Enseñanza 356

1. Vosotros sois los que habéis creído en mi advenimiento, son ya las postrimerías de mi comunicación y aún venís presurosos a escucharme, como si fuesen aquellos días en que comenzabais a ser mis párvulos.

2. Muchos fueron los llamados en este tiempo y pocos los que me han seguido, pero en todos descendió la Luz de mi Espíritu. Si en aquel Segundo Tiempo dije: “Bienaventurados los que sin ver han creído”, ahora os repito: “¡Bienaventurados los que sin haber visto habéis creído, me habéis seguido y habéis perseverado!”

3. Aunque debo deciros, que nadie debiera sorprenderse de mi comunicación y de mi presencia en esta forma, ya que fue profetizada y prometida por Mí desde el Segundo Tiempo. No vine a sorprenderos, no hubo en vuestro Maestro esa intención, mas si os sorprendisteis a mi llegada y si muchos se han extrañado al saber de mi manifestación, ha sido porque dormíais espiritualmente en un profundo letargo. Fue porque no estabais velando.

4. Después de mi partida en el Segundo Tiempo, de generación en generación era esperada mi llegada entre los que guardaban fe en Mí. De padres a hijos se iban transmitiendo la divina promesa y mi palabra mantenía vivo el deseo de contemplar mi retorno. Cada generación creía ser la agraciada, esperando que en ella se cumpliese la palabra de su Señor.

5. Así los tiempos pasaron y las generaciones también, y de los corazones se fue borrando mi promesa, olvidándose de la oración y la vigilia.

6. Los siglos pasaron y cuando la humanidad ni siquiera tenía en cuenta que algún día, en el momento menos presentido, podría llegar Yo, cuando los hombres se encontraban más alejados de la verdad, hice sentir mi presencia espiritual en cumplimiento a mi palabra.

7. La forma que elegí para comunicarme con los hombres de este tiempo, a muchos ha sorprendido, atreviéndose aun a juzgarla sin antes haber meditado en mis pasadas revelaciones.

8. Os digo, que cualquier forma que Yo hubiese elegido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigilia y preparado, ninguna forma que Yo hubiese empleado para mi manifestación le habría sorprendido, porque a través de cualquier forma me hubiese sentido.

9. Todos los que me han creído en este tiempo, me han sentido y han seguido, en verdad os digo, que espiritualmente me estaban esperando; espiritualmente, sin darse cuenta, buscaban mi retorno y esperaban mi palabra.

10. Mi promesa en aquel tiempo no fue para un solo pueblo, sino para toda la humanidad, por lo que os digo ahora: Que mi luz no sólo ha descendido entre estas multitudes que me escuchan a través del entendimiento de los portavoces, sino que bajo mil formas me presento en la senda de todos los hombres, para hacerles sentir la llegada de un nuevo tiempo. También debo deciros que ha habido quienes habiéndome esperado un día tras otro y una vida tras otra, al verme llegar en la forma en que me tenéis, no pudieron creer, negaron mi presencia y se alejaron, ¿por qué? Porque ellos forjaron en su imaginación durante mucho tiempo, una forma que no fue precisamente la que Yo elegí.

11. Comprended que mis determinaciones y mis inspiraciones están más allá de toda suposición o concepción humana.

12. Muchas pruebas os he dado de que por sobre lo que el hombre alcanza a concebir como verdad y como perfección, están mis obras.

13. Algo de lo que más ha confundido a algunos hombres, es mi Doctrina expresada a través de humildes entendimientos humanos. Mas si quienes se sienten por esa causa confundidos, tratasen de compenetrarse en mi palabra, de cierto os digo, que pronto encontrarían las razones que tuve para elegir precisamente al hombre rudo y hasta impuro para hacer oír mi enseñanza.

Entonces descubrirán que las razones que tuve al elegir este medio, fueron mi amor, mi justicia y la Ley eterna de que el espíritu humano llegaría a comunicarse directamente con su Padre, forma en la que participarían al mismo tiempo los atributos del espíritu y los dones del cuerpo.

14. Es natural que quien se sabe pecador, se juzgue indigno de poseer una gracia como ésta; pero es justo que también sepáis que Yo veo más allá de vuestro presente y que estoy por sobre vuestras imperfecciones.

15. Si sois parte mía, comprended que lo único que vengo a hacer es a ayudaros, a purificaros y perfeccionaros para que viváis en Mí.

16. Ya no es tiempo de que sean otros los que hagan méritos por los pecadores. Esos tiempos ya pasaron y aquellos méritos están presentes como ejemplos.

17. Ahora será el mismo pecador quien haga méritos por su salvación, para ello quiero Yo ser su Guía, su Maestro, su Salvador.

18. ¿Cuándo los padres en la Tierra han amado solamente a los hijos buenos y aborrecido a los malos? ¡Cuántas veces les he visto ser más cariñosos y solícitos precisamente con los que más les ofenden y hacen sufrir! ¿Cómo es posible que vosotros pudieseis hacer obras de amor y de perdón mayores que las mías? ¿Desde cuándo se ha visto que el Maestro tenga que aprender de los discípulos?

19. Sabed, por tanto, que a nadie juzgo indigno de Mí y que por eso el camino de salvación eternamente os está invitando a recorrerle, así como las puertas de mi Reino, que son la luz, la paz y el bien, están perennemente abiertas en espera de la llegada de quienes estaban alejados de la Ley y la verdad.

20. Por todo esto quise escoger entre las multitudes de criaturas pecadoras, a aquellos de quienes me serviría como instrumentos para hacer escuchar mi palabra.

21. ¡Cuántos casos de verdadera regeneración ha habido entre los que he elegido para este servicio! ¡Cuántas pruebas de conversión y de arrepentimiento!

22. Yo anuncié que mi nueva venida sería en Espíritu y así lo cumplí en este tiempo, ¿por qué había de escoger otro medio que no fuese el humano para comunicarme, si es a los hombres a quienes he venido a buscar? Ha bastado que estas multitudes se espiritualicen un poco, para que su sensibilidad les permitiese percibir mi presencia y mi esencia, encontrando justa y natural esta forma de comunicación.

23. Debo deciros que no todos han llegado con la suficiente sensibilidad que les permitiese desde el primer momento experimentar la sensación de mi presencia, porque mientras unos han llegado con la mirada espiritual despierta, para contemplar esta luz y para percibir la esencia de mi palabra, otros han llegado escudriñando con los ojos materiales, por lo que sus juicios, sus análisis y observaciones han sido superficiales, han sido siempre la fase exterior, porque en vez de buscar el sentido o esencia de la palabra, han juzgado la mayor o menor corrección del lenguaje para luego escudriñar la vida de los portavoces, su conducta, su manera de hablar y hasta su indumentaria.

24. Y han tenido estos últimos que encontrar imperfecciones en quienes sólo son párvulos ante esta Obra, y entonces han negado toda verdad a mi Doctrina; mientras que los primeros, pasando por alto los errores, las pequeñeces y miserias de mis servidores, considerándolos humanos y expuestos a cometer yerros, han ido sólo en busca del sentido, de la esencia de esta palabra, por lo que han encontrado en esa búsqueda, la presencia de mi Espíritu.

25. Quien no preste a mi palabra la debida atención, ni se compenetre de su contenido, nunca podrá hallar su verdad, ni podrá encontrar la explicación o esclarecimiento a todas sus dudas.

26. Yo soy quien, en mi misma palabra vengo explicando todo a fin de que no exista la menor confusión o duda entre los discípulos.

27. Recordad cómo muchas veces os he dicho que aprendáis a buscar la esencia de esta palabra, esencia que se encuentra más allá de la forma humana de vuestro lenguaje. Recordad que os he dicho, que no os detengáis ante la forma material de la palabra, porque no encontraréis su sentido y que tengáis siempre en cuenta que vine a comunicarme a través de pecadores, de hombres rudos, de entendimientos sin cultivo ni estudio, para que no deis tanta importancia a la forma exterior de la palabra y aprendáis a conceder a mi manifestación la verdad que ella tiene, así como atribuir a estas materias lo que a ellas corresponde.

28. Ved cómo no todos han sabido buscar mi luz, ni han sabido ser párvulos anhelosos de convertirse en discípulos. Ahora sabed por qué muchos me han vuelto la espalda y van diciendo que sufrieron desengaños por medio de mis labriegos.

29. Son corazones sedientos que estuvieron junto a la Fuente de Verdad inagotable y no supieron inclinarse a beber hasta saciarse. Llevan un vacío muy grande y siguen buscando y llamando sin encontrar lo que su espíritu necesita. Mas, un día se acercarán de nuevo a este camino y entonces su experiencia dolorosa les dirá, que ya no me busquen en lo superficial sino en lo profundo. Ellos, cuando retornen, contemplarán cómo brilla la sabiduría en aquéllos que fervientemente me escuchaban, que supieron quedarse con el Maestro, y por cuya fe y espiritualidad fueron premiados, desbordándose sobre ellos la luz que les reveló grandes misterios y enseñanzas.

30. A todos os probé antes de que llegaseis a presenciar mi manifestación, pruebas sabias envié a cada uno de mis discípulos para que os brindasen la oportunidad de testificar mi presencia, mas de cierto os digo, que mientras unos se mostraron sumisos, humildes y dóciles a mi llamado, otros, aunque también me han escuchado, ha sido sin fe, sin voluntad y muchas veces con soberbia, con disgusto y hasta con repugnancia. ¿Qué puede recibir el espíritu cuando la mente se encuentra empañada y el corazón envenenado? Un hombre, predispuesto así, sólo tendrá que contemplar imperfecciones.

31. Yo a todos estoy probando. También a los que me siguen les pruebo sin cesar, con el fin de que todo su ser se fortalezca y cuando ya mi palabra no se escuche por este medio, ellos tengan la sabiduría que va encerrada en mi palabra y a la vez, tengan toda la fuerza que se necesita para extender con verdadera pureza esta Doctrina.

32. Mis discípulos deben quedar persuadidos de que cuando ya no me escuchen como ahora, entonces sí será muy importante su ejemplo, porque entonces serán los discípulos aventajados que enseñen a los demás por medio de sus obras. Ellos deben saber que el testimonio que den de mi palabra, siempre irá acompañado con hechos.

33. Mañana, cuando llegue el tiempo del testimonio para este pueblo, si él no viviese mi palabra, si no apegase sus obras a mi verdad, de nada le servirá repetir mis palabras, por perfectas que ellas sean.

34. El que anhele hacer sentir mis palabras en los corazones, que se revista de amor, que se sature de caridad, que haga acopio de humildad y de paciencia, que sea presto en perdonar y oportuno para aliviar las penas de sus hermanos, y entonces verá cómo el corazón más duro y reacio se estremece y se conmueve, ante mi palabra hecha obras en el corazón de mis discípulos.

35. Si sabéis que la causa de que muchos de vuestros hermanos no perseveran escuchando esta palabra, es porque han descubierto vuestras imperfecciones, tratad de eximiros de faltar a mi Ley hasta donde os sea posible, sabiendo que vuestro ejemplo influye mucho en ellos.

36. Quiero que lleguéis a sentiros satisfechos de vosotros mismos, que vuestra Conciencia nunca os reclame que algún hermano vuestro se alejó del camino, porque no supisteis mostrarle la pureza y verdad de mi Obra.

37. En el Segundo Tiempo hablaba Yo a las multitudes. Mi palabra perfecta en su esencia y en su forma, era escuchada por todos. Mi mirada, penetrando en los corazones, descubría todo lo que cada uno guardaba. En unos había duda, en otros fe, en otros me hablaba una voz angustiosa: Eran los enfermos, a quienes el dolor les hacía esperar de Mí un milagro. Había quienes trataban de ocultar su burla, cuando me oían decir que Yo venía del Padre a traer a los hombres el Reino de los Cielos, y había corazones en los que encontraba odio hacia Mí e intenciones de hacerme callar o desaparecer.

38. Eran los soberbios, los fariseos que se sentían afectados por mi verdad. Porque a pesar de que mi palabra era tan clara, tan llena de amor y tan consoladora, a pesar de ir siempre confirmada con obras poderosas, muchos hombres se obstinaron encontrar la verdad de mi presencia, juzgándome a través de Jesús, escudriñando mi vida, fijándose en la humildad de mis vestiduras y en mi pobreza absoluta de bienes materiales; y no conformes con juzgarme a Mí, juzgaban a mis discípulos, observándolos detenidamente, ya cuando hablaban, ya cuando me seguían por los caminos, ya cuando se sentaban a la mesa. ¡Cómo se escandalizaron los fariseos cuando vieron cierta vez, que mis discípulos no se habían lavado las manos para sentarse a la mesa! ¡Pobres mentes que confundían el aseo del cuerpo con la pureza del espíritu! Ellos no se daban cuenta que cuando tomaban en el templo los panes sagrados, tenían limpias las manos, pero el corazón lleno de podredumbre.

39. Yo nunca dije, mientras estuve predicando en el mundo, que mis discípulos ya fuesen maestros o que a ellos escucharan. Eran los párvulos que, cautivos de la luz de mi palabra, mansamente me seguían, pero que aún llegaban a cometer faltas, porque faltaba tiempo para que se transformasen y luego surgiesen como ejemplo para la humanidad. Eran rocas que estaban siendo pulimentadas con el cincel del Amor divino, para que más tarde también ellos convirtiesen las piedras en diamantes.

40. Al deciros que mis discípulos llegaban a cometer faltas, recordad aquella ocasión en que estando Yo hablando a la multitud, y habiendo entre ella algunas mujeres que llevaban de la mano o en brazos a sus pequeños, mis discípulos, creyendo que los niños podían importunarme, cometieron el error de decir a aquellas madres que se ausentasen con sus hijos, creyendo que mi palabra era tan sólo para los mayores; porque ignoraban que mi palabra es para el espíritu, así esté en un anciano, en un hombre maduro, en un joven o en un niño, y que lo mismo es que esté en un hombre que en una mujer, puesto que nada tiene que ver el sexo con el espíritu.

41. ¡Cuánto dolor experimentaron aquellas madres, que se habían acercado a Jesús para que bendijera a sus pequeños, y cómo dudaron, ante aquel acto de mis discípulos, de la caridad y el amor que vertía Yo en mi palabra! Por eso tuve que levantar mi voz para decirles: “Dejad a los niños que vengan a Mí”.

42. Yo aprovechaba aquellos errores para dar lecciones a mis discípulos. Cuando fui aprehendido en el Huerto de los Olivos, uno de mis discípulos, Pedro, tratando de defenderme, descargó un golpe sobre el siervo del sumo sacerdote, diciéndole Yo entonces: “Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que tomaren espada a espada morirán”.

43. Partí de entre mis discípulos y entonces ellos quedaron en mi lugar para dar testimonio con sus obras y sus palabras. Mi Espíritu les bañó de luz, inspirándoles todas aquellas obras que sirvieron para extender por el mundo mi semilla y quedar como ejemplo de amor, humildad y elevación. Habían dejado de ser los frágiles párvulos para convertirse en los fervientes discípulos, dignos representantes de su Maestro en la Tierra. Las flaquezas, las dudas y los errores, habían dado paso a la verdad que manifestaban en cada una de sus obras.

44. Pueblo amado: También vos, durante el tiempo de mi comunicación en este tiempo, habéis cometido errores, habéis tenido flaquezas, caído en tentaciones y dudado por instantes; mas Yo terminaré mi comunicación y os daré un tiempo para que meditéis, os preparéis y os fortalezcáis, porque también quedaréis en la Tierra para dar testimonio de mi palabra, testimonio que será por medio de vuestras obras.

45. No penséis ahora si vuestra misión va a ser ardua y penosa, en verdad os digo, que cuando alcancéis la preparación espiritual, nada os parecerá difícil ni pesado.

46. Insensiblemente iréis penetrando en una vida virtuosa, y ella será el más patente de los testimonios que deis de mi verdad a vuestros hermanos.

47. Mirad cómo a pesar de vuestras imperfecciones ya habéis hecho prodigios muchas veces, pues entonces, pensad que cuando vuestra espiritualidad alcance plenitud en vosotros, vuestras obras tendrán que ser mayores.

48. Veo que aún no le dais la importancia que tiene vuestro ejemplo en los demás. No habéis querido daros cuenta de la fuerza que hay en vuestra palabra, así como en vuestra oración y en vuestras obras.

49. Yo soy el único que me doy cuenta de la simiente que vuestros actos van sembrando en los corazones y soy quien derramo sobre vuestros cultivos mi rocío de vida y de amor, para que no se malogren. Pero es menester que vosotros creáis en la verdad de vuestras obras, para que no las abandonéis porque apenas las habéis iniciado. Tened en cuenta que siempre habrá ojos que estén pendientes de cuanto hagáis y bueno será que esas miradas descubran siempre un ejemplo de obediencia hacia mis enseñanzas.

50. A vuestro paso han caído muchas vendas de ignorancia; con vuestra palabra se han apartado del sendero del vicio algunos de vuestros hermanos. Vuestro ejemplo de paz ha servido para que algunos hogares, azotados por el torbellino de la discordia, recobren armonía. Muchos enfermos han sentido sobre sus dolencias el bálsamo que sobre ellos habéis derramado, librándoles del sufrimiento y también habéis fortalecido a muchos corazones contra las asechanzas y peligros del mundo.

51. Entonces, ¿por qué no dais a vuestras obras el valor que ellas tienen? Yo no os digo, que hagáis alarde ni que las publiquéis, no, simplemente quiero deciros que conozcáis en cada uno de los casos en que Yo derramo mi caridad, la trascendencia que aquella luz que pasó a través de vosotros pueda tener en la vida de vuestros hermanos, porque entonces ya no seréis capaces de abandonar vuestras siembras.

52. ¡Sembradores amados! ¡Llevad por el mundo mi paz, en ella existe mi amor, mi caridad, mi verdad y mi bálsamo! Llevad ese bálsamo en la oración, en el pensamiento, en la palabra, en la mirada, en una caricia: En todo vuestro ser y en verdad os digo, que vuestra jornada espiritual en la Tierra, os será pródiga en satisfacciones, mas nunca amarga.

53. Pronto voy a dejar de comunicarme en esta forma, mas os dejaré llenos de mi fortaleza y de mi luz, y así no temeréis quedaros como ovejas entre lobos.

54. Que la ausencia de mi palabra no vaya a ser causa de que os enfriéis, que la desaparición de estas manifestaciones no vaya hacer que os distanciéis unos de otros, por el contrario, que sea entonces cuando más os unáis, para que podáis hacer frente a la lucha y a las pruebas.

55. Todavía está distante el tiempo en que sepáis aproximaros espiritualmente, cuando materialmente os encontréis lejanos.

56. Por ahora todavía necesitáis miraros y oíros; por ahora necesitáis daros calor, fuerza, fe y valor los unos a los otros.

57. Yo os he expresado mi voluntad de que por un tiempo, después de mi partida, continuéis reuniéndoos, para que vuestra preparación os haga dignos de testificar mi presencia espiritual en el seno de vuestras reuniones y ya fortalecida vuestra fe, madurados vuestros propósitos y habituados a buscarme y a recibirme de espíritu a Espíritu, entonces estaréis en condiciones de diseminaros por los diferentes caminos, como sembradores de esta Doctrina que viene a liberar y a elevar al espíritu.

58. Yo siempre acudiré a vuestras reuniones y en ellas derramaré mi inspiración sobre cada entendimiento y desde ahora os digo: “Bienaventurados los corazones que en aquellos días, cuando ya no se escuche mi palabra, al prepararse sigan sintiendo esta misma emoción que ahora les embarga al esperar que descienda mi rayo”.

59. Quiero que sea la paz la que presida vuestras reuniones, para que vuestra meditación sea profunda y os haga descubrir el fondo de mi palabra; pero que nunca la discusión ni la violencia surjan en aquellas ocasiones, porque entonces sólo tinieblas recogeréis.

60. Os doy una llave invisible que cerrará la puerta de toda tentación; pero que al mismo tiempo os abrirá las puertas a la inspiración, pues tened siempre presente que será entonces cuando la revelación del Tercer Tiempo se derrame en plenitud sobre vosotros, porque esta comunicación por medio de mis portavoces ha sido sólo para prepararos.

61. La espiritualidad, el recogimiento y la elevación de vuestro pensamiento serán la llave que os abra la puerta hacia las nuevas revelaciones, en cuya luz encontraréis el esclarecimiento de todos los misterios y de todo aquello que no estuviese definido.

62. Seguiréis trabajando para atraer nuevos congregantes, que luego serán los nuevos discípulos, los postreros, en quienes también derramaré mi Espíritu. Vuestro corazón no se cerrará al dolor de los demás, por el contrario, vuestra caridad será mayor hacia los débiles y los que sufren, hacia los cansados, hambrientos del espíritu y sedientos de amor.

63. Haréis que vuestras reuniones tengan la fuerza espiritual que atraiga a vuestros hermanos, como en este tiempo mi palabra ha atraído y congregado a las grandes multitudes.

64. Vuestra oración hará prodigios en aquellas reuniones, siempre que sepáis unir vuestros pensamientos y tomar como si fuesen propios los casos de vuestros hermanos. Entonces sentiréis cómo se derrama sobre ellos el consuelo, la salud para su cuerpo o su espíritu, la paz para su corazón, la luz que les levante a la vida verdadera.

65. Ante todas aquellas pruebas de mi presencia, vuestro corazón no extrañará la partida de este tiempo, porque tendréis mi palabra escrita para interpretarla con la mayor preparación y la sentiréis profundamente.

66. Surgirán los analizadores de mis enseñanzas, los videntes de mirada limpia y palabra verdadera; practicaréis una forma más espiritual para curar a los enfermos. El bálsamo que en vosotros he depositado, llegará primero al espíritu del enfermo, estimulándole a levantar su cuerpo decaído y enseñándole la forma de vencer los sufrimientos y las pasiones, para recobrar la libertad verdadera del espíritu.

67. Toda vuestra labor será humilde y callada, ninguno dejará germinar en su corazón la envidia ni la vanidad, porque si eso fuere, no veréis producirse el milagro de la comunicación de espíritu a Espíritu, que es lo que debéis principiar a practicar una vez terminada la presente etapa.

68. Así como en estos últimos días de mi comunicación he premiado con mi palabra plena de revelaciones, esencia y enseñanzas, la preparación que para oírla habéis tenido, así, en los días de vuestra comunicación de espíritu a Espíritu, Yo sabré premiar vuestra elevación con inspiraciones y profecías que conmoverán al mundo.

69. El celo, el respeto, la obediencia y la humildad de mis discípulos, será premiada con beneficios espirituales.

70. Tendrán que llegar de otras tierras a preguntaros, qué enseñé y qué anuncié, y entonces repetiréis mis palabras, mas si algunas o muchas de mis enseñanzas se hubiesen borrado de vuestra memoria, recurriréis al Libro que mi inspiración está dictando a aquellos discípulos nombrados, Plumas de Oro.

71. Ese Libro será de todos, sin distinción ni privilegios, así como de todos ha sido mi palabra. Así no será sepultada mi Doctrina en el corazón de unos cuantos y siempre estará dando luz.

72. Desde ahora exhorto a este pueblo, a que sea celoso de ese Libro que pronto llegará a poseer, a que no releguéis al olvido sus lecciones, que sus páginas no permanezcan cerradas. Pensad que en los días de lucha que vendrán, encontraréis en estas lecciones las armas necesarias para la batalla, la adecuada respuesta a las interrogaciones que la humanidad os haga y la solución para vuestras pruebas.

73. Ese Libro ayudará al discípulo de memoria frágil, ayudará también al que sea torpe de palabra, y sólo será necesario que su intención esté inspirada en la caridad y en el amor hacia sus hermanos, para que enmedio de la lectura, en los instantes de repasar mis palabras, haga sentir y saborear mi presencia a quienes nunca me escucharon a través del portavoz. En verdad os digo, que si os preparáis para recibirme en esa forma, hasta los escépticos y los duros de corazón se estremecerán, porque vuestro testimonio habrá sido limpio.

74. Desde ahora os dejo estas recomendaciones que os sirvan para vuestra preparación.

75. Permaneced unidos después de mi partida, analizando y meditando sobre mi enseñanza y veréis llegar el instante en que vuestro pueblo sea fuerte para hacer frente a la lucha.

76. A nadie tendréis que preguntar la hora o el día para levantaros al desempeño de la misión que os estoy confiando. Vosotros sentiréis en vuestro corazón el momento marcado por Mí, como los profetas de los tiempos pasados, que interiormente escuchaban el divino llamado, y ellos, llenos de fe, obedientes a aquel impulso se levantaban a cumplir mi voluntad.

77. La visión de los videntes será muy delicada en aquellos días y muy grande su responsabilidad de orientar, de poner alerta y de estimular al pueblo. Para que a ellos llegue siempre la claridad de mi luz, tendrán que perseverar en la buena preparación, no dejando nunca que la vanidad los aprisione o que la mentira les haga caer en tentación.

78. También habrá en el mundo acontecimientos que serán como señales o avisos, para que reconozcáis la hora de vuestro surgimiento.

79. ¿Qué podréis ignorar para entonces? ¿Qué dudas habrá en vuestro corazón? ¿Qué preguntas podrán haceros que no sepáis contestar?

80. Si mi palabra y toda mi Obra os la he explicado con sencillez, tratándose de lo más profundo que existe en vuestra vida, así, con esa misma sencillez explicaréis mi Doctrina a vuestros hermanos.

81. Seréis entonces un baluarte para los débiles y para los necesitados de luz, quienes buscarán vuestros consejos y solicitarán vuestras oraciones en los momentos de prueba.

82. Hermosos tiempos de lucha para este pueblo, si los sabe estimar y aprovechar y una luminosa oportunidad para vuestro espíritu, que gozará en plenitud de todos sus dones.

83. ¡Cuántos casos de conversión presenciaréis! ¡Cuántas curaciones milagrosas en enfermos del cuerpo o del espíritu! ¡Cómo os recrearéis contemplando a vuestros hermanos que hasta entonces habían caminado como parias, manifestar también los dones que vosotros les enseñasteis a descubrir en su ser! Ellos que se habían creído desheredados al contemplar vuestros dones, confirmarán que todos sois herederos míos y que lo que os doy jamás os lo quito, aunque a veces llegue a retenéroslo a través de mis leyes perfectas de amor.

84. Mirad cómo mi palabra os prepara para que podáis penetrar con firmeza en el tiempo de los hechos, dando un ejemplo de espiritualidad y de humildad.

85. Este es el tiempo de vuestra preparación, porque la humanidad ya está a punto de despertar.

86. Os dejo velando y orando, porque seréis testigos de grandes acontecimientos que conmoverán a todos los pueblos de la Tierra. Veréis las guerras más terribles que hayan tenido lugar en vuestro mundo; veréis la pugna entre diferentes religiones y doctrinas; veréis el hambre, la peste y la muerte arrasar naciones y ciudades, marcando todo ello el final de una etapa, de una Era.

Mas luego veréis el resurgimiento de la vida. Veréis cómo se unen aquellos pueblos que por siglos vivieron como enemigos; presenciaréis la reconciliación de pueblos y de razas, la veréis sellada con el Amor de los unos a los otros. Veréis desaparecer el poder material de las grandes religiones y veréis surgir por todas partes los frutos de la espiritualidad. Muchos hombres, reconocidos como sabios, les veréis confundirse y a los príncipes de la palabra les veréis turbarse sin saber qué decir, porque la luz de la verdad les sorprenderá. En cambio, los que habían sido siempre perseguidos o humillados a causa de su amor a la justicia y a la verdad, verán brillar en el firmamento al sol de la libertad y la justicia.

87. Ese será el tiempo propicio para que el adelanto espiritual de la humanidad se manifieste en plenitud y la vida espiritual que vibra más allá de los hombres, sea verdaderamente sentida por ellos.

88. Será la derrota del materialismo, cuando los hombres que sólo han amado al mundo, contemplen con la mirada del espíritu la Vida Verdadera, cuando los autores de todo el mal que aqueja a la humanidad, arrojen al fuego sus libros, en los que muchas veces negaron la verdad.

89. Yo, que a nadie puedo negarle mi luz, se la daré a todos, abriendo las puertas de los entendimientos a la inspiración, como una invitación a la sabiduría, a la eternidad y a la elevación.

90. Analizad, oh, discípulos, mi Doctrina, y decidid si alguna de sus partes denota retraso, estancamiento o confusión.

91. Cuando vuestra fe sea absoluta en mi palabra, llevadla indeleblemente grabada en vuestro espíritu, para que la espiritualidad esté en cada uno de vuestros actos.

92. Mi palabra os promete el Reino, el que quiero que se establezca en vuestro corazón, para que ilumine vuestra vida y su luz esté en los hogares, en los padres, en los matrimonios, en los hijos y en los hermanos, para que los gobernantes sean magnánimos, los maestros sean sabios y los jueces sean justos.

93. Esta es mi Doctrina, por lo tanto, no permitáis que ella sea confundida con aquellas ciencias a través de las cuales los hombres sólo buscan la manifestación de los espíritus.

94. He llamado a mi Doctrina Espiritualismo, porque enseña la elevación del espíritu y revela al hombre todos los dones que posee para su perfeccionamiento.

95. ¡Cuán pocos son hasta estos instantes los que vislumbran la verdadera esencia de esta Doctrina! ¡Pocos son los que me van comprendiendo! A la mayor parte de vosotros aún los contemplo aletargados en tradiciones y costumbres que ningún beneficio dejan a vuestro espíritu.

96. ¡Cuánto temor veo en muchos corazones cuando se trata de renunciar a esos hábitos, tradiciones y actos que habéis creado dentro de mi Obra! Y cómo sentís lastimado vuestro corazón cuando se os habla de ellos, sin que queráis comprender que por cumplir con esas tradiciones, abandonáis el verdadero cumplimiento de mi Ley.

97. Mirad cómo el culto externo de la humanidad ha sido en todos los tiempos la causa de su estancamiento espiritual, mas no caigáis vosotros nuevamente en ese error, teniendo siempre presente que para progresar espiritualmente y alcanzar el perfeccionamiento, es indispensable que el culto hacia el Padre sea interior, profundo, espiritual.

98. Yo probaré con sabiduría y justicia a mi pueblo, para sacarlo de la ignorancia o de la confusión, Yo lo libraré de caer en fanatismo y para ello, también le probaré.

99. Para amar a vuestros Semejantes, para extender la paz, dar a conocer mi palabra, impartir la caridad y orar por la paz de la humanidad, que es el culto espiritual que de vosotros espero, no necesitáis de actos exteriores, ni en los recintos donde os reunís ni en vuestros hogares.

100. Pensad que mientras no os unáis en una verdadera espiritualidad, vuestra oración no tendrá la fuerza suficiente para hacerse sentir sobre vuestros hermanos.

101. No por estas palabras se vayan a levantar los que se crean limpios a juzgar a sus hermanos porque en verdad os digo, que sólo Yo soy quien puede juzgar, las obras de unos y otros.

102. Tampoco vosotros juzgaréis a vuestros hermanos, aunque llegase la hora de que les vieseis traicionarme, porque recordaréis que Yo os dije, que para juzgar la pureza o impureza espiritual, solamente Yo. No juzguéis, os he dicho, pero sí aconsejad el bien; sí tratad de evitar que vuestros hermanos caigan en tentación, mas si no pudieseis hacer nada de ello, entonces procurad perseverar en la verdad, y día vendrá en que los que se alejaron del sendero retornen a él, convencidos de su error y persuadidos de que habéis sabido perseverar en mis mandatos.

103. Velad y orad para que estéis unidos y en paz. Ya estáis en los últimos días de mi palabra y quiero que cuando llegue el día postrero, os encuentre unidos espiritualmente.

104. Muchas lecciones os he dado para que sepáis impedir que uno de vuestros hermanos se disgregue del pueblo. Comprended que aquéllos que muy poco pudieron escucharme, pueden encontrarse débiles; a ellos dadles fuerza y fe. También entre los que me escucharon mucho, puede haber corazones faltos de firmeza, para que les deis calor y aliento en la jornada.

105. Una vez unificado oh, pueblo, os congregaréis para orar por la paz del mundo, enviando a vuestro espíritu en alas del pensamiento convertido en paloma de paz, sobre las naciones.

106. Nunca esperéis que el resultado de vuestras oraciones sea inmediato. A veces tendréis que esperar un poco, a veces tendréis que esperar mucho y en ocasiones ni siquiera podréis ver la realización de aquello que me pedisteis. Pero vuestra misión quedó cumplida.

107. Seréis sembradores de paz, pero os repito que no esperéis cosechar antes de tiempo. Dejaréis que la simiente germine, nazca, crezca y fructifique, y entonces recogeréis la cosecha, dejando que vuestro espíritu se inunde de satisfacción.

108. Discípulos: Maravillaos de estar aprendiendo todo esto a través de un hermano vuestro, a quien he convertido en instrumento mío, para que todos fueseis testigos de las obras que hace mi poder, convirtiendo a una criatura torpe en un ser espiritualmente útil a todos, y transformando a un pecador en un ser limpio de corazón y entendimiento para transmitir mi mensaje.

109. Yo también os confié a mis portavoces para que les llevaseis al adelanto y al perfeccionamiento, y ahora, en los últimos días de mi comunicación, las congregaciones que supieron llevar a la elevación a sus portavoces, se están deleitando con el sabor espiritual de un fruto maduro cultivado con perseverancia y con amor.

110. Esto no todos lo han sabido hacer, porque a muchos de ellos les habéis descuidado, les habéis abandonado, a otros les han extraído su savia sin consideración ni caridad, y a otros les han cortado verdes del Árbol de la Vida. Ahí tenéis la razón de ese sabor amargo que en lugar de dulzura, muchas veces han recibido las multitudes y de ahí han nacido muchas confusiones, como la de tomar como perfecto lo que ha sido sólo imperfección del portavoz o la de atribuirme a Mí las impurezas, materializaciones o imperfecciones de los portavoces. Después de mi partida, tendréis que apartar del trigo la paja, o sea, que tendréis que apartar todas las impurezas que a mi palabra estuviesen mezcladas, para que podáis llevar por el mundo mi Doctrina.

111. Si os preguntasen: “¿Por qué me comuniqué por conducto de tantos portavoces?” Les diréis, que para entregar mi palabra. Si Yo hubiese venido como en aquel tiempo en Jesús, mi sola persona hubiese bastado; pero que siendo mi comunicación a través de hombres sencillos y rudos y al mismo tiempo muy grande mi mensaje, no pudo ser suficiente un solo entendimiento humano, sino tantos como fuese necesario.

112. Desde Roque Rojas, el precursor de mi comunicación, por quien habló Elías y desde Damiana Oviedo, por quien di mi primera palabra en este tiempo, hasta los últimos portavoces, cada uno de ellos ha manifestado sólo una parte de mi Obra, mas no todo mi mensaje.

113. Así por ejemplo: A través de Roque Rojas os di a conocer que el Tercer Tiempo se abría para la humanidad; os revelé la apertura del Sexto Sello, conteniendo su sabiduría, su juicio, sus dones y el cumplimiento de muchas antiguas profecías, para desbordar su luz sobre todo espíritu y sobre toda carne.

114. El misterio de la Marca o Señal os fue dado a conocer por conducto de aquel varón y os recordé el número simbólico de los escogidos del Tercer Tiempo.

115. Más tarde, por medio de Damiana, os fue revelada la finalidad de mi venida, los dones que cada discípulo llevaba consigo y también la fecha en que mi comunicación llegaría a su término. De aquellos labios brotó la palabra que mi Espíritu trajo en este tiempo, expresándola por medio de sencillas lecciones y pequeñas parábolas, para los primeros párvulos; y también brotó la palabra espiritual de María, como un mensaje de infinita ternura y consuelo inefable para todo corazón atribulado.

116. En Roque y en Damiana, todo fue sólo un principio, una promesa, y con el paso de los años, los portavoces que les sucedieron fueron penetrando más en el secreto de la misión del portavoz, permitiendo que mi palabra se ampliara, que mi Obra se definiera y que los misterios se aclarasen.

117. ¡Cuántos corazones se han fortalecido y se han consolado escuchando mi palabra a través del entendimiento de mis elegidos! ¡Cuántos espíritus se han salvado de las tinieblas oyéndome por este conducto!

118. A mis portavoces que han sabido prepararse, consagrándose a mi servicio, Yo les bendigo.

119. Mas también os digo, que muchos de mis hijos me han vuelto la espalda y me han negado por causa de la falta de espiritualidad de los portavoces. A estos Yo les perdono, dándoles oportunidad de que por sí mismos laven sus faltas.

120. Pueblo amado: Velad y orad hasta los últimos instantes de mi comunicación, para que empecéis con firmeza la nueva etapa de mi manifestación, de Espíritu a espíritu.

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