Enseñanza 292

1. Tomad una página más del Libro de la Sabiduría y os encargo transmitir este Mensaje a las generaciones venideras, las cuales, debido a su mayor evolución espiritual, lograrán profundizarse más en mi Obra. Esas generaciones traerán consigo la semilla de la espiritualidad y su misión será la de construir un edén de paz en el corazón de la humanidad.

2. A los presentes les he dado grandes enseñanzas, pero al pueblo del mañana, a mis futuros discípulos, les reservo mayores revelaciones, porque ya estarán preparados para recibirlas.

3. Muchas veces me habéis preguntado: “¿Qué hay más allá de este mundo, y si esos astros que giran en el espacio son mundos como el vuestro?” Mi respuesta ante vuestra curiosidad no ha descorrido completamente el velo del misterio, viendo que todavía no tenéis la evolución necesaria para comprender ni la espiritualidad indispensable para armonizar con otras moradas.

No habéis llegado aún a conocer ni a comprender las enseñanzas que os brinda el planeta en que vivís, y ya queréis buscar otros mundos. No habéis podido fraternizar entre vosotros, habitantes de un mismo mundo, y queréis descubrir la existencia de seres en otras moradas. Por ahora debe bastaros recordar que en el Segundo Tiempo os dije que: “En la casa del Padre hay muchas moradas”, y que ahora, ratificando aquellas palabras, os digo, que no sois los únicos habitantes en el Universo, ni vuestro planeta el único habitado.

4. A las generaciones del mañana les será dado contemplar abiertas las puertas que les aproximen a otros mundos y tendrán motivo para maravillarse ante el Padre.

5. El bien y el amor, de los cuales se deriva la caridad y la paz, serán las llaves que abran las puertas del misterio, dando así los hombres un paso hacia la armonía universal.

6. El bien y el amor aplicados a vuestra vida, a vuestro culto espiritual, a la ciencia y al trabajo, llevarán al hombre a la verdadera sabiduría.

7. Hoy estáis aislados, confinados, retenidos, porque vuestro egoísmo sólo os ha hecho vivir para el mundo, sin ambicionar la libertad y la elevación del espíritu.

8. ¿Qué sería de vosotros, hombres vanidosos, seres empequeñecidos por vuestro materialismo, si antes de despojaros de vuestras lacras humanas, os fuese concedido llegar hasta otros mundos? ¿Cuál sería la semilla que iríais a sembrar? La discordia, la ambición insana, la vanidad.

9. En verdad os digo, que para alcanzar ese conocimiento a que todo humano aspira y esa revelación que aleje de su mente las preguntas que le torturan y le intrigan, mucho tendrá que purificarse el hombre, y mucho habrá de velar y orar.

10. No será la ciencia por sí sola la que le revele mis arcanos, es preciso que ese anhelo de saber esté inspirado en el Amor espiritual.

11. Cuando la vida de los hombres tenga reflejos de espiritualidad, Yo os digo, que ni siquiera tendrán que esforzarse en buscar más allá de su mundo, porque al mismo tiempo serán buscados por quienes habitan moradas más altas.

12. Dejo este breve mensaje cuyo contenido se reduce a deciros: “Velad y orad para que no caigáis en tentación”.

13. Por ahora os seguiréis preguntando y os seguiréis contestando vosotros mismos. Es necesario que las fuerzas del espíritu sean conocidas por todos y desarrolladas para poder contemplar y comprender lo que os reservo. Veo aún mucha torpeza para practicar el bien, para orar, para rendir culto a vuestro Padre, debido a que no dejáis manifestar ni obrar a vuestro espíritu, impidiéndole su desarrollo.

14. Lleváis en vosotros verdaderos tesoros, potencias y dones que ni siquiera presentís, y por vuestra ignorancia vais llorando como menesterosos. ¿Qué sabéis del poder de la oración y de la fuerza del pensamiento? ¿Qué sabéis del profundo contenido de la comunicación de espíritu a Espíritu? Nada, humanidad materialista y carnal.

15. Primero elevad el espíritu desarrollando sus dones y luego aspirad al conocimiento de lo que existe más allá de vuestro mundo y de vuestra mente.

16. La mente humana es pequeña, es limitada. ¿Por qué le confiáis a ella lo que sólo el espíritu puede descubrir y abarcar?

17. ¡Ah, necios párvulos de esta Tierra, que no me habéis querido tener como Maestro, ni me habéis creído, diciendo amarme muchos de vosotros! Ya concluiréis por comprender la verdad de mi palabra, cuando confeséis que Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

18. Discípulos: La vida pasa delante de vosotros como una lección de infinita sabiduría, vuestro espíritu crece en conocimientos y gracias a ello vais alcanzando mayor elevación.

19. Sed jueces de vuestros propios actos, que la voz de la Conciencia siempre os dirá la verdad. Ella os hará comprender si sois lentos para caminar, si vais demasiado de prisa o si os habéis estacionado.

20. El que procura conocerse y sabe juzgarse, tiene que ser sincero consigo mismo y con los demás, en todos sus actos escuchará la voz de su Conciencia y sus pasos en el sendero de la vida serán firmes.

21. Cuando el espíritu comienza a triunfar sobre la materia, experimenta una satisfacción muy grande y una confianza plena en sí mismo.

22. Mas os dice el Maestro, que por mucha comprensión que tengáis del mayor o menor valor de vuestras obras, en ese juicio definitivo sólo el Padre que es el Supremo Juez, puede dar el fallo.

23. No porque ignoréis al instante de llevar a cabo una buena obra el valor que ella tuvo, penséis que nunca vais a saber el bien que hicisteis, Yo os digo, que ninguna de vuestras obras quedará sin galardón.

24. Ya veréis cuando estéis en el reino espiritual, como muchas veces una obra pequeña, en apariencia de escasa importancia, fue el principio de una cadena de beneficios, cadena que otros fueron prolongando, pero que colmará siempre de satisfacción al que la inició.

25. Es necesario que sepáis todo esto, vosotros que vais a sembrar en los corazones la palabra que os he traído en este tiempo, porque muchas veces hablaréis a vuestros hermanos sin saber el efecto que vuestras palabras causaron, sin saber si dieron fruto o no, sin saber si en aquel corazón murió la semilla o si la supo retener y propagar. Todo esto lo veréis hasta que lleguéis al final del camino. Por ahora, trabajad, multiplicad vuestras buenas obras entre vuestros hermanos, preparadles tierras para que la semilla que os he confiado se perpetúe en las obras de ellos.

26. Extenso es el camino por el cual llegaréis a la plenitud de la luz. Ningún ser tiene un camino más largo que el del espíritu en el cual el Padre, el Divino Escultor que pule y modela a vuestro espíritu, le da la forma perfecta.

27. Os hablo extensamente para que no falte en vuestra alforja el trigo que habréis de sembrar, en cumplimiento a vuestra misión.

28. El pueblo de Dios surgirá una vez más entre la humanidad, no un pueblo personificado en una raza, sino una multitud, una legión de discípulos míos, en los cuales no predomine la sangre, la raza o el idioma, sino el espíritu.

29. Este pueblo no se concretará a enseñar mi Doctrina a través de la letra; para que las palabras tengan vida, es menester vivirlas; este pueblo no será solamente propagador de escritos y de libros, sino también de ejemplos y de hechos.

30. Hoy os estoy libertando de todo lo superfluo, de lo impuro y de lo erróneo, para haceros penetrar en una vida sencilla y limpia, sobre la cual pueda levantarse vuestro espíritu testificando con sus obras.

31. Llegado el tiempo Yo presentaré a mi pueblo ante la humanidad y ni el Maestro se avergonzará de sus discípulos, ni los discípulos negarán a su Maestro. Ese instante coincidirá con el de la guerra de ideas, de la cual surgirá como aliento de paz, como rayo de luz: El Espiritualismo.

32. Ya la justicia del Padre tocando está el poder terrenal de los hombres, sus tesoros acumulados, para darles a comprender que mi palabra jamás tomará la fuerza en el poderío y riquezas materiales para dominar o para extenderse.

33. Ni piedra sobre piedra de toda esa estructura moral y material de esta humanidad quedará, porque para que aparezca en esta Tierra el nuevo hombre, es menester borrar toda mancha, destruir todo pecado y dejar tan sólo lo que contenga buena simiente.

34. El esplendor de mi presencia y de mi justicia será contemplado en todo el orbe y ante esa luz caerán los ídolos, se olvidarán las tradiciones rutinarias y los ritos estériles serán abandonados.

35. Un nuevo canto surgirá del espíritu de todos los que no podían contemplarme y que al fin me vieron, porque a pesar de sus imperfecciones, me buscaban y ya sabéis que el que me busca siempre me encuentra.

36. En cuanto a los que me han negado, a los que han huido de Mí, a los que han callado mi Nombre, a los que desmienten mi presencia, serán puestas en su camino aquellas pruebas que les hagan abrir los ojos y contemplar también la verdad.

37. ¡Qué importa que unos me amen bajo formas imperfectas y otros me nieguen, cuando Yo sé que todos están necesitados!

38. La gran batalla está a vuestras puertas, aprestad todos vuestras armas. En esta lucha todos tendréis vuestra parte, todos aportaréis vuestro grano: Gobernantes, ministros, hombres de ciencia, acaudalados, ricos y pobres, todos.

39. ¿Qué quedó del templo de Salomón cuando la hora de justicia llegó? Sólo el conocimiento de la Ley, escrita en las Conciencias. Ritos, tradiciones, sacrificios y ofrendas, todo desapareció. El tabernáculo y el altar fueron destruidos; pero la Ley y las palabras de los profetas quedaron en pie, porque ellas habían sido las que prepararon a la humanidad para una nueva Era, y había que limpiar los campos para que la nueva semilla germinara.

40. Aquella Jerusalén que el pueblo Israelita creía invulnerable, quedó destruida, así como el templo que era su orgullo. Es que Yo venía a reinar entre los hombres, mas como mi Reino no es de este mundo, era menester destruir el templo material para levantar el Santuario espiritual en el corazón de la humanidad.

41. Comprended ahora por qué mis apóstoles de aquel tiempo no construyeron nada en lo material y sí levantaron Templos de fe, de virtud y amor en los corazones, que fueron palabra, espíritu, obra, verdad. El oro, el incienso, la liturgia, no estuvieron con ellos. Cuando posaban sus manos en los enfermos, éstos sanaban; cuando hablaban de la Doctrina de Cristo, levantaban Santuarios en el espíritu de las multitudes; cuando hablaban de la cruz, ésta quedaba como una marca de fuego en los espíritus.

42. Mi Reino no es de este mundo, os digo nuevamente; el Templo del Espíritu Santo no tiene cimientos materiales, no tiene altares en la Tierra.

43. Cuando miréis en este tiempo la destrucción de todo culto externo que la humanidad ha levantado, veréis a muchos preguntar angustiados: “¿Por qué Dios lo permitió?” Ellos se harán la misma pregunta que se hicieron los Judíos cuando fue la destrucción de su ciudad, y será mi pueblo el que responda, el que explique, el que revele a los hombres que un nuevo tiempo ha aparecido y una nueva semilla está presta a extenderse.

44. La tierra estará húmeda y abierta en espera de la simiente de mis sembradores. ¿Sería justo que después de que la humanidad quedara libre de fanatismo y de adoración material, llegara este pueblo con una nueva idolatría? No, amados discípulos y párvulos, por eso las lecciones y las pruebas son a cada paso en vuestra senda.

45. ¡Grande es vuestro destino! Mas no por eso os dejéis dominar por los tristes presagios, sino más bien llenaos de valor y esperanza, pensando que los días de amargura que se acercan, son necesarios para el despertar y la purificación de los hombres, sin lo cual no podríais ver la entrada triunfal del tiempo de la espiritualidad.

46. Aprended a sobreponeros a las adversidades, no dejéis que la tristeza se apodere de vuestro corazón y cuidad de vuestra salud. Levantad el ánimo de vuestros hermanos hablándoles de Mí, enseñándoles mi Doctrina que enciende la fe y la esperanza.

47. Mirad cómo caminan cabizbajos muchos hombres, son espíritus que se han dejado vencer en la lucha, vedles envejecidos y encanecidos prematuramente, el rostro ajado y la expresión melancólica; mas si los que deben ser fuertes flaquean, la juventud tendrá que marchitarse y la niñez sólo mirará tristeza a su alrededor.

48. Vos, pueblo, no privéis a vuestro corazón de todas aquellas alegrías sanas que aunque fugaces, las podéis disfrutar, comed en paz vuestro humilde pan y de cierto os digo, que lo encontraréis más dulce y substancioso.

49. Deducid de mis palabras que lo que quiero de vosotros es confianza, fe, optimismo, calma y fortaleza, que a pesar de vuestros trabajos y penalidades no haya amargura en vuestro corazón. ¿Qué dulzura o buen sabor podríais ofrecer a los necesitados, si el corazón lo tuvieseis ocupado por las penas, las preocupaciones o la inconformidad?

50. Es precisamente en vuestras pruebas donde debéis dar vuestros mejores ejemplos de elevación, de fe y de humildad.

51. El que logra dar a su vida esa espiritualidad, nunca deja de sentir la paz y hasta cuando duerme su sueño es tranquilo y reparador, de lo cual se aprovecha el espíritu para desprenderse hacia el Más Allá, donde recibe aquellas emanaciones divinas de que él se nutre y participa al cuerpo.

52. Nadie diga que mis profecías sólo vienen a ensombrecer vuestra vida, por el contrario, mi palabra viene a salvaros de las tinieblas. Comprended que he venido a prepararos para que no os sintáis pequeños en los momentos de la lucha.

53. Que no se acobarde vuestro ánimo al saber que la batalla se aproxima, ni dudéis de que la paz vuelva a vuestro mundo.

54. Ya os he dicho que estáis en el final de un mundo y en el principio de otro. El planeta seguirá siendo el mismo, la Naturaleza la misma, la luz también la misma, pero la forma de vivir de la humanidad será otra, sus finalidades, sus luchas y sus ideas, serán distintos. Habrá justicia, habrá verdad.

55. Los espíritus que encarnen en la humanidad de aquellos días, en su mayoría serán fieles al bien, de tal manera que cuando surjan hombres inclinados al mal, por fuertes que sean, tendrán que doblegarse ante la luz de la verdad que aquellos les presentarán. Muy al contrario de lo que ahora acontece, porque, abundando más los perversos, han hecho del mal una fuerza que ahoga, contamina y envuelve a los buenos.

56. Vuestro mundo aún seguirá siendo crisol para los espíritus, Valle de lucha y de restitución. Todavía vuestra Tierra no puede ofrecerme espíritus elevados que al partir de aquí se acerquen a las moradas de los justos. Todavía este Valle no puede dar albergue a los grandes espíritus que habrán de venir a habitarle. Es mundo para reencarnar sin cesar, porque el espíritu en su lentitud para ascender, deja obras comenzadas sin cultivar o deudas sin saldar.

57. Mañana esta Tierra me ofrecerá bellas flores espirituales en las obras de sus moradores y traerá ante mi presencia, los frutos maduros que recoja después de una vida de perseverancia en el amor al Padre y a sus Semejantes.

58. ¿No habéis pensado que en ese mañana serán vuestros hijos los que vengan a habitar la Tierra? ¿Y no deseáis para vuestros hijos algo mejor de lo que vosotros habéis logrado? “Sí, Padre”, me dice vuestro corazón, pues llevando ese pensamiento impregnado de amor y de caridad, limpiad y aparejad el camino. Quiero que ellos encuentren la huella de vuestros pasos y que recojan la humilde herencia que vosotros les dejéis, la cual será tenida en grande estima por aquellas generaciones.

59. No importa que vuestros nombres se pierdan, lo importante serán vuestras obras, porque ellas sí quedarán impresas indeleblemente en el camino que trazasteis.

60. ¿Quién podrá borrar esa huella si mi justicia es la que va a conservarla y protegerla?

61. Ved cuántos misterios os esclarece el Espiritualismo; cuántas hermosas revelaciones os hace.

62. Son los destellos que envía el Libro de los Siete Sellos sobre vuestro espíritu. Es la voz del Cordero la que habla, dando a conocer el contenido del Sexto Sello.

63. En los profundos misterios de Dios, sólo el Cordero penetra para revelar a los hijos del Señor aquella sabiduría.

64. Cuando vosotros, discípulos del Tercer Tiempo, tengáis ya un conocimiento completo de lo que habéis recibido, os levantaréis sin demora a esparcir la Buena Nueva de este Mensaje, cuyo contenido pertenece a toda la humanidad.

65. Mirad cómo en medio de tanto materialismo, aún hay quienes recuerdan mis promesas de volver, estudian las palabras de los profetas y escudriñan los acontecimientos de la vida, queriendo saber si estoy por venir, si estoy presente, o si estuve y ya partí.

66. A vosotros, que me habéis tenido bajo esta forma de comunicación y os habéis deleitado por tanto tiempo, os digo: Tened caridad de los hombres, vuestros hermanos.

67. Preparaos para que llevéis la Buena Nueva, la cual será acogida por muchos con alegría. Os digo por muchos y no por todos, porque habrá quienes os digan, que con lo revelado por Dios en el Primer Tiempo y lo que Cristo trajo a los hombres, les basta. Ahí será donde vuestros labios movidos e inspirados por Mí, digan a los hombres incrédulos, que es menester conocer la nueva revelación para contemplar toda la verdad concedida por Dios a los hombres, en los tiempos pasados.

68. ¿Cómo podréis haceros escuchar de vuestros hermanos, sin exponeros a la mofa y a los duros juicios? Preparándoos como verdaderos apóstoles y portadores de esta verdad, llevando esta luz en vuestro corazón con la advertencia de que habréis de entregarla sin sombra y sin mancha al espíritu de la humanidad.

69. No seréis vosotros los redentores de los pueblos de la Tierra, pero trabajaréis con el Maestro, el Redentor y Salvador de éste y de todos los mundos, de vosotros y de todos los espíritus.

70. Quiero gozar mi propia Obra, quiero sentirme amado y comprendido por todos aquellos a quienes el Padre comunicó una chispa de su Espíritu, quiero que lleguen todos junto a Mí, para mostrarles desde mi Reino la magnificencia de la Obra divina y en esa contemplación, experimenten todos la suprema felicidad de haber recorrido todo el camino que conduce al Señor.

71. Mi Obra es eterna, la terminación de mi palabra entre vosotros, no marcará un final, sino más bien el principio de vuestra lucha.

72. Los labios de los portavoces no trasmitirán ya mi voz, pero mi inspiración pondrá luz en sus entendimientos para ayudarles a analizar la palabra que brotó de sus bocas, para que la sepan explicar a las multitudes.

73. El objeto de la comunicación de mi Espíritu a través de estos entendimientos, ha sido precisamente el que aprendieseis a través de estas lecciones, a buscarme más tarde de espíritu a Espíritu.

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