Enseñanza 241

1. Yo os recibo, pueblo, que venís a alimentaros con la Palabra divina que es el pan del espíritu. Vengo a vosotros por el amor que os tengo. ¡Ah, humanidad que sólo vais en busca de dolores, de sangre y angustias; las sombras del materialismo han empañado la mirada de los hombres y no pueden contemplar el camino de restitución!

2. Al menos vosotros que me oís, regocijaos con mi palabra y consolaos en Mí, porque esta humanidad ha extraviado su mente y sus sentimientos, ya que en vez de ir en pos de la verdad, va en pos de confusión.

Las grandes inteligencias humanas florecen hoy en el crimen, y de ellos hacen su ideal, por eso ha mucho que os he dicho a los que he nombrado mis discípulos, que desempeñando ellos esta misión que les he confiado, su ejemplo influirá en la vida, en el pensar y hablar de los demás, al grado que puedan decir: “Hoy me encuentro utilizando mi espíritu que antes creía inútil”.

3. Discípulos: Cuando el espíritu de la humanidad se levante, se libere y trabaje en los campos que le pertenecen, terminará el cáliz del dolor que apura este mundo; cuando en la mente y en el corazón del hombre florezca la espiritualidad, habrá florecimiento en todas las sendas de vuestra vida. Estoy hablando a los que aspiran a ser mis discípulos y en los que encuentro sensibilidad al escucharme.

4. Pueblo mío: Haced que no se pierda un sólo instante de vuestra vida, Amaos unos a otros y sentid el dolor de no haberlo hecho antes. Meditad profundamente en los actos buenos y malos de vuestro pasado, porque de esa meditación obtendréis buenos frutos y entonces pensad en el futuro.

Preguntaos: “¿Qué tengo preparado para los tiempos venideros?” Comprenderéis que algo tenéis que decir a la humanidad, que algo tendréis que hacer para despertarla de ese sueño que no la deja contemplar el manto con que la muerte la está cubriendo y acechando a cada instante, que algo tenéis que hacer para que despierte y escuche la voz de la Conciencia.

5. ¡Ah, humanas vanidades! ¡Ah, hombres que buscáis vuestro florecimiento y vuestra glorificación en la Tierra!

6. Para decir palabras que matan habéis llegado a haceros un trono, desde el cuál hacéis oír vuestras órdenes de guerra, de invocación a la destrucción y a la muerte.

7. ¿Qué es la inteligencia humana, si ésta no va unida a la espiritualidad que es Conciencia, justicia y caridad? ¿Con qué palabras responderán ante Dios los hombres que con su luz han inventado las grandes armas destructoras? ¿Con qué saldarán la deuda que están contrayendo? ¿Cómo recogerán la cosecha de su gran siembra?

8. Y a todos los que hablan de Mí y se nombran mis discípulos y ministros les pregunto: ¿Qué hacéis en estos instantes y qué tenéis preparado para proteger al mundo?

9. Oh, pequeños que me escucháis en este tiempo: ¡Trabajad en mi Obra de Amor, apresuraos a consagrar esa parte de vuestra vida que os pido en beneficio de vuestros Semejantes, que a la vez será en beneficio vuestro!

10. Mi Obra necesita soldados, ¿por qué no dar la vida en este frente espiritual, cuando la dais sin provecho alguno en los campos de batalla?

11. Esa parte de tiempo que os pido, utilizadla enseñando, dad cátedra de amor y de saber, enterneced y despertad a los corazones; mirad mi Existencia divina consagrada a amaros, a cuidaros y a daros salvación. Recordad que también Yo, en cuanto hombre, os dediqué toda mi vida.

No os conforméis con recoger poca semilla. ¿Cuál será el regalo o presente que depositéis en mi mano cuando penetréis en lo que llamáis el Más Allá? Os di a raudales el agua de mi fuente y, ¿vais a devolverme sólo unas cuantas gotas? Testificad con vuestras buenas obras.

12. Los dones espirituales que en vosotros se han manifestado en este tiempo, han sido para ayudaros a desbordar esas aguas cristalinas sobre el espíritu de vuestros hermanos. Aprended de vuestro Maestro, que se ha mostrado siempre como un venero de amor para vosotros, como una dádiva perpetua, como una lámpara encendida para iluminar el corazón del que sufre. ¿No es acaso cada una de mis palabras como una antorcha de luz en el camino del viajero que va en busca de la meta de su destino? ¿No es acaso este mensaje una nueva revelación que os acerca a Dios?

13. Sólo el que sienta y viva mi Doctrina y mi Ley, podrá llamarse maestro en mi Obra. Ahí os conduce esta palabra para que conozcáis lo elevado y lo profundo, porque al espíritu que quiere ser grande sólo las obras grandes le interesan, el espíritu pequeño anda sólo en torno de lo pequeño, y para creer, tiene que despojarse de lo superfluo con dolor y fortalecerse con el amor de su Padre.

14. El espíritu grande sacrifica hasta lo que podéis considerar más querido, en aras de su ideal elevado, o en aras de su misión de amor.

15. ¿Os extrañáis de que mis discípulos del Segundo Tiempo todo lo hayan dejado por seguirme, todo os lo hayan dado por amaros?

16. A todos invita mi palabra a volver al camino del amor, ahí se avergonzarán muchos de haber sentido odios o rencores por sus hermanos, de haberles dejado de amar; y entonces, con el dolor y a la vez con el gozo del arrepentimiento, les volverán a estrechar con el corazón. Entonces aparece la espiritualidad y desaparece la materialidad.

17. Aún más os diré sobre los espíritus grandes; ellos no son sensibles a las ofensas, ni débiles ante los golpes, ven con indiferencia esas miserias y ven con piedad a los que las llevan, ellos están por sobre esas pequeñeces y van solamente a lo que es grande.

18. Todos vosotros tendréis que atravesar grandes pruebas, necesitáis ser muy fuertes para no desmayar y con ello evitar la vergüenza de vuestra flaqueza. Vosotros que habéis escuchado esta palabra, y que habéis venido a la mesa de los buenos manjares y os habéis alimentado de mi sabiduría, sed fuertes y alentad a vuestros hermanos con vuestro amor.

19. El que practique el bien, es apóstol de Cristo, mas no necesitará títulos que lo acrediten como tal, ni será menester que haga alarde de ello.

20. ¿Qué me decís al revelaros los sucesos dolorosos del futuro? ¿Qué podréis ofrecer a los profanos que vengan a vosotros en busca de consuelo?

21. Sólo os digo: Sembrad mi semilla. Esta Doctrina es vuestro legado, si sabéis penetrar en las profundidades de vuestro espíritu, ahí encontraréis al Mesías que vuelve a cada instante a vuestro corazón para iluminarlo con su luz.

22. De los que han de venir mañana a saber de mi advenimiento, pueden hacerse dos grupos: Unos que vendrán dudando y saldrán creyentes y enternecidos, porque les tocó el amor de mi palabra; y otros que viniendo increyentes, así seguirán insatisfechos, porque son más materia que espíritu, más necedad que reflexión. Mas a vosotros que habéis sido nombrados mis nuevos discípulos y que habéis sido señalados por mi Espíritu Santo, os pregunto: ¿Cuándo empezaréis a iluminar al mundo con el ejemplo de vuestras obras de amor?

23. Escuchad: Cuando Yo estuve en la Tierra con vosotros, los hombres llegaban a Mí en caravanas, hombres de altos puestos cubiertos de vanidad, gobernantes que secretamente me buscaban para escucharme. Unos me admiraron, pero no lo confesaron por temor, otros me negaron. Hasta Mí llegaron multitudes formadas por hombres, mujeres y niños, y me escuchaban por la mañana, por la tarde, por la noche, y siempre encontraban dispuesto al Maestro a entregarles la palabra de Dios. Ellos contemplaban al Maestro olvidado de sí mismo y no sabían a qué hora se alimentaba para que su cuerpo no decayera ni se debilitara su voz, y es que no sabían que Jesús tomaba fuerzas de su propio Espíritu y en Sí mismo encontraba el sustento.

24. Así vosotros, algún día sabréis que aquél que inspirado por el Amor Divino, consagre su existencia a consolar, a sustentar y a amar a sus hermanos, encontrará en su propio espíritu fuerza y alimentos desconocidos que le sostendrán sin decaer un instante en la lucha.

25. Así me manifesté en aquél pueblo, que es este mismo de ahora y que mañana formará un sólo conglomerado en el mundo entero: El pueblo de Dios.

26. Aprended del Maestro y aprovechad vuestros dones para que saldéis la gran deuda que con vosotros y con la humanidad tenéis; aceptad gustosos vuestra restitución, y no queráis pagar esa deuda con algo que, a la vez que os agrade, no os incomode, porque muchas veces tendréis que llegar al sacrificio o a la renunciación.

27. No os pido vuestra vida, sólo unas horas, sólo una parte de vuestro tiempo.

28. Recordad que Jesús, por estar con vosotros, dejaba a su Madre, aquella dulcísima Madre que fue lo único que tuvo en la Tierra. De Ella se ausentó en la vida, y sólo se entregó en sus brazos cuando ya exánime fue desprendido de la cruz; a vosotros no os pido tanto, sólo una pequeña parte de lo que os di y enseñé.

29. Dad vuestra vida consolando al triste, sanando al enfermo y salvando al perdido, más no os dejéis matar tan sólo por demostrar que sabéis morir por Mí.

30. En mi Doctrina no debe haber acusados ni acusadores, ofendidos ni ofensores; en ella sólo deben existir los que aspiren a elevarse por la práctica de mis enseñanzas.

31. Todo lo poseéis para llegar a Mí; el mundo es una escuela, la vida es un libro, mi inspiración es una luz; el Maestro soy Yo, los hombres son mis discípulos; he aquí por qué os llamo incesantemente y os digo: Todos cabéis en mi amor.

32. No me dejéis solo con mis enseñanzas; no seáis fríos ante este amor que os estoy manifestando, mirad que a través de unos labios humanos, la palabra de mi Espíritu os alumbra.

33. Si en la Tierra decís que Yo con mi Doctrina, con mi Ley, os he traído religiones, os digo: Que ante Mí sólo existe un culto que es el del amor, el amor al Padre, a los Semejantes o hermanos, y a todo cuanto ha brotado del Creador.

34. Aquella divina máxima de Amarse los unos a los otros, será la Ley que una a todos los hombres, que les ilumine para que se sientan hermanos, se amparen, se ayuden, se defiendan de las tentaciones y se reconozcan sin detenerse en diferencias de razas o credos.

35. Imaginad un mundo así y lo imaginaréis en paz, como una sola familia regida por las leyes del amor, el respeto y la justicia.

36. Estas profecías se realizarán porque vuestro mundo no está condenado a ser eternamente un Valle de tinieblas y pecados.

37. Brillará la virtud en el corazón de los hombres como las flores en los huertos, porque os digo: Las flores son en su belleza, semejantes a las ideas e inspiraciones que brotan de Dios para salvar a los pecadores.

38. Venid, éste es vuestro camino, aquí está el pan de los pobres y el consuelo de los tristes, venid y nada temáis.

39. Pueblo bendito de Israel: Escuchad la voz de vuestra Conciencia, preparad vuestro entendimiento, porque voy a dejar escrita imborrablemente mi palabra en cada uno de vosotros. Escuchad la palabra viva que estoy derramando, que brota de la fuente de sabiduría, que es mi Espíritu.

40. He abierto todos los caminos, para que lleguen a Mí, todos mis hijos, es el tiempo del despertar, en que mostraré con claridad mi palabra de los tiempos pasados y las nuevas revelaciones que os haré y que son el complemento, la tercera parte del Libro del cual seréis poseedores.

41. He venido a descorrer ante vosotros el velo que ocultaba la grandeza de mi Doctrina. Os di en el Segundo Tiempo la semilla para que la sembraseis y cultivaseis, y en el tiempo propicio me la hicierais presente.

42. Mas he pedido el fruto a los encargados de esparcirla y he recogido escasos granos, después de una larga Era. Ya os había dicho: “Nuevas generaciones vendrán a la Tierra y ella recibirán mi último Mensaje”. Yo estoy preparándolas y os digo: Llegó el tiempo en que dio principio esta nueva Era.

43. El Precursor inició a los primeros labriegos de mi Obra, y después el Maestro abrió el Libro para mostrar todo su contenido que es luz, sabiduría, salvación para la humanidad. Así llegó para vosotros ese momento de gracia. Reuní a hombres y mujeres de distintas creencias e ideas. Penetré en su corazón y sólo contemplé amargura, desengaño; y ellos al oír mi palabra, no la rechazaron, no cerraron su corazón, no la discutieron, sino la acogieron con amor y con respeto.

44. Yo hice que se consagraran a estudiar cada una de las manifestaciones de mi Divinidad, y ellos las encontraron ciertas, llenas de gran trascendencia y su corazón se fortaleció. Mas llegó el momento en que les dije: “Os he arrullado, os habéis deleitado con mis caricias y ahora ya es tiempo de luchar”. Y los labios que antes habían sido torpes o mudos, hablaron con el Verbo Divino. Derramé mi palabra por ellos mismos y fueron mis portavoces. A otros que encontré llenos de fe, los convertí en guías y les dije: “Atraed a los corazones y con ellos formad multitudes”.

Preparaos con fortaleza, porque vais a tropezar con la dureza de la humanidad. Vais a luchar con los incrédulos, porque la semilla de Tomás está regada y ha germinado en los corazones. Mas Yo cortaré de raíz esta simiente y os ayudaré en vuestra labor. Cada uno de vosotros será como una antorcha que ilumine el camino de vuestros hermanos. Y cuando este tiempo de mi comunicación llegue a su término y vosotros sólo os comuniquéis Conmigo de espíritu a Espíritu, seguiréis enseñando. Y los hombres se sorprenderán y preguntarán en dónde habéis aprendido, y vosotros mostraréis el libro de vuestro corazón, en donde estará grabada mi enseñanza y del cual brotarán nuevas inspiraciones.

45. Yo lucharé hasta dejaros preparados para después de mi partida. Por eso marqué un largo tiempo, para que en él tuvieseis grandes oportunidades de comprender mi Obra. No he sido visible para los ojos materiales; he dicho que en este tiempo todo ojo pecador y no pecador me verá, mas no han de ser los ojos de la materia, sino la mirada espiritual la que me contemple, iluminados por la Conciencia; y el espíritu, como un Santuario, el que me sienta.

46. He preparado labriegos en muchas comarcas, para manifestar mi Obra. Escuchando mi enseñanza, ¡cuántos momentos de dicha ha tenido vuestro espíritu!, ¡cómo habéis gozado con los prodigios que os he concedido! Para que me reconozcáis, os he dado innumerables pruebas, pues quiero que vosotros ya preparados, recibáis a los que están señalados por Mí, para llegar al conocimiento de esta enseñanza. Como hermanos mayores vosotros estaréis cerca de los corazones que sufren para sostenerles y servirles de báculo. Volved al redil a las ovejas descarriadas, aliviad penas, salvad a vuestros hermanos.

47. Os ayudaré con vuestra cruz, cuando os encontréis cansados, y os enseñaré a encumbrar la montaña del cumplimiento. ¿Qué podríais esperar si no cumplieses? ¿Cómo sentiréis fortaleza, cómo podréis vivir si después de haberme oído no dais testimonio de estas lecciones?

48. Sed fuertes, Amaos unos a otros y mi bendición caerá sobre vosotros como rocío para alentaros siempre.

49. Cuando sentís los goces de la vida, atribuís al mundo este placer, y os digo: Os quiero alegres, por eso envío a vosotros esos momentos de felicidad, porque cuando el hijo sonríe, sonríe también el Padre. Buscad los goces sanos que no perturban al espíritu y en ellos me encontraréis. Mas si podéis sonreír en medio de vuestros sufrimientos, ¡bienaventurados seáis!

50. Mi mirada de Padre se posa en vuestro corazón, oh, hijos amados, y contemplo vuestro recogimiento. Habéis olvidado lo que pertenece a vuestra vida material y venís a alimentaros con mi palabra, a llenaros de su esencia y a sentir profundamente mi presencia en vosotros mismos. Vengo a manifestarme a vosotros porque os amo y quiero que comprendáis mi anhelo; vosotros, llenos de reconocimiento, me mostráis con humildad vuestro corazón y me decís: “Maestro, leed en él como en un libro abierto y haced en nosotros vuestra voluntad, seremos conformes con lo que ordenaseis en nosotros”.

51. Contemplo vuestra fe y confianza en mi Divinidad. Sabéis que os amo y os concedo todo lo que es justo y es para vuestro bien. Por eso confiáis y me pedís ayuda. Es un tiempo de restitución el que vivís, en que no tendréis goces perfectos ni paz perdurable. Esta Tierra no es vuestra patria. Sois pasajeros moradores de ella y sólo estáis labrando una vida mejor, superior a ésta según sean vuestros méritos.

52. En la Tierra sentiréis, cuando estéis preparados, la paz de mi Espíritu, esa paz que habéis saboreado y que el resto del mundo desconoce; esa dulzura que se derrama en mi palabra, esa grandeza que habéis experimentado cuando os encontráis elevados en comunión Conmigo. El mundo no tiene ese aliciente y lo necesita, lo espera, porque sabe que ha de venir y algunos se preparan presintiendo que se acerca el momento de que Yo llegue a ellos.

Mas os digo: Todos seréis dueños de esta paz, todos conocerán la luz de la verdad. Mi palabra se extenderá, e irá de labio en labio, de hogar en hogar y de una nación a otra, por medio de los labriegos. Pero he contemplado en ellos y en el pueblo su lento caminar, su temor y mi Obra no ha ido más allá de los pequeños límites en que la han encerrado y ésa no es mi voluntad.

53. Labriegos: Os he pedido unión para que forméis un sólo espíritu, una sola mente y corazón, para que doquier que vuestros hermanos os encuentren, escuchen de vosotros una misma palabra, el mismo testimonio en todos y vean reflejado en vosotros mi Amor divino.

54. Os he enseñado el amor, la paciencia, la humildad, para que llevéis vuestra misión como una dulce cruz. La Obra de regeneración, depuración y espiritualidad de la humanidad, es obra de tiempo, una generación transmitirá a la siguiente el mismo espíritu de lucha y elevación espiritual, hasta que el mundo, a través de los tiempos, se perfeccione y llegue al cumplimiento de su misión.

55. No temáis el mañana. No temáis tampoco ir demasiado adelante y perder el camino. Es tan larga la jornada que no llegaréis al fin en corto tiempo. Yo estoy en cada uno de vuestros pasos. Lo mismo delante que tras de vosotros, a vuestra diestra y siniestra. La fuerza de mi Espíritu os reviste; esa fuerza interior que os anima a luchar sin cansancio, no os abandonará. Los unos habéis luchado año tras año, y habéis contemplado la alborada de cada día como la primera en que vais a trabajar por mi Obra.

56. Buscad en Mí toda perfección, mas no exijáis absoluta justicia y perfección de los labriegos, son humanos y están expuestos a caer en debilidad; ellos también están luchando por su redención. Esa perfección que vuestro espíritu anhela contemplar, buscadla en los espíritus que habitan altas escalas espirituales, donde todo es amor, belleza y luz.

57. Vuestro corazón se acrisola en el cumplimiento. Cada uno adelanta según su amor, su ahínco y afán de servir. Mi palabra ha sido la misma para todos, y sin embargo, he encontrado labriegos dando grandes pasos de espiritualidad y otros retrasados en su evolución.

58. Para conocer el fondo de mi enseñanza, necesitáis practicar. Si sólo oís mis lecciones y después las olvidáis, no podréis conservar ni impartir esa deliciosa esencia que encierra mi enseñanza; es tan sencilla que podéis practicarla desde el primer momento en que la oís. El AMOR es la primera Ley que os he dado a conocer, y de la cual brotan todas las demás leyes y preceptos.

59. Os he dicho, que he formado a todos por igual y a todos amo. ¿Por qué vosotros no amáis sin distinción de razas, clases o creencias? ¿Por qué amáis a unos y desconocéis a otros? No sólo améis a los que os hacen bien, buscad a todos y estrechad lazos de amor.

Practicad el Amor universal que abarca todo y amad a vuestros hermanos materiales y espirituales. Mi Obra coloca en el mismo plano a todos los espíritus. Yo quiero contemplar a todos formando mi familia que se ame y haga la Paz universal, que pacte con mi Divinidad para que sea cada uno de vosotros, mi representante doquiera os encontréis.

60. Preparaos para que seáis cada uno de vosotros un fruto del Gran Árbol, y ese fruto se multiplique infinitamente.

61. Orad por el mundo y que esa oración sea como un manto que proteja a la humanidad, como un antídoto contra la guerra, que a cada instante se aproxima y hace caer al hombre.

62. Yo bendigo a todas mis criaturas y las dejo unidas en estrecho abrazo.

63. Venid a Mí los que llorando os encontráis, Yo soy el Consuelo. El amor se acerca a vosotros, porque sois las criaturas que en su destierro necesitan mi caricia de Padre para levantarse.

64. Todos lleváis a cuestas una cruz para que imitéis en ello al Maestro, pero esa cruz no quiero verla convertida en insufrible o molesto fardo por vuestra falta de comprensión y elevación.

65. Las vicisitudes azotan como huracanes vuestra vida, pero ese amor al Padre y la confianza que habéis depositado en Él os dan tranquilidad en las pruebas y os hacen salir triunfantes de ella.

66. Quien confíe en Mí verdaderamente, no quedará defraudado jamás.

67. El dolor sensibiliza el duro corazón, él será el que haga brotar de las rocas agua cristalina. Las pruebas mantienen despierto al espíritu.

68. Os habéis levantado en pos de mi palabra, porque reconocéis la voz del Divino Pastor a quien siguiendo venís tiempo ha.

69. No ha sido el deber el que os ha impulsado a seguirme por este camino, ni ha sido el temor, sino el anhelo de ser útiles a vuestros Semejantes para agradar a vuestro Padre.

70. Así se preparan los nuevos discípulos, para ser las antorchas que iluminen al mundo. Bienaventurados los que me comprendan y crean en mi palabra, porque ellos no sentirán hambre ni sed en el espíritu.

71. No quiero que mañana vuestro corazón se llene de vanidad y grandeza al palpar los prodigios realizados por medio de vuestros dones, pero tampoco quiero veros tímidos, porque no sabríais despertar confianza en vuestros hermanos, tened firmeza en lo que habléis y hagáis.

72. Tendréis que aumentar vuestra preparación y perfeccionar vuestros pasos, para que seáis reconocidos después de mi partida.

73. A todos os he confiado el don de curación, con el que podéis hacer milagros entre los enfermos del cuerpo y del espíritu.

74. Iréis en busca del perdido, aun al mismo fango, para darle la mano salvadora. Si creéis que ahí no germina mi semilla, os equivocáis. Yo puedo demostraros que del fango pueden brotar flores tan blancas como el ampo de la nieve.

Mientras más perdido se encuentre un espíritu, más amor se requiere para ir a buscarlo, y él, al sentir la caricia o el bálsamo, sentirá penetrar un rayo de luz y será de los más fervientes. Su gratitud será muy grande, porque le será perdonada su deuda que también era muy grande.

75. A éstos buscaréis como Yo siempre os he venido a buscar. No olvidéis que los justos ya están Conmigo.

76. Mi paz sea con vosotros.

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