Enseñanza 355

1. Yo os bendigo, pueblo de Israel, reunido en este tiempo en el Valle terrenal, y bendigo también a los seres que pertenecen a este pueblo y habitan el Valle espiritual; porque ambos en el afán de cumplir su misión, han formado un solo propósito de amar y servir a sus hermanos. Estáis unidos por ese ideal y comenzáis a existir en perfecta armonía unos y otros.

2. Os he enviado a habitar distintas moradas para que desde ellas veléis por la paz y llevéis al espíritu de vuestros hermanos, un rayo de luz y de justicia. Habéis llegado a la Tierra como una parte de ese gran pueblo que me sigue, en la hora de mayores pruebas, como soldados combatientes en esta batalla del bien contra el mal, y al enfrentaros a esa lucha, os habéis sentido fuertes, seguros y ciertos de vuestro destino.

3. ¡Oídme con el espíritu preparado para que podáis comprender mi palabra! No intervenga siquiera vuestra mente, y sed en esta hora de comunicación, toda sensibilidad, atención y fervor, para que llevéis mis palabras como un mandamiento y seáis celosos de vuestro trabajo.

4. Ya estáis convencidos y vais camino de vuestro cumplimiento. Habéis recibido cada una de mis lecciones que satisfacen vuestra necesidad de saber y de penetrar en conocimiento de la vida espiritual.

5. Aprended de Mí, tomad la virtud que necesitéis. Yo soy la Fuente inagotable; mas no creáis que os lo diga con alarde, porque siendo el Creador de todo, vengo a enseñaros la humildad. Pedidme, por lo tanto, cuanto necesitéis para vuestra salvación. Si os hace falta luz para vuestro entendimiento, tomadla; si sois débiles en vuestros propósitos os hago fuertes y os doy la voluntad; si no sentís amor por el Semejante y me pedís esa virtud, os la doy, pero sabed que todas estas potencias y atributos las poseéis desde vuestro principio y sólo están adormecidos en vuestro espíritu, en espera de una voz que los despierte y que los haga vibrar y manifestar en plenitud.

6. Os estoy preparando para que podáis enseñar a la humanidad y transforméis a los materialistas en discípulos míos. Esta palabra dada por conducto del hombre, sólo ha sido oída por una pequeña parte de la humanidad, pero todos recibirán el testimonio vuestro y el Libro escrito por vuestro Maestro, como una herencia para ésta y las futuras generaciones.

7. No quiero ver más ignorancia ni opresión en vuestro espíritu; os doy la potestad para que venzáis todo yugo y gobernéis con acierto vuestro cuerpo y os mantengáis espíritu y materia dentro de mis leyes, para que la última hora de vida que os conceda en la Tierra, veáis concluida vuestra obra y preparado el camino que os conducirá al Más Allá.

8. Esta etapa que vivís es pasajera, es un instante enmedio de la eternidad, por eso os aconsejo que la toméis como una profunda lección, porque es una de tantas enseñanzas que forman el libro de la sabiduría espiritual que cada uno de vosotros poseerá. Recoged en esta vida toda la experiencia y méritos que os sea posible para que acortéis el camino. La senda que tenéis que recorrer es larga y es menester que apresuréis el paso.

9. No arraiguéis en la Tierra más de lo que os dicte vuestra Conciencia; tomad con medida los frutos que os ofrece para que podáis vivir también para el adelanto espiritual. Esta vida con toda su belleza, con toda la riqueza que os presenta, es sólo un débil reflejo de aquélla que viviréis en otros Valles de mayor perfección.

10. Os he dado la Tierra por habitación temporal y al encarnar habéis formado parte de esta humanidad; mas para que seáis el timón de la carne, que dirija sus pasos y ella, como dócil barquilla deje conducirse en este gran océano, os he dado la luz en vuestro espíritu, para que sigáis atravesando la ruta que os he trazado, obediente siempre a las señales que os marcan vuestros destinos, hasta llegar al puerto que os espera.

11. Os he enviado como un rayo de luz al seno de congregaciones, de sociedades y quiero que en ese pequeño mundo en que vivís, reveléis vuestros dones, sirváis a vuestros Semejantes, les ayudéis a resolver los problemas de su vida y los orientéis en su camino. Yo os he colocado sabiamente en el lugar en donde podéis trabajar por el bien de vuestros hermanos.

12. ¡Cuán delicada es vuestra misión, y cómo podéis en un instante de turbación desviar vuestros pasos! Por eso os he aconsejado siempre la oración. Velad y orad os he dicho para que no caigáis en tentación; vivid atentos al dictado de vuestra Conciencia, que siempre os aconsejará rectitud y amor en vuestros actos.

13. Habéis venido a la Tierra para ser mis colaboradores en mi Obra, porque estaba escrito que Yo había de venir rodeado de ejércitos que lucharían Conmigo en este tiempo en contra del mal, y estoy confirmando con hechos mis palabras, grandes ejércitos de seres espirituales unos y encarnados otros, han venido en mi compañía para llevar a cabo esta Obra de depuración y restitución, para volver a su debido sitio a todos los espíritus.

14. Os invito a meditar y a penetrar en arrepentimiento porque es llegada la hora grave, el día solemne en que oiréis por última vez mi palabra y es preciso que arrojéis de vosotros toda impureza, porque os quiero limpios y libres de pecado. Reunid vuestras buenas obras y presentádmelas, porque Yo os he ofrecido multiplicar sus frutos y hacerlos llegar a la humanidad como un mensaje de consuelo, de esperanza y de paz.

15. Yo, al juzgar a este pueblo que es mi discípulo, juzgaré también a las naciones, y dejaré en todos mi herencia de amor: El Tercer Testamento, para que disfrutéis de los dones y gracias de que hago partícipes a todos mis hijos.

16. Esas naciones, cuyos gobernantes han sido severos e inflexibles y las han llevado sin piedad a un abismo doloroso, han soportado el yugo y a pesar de sus sufrimientos, no se ha doblegado su espíritu, no ha elevado sus ojos a Mí, ni me ha pedido la liberación. Aún persisten en su soberbia y su ser orgulloso no ha sabido inclinarse para pedir clemencia. Ha preferido sufrir el dolor de la guerra impía, sin presentir que Yo me estoy manifestando en el sendero de cada criatura para ayudarla a soportar su prueba.

17. No ha querido sentir mi presencia esta humanidad endurecida en el odio, y no sabe que conozco y siento todos sus dolores y que estoy presto a concederle la libertad y el triunfo que anhela. Mas esos bienes que ella espera los daré a su espíritu y no a su carne. Le daré la emancipación sobre su cuerpo, sobre este mundo que tanto lo ha atado. Le haré triunfar sobre el materialismo para hacerlo poseedor de los bienes espirituales; le haré penetrar en ese Arcano de sabiduría que es mi Espíritu, para que en él, calme su sed de conocimientos y pueda poseer la ciencia de la Vida Verdadera.

18. Cambiad vuestras ambiciones de poderío y superioridad por anhelos sanos del espíritu y encontraréis que vuestro trabajo, os proporciona satisfacciones y alegrías legítimas.

19. ¿Cuándo me reconoceréis y formaréis la familia armoniosa y obediente que sepa cumplir con mis leyes? Ya se acerca el tiempo. Después de las pruebas que han de venir todavía sobre vosotros, tornaréis a la paz y haréis del amor y el respeto de unos para otros, un verdadero culto.

20. Yo os estoy juzgando y así como mi juicio es inexorable, mi amor y mi perdón se manifiestan en cada uno de vosotros. ¿Qué haríais si al pesar vuestras obras os condenase y os pidiese irremisiblemente como lo hacen los jueces de este mundo? Mirad que Yo soy vuestro Juez y vuestro Abogado también; comprendedme y reconoced que soy vuestro Padre y por lo mismo os quiero salvos, porque os amo infinitamente a pesar de vuestra debilidad.

21. Las pruebas que afligen hoy a la humanidad y las que han de venir después, templarán su espíritu y lo colocarán en el lugar que le corresponde. Cada criatura expiará sus faltas hasta encontrarse limpia y preparada, para penetrar en la Era de Espiritualidad que ya ha comenzado. Y al terminar este tiempo de purificación, os volveréis a Mí, para darme gracias, no lamentaréis el dolor que habéis apurado y sólo os sentiréis fuertes para luchar por vuestra elevación.

22. Y mientras apuráis vuestro cáliz amargo, no os sintáis humillados ni menospreciados por mi caridad, pensad que habéis sido creados por mi amor, puros, sanos y fuertes, y así tenéis que tornar a Mí.

23. ¡Qué pródiga y larga es la vida que os concedo para labrar en ella los méritos necesarios al espíritu! En esa senda que recorréis, tenéis que demostrar la virtud que es innata al espíritu, mas no a Mí que os conozco y sé de lo que sois capaces, sino a vosotros mismos que aún no os reconocéis.

24. Hoy estáis preparados para comprender mi presente manifestación, porque habéis vivido y evolucionado mucho. Para su estudio y penetración os dejo enseñanzas que forman un precioso legado de amor: El Libro de la Vida. Cada una de sus páginas os revela la sabiduría que he puesto en ellas, tomando vuestro reducido lenguaje y sirviéndome de vuestro entendimiento. Este conocimiento os llevará a comunicaros en forma perfecta Conmigo, cuando vuestra oración no use ya las palabras, sino tome el idioma espiritual, la expresión sincera, la demostración de amor que el espíritu elevado tiene para su Dios y que Yo conozco y recibo con agrado.

Así quiero que converséis Conmigo para revelar el futuro y daros mandatos, y estas profecías y esas órdenes que recibiréis las daréis a conocer a vuestros hermanos. Cuando así os encontréis preparados, vuestros labios que han permanecido atados se abrirán, un gran don de palabra aparecerá y lo que hoy habéis callado se manifestará plenamente.

25. Los que habéis pedido el don de la curación porque sabéis sentir el dolor ajeno, contemplaréis el desarrollo de esa facultad y vuestra oración, vuestra palabra o mirada, llevará el bálsamo a los enfermos. Aquéllos que pedís para este mundo, concordia y fraternidad entre los hombres, llevad esta potestad y sembrad paz a vuestro paso y aún más, enviad vuestro espíritu ahí donde haga falta la paz. Ya se acerca la hora en que todos seréis iluminados y sentiréis latir vuestros dones y manifestarse con toda claridad.

26. En este tiempo, unos habéis escuchado mi llamado cual sonido de una campana sonora que ha llegado a vuestro espíritu, mas otros aún son buscados por Elías por doquier de los caminos.

27. Me habéis buscado en distintos credos y en diferentes ideas, sin encontrar la barquilla salvadora y Yo os digo: “Vengo a enseñaros nuevamente el camino, a daros la enseñanza para que me comprendáis”.

28. De las grandes multitudes que Elías ha congregado en este Tercer Tiempo, unos han seguido caminando en su libre albedrío, mas los otros me han hecho presente su fe y su propósito para seguirme y para trabajar en mi Obra.

29. Llegasteis menesterosos, sedientos y hambrientos, mas os he hecho descansar bajo el follaje del Árbol corpulento, os he sanado, os he dado el agua cristalina y el pan de Vida Eterna.

30. Bienaventurados aquéllos que os habéis levantado llevando la verdad en vuestro corazón, para rescatar a los náufragos de las olas embravecidas del mar.

31. Pueblo: Me he manifestado grandemente por vuestro conducto, os he alimentado con los mejores manjares, os he confiado una joya de incalculable valor, os he dado vestidura de gracia y he puesto calza a vuestra planta para que no sintáis los espinos. Sois el pequeño niño que me decís: “Maestro Divino, llevaré vuestra enseñanza grabada en mi corazón y de ella entregaré a la humanidad, seré vuestro emisario que llevará esta luz al mundo”.

32. El Maestro os dice: Os he preparado y os he confiado mi Ley, para que vosotros imitéis a los discípulos del Segundo Tiempo.

33. Os he entregado la paz, la Luz del Espíritu Santo para que vuestro espíritu no permanezca en las tinieblas.

34. Cuán gratas son las manifestaciones que os he concedido a través del entendimiento humano. La inspiración brota cual antorcha luminosa del fondo de estos corazones. Son las rocas a quienes vengo pulimentando para darles forma y hacer que de ellas broten las aguas más puras y cristalinas. Son el conducto por el cual vengo a entregaros mi palabra.

35. He aquí la fuente, el Árbol corpulento con sus ramas llenas de buen fruto, brindando su sombra al caminante, para haceros descansar de las pasiones, de las ambiciones, de vuestras tentaciones. No seáis los sordos ni los ciegos que escuchando mis palabras no me reconozcáis. Si me escucháis y dejáis que esta luz sea en vuestro espíritu, prestos me comprenderéis y sabréis pedirme por aquéllos que no me han reconocido.

36. Volved a la espiritualidad y veréis que la tiniebla de vuestros pensamientos se apartará y serán iluminados con una bella luz, recibiréis mi inspiración de Padre y sentiréis mis vibraciones para que seáis como un espejo limpio ante la humanidad. Entonces en vuestros rostros se dibujará la alegría y la bondad para los demás.

37. Bienaventurado aquél que al hacer la caridad no haga alarde, porque estará formando un tesoro en el Más Allá. No esperéis ningún pago por lo que entreguéis en mi Obra; dejad que sea Yo quien os recompense por vuestras obras.

38. Nuevamente os digo, que os Améis los unos a los otros, porque aun cuando sois de diferentes razas y colores, ante mi Espíritu sois un solo hijo.

39. Sois los espíritus que brotaron de mi Seno, los que vengo a entregaros mi caricia y cual Maestro os confío la enseñanza para corregir vuestros errores y convertiros en mis discípulos.

40. Si os hice una promesa en el tiempo pasado, hoy vengo a cumplirla; vengo nuevamente a libraros del dolor a que os habéis hecho acreedores y a recordaros que debéis Amaros los unos a los otros, de nación a nación, de un mundo a otro.

41. Por eso os he llamado, pueblo, para que seáis el mensajero de mi paz, de mi luz y de mi amor en todas las naciones. Vosotros sois mis enviados que haréis sonar la trompeta a cuya voz despertará la humanidad; seréis como una campana espiritual cuyo llamado repercutirá en cada espíritu y en cada corazón. Así os vengo preparando para que seáis el pueblo que llevéis la bienandanza a todos los lugares de la Tierra.

42. Bienaventurado el que pierda su vida humana en el cumplimiento de su misión, porque su espíritu vendrá a Mí lleno de gozo y de triunfo.

43. Después de 1950, Yo seguiré comunicándome con vosotros de Espíritu a espíritu; vuestra misión no terminará entonces. Practicaréis mis enseñanzas y seréis a imitación de vuestro Maestro esparciendo mi Doctrina; seréis los buenos discípulos que enseñéis con el ejemplo y daréis la Buena Nueva a la humanidad.

44. Daréis a conocer mis enseñanzas que escritas han sido por las Plumas de Oro, con toda limpidez y claridad, y con todas estas páginas formaréis un Libro para darlo a conocer a los hombres. Es el Tercer Testamento dictado por el Padre en este tiempo como Espíritu Santo a través del entendimiento del hombre, en él vengo a daros mis enseñanzas sílaba tras sílaba, para que las analicéis y las pongáis en práctica. Corto es el tiempo en que hablaré en esta forma, mas si estáis preparados y vuestro corazón es un Santuario para mi Divinidad, Yo moraré en vosotros.

45. Vengo a daros mi enseñanza para que seáis los hijos de la luz, vengo a daros mi sabiduría para que el mañana os convirtáis en los maestros; porque vosotros recibiréis a esas multitudes que están cansadas, hambrientas y sedientas, que sólo han apurado el cáliz de amargura. A vosotros, mis discípulos, os toca apartar de sus labios ese cáliz amargo, entregarles la dulzura y la paz y guiarles hacia el puerto de salvación. Levantaos formando un solo cuerpo y llevando una misma voluntad para amarme y servir a la humanidad.

46. No contempléis su mancha y su pecado, porque desde el Segundo Tiempo os he enseñado a perdonar. Recordad que cuando ante mi planta se postró la pecadora, dije a los que la juzgaban: “Aquél de vosotros que se encuentre limpio de pecado, que arroje la primera piedra”. Entonces aquéllos se quedaron confundidos, porque escucharon la voz de la Conciencia; y cuando aquella mujer levantó su vista, le dije: “¿Dónde están los que te acusan? Vuelve a tu hogar y no peques más”. Así vosotros discípulos amados, no juzguéis a vuestros hermanos, porque sólo Yo puedo juzgar vuestros actos.

47. El espíritu tiene que llegar a Mí, blanco cual copo de nieve. Preparaos, pueblo bendito, para que después de que ya no recibáis esta palabra, no os sintáis huérfanos, sino que me llevéis en vuestro corazón y podáis comunicaros Conmigo de espíritu a Espíritu.

48. A través de los tiempos os he señalado el camino, he iluminado a vuestro espíritu, para que unidos os encontréis en mi Obra divina.

49. Unos habéis cumplido con la Ley que en este Tercer Tiempo he venido a ratificar por conducto del entendimiento humano. Habéis sido el ejemplo que he mostrado al mundo, mas los otros os habéis estacionado en el camino.

50. Me preguntáis: “Maestro, ¿cuál es el camino que debo seguir para hacer méritos en mi vida?” Y el Maestro que es incansable aleccionándoos para que no llevéis ignorancia os ha dado luz, os ha inspirado y os ha hablado a través de vuestra Conciencia, para que trabajéis en mi campiña.

51. Yo os entrego en abundancia los frutos del Árbol corpulento para que os sintáis fortalecidos, para que seáis luchando y trabajando incansablemente.

52. Me he derramado en caridad sobre vuestro espíritu para que nada os haga falta, he mitigado vuestra sed y vuestra hambre con la esencia de mi palabra y os he confiado en vuestras manos mi Obra cual joya de incalculable valor.

53. Los unos habéis transitado en el camino de la luz y en él os habéis recreado, los otros habéis caminado por las veredas del dolor y el cansancio os ha sorprendido en vuestra vida.

54. He llamado a mis escogidos sin contemplar en ellos razas ni colores, ni clases ni posiciones; sin ver si han cultivado su inteligencia o son los entendimientos rudos y torpes; les he entresacado del mundo y les he preparado con mi luz y con mi gracia para manifestarme por su conducto; he llamado al varón, a la mujer, a los niños y a los ancianos que cansados y desengañados del mundo se encuentran. A las mujeres que han apurado un cáliz de amargura, les he limpiado, les he consolado y las he convertido en mis siervas; a la juventud que en este Tercer Tiempo se pierde con la perversidad del mundo, le he marcado un límite, le he brindado los manjares de mi mesa y le he invitado a engrosar el número de mis trabajadores, de mis discípulos en este tiempo.

55. Os habéis consagrado a mi servicio y me pedís os ayude para llegar al final de la jornada. Yo os aliento, os ayudo y fortalezco a vuestro espíritu y materia para que lleguéis a Mí.

56. Os he rescatado cuando prestos habéis estado a caer en los abismos y ser presa del lobo hambriento. Los unos reconocéis mi gran amor hacia vosotros y glorificáis mi Nombre, mas los otros sólo me hacéis presente el dolor que os habéis labrado.

57. Algunos me pedís alargue los días de vuestra existencia en la Tierra para estar a mi servicio, mas los otros me presentáis vuestra planta cansada y vuestro corazón lacerado por las vicisitudes de esta vida, y os digo: A todos os he enviado a morar en este planeta, para que hagáis obras meritorias para la escalidad de vuestro espíritu.

58. De cierto y en verdad os digo: He venido a salvar a los pecadores. Los unos lleváis propósito de practicar mis enseñanzas, mas los otros camináis a vuestro libre albedrío y me hacéis presente vuestro dolor y como Padre os digo: Reconoced, mis hijos, que no practicáis mis enseñanzas y por ello os sorprende el dolor, cuando esta no es mi voluntad. Ved a Elías, cual incansable pastor, que os busca por las veredas, por los breñales, para atraeros nuevamente al redil.

59. Él os hace descansar en sus brazos de pastor y os acerca a mi presencia. Entonces intercede por su rebaño para que recibáis nuevamente mi caridad, mi perdón y mi bendición.

60. ¿Qué me pedís en este día? ¿Qué necesitáis que Yo no haya de concederos? Me decís que os perdone y que os aliente en la lucha, también que habéis sufrido y que necesitáis consuelo. Nada pasa desapercibido para Mí, he seguido vuestros pasos y penetro como ladronzuelo en vuestro corazón para conocer todo lo que hay en vuestro interior. Todo lo que me pedís, sea con vosotros.

61. Los que buscáis mi presencia en Espíritu, no necesitáis hacer un culto exterior, ni presenciar ritos y ceremonias. Venís a estos recintos humildes, en donde ha sido mi voluntad reuniros para haceros oír mi palabra y ahí os eleváis para encontrarme.

62. Vengo buscando espíritus de buena voluntad que imiten a mis apóstoles del Segundo Tiempo. Hoy no he venido a encarnar y mi manifestación es sutil, por ello debéis prepararos y purificaros para que podáis percibir toda señal o indicación mía.

63. Imitad a Elías, el pastor incansable que lucha y prepara el espíritu de la humanidad. Ayudadlo en su difícil tarea y gozad descubriendo vuestros dones. Abrid las pupilas del espíritu y mirad desde este mundo la perfección de otros Valles espirituales.

64. Dadme el tributo de vuestro cumplimiento como lo hacen los seres elevados, los justos. No escudriñéis superficialmente mi Obra, porque no la comprenderéis, ni descubriréis su perfección. Tomadla como el Tercer Testamento que dejaré a la humanidad y recordad que en los tiempos pasados os hablé con el mismo amor. Jehová, con su voz de justicia hablando al pueblo en el Primer Tiempo; Jesús después con su palabra redentora; y hoy el Espíritu Consolador, han conducido al espíritu humano por un solo sendero. Es el mismo Espíritu Divino el que ha vibrado sobre vosotros en todos los tiempos.

65. No digáis que me amáis sólo cuando habéis recibido alivio a vuestras penas y os alejéis después. Mirad cómo las flores conservan su belleza y su perfume, aunque el tiempo sea inclemente. Así vosotros, amadme, tanto en los días de paz, como en los de prueba.

Parábola:

66. “Se encontraba un mancebo dentro de una barquilla en un mar embravecido, mas a pesar de la fuerza de las olas, la barquilla permanecía serena. Aquel mancebo encontró en la medianía de ese mar a doce humildes hombres que parecían cual náufragos; los llevó a su barquilla y les dijo: “Yo os conduciré hacia el puerto y os daré lo que os hace falta”. Aquellos hombres se pusieron de hinojos ante su salvador y le dieron gracias; mas en su espíritu se sintieron indignos de estar con él.

Al contemplarles así, el mancebo les dijo: “Vengo a salvar a los pecadores, he venido a buscar a los pobres para enriquecerlos con mi gracia, busco a los enfermos para darles la salud”. Al escuchar estas palabras aquellos náufragos, reconocieron quién era aquel mancebo que les había salvado de perecer en las olas embravecidas del mar. Entonces le dijeron: “Señor, la luz de un nuevo día es con nosotros y con todos los menesterosos”. Aquel joven les dijo: “Voy a enseñaros a cruzar este mar embravecido”.

Entonces quedaron maravillados aquellos doce que habían sido salvados cuando contemplaron que al paso de aquella barquilla las olas embravecidas, se tornaban en mansas y obedientes ante la voz de su salvador. Aquellos náufragos, que habían desconocido un mandato, una Ley y que se habían convertido en los pecadores y en los menesterosos, penetraron en arrepentimiento y le dijeron: “Señor, dadnos nuevamente vuestra enseñanza”. Entonces el Señor, les mostró un libro abierto en el que estaba escrita una enseñanza perfecta y les dijo: “Voy a confiaros esta barquilla para que salvéis a los náufragos”.

Ellos recibieron con regocijo aquel mandato y prometieron ser obedientes para cumplir con esa misión. Al paso de aquella barquilla los que perecían en aquel mar eran salvados y aquellos varones se maravillaban, convencidos del poder que aquel Señor les había confiado”.

67. De cierto os dice el Maestro: Os he llamado en este Tercer Tiempo cuando el mundo alimenta su tercera altura de perversidad, para salvaros en esta barquilla, con esta Doctrina que os he confiado para que vosotros la mostréis a la humanidad.

68. Después de este tiempo de enseñanzas, quedaréis facultados para desempeñar vuestra misión en el mundo. Iréis acompañados de vuestros ángeles guardianes y llevaréis la fe y la rectitud como normas. Seréis inflexibles combatiendo la ignorancia, mas también usaréis la caridad y la paciencia en vuestra delicada tarea de enseñar y de corregir.

69. Yo entiendo vuestra oración, escucho vuestras peticiones y sé vuestros anhelos y esperanzas y os digo: No temáis, nada os faltará, tendréis para vuestro cumplimiento espiritual todos los elementos necesarios y para la conservación de vuestro cuerpo os daré lo que habéis de menester.

70. Yo os bendigo en esta alba de gracia. Vuestra oración sincera sea como un manto que envuelva a las naciones, como Yo las bendigo ahora y para siempre.

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