Enseñanza 332

1. Os encuentro orando, ¡oh!, discípulos amados, velando vuestro espíritu por la paz de este mundo. Es lo que os he enseñado, es lo que he venido a revelaros una vez más; vosotros sois los mensajeros de la paz, los portadores de ese don bendito, en este tiempo en que ella ha huido del planeta, porque el corazón del hombre la rechaza y a él solamente penetran la incertidumbre, el odio, la vida vertiginosa y la inquietud.

Os he preparado como emisarios de paz y ya que no podéis ir en lo material a todos los sitios, caminos y lugares de la Tierra para llevar este divino Mensaje, he enseñado a vuestro espíritu la elevación, la transportación por medio de la oración espiritual, para que él derrame bienandanza, caridad y bendiciones en todos vuestros hermanos.

2. Yo os he dicho en mis enseñanzas que no me pidáis por determinadas naciones, sino por el Universo, por todos vuestros hermanos, sin contemplar razas, nacionalidades ni clases y vuestro espíritu elevado, habitando por momentos en el Más Allá, desde allí contemple solamente la gran familia universal del Padre, observe el sufrimiento, la miseria, el dolor de todos y por ellos me pidáis; y que desde allí podáis contemplar aquellos seres que están más elevados que vosotros, en mundos espirituales más altos y a ellos pidáis la ayuda, como os he enseñado a invocar con respeto al Mundo Espiritual, para recibir de él inspiraciones y protección, y así, oh, discípulos, estaréis amando con Amor universal.

3. Dicen los hombres que Cristo en el Segundo Tiempo enseñó el Amor de los unos para los otros sin distinción de razas, y os digo en este Tercer Tiempo: Yo, en cuanto Cristo en el Segundo Tiempo, os enseñé el Amor universal, mas debía comenzar por enseñaros el amor entre vosotros en cuanto hombres, para que llegado el tiempo os pudieseis amar con Amor espiritual sin distinción de mundos. En este amor que os vengo enseñando ahora, quiero que vuestro espíritu lo abarque todo, que amando a vuestro Padre améis a todas las criaturas; que en vuestro mundo os améis entre vosotros mismos, con un átomo del amor con que el Padre os ama; que améis todo lo creado por Mí, que no seáis indiferentes ni desconozcáis lo que os he heredado y confiado.

4. No siempre el hombre interpreta bien mis enseñanzas. Yo nunca os he enseñado a que desconozcáis o dejéis de saborear el buen fruto que mis leyes ordenan y conceden, solamente he venido a enseñar que no persigáis, mucho menos améis, lo inútil, lo superfluo; que no toméis lo perjudicial, lo ilícito como frutos favorables al espíritu o a la materia. Mas todo aquello que sea lícito y benéfico al espíritu o al corazón, eso os lo he confiado porque está dentro de mis leyes.

5. Otra lección os he dado: Que vuestro espíritu sepa renunciar a su materia cuando el tiempo del llamado sea para él, que cuando vuestro espíritu tenga que traspasar los umbrales del Más Allá, sepa renunciar al sustento y a los eslabones de la Tierra. En verdad os digo: El espíritu una vez desprendido de la materia, no penetra en ceguedad para los bienes materiales; antes por el contrario es cuando permito que vuestro espíritu adquiera mayor conocimiento, para que admire más las obras de la Creación, para que penetre más en el sentido de la vida, para que comience con sus alas espirituales a abarcarlo todo, para que su mirada traspase aquellos horizontes que eran como límite para su inteligencia en la Tierra y entonces principie en verdad a amar al Padre y a la Creación divina con verdadero Amor universal. Es cuando desaparece para el espíritu toda condición humana, linaje o casta; es cuando deja de amar solamente a los que le pertenecieron como familia terrestre, para comenzar a amar a todos sus Semejantes con Amor espiritual. Ese es el amor que os he enseñado a través de todos los tiempos.

Entre vosotros están los discípulos que poco me han escuchado en este tiempo y por ello temen no poder cumplir ni comprender mi Obra y por lo mismo envidian a los que mucho me han oído y recibido mi palabra en este tiempo, a ellos digo, en verdad: ¡No temáis!, lo mucho o poco que los discípulos me hayan escuchado, no significa nada, porque puede bastarles un instante de iluminación para que por ese instante vuestro espíritu se transfigure y se convierta en maestro, en fuente inagotable de amor y de inspiración.

6. ¡Llevad mi palabra como consuelo y confiad en ella los que me habéis oído poco! Porque de cierto os digo, en vuestro camino vais a encontrar a los que ni siquiera una vez me oyeron en este Tercer Tiempo y entre ellos, vais a mirar cómo surgen los grandes apóstoles del Espiritualismo, los grandes profetas intuitivos, los grandes inspirados. Vais a contemplar los dones del Espíritu Santo manifiestos entre la humanidad, desarrollándose por intuición. Vais a contemplar a los hombres comunicándose de espíritu a Espíritu y entonces diréis: “Dichosos de nosotros, que al menos un poco pudimos oír al Maestro, porque estos hermanos nunca lo escucharon a través del entendimiento humano”.

7. ¿No recordáis que Marcos no formando parte de mis doce escogidos fue un gran apóstol de mi Doctrina? El apóstol niño que supo guardar en su corazón las enseñanzas del Divino Maestro, para estamparlas en papiros y legarlas a la humanidad como un libro de oro. En su infancia sólo me escuchó en su inocencia terrestre, pero dejó que la mano del Maestro escribiera en su corazón el divino mensaje. ¿No recordáis que Pablo no habiendo escuchado al Divino Maestro una sola vez, se convirtió? Siendo el perseguidor de mis apóstoles, me amó y elevó hasta ser uno de los grandes soldados de mi Doctrina.

8. Así acontecerá en este Tercer Tiempo. Os dejaré un Libro exteriormente escrito con la letra material e interiormente iluminado con la Luz de mi Espíritu Santo, para que en esa fuente bebáis y por medio de mis enseñanzas alcancéis la fortaleza y la luz espiritual para la gran lucha que os espera, porque todos vosotros estaréis en el mismo punto de preparación, de fortaleza y de conocimiento espiritual para ir en pos de la humanidad que se encuentra fertilizada por el dolor, por las pruebas sabias que existen en el camino de cada criatura.

9. Cuando las grandes pruebas vengan, no quiero que vosotros seáis los sorprendidos, sino vuestros hermanos; que no os intimide una corona o un manto real, que no os amedrente un cadalso o una amenaza, que no os acobarde una calumnia o haya ofensa que lastime vuestro corazón. Entonces el sorprendido será el mundo, cuando Yo pueda manifestarme a través de vosotros en sabiduría, en humildad, en justicia y amor; pero esos atributos quiero manifestarlos no solamente a través de la palabra, quiero estar presente en vuestras obras.

Pensad que en los tiempos pasados, en los primeros tiempos del Cristianismo, fue la sangre del Maestro, de sus discípulos, apóstoles, la sangre de los mártires, la que mejor habló, porque era duro el corazón de la humanidad, y si una verdad y una palabra no era sellada con sangre, no era creída. Ahora el mundo no os pedirá vuestra sangre ni os reclamará vuestra vida para que con ella selléis mi verdad; pero sí pedirá pruebas y esas pruebas las daréis y serán de amor, de revelación, de espiritualidad, porque de ellas se encuentran sedientos vuestros hermanos. Si ofrecéis las aguas cristalinas, si ofrecéis el pan de vida, el mundo os creerá y a través de vosotros creerá en Mí.

10. Os he dicho, discípulos, que tendréis que miraros frente a frente con las grandes religiones y con las sectas menores; ante unas y otras no temáis. La verdad que os he confiado es diáfana, la palabra que os he enseñado es clara y sencilla en su superficie, pero profunda hasta lo infinito en su contenido, es arma fuerte con la que vosotros lucharéis y venceréis.

Mas os digo: Se levantará un pueblo de la Tierra pleno de materialismo e incredulidad, para negaros el derecho de llamaros Israel, para negar vuestro testimonio de haber recibido la nueva venida del Mesías, y ese pueblo es el Judío. ¿No habéis pensado en él? Ese pueblo espera en su seno la llegada de su Mesías, de su Salvador, del que le haga justicia y le coloque nuevamente sobre todos los pueblos de la Tierra. Sabe ese pueblo que siempre he venido a él y en este Tercer Tiempo dirá: “¿Por qué había de venir Dios a otro pueblo?” Mas he aquí mis enseñanzas:

11. Desde los primeros días de vuestro mundo Yo comencé a formar la simiente de Israel en el género humano; de generación en generación le fui pulimentando, le fui perfeccionando, hasta que llegó el instante en que formé una familia de espíritus escogidos entre todos, para dar principio a la formación de un pueblo. Con sabiduría escogí a cada espíritu, a cada ser humano, para integrar mi pueblo.

12. Una vez formado y fortalecido por mi caridad, cada espíritu desarrollado en sus dones, de acuerdo con aquellos tiempos, cada materia preparada con gracia, le dejé multiplicarse sobre el haz de la Tierra y a ese pueblo siempre le hablé, siempre busqué la forma de estar con él y de comunicarme con él a través de sus patriarcas; hablé con las tribus del pueblo a través de sus guías, para conducirlo siempre por el sendero recto, para recordarle que Yo estoy sobre todo lo creado; para recordarle la justicia que prevaleciera entre ellos mismos, con el fin de que ese pueblo fuera el baluarte de los demás pueblos de la Tierra, fuera la antorcha viva que iluminara hasta el último rincón del planeta, la bendición de todas las naciones y el oasis de paz para todos los necesitados.

13. Por eso le agracié en el espíritu y en la materia, por eso le concedí tierra fecunda que manaba leche y miel. En sus grandes faltas le probé para fortalecerlo, para templarlo, para que pudiese conocer el bien y el mal, la luz y la tiniebla, la abundancia y el hambre, la libertad y la esclavitud; permití además que fuese tentado y en las grandes tentaciones y perturbaciones que llegaron al pueblo, unos cayeron y otros me fueron fieles. Por los que cayeron, sufrieron los otros, por los débiles, fueron tocados los fuertes. Mas, ¿cuál fue la debilidad de los unos y la fidelidad y constancia de los otros? Los débiles cayeron en el amor desenfrenado por los bienes terrestres, en las bajas pasiones, en las ambiciones sin límite, en los cultos hipócritas. Los perseverantes lo fueron en su humildad, reconociendo y amando al Creador, por medio del culto sencillo y de las costumbres sanas.

14. Nunca desamparé a ese pueblo, porque en sus sufrimientos les envié profetas para levantar su espíritu, para que no decayera su esperanza y su fe en Mí; mas cuando esos profetas amonestaban a los materializados, a los enriquecidos de la Tierra, a los envanecidos en las glorias humanas, eran desconocidos por ellos, perseguidos y muchas veces muertos. La palabra de aquellos profetas quedó como una antorcha encendida en el corazón de los perseverantes, de los fieles, y a través de todos los profetas anunciaba el Padre su venida a su pueblo, para librarlo de la esclavitud, hacerle justicia y depositar su Reino en el corazón de cada uno de sus hijos y aquellas promesas, aquellas profecías, eran interpretadas de modos diversos por los dos bandos del pueblo.

15. Cuando llegó el Señor como Mesías, como Salvador entre su pueblo, unos lo esperaban hacía mucho tiempo como el Dios de amor, de justicia y de paz, como el Padre de todo consuelo y de todo bálsamo. Otros lo esperaban como un soldado invencible, como un guerrero que levantando a su pueblo, lo llevase a exterminar a los pueblos enemigos, a los que lo habían cautivado y dominado; esperaban que las manos de su Salvador trajesen las grandes riquezas terrestres, los bienes temporales para donar a cada uno de sus hijos y de sus tribus. Así, cuando el Mesías apareció en la Tierra, lleno de mansedumbre y de pobreza humana, en la más completa humildad, sólo fue sentido y reconocido por los fieles y perseverantes, por los que tenían sensible el espíritu y el corazón a las lecciones elevadas, al Mensaje divino que traía Yo a través de Jesús.

16. Los que esperaban al dios rico y poderoso de la Tierra, al guerrero vengador de todos los agravios que el pueblo había sufrido, su decepción fue grande y su negativa también; pero aquel Maestro del bien y de la humildad, envolvió a todo su pueblo en el mismo amor, encontrando que él se había dividido en reinados. Lo mismo en Samaria que en Judea entregó su palabra, lo mismo en una tribu que en la otra derramó su amor, su bálsamo, sus milagros, enseñanzas y profecías. Mas a pesar de ello, siguió siendo negado por los Judíos carnales y materializados, que temblaban ante las revelaciones del espíritu, y que no querían contemplar el camino que conduce al Más Allá; en cambio fue reconocido y amado por los que esperaban la venida del Reino de los Cielos, el pan de Vida Eterna, la verdad sobre todos los hombres, el amor sobre todas las criaturas. Y desde ese tiempo ese pueblo caminó en división.

17. Fue menester que el Padre, después de su partida, arrebatara de las manos de su pueblo la tierra que le había sido confiada desde sus antepasados. A los unos les fue arrebatada por restitución y a los otros por galardón, porque esa tierra de Canaán, esa hermosa Palestina de los tiempos pasados, fue preparada por Mí solamente como una imagen de la verdadera Tierra de Promisión para el espíritu. Y al despojar al pueblo de aquellas posesiones, quedó el Judío materializado, errante sobre el haz de la Tierra y la otra parte, los fieles, los que han sentido siempre mi presencia, quedaron en espera de mi voluntad, sin dolor por haber renunciado a aquella herencia de los tiempos pasados, sabiendo que una nueva gracia Yo les había confiado: La herencia de mi palabra, la del Verbo Divino.

18. En pleno Tercer Tiempo mi mirada contempla a mi pueblo de Israel, dividido todavía en dos bandos: El uno materializado, enriquecido con los bienes de la Tierra para su propia restitución, haciendo estremecer hasta los cimientos del mundo con su poderío, porque su fuerza, su talento, las gracias que derramé sobre su espíritu, las ha puesto al servicio de sí mismo, de su ambición, de su grandeza.

Ved cómo ha dado pruebas de fortaleza ese pueblo aun dentro de su materialismo en sus ciencias, en su voluntad, en su inteligencia; conserva en el fondo de su corazón el rencor por las hambres pasadas, por las esclavitudes, por las humillaciones, y hoy fuerte y soberbio se levanta para humillar a los demás pueblos, para estremecerlos con su fuerza y dominarlos. Hoy él es el harto y se complace en contemplar a los millones de hambrientos y a los grandes pueblos llenos de esclavos; son esclavos del oro, de su fuerza, de su ciencia y de su ambición.

19. Y contemplo también la otra parte de mi pueblo, la de los perseverantes y fieles, de los que siempre han sabido sentir mi presencia, de los que siempre han reconocido mi llegada entre los hombres, de los que han creído en mis revelaciones y a pesar de todo me han obedecido y me han cumplido.

Y esa otra parte no solamente sois vosotros que habéis sido testigos de mi comunicación por conducto del entendimiento del hombre en este tiempo, sino que parte del pueblo de Israel espiritual está diseminada por todo el orbe y en el lugar en que cada quien se encuentra, recibe mi caridad, siente mi presencia, se sustenta con mi pan y me espera, sin saber por dónde he de llegar ni en qué forma, pero me espera.

Mas los que sí saben cómo he venido, cómo me he comunicado, que han conocido a ciencia cierta mis revelaciones y están preparados para los tiempos venideros, sois vosotros que formáis parte de los 144,000 entresacados por Mí de las doce tribus, y que serán delante del numeroso pueblo de Israel, como capitanes que lo haga marchar en la contienda del Tercer Tiempo hacia la gran batalla.

20. ¿Creéis que mi pueblo siempre va a estar dividido? En verdad os digo que no. Para vosotros ha llegado la enseñanza, la luz y las pruebas. Para aquéllos ha llegado mi justicia y las pruebas también; les voy conduciendo a grandes pasos hacia el despertar para el espíritu y aunque de cierto, en el primer momento van a negar mi tercera venida al mundo como negaron la segunda, Yo os digo, no está ya lejano el instante de su conversión.

Ellos viven en sus tradiciones antiguas, mas Yo sondeo el espíritu y el corazón del pueblo Judío y os doy a conocer que él, más permanece en sus tradiciones por conveniencia y temor ante las revelaciones espirituales, que por convicción propia; se estremece ante las manifestaciones del Más Allá y esto es lo que Yo les propondré: El despojamiento de todo lo superfluo; la práctica de la caridad, el amor y la humildad.

21. Ante ellos tendréis que llegar y ambos esgrimiréis vuestras armas. Los unos la palabra, el pensamiento, la oración y las pruebas. Los otros su talento, su poder, su tradición. Mas Yo estaré presente en esa lucha y haré que triunfe en verdad mi justicia y la espiritualidad; haré que el espíritu se levante sobre la carne, la doblegue y la humille, y entonces vendrá la reconciliación de las tribus de Israel, la unificación de mi pueblo. Y cuando él se encuentre preparado, en verdad os digo, comenzará a cumplir hasta dejar concluida la grande misión que desde el principio de los tiempos he depositado sobre mi pueblo escogido, que lo fue para ser el primogénito y el depositario de mis revelaciones divinas, para que como hermano primero supiese conducir a los demás, compartir con ellos su gracia y llevar a todos a la diestra del Padre.

22. Dividido el pueblo no ha podido triunfar sobre los demás pueblos de la Tierra, pero os digo en verdad: Así como aquellos han dado en el Tercer Tiempo grandes pruebas de su fortaleza y de su luz, dentro de la vida humana, quiero que también vosotros deis pruebas de vuestra espiritualidad, deis pruebas de que la fuerza del espíritu es mayor que las fuerzas humanas, para que en la contienda venza sobre éstas.

¿No se llenaría de gozo vuestro espíritu y corazón, si por vuestro amor se lograra convertir aquel pueblo tan tradicionalista y espiritualmente estacionado, a la Doctrina Espiritualista? ¿No habría fiesta entre vosotros si el antiguo Israel se convirtiera por el nuevo Israel, o sea que el primero alcanzará gracia por el postrero?

Hasta ahora, nada ha convencido al pueblo Judío de que debe de romper con antiguas tradiciones para alcanzar su evolución moral y espiritual. Es el pueblo que en apariencia se ajusta a las leyes de Jehová y de Moisés, pero que realidad sigue adorando al becerro de oro.

Ya está próximo el tiempo en que ese pueblo errante y diseminado por el mundo, deje de mirar hacia la Tierra y eleve sus ojos hacia el Cielo, en busca de Aquél que, desde el principio, les fuera prometido como su Salvador, y al que desconoció y dio muerte porque le creyó pobre y sin bien alguno.

Se acerca la hora en que aquella cruz que por sentencia me dieron, se torne en vara de justicia sobre cada uno de aquellos espíritus, hasta que por fin sus labios exclamen: “¡Jesús fue el Mesías!”

23. ¡Comprended, pueblo, para que podáis desempeñar la misión que os he confiado, para que vuestro espíritu pueda elevarse en paz, y al fin llegue a Mí y desde mi Reino, ame a todas las criaturas con el Amor universal que Yo vengo a enseñaros!

24. Mucho os he hablado en este tiempo, mas de todo lo que os he dicho, vosotros aprenderéis una lección que os he dado en esta alba de gracia: ¡EL AMOR UNIVERSAL!

25. ¡Cuántas veces Jesús fue encontrado por sus discípulos cuando conversaba con las distintas criaturas del Universo! ¡Cuántas veces el Maestro fue sorprendido en sus diálogos con las aves, con el campo, con el mar! Mas ellos sabían que su Maestro no estaba enajenado, ellos sabían que en su Maestro vibraba el Espíritu Creador del Padre, el que había dado idioma a todos los seres, el que entendía a todos sus hijos, el que recibía la alabanza y el amor de todo lo hecho por Él.

26. ¡Cuántas veces los discípulos y la gente contemplaron a Jesús acariciando una ave o una flor y bendiciéndolo todo, en sus ojos descubrían miradas de infinito amor para todas las criaturas! Adivinaban los discípulos el gozo divino de aquel Señor, al verse rodeado de tanto esplendor, de la maravilla brotada de su sabiduría y vieron también muchas de las veces sus lágrimas cuando contemplaba la indiferencia de los hombres ante tanta grandeza, la insensibilidad y la ceguedad de las criaturas humanas ante todo ese esplendor. Vieron llorar muchas veces al Maestro, cuando contemplaba al leproso llorando por su lepra, y a los hombres y mujeres quejarse de su destino, ¡estando envueltos en un regazo de amor perfecto!

27. Bien sabéis que mi Ley os enseña a amarme antes que a todo, no porque el Corazón del Padre encierre egoísmo, sino que debéis comprender que para que podáis amar a la Creación y a vosotros mismos, tenéis que comprender mi amor a través del vuestro, para poder sentirlo por vuestro hermano. Es por eso, que hoy os digo en esta alba de gracia: Quiero que vuestro amor llegue a ser universal, pero en Mí, amándome primeramente a Mí, Amándoos los unos a los otros y amando después a todo lo creado por el Padre, a todas las criaturas, obras perfectas hijas del Padre y por lo tanto hermanas vuestras.

28. Dad sensibilidad a vuestro espíritu y a vuestros sentidos. Dejad que vuestra materia aunque sea pasajera en la vida, tome parte en este recreo, se regocije de haber existido, que goce con las emanaciones que la Naturaleza le brinda, que se sature, que se harte; porque esta vida material es también un manantial de bendiciones, de calor, de energía, es consuelo y caricia; es sustento, es paz.

29. Dejad que vuestra materia goce, que tome parte en este festín, os dice el Maestro; no la ocultéis ni la alejéis de la Naturaleza, no hagáis que renuncie a esa fuente de vida, no le neguéis lo que Yo con tanto amor os he brindado, así ella dormirá en paz cuando el instante llegue. Y vuestro espíritu desde el Más Allá, desde su liberación seguirá contemplando la Creación material todas las obras del Padre y sabrá después estimarlas mejor que ahora y aun cuando ya no se sustente de la vida material, aun cuando ya no tenga que bastarse de ellas ni que convivir dentro de ellas mismas, sabrá estar en armonía con todo, admirando todo y amarlo todo en el Padre.

30. Mi palabra os inunda de paz y es bálsamo para vuestro espíritu y para vuestro corazón. Habéis conversado y aún seguís hablándome en el idioma del espíritu, ese idioma que encierra respeto, que es himno a mi oído divino, caricia del hijo hacia el Padre, mano que se eleva Al que todo lo tiene y todo lo puede. Estáis confesos delante de Mí. Nada me ocultáis porque sabéis que mi mirada todo lo abarca, todo lo penetra y sentís mortificación ante vuestra Conciencia por las faltas cometidas en la Tierra. Mas de cierto os digo: Yo, que cuento vuestras obras buenas y vuestras faltas, día tras día a medida que las albas pasan, escribo más obras buenas y anoto menos malas.

31. ¡No detengáis vuestro paso, oh, discípulos! Que vuestra caminata, como siempre os he dicho, sea firme en la senda del bien y del progreso, porque tiempos vienen en que solamente el bien abra brecha al hombre, en que sólo la virtud y la verdad le sostengan en el camino de la lucha y del combate. Días se acercan en que la impostura habrá de caer; en que la falsedad, la hipocresía, el egoísmo, toda mala simiente encuentre su fin, a través de grandes pruebas, tropiezos y reveses. Por eso os digo: ¡Afirmaos más y más en el bien! ¡Estad convencido, mi pueblo, de que no podéis recibir ningún mal por el bien que hagáis! Si por el bien que hagáis sobre la Tierra recogéis mal fruto o mal pago, ese mal fruto es pasajero, no es el fruto final, en verdad os digo, hay que perseverar hasta recoger.

32. Sed los buenos labriegos en mi campiña; observad a los labriegos de la tierra material. ¿Acaso ellos, cuando su siembra va avanzada, la abandonan por un temporal? No, en verdad. Esperan que el mal tiempo pase, velan y oran por ellas y esperan la cosecha y, ¡cuántas veces esa perseverancia ha sido en verdad colmada de bendiciones y de abundancia! Así sed vosotros: Tomad los reveses a pesar de vuestros buenos actos, como temporales pasajeros, como prueba para vuestra virtud, pero confiad siempre en que la simiente mía que bien sembrasteis, ha de daros buenas flores y buenos frutos, cuando el tiempo sea llegado.

33. De cierto os digo, que el espíritu es como una simiente, es como las semillas que vosotros conocéis; os hablo en sentido figurado. También germinan, echan raíces y crecen, florecen y fructifican; pero algo más tengo que deciros: No todos los espíritus germinan al mismo tiempo, ni fructifican en tiempo determinado. Unos lo hacen antes y otros después, aun cuando hayan sido sembrados al mismo instante. Esto comprendedlo y aplicadlo vosotros al pasado, al presente y al futuro vuestro y de toda la humanidad, porque de ello entresacaréis grandes conclusiones, grandes revelaciones y grandes contestaciones a las interrogaciones y a las dudas de los hombres.

34. Si penetráis en mi Cátedra de este día, descubriréis en ella una intención marcada del Maestro: La de afirmar vuestro espíritu para que vosotros llevéis a la humanidad la revelación verdadera de la reencarnación de los espíritus. La intuición de ello la conserva todos los hombres; en todos los pueblos de la Tierra presienten el misterio que encierra el pasado, presente y futuro de cada espíritu. Para los unos es teoría, para otros es posibilidad, para otros fantasía, otros lo niegan rotundamente. Sin embargo, los encuentro pensativos en torno a esa verdad.

35. Los pueblos más remotos y hasta las tribus más escondidas en las selvas, presienten el misterio de la reencarnación del espíritu. Es que la tierra está preparada, está fecundada, es que el espíritu humano en sus evoluciones ha alcanzado a revelar a la materia parte de ese misterio, como vosotros lo llamáis. Sólo falta que llegue mi pueblo, mis doctrinados, mis fieles, los que siempre me han esperado, los que han sabido recibir mis revelaciones y enseñanzas, para darles la confirmación con palabra viva, con razones, con verdades. Entonces los hombres despertarán a un nuevo conocimiento, a una nueva vida, la cual no es sino el Reino de Dios en el corazón de los hombres, el Reino espiritual en el espíritu mismo de la humanidad.

36. Os hablo con el mismo verbo con que hablé en el Segundo Tiempo. De mi palabra brota todo bien, si en ella buscáis el bálsamo, cae inagotable sobre vuestras dolencias; si me habéis pedido por los enfermos ausentes, ausentes estarán de vuestra materia, mas no de mi Espíritu ni del vuestro y en ellos es mi bálsamo; si me pedís mi bendición o mi protección sobre vuestras empresas, sobre ellas en verdad os digo, está mi amor y mi luz. Os tomo de vuestra mano porque confiáis en Mí como un Guía Salvador y os conduciré al triunfo, en verdad. En los tropiezos y en las pruebas os fortaleceré y os reanimaré.

37. Me pedís por los labriegos ausentes, discípulos en mi Obra Espiritualista. Allí estoy con ellos, he estado en su paso, en su oración, en su cumplimiento. Como antorchas de luz los he posado en naciones extranjeras para vosotros, para que sean como ángeles de paz, como vigías rodeados de mi Mundo Espiritual. Desde el instante de su partida, han sido inspirados por sus ángeles protectores, para que den sus pasos materiales y espirituales con firmeza en la senda y así, cuando el Maestro les pida el cumplimiento, llenos de satisfacción puedan decir: “Padre, hemos trabajado en vuestro Nombre”. ¿Cuándo retornarán a este suelo? Yo tengo preparado la senda y el momento y en vuestro regazo serán; sus palabras resonarán en vuestro corazón como testimonio de las grandes manifestaciones que el Padre les entregó, de los grandes prodigios que sus ojos contemplaron y eso a vosotros os dará fuerza, será aliciente para el mañana, cuando tengáis también que traspasar fronteras e ir en pos de otros pueblos.

38. Si a vosotros os engalano con mi amor, si en este tiempo de pruebas os cubro con mi manto, ¿cómo he de dejar sin cubrir bajo mi caridad a todo el Universo? Si a vosotros que sois ahora criaturas humanas, vengo a enseñaros el Amor universal, ¿cómo podría solamente fijarme en unos, olvidando a otros? Mi mirada es con todos y mi manto también, mi bálsamo se desborda en todos. Bajo mi manto de paz, unos lo sienten y lo aprovechan; otros hacen guerra, se destruyen y se ofenden.

39. Vosotros me preguntáis: “Padre, ¿por qué en este año de reconciliación, en este año de unificación espiritual y de amor, que la humanidad ha nombrado, Año Santo, los hombres se levantan en guerras fratricidas?” El Maestro os contesta: ¡Vosotros, velad y orad!, hoy todavía no alcanzáis a penetrar en el sentido de estas pruebas, pero en verdad os digo, que el espíritu de los hombres ya está próximo a despertar y para ello ha menester algo más de dolor, es menester que apuren ese cáliz que están preparando para ellos mismos. Los hombres se harán su propio despertar, serán su propio juez y su propia balanza. Yo así lo permito y les perdono. Derramo en la humanidad mi luz, para que si le es posible por mi luz llegar a la verdad, así llegue ella y no por el dolor.

40. Al ascender mi Rayo universal, desde el Más Allá derramaré vuestra paz espiritual y bendición sobre toda la humanidad.

41. Esta es mi lección. ¡Seguid practicando mis enseñanzas! ¡Seguid caminando paso a paso y haced que en vuestro corazón y en vuestro espíritu tomen más y más fortaleza por la unificación espiritual con todos!

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