Enseñanza 305

1. La vida espiritual de la humanidad está dividida en Tres Eras o Tiempos. En el Primer Tiempo me hice reconocer como Padre, en el Segundo me manifesté como Maestro y en esta Tercer Era me estoy haciendo sentir como Juez.

2. Esas son las tres fases que he revelado a los hombres y a través de las cuales habréis de conocerme en plenitud, mas no queráis ver tres dioses ni tres personas ahí donde sólo existe un solo Espíritu Divino, porque en este tiempo estáis capacitados para aceptar la simplificación de todo aquello que habéis envuelto en misterio y que habéis complicado hasta hacerlo incomprensible.

Mi Templo está sin terminar, esta obra se encuentra estancada desde hace muchos siglos, y debéis ahora reanudarla, con el ideal de concluirla para ofrecerla a vuestro Padre.

3. No será necesario que todos los pueblos de la Tierra presencien esta manifestación, porque Yo haré que mis enseñanzas se difundan por todo el orbe por medio de escritos y de libros, como se hizo en el Segundo Tiempo. Entonces será conocido mi Mensaje espiritual y se levantarán a cumplirlo hombres de buena voluntad.

4. En este Libro humilde y sencillo, pero rebosante de Luz divina, encontrarán los hombres la aclaración de todas sus dudas, encontrarán el complemento de las enseñanzas que sólo en parte fueron reveladas en tiempos pasados y hallarán la forma clara y sencilla para interpretar cuanto está oculto en el sentido figurado de los textos antiguos.

5. El que después de recibir esta misiva espiritual se persuada de la verdad de su contenido y se levante combatiendo su materialidad, su idolatría y su fanatismo, limpiando de todas esas impurezas su entendimiento y corazón libertará a su espíritu, proporcionándole felicidad y paz, porque ya podrá luchar para conquistar la eternidad que le aguarda. Pero quienes persistan en su culto externo, quienes se obstinen en amar lo del mundo y no creer en el desarrollo o evolución del espíritu, de cierto os digo, que se quedarán atrás y llorarán cuando se den cuenta de su retraso y de su ignorancia.

6. ¿Por qué mientras todo crece, se transforma, se perfecciona y desarrolla sin cesar, sólo vuestro espíritu ha de tener que permanecer estancado a través de los siglos?

7. El espíritu humano es quien debiera caminar al frente de cuantas obras realiza el hombre, porque él es a quien se le ha confiado la vida en la Tierra, sin embargo, ahí en vuestro mundo hacéis porque el espíritu se desatienda de sus más altas misiones, para consagrarlo a los ideales terrestres y envolverlo cada día más en el vértigo de esa vida que habéis creado.

8. Ya que mucho habéis descubierto y aprendido por medio de la ciencia, no ignoráis la evolución incesante que existe en todos los seres de la Creación; pues Yo quiero que comprendáis que no debéis dejar abandonado a vuestro espíritu en ese retraso y en ese estancamiento en que le habéis hundido tanto tiempo ha, y que debéis luchar por lograr la armonía con todo cuanto os rodea, a fin de que llegue para los hombres un día en que la Naturaleza en vez de ocultar sus secretos, los revele y en vez de que los elementos os sean hostiles, lleguen a ser siervos, colaboradores, hermanos.

9. Yo envié al espíritu a encarnarse a la Tierra y convertirse en humano, para que fuese príncipe y señor de cuanto en ella existe, no para que fuese esclavo ni víctima, ni menesteroso, como veo que lo es. El hombre es esclavo de sus necesidades, de sus pasiones, de sus vicios y de su ignorancia.

10. Es víctima de sufrimientos, tropiezos y vicisitudes que su falta de elevación espiritual le ocasionan en su tránsito por la Tierra. Es menesteroso, porque ignorando la parte de herencia que le corresponde en la vida, no sabe de lo que es dueño y es como si nada tuviera.

11. Es necesario que esta humanidad despierte para que comience a estudiar en el Libro de la vida espiritual y pronto, transmitiéndose esa idea de generación en generación, surja aquella simiente bendita en la que se cumpla mi palabra. Os he dicho, que esta humanidad alcanzará un día la espiritualidad y sabrá vivir en armonía con todo lo creado y sabrán marchar al mismo compás, espíritus, entendimientos y corazones.

12. Este Tercer Tiempo, en el que la maldad humana ha alcanzado su mayor altura, será sin embargo, tiempo de reconciliación y de perdón.

13. Mientras los hombres, inspirados en sus mezquinas ambiciones y en sus odios, preparan la destrucción de sus hermanos a quienes llaman enemigos, Yo preparo la hora en que habré de juzgarles, haciéndoles medir y contemplar su obra.

14. En esa hora de justicia, cuando la Conciencia sea escuchada y su luz brille iluminando la razón y el corazón, los hombres mesarán sus cabellos y crujirán sus dientes, diciéndome: “Señor, ¿cómo pude ser capaz de tanto mal?; ¿por qué permitiste que llevase a cabo obra tan indigna?”

15. Bienaventurados los que despierten en ese instante de justicia, porque verán descender sobre ellos la luz de mi perdón, verán llegar el día bendito de la reconciliación. Entonces comprenderán muchos hombres el por qué de mi Doctrina de Amor y sabrán lo que significa para Mí cada uno de mis hijos, aunque se trate de los más pecadores.

16. Sí, pueblo amado, os amo infinitamente a todos, porque aun detrás de un gran pecador, está un espíritu que necesita mi luz para no pecar más.

17. Vengo a salvar a los delincuentes porque el hombre que delinque, es también un hijo de Dios y vale mucho para Mí cada uno de mis hijos.

18. Yo extenderé esta Doctrina por toda la Tierra como un manto de esperanza y salvación, ofreciendo a todos la oportunidad de pagar poco a poco las deudas pasadas y las deudas presentes, hasta que vuelvan a sentirme en lo más recóndito de su ser.

19. Hace mucho tiempo que no me sentís, que me habéis perdido y Yo voy a daros la ocasión para encontrarme. Yo sé que el que vuelve a hallarme en su camino, ese no me pierde ya jamás.

20. Comenzad a caminar hacia Mí, pecadores, no temáis que al llegar ante mi presencia mi voz os juzgue delante de vuestros hermanos, porque Yo no os delataré. No temáis, como no temió Magdalena, quien, llegando hasta Mí, se despojó de su pesada carga de pecados, sin importarle quiénes la miraban, escuchaban o juzgaban. Estaba tranquila porque sabía que no era ya una mujer manchada por el pecado, sino una pecadora purificada por el arrepentimiento.

21. A ella imitad en su arrepentimiento y en su amor.

22. Yo haré oír a todos mi voz en las Conciencias, de Padre, de Maestro, de Juez, que penetrará en los corazones haciéndolos latir de gozo, de asombro y de amor. Mi voz será escuchada en el interior de cada criatura, porque vuestro espíritu está a tiempo de recibirme en esta forma.

23. En el silencio de las celdas de los presidios se dejará escuchar mi voz, diciendo a aquellos hombres y a aquellas mujeres sin esperanza: “Aquí estoy con vosotros, ¿acaso creíais estar abandonados de vuestro Padre? No, pequeños, no vengo a preguntaros si sois homicidas o si habéis hurtado, vengo a redimir con mi amor al que ha pecado, vengo a fortalecer al que ha caído y a salvar al inocente que ha sido víctima de una calumnia, de una injusticia o de un error”.

24. Mi voz se escuchará en medio del estruendo de la guerra y será tan penetrante su acento, que las armas de los hombres enmudecerán cuando sea sentida mi presencia.

25. En los hospitales y doquiera se encuentre un enfermo, también me haré sentir y oír, ungiendo y consolando a los enfermos como sólo Yo puedo hacerlo. Un manto de paz y de consuelo tenderé sobre el dolor de los que sufren olvidados de sus hermanos y un bálsamo divino derramaré sobre sus males, levantándoles a la vida, para que den testimonio de mi presencia espiritual.

26. En los hogares seré sentido por los niños y por los mayores, y unos y otros darán testimonio de mi presencia.

27. Si encuentro apagado el fuego del hogar, llamaré al esposo y le diré: “¿Por qué no sois dulce y comprensivo? ¿Por qué no encendéis el fuego del amor que es la llama que da vida a vuestra unión?” Si le encuentro alejado de sus deberes, le sorprenderé diciéndole: “¿Por qué os habéis apartado del camino y habéis arrojado la cruz? ¿No tuvisteis valor para apurar las últimas gotas de acíbar que quedaban en el cáliz? Retornad al camino en que Yo os puse, sólo allí me encontraréis para premiar vuestra fe, vuestra obediencia y fortaleza”.

28. A la esposa le tocaré en las fibras más delicadas del corazón y le preguntaré: “Mujer, ¿acaso creéis encontrar fuera del sendero de vuestro deber la paz que anheláis? No, no os engañéis. El mérito vuestro consistirá en llevar con abnegación y con paciencia hasta el fin la cruz que Yo deposité en vuestros hombros”.

29. No quedará un corazón a quien no haga sentir mi divina presencia, invitándole a la reconciliación, al amor y a la paz.

30. Busco corazones preparados en quienes depositar mi esencia, que es como penetrar en Espíritu en el Templo interior del hombre, en ese Templo del que habré de arrojar vuestros pecados como si fuesen profanos mercaderes, hasta dejar limpio el Santuario.

31. No traigo látigo para haceros comprender mi palabra, traigo Pan de Vida para fortaleceros en el ideal de vuestra elevación.

32. Cuando el mundo ha llegado a creer que le he olvidado, que le he abandonado en su abismo de dolor y de pecado, Yo he venido a darle una nueva prueba de mi amor infinito, que no puede abandonaros jamás y que por eso os habla paternalmente y os perdona.

33. A veces, escuchando mi palabra llena de ternura divina, llegáis a turbaros sin alcanzar a comprender por qué empleo esta forma de enseñanza para con los pecadores, cuando debiera usar de algún rigor para doblegarles.

34. Yo os digo que en este Tercer Tiempo, aunque os parezca un imposible, la regeneración y la salvación de la humanidad, no será difícil, puesto que la Obra de Redención es Obra divina.

35. Mi amor será el que vuelva a los hombres al camino de luz y de verdad. Mi amor penetrando sutilmente en cada corazón, acariciando a cada espíritu, manifestándose a través de cada Conciencia, transformará las duras rocas en sensibles corazones; hará de los hombres materialistas, seres espiritualizados y hará de los pecadores empedernidos, hombres de bien, de paz y de buena voluntad.

36. Os hablo así, porque nadie mejor que Yo conoce la evolución de vuestro espíritu y sé que esta humanidad, a pesar de su gran materialismo, de su amor por el mundo y de sus pasiones desarrolladas hasta el máximo del pecado, sólo en apariencia vive aferrada a la carne y a la vida material. Yo sé que en cuanto sienta en su espíritu el toque amoroso de mi amor, vendrá presto a Mí para despojarse de su carga y seguirme por el camino de verdad que, sin darse cuenta, mucho desea recorrer.

37. No tendré que mostrarle la Ley grabada en piedra como en el Primer Tiempo, ni tendré que manifestar mi presencia por medio de los elementos de la Naturaleza para que pueda sentirme, ni siquiera tendré que venir al mundo en forma humana, para redimir al espíritu de la humanidad a través de una vida dolorosa y de una muerte cruenta.

38. Los tiempos han transcurrido, el espíritu del hombre ha evolucionado, ya no es el niño de los tiempos antiguos que necesitaba palpar con sus manos y percibir con sus sentidos materiales lo divino para poder creer en Dios y en mi presencia.

39. Detrás de su materialismo e insensibilidad para lo espiritual, esta humanidad oculta un espíritu de luz, un espíritu que ha recorrido largas sendas y ha resistido grandes pruebas que le han dado temple, experiencia y conocimiento. Bastará que se disponga a penetrar en un diálogo interior con su Conciencia para que surja a una nueva vida y descubra en la esencia de su ser, el verdadero Tabernáculo de donde parte la voz infinita del Señor como una Ley de eterna y sabia justicia, como un camino siempre lleno de luz y de seguridad.

40. Si no existiese esa evolución espiritual en esta humanidad, ni se encontrara en la proximidad de su liberación, no os habría hecho la revelación de la comunicación de espíritu a Espíritu para este tiempo.

41. Las pruebas por las que atraviesa vuestro mundo, son las señales del final de una Era, son el ocaso o la agonía de un tiempo de materialismo, porque materialismo ha habido en vuestra ciencia, en vuestras ambiciones y en vuestros afectos. Materialismo ha habido en vuestro culto hacia mi Espíritu y en todas vuestras obras.

42. El amor al mundo, la codicia por lo terreno, el deseo de la carne, el deleite de todos los bajos deseos, el egoísmo, el amor por sí mismo y el orgullo, fueron la fuerza con que creasteis una vida según vuestra inteligencia y vuestra voluntad humana, cuyos frutos os he dejado recoger para que vuestra experiencia llegue a ser absoluta.

Mas, si esta Era que termina se habrá de significar en la historia de la humanidad por su materialismo, en verdad os digo, que el nuevo tiempo habrá de distinguirse por su espiritualidad, porque en él serán la Conciencia y la voluntad del espíritu quienes construyan en la Tierra un mundo de seres elevados por el amor, una vida en la que se sienta vibrar el Espíritu del Padre en el espíritu de los hijos, porque entonces todos los dones y potencias que hoy viven ocultos en vuestro ser, tendrán por campo para desarrollarse, el infinito.

43. Pueblo amado, debéis comprenderme porque os hablo en el lenguaje más sencillo y mi palabra no encierra misterio alguno, soy vuestro Padre y no tengo secretos para vosotros. He abierto mi Arcano para que encontréis en él la sabiduría que necesitáis para iluminaros en esta etapa que estáis viviendo.

44. El espíritu humano ha evolucionado, sus facultades se han desarrollado y está en aptitud de penetrar en el estudio de mi Obra.

45. El don de inspiración, el de la palabra y el de análisis, es en todos vosotros cuando estáis preparados, porque la luz se ha derramado sobre vuestro espíritu.

46. Sabed que vuestro destino es llegar a vuestro Padre, por el mismo camino que os tracé cuando me hice hombre. Mi ejemplo es conocido de todos. ¿Quién no ha oído pronunciar el nombre de Cristo? ¿Quién es aquél que en sus horas de prueba no ha recordado a su Maestro? ¿Y quién también no ha exclamado en el momento supremo en que su cuerpo expira para venir a las regiones espirituales: “En tus manos encomiendo mi espíritu?” Yo sé de vuestra necesidad de luz, de vuestras ansias de espiritualidad, por eso he descendido hasta vosotros.

47. Vuestro pastor os ha preparado para que lleguéis al Señor. Es el mismo que en el Segundo Tiempo clamaba en el desierto y hasta quien llegaron muchos hambrientos y sedientos de amor, para ser preparados.

48. Es Elías quien os ha traído ante mi presencia, porque su misión de precederme en cada una de mis venidas, es y será siempre la misma.

49. Hoy estáis viviendo un nuevo tiempo y ante los prodigios que habéis palpado se ha doblegado vuestro espíritu, se ha concentrado en sí mismo y ha encontrado en mis palabras la respuesta que necesitaba para calmar su duda; la luz le invita a proseguir en el camino, y allá en el infinito ve abrirse las puertas de un hogar que le espera, en donde el Padre y la Madre le recibirán, para morar con ellos por siempre.

50. Abrid vuestros ojos ante la verdad porque no es tiempo de misterios, por el contrario, es el tiempo del esclarecimiento de ellos.

51. No sea el temor el que guíe vuestros pasos ni el que os obligue a cumplir la Ley, sean la fe y el amor, la fuerza que os impulse a realizar buenas obras en vuestra vida, porque entonces vuestros méritos serán verdaderos.

52. Esta Era de Luz será de comprensión para todos los hombres, porque todo misterio os será explicado.

53. Me decís en vuestro corazón: “Señor, si vas a mostrar tu verdad ante nuestros ojos, ¿qué mérito habremos hecho? Tú dijiste que son bienaventurados los que sin ver han creído”.

54. ¡Ah, hombres, que no tratáis de interpretar mi palabra! ¿Veis cómo es necesario que venga a ayudaros a penetrar en su contenido y a entenderla?

55. Ciertamente dije en aquel tiempo: “Bienaventurados los que sin ver han creído”, mas Yo quería decir: Bienaventurados los que sin tratar de mirar con sus ojos materiales lo divino, saben mirar con la luz de la fe que es la mirada espiritual. Bienaventurado el que sin intentar tocar o percibir con sus sentidos materiales lo espiritual, ha sabido prepararse para sentir en su espíritu la presencia divina.

56. Comprended, discípulos, que cuando dije: “Bienaventurado el que cree sin ver”, me refería a la vista y a los sentidos de la carne, ya que el que así ha creído, es porque me ha visto y me ha sentido con el espíritu.

57. Ahora estáis ante un tiempo en el que no sólo creeréis por la fe, por esa vista superior del espíritu, sino que también comprenderéis, con una comprensión que será superior a la de vuestro humano entendimiento, porque será el espíritu el que se ilumine con la sabiduría espiritual.

58. También en este tiempo vengo a deciros: Bienaventurados los que sin ver con sus ojos corporales, ni comprender con su rudo entendimiento humano, sin embargo creen porque sienten con el espíritu, porque se elevan para mirar con la vista espiritual y para entender con aquella inteligencia que está por sobre toda razón humana.

59. Cuando en un hombre surge la fe verdadera en lo divino, es que ha mirado con el espíritu. ¿Quién o qué podrá hacerle negar lo que en esa forma ha palpado? En cambio, cuántos se engañan a sí mismos con la fe falsa, porque jamás han sabido mirar ni sentir con el espíritu y se han conformado con decir que tienen fe, ya que sin ver, ellos creen. Estos son los que en la primera prueba dudan, se desconciertan o confunden y muchas veces concluyen negando.

60. Mas, Yo vengo a salvaros a todos, por eso se os dijo desde los primeros tiempos, que llegaría la hora en que todo ojo me vería.

61. Vuestro adelanto o evolución os permitirá encontrar mi verdad y percibir mi presencia divina, así en lo espiritual como en cada una de mis obras. Entonces os diré: Bienaventurados los que saben verme en todas partes, porque son los que verdaderamente me amarán.

62. Bienaventurados los que saben sentirme con el espíritu y aun con la materia, porque son los que han dado sensibilidad a todo su ser, los que en verdad se han espiritualizado.

63. ¡Cómo han detenido la evolución espiritual los impuros cultos religiosos que la humanidad ha practicado! Con ello los hombres han impedido que se realicen los milagros que hace la fe espiritual y también se ha impedido la natural manifestación de lo espiritual sobre la vida humana.

64. Si los hombres reciben mis beneficios, mis respuestas y mis pruebas incesantes de amor, no es que ello sea en premio a una fe o, a una espiritualidad verdadera, sino en virtud de mi piedad ante la pequeñez, ante la miseria y la ignorancia.

65. Yo sé que muchos habrán de escandalizarse cuando conozcan esta palabra, pero serán aquellos que en su confusión no quieran reconocer que en el hombre existen además de la naturaleza humana la parte espiritual, o aquellos que, creyendo en el espíritu humano, aferrados a la rutina de sus tradiciones y de sus creencias, nieguen que exista un camino de infinita evolución para el espíritu.

66. También Yo sé que debo hablaros con palabra de justicia, a fin de estremeceros y despertaros del profundo letargo en que el mundo se encuentra.

Ya mucho tiempo emplearon los hombres su fuerza para hacer su voluntad, usando el don del libre albedrío en obras de la Tierra, pero veo que aún tienen fuerzas y Yo las utilizaré inspirándoles el ideal de un mundo nuevo, de un mundo mejor, cuyo cimiento sea el de la fe verdadera y cuya meta sea la elevación del espíritu por el amor y la justicia. ¿No ha sido esa mi Doctrina en todos los tiempos?

67. Analizad mi lección y después de meditarla profundamente, pedid a vuestra Conciencia su parecer sobre ella, no sea vuestra mente ni vuestro corazón los que emitan su primer juicio sobre algo que está más allá de ellos, porque vivís en un tiempo en que mi Luz divina haciéndose pensamientos, llega hasta vuestra mente, haciéndola penetrar en un mundo de infinita belleza y sabiduría.

68. Aquí esta ante vosotros El que jamás se ha cansado de esperaros y que se acerca a vuestro corazón, para inspirarle anhelos espirituales y para llenar su inmenso vacío con mi amor.

69. Casi veinte siglos han transcurrido, desde que el mundo dejó de oírme y de mirarme, sin saber que ni un instante me he apartado de él, ni he dejado de hablarle un momento.

70. En aquel tiempo hube de hacerme hombre para que pudieseis oír mi palabra, ahora he tenido que comunicarme por el entendimiento del hombre para que nuevamente pudiese el mundo oír al Verbo.

71. Ya no es Jesús de Nazaret el que se presenta delante de vuestros ojos, es Cristo, es el Maestro en Espíritu, quien se manifiesta ante vuestro espíritu para daros su nueva lección.

72. Jesús fue el cuerpo, la forma humanizada que empleé para hacerme visible a los ojos de la humanidad y Nazaret fue la aldea donde crecí en cuanto hombre, donde pasé mi niñez y se inició mi juventud. De Nazaret fue María, la bendita Madre que me dio su Seno para hacerme hombre, y allí creció y se desarrolló aquel cuerpo, causas por las que el mundo me llamó más tarde, El Nazareno.

73. Ahora no procedo de Nazaret, Yo habito en la morada que a Mí me corresponde desde aquellos tiempos y os hago oír mi voz, para la que no existe obstáculo ni distancia.

74. Yo os bendigo, oh, pueblo, en esta tarde que os reunís para saludar al primer día del último año en que tendréis la comunicación de mi palabra bajo esta forma.

75. Presto dejaré de hablaros a través de estos portavoces en éxtasis, pero no olvidaréis que os he dicho, que jamás me aparto de vosotros y que nunca dejo de enviaros mi Verbo en forma de inspiración.

76. Muchas confusiones había en los hombres cuando me presenté ante ellos en aquel Segundo Tiempo; pero ahora que vuelvo a hacer oír mi voz humanizada, encuentro que la confusión es mayor; entonces veo llegada la hora profetizada por Mí, para manifestarme de nuevo a la humanidad y principiar mi Obra de Luz, derramando mi verdad, acercándoles paso a paso hacia el camino en donde habrán de descifrar todos los misterios que deban conocer y en el que habrán de encontrar toda explicación y todo esclarecimiento.

77. Tiempo importante es éste que se ha iniciado, tiempo de inmensa trascendencia para hombres y espíritus.

78. Y este año el último de mi comunicación, también es de infinita importancia para este pueblo, porque en él os estoy dando las normas, la luz, los mandatos y los conocimientos para iniciar con fortaleza y con firmeza vuestros pasos en la nueva etapa.

79. Mi mensaje ha sido diáfano, luminoso y transparente, para que nunca podáis tropezaros en los pedruscos de la confusión o de la ignorancia.

80. Dejad que su esencia quede guardada en vuestro corazón, para que me llevéis con vosotros y en cada uno pueda haber un consejero, un guía, un doctor.

81. Si practicáis mi Doctrina como os la enseño, si practicáis la caridad espiritual, pronto dejaréis de ser párvulos para convertiros en discípulos y descubriréis cuán fácil es comunicarse con mi Espíritu por medio del pensamiento limpio y elevado. Entonces comprenderéis por qué la etapa de mi comunicación ha tenido un límite, pues de no cesar ella, jamás os espiritualizaríais, porque en vez de elevaros a través de vuestra purificación y de vuestros méritos en busca de mi inspiración, estaríais siempre esperando allí abajo, en vuestro mundo, a que el portavoz se prepare para entregaros un mensaje.

82. En verdad os digo, que el fruto de mi palabra que ha sido semilla en vuestro corazón, quiero que sea la comunicación de espíritu a Espíritu. Ya os confié la semilla, ya os enseñé a sembrarla, ahora tenéis la misión de extenderla y cultivarla; Yo quedaré en espera del fruto de mi siembra, para sentir en mi Espíritu el gozo inefable de la presencia de los hijos ante Mí, de oír su voz espiritual, de sentir sus caricias, como lo hice a través de los labios de Jesús. Sed tengo, sed de vuestro amor.

83. El paraíso no está en la Tierra ni desapareció con el pecado del hombre. El paraíso del Padre es eterno y a él llegarán las nuevas generaciones.

84. Cuando mi Reino penetre en todos los corazones y su influencia divina invada los caminos y las sendas todas de los hombres, volverá esta humanidad a sentir la beatitud, la paz que los primeros moradores de esta Tierra experimentaron en sí mismos y dirán los hombres de aquellos tiempos: “¡El paraíso vuelve! ¡El paraíso se acerca nuevamente a nosotros!”

85. Ese paraíso no es otra cosa que el Reino de los reinos; el paraíso que habitaron vuestros primeros padres no estaba fuera de ellos, estaba dentro de ellos mismos. En su espíritu llevaron el paraíso que no era otra cosa que la paz de mi Espíritu, la paz de mi Reino, porque antes de que ellos despertaran para el mundo, siendo espíritus encarnados, hacían obras con cierta pureza.

86. Pero el Padre os pregunta: ¿Creéis vosotros que el Padre estuviera satisfecho con esa pureza de aquellas primeras criaturas, pureza que provenía de su inocencia y de su falta de saber? No, pueblo amado. Por medio de aquella inocencia espiritual el Padre no podía ser conocido por sus hijos, no podía ser comprendido ni amado, no podía ser valorado ninguno de sus atributos divinos.

87. No podía el Padre llenarse de gloriosa satisfacción si no contemplaba méritos en sus propios hijos y es por eso que el Creador dispuso que la carne revelara al hombre los secretos de la vida humana, pero al mismo tiempo permitió que el espíritu le revelase a la carne, por medio de la intuición, la existencia del Padre Creador. Y ante la debilidad de la carne estaba la fortaleza del espíritu, presidida siempre por la luz de la Conciencia, en la cual está mi ojo, está mi balanza, está mi voz.

88. En el instante en que el espíritu despertó para la vida humana, antepuso el llamado de la carne a la voz de la Conciencia y a la revelación de ella, y el hombre renunció así a su vida espiritual; en ese instante comenzó el crisol, la lucha, las necesidades, el dolor, las consecuencias o el resultado de todos los pensamientos, de todas las palabras y de todas las acciones.

89. Entonces comenzó el desarrollo del espíritu a través del dolor y de las facultades humanas también, y aquella paz, aquel bienestar incomprensible, aquella beatitud que el espíritu experimentara en medio de su inocencia, fue desapareciendo a medida que la lucha, las necesidades, el trabajo y el arduo desarrollo del espíritu y la carne fueron siendo en el hombre. Y el hombre se sorprendió de no encontrar ya aquella tierra de bendiciones, que bien conocía y a la que después no podía hallar.

90. ¿Dónde había quedado aquel jardín ameno, aquel edén que era el paraíso de las delicias, de la bienandanza, del bienestar y la inocencia? Se había elevado al Padre y había quedado solamente un átomo de paz, una chispa de luz y una Conciencia para alumbrar la senda del hombre a través de su larga jornada.

91. Por eso en vano buscan los hombres aquel jardín; en vano los hombres han cruzado por distintos lugares en busca del paraíso y no lo han encontrado, porque el paraíso nunca ha estado en esta Tierra, ha estado en el espíritu, en el corazón de los hombres.

92. Pero hoy os digo: El paraíso que poseyeron vuestros primeros padres por virtud de la inocencia, vosotros lo recobraréis por virtud de los méritos y de la Conciencia.

93. Ya sabéis discípulos, lo que es aquel paraíso que para unos ha sido solamente una figura o una parábola, para otros una leyenda y para muchos, algo sin valor.

94. El paraíso existió, existe y persistirá en la eternidad. Y en todos los tiempos ese paraíso, que es el Reino del Padre, se ha acercado a los corazones que le buscan, a los espíritus que se elevan en pos de ese Reino, a los espíritus que abren sus puertas para recibir la influencia, el ambiente y la beatitud de aquel Reino.

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