Enseñanza 335

1. Hoy desciende mi Espíritu una vez más sobre el Israel espiritual. Me manifiesto a vos, pueblo amado, por medio de mi Rayo universal y os hablo como Padre y Maestro, como Amigo y también como Juez. Estoy presente en todos y escucho en vuestra oración, hasta la más íntima petición que me hacéis.

2. Me recreo al contemplar que los espíritus encarnados van descubriendo la verdadera comunicación con su Padre, van dejando tras de sí, los antiguos ritos, las diversas formas que usaban para buscarme, para rendirme culto y van adelantando con firmeza en la senda espiritual. Sois vosotros, humildes congregaciones, las que estáis recibiendo en este tiempo estas comunicaciones y en ellas mis grandes lecciones.

3. He reunido un gran número de espíritus que pertenecen al pueblo escogido, no por la raza; sabed que no vengo buscando razas a las que pertenezcáis o hayáis pertenecido en los tiempos pasados, busco al Israel espiritual a quien he confiado una misión, porque es entre los demás pueblos de la Tierra, el primogénito a quien legué mis pasados Testamentos.

4. Vos, que habéis sido depositario de la gracia y de las revelaciones, recibisteis el mandato de llevar la luz a todos los seres, de ser faro para los que van errantes por el mundo, ignorantes o indiferentes, a vos, que habéis sido mi profeta, mi testigo, mi emisario y mi confidente os he llamado una vez más, para llevaros a continuar vuestra misión y que en ese cumplimiento logréis perfeccionar vuestro espíritu.

5. A pesar de vuestra fidelidad y de vuestro amor, os digo sin reproche: No habéis cumplido todavía con mis pasadas lecciones. Habéis poseído la luz, la paz y bendición que os di para los pueblos hermanos vuestros y no habéis compartido con ellos estos dones. Mirad que para haceros dignos de alcanzar este cargo, habéis pasado por las grandes luchas del espíritu y de la materia, por las contiendas del pensamiento y las batallas de este mundo, para adquirir el temple, la resolución y la experiencia necesaria. Mas si os he dicho que no habéis cumplido mis mandatos, no quiero restar mérito a vuestras obras de los tiempos pasados. Son esos méritos los que os hacen merecedores de la gracia de tenerme entre vosotros en esta manifestación espiritual.

6. En la esencia de mi enseñanza encontraréis la presencia de vuestro Dios. Esta palabra es la misma que escucharon los profetas, la misma luz que inspiró a Moisés para que reuniera al pueblo escogido y lo preparase para la comunicación con su Señor.

Yo descubro entre vosotros a los primeros Israelitas, los que marcharon al frente en la jornada del desierto en el Primer Tiempo. A los valerosos y esforzados hijos de Judá; a los fieles levitas celosos del culto de Jehová; a los infatigables hijos de Zabulón, encargados de conseguir el sustento para la caravana, y así a todos los que me dieron grandes pruebas de fidelidad, de amor y de confianza.

7. Mi mirada se detiene también con amor en aquellos que supieron esperar al Mesías, en el Segundo Tiempo. En los mártires, a quienes la espada del verdugo no pudo arrancar la creencia de que Yo me había hecho hombre, para redimir al género humano.

En este pueblo se encuentran mis discípulos y mis testigos de todas las Eras y después de este tiempo de comunión perfecta con su Señor, cuando mis enseñanzas concluyan por este medio que he elegido, mi Espíritu vendrá en plenitud sobre todos mis hijos y cada uno de vosotros sentirá que sus dones y potencias se desarrollan, para asombro de sus hermanos y aun de vosotros mismos.

8. Brotarán de vuestro espíritu vigorosos y fuertes vuestros dones, no como adorno que fuera motivo de vanidad, sino como virtudes y ejemplos que mostraréis a la humanidad, en vuestros pensamientos, palabras y obras de amor, todos ellos revelando la más grande humildad y mansedumbre. El don de la profecía se desarrollará grandemente entre vosotros. Los hombres de ciencia os interrogarán sobre el futuro, acudirán a vuestras reuniones para oír vuestros testimonios y hacer frente a las graves pruebas y resolver sus conflictos que se les presentarán.

9. Ahora sois pequeños en vuestro desarrollo, aún dudáis de vuestros dones y cuando palpáis algún prodigio que os concedo por vuestra meditación, lo atribuís a otra causa. Mas llegará el instante en que os identifiquéis Conmigo y entonces vuestra confianza será absoluta. Comprenderéis vuestros dones y atributos y con ellos daréis testimonio de vuestro Maestro.

10. En verdad os digo, que Yo soy quien os entrega la profecía. Esta no ha brotado jamás del hombre, éste solamente ha sido un conducto. La profecía viene de Mí y Yo os concedo hasta cierto límite la posibilidad de interpretarla; pero aquéllas que encierran mayor sabiduría, sólo Yo os las esclarezco. Cuando vosotros habéis tratado de analizar sin estar preparados, habéis caído en falsa interpretación.

11. Yo os anuncié los acontecimientos que hoy miráis verificarse. Es este un tiempo de gran cumplimiento. Son los hechos los que han venido a dar la interpretación de todos los anuncios que os di en el Primero y Segundo Tiempos por medio de mis profetas, pero ya los hombres habían interpretado, unos justamente y otros erróneamente.

Las profecías que concedí al alcance del análisis humano, han sido bien comprendidas, pero aquéllas que solamente al Maestro correspondía analizar, interpretar y darles cumplimiento, Yo he venido a aclarar con acontecimientos y pruebas.

12. Este es un tiempo trascendental para la humanidad, tiempo en que el hombre despertará por medio de diferentes pruebas que os hablan de mi amor a vosotros. Quiero encontrar vuestro espíritu limpio y vuestra boca digna de dar a conocer mi enseñanza. Para ello os revisto de humildad, para que seáis sencillos, aun poseyendo dones, que despierten la admiración de los que os conocen.

13. Dejad que la profecía pase por vuestro espíritu y materia, aunque no la entendáis; vuestro deber es darla a conocer. Serán otros los que comprendan mejor lo que vosotros testifiquéis, mas cuando ni unos ni otros alcancen a penetrar en el verdadero sentido de mis profecías, vendré en vuestra ayuda para deciros: “Si ha sido muy grande y sabia la profecía que os he entregado, es que es muy grande la revelación que quiero hacer a la humanidad, para llegar a su meta. Yo concedí a mi escogido este miraje y Yo os doy su interpretación”.

14. ¿Creéis que Joel, uno de los grandes profetas del Primer Tiempo, comprendió lo que anunció a las multitudes? Recordad que dijo: “Y sucederá que vendrán tiempos en que vuestros hijos profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos tendrán sueños reveladores. Habrá maravillas en el cielo y grandes señales en la Tierra. El Sol se pondrá negro y la luna como sangre; de la tierra subirán vapor y humo y en ese entonces estará muy presto a llegar el gran día del Señor”.

15. El profeta no comprendió la trascendencia de lo que habló, pero lo hizo con verdad; fue el conducto y un portavoz mío, su espíritu era limpio y su boca digna y la profecía fue como el agua cristalina que brota del manantial y no se mancha a través de su cauce. Así llegó aquel mensaje al corazón de los hombres y se conserva limpio. Unos lo han interpretado en una forma, otros en otra y en verdad os digo, que ese gran día profetizado está próximo a llegar y los acontecimientos están justificando las palabras del profeta.

16. Abrid vuestros ojos y preparad vuestro espíritu para que analicéis los sucesos, y veréis que las señales anunciadas desde aquellos tiempos, surgen claras, precisas y los hechos mismos os muestran la explicación y el cumplimiento de aquellas palabras; es la interpretación que Yo he dado a mis profecías.

17. Así os preparo, discípulos amados, para el cumplimiento de vuestro delicado cargo, que vuestros labios sólo hablen verdad, para que veáis vuestro camino abierto, y si hablando y testificando la verdad, no sois creídos, ni comprendidos ni amados, dejadme esa causa y no lloréis, seguid siempre adelante y no calléis jamás. Dejad que vuestra boca hable confiadamente, valerosamente, siempre cumpliendo su misión, todo vuestro ser estará preparado para derramar emanaciones de paz, no sólo en vuestras palabras, sino en vuestros pensamientos y mensajes espirituales.

18. ¡Cultivad la paz, amadla y difundidla por doquiera, porque de ella cuán necesitada se encuentra la humanidad! No os dejéis perturbar por las vicisitudes de la vida, para que os conservéis siempre fuertes y prestos a dar lo que poseéis. Esa paz que es patrimonio de todo espíritu, ha huido en este tiempo para dar paso a la guerra entre naciones, destruir instituciones y anonadar a los espíritus. Es que el mal se ha enseñoreado del corazón humano; el odio, la ambición insana, la codicia desenfrenada se extienden haciendo daño, pero cuán breve será ya su reinado. Yo os anuncio para vuestra alegría y tranquilidad, que ya está próxima vuestra liberación, que en pos de ese ideal trabajan multitud de seres anhelosos de respirar un ambiente de fraternidad, de pureza y de salud.

19. ¿Qué haréis vosotros mis discípulos en esta gran contienda que ya ha dado comienzo? ¿Cuáles son vuestros propósitos? Miro en el fondo de vuestro ser un inmenso afán de luchar, de dar a conocer mi enseñanza, sabedores de que ella es la mejor guía para la humanidad. Luchad por vuestra paz y reivindicación moral y espiritual, y cuando os sintáis fuertes en el bien, llevadlo por doquiera, que él caerá como rocío fecundo en el corazón de vuestros hermanos.

20. Orad y que vuestra oración sea bálsamo en los que os rodean y en los ausentes; en los que habitan vuestro mundo y también en los que viven más allá de él, necesitados de consuelo.

21. Voy a dar un aliciente a mi pueblo y éste es: Todos aquellos espíritus que en la contienda dolorosa de la guerra pierdan su cuerpo, serán atraídos al Valle espiritual y ahí quedarán en espera de vuestra oración para alcanzar luz y conocimiento, y en esta hora en que el pueblo se une en una fervorosa y sentida oración, esos seres serán sorprendidos por ese himno espiritual, y oirán vuestra voz que les invita a seguir adelante y no se turbarán ni un solo instante. La luz será clara y desde esa hora se levantarán a luchar por su elevación.

22. Las pruebas que esperan a la humanidad después del año de 1950 serán muy grandes, tendrá que beber cálices muy amargos y sufrir golpes muy duros; pero todo esto será para que despierte de su sueño, ahora que se encuentra dormido su espíritu para su perfeccionamiento y verdadera misión.

Todas esas pruebas que reciban los hombres en este tiempo, serán llamados que les hago para que mediten y reflexionen sobre sus cargos, porque ha mucho tiempo que los espíritus pasan de la Tierra al Valle espiritual y de éste nuevamente a la Tierra, sin aprovechar sus reencarnaciones; y esta gracia, esta prueba de amor y de justicia que les concedo, dándoles nuevas vidas en este mundo no es para que la desperdicien: No os permito volver a la Tierra sólo para que os alimentéis de sus frutos, sino para que luchéis por vuestra elevación y conquistéis el Reino que os he prometido.

23. Yo llamaré por primera vez con dulzura para ayudaros a disponeros a la lucha, mas si no comprendéis esa voz, llamaré con severidad y os tocaré de nuevo, mas si no acudís, vendrá la justicia en plenitud a despertaros para que abráis los ojos y contempléis la luz de un nuevo día.

24. Os prevengo así, para que no os confundáis cuando veáis que se desatan nuevas guerras, que multitud de seres perecen día por día, bajo diferentes accidentes ante vuestra vista. Cuando no podáis penetrar en la razón de esas pruebas que estremecen vuestro corazón, pensad que cada espíritu ha venido a la Tierra a restituir a sí mismo lo que antes se había negado, y que hay seres tan aletargados que sólo una prueba así, los despierta.

25. ¡Cuánto os amo y no quiero el dolor para vosotros! Esas criaturas que no encontraron en la Tierra ese consuelo y bálsamo, al instante de llegar al Valle espiritual, lo reciben de Mí para ser conducidos al Más Allá. Yo se los doy porque soy el Pastor inseparable de mis hijos, todo su dolor repercute en mi Espíritu, toda la sangre derramada en sus guerras sin razón, cae en el hueco de mis manos, todas las lágrimas de la humanidad empapan mi rostro. Hasta el ser más escondido y oculto para vosotros, está muy próximo a Mí; Yo os contemplo con amor a todos por igual. Esas criaturas que vosotros miráis con repugnancia, Yo las levantaré de su miseria y las puliré para que de ellas brote agua cristalina de regeneración, de arrepentimiento y de amor.

26. Os hablo en múltiples formas, porque necesitáis estar preparados para hablar como ya lo habéis hecho. Gozáis al oír mis enseñanzas y os sentís cada día más cerca del Padre. Reconocéis que es una dicha existir para ser amados por vuestro Padre; que es una satisfacción para vosotros haber pasado por las grandes pruebas a las que Yo os he destinado, porque cada una de esas pruebas es un peldaño que os acerca a Mí.

27. He llamado a muchos de mis hijos para darles diferentes cargos, diversas misiones dentro de esta Obra y os los he dado según vuestro adelanto y vuestros dones, y con todos he formado mi pueblo, mi nuevo apostolado. A unos les he dado cargo de Guías y para que su tarea no sea dura y penosa, he dividido al pueblo en congregaciones; a otros he confiado el don de Portavoces, para que trasmitan mi inspiración hecha palabra humana a estas multitudes que se reúnen para recibir este prodigio. He dado el privilegio de la Videncia a algunos para haceros profetas y anunciar por su conducto lo que ha de venir. También han recibido la misión de Columnas aquellas que han de ayudar al pueblo en su peregrinaje y han de ser de los guías como un cirineo que ayude a soportar el peso de la cruz de sus multitudes.

28. Otros han sido agraciados con el don de Facultad y éstos como instrumentos del Mundo Espiritual, han sido preparados para trasmitir sus mensajes, el análisis de mi Obra y también como poseedores del bálsamo de curación, del consuelo para los enfermos, para que unidos, derramen caridad en los necesitados, por medio de sanas emanaciones espirituales. He nombrado Pluma de Oro, al que ha de imprimir en el Libro que he de dejaros, mis revelaciones, enseñanzas y profecías de este tiempo. He dado el cargo de Piedra Fundamental a aquéllos que han de ser ejemplo de firmeza, de estabilidad y fortaleza entre el pueblo. En éstos, su palabra, su consuelo y ejemplo será invariable, como lo es la roca, y ahora que se encuentra en su final esta etapa de mi comunicación, estoy juzgando todos los cargos, y a todos aquellos que fueron escogidos para recibir tan grandes misiones, les estoy haciendo un llamado para que penetren en profundo estudio y conozcan el resultado de sus obras. Yo a todos acompaño en esta hora de meditación.

29. No temáis, no me he equivocado al escogeros, Yo os conozco y sé de lo que sois capaces, Yo sabía quiénes debilitarían en la jornada. Soy vuestro Padre y a todos he dado oportunidad de trabajar en mi Obra, a todos he ofrecido el mismo manjar, para que todos os sintáis amados en la misma forma, con el mismo derecho de ser mis discípulos y poseer la misma heredad.

30. Ya sabía que unos cumplirían mis mandatos y obedecerían muy pronto mis palabras. Otros tardarían en descubrir sus faltas y corregir sus yerros, pero sus dones permanecen latentes en el espíritu en espera de su despertar, porque todos habréis de llegar a Mí; la comprensión será en todos. Llegaréis a ser perfectos y estaréis Conmigo a mi diestra. Mas para que lleguéis a Mí, es menester que os dispongáis a dar cumplimiento a mi Ley, y toméis el camino con humildad y sumisión de espíritu. Velad y orad en estos breves días en que me tendréis en esta forma y haced que vuestro corazón se conmueva ante mi palabra, para que brote de vuestro ser un anhelo de obediencia, de unificación y de amor.

31. Pronto se levantarán los emisarios llevando misivas y su estandarte será mi palabra y mis mensajes que habéis recibido. Yo os preparo para que os levantéis en misiones de paz y buena voluntad, porque quiero encontraros dispuestos en ese día solemne en que he de daros mis últimas palabras.

32. Desde ahora os anuncio que mi última lección no será de mayor duración que éstas que os estoy dando, será tan breve como todas las que os he dado, porque mi gran lección final abarca la de los tres últimos años, es el Libro que he escrito sobre vuestro espíritu con fuego de amor de mi Espíritu, en el cual he resumido todo cuanto os he revelado desde 1884; en él os he hablado del principio y aun antes del principio de la Creación, de la evolución del hombre desde los primeros tiempos hasta el presente.

En este Libro os he hablado de todas mis lecciones dadas a vosotros, a través de las grandes Eras pasadas y de vuestras pruebas; en este Libro he reunido las revelaciones de todos los tiempos transcurridos y aquellas del futuro, sin interpretación y sin cumplimiento. Ahí también encontraréis la preparación para vuestro espíritu en su trayecto, ahora en la Tierra y después en el Valle espiritual.

33. Mi última lección, quedará concluida el último día del presente año de 1950, pero no será mi última comunicación con vosotros, porque os he enseñado en todos los tiempos a orar y a hacer comunión espiritual Conmigo. Vosotros los hombres y todos los seres que habitan las diferentes moradas, tenéis acceso en mi Espíritu y Yo habito en vosotros. No vayáis a sentiros distantes de Mí, no sintáis el vacío o el silencio cuando esta palabra cese; seguid oyendo el concierto armonioso y constante de vuestro Padre, gozad con mi presencia para que meditéis y estudiéis mi Obra.

34. Es menester que reunáis toda vuestra fuerza y conocimiento espiritual antes de levantaros a difundir esta enseñanza y cuando os encontréis reunidos en torno a mi palabra, orando y meditando, sentiréis mi presencia. Los niños se conmoverán, los videntes advertirán también las señales precursoras de mi presencia y Yo me manifestaré en forma sutil; todos los que se congreguen me sentirán y esas reuniones tendrán solemnidad; habrá un ambiente espiritual que os dará paz y confianza en el porvenir. El Mundo Espiritual también vendrá a vosotros sin tocar vuestro cerebro y acudirá doquiera lo llaméis para ayudaros en vuestras pruebas y seguir derramando sobre este mundo su caridad y protección; él velará para que no haya turbación en vuestra mente ni malas interpretaciones o determinaciones injustas. Y cuando este tiempo de preparación haya pasado, no olvidéis vuestras reuniones, porque si bien sabéis que Yo me manifiesto en cada uno de vosotros separadamente, me place encontraros reunidos orando y ocupados en vuestro ejercicio espiritual.

35. Recordad aquella fiesta de Pentecostés, celebrada por mis apóstoles después de mi partida. Sus espíritus atentos esperaban mi manifestación y cuando unidos en un solo pensamiento se encontraban, descendió mi Espíritu y puso en sus bocas el verbo, y todo su ser fue iluminado para que se comunicasen con los hombres de diferentes idiomas y creencias.

36. Por eso quiero entre vosotros esas reuniones, siempre, oh, discípulos; siempre que podáis congregaros, hacedlo en mi Nombre y Yo estaré presente revelándoos el contenido de mi Arcano. Os confío todos los instantes y días de vuestra vida para que dediquéis de ellos un momento para vuestra elevación; pero una vez más santifico el séptimo día para que en él penetréis en comunión Conmigo y el resto sea para Amaros los unos a los otros y llevar a la práctica todo aquello que hayáis comprendido bien de mi enseñanza; no será preciso de recintos especiales para vuestras reuniones, lo mismo será para Mí vuestro hogar, la humilde alcoba vuestra, el valle o la montaña, la ribera de un río o el desierto.

37. Os aconsejo que no pregonéis entre la humanidad que sois mis discípulos, que no lo diga vuestra boca, sino que hablen vuestras obras; no digáis que sois Israelitas por el espíritu, el mundo reconocerá al Israel espiritual, cuando éste unificado en la misión de hacer la luz en los espíritus, de llevar la paz a los corazones para ser como Yo dije a Jacob en sus sueños, en sus revelaciones: “Yo te daré un linaje tan grande, tan numeroso, como el polvo de la Tierra, como las estrellas del cielo, como las arenas del mar y en tus descendientes serán benditos los pueblos de la Tierra”.

38. Todavía en Israel no han sido benditos los pueblos de la Tierra, porque éste me presenta un cisma, como ocurrió en el Segundo Tiempo. Los unos viven para la materia, los otros para el espíritu, unos forman un reino y otros otro; veo que unos viven para el mundo y su oro, y otros me buscan y son felices en su pobreza.

Mas cuando Yo haya reunido a este pueblo, a esa gran legión de espíritus responsables de la paz y de las revelaciones divinas, entonces este orbe y aun los Cielos se conmoverán, porque su unión ejercerá tanta fuerza, tanta influencia sobre el mundo, que no habrá quien no la sienta. Vuestra misión será conocida y vuestro mensaje que os confío desde ahora, reunirá el Testamento que he legado a la humanidad en los Tres Tiempos.

39. Haced que vuestro espíritu sea como un cofre que guarde todo cuanto os he confiado, porque el camino que vais a recorrer tiene partes escabrosas, tiene abrojos y espinos, pero también hay trechos en donde los árboles y las flores harán amable vuestra jornada, y así caminando os sorprenderá el día de vuestra unificación, el día de vuestra redención y paz eterna, cuando hayáis llegado al final de vuestro cumplimiento.

40. Por ahora, orad por los distantes y en los cercanos desbordad vuestro corazón; sanad a los enfermos, derramad consejo en los necesitados, volveos todo consuelo y bálsamo entre la humanidad doliente. Cuando paséis junto a un extraño a quien no podáis dirigir palabra alguna, pero sintáis conmovido vuestro corazón y vuestro espíritu eleve su oración, presentándome el sufrimiento de aquel hermano vuestro, Yo le daré lo que necesita, porque habéis depositado en Mí su dolor.

41. Conoceos a vosotros mismos. Descubrid los dones que os he concedido y reconoced que vuestro conocimiento espiritual ha aliviado a muchos corazones y los ha elevado en su nivel moral y espiritual.

42. Llevad todo cuanto necesitáis de intuición y de amor para vuestra misión.

43. Algunos me decís en vuestra oración: “Maestro, ¿para qué contaros mis cuitas, mostraros mi vida o haceros partícipe de mis empresas, si todo lo sabéis?; ¿para qué confesaros mis faltas, si las estáis mirando, si estoy en Vos? Dadme lo que sea vuestra voluntad y con ello seré conforme”.

44. Y después de esa oración, habéis quedado en éxtasis, sólo dando gracias por lo que os he concedido al daros mi palabra. En ella está el sustento espiritual y la bendición para vuestra vida humana.

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