Enseñanza 320

1. Bienaventurado sea el linaje humano por haber tenido en la Tierra la presencia humanizada de su Señor. Dichoso el género humano, por haber recibido aquella herencia de amor.

2. Mi existencia en el mundo a través de Jesús, la pasé en tierras de Palestina, mi predicación duró sólo tres años, fueron pocas las aldeas que visité y la multitud que me acompañó al Gólgota, no era muy numerosa. Sin embargo, aquella palabra que vibró en labios de Jesús, fue legada a la humanidad de todos los tiempos. No tuve necesidad de ir en busca de discípulos a todos los países de aquel tiempo, porque sabía que mi palabra, semejante a una semilla, pronto saldría de aquella tierra para diseminarse por todos los pueblos del orbe. Los que escucharon a Jesús y presenciaron su muerte, fueron una representación de todas las generaciones que después vendrían, porque la esencia de mi Doctrina y el amor con que se derramó aquella sangre, tenía que ser de todos.

3. No juzguéis a aquel pueblo por no haber reconocido en Jesús, al Mesías, y por haberlo sacrificado; no os escandalicéis pensando que a quien escarnecieron fue a Dios mismo. En verdad os digo que Juez, sólo Yo. Muchos de los que juzgan de inicuo a aquel pueblo y no le perdonan el haber sacrificado al Maestro, llevan un decaimiento en su corazón sin darse cuenta de eso, porque han tomado un lugar que no les corresponde.

4. Si al estar sujeto Jesús a la cruz, agonizante, delante de una turba que gozaba con sus padecimientos, exclamó: “Padre mío, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, esa misma frase podría ser repetida diariamente por Mí para vosotros, porque conociendo mi Nombre desde que nacéis y llevando en vuestra Conciencia mi enseñanza, mis mandamientos y mis leyes, no cesáis de lanzarme ofensas ni de mofaros de mis máximas.

5. Tres Eras de revelaciones espirituales han llegado a vosotros y aún la humanidad no ha construido el Templo que Yo espero; sin embargo, en este Tercer Tiempo, los hombres levantarán en el fondo de su corazón el Tabernáculo donde estará el Arca, que será el espíritu, guardando en su interior las Tablas de la Ley que está en vuestra Conciencia.

6. Os parece imposible la transformación moral y espiritual de la humanidad, porque os habéis alejado mucho de los principios que os fueron revelados. No alcanzáis a imaginar y menos a creer en un mundo en donde impere el amor, reine la paz y exista la justicia.

7. Yo os digo, que no podéis creer en todo ello porque no habéis querido analizar el significado de mi palabra ni de mis obras; si dedicaseis un poco de vuestro tiempo a la meditación espiritual, alcanzaríais grandes inspiraciones y obtendríais sabiduría.

8. Hace dos mil años, ¿quién de los humanos se imaginaba al mundo actual que habéis hecho con la fuerza de vuestra inteligencia? Nadie, por eso, muchas de las profecías antiguas que anunciaron este mundo de ahora, no fueron creídas.

9. Os estoy profetizando un mundo nuevo y una humanidad espiritualizada y nuevamente cuando esta palabra sea conocida, no será creída.

10. Pasarán generaciones y más generaciones; la soberbia de los hombres desatará tempestades y diluvios, pestes y plagas y el ¡ay! de la humanidad conmoverá los espacios. Mas después de todo ello, los nuevos moradores, comenzarán una vida de reflexión y de espiritualidad, aprovechando el caudal inmenso de experiencia que las generaciones pasadas les legaron, y empezará a germinar la divina Semilla.

11. En cada espíritu existe el germen divino, puesto que de Mí ha brotado, y así como vuestros hijos heredan los rasgos o el carácter de sus padres, también los espíritus revelarán al fin, lo que de su Padre Celestial han heredado: El amor.

12. Recordad aquel día en que por amor a vosotros como hombre expiré en la cruz; recordad mi pasión, sí, pero dejad de hacerlo en la forma tradicional que por siglos habéis acostumbrado, forma exterior y material que no ha dejado simiente en vuestro espíritu, porque no os habéis profundizado en busca del sentido y de la esencia.

13. Yo veo que para conmover vuestro corazón, dramatizáis con representaciones e imágenes sangrientas mi muerte; que lloráis y vestís de luto como si acabase de morir un hombre y que cada año, vais a dar pésame a la Madre, sin daros cuenta de lo que hacéis.

14. ¿Por qué darle pésame a María, si Ella a nadie ha perdido, ya que quien expiró en la cruz, resucitó a la Vida Eterna? ¿Por qué llorar por Mí, si Yo estoy más allá del dolor y de la muerte?

15. De cierto os digo, que mejor debieseis llorar por vosotros y sentir tristeza por vuestros pecados, y llevar luto en vuestro corazón por tantas virtudes y sentimientos nobles que han muerto en vosotros.

16. Yo quisiera que, sin esperar aniversarios ni fechas, ni tradiciones, os reunieseis en congregaciones o en el seno de vuestras familias y repasando aquellos ejemplos y obras que os enseñe en el Segundo Tiempo, os recogieseis llenos de espiritualidad y elevación a meditar y analizar mi palabra, porque entonces sí obtendríais un provecho para vuestro espíritu, descubriendo el sentido o esencia de mis obras y de mis palabras.

17. No tratéis de sentir piedad por Mí, porque no existe nada en mi Espíritu que pueda inspirar lástima a los hombres; pero en cambio, inspiraos en aquel amor, que a través de una vida os probé y aplicad esa piedad, ese pesar de ofender y esos remordimientos a vuestros Semejantes, entre los que existen millares, que sí son dignos de toda compasión y toda piedad; unos, porque sufren intensamente, otros, porque se han hundido en el cieno del vicio; otros, porque no conocen la luz de la verdad y otros porque viven huérfanos de amor o porque tienen hambre y sed de justicia y de paz.

18. Por todos ellos sí sentid piedad y caridad, por ellos llorad y orad; pero sobre todo, haced algo que alivie su dolor o mejore su vida. Entonces sí, estaréis entendiendo mi Doctrina, comprendiendo mi sacrificio e interpretando mi voluntad.

19. Amándoos los unos a los otros, será la única forma de dar cumplimiento a mi palabra y de agradar a mi Espíritu.

20. Yo dije, en la cruz, a través de Jesús: “¡Padre, perdónales porque no saben lo que hacen!” Después de muchos siglos, puedo volver a decir de esta humanidad que aún no sabe lo que hace, porque con frecuencia cambia el sentido de la Ley o de la Doctrina que le he revelado y las viola, creyendo estarlas honrando y estarles dando cumplimiento.

21. Si comprendieseis y sintieseis mi enseñanza, correría amor por vuestras venas, amor hacia vuestros hermanos, que son parte mía; pero estáis muy lejos de Amaros los unos a los otros y de ello dais pruebas con casi todas vuestras obras.

22. Recordad en vuestras conmemoraciones, que Yo, el Divino Maestro, por amor hacia vosotros, dejé el Reino espiritual, haciéndome hombre para habitar con los hombres, que dejé mi Reino para mostrarme en vuestro mundo como un Ser al servicio del necesitado; que estando en Jesús, el Padre de todo lo creado, llegué entre vosotros, para ser el más humilde y para consagraros toda mi vida.

23. Mi Doctrina enseñó que mientras más se posee, más hay que dar, y que mientras mayor se es, más humilde se debe ser.

24. ¿Quiénes son los que en este tiempo me imitan? ¿Quiénes son capaces de descender de un trono o de su sitial, para confundirse entre los pobres y necesitados para darles la vida? Yo no los encuentro, a pesar de ser tan vasto vuestro mundo y tan numerosa la humanidad.

25. Cuando esos ejemplos se den con profusión en la Tierra, entonces podréis decir que estáis conmemorando mi palabra y mis ejemplos, que los estáis viviendo.

26. De generación en generación y de tiempo en tiempo, los hombres se han venido apartando de las leyes divinas, con ello se determinó un atraso en el orden espiritual.

27. Si os detenéis un momento a contemplar vuestro mundo, a mirarlo a través de la mente, como si estuvieseis en lo alto de un monte contemplando una ciudad, observaréis que la humanidad ha desarrollado sus pasiones y su inteligencia, aplicándolas siempre a fines terrenales.

28. Si os analizáis y meditáis, encontraréis que no aparece por ninguna parte un signo de verdadera espiritualidad, algo que pruebe que en el hombre habita un ser de luz.

29. Cuando descendáis de este monte de vuestras meditaciones, bajaréis apenados, entristecidos, con el conocimiento de que os habéis alejado mucho de las leyes divinas que rigen la vida espiritual.

30. A vuestro paso encontraréis a los pequeños seres inferiores, una abeja, una hormiga, un gusano, y diréis: “Padre, ¿por qué a esos seres, siendo inferiores a nosotros, no les permites pecar, y en cambio a tus hijos espirituales, como somos nosotros, sí nos dejáis pecar?” ¡Ah, pequeños, que osáis formular tan insensatas preguntas a vuestro Señor!

31. Ya os he sorprendido envidiando la felicidad y la paz con que esas criaturas viven. Ya os he visto envidiar la alegría que existe en los nidos donde las aves han formado un hogar, y he escuchado cuando vuestro corazón se ha dicho: “Pero, ¿acaso esos seres merecen mayores bendiciones que los hijos de Dios?” Ahora os digo, que os preguntáis así y os intrigáis, porque no sabéis estudiar mi enseñanza hasta encontrar la verdad.

32. ¿Qué no miráis que esas criaturas sólo tienen una morada, que es la Tierra, y que es justo que en ella tengan su gloria y su gozo? ¿No estáis viendo que a ellas las induce a cumplir una fuerza que es la ley de la Naturaleza? Si ellas viven dentro de la ley, tienen que gozar de cuanto la ley encierra, que es amor, paz, bienestar, deleite, actividad, vida.

33. Vosotros, los hombres, tenéis la oportunidad de conocer algo que está más allá de la naturaleza material y que es la vida espiritual; para ello se os ha revelado el camino que conduce hacia el Reino de vuestro Padre. Mas os he dejado en libertad de tomar el camino o no, de ascender o descender, de acercaros o de alejaros, porque es la forma de hacer méritos verdaderos ante el Padre y al mismo tiempo de probarle vuestro amor.

34. Al ser irracional lo guía el instinto, que es su voz interior, su maestro, su guía, es como una luz que proviene de su madre la Naturaleza y que le ilumina la senda que tiene que recorrer en su vida, senda también de luchas y de riesgos. A vosotros los hombres, os guía el espíritu, a vosotros los espíritus, os guía la Conciencia, que es la luz que el Espíritu Divino ha depositado en sus hijos espirituales

35. El destino de los hijos de la Naturaleza está en la Tierra, ahí empieza y ahí acaba; en cambio, el destino del espíritu empezó en Mí y no terminará nunca, porque cuando se eleve sobre la vida terrestre, cuando vaya más allá de las moradas de perfeccionamiento y penetre en la eternidad, irá de una mansión a otra, descubriendo nuevos mundos de sabiduría, gozando más, amando más.

36. No dejéis de meditar en vuestro destino, ni dejéis de observar a vuestros hermanos inferiores, porque en ellos encontraréis infinitos ejemplos de sabiduría, que aplicados a vuestra vida os harán recoger buenos frutos.

37. De ellos tomad la armonía con que cada especie vive. Imitad la actividad de los que son activos. Tomad los ejemplos de fidelidad, o de gratitud, son ejemplos que encierran sabiduría divina, puesto que son criaturas mías, también brotadas de Mí, para que os rodeen y acompañen en vuestro mundo, para que participen de lo que en la Tierra he depositado y para que en ellos descubráis la voz que os dice, que cuando cumpláis al pie de la letra con la Ley divina, y os dejéis inducir por la voz de la Conciencia, como ellos se dejan guiar por el instinto, tendréis que conocer la armonía, tendréis que saber de la paz, y ello os llevará a la multiplicación de vuestros bienes, a la abundancia y al progreso espiritual y humano.

38. ¿Creéis que quien medite profundamente en todo esto, sea después capaz de fomentar una guerra? ¿Creéis que quien haya escuchado con claridad la voz de su Conciencia, se levante a humillar a sus propios Semejantes? No, pueblo amado. Entonces llegad a la conclusión de que tenéis que meditar, en mis revelaciones, de que el mundo también tiene que meditar, a fin de que en aquellas reflexiones, el espíritu se eleve, la mente se extasíe y en una palabra, el hombre escuche y obedezca verdaderamente la voz de la Conciencia.

39. Meditad y enseñad a meditar la lección de este día, es un mensaje que tenéis que llevar al corazón de vuestros hermanos, con la ternura con que Yo os lo he entregado, porque tenéis una misión que cumplir y por ello he venido en este tiempo a entregaros mi palabra, mas para esta comunicación no me he servido de los que han cultivado grandemente su entendimiento en la sabiduría de este mundo, sino de los que en su humildad han imitado a mis discípulos del Segundo Tiempo.

40. Vosotros, mostrad mi Obra sin temor, porque ella ha de iluminar al mundo a través de los tiempos.

41. Preparaos para que mi palabra quede escrita en vuestros corazones, para que seáis a imitación de vuestro Maestro, para que siendo humildes, seáis mis verdaderos discípulos. Llevad la verdad para que con ella se ilumine toda la humanidad.

42. Practicad las virtudes y unificaos como un solo discípulo. De este Libro todos llevarán las enseñanzas y así los postreros serán los primeros.

43. Pueblo amado: Con cuánta dedicación escucháis esta palabra que os enseña y os anuncia los acontecimientos que en breve tiempo veréis cumplirse en vosotros.

44. Esta humanidad dará grandes pasos hacia la espiritualidad, su espíritu podrá ir más allá de los límites humanos, y llegar a las moradas superiores, para comunicarse con sus hermanos y recibir la luz que ellos les han de ofrecer. Podrá también descender a los planos donde habitan seres de escasa elevación, seres retrasados para ayudarlos a salir de su pobre condición y colocarlos en un nivel mejor.

La escala por donde asciende el espíritu hacia su perfeccionamiento es muy grande, en ella encontraréis seres de infinidad de grados diferentes y les ofreceréis algo de lo que poseéis y ellos también a su vez, os darán algo de su riqueza espiritual.

45. Entonces descubriréis que este no es el único mundo que lucha por su mejoramiento, sabréis que en todos los planetas evoluciona el espíritu, que en todos palpita y crece, cumpliendo su destino y Yo quiero que os preparéis para que hagáis alianza con todos vuestros hermanos, que os comuniquéis con ellos, con ese santo anhelo de reconoceros, de amaros y ayudaros. Hacedlo en Nombre mío y dentro de la más estricta obediencia, por medio de vuestro pensamiento, y cuando deis principio a ese ejercicio, empezaréis a interpretar sus peticiones, sus enseñanzas y beneficios.

46. Yo anhelo que exista la armonía con vuestros hermanos dentro y fuera de este planeta, que es ahora vuestro hogar; tended lazos de amistad, solicitad ayuda cuando necesitéis y también socorred a los que os pidan de lo que poseéis.

47. ¡Cuánto os aman y protegen los seres destinados en este tiempo para llevaros el conocimiento de mi nueva venida, y cómo influyen benéficamente en la humanidad! Sólo Yo contemplo esa labor constante y conozco sus méritos. Yo los bendigo porque su obra es grande.

Si vosotros supieseis penetrar en vuestra vida espiritual, la veríais rodeada de cuidados, de prodigios que debéis a vuestros bienhechores espirituales. Ellos trabajan en diversas misiones en vuestro mundo, sin que vosotros presintáis siquiera su bondad y su esfuerzo. Sólo os digo, que su lucha es constante por volver al orden y a la justicia la vida de los hombres.

48. ¡Ayudadlos en su difícil misión, comprended su amor, su desinterés y convertíos en colaboradores suyos en esta grande obra!

49. No sólo en este tiempo, sino desde que el primer hombre habitó la Tierra, el Mundo Espiritual fue enviado y se ha manifestado compartiendo con vosotros penas y alegrías. Yo así lo he ordenado, para que no os sintáis solos o distantes de vuestros hermanos espirituales.

Cuando tornéis a la sencillez, cuando estéis en contacto con esos seres y los miréis de cerca, reconoceréis su obra y los bendeciréis, y cuando dejéis la Tierra para emprender el viaje hacia vuestra siguiente morada, vendréis unidos a ellos, que se constituyeron en guardianes de vuestra vida. Y después de conocer la virtud de vuestros hermanos espirituales, ¿no deseáis ser para vuestros hermanos pequeños, lo que son para vosotros vuestros ángeles custodios?

50. Os estoy revelando lo que estaba oculto a vuestra interpretación, porque no quiero que ignoréis lo que es fundamental en vuestra vida: La inmortalidad de vuestro espíritu, su camino siempre ascendente y su final en Mí.

51. Recorred la senda paso a paso, vivid en la Tierra, pero mirad siempre el Cielo; pensad que estáis viviendo la vida eterna, desde el momento en que habéis dado principio a vuestra jornada y que cada prueba que pasáis, os acerca al Padre y cada etapa hace más breve el tiempo de vuestro retorno.

52. Vosotros habéis mirado las primeras luces de esta Era de Espiritualidad, pero no veréis desde este mundo su desarrollo en plenitud; serán vuestros descendientes, quienes continuarán vuestra obra, y Yo os concederé seguir cultivando vuestra simiente, como he permitido que el espíritu de los que fueron vuestros padres, siga velando por vuestro cumplimiento.

53. Trabajad por el bien de este mundo; llevad mi palabra a los corazones, muchas veces seréis desoídos por unos, pero en otros encontrará eco y en esos desbordaréis esta enseñanza que os he dado para que trasmitáis a todos vuestros hermanos.

54. Hoy tenéis mi palabra, manifestando la misma y única esencia que en todos los tiempos os he entregado: El AMOR. Los principios en que se fundan mi Ley y mi Doctrina son inmutables y eternos.

55. Hoy vengo en Espíritu a manifestar mi verdad y mi presencia por medio de la Luz divina, como en aquel Segundo Tiempo encarné mi Verbo en Jesús, para revelaros mi Verdad a través de la palabra y sellarla con sangre. Era necesario llegar hasta los hombres, convivir con ellos, dejarme sentir y mirar según ellos ven y sienten, para darles pruebas del amor infinito que hacia los hombres siente mi Espíritu.

56. Yo Cristo, a través de Jesús, el hombre, manifesté la gloria del Padre, su sabiduría y su poder. El poder fue empleado para obrar prodigios en bien de los necesitados de fe en el espíritu, de luz en el entendimiento y de paz en el corazón. Ese poder, que es la misma fuerza del amor, fue derramado sobre los necesitados, para darse íntegro a los demás, a tal punto que no lo empleé para mi propio cuerpo, que también lo necesitaba en la hora suprema.

57. Yo no quise hacer uso de mi poder para evitar el intenso sufrimiento de mi cuerpo, porque al hacerme hombre fue con el fin de padecer por vosotros dándoos una prueba palpable, divina y humana de mi infinito amor y mi piedad por los pequeños, por los necesitados, por los pecadores.

58. Todo el poder que manifesté para los demás, lo mismo al limpiar a un leproso, al darle luz al ciego y el movimiento al paralítico, que al convertir a los pecadores y resucitar a los muertos; toda la potestad que manifesté delante de las turbas, para darles pruebas de mi verdad, ya probándoles mi autoridad sobre los elementos y mi potestad sobre la vida y la muerte, no quise siquiera emplearla para Conmigo, dejando que mi cuerpo viviera aquella pasión y sintiera aquel dolor.

Cierto es que mi poder habría evitado todo dolor a mi cuerpo, pero, ¿qué mérito hubiese tenido ante vosotros?, ¿qué ejemplo habría dejado Yo al alcance del hombre, si hubiese hecho uso de mi poder para evitarme el dolor? Era preciso despojarme de mi poder en aquellos instantes, renunciar a la fuerza divina para sentir y vivir el dolor de la carne, la tristeza ante la ingratitud, la soledad, la agonía y la muerte.

59. Por eso los labios de Jesús pidieron ayuda en la hora suprema, porque su dolor era real, mas no era tan sólo el dolor físico el que agobiaba al cuerpo febril y exhausto de Jesús, era también la sensación espiritual de un Dios que a través de ese cuerpo era vejado y escarnecido por los hijos ciegos, ingratos y soberbios, por quienes estaba dando aquella sangre.

60. Jesús era fuerte por el Espíritu que lo animaba, que era el Espíritu Divino y podía haber sido físicamente insensible al dolor e invencible ante las pruebas de sus perseguidores; pero era necesario que llorase, que sintiese, que ante los ojos de la multitud cayese una vez tras otra, agotadas las fuerzas de su materia y que muriese cuando de su cuerpo se hubiese escapado la última gota de sangre.

61. Así quedó cumplida mi misión en la Tierra. Así terminó la existencia en el mundo de Aquél a quien días antes había proclamado Rey el pueblo, precisamente al entrar en Jerusalén.

62. Los mismos que me habían recibido fueron a acompañarme al Calvario y muchos que habían cantado, “¡hosanna!, ¡hosanna!” después fueron a gritar, “¡crucificadle!, ¡crucificadle!” Pero también muchos que me recibieron en su corazón preparado con amor y con fe, me siguieron fielmente hasta el último instante, dejando caer sus lágrimas sobre la huella de sangre que iba dejando su Maestro.

63. Para los que me miraron con la luz de su espíritu, fui el mismo Dios hecho hombre; para quienes sólo me vieron a través de sus sentidos, no fui la verdad, ya que mi muerte en cuanto hombre les confundió haciéndoles sentirse defraudados. Estos fueron los que se burlaron, los que se llamaron engañados, recordando la vehemencia con la que Jesús les prometía un Reino lleno de goces, mas ahora, viéndole doblegado bajo el peso de la cruz y más tarde sujeto a una cruz humillante, no pudieron menos que reír y vociferar que Jesús era un falso profeta que no merecía vivir.

64. Pobres ignorantes entendimientos, pobres espíritus materializados que se confundían ante sus propias conjeturas: “Si es el Hijo de Dios, ¿por qué no ha sido salvado de las manos de sus opresores y verdugos? Si en su voz y en su diestra está el poder, ¿por qué se quejó en la cruz de haber sido abandonado? Si Él es la Vida, el que resucitaba a los muertos, ¿por qué murió a manos de insignificantes hombres?”

65. No era tiempo aún de que la luz llegase al espíritu de aquellas criaturas. Todavía tendrían que caminar por el sendero de la vida para llegar a comprender la divina verdad de mi dolor y de mi muerte. En cambio, quienes me amaron con el espíritu, no tuvieron un instante de confusión ni de duda, y mientras más veían padecer a su Señor, mayor era su admiración ante aquellas pruebas de amor infinito, de justicia y sabiduría perfectísimas.

66. El mismo ladrón Dimas, de quien todos hubiesen dicho que poseía un corazón lleno de tinieblas, incapaz de descubrir un átomo de mi verdad, supo conocer mi Divinidad, precisamente allí donde otros dejaron de reconocerla: En la cruz, él supo mirar mi luz, él logró descubrir mi amor, él vio la humildad de Jesús y la ceguedad del mundo, y porque había sufrido mucho en la Tierra y había sido juzgado y había conocido el cadalso, me comprendió y se dijo en su corazón: “Bien está que yo muera en una cruz, como ladrón y malhechor; pero, ¿por qué ofrecéis al Maestro este cáliz, a este hombre del que sólo bienes habéis recibido?” Y al ver la paciencia y la humildad con que el justo Jesús agonizaba, no pudo contenerse y exclamó: “¡Señor, cuando estés en tu Reino, acuérdate de mí!”

67. Sí, amado Dimas, tú fuiste Conmigo en el paraíso de la luz y de la paz espiritual, a donde llevé a tu espíritu, en premio a tu fe. ¿Quién hubiese dicho a los que dudaban que en Jesús, moribundo y sangrante, habitase un Dios, que en el ladrón que agonizaba a su diestra se ocultase un espíritu de luz? El tiempo pasó y cuando la calma renació, muchos de aquéllos que me negaron y escarnecieron fueron penetrando en la luz de mi verdad, por lo que su arrepentimiento fue grande y su amor para seguirme fue inquebrantable.

68. Yo había legado al mundo, desde la cruz, el Libro de la Vida y la Sabiduría espiritual. Un Libro para ser analizado y comprendido por los hombres a lo largo de los siglos, de las Eras y los tiempos. Por eso dije a María, estremecida de dolor a los pies de la cruz: “Mujer, he ahí a tu hijo”, señalándole con la mirada a Juan, quien representaba en ese instante a la humanidad, pero a la humanidad convertida en el buen discípulo de Cristo a la humanidad espiritualizada.

69. A Juan también le hablé diciéndole: “Hijo, he ahí a tu Madre”; palabras que ahora voy a explicaros:

70. María representa la pureza, la obediencia, la fe, la ternura y la humildad. Cada una de esas virtudes es un peldaño de la escala por donde Yo descendí al mundo para hacerme hombre en el seno de Aquella mujer santa y pura.

71. Esa ternura, esa pureza y ese amor, son el Seno divino, donde la semilla de la vida es fecunda.

72. Esa escala, por la que Yo descendí a vosotros para hacerme hombre y habitar con mis hijos, es la misma que os presento para que a través de ella ascendáis hacia Mí, transformándoos de hombres en espíritus de luz.

73. María es la escala, María es el Seno Materno. Buscadla a Ella y me encontraréis a Mí.

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