Enseñanza 135

1. Vengo lleno de amor y revestido de paciencia para hacerme comprender de todos. Consolaos en Mí. Comed y bebed para que calméis vuestra hambre y sed de justicia.

Quiero que el incomprendido por la humanidad se sienta comprendido por Mí y el que sentía su mano vacía, al levantarse después de haberme oído sienta que lleva dones consigo. Que el que ha llegado ante mi presencia trayendo remordimientos en su espíritu, al escucharme se sienta descargado de todo ello y pueda levantar su rostro como aquella mujer adúltera del Segundo Tiempo, cuando le dije: “¿En dónde están los que te persiguen? Yo te perdono, ve en paz y no peques más”.

2. Yo soy el Divino Juez, que no aplica jamás una sentencia mayor a la falta. Cuántos de los que se acusan delante de Mí, Yo les encuentro limpios. En cambio, cuántos pregonan limpidez y los encuentro perversos y culpables.

3. ¡Qué injusta es la justicia humana! ¡Cuántas víctimas de los malos jueces expían faltas ajenas! ¡Cuántos inocentes han visto cerrarse las rejas de la prisión delante de sus ojos, mientras el culpable camina libre llevando invisiblemente su fardo de hurtos y de crimen!

4. Espiritualmente es imperfecto vuestro mundo. Debéis ayudarlo a elevarse.

5. El Mundo material, el planeta, no está próximo a su desintegración, pero el fin de ese mundo de errores y pecados, de tinieblas y mala ciencia llegará con la luz de mi Doctrina, y sobre sus escombros Yo levantaré un nuevo mundo de progreso y de paz.

6. Vuestra misión de labriegos no terminará en 1950; por el contrario, será cuando comencéis a dejar de ser discípulos para convertiros en maestros que con palabra de amor guíen a la humanidad por el sendero de luz.

7. Grandes legiones espirituales esperan tan sólo esta depuración entre los hombres para encarnar y morar nuevamente en la Tierra. Ellos poseen una gran misión y esperan que vosotros les dejéis vuestro lugar para ocuparlo ellos.

8. Vengo a explicaros mi Doctrina, materializando mi palabra para haceros comprender quiénes sois.

9. Nunca os amedrentéis por el peso de la responsabilidad que he puesto en vosotros; mas pesa el fardo del pecado. Es doloroso el abismo con sus tinieblas que la luz que existe en la cumbre de la montaña donde mora el Maestro. Nuevamente os digo: “El yugo de Cristo es dulce”.

10. Os he llamado Israel, porque en vuestro espíritu existe una misión de paz, un destino de armonía espiritual con toda la humanidad; porque sois el primogénito, porque no nacisteis sólo de Jacob, venís de más allá de él, de más allá de Abraham. Vuestro punto de partida data de antes de que Yo enviara al primer hombre a la Tierra, quien formó una familia de la cual Yo escogí la simiente para formar mi pueblo fuerte en la fe, en la obediencia y en el amor al Dios invisible. Así lo preparé y lo bendije y quedó como un faro en medio de la humanidad.

11. Nada os faltó para desempeñar vuestro destino y, sin embargo, visteis surgir más alto que vosotros a otros pueblos que luego os humillaron con cadenas de esclavitud.

12. ¿Por ventura, eran pueblos superiores al vuestro? Ni en materia ni en espíritu eran mayores que vosotros, en quienes había desbordado el Padre los dones preciosos de la inspiración, de la sabiduría, de la belleza, del amor, de la salud y la fuerza. Os preparé para que fueseis como un espejo de mi amor por todo lo creado, donde la humanidad me contemplara, y como fuente de aguas cristalinas donde los sedientos de verdad mitigaran su sed.

13. Mas, al fin humanos, flaqueasteis y en vuestra decadencia fuisteis sometidos por otros pueblos.

14. En este tiempo os vengo a buscar y a estar muy cerca de vosotros recordándoos mi Ley, despertando a vuestro espíritu para que escuche la voz de la Conciencia y diciendo a vuestro corazón: “Despertad, las cadenas que os abrumaban fueron rotas por la muerte y hoy la vida os ha devuelto vuestra libertad”. Es por lo que he venido entre vosotros en el Tercer Tiempo.

15. No creáis que sólo en el seno del pueblo de Israel han existido profetas, precursores y espíritus de luz. También en otros pueblos he enviado algunos de ellos, mas los hombres los tomaron como dioses y no como enviados y crearon bajo sus enseñanzas, religiones y cultos.

16. El pueblo de Israel no comprendió la misión que para con otros pueblos tenía y durmió en un lecho de bendiciones y complacencias. El Padre lo había formado como una familia perfecta en la que una tribu tenía la misión de defender al pueblo y mantener la paz, otra labraba la tierra, otra tribu era de pescadores y navegantes. A otra le fue confiado el culto espiritual, y así sucesivamente, cada una de las doce tribus que integraron el pueblo, desempeñó diferente misión que en conjunto daba un ejemplo de armonía. Mas en verdad os digo, los dones espirituales que poseísteis en aquellos primeros tiempos, los tenéis aún.

17. Ved entre vosotros a los profetas; mirad como los hombres, las mujeres, los ancianos y aun los niños testifican mi verdad por medio de sus revelaciones. Poseéis la elevación espiritual para orar, la potestad para haceros oír y obedecer por los elementos, de lo cual tuvisteis ejemplos en Noé, venciendo la furia de las aguas; en Josué a quien le atribuís que detuvo la carrera del Sol, sobre lo cual os digo, que los astros jamás han detenido su curso, y que fue mi Luz divina semejante a un sol radiante la que prolongó el día y ocultó la noche, para que el pueblo alcanzara la victoria, mientras el Universo continuaba su trayectoria sin salirse de sus leyes de armonía.

18. Moisés tuvo también potestad sobre los elementos y a su voz obedecían las aguas, los vientos, las rocas. He confiado al hombre esta Naturaleza para que de ella se sirva, pero él ha transformado el orden de la Creación y se ha convertido en esclavo de la Naturaleza, en la que ha buscado muchas veces a su dios.

19. En el Segundo Tiempo, os di una lección más sobre estas enseñanzas, cuando hice calmar la tempestad al extender mi mano, también cuando anduve sobre las aguas o cuando resucité a los muertos.

Los milagros que realicé en aquel tiempo fueron para salvar al perdido, para convertir la tiniebla en luz y el odio en amor. Yo no vine a maravillar o a sorprender a los hombres con aquello que sirviera sólo para asombro de su entendimiento, como algunos que se hacen admirar de los hombres como seres superiores haciendo aparentes milagros y que, sin embargo, no son capaces de convertir a un pecador. Yo no he venido a enseñaros ciencias superfluas o sorprendentes; Yo os he revelado mi existencia y el por qué de la vuestra. Os he descubierto que el fuego que da vida y todo lo anima, es el amor; es el principio de donde han brotado todas las naturalezas.

20. He ahí que vosotros nacisteis por amor, existís por amor, sois perdonados por amor y seréis en la eternidad por amor.

21. Preparaos, para que cuando mi palabra cese, vayáis a las distintas naciones de la Tierra, donde encontraréis pueblos cuyo origen se pierde en el tiempo, en los que sus habitantes practican cultos y ciencias en medio de los cuales se ha manifestado el Mundo Espiritual; ahí oiréis hablar de transformaciones, de maravillas y milagros ante los cuales quedaréis asombrados.

22. Estaréis preparados, porque tendréis que soportar grandes pruebas; os sentiréis confundiros por momentos cuando en el seno de aquellos hombres miréis comunicarse al Mundo Espiritual, haciendo maravillas que vosotros no podríais haber hecho. Cuando os presenten escritos conteniendo su historia, sus leyes y preceptos, abriréis vuestros ojos para que no os confundáis con la maravilla material, con el prodigio exterior, mas también para que podáis admiraros e imitarlos en todo lo que vuestra Conciencia e intuición os diga que encierra verdad.

23. También encontraréis en ello ahínco por hallar el camino que conduce a la perfección, anhelo de eternidad.

24. A otros los sorprenderéis en su Éxtasis espiritual, del cual han hecho un culto fanático; son como plantas parásitas porque ni cumplen con las leyes de amor dictadas por Dios, ni cumplen con los deberes de la Tierra. Esas doctrinas no se propagarán en otros pueblos, porque la verdadera espiritualidad destruirá el fanatismo y el misticismo.

25. Yo os he enseñado desde los primeros tiempos, una Ley que es justa con el espíritu y con la materia; recordad que en cierta ocasión dije: “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.

26. Muchos se sorprenderán y hasta os juzgarán mal cuando escuchen que siendo mis discípulos, cumplís con la ley del trabajo material, cuando miren que tenéis esposa o esposo, que tenéis hijo y familia, que sabéis recrearos en la contemplación y en los frutos de la Naturaleza, a la que amáis como a una madre. Entonces os preguntarán: “¿Por qué si sois siervos del Señor no vivís sólo en la contemplación de lo espiritual?” Encontraréis también a los que poseen el don de profecía y os sorprenderéis, porque ciertamente, entre ellos hay espíritus adelantados.

27. Preparaos cuando estéis a prueba y Yo hablaré por vuestro conducto, y si esa preparación es además de limpia, sencilla y pura, veréis mis maravillas.

28. Estoy hablando a los que deben cumplir con su misión de apóstoles y profetas en otras tierras, para que no hagan alarde de la misión que les he confiado. Estos no provocarán escándalo combatiendo religiones ni creencias. Otros serán los que promuevan escándalo en contra de vosotros, sin saber que con ello os estarán ayudando a propagar la Doctrina, despertando la curiosidad de muchos, que luego se convertirá en fe.

29. Para algunos será la presente existencia su última reencarnación. Es tiempo que preparéis el viaje para el Más Allá; llenad de buena simiente vuestro alfolí, para que con paso firme acudáis al llamado que os haré en el Valle espiritual que os espera y del cual nadie podrá huir.

30. A cada uno de vosotros se le ha asignado un número de espíritus a los cuales debe ayudar a elevarse, conduciéndoles por el sendero de mi verdad. Ninguno llegará sin su porción, porque no será recibido.

31. Luchad y trabajad, recreaos aprendiendo y enseñando. Yo estoy fecundando las tierras, apartando de ellas toda mala hierba para que mis sembradores las encuentren preparadas por mi caridad.

32. Entonces se abrirá delante de vuestros ojos un camino a través de un desierto, ofreciéndoos sus oasis y allá en el horizonte la silueta blanca de la Tierra Prometida, cuyas puertas abiertas os invitarán a pasar con las porciones y con los pueblos que no sólo amarán al mismo Dios, sino que practicarán el mismo culto espiritual.

33. Convertid con vuestra oración a los seres en tinieblas, que como ejércitos combaten y luchan mientras dormís. Daos cuenta que en torno vuestro y sobre vosotros, flota y se agita un mundo desconocido, donde la luz lucha contra las tinieblas en una guerra cuyo estruendo e influencia trastorna vuestro mundo, vuestro corazón y vuestra mente.

34. Por eso la tranquilidad y la paz también han huido del corazón de la humanidad; mas bienaventurado el que sintiendo esa batalla, ora, porque él saldrá avante.

35. El que tomare el juicio de este tiempo como simples coincidencias, no sabe que estará a merced de la muerte, de la peste, las plagas y el hambre.

36. Descansad en tierra firme y oíd mi voz, para que sanéis de todos vuestros males y recobréis vuestras fuerzas para proseguir la caminata.

37. No tenéis necesidad de decirme lo que traéis en vuestro corazón ni de dónde venís, porque Yo todo lo sé. Sé que vuestro espíritu se acerca al Padre después de vencer en la gran lucha que sostuvo para apartarse de caminos torcidos, que venís a buscar apoyo y fuerza en Mí para no desmayar. Cuando estuvisteis a punto de debilitar, cuando ya vuestras energías se estaban agotando, os elevasteis a mi Espíritu para pedirme ayuda, y Yo al instante respondí llamándoos hacia este oasis de paz, para que tuvieseis un descanso por mi infinita caridad.

38. ¡Cuántas revelaciones habéis comprendido desde el instante en que por primera vez escuchasteis esta palabra! Entre ellas comprendisteis que el espíritu no se perfecciona en un día, ni en un año, ni en una vida, porque teniendo naturaleza eterna, su trayecto tiene que ser adecuado al galardón que le espera.

39. Habéis aprendido a distinguir la voz de la Conciencia que habla siempre de ley, de amor, de bien, de rectitud y pureza, de aquella otra voz que proviene de los sentidos de la carne o de las pasiones del corazón, la cual no siempre induce al bien.

40. Ya sabéis que poseéis armas para defenderos, conocéis cuales son; sabéis también cuál es el escudo que os protege, y comenzáis a hacer uso de la oración, de la fe, de los buenos pensamientos, de la firmeza de voluntad.

41. Habéis aprendido a dar su lugar justo en la vida, a los diferentes valores que forman vuestro ser; sabéis que lo esencial está en el espíritu y que después de él, ocupando un lugar digno en el hombre, se encuentran los sentimientos, la mente, las necesidades corporales.

42. Sabéis ahora que la verdadera espiritualidad en el hombre no consiste en apartarse de la carne o en rechazar lo material, sino en armonizar vuestra vida con toda la Creación; sin embargo, para que el espíritu pueda lograr esa armonía, es menester que siempre vaya delante, que esté por encima de lo humano, que sea el guía; si no es así, el espíritu no es libre y se transforma en esclavo de la carne o en enemigo de ella.

43. Sabéis que en mi camino no se puede fingir el amor, la pureza, ni los conocimientos, porque sentís una mirada que todo lo ve y todo lo juzga.

44. Ahora conocéis que para que vuestros méritos sean reales, vuestras virtudes y obras tienen que ser verdaderas y estar inspiradas en el amor a vuestros hermanos.

45. No temáis que os hable así; vuelvo a deciros que no vengo a exigiros la suprema perfección, sino un esfuerzo constante por alcanzarla.

46. Ahora, cuando sufrís, cuando atravesáis una dura prueba, cuando os encontráis en el lecho del dolor, sabéis que aquel cáliz de amargura os purifica y os renueva, que aquel dolor os hace expiar algunas faltas, y que es una sabia lección; entonces lo apuráis con paciencia y conformidad.

47. Habéis llegado a comprender que estoy construyendo en cada uno de vosotros un Templo, y ya no os atrevéis a destruir lo edificado, por el contrario, tratáis de ayudarme en esta obra.

48. Habéis entendido que no es delante de los hombres ante quienes debéis hacer méritos para recibir de ellos la alabanza o el galardón, sino delante de vuestro Padre, que es el único capaz de valorizar vuestras obras.

49. Entendiendo todas estas explicaciones, por muy arraigadas que estén vuestras pasiones, tendrán que hacer una sumisión de la materia hacia el espíritu, que será un principio para esa armonía y ese orden que debe existir en el hombre para ser digno hijo mío.

50. De vuestro presente depende el futuro de muchos seres, pueblo amado, no lo dudéis un solo instante; entonces, pensando en esta verdad, despojaos del último resto de egoísmo y labrad para el mañana: Paz, unificación, moral, espiritualidad.

51. No dudéis de poder llevar a cabo esta obra en el mundo, porque no es la primera vez que en vuestro camino os confío mi Semilla; prueba de ello es que os hablo en esta forma y me entendéis.

52. Esta es la continuación de mis lecciones, mas no es el fin de este planeta. El mundo seguirá girando en el espacio; los espíritus llegarán aún a la Tierra a encarnar para cumplir su destino; los hombres seguirán poblando la Tierra, sólo la forma de vida cambiará.

53. Las transformaciones que la Vida humana sufra serán tan grandes, que os parecerá como si un mundo se acabase y naciese otro. Así como en todos los tiempos la vida del hombre se ha dividido en Eras o Edades, y cada una de ellas se ha significado por algo, ya por sus descubrimientos, por las revelaciones divinas que ha recibido, por su desarrollo en el sentido de lo bello, a lo cual llama arte, o por su ciencia, así, el tiempo que se inicia, la Era que asoma ya como una nueva aurora, se significará por el desarrollo de los dones del espíritu, de aquella parte que debíais haber cultivado para evitaros tantos males, y a la cual siempre dejasteis para después.

54. ¿No creéis que la Vida humana puede transformarse totalmente, desarrollando la espiritualidad, cultivando los dones del espíritu y estableciendo la Ley que dicta la Conciencia en este mundo?

55. ¡Ah, sí supieseis cuánto es lo que guarda vuestro espíritu! Pero no lo sabéis, a pesar de los milenios que lleváis habitando el mundo, porque en vuestro egoísmo, que es amor hacia vosotros mismos, sólo os ha importado la ciencia al servicio de cada uno.

56. Yo seré quien os descubra las virtudes, los dones, las bellezas, el poder y todo lo maravilloso que se oculta en vuestro espíritu; éste es el tiempo propicio, ahora que estáis recogiendo los últimos frutos de un mundo o de una vida que termina.

57. Pronto comprenderán todos los pueblos, que Dios les ha hablado en cada Era, que las revelaciones divinas han sido la escala que el Señor ha tendido a los hombres para que pudiesen ascender hacia Él.

58. A este nuevo tiempo le llamarán unos “El Tiempo de la Luz”, otros “La Era del Espíritu Santo”, otros “El Tiempo de la Verdad”; y Yo os digo que será: “El Tiempo de la elevación, de la redención espiritual, de la reivindicación”.

59. Esta es la Era que ha mucho tiempo he querido que viva en el corazón del hombre y la que ha sido continuamente combatida y destruida por él mismo. Un tiempo cuya claridad sea vista de todos y bajo cuya luz se unan todos mis hijos, no a una religión de hombres que acoja a unos y rechaza a otros, que proclame su propia verdad y se la niegue a los demás, que emplee armas indignas para imponerse, o que dé tinieblas a cambio de luz.

60. Pueblo: Cuando llegue la hora de que os levantéis a dar la Buena Nueva, predicaréis con hechos la paz, el amor, la caridad, la unificación y la fraternidad; si en vuestro camino encontraseis a otro que hipócrita y falsamente fuesen predicando lo mismo, con vuestras obras poned a descubierto su mentira; mas si por el contrario, os encontraseis que con ejemplos predican la verdad, el amor y la caridad, uníos en espíritu a ellos, porque su lucha será la vuestra.

61. No puedo dejar de deciros que si vosotros os encontráis impuros, impreparados, indignos de llevar a cabo esta Obra, y vieseis que otros se han levantado a luchar con la debida pureza, no les estorbéis el paso, porque entonces sería doble vuestra causa.

62. De todo os hablo, discípulos, para que nada os sorprenda, para que, al levantaros para esta lucha, sepáis realmente despertar en los corazones el ideal de elevación.

63. Este planeta, que siempre ha enviado al Más Allá su cosecha de espíritus enfermos, cansados, turbados, confundidos o con muy escaso adelanto, presto me ofrecerá cosechas dignas de mi amor a vosotros.

64. La enfermedad y el dolor se irán desterrando de vuestra vida, y al llevar una existencia sana y elevada, cuando llegue la muerte os encontrará preparados para el viaje hacia la mansión espiritual.

65. ¿Quién podrá sorprenderse o extraviarse al penetrar en la morada desconocida, si ya desde esta vida se la ha mostrado su Maestro en los instantes de orar, de meditar, de soñar o de inspirarse?

66. Ahora os parece inalcanzable tanta paz y tanto bienestar material y espiritual, porque miráis toda la confusión que reina en torno a vosotros, confusión que irá creciendo más y más en todos los órdenes de la vida humana; mas luego que esta noche tempestuosa deje asomar la luz de la nueva aurora, la misma Tierra sentirá que sus nuevos moradores vienen a sembrar la vida verdadera con obras nobles, que vienen a restaurar y reconstruir, y que los destructores, los profanos y los impíos ya se ausentaron para encontrar su purificación.

67. Pueblo: En este día os he revelado algo de mis planes divinos para con vosotros; os he adelantado lo que pertenece al futuro y os he preparado para la lucha que se aproxima a toda la humanidad. Meditad en esta enseñanza y os sentiréis fortalecidos.

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