Enseñanza 308

1. Amados discípulos: Practicad diariamente la oración espiritual, poniendo en ella todo el propósito de llegar a perfeccionaros. Mirad que además de penetrar en una comunión íntima con vuestro Maestro y de experimentar una paz infinita en aquellos instantes, ella, representa la mejor ocasión para que recibáis mis divinas inspiraciones, en ellas encontraréis la explicación de todo aquello que no hayáis comprendido o que hayáis entendido mal. Encontraréis la forma de prevenir algún peligro, de resolver un problema, de solucionar una confusión. En aquella hora de bendita comunicación espiritual, se aclararán todos vuestros sentidos y os sentiréis más dispuestos e inclinados a hacer el bien.

2. Aprended a orar en esta forma, ahora que vuestro mundo se encuentra erizado de peligros de todas clases, quien aprenda a orar con el espíritu, tendrá las armas que lo harán invencible en la lucha y que le darán fuerza para resistir todas las pruebas.

3. Os traigo mi luz, ya que todavía no sois capaces de alumbrar vuestro camino con vuestra propia luz; mas cuando ya estéis aplicando a vuestra vida mi Doctrina, entonces me diréis: “Gracias, Padre, que nos habéis enseñado a caminar por la senda de la vida, porque ya no volveremos a perdernos ni a tropezar”.

4. En aquel tiempo os dije: “Yo soy la Luz del mundo”, porque hablaba en cuanto hombre y porque no conocían los hombres más allá de su pequeño mundo. Ahora en Espíritu os digo: “Yo soy la Luz Universal, la que alumbra la vida de todos los mundos, cielos y moradas, la que ilumina y da vida a todos los seres y criaturas”.

5. Sois hijos del Padre de la Luz, mas si por debilidad vuestra habéis caído en las tinieblas de una vida llena de sinsabores, de errores y lágrimas, estas penas pasarán porque os levantaréis a mi voz, cuando os llame y os diga: “Aquí estoy, iluminando vuestro mundo e invitándoos a escalar el monte en cuya cima encontraréis toda la paz, la dicha y la riqueza que en vano habéis querido atesorar en la Tierra”.

6. Mi perdón os envuelve, pueblos y criaturas de este mundo, y mi luz, como el ladronzuelo que de noche penetra en una alcoba, llega hasta lo más recóndito de todos los corazones para hacerles sentir mi presencia de Padre, porque a todos amo.

7. Bendigo vuestras penas y vuestras lágrimas, pueblo amado, pero os digo, que todavía no habéis aprendido a aceptar con amor y conformidad el cáliz de amargura. No os habéis propuesto imitarme y por eso muchas veces en vuestras pruebas mostráis inconformidad y hasta rebeldía.

8. Ved que estáis deseando ser mis discípulos y que como tales debéis apurar vuestro cáliz como Yo os enseñé, no vayáis mostrando al mundo vuestra flaqueza ni vayáis pregonando vuestras vicisitudes. ¿Acaso Yo, durante mi tránsito por la calle de la amargura hacia el Calvario, me rebelé contra mis verdugos? No. Aquellos labios sólo bendecían y decían en voz baja: “Padre, hágase tu voluntad”, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

9. No olvidéis que el mérito no consiste en sufrir, sino en saber sufrir con amor hacia el Padre, con fe y paciencia, a fin de extraer del sufrimiento el mayor provecho y las más profundas lecciones.

Si en vuestras pruebas no hubiese amor hacia mi voluntad, no habréis hecho méritos ante Mí, no habréis sabido aprovechar la oportunidad de elevaros un poco más y por lo tanto, tendréis que volver a pasar por aquella prueba que es necesaria a vuestro espíritu.

Otra sería vuestra vida si en vez de arrastrar penosamente vuestra cruz, avanzaseis por el sendero bendiciendo vuestro dolor, pues al instante, sentiríais como si una mano invisible llegara hasta vosotros para apartar de vuestros labios el cáliz de amargura.

10. Bienaventurado el que bendice mi voluntad, bienaventurado el que bendice su propia amargura sabiendo que ella lavará sus manchas, porque ese está afirmando sus pasos para ascender la montaña espiritual.

11. No siempre será necesario que bebáis hasta el fondo el cáliz de amargura, porque bastará con mirar vuestra fe, vuestra obediencia, vuestro propósito e intención de obedecer mi mandato, para que Yo os exima de llegar al instante más duro de vuestra prueba.

Recordad que a Abraham le fue pedida la vida de su hijo Isaac, a quien mucho amaba y que el patriarca, sobreponiéndose a su dolor y pasando por sobre el amor a su hijo, se aprestó a sacrificarlo en una prueba de obediencia, de fe, de amor y humildad que aún vosotros no podéis concebir; mas no le fue permitido que consumase el sacrificio en el hijo, porque ya en el fondo de su corazón había probado su obediencia ante la voluntad divina y con ello era bastante. ¡Cuán grande fue el gozo de Abraham, cuando su mano fue detenida por una fuerza superior, impidiéndole el sacrificio de Isaac! ¡Cómo bendijo el nombre de su Señor y se maravilló de su sabiduría!

12. Pues bien, pueblo amado, Yo quiero que tengáis presentes las grandes lecciones que a través de los tiempos os he dado, para que lleguéis a conocerme verdaderamente, para que sintáis mi presencia en vuestras pruebas, en los instantes difíciles o amargos. Porque hasta ahora, no habéis logrado una completa sensibilidad espiritual que os permita sentir mi presencia, por eso no podéis valorizar mis obras de amor y de justicia que a cada paso realizo en vuestra vida.

13. ¡Cuántas pruebas rechazáis con vuestra ignorancia, sin daros cuenta de la luz que traían a vuestro espíritu! ¡Cuántas lecciones no han llegado a su término, porque vuestra inconformidad, falta de fe o cobardía no lo han permitido!

14. No es que Yo os diga que es el dolor lo que debéis amar, no, es la paz, es la dicha, es la luz la que debéis amar, pero ya que el dolor, como resultado de vuestras imperfecciones ha llegado a vuestros labios como un cáliz de redención, apuradlo con paciencia y bendecidlo, sabiendo que a través de él podréis encontrar vuestra purificación, así como la revelación de muchas verdades.

15. Hombres y mujeres de poca fe, ¿por qué decae vuestro ánimo en las pruebas?; ¿no habéis visto acaso nunca cómo me apresuro a levantar al caído, cómo enjugo las lágrimas del que llora, cómo acompaño al solitario y visito al enfermo?

16. Hombres y mujeres que mucho habéis llorado en la vida, a vosotros va dedicada esta lección. Meditad profundamente en ella y veréis qué consuelo tan dulce penetra en vuestro corazón. Una lucecita se encenderá en lo más recóndito de vuestro ser y una sensibilidad que nunca antes habíais experimentado, sorprenderá vuestras fibras dormidas, dejándoos sentir mi presencia espiritual, así en vuestras penas como en vuestras alegrías y en vuestros momentos de paz.

17. Dejad en Mí, en estos instantes, toda queja y dolor, llorad y sollozad, porque en el llanto desahogará vuestro espíritu el peso de su fardo y después encontrará más libre al corazón.

18. Llorad, pueblo amado, porque el llanto es una de las oraciones más sinceras que del corazón brotan para Dios. Mañana, cuando hayáis vencido al dolor y hayáis alcanzado la espiritualidad, no será el llanto vuestra mejor oración, sino la paz de vuestro espíritu, a través de la cual os acercaréis a Mí para bendecirme.

19. Hoy me presento en Espíritu ante vosotros y os hablo en Espíritu para que podáis conocerme un poco más.

20. Cuando estuve en el mundo, el pueblo me vio en cuanto hombre y conoció mi Nombre: Jesús. Fue hasta después de mi ascensión, cuando los hombres comenzaron a comprender que aquél que había hablado en Jesús, había sido el Cristo anunciado por los profetas, y desde entonces a Jesús le llamaron Cristo.

21. En verdad os digo, que Cristo no nació en vuestro mundo, porque Él fue antes que todos los mundos, puesto que es Uno con el Padre.

22. Quién nació en vuestro mundo y tomó carne del Seno de una mujer, fue Jesús, el hombre, el cuerpo bendito que fue mi instrumento y mi intérprete para que la humanidad me viese y me escuchase.

23. Yo, Cristo, el que os habla, fui en Jesús, Yo le di vida, le fortalecí y le inspiré. Fue destinado para cumplir una misión divina y para que su vida, su cuerpo y su sangre consagrados a quien le animaba espiritualmente, sellasen cuanto por sus labios hablase el Verbo.

24. Fue Jesús humana criatura, pero concebida sin mancha ni impureza, para servir de instrumento a Dios, encarnando en Él, el Verbo, que es la divina Palabra. A la edad de treinta años, cuando se hallaba en plenitud, el Cristo que habitaba en Él, se manifestó en todo el esplendor de su gloria, de su verdad y su amor.

25. El dulce Jesús, el humilde Nazareno que había esperado la hora en que por sus labios brotase la divina Palabra, buscó a Juan en las riberas del Jordán para recibir las aguas del bautismo. ¿Iba Jesús en busca de purificación? No, pueblo. ¿Iba acaso a celebrar un rito? Tampoco. Jesús sabía que era llegada la hora en que Él dejaba de ser, en que el hombre desaparecía para dejar hablar al Espíritu y quiso señalar esa hora con un acto que se grabaría en la memoria de la humanidad.

26. Las aguas simbólicas no tuvieron que lavar ninguna mancha, pero sí para ejemplo de la humanidad, despojaban a aquel cuerpo de todo lazo con el mundo, para dejar que se fundiese en voluntad con mi Espíritu. Fue cuando los que presenciaron aquel acto, escucharon una voz divina que humanizada dijo: “He aquí a mi Hijo amado, en quien he puesto mis complacencias, a Él oíd”.

27. Y desde ese instante, el Verbo de Dios se hizo palabra de Vida Eterna en los labios de Jesús, porque Cristo se manifestó en plenitud a través de Él. Los hombres le llamaron Rabí, Maestro, Enviado, Mesías e Hijo de Dios.

28. Tres años hablé al mundo por aquellos labios, sin que una de mis palabras o uno de mis pensamientos fuese tergiversado por aquella mente, sin que uno de sus actos estuviese en desacuerdo con mi voluntad. Es que Jesús y Cristo, hombre y Espíritu fueron uno, como uno es Cristo con el Padre.

29. Discípulos: Ahora he venido a hablaros comunicándome espiritualmente por medio de hombres, pero no son ellos mi cuerpo, como lo fue Jesús, ni he venido a encarnar en este tiempo, por eso veis que, al hablaros a través de criaturas impuras como sois todos vosotros, tenéis que prepararos para escucharme, a fin de encontrar mi divina esencia y mi verdad, más allá del lenguaje torpe e imperfecto de mis portavoces.

30. Benditos sean los que sepan encontrar mi esencia y la separen de las imperfecciones del lenguaje humano, porque ellos serán mis mejores intérpretes, los que no se confundan como aquellos que, estudiando mi palabra y mis obras del Segundo Tiempo, no saben distinguir cuándo es Jesús, el hombre el que habla y cuándo es Cristo, el Espíritu el que enseña.

31. Estudiad con amor mis lecciones para que después, cuando tengáis que testificar sobre mi manifestación, sepáis hablar con verdad y sencillez a vuestros hermanos.

32. Me presentáis gozosos vuestras obras, conversáis Conmigo y me habláis de vuestros triunfos y también de vuestros tropiezos y Yo, el Padre, que presido vuestra vida y velo eternamente por vosotros, os animo a seguir adelante, a luchar con afán para que lleguéis a alcanzar la virtud y justicia en todos vuestros actos.

33. Habéis aprendido a orar antes de dar un paso, queréis trabajar dentro de la más estricta obediencia a mis leyes, y pensáis a cada instante vuestra responsabilidad como discípulos míos que sois. Estáis preparándoos de tal manera que podáis dar cumplimiento a vuestros deberes en la Tierra, sin que éstos ocupen todo vuestro tiempo y atención, para dedicar las mejores horas, vuestras energías y vuestro corazón al cumplimiento de vuestra misión espiritual. Consideráis que el tiempo de vida que se os concede es el preciso que necesitáis para realizar una obra grande, digna de vuestro espíritu y por eso, al conocer vuestros dones, os disponéis a trabajar con todas las fuerzas de vuestro ser y hay alegría en vosotros y satisfacción en vuestro Padre.

34. Os he llamado y os he preparado como un vaso limpio que pueda contener toda la esencia de esta Doctrina, y cuando tengáis este depósito saturado, lo llevéis a vuestros hermanos para que ellos participen también de vuestro gozo. Ya miráis frente a vosotros un vasto horizonte, un camino que comienza en Mí y termina también en Mí. Recordad que os he dicho: “Yo soy el Camino”, y si lo tomáis obedientemente, si recibís con amor lo que os ofrece, llegaréis al final con la satisfacción y la paz reflejada en vuestro ser. No traeréis ante Mí queja alguna, porque habréis dado todo lo que poseíais, os habréis ofrecido íntegramente para ayudar a una parte de la humanidad, en su camino hacia la espiritualidad, esa parte que estaba señalada a vosotros en esta Obra de reedificación.

35. No os disperséis antes de sentiros fuertes, estudiad antes de partir a otras comarcas para que seáis faro en el camino de vuestros hermanos. Preparaos como lo hicieron mis discípulos del Segundo Tiempo. Ellos, después de convivir con su Maestro, de beber ávidamente mis palabras y presenciar mi prodigios, se sentían débiles y pequeños para continuar mi Obra, y me pedían que quedase un tiempo más con ellos, pero a medida que se acercaba el día de mi partida, fueron aceptando el que su Maestro tan amado se ausentase y dejara sobre ellos tan delicado cargo. Yo penetré en su corazón y sentí el dolor que los embargaba y mis palabras como un bálsamo caían sobre ellos para consolarlos en su grande pena, y les dije: “No temáis, que Yo estaré cerca de vosotros y mi luz descenderá siempre para iluminaros”. Así he venido ahora, sólo por un tiempo, en el cual habéis tenido mis complacencias; esta palabra también cesará para después seguir fluyendo sin mediación del hombre, sino de Espíritu a espíritu.

36. No quiero que lloréis inconformes por la desaparición de estas manifestaciones, sino que así como habéis gozado intensamente con mi palabra, aceptéis que cese esta forma para dar paso a una nueva de mayor altura que os acerque más a vuestro Padre.

37. Miradme con vuestro espíritu y penetrad con amor en la solemnidad de este momento. Está mi rayo iluminando a un portavoz y mi palabra fluyendo para caer en el fondo de vuestro corazón, que es huerto que Yo estoy cultivando con amoroso cuidado. Mi palabra es el agua que lo riega para hacerlo fecundo y próspero y después, esparcir las nuevas simientes sobre los campos ávidos de amor de esta humanidad.

38. Dejad que Yo os guíe y al final del camino encontraréis que vuestra obra es grande, porque supisteis obedecer y aceptar mi voluntad.

39. Ya se aproxima el fin de mi comunicación, una vez que concluya este año de 1950. Luego vendrá el torbellino a azotar el árbol corpulento para que caiga de él las hojas secas, sin vida y los malos frutos.

40. Por causa de esa grande prueba que vendrá sobre mi pueblo, muchos corazones caerán como hojas secas desprendidas del árbol que les daba la savia, caerán por falta de fe o de amor, caerán por confusión o por falta de ideal; pero los huecos que dejasen se llenarán más tarde con creyentes fervorosos y discípulos de buena voluntad.

41. Los nuevos discípulos serán entresacados de aquellos que por ahora ni siquiera de nombre conocen mi Obra, unos serán humildes y fervientes desde el primer instante y en cuanto escuchen mi voz que les dice: “Seguidme”, me seguirán, imitando a los discípulos que en el Segundo Tiempo encontré pescando en el mar.

42. Habrá también quienes se levanten en contra de mi Obra, persiguiendo encarnizadamente a mi pueblo y también de entre ellos surgirán mis grandes sembradores, mis más fieles y elevados discípulos, quienes recordarán con su conversión a Saulo, mi amado Pablo, quien, con su entrega de amor hacia su Maestro, llenó el lugar que entre los doce discípulos había dejado vacante aquel que me vendió.

43. Así, en este tiempo, las nuevas multitudes habrán de llegar entre mi pueblo a llenar el vacío de quienes me volvieron las espaldas, me negaron o me traicionaron.

44. ¡Oh, corazones qué vais a serme infieles en la hora de prueba, llevad en vuestros espíritus la semilla inmortal de mi palabra, para que en ella alcancéis un día vuestra salvación!

45. Y a los que vais a serme fieles, a los que van a seguirme hasta el fin, les digo que se preparen, que se fortalezcan en la esencia de mi palabra, para que no vayan a tener ni un solo momento de flaqueza ante aquellos que os juzguen, os critiquen, calumnien o persigan.

46. No apartaréis de vuestra mente el caso de Pedro, mi discípulo, perseguido a muerte por Saulo. Yo le probé al fiel apóstol que no estaba solo en su prueba y que si confiaba en mi poder, Yo le defendería de sus perseguidores. Saulo fue sorprendido por mi luz divina, cuando se encaminaba en busca de Pedro, para prenderle. Mi luz llegó a lo más profundo del corazón de Saulo, quien postrado ante mi presencia, vencido por mi amor, impotente para llevar a cabo la misión que en contra de mi discípulo llevaba, sintió en el fondo de sí la transformación de todo su ser, y, ya convertido a la fe de Cristo, se apresuró a ir en busca de Pedro, pero ya no para matarle, sino para pedirle que le instruyese en la palabra del Señor y le dejase tomar parte en su obra.

47. Desde entonces Saulo fue Pablo, significando aquel cambio de nombre, la absoluta transformación espiritual de aquel hombre, su conversión absoluta.

48. Así en este tiempo, digo a mi pueblo que, si en verdad confía en Mí, como aquellos discípulos, ni siquiera tendrán necesidad de defenderse de sus calumniadores o perseguidores, porque Yo a ellos les sorprenderé a la mitad de su camino, haciéndoles escuchar mi voz en lo más puro de su espíritu, aquella misma voz que habló al corazón de Saulo, diciéndole: “¿Por qué me persigues?” ¡Cuántos casos de conversión tendréis que contemplar! ¡De cuántos prodigios tendrán que ser testigos vuestros ojos! Mas, sabed preparaos y sabed esperar. Velad y orad, pueblo. Las tempestades vendrán a sacudir el árbol y Yo quiero que todos permanezcáis unidos a él, entonces todos podréis ver cumplidas mis profecías.

49. No temáis a la flaqueza de vuestra memoria, pensando que de ella se escape la mayor parte de mis palabras. Yo sé deciros en verdad, que si en el instante de una prueba, supieseis prepararos y penetrar en meditación, mi palabra aparentemente olvidada, volverá a vuestra memoria.

50. Allí, en el silencio y en el recogimiento de vuestra meditación, os parecerá estar escuchando esta palabra y será que en verdad estaréis recibiendo espiritualmente su esencia.

51. Esa experiencia os llenará de confianza, sabiendo que en cualquier instante de vuestra lucha mi palabra acudirá a vuestros labios y mi luz a vuestra mente.

52. Roque Rojas, el precursor, escribió inspirado por el espíritu de Elías, esta frase: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y veréis a mi Padre en todo su esplendor”. Verdad y luz hay en esas palabras, discípulos, porque quien no practicare en su vida la caridad, no entrará jamás en mi Reino. Por el contrario, os aseguro que por la caridad alcanzará a salvarse el pecador más duro y empedernido.

53. No dejaréis para el último momento la práctica de la caridad, no sea que lleguéis con muy escasos méritos ante la puerta del Reino espiritual y no podáis penetrar.

54. Os aconsejo que en todo el trayecto que os falta por recorrer, vayáis sembrando y cultivando esa simiente para que podáis tener una abundante cosecha.

55. Haced que la caridad sea entre vuestras aspiraciones, la primera, y no os arrepentiréis nunca de haber sido caritativos, porque a través de esa virtud tendréis las mayores satisfacciones y dichas de vuestra existencia y obtendréis al mismo tiempo toda la sabiduría, la fuerza y la elevación que anhela todo espíritu noble.

56. Por medio de la caridad hacia vuestros hermanos, purificaréis vuestro espíritu, saldando en esa forma antiguas deudas, ennobleceréis vuestra vida humana y elevaréis vuestra vida espiritual, y cuando lleguéis delante de la puerta a la que todos vendréis a llamar, será muy grande vuestra dicha, porque escucharéis la voz de bienvenida que el Mundo Espiritual os dará, bendiciéndoos y llamándoos en la Obra de regeneración y espiritualidad.

57. Venid a Mí, multitudes y aprended en mi palabra a practicar la caridad, venid y oídme y recibid cuánto vengo a derramar sobre vosotros, para que comprendáis que el más pobre de vosotros, espiritualmente posee un caudal de bienes que a través de vuestra caridad podrán traducirse en vida, en salud, en consuelo, en paz, en sabiduría.

58. Nadie diga que no está en condiciones de hacer obras de caridad, tomando en cuenta su pobreza material, porque será su ignorancia, su falta de fe y su pequeñez espiritual, las que hablen así.

59. Aquí, en mi pueblo, no puede haber pobres, porque mi Reino se ha acercado a los hombres para desbordar sus tesoros en ellos.

60. Es mi palabra como un río caudaloso de aguas cristalinas y puras, que ha llegado a vuestras tierras para lavar y fecundar los campos. Purificad vuestro corazón y vuestro espíritu en ellas, para que caminéis libres del fardo de vuestros errores, a los que llamáis pecados.

61. Si no os purificaseis primero, no podréis experimentar el sentimiento de caridad hacia vuestros hermanos, ni menos podréis fundiros con sus lágrimas ni uniros en su dolor. Tened presente siempre que este pueblo ha traído a la Tierra la misión de unir espiritualmente a la humanidad en una sola familia.

62. Ya estáis en el año de 1950, el último de mi comunicación bajo esta forma; no podréis negar que me habéis escuchado mucho y que al concluir mi mensaje, todo habrá sido dicho por Mí. Entonces es hora de que os diga, que dejéis vuestra pasividad y os tornéis en activos labriegos de estas tierras benditas, que dejéis ya de ser tan sólo los que os concretéis a hacer acto de presencia ante mi palabra, a escuchar o a pensar. Es tiempo de que ya vuestro espíritu, liberado de trabas, lazos y cadenas, se levante y surja en este tiempo, entregando al mundo el mensaje que le ha sido confiado.

63. Hace falta que muchos que tan sólo se concretan a asistir a estas manifestaciones espirituales, se inicien en el cumplimiento de su misión, tomando como escuela estos recintos, donde vibra la palabra del Maestro y se escucha el consejo del Mundo Espiritual. Es necesario también que los labriegos que por mucho tiempo se han limitado a trabajar sólo en estos recintos, comprendan que presto viene la hora en que tengan que diseminarse por diferentes rumbos de la Tierra, a extender la semilla de luz y de paz con que mi Espíritu les ha donado.

64. Mucho tendréis que luchar entre vosotros y mucho habré de probaros para que alcancéis aquella preparación que se requiere para el desempeño de vuestra misión.

65. Las pruebas tendrán por finalidad vuestra unificación, porque mientras no exista la unión espiritual en el seno de este pueblo, la semilla que coseché tendrá que ser vana.

66. Por eso, con tiempo os he dicho que empecéis por armonizar entre vosotros si queréis más tarde armonizar con toda la humanidad, porque se os dijo desde los primeros días: “Caridad y más caridad con vuestros hermanos y veréis a mi Padre en todo su esplendor”.

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