiendo toda vuestra lucha.

4. La Conciencia de mi pueblo se despeja y así mismo se juzga. La memoria se aclara y recordáis en estos instantes aquella alba venturosa para vuestro espíritu con que pisasteis por vez primera el camino, en que oísteis la voz que resonaba en el desierto y también el momento en que escuchasteis la voz del Eterno dirigida a vos, y desde aquel día a través de vicisitudes, de obstáculos, de abrojos, habéis venido paso a paso en pos de mi huella.

5. ¡Cuánto habéis vivido, mirado, sentido y atravesado, y al fin llegáis a este día temido por mi pueblo! ¡Este día de juicio, de Conciencia y de preparación!

6. Ninguno sabía si el Padre le había de conceder en la presente vida material y en su presente envoltura, contemplar la postrera de mis manifestaciones y, ¡aquí estáis! Habéis llegado formando un solo corazón, un solo labriego, una sola flor que eleva un perfume que llega a la altura de mi Solio y por esta preparación espiritual, vengo en pos de vosotros lleno de fuerza, de luz, de paz y gracia, para deciros: No quedéis sumidos en la orfandad. No dejéis que la tristeza invada vuestro propio corazón, no dejéis que la flaqueza os sorprenda después; cuando ya no escuchéis mi palabra por estos conductos, no volváis atrás. ¡Id siempre adelante, buscad en el fondo de mi Obra el aliciente que os lleve paso a paso, hasta la meta!

7. Más allá, sobre de este pueblo preparado, la Gloria también está dispuesta. Como novia se encuentra ataviada, para esperar en este instante la llegada del esposo y esa preparación universal tiene pureza de virgen, tiene fragancia de flores y luz de nueva aurora. Más allá de vosotros, pero ahí, hasta donde se ha elevado vuestro espíritu en este instante de gloria y de juicio, están los espíritus grandes que rodean al Padre, los espíritus aún desconocidos por vosotros, aquellos que vais a contemplar y a amar el mañana, a vuestros propios hermanos, a vuestros mensajeros, aquellos que desde el infinito han vibrado como estrellas luminosas en el sendero de vuestra existencia, y entre ellos están aquéllos a quienes de nombre conocéis. Está Moisés con la Ley en su espíritu, con la Ley inmortal, inmutable; están los patriarcas, los apóstoles, los profetas, los mártires, los santos, los justos, los inocentes, los grandes arrepentidos. Todo se ha preparado.

8. Vibra el Valle espiritual sobre vosotros y los mismos elementos lanzan sus voces como heraldos para estremecer el espíritu, el corazón del hombre y decirle: “Es la hora semejante a aquélla en la cual Jesús exhaló el postrer aliento sobre el madero en el Segundo Tiempo”. En verdad y de cierto, que podría en esta hora repetir mis siete palabras del Segundo Tiempo, las que exclamé sobre el madero de la cruz; pero en verdad os digo, que ya están escritas aquellas con sangre divina en la Conciencia de la humanidad.

9. He venido con nuevas palabras encerrando ellas la misma luz, la misma esencia y sabiduría para que el hombre no diga que en este tiempo el Espíritu Santo, sólo vino a repetir las cosas reveladas a los hombres en los tiempos pasados.

10. Si os preparáis y penetráis más y más en lo que en este instante vibra sobre vosotros, podréis contemplar, como Juan en su visión, al Todopoderoso en su trono. Él es quien os habla, Aquél a quien no pudo mirarle la faz, Aquél que solamente presintió que era el Rey de los reyes y el Todopoderoso; es El mismo que en este instante, desde lo más alto del monte de la Nueva Sión os habla y se deja mirar por todo ojo espiritual que se eleve y se prepare, circundado también de los ancianos, doce a su diestra y doce a su siniestra, los patriarcas de las tribus del pueblo escogido de Dios y los apóstoles del Segundo Tiempo seguidores de Jesús. Ellos son los que eternamente están rodeando al Padre, para desde ahí, seguir vibrando entre vosotros por una eternidad. Los unos os dieron la vida sobre este orbe, la fuerza y el principio del camino; los otros os dieron la vida espiritual, testificando con su sangre mi Obra, mi pasión y mi palabra. En este instante, unidos al Padre, juzgan a su pueblo, juzgan su simiente, prueban su propio fruto y también se inclinan ante el Divino Juez.

11. Mas mi juicio no es solamente para el discípulo del Tercer Tiempo o para las doce tribus, cuyos seres se encuentran encarnados los unos y en estado espiritual los otros, mi juicio es universal. Todo espíritu es en este instante sopesado en mi balanza divina, y después de ser juzgado, quedará puesto por mi mano en el camino certero una vez más.

12. Desde el principio de mi comunicación a través del entendimiento humano, de portavoz a portavoz, de generación en generación de labriegos, os fui diciendo, os fui anunciando el día, la hora marcada por mi justicia divina para el final de mi manifestación. Un instante en medio de la eternidad ha sido este tiempo para el Padre, un tiempo vasto y suficiente para este pueblo, para su preparación, su transición espiritual, su resurgimiento entre la humanidad; el final de esta etapa quedó señalado en 1950 por mi voluntad.

13. Este año no solamente os lo confié a vosotros. Fue una gracia que Yo brindé a la humanidad, haciendo vibrar mi luz de Maestro en toda Conciencia, haciendo estremecer las instituciones en sus propias bases, conmoviendo a los hombres que ostentan cargos de ministros en sectas y religiones, para que en este tiempo, en este año, la humanidad penetrase en meditación. Orando, velando, meditando y razonando, pudiese alcanzar la paz, la concordia y la fraternidad, pudiese apartar de sus labios el cáliz de amargura y convertir sus armas fratricidas en herramientas de labranza.

14. Todo se lo brindé a este mundo en el principio de 1950. Espiritualmente envié mi Mensaje de paz, de fortaleza y luz a todos mis hijos. Bendije todos los caminos, di fecundidad a todas las simientes y ahora, en el final, cuando vengo a recibir la cosecha de la mano del hombre, a interrogar su propia Conciencia, ¿qué es lo que me ofrece?, ¿qué es lo que este mundo me presenta? Su desobediencia, su materialismo, su desafío a mi justicia divina. Y he aquí os digo en verdad, este pueblo, a quien he doctrinado, es como un espejo de toda la humanidad, es un reflejo también de la división que reina en el mundo, porque si vosotros veis que este mundo se encuentra dividido en potencias, en potencias espirituales también os habéis dividido.

Si los grandes pueblos, las grandes potencias de la Tierra están intentando absorber a las demás, unirlas y esclavizarlas a sí mismas, Yo también contemplo entre este pueblo, que hay muchos que quieren ser primeros y unificar hacía sí a los demás. Si entre la humanidad, en esos grandes pueblos y naciones veis la guerra fratricida, que los hombres van a la muerte bajo las nuevas armas que los hombres han creado, Yo veo también entre este pueblo cómo se preparan con nuevas armas para destruir su fe, para levantarse unos sobre otros, para humillar los primeros a los postreros, para desconocerse unos a otros. Si este mundo me ha desafiado, Yo acepto su desafío en verdad, me sujeto a prueba y a prueba quedo en verdad, y vosotros, ¿cómo quedaréis ante mi juicio, oh, pueblo?

15. Después de recibir vuestro fruto, después de colmaros de bendiciones, os digo en verdad: Lo espiritual no puede morir. Solamente desaparecerá el pecado; morirán las pasiones, las soberbias potencias de esta humanidad caerán, también de ellas ni piedra sobre piedra quedará.

La ciencia humana puesta al servicio del mal y la destrucción, destruida por mi brazo justiciero quedará de entre vosotros. Yo también aboliré vuestra mentira, impreparación y desunión, y solamente conservaré vuestro espíritu en el cual he depositado la luz del Sexto Sello, de ese capítulo que se ha abierto en este tiempo y en el cual escrito estaba que en él habíais de encontrar el Gran Día de la ira del Señor.

16. Este es el Gran Día, no compuesto de veinticuatro horas, porque el Día del juicio del Señor no sabéis cuánto se prolongue, no sabéis cuándo termine; pero de cierto y en verdad estáis ya en la culminación de los tiempos y estáis viviendo bajo mi juicio.

17. En este tiempo de juicio: Velad y orad, os he enseñado. Sois mi simiente, sois mis discípulos, mi pueblo al que voy a enviar entre los pueblos de la Tierra, al que voy a conducir entre tinieblas porque él es la luz, al que voy a hacer penetrar entre las filas de enfermos, de leprosos, de desesperados, para que allí llevéis la luz y el consuelo, el bálsamo y la paz. Voy a presentaros la orfandad, la viudez, la miseria en todas sus formas, el pecado en sus más bajos niveles, para que delante de todos esos cuadros de tristeza, de desolación y de muerte, se eleve vuestro espíritu, surjan vuestros sentimientos, se abra vuestro corazón como un manantial de amor y deis cumplimiento, por fin, entre los hombres al divino destino que os he trazado desde el principio.

18. ¿Cuándo volveréis a ver sobre vuestro orbe brillar el sol de la justicia? ¿Cuándo volveréis a ver la paz en el corazón de la humanidad? ¿Cuándo contemplaréis, oh, pueblo amado, un cántico, un himno de paz que se eleve del espíritu del hombre hacia el Corazón del Padre?

19. En verdad, todavía tendréis que ver grandes cosas en este mundo para que ese tiempo llegue. Todavía el Sexto Sello se encuentra abierto y muchas páginas he de volver con mi mano divina, para que el Séptimo Sello sea desatado y abierto entre vosotros.

20. ¿Qué señales os daré para que vosotros podáis mundialmente reconocer que el Séptimo Sello se abre para el hombre? Cuando se haya hecho un gran silencio en el Universo, esa será mi señal. ¿Y cómo será ese gran silencio, con el cual podáis vosotros testificar ante la humanidad asombrada, que es el final de una Etapa y el principio de otra?

21. Cuando hayan cesado por un momento las guerras, cuando los elementos se hayan apaciguado, cuando la persecución de mis leyes y mi Doctrina se hayan detenido; entonces, habrá como un silencio entre la humanidad y ese silencio, será anuncio de que el Séptimo Sello se abre para revelar sus misterios a esta humanidad. Es la última parte del Libro que habéis de conocer vosotros, que ha de poseer vuestro espíritu para que conozca al Padre y se conozca a sí mismo.

22. La Espiritualidad brotará en toda la humanidad. Muy próximo se encuentra el tiempo de lucha. Las señales ya se acercan, los mismos hombres las darán. Voy a tocar con mi brazo justiciero a los príncipes de las iglesias, a los sacerdotes, a todos los ministros y pastores. En este instante sienten mi juicio profundamente en su Conciencia, no hay uno que se encuentre tranquilo en esta hora. Los unos inclinan su cerviz, otros sollozan, otros tratan de acallar la voz de su Conciencia; pero todos me sienten, me palpan, porque en verdad os digo, que en este instante Yo estoy con todos.

23. Quiero encontrar entre la humanidad la Iglesia que fundó Pedro y veo que aquella Piedra Fundamental no resiste sobre ella algún edificio. ¡Cuán pocos le imitaron en su celo y llegaron al sacrificio siguiendo sus pasos!

Veo sí las grandes iglesias, las grandes organizaciones religiosas, la pompa y la riqueza, el esplendor y el poder; pero no veo pompa espiritual, no veo galas de virtud, no descubro poderío que sea parte de mi poder universal. Y contemplo, en verdad os digo, que aquéllos seguidores de Pedro sollozan en el Valle espiritual contemplando a los que les han sucedido, conduciendo a la humanidad al desastre y a la muerte. Los labios de los que se dicen apóstoles de este tiempo, sucesores de Pedro, hablan de amor, hablan de Cristo, de paz universal, mas detrás de sus palabras fomentan las guerras fratricidas.

Pedro no sembró muerte. Yo a su mano le quité su espada. Yo le enseñé a dar la vida para dar vida a los demás; le enseñé a derramar su sangre para que ella fuese como semilla de amor, como testimonio de verdad, como sello verdadero para sus propias obras y él cumplió hasta el final de su jornada.

24. Por eso, en este tiempo, cuando vengo a juzgar la simiente de aquéllos que dejé como ejemplo, como emisarios entre la humanidad, no puedo menos que decir a los hombres, que han edificado sobre arena como necios y que no han sabido construir sobre la roca inconmovible de Pedro, sobre la cual debería el hombre haber levantado la verdadera Iglesia a su Padre y Señor.

Y os digo también: De toda esa grandeza, de todo ese poderío no quedará ni piedra sobre piedra. ¿Y qué harán las multitudes después? ¿Qué harán los rebaños sin pastor y sin aprisco? ¿Hacia dónde conducirán las ovejas sus pasos cuando las campanas no les llamen ya al redil?

25. Es entonces, cuando las ovejas exhalarán su balido hacia el Más Allá, cuando busquen en la cumbre del monte al Pastor Divino, entonces vendrá mi Reino sobre todos; vendré entre nubes, según mi promesa, según la palabra de mis profetas, y todo ojo pecador y no pecador me contemplará. Entonces será cuando los hombres, conmovidos ante lo espiritual, estremecidos ante la verdad, vean hacia arriba y olviden todo lo que su planta hollara, y no contemplen más santuarios de granito ni escuchen sus oídos más los bronces. Será entonces cuando la humanidad despertando de corazón en corazón, de pueblo en pueblo, de nación en nación, se levanten en pos del Espíritu Santo que ha abierto en verdad su Arcano, para revelarlo y depositarlo en todos los hombres de buena voluntad.

26. Mas en este tiempo, ¿quiénes serán los explicadores de mis revelaciones?, ¿quiénes serán aquéllos que aclaren los misterios del Espíritu Santo a la humanidad despierta ya para el Padre?

27. Bien sabéis que esos sois vosotros, estaréis distribuidos por mi mano providente en los diversos puntos del orbe, para que vuestras bocas sean como clarines enmedio de la noche; para que vuestros testimonios sean obras poderosas que conmuevan el corazón de la humanidad, y entonces podréis decir al mundo: “¡He aquí el Sexto Sello en su esplendor! ¡He aquí el Sexto Sello en la culminación de su tiempo! ¡He ahí al Espíritu Santo comunicándose con el espíritu del hombre, buscando el Pastor a la oveja, haciéndole oír sin mediación de ninguna cosa material, su voz, su palabra, su concierto!”

¡Y muchos os escucharán, porque vosotros seréis los que caminéis con firmeza: En vosotros no se verá un titubeo, en vuestros labios no habrá un solo balbuceo; llevaréis mi testimonio claro, profundo y amplio a todos aquéllos que deban recibirlo y seréis mirados como apóstoles, seréis oídos como profetas y seréis recibidos en el seno de congregaciones, hogares, instituciones, como los precursores y emisarios de mi Divinidad!

28. ¡Fortaleceos, oh, pueblo! ¡Estad preparados y dejad que mi Obra penetre profundamente en vos! Allí guardadla, allí tenedla, porque la vais a estudiar. En verdad os digo, que aún cuando mucho comprendéis ya de mi Obra, no la comprendéis toda. En el tiempo de meditación que os concedo, vais a alcanzar a comprender muchas cosas que os van a sorprender.

Estáis habitando en el Tercer Tiempo y todavía no habéis sabido interpretar debidamente a los profetas del Primer Tiempo. No habéis profundizado grandemente en la palabra que Jesús os habló en aquel Segundo Tiempo, y la Obra que en Espíritu Santo os he venido a revelar, no la habéis abarcado todavía con vuestra comprensión y tenéis que fundir dentro de vuestro espíritu esos Tres Testamentos, esas Tres Revelaciones en una sola, porque todas forman una sola Ley, un solo Libro, un solo Camino, una sola Verdad.

29. Se acerca el tiempo en que los libros del Primero y Segundo Tiempos vuelvan a vuestras manos, a vuestros ojos, a vuestro espíritu y entonces podáis comprender lo pasado por lo presente y confirmar lo presente con las cosas reveladas en los tiempos pasados.

30. Yo he permitido que las manos humanas de mis enviados escriban la historia de vuestro pasado. Yo he venido a comunicarme en este Tercer Tiempo por conducto de estos portavoces elegidos, preparados por Mí, para hablaros de las nuevas revelaciones. Este es vuestro presente.

Yo os he hablado también en tono profético y he preparado profetas en este Tercer Tiempo, para que os hablen de las cosas que han de ser, la profecía es vuestro porvenir: El pasado, el presente y el futuro son con vosotros. Todo lo abarcan. Es la eternidad que os concedo, en la cual vivís, de la cual quiero que seáis dueño para que ya no poseáis solamente el tiempo material ni seáis dueños solamente de este mundo.

31. ¡Abrid vuestros brazos espirituales! ¡Extended vuestras alas! ¡Abrid vuestros ojos y abarcad la eternidad siendo los Espiritualistas, los que os deis cuenta y comprendáis las cosas de la vida, el destino, los acontecimientos, todo lo que fue, lo que es y lo que ha de ser!

Mi luz os ha hecho comprender mucho y aún más comprenderéis. Delante de teólogos y teósofos estaréis, y ellos asombrados quedarán. Que no haya en vos cobardía ni falta de fe, ¡oh, Israel!, porque entonces temblaréis delante de aquéllos que en verdad no son grandes delante de Mí. También sobre vosotros, pupilas espirituales os contemplan como iguales, como labriegos de este tiempo, espíritus que ahora forman parte de mis coros espirituales y que ha tiempo estuvieron entre vosotros como labriegos de estas tierras, como precursores, como enviados y portavoces.

32. Contemplad ¡oh, videntes!, sentid ¡oh, pueblo amado!, esas grandes legiones que palpitan, que vibran llenas de amor, de respeto y de júbilo en su espíritu sobre de vosotros y entre vosotros mismos. Allí están Roque Rojas, Damiana Oviedo, todos los portavoces que han partido al Valle espiritual; los labriegos, columnas, guías y muchos de aquéllos que ostentan la señal espiritual de mi marca, formando un pueblo, una legión de labriegos espirituales y que en este instante se funden entre vosotros para formar el pueblo del Tercer Tiempo, el labriego espiritual de esta Tercera Era que se preparó para recibir al Espíritu Santo y manifestarlo entre la humanidad. Ellos también me entregan su cumplimiento, me muestran su simiente y os ayudan a vosotros en vuestra preparación, para que seáis dignos de mostrarla también al Padre.

33. Todos en esta hora bendita, en este instante de juicio y de amor, estáis unidos formando una sola familia y un solo pueblo delante de Mí. ¿En qué región vibra vuestro espíritu en este momento? En el Valle espiritual. Por eso sentís esta paz y esta beatitud. Las vicisitudes del mundo las habéis olvidado. El peso de vuestro fardo no la sentís y la amargura de vuestro paladar es todo dulzura en este instante. ¿Por qué, pueblo? Porque os habéis elevado en medio de todos los hombres, de todas las ideas religiosas y de todas las sectas; os eleváis secretamente, humildemente, porque todavía vuestra voz no resuena en los ámbitos de este mundo. En el Valle espiritual contempláis la elevación, la desmaterialización de los seres que rinden culto a su Creador.

34. Sentís que estáis envueltos y rodeados en muchedumbres infinitas de seres que palpitan, porque son vida que han despertado ante la voz de la justicia, y si vosotros la oís resonar a través del portavoz humano, el Universo la escucha en lo más profundo de la Conciencia y os preguntáis: “Padre, ¿el Reino de los Cielos, tu Reino, ya estará de lleno entre nosotros?” Y os digo: Yo quise que el Reino de los Cielos la llevaseis ya en esta hora, de lleno en vuestro corazón; pero no lo habéis conquistado todavía, ¡oh, soldados de mi causa!

35. Vais a tener todavía que luchar entre vosotros, que seguir trabajando, sufriendo y desvelándoos, para poder alcanzar vuestra propia unificación. La conquista de vuestra propia unidad será cuando sintáis que el Reino del Padre está en lo más profundo de vuestro corazón. Este Reino es la segunda Jerusalén, la Ciudad Blanca, donde quiero que moréis. Sus puertas se encuentran abiertas y sus muros preparados, dentro de esas murallas: La paz, la salvación, la Vida Eterna. Tenéis que caminar un poco más en el sendero y entonces habréis conquistado esa Ciudad. Hoy, como en el Primer Tiempo, puedo deciros como Moisés: “He ahí, en el horizonte, la Tierra Prometida”.

36. Moisés no contempló en su hora final vuestra entrada en la tierra de promisión. Tampoco el Maestro en aquel Segundo Tiempo, en la víspera de su muerte en cuanto hombre pudo contemplar el reconocimiento del pueblo hacia su Ley; y habiendo escalado el Señor un monte como también lo escaló Moisés en el Primer Tiempo, contemplando a la primera Jerusalén pecando como todos los días, aletargada en su sueño de siglos, lloraron sus ojos y el Corazón del Maestro sobre aquella ciudad amada, diciendo: “Jerusalén, Jerusalén, que no habéis sabido el bien que habéis tenido entre vosotros; Yo os quise reunir como la alondra reúne a sus polluelos, pero vosotros estáis dormidos y no habéis sentido mis pasos ni oído mis palabras”. Yo os podría decir lo mismo en este tiempo, en esta hora, ¡oh, pueblo!: “Israel, Israel, me habéis tenido entre vosotros y no alcanzasteis a amaros con el amor con que os he amado; no os unisteis habiendo Yo tantas veces inspirado ese amor y esa fraternidad, habiéndose vuestro Padre convertido en la alondra bajo cuyas alas pudieran estar todos los polluelos reconociéndose; pero como en los tiempos pasados, la fuerza queda en vosotros para seguir la jornada”.

37. ¿Llegaréis a conquistar la Tierra Prometida?

38. Sí, pueblo amado. Desde aquí ya vislumbráis las luces de la gran Ciudad, ya percibís el perfume de su huerto y escucháis las voces de sus moradores. Esa visión os anima en el camino para no desviaros de él; ese hermoso panorama celestial os invita a cada instante a caminar hacia adelante para llegar ante sus puertas y decir al fin: “He conquistado la Tierra Prometida con mi esfuerzo”.

39. La fe y la fortaleza de Moisés os condujo a la tierra prometida en el Primer Tiempo, tierra que fue un reflejo de la Patria celestial, de la Mansión eterna.

La sangre del Divino Maestro en el Segundo Tiempo os rescató. Ese es vuestro precio. Nadie podrá arrebatarme lo que es mío y en este tiempo, mi palabra entregada a través del entendimiento humano, conducto por el cual os he venido a revelar las grandes cosas del Tercer Tiempo, una vez más os levanta en el camino, hace la luz en vuestra Conciencia y no deja que os perdáis; es el mismo sendero, es la misma brecha abierta por la Verdad. No os perdáis nunca de ella, porque se acercan los tiempos de la guerra de palabras, de ideas, de criterios e interpretaciones en mi Obra.

No desconozcáis jamás mi Ley, mis revelaciones, mi Doctrina; pero sí, cuidaos en verdad de las interpretaciones que a ellas den vuestros hermanos. Someted a vuestro juicio, someted a vuestra sensibilidad espiritual la interpretación, el análisis que los demás hagan de mi Ley y si contempláis aquellas interpretaciones justas, tomadlas. Si otros se adelantaran a vosotros en la comprensión, sed vosotros imparciales y justos, y conceded el primer lugar a aquéllos que antes que vosotros se desvelaron y supieron descubrir en el fondo de mi Obra su verdad, su eternidad, su luz.

40. Voy a dejaros una vez más, como ovejas entre lobos; pero estas ovejas están preparadas, no caminan sin pastor; conocen el camino seguro y saben dónde está el aprisco.

Mientras vosotros caminéis dentro del sendero, nada podréis temer; es más fácil que un lobo se convierta en oveja, que una oveja en lobo. Mas si vosotros salieseis del sendero y os cubrieseis con la piel de la soberbia, de la desobediencia, de la grandeza o el materialismo, entonces os convertiréis en lobos robadores, en lobos voraces, pero, ¡ay, de vosotros! porque habrá lobos más fuertes y justicia más fuerte, y también tropiezos y abismos.

41. Mi camino queda trazado en vuestra Conciencia. Pronto no tendréis pastor alguno sobre la Tierra, ni ministros que celebren ritos delante de vuestros ojos, ni recintos que simbolicen el Templo universal de Dios.

Tendréis por Templo el Universo, delante de vuestro espíritu al dulce Maestro, lleno de sabiduría y de amor, presto siempre a escucharos. No tendréis otro altar que vuestro corazón, ni otras guías que vuestra propia Conciencia.

42. Estas cosas os han sido reveladas y han tomado forma en vuestro espíritu. Ya no podréis perderos del sendero, porque bien lo habéis mirado.

Cuando el mundo os contemple caminar sin dioses materiales, sin ritos, sin pastores, se asombrarán, os juzgarán, y lo que podrá a ellos dar testimonio de mi verdad de que vosotros no vais solos, serán vuestras propias obras, vuestra virtud, vuestra propia vida; porque mi Obra no solamente la vais a hablar, no la vais a extender solamente con el instrumento de vuestros labios, vais a vivirla; porque un acto de vuestra vida, vale más que mil de vuestras palabras, por convincentes que sean: Amor, mansedumbre, humildad, sacrificio, de este modo el mundo me reconocerá en vosotros.

43. Os dejo en mi lugar como maestros y aun cuando siempre delante de Mí os sintáis párvulos, delante de los hombres seréis como maestros, como hermanos mayores, que sabréis depositar en los postreros todo cuanto Yo os entregué y si ellos por su amor, por su consagración en mi Obra llegasen a ser más grandes que vosotros, dejadlos y sonreíd, pero con sonrisa de amor, de satisfacción espiritual; pues llegará en verdad un nuevo tiempo para vosotros, en que los alcancéis en el camino para ser todos iguales. Porque en el principio todos brotasteis de Mí y en igual forma habréis de llegar nuevamente a Mí.

Todos seréis grandes para comprenderme; todos seréis espíritus con potestad, con sabiduría, con amor para poder sentir y comprender al Padre y en unión mía regir todo el Universo, como es mi voluntad. Porque vosotros no seréis como ahora, seres superiores delante de seres inferiores, y si os he confiado este mundo para que en él os enseñoreaseis, después, cuando os lleve a mi Reino, seréis todos príncipes delante del Padre y gobernaréis la Creación, porque esta es mi voluntad. Seréis entonces dueños de verdadera grandeza. Ninguno se sentirá superior al otro. El amor presidirá todas vuestras obras y seréis siempre dueños de la dicha espiritual perfecta, amando al Padre y amándoos a vosotros mismos. No sentiréis ausencia ni distancia, ni ante el Padre ni ante el Semejante. Un mundo será delante de otro mundo, como ahora es un hogar junto a otro hogar.

44. Así pueblo, así discípulos, quiero llevaros a la perfección, así quiero que lleguéis a esa gran Ciudad que preparada se encuentra desde la eternidad, para que seáis los moradores, los habitantes eternos en esa paz y en esa perfección.

45. Desde 1866 hasta 1950, todo cuanto os he revelado por este conducto, podéis encontrarlo en el Libro de los Siete Sellos, todos los acontecimientos de esta humanidad confirman lo que escrito está en ese Libro. Siempre me he comunicado con mis hijos. Ahora tenéis esta forma que presto desaparecerá entre vosotros.

46. Nueva forma de comunicarme vendrá: “La forma perfecta de Espíritu a espíritu”. La comunicación espiritual alcanzará alto grado de perfección entre los hombres; pero su grado máximo de perfección lo hallará cuando haya dejado el mundo y la envoltura. A través de este don muchos misterios seguiré esclareciendo, nuevas y grandes revelaciones os haré. Por el sendero de la espiritualidad penetrarán los hombres, y en la senda de la espiritualidad, hallarán la luz para sus empresas, sus misiones, sus cargos y su ciencia.

47. Por medio de la comunicación de espíritu a Espíritu seré interrogado, seré buscado por todos y por este medio Yo hablaré e inspiraré a todos mis hijos. Bienaventurado aquél, digo en este día, que me busque por medio de esta gracia con humildad, con mansedumbre, con respeto espiritual, porque él encontrará en Mí una fuente pródiga, inagotable de luz, de revelaciones, de beneficio.

¡Ay, de aquel que en mala forma me busque, porque Yo le tocaré para hacerle comprender su error y si aún fuese necio, entonces se comunicará solamente con la luz aparente, que es tiniebla y es tentación!

48. Paso a paso habéis venido desde el principio de mis enseñanzas. Llegasteis ante mi planta divina fatigados del camino, enfermos y muchos sin cosa alguna. Venció mi palabra y mis pruebas de amor la incredulidad; venció mi esencia espiritual el materialismo. Convertí los duros corazones, semejantes a las rocas, en sensibles corazones; de los pecadores hice mis servidores; hombres y mujeres caídos en el vicio, los hice pasar por la regeneración para convertirlos en mis labriegos; otros que no eran capaces de conducir sus propios pasos, en guías les convertí para conducir después, los pasos de las multitudes.

Muchos labios profanos tuvieron después que pronunciar la Palabra divina; muchos entendimientos rudos y torpes, cerrados para la luz de la ciencia y del saber humanos, mansamente se abrieron para dar acceso a la luz del Mundo Espiritual. Pero en verdad os digo: No vine a distinguir a mis llamados, en clases, en castas o linajes; no vine a desechar al hombre de ciencia, como tampoco a desconocer al hombre de letras; no cerré las puertas para el hombre culto, porque muchas veces el culto me comprendió más pronto y mejor que el rudo; otras veces, los rudos e ignorantes más pronto confesaron que la iluminación de su espíritu había llegado, se había hecho en ellos, que en los hombres de ciencia y de saber.

49. A todos llamé. Puse un emisario, un heraldo en el paso de muchos de mis hijos y fueron obedientes, sumisos a la voz de mi llamado, otros fueron sordos y nunca vinieron al Maestro; pero de aquéllos que continuaron, unos perseveraron en su creencia, en su fe, otros siguieron hasta conseguir destruir su incredulidad y llegar al triunfo, unos más perseveraron en su enfermedad hasta alcanzar la salud; otros elevándose a Mí, me dijeron: “Padre, si no te place sanarme, aún así quiero seguirte”.

50. De todos estos que me amaron, hice mi cuerpo de labriegos, mi nuevo apostolado, permití la existencia de numerosos recintos humildes y pobres en verdad, para que a la sombra de ellos pudiese congregarse el pueblo y allí tener mi manifestación divina por el conducto de mi Portavoz, de la Facultad, de los Guías, de las Columnas, del Vidente, de la Pluma de Oro, de la Piedra Fundamental; porque a través de los siete dones, en representación de los siete espíritus, Yo le he hablado a este pueblo, le he conducido y le he preparado. A pesar de las imperfecciones de mis escogidos, a pesar de sus errores e incomprensión, Yo he manifestado siempre mi Obra, ya en una palabra, en un miraje, en una prueba, para que ello fuese aliciente y estímulo para este pueblo y así, los que habían creído ya en la verdad de esta revelación, no pudiesen nunca más dudar.

51. Si muchos han vuelto la espalda, otros se quedaron en el sendero y me han seguido hasta el final de la etapa. Esos perseverantes, esos labriegos, esos guías de multitudes sois vosotros, porque todos habéis acarreado tras de sí muchedumbre de corazones, de espíritus y habéis contemplado la transformación de esas mismas multitudes en la salud, en la moral, en el culto. Si las contemplasteis en sus primeros pasos pobres, enfermas, menesterosas e ignorantes, ahora escucháis en los labios de las muchedumbres de Israel: La luz; en sus actos, verdad; en su vida, regeneración; y en su culto, anhelo de perfección en verdad.

52. Mi palabra no la he retenido a ninguno. Yo siempre he estado presto sobre este pueblo y a través de todos estos conductos he derramado esencia, vida, verdad. No todos se han sabido preparar. No en todos he descubierto espiritualidad. Los que más han alcanzado, ha sido por su preparación, por su elevación y consagración en mi Obra, y el día final ha llegado, también a todos lo anuncié, porque no hay uno que ignore que en esta fecha, que en este día, he de levantar mi palabra por siempre, en la forma en que la habéis tenido y oído.

53. ¿Está el pueblo preparado para este acontecimiento?

54. ¿Está fuerte el discípulo para esta prueba?

55. A unos los contemplo fuertes y a otros débiles, pues en verdad, el Maestro dice a los fuertes: “¡Orad por los débiles!” A los despiertos: “¡Velad por los que duermen!” A los que más han adelantado: “¡Sentid la responsabilidad delante de los retrasados!” Los que más hayan recibido: “¡Tened consciencia de ello y compartid cuando el tiempo sea llegado de estas cosas!”

56. Mas pregunto a todo mi pueblo: ¿Por qué queréis retenerme un tiempo más? ¿Por qué pretendéis que Yo pase sobre mi propia palabra, dando con ello un ejemplo de imperfección a vosotros? ¿Qué no habéis aprendido a través del Maestro que soy Inmutable, Inexorable, Perfecto? ¿Acaso todavía os hace falta mi palabra que durante tantos años pacientemente os he entregado?

57. Mi palabra ha sido una obra perfecta que se ha consumado entre vosotros. ¡Tenéis los dones, tenéis la Doctrina, poseéis mis revelaciones! Os he preparado. ¿Qué más podéis pedir? ¿Qué más queréis del Padre, oh, pueblo?

58. Y sin embargo, se levantan los que duermen, los desobedientes, los que se han acostumbrado a profanar, a pasar sobre mis mandatos para decir: “Podemos pasar sobre la palabra del Padre. Él todo puede conceder a su pueblo. Nuestra voluntad puede hacer”.

59. ¡Ah, en verdad, que esos no saben lo que dicen ni saben a lo que se exponen, porque mi juicio desatado puede encontrarse!

60. ¡El Gran Día de la ira del Señor ya está entre vosotros y también la justicia del hombre alerta, pendiente; iluminada por mi justicia divina se encuentra para sujetar las obras de los hombres!

61. ¡Todos los que han tomado Obra divina, palabra espiritual, todos los que han tomado mi Doctrina y mis leyes para regir a los hombres, para doctrinarlos, para refrenarles en sus vicios y en su pecado, para conducirles por la senda de la eternidad, están a juicio! ¡Entre ellos estáis vosotros, Israel, en primer lugar, créalo el hombre o no lo crea y tras de vosotros todas las religiones!

62. ¡He aquí mi balanza! ¡He aquí mi justicia y también mi espada inexorable! ¡No me desafiéis más, pueblo! ¡No imitéis a esta humanidad que en el año de meditación, en el año de perdón y de reconciliación se levantó esgrimiendo su arma fratricida, manchando la página blanca de la paz con la sangre hermana y pasando, en verdad os digo, sobre mi proposición de paz!

63. ¡Ay, del mundo, está en verdad al borde de su abismo! Va a apurar el gran cáliz de amargura hasta las heces y el ¡ay!, el gran ¡ay! de dolor tendrá que exclamar para que pueda despertar.

64. Así lo ha querido el hombre. Le he propuesto mi paz, le he propuesto mi amor, me he acercado mucho a él, y sin embargo, de mi Reino no quiere nada, quiere el suyo; de mi poder, tampoco; él ha antepuesto su propio poder; de mis galas tampoco, quiere seguirse envolviendo en la soberbia; no quiere la vida en la eternidad, quiere solamente el poder temporal y la muerte será la que dé cuenta de todos los actos de los hombres.

65. Un lugar tengo destinado para todos los que busquen mi paz y que encuentren la muerte en la injusticia de la guerra de los hombres, porque hay muchos que van por los campos de destrucción con el arma en la diestra y su corazón sollozante me dice: “Señor perdóname, porque voy sembrando la muerte, porque te estoy ofendiendo”.

66. Esos son los que me han sentido. Yo a ellos rescataré; por ellos velad, ¡oh, pueblo! Muchos tornarán a la paz, muchos volverán al hogar, y otros, los que caigan, los que dejen su cuerpo entre escombros, ellos se levantarán gloriosamente en espíritu, porque mi voz les está llamando a este Reino de paz y de justicia para decirles: “¡He aquí, no encontrasteis el bien ni la justicia en la Tierra; pero mi justicia existe y os llama, os envuelve y os resucita!”

67. Vais a contemplar todavía muchas cosas. El año de 1951, que solamente espera el paso de unas horas para hacer su entrada, traerá un presente de pruebas entre la humanidad, y si 1950, preparado con mi luz de Padre, se ensombreció con la tragedia de los hombres, se ensangrentó con la sangre de ellos mismos, se conmovió con los grandes acontecimientos, 1951 aún más, en verdad os digo, hará conmover a la humanidad.

68. Vosotros, que formáis parte de ella y que habéis sido preparados para poder sobrevivir a todas esas cosas, no dejéis de velar pueblo, no dejéis de orar. Pensad que vosotros sois como un manto de paz. Pensad que sois los poseedores del bálsamo. Pensad que sois bendición en este mundo y que por eso no os llevo Conmigo en esta hora, en la cual os quisieseis quedar fundidos a mi Rayo universal y a mi Mundo Espiritual, para dejar este mundo y poder contemplar el Reino de los reinos. Todavía no es ese tiempo para vosotros. Quedad un tiempo más entre los hombres y sed para ellos bendición y perdón.

69. Vuestras armas están preparadas. Vuestra fuerza os hará salir avante hasta el fin; pero os digo en verdad: No penséis que esas calamidades sean sentidas solamente por vosotros. Pensad que en cada prueba Yo os concederé una gracia. Vendrá todo sufrimiento y vicisitud acompañado de un beneficio y de una prueba de mi amor para vosotros, pueblo.

70. Como Juez os he hablado; como Juez he estado entre vosotros y mi justicia en verdad es universal. Como Maestro me habéis tenido a lo largo de estos años de enseñanza que culminaron con los tres últimos, que Yo consagré en recuerdo de aquellos tres años que prediqué en el Segundo Tiempo y en memoria también de los Tres Tiempos.

Mi Cátedra de Maestro es toda mi palabra. Mi revelación como Espíritu Santo es todo lo que os dije a lo largo de este tiempo de enseñanzas. Ese libro queda escrito con mi fuego de Espíritu Santo en vuestra Conciencia, en la misma carne de vuestro propio corazón es ahora imborrable mi palabra; él palpita al compás del Universo, por todo cuanto ha sido depositado en vos pueblo, como algo que fue misterio impenetrable en los tiempos pasados y que se esclareció con luces maravillosas para vuestro espíritu en este Tercer Tiempo.

71. Os dejo como intérpretes de mi Obra, de mi palabra, de mis misterios. ¡Ved cómo los hombres, queriendo penetrar en la palabra del Señor, en su Ley, en las profecías de aquello que entregó Juan por mi mandato divino a la humanidad, solamente se han confundido!

¿Cómo podrán llegar los hombres, los teólogos, los exégetas a la verdad? Por el testimonio que vosotros deis de lo que el Espíritu Santo os habló. El Espíritu Santo ha hecho luz en todas las cosas. No ha dejado nada en misterio. Todos los velos quedaron descorridos y mi Arcano se encuentra abierto para el pueblo.

Vosotros sois los depositarios de esta luz, pues habéis sido llamados discípulos del Espíritu Santo. Entonces: ¡Id a los hombres y a ellos hacedles comprender! Veréis cuánta alegría, cuánto goce en los hombres cuando al fin puedan leer las Escrituras pasadas, comprendiendo todo lo que no podían antes entender, las profecías que han vivido, que han sido cumplidas y las que están por cumplirse.

72. De este modo iréis cumpliendo con ese alto destino ¡oh, profeta!, ¡oh, apóstol del Espíritu Santo!, ¡oh, pueblo bendito de Israel! Así habéis sido mi discípulo en este tiempo, así me habéis tenido como Maestro y quiero que al fin me recordéis como Padre.

73. En mi mesa de amor estáis una vez más sentados. Todos sois mis discípulos. La torta de pan siempre la he hecho en doce partes y las doce tribus de mi pueblo han comido por igual. De mi santo cenáculo, la última vez que cené reunido de mis apóstoles en aquel Segundo Tiempo, al tomar el pan les dije: “Tomad y comed, éste es mi cuerpo”. Bendije el vino, se los di a beber diciéndoles: “Bebed, ésta es mi sangre”. Mas después añadí: “Haced estas cosas en memoria mía”.

74. A lo largo de la Segunda Era, a través de ese símbolo, se ha sustentado la humanidad y al aparecer el Padre espiritualmente entre nubes, comunicado por la Luz de su Espíritu Divino a través de criaturas humildes, humanas, os digo: “Los tiempos han cambiado, los tiempos han pasado y hoy mi palabra es mi cuerpo divino, su esencia es mi sangre; vuestra comunión es espiritual con el Maestro”.

En este instante, al entregaros por última vez mi palabra en esta forma, os digo: Esta palabra que fue alimento para vosotros, que ha sido esencia y vida, redención y regeneración, salud y esperanza, no olvidéis que encierra esencia eterna y que aún cuando dejéis de escucharla a través del portavoz, siempre estará en vosotros como fuente de vida, como pan, como exquisito manjar, como bálsamo y esperanza.

75. ¡Guardad esto que os dejo y llevadlo siempre en vuestro espíritu! Mas cuando queráis penetrar en perfecta comunión con vuestro Maestro, cuando queráis recibirlo de lleno en vuestro corazón, os bastará la preparación, la limpidez de vuestro pensamiento, de vuestro ser, para que dejéis elevar vuestro espíritu, que muy presto sabrá encontrarme. Me encontrará convertido en alimento, en sustento lleno de buen sabor y de vida.

76. ¡Así preparaos, oh, pueblo, para que podáis penetrar siempre en esa comunión perfecta! No os faltará nunca mi fortaleza ni mi paz. Estáis sentados en torno mío, comiendo este pan de vida y os digo también como en otro tiempo: “Entre los humildes, entre los que mucho me han amado, entre los que me han seguido con paso paciente y firme a pesar de las pruebas, hay quienes el mañana van a entregar mi Obra en mano de la justicia humana; hay quienes van a seguir cambiando mi Obra, mi propia Palabra, mi Testimonio, por la vil moneda”. Y una vez más os preguntáis vosotros: “¿Acaso el mañana, de labriego afanoso y obediente, me tornaré en el traidor?” “¿Quién es aquél, Maestro?” Me preguntáis, y os digo: No lo sabéis; pero en este instante os preparo, os doy fuerza para que solamente a Mí me dejéis juzgar estas cosas.

77. Si en vuestro camino veis que se levanta el traidor, el falso, el ingrato, el débil o incrédulo, el blasfemo, el profano, perdonadle, sí, pero habladle con amor, con esta palabra de juicio con que Yo os he hablado; pero que sea mi juicio, no el vuestro pueblo, porque el vuestro no es perfecto.

Mientras estéis trabajando y cumpliendo dentro de mi Obra pensad que no existen traidores, olvidad que existen profanos y pensad que solamente existen obedientes y a nadie juzguéis y solamente amad, perdonad y trabajad, que detrás de vuestro cumplimiento estará mi justicia ordenándolo todo, restituyendo a todo su luz, su perfección, justificando y dignificando dentro de mi Obra todas las cosas, que en su principio son perfectas y en su final también.

78. Mis últimas palabras, ¿creéis acaso que Yo pueda dirigíroslas desde lo alto de una cruz? La humanidad no está regenerada. Suben y llegan hasta Mí, las lamentaciones y las blasfemias de los hombres, el sordo ruido de la guerra humana, el llanto de los niños, el desconsuelo de hombres y mujeres. Veo luto y pobreza, veo reinos en decadencia y potencias próximas a desplomarse, hálitos de muerte en toda la humanidad y enmedio de todas esas voces de imprecaciones e invocaciones, una voz surge de entre los hombres, llega hasta Mí y conmueve mi Espíritu Divino; es una palabra que dice: “¡Ven!”, es lo que me dice este mundo, ¡oh, pueblo! “¡Ven!”, porque el espíritu tiene mi promesa, porque los hombres saben que anuncié mi vuelta, porque los hombres han despertado a los hombres diciéndoles: “El Señor anunció que volvería”. Porque ante la ausencia de justicia humana vuelven los espíritus, sus ojos a Mí en busca de mi paz y de mi justicia, para decirme: “Señor, ¿por qué no vienes?, ¿por qué no veis mi dolor?, ¿por qué no contemplas mi tragedia?”

79. Yo te contemplo, ¡oh, mundo! Mi mirada de Padre te ve, pero mis ojos también son de Juez. No me habéis querido como Padre. No me has concedido realeza sobre ti. No me has querido como Maestro; solamente como Juez y como Juez me tienes en este instante. Para no hacer más pesado el peso en tu Conciencia, no te digo que estoy sobre una cruz. Invisible estoy en la cúspide de un monte; pero como en aquella cruz, con mis brazos abiertos, inmensamente abiertos para estrecharte, y así como se abrió mi costado en aquel tiempo para derramar sobre de ti, agua y sangre de amor, hoy se abre mi Espíritu para derramar sobre todos, agua y sangre divinas de perdón, de misericordia, de paz.

80. ¡Están mis brazos abiertos! Todo mi Espíritu siente tu dolor, pero no es dolor físico ni humano, no es el dolor como el de los espíritus atormentados. Es dolor divino, incomprensible para las criaturas limitadas, es dolor que vosotros no podéis saber, porque en verdad os digo: “¡Sed tengo, pueblo; sed tengo humanidad, de tu paz, de tu redención, de tu amor!”

81. Los que me están oyendo a través de un portavoz humano, no osarían en este instante levantar su mano para herir a su propio hermano, no podrían abrir sus labios para proferir ofensa alguna ante su Señor. Los que están más allá de esta manifestación, sí se hieren, sí se matan, se arrebatan el tesoro precioso de la vida, del bienestar y del amor. Es que en verdad, en verdad, no saben lo que hacen.

En este día sublime, día de amor y de Justicia universal, todos aquéllos que dejen su cuerpo para remontar los espacios espirituales, escuchen una vez más la voz potente de Cristo, que desde la cima de este monte os dice: “En verdad, hoy mismo seréis Conmigo en el paraíso”.

82. Todos aquéllos que bajo esta influencia divina se hallen preparados, hayan despertado y me digan: “Señor, en el último día de este año llamado santo, dejo mi cuerpo para elevarme a lo desconocido. ¡Recíbeme!” Esos, en verdad os digo, a Mí me encontrarán en mi Reino. Mas aquéllos que blasfemando cierren para siempre los ojos de la materia, cerrados los llevarán en el espíritu para mi luz y los abrirán después de su propio juicio.

83. Cuando Cristo, en cuanto hombre, sintió todo el dolor y por un instante en ese dolor fue abandonado por el Espíritu, pudo decir en cuanto hombre, en cuanto ser humano: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”

84. Hoy os digo, a todos los que delante de mis ojos vivís, camináis, sufrís y pecáis: “Cuando sintáis la flaqueza de la carne, invocad a vuestro mismo espíritu, imitando al Maestro”.

El espíritu es más fuerte que la carne. La carne siempre es y será frágil. Mas cuando las pruebas fuesen muy grandes para el espíritu y superiores a él mismo, buscadme y sea entonces el único caso en que Yo os permita decir a vuestra envoltura, sintiendo la ausencia del espíritu por la misma fuerza de la prueba: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?”, y al instante un rayo de luz será en vuestros ojos, un rayo potente en vuestro espíritu que lo levante en el camino y le de pruebas que no va solo, que Dios nunca abandona, que Yo no puedo dejar a mis hijos, y menos en el instante grande de la prueba, cuando aquél está testificando en pleno a su Señor, a la verdad, a la vida.

85. Os dejo unidos y sobre vosotros extiendo un manto de ternura que os ha envuelto siempre y cuyo calor es conocido por vosotros.

86. María, a los pies de la cruz estuvo sin exhalar una sola queja ni un reproche para aquella humanidad. Por eso ante Mí fue grande como mujer y como Espíritu, porque es el Espíritu de la Maternidad Universal que está en Dios.

En esta hora bendita dejo ese amor impreso en mi pueblo, porque sois el pueblo Mariano del Tercer Tiempo, que haréis reconocer a la humanidad de este tiempo y del futuro la existencia de ese amor, de esa fragancia, de esa ternura infinita, de esa intercesión y de esa Virginidad incomprendida aún por los hombres, y Ella que está en Mí y está en todo, oye esta voz que le dice: “¡Quedad siempre como Madre en todo el Universo!” Y a este pueblo le digo, representando a toda la humanidad de este y de otros tiempos: “Pueblo, hijo, ¡he ahí a tu Madre!”

87. No debo dejar dolor ni tristeza en vuestro espíritu, porque en verdad, aunque mi Divino Espíritu está triste, debo dejar en vuestro corazón el recuerdo de que estuvisteis en el último festín. Que esta última hora, sea oh, pueblo amado, la que deje su recuerdo imborrable en vuestro corazón, la hora amable, la hora de comunión, de dicha por estar escuchando al Verbo como lo escuchasteis durante tanto tiempo.

En esta hora en que comisteis los ricos manjares espirituales hasta colmar vuestra hambre y colmar vuestra sed espiritual, no penséis en el sufrimiento del mundo. Yo estoy con todos. No penséis en este momento en el presente. Vivid por un instante en el porvenir, en ese tiempo que os preparo de paz, y entonces miraos todos llenos de amor, circundando al Padre en esta misma mesa, mesa de amor, de enseñanza, de revelaciones y de perdón.

88. ¡Tomad y comed!, mi palabra es mi cuerpo. ¡Tomad y bebed!, mi sangre es la esencia que he puesto en mi palabra, en donde realmente me habéis descubierto en este Tercer Tiempo; no en el portavoz, no en el sonido de su voz ni en la forma exterior de la palabra humana, sino en lo más profundo de su sentido. Ahí está la esencia que es la propia sangre de mi palabra: ¡Bebedla, porque vosotros vais a ser el mañana pan y vino, cuerpo y sangre entre la humanidad! Vais a ser salud y camino; tomad de mi fuerza y mi palabra.

89. Os dejo unidos, sentados en esta mesa meditando, mesa que nunca será tribunal, sino banquillo de discípulos, de párvulos que van a profundizarse en la enseñanza del Maestro, que van a hacerse dignos por su preparación, de que Yo me les manifieste en toda hora. El mañana voy a sorprenderos, como a los caminantes de Emaus, como aquellos apóstoles que necesitaban mi presencia y mis pruebas para poderse fortalecer, para poderse levantar y así os sorprenderé.

Que entre vosotros no haya jamás falsedad, que vuestro testimonio sea siempre verdadero y entonces vuestros labios proféticos guiarán firmemente los pasos de la multitud que es este pueblo amado, y él nunca tropezará; que sepáis librarlo de los grandes riesgos y llevarlo victoriosamente hasta las mismas puertas de la segunda Jerusalén, esa Ciudad que os he brindado en este Tercer Tiempo, para que vosotros la ofrezcáis, como guardianes de ella, a la humanidad. Puertas que se encuentran abiertas para todo el orbe, por las cuales han de penetrar los hombres ansiosos de verdad, hambrientos de espiritualidad, y vosotros entonces, como los buenos guías y conductores de los pueblos, les llevaréis con paso firme hasta el corazón mismo de la Blanca Ciudad.

90. Mi juicio ha sido dado, mi enseñanza y mi revelación también: Mi paz de Padre, mi caricia sea en todos vosotros. ¡Sentidla! ¡Sentid que os estrecho, en verdad y en Espíritu, junto a mi Corazón divino!

91. ¡Oíd!, oíd la voz del Padre que comienza ya a resonar en lo profundo de vuestro corazón, que comienza ya en estos instantes a buscar eco en lo más profundo de vosotros, porque os dejo desde este instante en el tiempo de la gracia, en el tiempo de la comunicación de espíritu a Espíritu.

92. ¡Oh!, pueblo amado: ¡Id por los caminos, penetrad en los hogares y haced paz por doquier! Llevad mi testimonio y defended hasta el fin mi Obra, mi Obra Espiritualista Trinitaria Mariana, que os he venido a revelar y a confiar en este Tercer Tiempo en cumplimiento a mi palabra dada en los tiempos pasados.

93. Vine sobre la nube; de ella hice descender mi Rayo universal y por medio de él me habéis tenido en Verbo, en Esencia, Presencia y Potencia desde 1866, desde Roque Rojas hasta 1950, por el conducto de los últimos portavoces por los cuales he hecho repercutir mi palabra potente, mi Palabra universal.

94. Si hoy habéis conocido unos cuantos que forman mi pueblo, miembros del pueblo de Israel, elementos de las doce tribus, el mañana por estos testigos, por estos emisarios que dejo entre la humanidad será conocida en todo el orbe, será proclamada como verdad y será ancla de salvación, puerto salvador, estrella para todos los caminantes y reino de paz para todo el Universo, porque ésta es mi voluntad.

95. Pronto me tendréis en Espíritu Santo en plenitud.

96. ¿Por qué lloráis pueblo?

97. He aquí como os prueba mi palabra en este instante.

98. Os sigo hablando y no profano mi mandato.

99. ¡Ven a Mí, pueblo! Llora en verdad, que Yo recibo tu llanto. Es frágil la carne, es fuerte el espíritu, él sabe lo que ha recibido y es obediente y conforme con mi voluntad; pero tu envoltura es el niño que por momentos va a sentirse débil en su jornada y al que vais tú mismo a fortalecer.

100. ¡Ven pueblo, deja tu dolor en este instante ante mi planta! Abre tu corazón y hasta la última de tus quejas déjamela a Mí para tornarla en paz. Mucho tiempo has acallado tu dolor, sabiendo la ausencia de mi palabra, pero en el postrer momento la carne te ha traicionado, ha flaqueado la envoltura porque es el pequeño, y también a tu envoltura la tomo en mis brazos, la adormezco en ellos y le digo: No temas que en verdad, si es un cáliz amargo la vida para tus labios, Yo a través de tu espíritu lo sabré endulzar.

101. Pupilas que llorando estáis desbordando el manantial de vuestros sollozos, de vuestro dolor: ¡Llorad, que así vais a limpiaros para contemplar con limpidez el nuevo tiempo!

102. Venid a Mí, hombres y mujeres, ancianos y niños que os habéis convertido en mis testigos, en mis labriegos, venid y ante mi presencia divina desahogad todo el dolor de vuestro corazón, para que cuando hayáis arrojado en verdad hasta la última gota de dolor, cuando hayáis depositado en vuestro Padre el último aliento de tristeza y el último suspiro, quede solamente habitando en el fondo de vuestro corazón, la alegría, la paz, la serenidad, porque quiero que seáis el pueblo dueño de la serenidad que da la Conciencia por el deber cumplido y la esperanza en el nuevo tiempo preparado.

103. Sois los poseedores de mi bálsamo, dadle fuerza y salud a vuestro cuerpo y esta salud, ¡oh, pueblo!, llevadla por doquier.

104. Todo cuanto me habéis hecho presente, en Mí está; lo he oído, lo he escuchado, en verdad pueblo y Yo te atiendo.

105. Por esta plegaria, ¡toma y recibe!

106. El Universo entero reciba mi paz, mi bendición. Si el hombre sabe prepararse, ¡bendito sea! Si él sabe llorar ante la partida de este tiempo, bienaventurado sea, al levantarse a la espiritualidad, a la regeneración y a la paz.

107. ¡Toma, oh, humanidad, mi paz, mi bendición, mis armas para que venzas! Mis huestes te acompañen, mi bálsamo también. Pronto oirás la voz universal del Padre, la voz del Espíritu Santo y la imponente voz del Mundo Espiritual, que en esta misma noche se manifestará en los pueblos, en los hogares y en los caminos de los hombres, porque ésta es mi voluntad.

108. ¡Adiós pueblo amado!

109. ¡Mi paz sea con vosotros!

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