Enseñanza 269

1. Pueblo de Israel, que lleváis grabada en el espíritu la Ley de Jehová y la Enseñanza de Cristo, recibid mi Palabra, que os doy por conducto del hombre. Abrid vuestros ojos y mirad los acontecimientos de este tiempo para que sepáis que he venido una vez más a comunicarme con vosotros. Oíd mi palabra y analizadla, asimilad su esencia para que forméis con los dos Testamentos anteriores, un solo libro en donde podáis estudiar eternamente.

2. Estoy acariciando vuestro corazón, con las pruebas lo preparo para los tiempos venideros porque después de mi partida, vosotros quedaréis en lugar mío. Habéis conmemorado en estas albas mi pasión. Habéis recordado y meditado en los hechos de aquel Maestro, sin hacer representación de estas lecciones sagradas. Habéis vivido aquellos días, porque sois los mismos espíritus que en aquel tiempo contemplasteis sorprendidos, llenos de asombro, mi jornada de principio a fin.

Os sorprendió mi humildad, contemplasteis mi nacimiento en el seno de una familia pobre, que no poseía ni un techo propio; sólo vine a enseñaros a vivir en el cumplimiento de las leyes divinas. Muchos de vosotros no comprendéis el sentido de mis palabras y de mis obras, sino hasta pasado un tiempo, en que mi recuerdo viene a vuestra memoria y mis ejemplos son como un libro abierto en vuestra vida.

Hoy habéis vuelto a la Tierra y una vez más, me tenéis muy cerca de vosotros y muchos habéis dudado de esta palabra que os doy por conducto del hombre. Me habéis preguntado con inconformidad: “¿Por qué he escogido este medio y por qué se ha desarrollado mi Obra en esta forma, fuera de toda iglesia?” Y os digo: He descendido en el seno del pueblo de Israel, estableciendo en su mayor número en esta nación a los escogidos, los demás están diseminados en todas las naciones, enviados por Mí, y con ellos me he comunicado espiritualmente. Estos son mis escogidos, los que se han conservado fieles a Mí, no se ha contaminado su corazón y su espíritu puede percibir mis inspiraciones. Por su conducto estoy entregando al mundo, un caudal de sabiduría.

3. Mi voz no cesa de llamar a los corazones. Mi luz se manifiesta en la Conciencia dándole aliento para despertar y atraer a todo espíritu. No permitiré que esta humanidad a quien tanto amo, vaya más allá en su materialismo. Las pruebas la detendrán y cuando llegue a ella mi palabra, despertarán sus dones, su corazón será sensible y su camino quedará señalado. Entonces sabrá invocarme, buscará en Mí el bálsamo y se convertirá en mi discípulo.

4. Yo formaré en derredor vuestro, un ambiente espiritual de bienestar que os envolverá y todo será propicio para la elevación espiritual. Sed pacientes con los incrédulos y veréis que después de un tiempo, mis manifestaciones serán tomadas como verdaderas y mi palabra será estimada.

5. ¡Cuánto os amo, humanidad, y como ansío que labréis vuestra fraternidad y concordia!

6. Seréis incansables, nuevos discípulos, hablando con esta verdad. Labios torpes que no pronunciáis mi palabra por temor, vais a desataros en el momento de vuestra decisión. Una sola palabra dicha en Nombre mío, puede salvar a un pecador, cerrar abismos, detener en su camino a los obstinados en el mal. ¿Sabéis acaso el poder que tiene mi palabra? ¿Conocéis la fuerza de vuestra potestad? Hablad con ejemplos y cumplid con esa parte de mi Obra, que he confiado a vosotros, lo demás lo haré Yo.

7. Yo os contemplo como a mis discípulos del Segundo Tiempo. Entre vosotros están aquéllos que representan a Juan, a Pedro, a Tomás y también a Judas. Ellos siendo rudos, hablaron lecciones admirables e hicieron prodigios imitándome.

8. Bienaventurados los que creen sin ver. Bienaventurado el que no me ha pedido el don de la videncia para creer, porque ese me ha visto con los ojos de su fe, ha reconocido el sabor del fruto de mi palabra y se ha alimentado. También bendigo a aquellos que, habiendo recibido ese don precioso como una misión, saben dar testimonio de Mí.

9. Yo recogeré los frutos de vuestra siembra, aun los más pequeños que me ofrezcáis los haré multiplicar porque esta es mi voluntad.

10. El Libro que estaba sellado en los Cielos, se ha abierto en el sexto capítulo, es el Libro de los Siete Sellos que encierra sabiduría y juicio y que fue desatado por mi amor a vosotros para revelaros sus profundas lecciones.

11. El hombre ha vivido Cinco Etapas en la Tierra, alentado por el soplo divino del espíritu, a pesar de lo cual no ha comprendido el sentido espiritual de la vida, la finalidad de su existencia, su destino y su esencia; todo era un arcano impenetrable tanto para su mente, como para su espíritu, un Libro sellado, cuyo contenido no llegaba a interpretar.

Vagamente presentía la vida espiritual, pero sin conocer verdaderamente la escala de elevación que acerca a los seres a Dios; ignoraba su misión más alta en la Tierra, y las virtudes y dones que forman parte de su espíritu, para poder vencer en las luchas, elevarse sobre las miserias humanas y perfeccionarse espiritualmente para habitar en la luz eterna.

12. Era necesario que el Libro divino se abriese y los hombres contemplaran su contenido, para poder salvarse de las tinieblas de la ignorancia que son el origen de todos los males que existen en el mundo.

¿Quién podría abrir ese Libro? ¿Por ventura el teólogo, el científico o el filósofo? No, nadie, ni siquiera los espíritus justos os podían revelar su contenido, porque lo que el Libro guardaba era la sabiduría de Dios.

13. Sólo Cristo, el Verbo, sólo Él, el Amor Divino, podía hacerlo, pero, aún así, era necesario esperar a que los hombres estuviesen en condiciones de recibir la divina Revelación sin que quedaran ciegos con el esplendor de mi presencia espiritual y tuvo la humanidad que vivir Cinco Etapas de pruebas, de lecciones, de experiencia y evolución para alcanzar el justo desarrollo que le permitiera conocer los misterios que mi Arcano guardaba para los hombres.

14. La Ley de Dios, su divina Palabra dada a través de Cristo y todos los mensajes de profetas, enviados y emisarios, fueron la semilla que mantuvo la fe de la humanidad, en una promesa divina que anunció siempre luz, salvación y justicia para todos los hombres.

15. Este es el tiempo esperado para la Gran Revelación, aquella por medio de la cual comprendéis todo cuanto os he manifestado a través de los tiempos y sepáis quién es vuestro Padre, quiénes sois vosotros y cuál es la razón de vuestra existencia.

16. Este es el tiempo en que, por la evolución espiritual que habéis alcanzado, las pruebas que habéis tenido y la experiencia que habéis recogido, podéis recibir de mi Espíritu hacia el vuestro, la luz de la sabiduría, reservada en mis Arcanos en espera de vuestra preparación; mas, habiendo llegado la humanidad al grado necesario de evolución para recibir mi Mensaje, le he enviado el primer rayo de mi luz, que es éste que ha hecho hablar en éxtasis a los hombres rudos y sencillos que sirven de portavoz a mi inspiración.

17. Este rayo de luz ha sido de preparación tan sólo, es como la luz de la alborada cuando anuncia ya el nuevo día. Más tarde os llegará mi luz de lleno, alumbrando vuestra existencia y alejando hasta la última sombra de ignorancia, de pecado y de miseria.

18. Este tiempo, cuya aurora admiráis en el infinito, es la Sexta Etapa que se inicia en la vida espiritual de la humanidad, Era de Luz, de revelaciones, de cumplimiento de antiguas profecías y olvidadas promesas. Es el Sexto Sello, que al desatarse, desborda su contenido de sabiduría en vuestro espíritu, en un mensaje lleno de justicia, de esclarecimiento y de revelaciones.

19. Para vosotros es la Sexta Etapa, es el Tercer Tiempo en que os he hablado más de cerca, como en aquel Primer Tiempo en que materialicé en múltiples formas mi presencia y mi palabra, como aquel Segundo Tiempo en que humanicé mi Verbo para hablaros al corazón.

20. Hoy me hago oír nuevamente, pero ya no es a los sentidos a quienes me manifiesto, ni siquiera es a vuestro corazón a quien le hablo, es a vuestro espíritu con el que vengo a comunicarme para enseñarle el camino de la evolución que conduce al Reino de la luz, al Reino eterno y venturoso del espíritu.

21. ¿Qué guarda en su seno el Sexto Sello del Libro de Dios, en donde están escritos vuestros nombres y vuestros destinos? Encierra enseñanzas, pruebas muy grandes, revelaciones de sabiduría.

22. ¿Cuál es la misión de mis siervos dentro de esta etapa? Orar, meditar, regenerarse, sembrar unión, paz y luz espiritual, desarrollar vuestras facultades y potencias, luchar por vuestra elevación, destruyendo la ignorancia, el vicio, el fanatismo, en una palabra, el mal que en tantas formas se manifiesta entre la humanidad.

Cuando los hombres hayan dejado de odiarse, de matarse y de traicionarse, cuando el perdón y la caridad se hayan extendido de corazón en corazón, de pueblo en pueblo, y la sangre y las lágrimas ya no corran, entonces se hará el gran silencio que significa la comunicación de espíritu a Espíritu, entonces Yo desataré el último Sello, el Séptimo, en cuya Etapa los hombres se amarán como os enseñé cuando vine a la Tierra.

23. Aquí tenéis, en breve y sencillas palabras, como siempre se ha manifestado el Verbo de Dios, algo de lo que anheláis saber sobre los Siete Sellos, del Libro de la Sabiduría y de la Justicia divina.

24. Habéis oído, ahora entended, porque después tendréis que profetizar, que revelar y enseñar.

25. El Árbol divino extiende sus ramas por comarcas y ciudades, dando sombra a los caminantes fatigados. Así tenía que ser en este tiempo para que, en el mismo instante os hiciera oír mi palabra en diferentes sitios, puesto que ahora vengo en Espíritu.

26. Esta comarca en la que estáis escuchando mi palabra, tuvo que ser preparada para que me pudieseis recibir. Pruebas, dolores y amarguras, fueron las que detuvieron vuestros pasos y os hicieron abrir los ojos a la realidad. Aquel dolor removió la tierra seca de vuestro corazón y las lágrimas la regaron, entonces quedasteis preparados en espera de la simiente que es mi palabra.

27. Ya sabéis para qué os he llamado: Quiero que seáis labriegos en mis tierras y que extendáis por todas partes esta semilla.

28. Labriegos amados: ¡Despertad! Mirad, el Sol ha aparecido en el horizonte, él os invita a la faena.

29. Yo soy ese Sol, y mi venida en este tiempo ha sido un nuevo amanecer para vosotros.

30. Que ninguno tenga dudas sobre si podrá o no podrá ser útil en mi campiña. Si Yo os he llamado, pensad que no puedo equivocarme.

31. No es una obra superior a vuestras fuerzas la que he venido a confiaros; mas, sí os digo, que mientras mayor sea vuestro número y mayor vuestra unión, el peso de vuestra cruz será menor.

32. Antes de enviar a vuestro espíritu a este planeta le fueron mostradas las tierras, se le dijo que vendría a sembrar la paz, que su mensaje sería espiritual, y vuestro espíritu se regocijó, prometiendo ser fiel y obediente a su misión.

33. ¿Por qué ahora teméis ir a sembrar? ¿Por qué ahora os sentís indignos o incapaces para desempeñar la labor que tanto regocijó a vuestro espíritu cuando le fue encomendada? Es porque habéis dejado que las pasiones se interpongan en vuestro camino, obstruyendo el paso al espíritu, tratando de justificar su indecisión con motivos infantiles.

34. No vayáis a llegar con vuestras manos vacías al Valle de donde vinisteis. Yo sé que vuestra amargura sería muy grande.

35. ¿Qué debéis hacer para dar el primer paso en firme? Meditad profundamente en mi palabra y después orar con toda vuestra fe y todos vuestros sentidos. De aquella preparación comenzará a surgir una fuerza interior que iniciará una lucha incesante con la envoltura. Se enfrentará el espíritu a la materia tratando de hacer oír la voz de la Conciencia y de acallar la voz de la carne.

36. Así un tiempo tras otro, el espíritu irá logrando ocupar su sitio en la vida humana, y cuando volváis la vista contemplaréis muy distantes aquellos obstáculos que os impedían tomar vuestra cruz, para seguirme.

37. ¿No os reanima mi lección, párvulos, no os despierta mi palabra a la realidad, no os sentís alentados en vuestro espíritu?

38. Ved cómo mi palabra no ha tenido un solo reproche o reclamo para vosotros, sólo os ha venido a exhortar con frases llenas de luz, al cumplimiento de la misión espiritual que habéis traído a la Tierra, haciéndoos comprender que no abuséis de vuestro libre albedrío; que ni el espíritu se interponga en los deberes de la materia, ni ésta obstaculice al espíritu en su misión.

39. Sólo mi Doctrina podrá daros la norma para que alcancéis esa armonía entre el espíritu y la materia y la única forma para que hagáis en el mundo obras dignas de vuestro Padre, obras de discípulos en camino de convertirse en maestros.

40. ¿Cuándo venceréis en esta lucha interior?

41. Unos ni siquiera han iniciado la lucha, otros se encuentran en plena contienda, otros, muy pocos, han triunfado sobre la carne, pero también contemplo a otros que, habiendo empezado a luchar, se dejaron vencer por los enemigos que en ellos mismos llevaban y ahora van por sendas que no son las mías.

42. Volveré a buscarles, todavía quiero que por sí mismos descubran en dónde está la verdad y la esencia de la vida y en dónde están los espejismos, el oropel, la mentira. Yo sé que cuando retornen a Mí destrozados, sangrando del corazón y maltrechos del espíritu, ya no tendré que explicarles nada, porque ellos mismos fueron a desengañarse.

43. ¿Cuándo dejaréis de ser los niños caprichosos y curiosos?

44. Venid a mi mesa y mientras os recreáis con el sabor de mi palabra, dejad que vuestro espíritu se llene de luz. Veréis cómo después de mi lección sentiréis más fuerte el espíritu y más dócil y mansa la carne.

45. Mi Doctrina pierde todo su sentido si no la lleváis a la práctica. Bien sabéis, discípulos amados, que la finalidad de mi Ley y mi Doctrina, es la práctica del bien, y que por lo tanto, quien la lleve tan sólo en la memoria o en los labios, sin aplicarla a sus obras, está prevaricando.

46. Antes de levantaros a enseñar mis máximas y a exponer sus conceptos, debéis empezar por practicar la enseñanza que os he revelado, amando a vuestros Semejantes, haciendo una vida elevada, sembrando de caridad y de luz vuestro camino; si esto no lo hacéis, desde ahora os digo, que no habréis comprendido el Espiritualismo. Él os descubre vuestra esencia, por medio de él podéis formaros un concepto certero sobre vuestro Padre y conoceros a vosotros mismos.

47. Es verdad que para lograr la espiritualidad, precisáis de cierta renunciación, de esfuerzo y sacrificio; pero si se ha despertado en vosotros un anhelo de elevación, si comienza a vibrar el amor en vuestro ser o si ha surgido el ideal por lo espiritual, en vez de sacrificios o de renunciación, será para vosotros un placer despojaros de cuanto inútil, superfluo o malo llevéis.

48. Oyéndome ha despertado vuestro espíritu, porque no ha sido la ceremonia rutinaria ni la palabra repetida en una misma forma, la que habéis escuchado. Mi enseñanza ha impresionado a vuestro espíritu, por eso habéis venido siempre con el anhelo de saber qué voy a decir, qué voy a revelaros, pero nadie piense que con sólo escucharme o aprender mi palabra, ya ha cumplido.

49. En aquel tiempo, Yo, humanizado en Jesús, acompañé siempre mi palabra con obras de amor que quedaron escritas en toda Conciencia, para que todo el que quisiera seguir mis pasos, me imitara en la luz de la palabra y en la verdad de las obras.

50. Oídme ahora, pueblo, y levantaos a dar cumplimiento digno y verdadero a mi palabra. Veo que lleváis tristeza en vuestro corazón, porque estáis presintiendo que no todas estas multitudes se van a apegar a la Ley que he escrito en vuestra Conciencia, mas, Yo os digo que ahora, como en el Primer Tiempo, el pueblo se dividirá.

51. Yo os he hablado mucho y he marcado un solo sendero a todos, por lo que os digo, que vendrá el juicio para este pueblo, cuando sea el día señalado por mi voluntad para hacer cesar esta manifestación si algunos de mis hijos me desobedecen.

He venido a vosotros como un Libertador en este tiempo, señalándoos el camino del desierto, la jornada espiritual de la lucha por la liberación y la salvación, prometiéndoos al final la nueva Tierra de Promisión que es la paz, la luz y la felicidad del espíritu. Bienaventurados los que se levanten a seguirme en esta jornada, ansiosos de liberación y espiritualidad, porque nunca se sentirán solos ni débiles en las pruebas que les depare el extenso desierto.

En cambio, ¡ay, de los que falten a la fe, de los que amen más lo del mundo que lo del espíritu, de los que sigan aferrados a sus ídolos y a sus tradiciones! Ellos creyendo servirme, serán súbditos del faraón, que es la carne, el materialismo, la idolatría. El que anhele llegar a la Tierra Prometida, a la patria del espíritu, tiene que ir por el mundo dejando huella de bien. Venid por ese camino y no temáis, que si fundáis vuestra esperanza en Mí, no es posible que os perdáis; si teméis o desconfiáis, es que vuestra fe no es absoluta. Yo os digo, que el que quiera seguirme, debe estar persuadido de mi verdad.

52. Os bendigo a todos, os perdono, os uno en mi amor.

53. Juzgaos a vosotros mismos a fin de que tengáis delante de la Conciencia la confianza absoluta en la firmeza de cada uno de vuestros pasos.

54. Definid vuestra creencia así como vuestras prácticas, para que sepáis si sois dignos de llamaros Espiritualistas o si aún tenéis que esperar un tiempo más para ostentar ese nombre.

55. Muchos os llamáis Espiritualistas, porque sentís fe en mi presencia a través de mi comunicación por el entendimiento humano y porque asistís con frecuencia a escuchar mi palabra, pero Yo quiero que seáis Espiritualistas por la práctica del bien, por el conocimiento de la esencia de la vida, por vuestro amor a los Semejantes, por vuestro culto a Dios a través de una existencia elevada, fecunda y virtuosa.

56. Dejad que sea mi palabra la que os despierte y levante, la que descubra ante vosotros todos los dones, facultades, potencias y virtudes que atesora vuestro espíritu, porque sois los que llevando en sí una herencia, os creéis pobres por vuestra ignorancia.

Vuestro Señor, viendo que vivís consagrados a la vida material, habiéndoos donado con la luz y la gracia espiritual, ha llegado hasta vosotros para despertaros y deciros que no es justo que sufráis hambre y sed espiritual teniendo a vuestro alcance el manantial divino de la sabiduría, al que se llega por la senda de la espiritualidad. Porque al principiar esta Era, es como si también vosotros fueseis a principiar una jornada; pero de cierto os digo, que todo cuanto vuestro espíritu ha recogido en su pasado, es luz de experiencia y es temple para penetrar de lleno en las pruebas y lecciones que el Tercer Tiempo trae consigo.

57. Yo os atraigo hacia Mí para que aprendáis mis lecciones. Bienvenidos seáis todos ante mi Cátedra, benditos los perseverantes; vuestra presencia ante mi palabra tiene un gran significado, es la de vuestro anhelo de aproximaros a Mí. Sólo Yo podré descubriros los dones que poseéis y haceros sentir la responsabilidad que tenéis ante vuestros hermanos. Este es el tiempo del juicio, el tiempo de la liquidación de toda deuda, el tiempo de la restitución.

58. Mi Obra divina, es la luz que al envolver a la humanidad, la ilumina a través de la Conciencia. A unos les llegará el divino Mensaje en forma de inspiración, directamente, a otros a través de la palabra por medio de mis discípulos, a otros en forma de escritos, cuyas páginas contengan la esencia de mis enseñanzas.

59. Paso a paso y poco a poco irán despertando los hombres a la vida del espíritu, será para ellos como una nueva existencia, como empezar una nueva vida llena de promesas, sembrada de maravillosas sorpresas e iluminada por la luz del más grande ideal: Dios.

60. Si, pueblo amado: Dios es el ideal de los espíritus cuando ellos tienden a elevarse, porque decir Dios, es decir perfección, armonía, sabiduría, felicidad, luz, paz infinita, amor, eternidad. Y el espíritu, cuando ha salido del crisol de las pruebas, cuando ha luchado con la carne y con el mundo en el inmenso mar de las pasiones, se detiene un momento a meditar en todo lo que ha pasado, como el náufrago que después de luchar desesperadamente contra las olas, llega por fin a tierra asido a un madero, símbolo de su fe y de su esperanza, y después de mirar al mar aún embravecido, exclama: “¡La nave se ha hundido, pero yo me he salvado! ¡Bendito sea el Señor de los Cielos!” Así es con el espíritu que, semejante al náufrago, después de la tempestad se detiene, medita, contempla sus pasiones, sus glorias terrenales y sus vanidades hundirse en el pasado como la nave destrozada; pero, al comprobar que alienta en él la luz de la fe, regocijado exclama: “Padre mío, gracias os doy porque a pesar de tantas tormentas, no os he olvidado”.

61. Esa es la hora del despertar en el espíritu y el instante en que inicia su elevación.

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