Enseñanza 235

1. Ante vosotros llega vuestro Maestro como un nuevo día, disipando amorosamente con mi luz vuestra incomprensión y vuestra duda.

2. Venid al banquete preparado por Mí, para que llevéis a vuestros labios el buen manjar que os llenará de fortaleza y de gracia.

3. Yo os invito a disfrutar de la paz de haberos rescatado del mar embravecido y os señalo nuevamente el sendero de la fraternidad y del amor, porque quiero que lleguéis a ser ejemplo de virtud y cumplimiento.

4. Los peligros acechan y amenazan a vuestro espíritu, pero mi luz os pone alerta y vuestra oración os hará vencer. Contempláis a este mundo sembrado de maldades y egoísmo; al hombre y a la mujer hiriéndose y sembrando de abrojos y espinos el sendero. Sentís tristeza cuando contempláis a la niñez perdiéndose en los caminos torcidos. Es ahí donde hacen falta los emisarios de la luz, del consuelo y la paz.

5. Mientras las tempestades azotan a la humanidad, Yo sigo hojeando ante vuestro espíritu el Libro de la Vida para convertiros en soldados de paz.

6. Mi Espíritu os habla a través del entendimiento humano. No ha encarnado el Verbo en este tiempo y por eso os puedo decir nuevamente: “Bienaventurado el que sin verme ha creído en Mí, porque él conocerá muchas enseñanzas de mi Arcano”.

7. Pensad, discípulos, en lo próximo que está el fin de esta forma de comunicación. El año de 1950 se acerca y más adelante ya no escucharéis esta palabra. Si no veláis, la tentación os sorprenderá y el falso cristo se presentará a través de labriegos que hoy están a mi servicio y mañana por su flaqueza negarán que mi palabra haya sido levantada. Ellos pondrán una venda de oscuridad en los ojos de sus hermanos y conducirán a las multitudes por el camino del dolor y las tinieblas, pondrán cadenas de ignorancia a los espíritus y ante ellos abrirán abismos de soledad y amargura. Entonces, los que hayan caído en esa confusión se volverán blasfemos contra Mí para juzgarme, olvidando que os previne a tiempo para que no cayeseis en tentación.

8. Conoced el camino, que con mi sabiduría desde la cima del monte os llamo para daros el descanso, para haceros oír mi voz celestial, bendiciendo la llegada de vuestro espíritu que supo vencer la debilidad de la materia y las asechanzas del mundo.

9. Dejad que vuestro espíritu beba el vino que le ofrezco, dejad que siga sustentándose de mi amor; el enfermo recobrará la salud y el ciego verá mi luz, porque estos corazones se abrirán como una flor cuyo perfume llegará hasta Mí.

10. Que la caridad de mi Divino Espíritu anime a vuestro cuerpo y espíritu, discípulos amados.

11. Os recibo como a párvulos para daros una lección a través del entendimiento humano.

12. Acercaos al Padre, oídme y retened cada una de mis frases, analizadlas porque con su esencia podréis olvidar vuestros dolores, tristezas y pesares. Olvidad por un instante el pasado y vivid el momento presente. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

13. Consagrad este instante elevando vuestro pensamiento limpio, porque quiero llegar hasta lo más íntimo de vuestro corazón.

14. Cuando por medio de mi palabra lleguéis a comprender y a vivir mi Doctrina, y hayáis desarrollado las potencias de vuestro espíritu, habréis llenado vuestro corazón de las aguas de esta fuente divina con las cuales podréis apagar la sed de los necesitados.

15. La finalidad de mi Doctrina es la salvación moral y espiritual de la humanidad. Para ayudaros en vuestra elevación, mi Espíritu se encuentra irradiando esta luz. Ese es el objeto de mi Mensaje.

16. En verdad os digo, que la regeneración humana deberá empezar por la mujer, para que sus frutos, que serán los hombres del mañana, se encuentren limpios de las manchas que los han llevado a la degeneración.

17. Y luego al hombre corresponderá hacer su parte en esta obra de reconstrucción, porque todo aquél que haya pervertido a una mujer, deberá regenerarla.

18. Pensad, varones, que muchas veces habéis sido vosotros los que habéis hecho caer en vuestras redes a mujeres virtuosas, buscando en ellas las fibras sensibles y débiles. Y esos espejos que fueron limpios y que hoy se encuentran empañados, debéis hacer que reflejen nuevamente la claridad y la belleza de su espíritu.

19. ¿Por qué hoy despreciáis a las mismas que ayer indujisteis a la perdición? ¿Por qué os quejáis de la degeneración de la mujer? Comprended que si vosotros os hubieseis conducido por el camino de mi Ley, que es Ley del corazón y de la Conciencia, del respeto y la caridad, amándola con el amor que eleva y no con la pasión que envilece, no tendríais por qué llorar y quejaros, y ellas no hubieran caído.

20. El hombre busca y exige en la mujer virtudes y hermosura. Mas, ¿por qué exigís lo que no merecéis? Veo que os creéis aún con grandes méritos, a pesar de estar escasos de ellos. Reconstruid con vuestras obras, palabras y pensamientos lo que habéis destruido, dando a la honestidad, a la moral y a la virtud el valor que tienen.

21. Si así lucháis varones, habréis ayudado a Cristo en su Obra de Salvación y vuestro corazón gozará cuando contempléis los hogares honrados por buenas esposas y dignas madres. Vuestra alegría será grande cuando miréis que la virtud retorna a aquéllas que la habían perdido.

22. La redención es para todos. ¿Por qué no ha de redimirse hasta el más pecador? Por eso os digo, varones: Trabajad Conmigo para salvar a las que habéis llevado a la perdición, alentándolas con la luz de mi Doctrina; haced llegar a su mente y corazón mis pensamientos amorosos; llevadles mis mensajes hasta las mismas prisiones y hospitales, aún a los lugares del fango, porque ahí, ellas llorarán de arrepentimiento y de dolor por no haber sido fuertes cuando el mundo con sus tentaciones las arrastró hacia la perversión.

23. Toda mujer fue niña, toda mujer fue virgen, por lo tanto podríais llegar a su corazón por el camino de la sensibilidad.

24. De los hombres que no han mancillado esas virtudes, me serviré para confiarles esta tarea, recordad que os he dicho, que por vuestras obras seréis reconocidos.

25. Dejad que el espíritu hable a través de la materia.

26. Mas a quienes no han sabido respetar las gracias depositadas por Mí en ese ser, les digo: ¿Por qué decís que amáis, cuando no es amor lo que sentís? ¿Por qué procuráis que caigan otras y nada os detiene? Pensad, ¿qué sentiría vuestro corazón si lo que hacéis con esas flores deshojadas lo hiciesen con vuestra madre, con vuestra hermana o con la mujer amada y, por lo tanto, respetada? ¿Habéis pensado alguna vez en las heridas que causasteis a los padres de aquéllas a quienes cultivaban con tanto amor?

27. Preguntad a vuestro corazón en un recto examen a la luz de la Conciencia, si se puede recoger lo que no se ha sembrado.

28. ¿Cómo preparáis vuestra vida futura si estáis hiriendo a vuestros Semejantes? ¿Cuántas serán vuestras víctimas? ¿Cuál será vuestro final? En verdad os digo, que tenéis muchas víctimas sacrificadas en el torbellino de vuestras pasiones, algunas que pertenecen a vuestro presente y las otras a vuestro pasado.

29. Quiero que el corazón y los labios que han sido un nido de perfidias y mentira, se conviertan en nido de verdad y de casto amor.

30. Iluminad el camino de los demás con la palabra y el ejemplo, para que podáis ser los salvadores de la mujer caída. ¡Ah, si cada uno de vosotros redimiese siquiera una! No os expreséis mal de esa mujer, porque la palabra ofensiva que hiere a una, herirá a todas las que la escuchan, porque desde ese instante también aquéllas tendrán que convertirse en malos jueces.

Los actos y secretos de los demás, respetadlos, porque no os corresponde juzgarlos. Yo prefiero hombres caídos en el pecado para levantarlos, que hipócritas que aparentan pureza y sin embargo pecan. Prefiero un gran pecador pero sincero, a la pretensión de una falsa virtud. Si queréis engalanaros, que sea con las galas de la sinceridad.

31. Si encontráis una mujer virtuosa, de sentimientos elevados y os sentís indignos de llegar a ella aunque la améis, si luego la rebajáis y la despreciáis, y si después de haber sufrido y haber comprendido vuestro error la buscáis para encontrar consuelo, en vano llamaréis a su puerta.

32. Si todas las mujeres que han pasado por la vida de un solo hombre, hubiesen recibido de él la palabra y el sentimiento de amor, de respeto y comprensión, vuestro mundo no se encontraría a la altura de pecado en que está.

33. No tratéis mal a vuestra esposa, tened caridad, ella es parte de vosotros mismos, os he dicho Amaos los unos a los otros, empezad por vuestra propia familia porque así amaréis y comprenderéis a los demás.

34. El Maestro del Amor y de la Paz, os ha estremecido con su palabra llena de ternura pero también de justicia, porque si siempre os hablase con mansedumbre, mi obra no sería completa. A veces soy brisa de primavera que acaricia y a veces vendaval de otoño que azota. Y es que por momentos os sentís demasiado grandes, os sentís amados y admirados y en verdad sois vanidosos, egoístas y crueles. No conocéis vuestra miseria que sólo Yo os he venido a descubrir para que contempléis vuestra pequeñez.

35. Empezad a pensar, a obrar y a vivir; la humanidad necesita de hombres y mujeres nuevos que vengan con el ejemplo de sus buenas obras a mostrarle el camino de redención.

36. ¡Humanidad, humanidad que vais tropezando los unos con los otros! Os he encontrado negando vuestra iniquidad y haciendo alarde de lo que creéis que es grandeza, mientras escondéis vuestras lacras. Y os digo, que el hombre que halagado cree en su aparente grandeza, es un pobre de espíritu. Y a los que a falta de virtudes murmuran de los defectos de los demás y juzgan las faltas ajenas, debo decirles que son hipócritas y están muy lejos de la justicia y de la verdad.

37. No sólo asesinan los que quitan la vida del cuerpo, también los que destrozan el corazón con el engaño. Los que matan los sentimientos del corazón, la fe, el ideal, son asesinos del espíritu. Y cuántos de estos van libres, sin presidio y sin cadenas.

38. No os sorprendáis que así os hable, porque contemplo entre vosotros hogares destrozados, porque desatendiendo vuestros deberes, os habéis creado fuera de ellos nuevas obligaciones sin importaros el dolor y el abandono de los vuestros. Ved por doquiera, cuántos hogares destruidos, cuántas mujeres en el vicio y cuántos niños sin padre. ¿Cómo podrán existir en esos corazones, la ternura y el amor? ¿No juzgáis que quien ha dado muerte a la felicidad de esos seres y ha destruido lo que era sagrado, es un criminal?

39. Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aún a los hombres que inventan esas nuevas armas de muerte, les llamáis grandes, porque en un instante pueden destruir millones de seres. Y aún les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón? Grande sólo se puede ser por el espíritu y sabio sólo el que va por el camino de la verdad.

40. No confundáis a los agitadores con los grandes genios, para que no deis vuestra admiración a quienes sólo maldad llevan en el espíritu, aunque por fuera aparenten una dignidad que no tienen. Si por un instante escuchasen la voz de la razón y de la Conciencia, ella los derribaría de su pedestal, mas al perverso no le agrada conocerse tal cual es, y cuando por un instante contempla al hombre miserable que lleva dentro, prefiere dirigir su pensamiento a otro punto, no le agrada contemplar y valorizar sus errores.

41. ¡Ah, hombres de la Tierra, hasta cuándo escucharéis el mensaje de esa voz interior de la Conciencia que a cada paso se levanta para reprochar vuestros actos indignos!

42. Me escucháis estremecidos y es que cuando la verdad de Cristo habla, el hombre enmudece reconociendo sus culpas.

43. Hoy os he inspirado para que salvéis a la mujer que en su camino ha tropezado, y cuando me presentéis a la que habéis salvado, Yo le daré una flor, una bendición y una paz muy grande para que no vuelva a caer.

44. Si así cumplieseis esta misión, esos seres heridos por el mundo sentirían penetrar en su corazón el amor de Cristo.

45. Yo escucharé cuando en su oración me digan: “Padre mío, no veáis mi pecado, ved tan sólo mi dolor; no juzguéis mi ingratitud, ved sólo mi sufrimiento”. En ese instante descenderá a aquel corazón atribulado mi consuelo y se purificará con el llanto. ¡Si supierais que la oración del pecador es más sentida que la del vanidoso que se cree justo y limpio!

46. Entre las multitudes que escuchan mi palabra están esas mujeres de quien os he hablado. Mi mano las ha protegido de vuestras miradas y vuestros juicios, porque también las he sentado en el gran banquete del espíritu.

47. Vosotros llamadlas a esta fiesta de amor y de perdón, para que en mi presencia sientan el amor que buscaban y que nunca sintieron ni encontraron entre los hombres.

48. En esos corazones tristes descenderá mi ternura al hablarles y sabrán sentirme y creerme.

49. Entonces veréis cuál es la obra que mancha y cuál la que redime. Veréis las maravillas que hace el verdadero amor y así habréis ayudado a vuestro Señor a reconstruir lo que vosotros mismos destruisteis; lo que ensuciasteis, Yo lo purificaré. Y aquellas florecitas caídas volverán a adornar con su virtud y su fragancia el altar del Universo.

50. Mirad cómo vengo a dar redención a pecadores por labios también de pecadores.

51. Y vosotras mujeres que os consideráis de clases superiores y os avergonzáis de acercaros a aquéllas que han pecado, ¡ay, de vosotras si os sentís ofendidas por ello, porque no habéis comprendido que espiritualmente todos sois iguales! ¡Cuántas de vosotras no habéis pecado materialmente, mas sí con el pensamiento y cuántas otras habéis sabido ocultar vuestras caídas! Entonces, si habéis pecado, ¿por qué os escandalizáis? Yo os digo que tanto las doncellas, como esposas y madres, deberán también luchar por la noble idea que en este día os he inspirado.

52. Esta es la enseñanza que el Maestro os da con palabra que lleva esencia y amor para vosotros. Trabajad y amad para que a vuestro corazón llegue la paz y la felicidad espiritual del que os hablé en el que llamasteis, Sermón de la Montaña.

53. No soy Yo el que debe descender, sino vosotros los que os elevéis hasta la nube para oír mi voz.

54. En el Tercer Tiempo el Verbo Divino no se ha hecho hombre, ha venido a vosotros en forma espiritual. Y esta parte de la Tierra en que vivís, ha sido ahora la destinada para recibir el cumplimiento de mis promesas y designios. Aquí estoy escribiendo el tercero de mis Testamentos, y aquí os reuní para que me esperaseis, porque vosotros sois los mismos de los tiempos pasados.

Así como en este tiempo me estuvisteis esperando y vuestra espera fue dolorosa, llena de ansiedad, sólo animada por la luz de mi promesa de volver, así en el Primer Tiempo, cuando crujían las cadenas de vuestra esclavitud, soportasteis las penalidades del destierro, alentados por la esperanza en mi promesa hecha a vuestros padres. Probé vuestra fe, hicisteis méritos de paciencia, y al fin lograsteis como recompensa, la posesión de la tierra prometida. Y encontrasteis una nueva vida.

55. Olvidó el pueblo su pasada esclavitud, quedaron lejos los falsos dioses, terminó la opresión y la servidumbre, y cada hijo de Israel abrió los ojos para contemplar que el Sol era suyo, los hijos suyos, las tierras propias, que el pan le era agradable y los frutos abundantes. Gran progreso alcanzasteis mientras estuvisteis dentro de mi Ley. La fama de vuestro esplendor llegó a otros reinos despertando su codicia, y cuando la división surgió entre las tribus del pueblo, otros pueblos cayeron sobre vosotros, para convertiros nuevamente en siervos y tributarios de reinos e imperios.

56. Mi justicia os arrebató aquella tierra, pero rescaté al mismo tiempo vuestro espíritu, para acrisolarle y enviarle en busca de este jirón de tierra semejante a aquél que poseísteis, y cuyo seno virginal os ha dado leche y miel y ha sido pródigo en bendiciones.

57. En ella he venido a buscaros. Aquí está nuevamente mi presencia con vosotros iluminándoos y fortaleciéndoos, para que no volváis a ser esclavos del mundo ni de las bajas pasiones. Las cadenas que rompisteis no deben volver a caer sobre vosotros, y aún cuando sintieseis oprimida vuestra vida humana, vuestro espíritu vibrará libre de cadenas, para que os elevéis y contempléis mi verdad.

58. Tomad todas vuestras amarguras y calamidades como el crisol que os purifica o como el yunque que os forja, para ser fuertes en el camino de la ascensión y purificación de vuestro espíritu.

59. Sé que sufrís, porque pruebo vuestro pan de cada día y lo encuentro amargo, penetro en vuestro hogar y no siento paz en él; os busco en el rincón de vuestra alcoba y os sorprendo llorando, entonces os hago sentir mi presencia y os doy mi fuerza para que no sucumbáis bajo el peso del dolor. Vais con el ¡ay!, angustioso y universal, pero de vuestros labios no saldrá nunca la blasfemia.

60. Cuando hayan pasado los días de prueba, os sorprenderéis de haber salido avante de ellas y reconoceréis que Yo estuve siempre con vosotros.

61. Os he llamado en este tiempo para brindaros una nueva ocasión de cumplimiento a vuestra misión, porque vosotros participaréis de vuestra heredad a todos vuestros hermanos, ya que Yo a todos amo por igual.

62. La paz perfecta para vuestro espíritu la hallaréis al terminar vuestra lucha en el Valle espiritual. Ahora sois soldados que combatís por esta causa y no dormiréis.

63. Este pueblo Espiritualista vive ignorado. El mundo no conoce vuestra existencia, los grandes no reparan en vosotros, pero se acerca la lucha entre Espiritualistas y Cristianos, entre Espiritualistas y Judíos. Esa lucha es necesaria para el establecimiento de mi Doctrina en toda la humanidad. Entonces se unirán en una sola esencia el antiguo Testamento con el Segundo y Tercero.

64. A muchos os parecerá esto imposible; para Mí es lo más natural, justo y perfecto.

65. Cuando viví en cuanto hombre con vosotros, la iglesia de Moisés estaba establecida y representada por príncipes, sacerdotes y escribas, quienes poseyendo las profecías y sabiendo la llegada del Mesías, no abrieron sus ojos para contemplar mis señales, ni abrieron su corazón para sentir mi presencia. Mas cuando escuchaban mi palabra, bajaban sus ojos, porque su Conciencia les decía que estaban delante del Juez. Pero no estando preparados no sabían explicarse mi presencia en aquella forma, y dudando de Mí hicieron dudar al pueblo.

66. ¡Cuán pocos me sintieron! ¡Cuán pocos confesaron, al mirarme, que Yo era el Hijo de Dios!

67. Después de mi sacrificio se entabló la lucha; la persecución fue grande sobre los que me siguieron por el camino del dolor, de la calumnia y del presidio, hasta la muerte. Fueron arrojados de su propia tierra y caminaron por naciones extranjeras sembrando mi Semilla, que encontró tierras fecundas, en las cuales germinó, floreció y dio frutos.

68. Cuando los discípulos de la Doctrina de Cristo se hallaron fuertes, buscaron la unificación con los primeros, haciéndoles reconocer que el Dios que entregó la Ley por conducto de Moisés, fue el mismo que habló por boca de Jesús.

69. La lucha fue intensa y quedó sellada con sangre. Mas al final de ella, mi voluntad se cumplió al unirse en una sola obra los Testamentos del Primero y Segundo Tiempos.

70. Por eso os digo a vosotros que, antes que la revelación del Tercer Tiempo se una a los Testamentos anteriores, tendréis que atravesar por la gran batalla espiritual que está anunciada.

71. No os extrañe que la fusión de los Tres Testamentos no se lleve a cabo en la nación señalada en el Tercer Tiempo para estas revelaciones; tampoco la unión del Primer Testamento con el Segundo se verificó en Judea. Recordad que ni Yo fui profeta en mi tierra.

72. No queráis que se repitan los milagros de los tiempos pasados, penetrad en el fondo de mis enseñanzas, para que descubráis que en todos los tiempos he venido con el único fin de redimiros.

73. Os digo una vez más: No olvidéis la Ley por las tradiciones. Yo borré muchas tradiciones, mas enseñé a dar cumplimiento a la Ley. Si en las últimas horas que como hombre pasé con vosotros, bendije el pan y el vino transformándoles en mi cuerpo y en mi sangre, para que por medio de ellos me recordaseis y me llevaseis en vuestro corazón, debéis reconocer que en este Tercer Tiempo, ya no habéis menester de símbolos, porque mi cuerpo y mi sangre que son mi amor, os los estoy ofreciendo espiritualmente en mi enseñanza.

74. Ahora quiero que vuestro corazón, sea pan y vino para vuestro hermano, amándolo, iluminándolo, resucitándolo a la verdad y al amor.

75. En ningún tiempo he venido como ministro, nunca he celebrado ritos ante vosotros. Yo sólo he sido el Maestro que os ha dado sus lecciones en sentido figurado.

76. Hoy la humanidad va penetrando en preparación espiritual; los grandes de la Tierra van doblegándose lentamente al comprender su obra. Mas todavía no es tiempo de que el dolor se levante de este mundo, porque los hombres volverían a levantarse en contra mía, tomando como instrumentos de venganza a la ciencia y a los elementos. Por eso, el cáliz de amargura será bebido un tiempo más.

77. Y cuando esté la humanidad preparada, mi voz vibrará en toda Conciencia, y los hombres verán que no existe otro poder, otra justicia y otra sabiduría como la mía.

78. Larga es la historia de este mundo, larga también la jornada de la humanidad, con la lucha de sus pueblos por alcanzar el cenit, tras del cual ha venido el descenso y el derrumbe. ¡Cuánta sangre derramada por mis hijos con la cual se ha enrojecido la Tierra! ¡Cuántas lágrimas de hombres, mujeres y niños! ¡Cuántos pecados y errores! Pero también, ¡cuántas pruebas de amor he recibido y cuánta virtud he contemplado! Y después de tanto vivir, aún no habéis alcanzado la meta de paz y redención.

79. Todavía faltan los últimos combates con sus amarguras y los últimos torbellinos.

Falta aún que todas las fuerzas se agiten y los átomos se remuevan en un caos para que, después de todo ello, venga un letargo, una fatiga, una tristeza y un hastío que aparenten la muerte; y ésa será la hora en que se escuche en lo sublime de las Conciencias el eco vibrante de un clarín que, desde el Más Allá, os anuncie que el Reino de la Vida y de la Paz se acerca entre los hombres de buena voluntad. Y ante esa voz, los muertos resucitarán, derramando lágrimas de arrepentimiento; a ellos Yo los recibiré como a los hijos pródigos cansados por la gran jornada y fatigados por la gran lucha, para sellar sus espíritus con el ósculo de amor.

80. Desde ese día, el hombre abominará la guerra, arrojará de su corazón el odio y el rencor, perseguirá al pecado y comenzará una vida de restauración y de reconstrucción. Muchos se sentirán inspirados por una luz que antes no contemplaron y se levantarán a crear un mundo de paz.

81. Será sólo el principio del tiempo de gracia, de la Era de Paz.

82. La Edad de piedra está distante ya. La Era de la ciencia pasará y luego vendrá a florecer entre los hombres la Era del espíritu.

83. La fuente de la vida revelará grandes misterios, para que los hombres edifiquen un mundo fuerte en la ciencia del bien, en la justicia, en el amor.

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