Espiritualismo y Espiritualidad 2

Espiritualidad es el canto del espíritu, el himno que glorifica su triunfo cuando ha vencido sobre sus pasiones terrestres. Es un himno de paz y de alegría que guarda eternamente al haber conseguido armonizar con la Creación.
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¡Cuántos vagan en las penumbras de la noche porque no dan cabida a la luz de la verdadera vida que otorga la sabiduría divina! ¡Cuántos seres van y vienen a este Valle, ya que aún no han logrado cumplir para con sus espíritus! Mas llega el momento en que se encumbren a la montaña y vislumbren su triunfo espiritual.
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Espiritualidad es la armonía que logra el espíritu con su naturaleza material; es saber el encumbrarse a la perfección paso a paso al dar al mundo lo que le corresponde y a Dios lo que le pertenece. Es una armonía en que las tres naturalezas que está formado el hombre dan como culto, la verdadera obra: El Amor espiritual.
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Amor a la Creación, al Semejante, a la vida en todas sus existencias creadas; una armonía que aún no es comprensible al espíritu, pero el instante llega en que pueda concebir ese amor que tiene el Creador por toda Su obra. ¿Cómo podrá vislumbrar su perfeccionamiento más allá de esta morada si aún no ha armonizado con todo cuanto le rodea en este Valle terrenal? ¿Cómo podrá recibir mayores lecciones espirituales si no es capaz de llevar a cabo las lecciones que le da la vida en su mundo? Es menester que de Espiritualidad a su existencia terrenal, para que pueda encumbrarse a su nueva morada, donde recibirá mayores lecciones que lo elevarán a lo divino.
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El hombre sin Amor espiritual es un ser que vive apegado a sus necesidades materiales, a sus instintos carnales, un ser que lleva cadenas que le atan al mundo y, a sí mismo. Cuando llega a amar, lo hace de una manera egoísta, solamente ama a los seres que le rodean y para él los demás no importan, no son necesarios ni indispensables. Vive para darse comodidad y le es difícil desprenderse del amor a sí mismo y a los suyos. El Espiritualismo es la enseñanza que conmueve el corazón del hombre, en que contemplará a toda la humanidad como a su propia familia, como un solo espíritu, dándose vida, calor y sustento.
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Los ojos de la carne son engañosos para lo espiritual, mas los ojos del espíritu contemplan lo real cuando ellos miran la verdad de su existencia y la de todos con la luz de su Conciencia. El Espiritualismo viene a enseñar a la humanidad a gobernarse no por los dictados imperfectos del hombre, sino por la perfección que existe en su propia Conciencia. La Espiritualidad hace más perceptible aquella voz que por siempre el espíritu tiene desde su nacimiento espiritual y a apagar los dictados de la carne cuando éstos han gobernado su naturaleza primordial.
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El Espiritualismo es la Ley que gobierna con sabiduría al espíritu. El conocimiento sabio que debería sentir para cimentar su paz eterna. No es sabio el espíritu que sólo mira lo del mundo y deja de ver a las alturas dónde verdaderamente pertenece. Es sabio quien sabe mirar a las alturas y anhela llegar a lo más alto de la escala, sin desconocer su parte material cuando está encarnado.
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Espiritualidad es cumplimiento, amando a Dios en nuestros Semejantes. Amando y practicando la Ley divina lograremos encumbrarnos a lo más alto del monte, y pertenecer al Reino de los verdaderos sabios.
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En la ascensión de una escala y otra la primera Ley es el amor. Por esa Ley se llega a reconocer la verdadera sabiduría en los espíritus; todos quienes se han fundido en el Seno divino han logrado cumplir esa Ley con perfección.
¿Dónde están los verdaderos sabios en este mundo? ¿Hay uno en todo el orbe? No, todos son espíritus con restitución espiritual; mas el Espiritualismo viene a darles sabiduría para que puedan llevar a cabo la Ley del Amor.
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Espiritualidad es lo que necesita cada espíritu de este Valle, para libertarse de las sucesivas existencias terrenales.
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Cuando un espíritu logre encaminarse por los dictados de su Conciencia será como un instrumento de que el Padre se valdrá para Sus designios divinos. Un instrumento que dará vida, luz, saber, libertad, a los que aún no pueden romper las cadenas de su egoísmo ante sí mismo y como consecuencia a los demás.
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Espiritualidad es decir, ser semejante al Espíritu Divino, ya que Él es la Ley viva y el hacer constante en un Amor espiritual por todos Sus hijos, por toda Su creación. A ello conduce la Enseñanza divina, a ser semejantes a Quién nos dio vida y eternidad, a ser hijos que practiquen la Ley viva en un obrar constante con Amor espiritual.
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¿Por qué no anhelar la Espiritualidad en nuestra existencia si ella sólo otorga la paz perfecta? ¿Acaso es menester escalar dolor tras dolor para ser perfectos? El dolor no otorga la perfección espiritual, porque si existe sufrimiento es signo de errores, de faltas, de equivocaciones, de desobediencias, de falta de cumplimiento a la Ley. Las obras hechas con amor son verdaderos méritos que nos acercan al Reino de los sabios, con la profunda paz al sentir en nuestro espíritu la certeza, el haber cumplido y escalado la montaña al entregar sus verdaderos tesoros espirituales a sí mismo, al entregarse a sus hermanos en obra. Todos los espíritus que han conquistado el Seno divino lo han hecho con la potencia de su amor. 
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Como espíritus podemos comprender todo cuánto guarda nuestro ser, lo que podemos dar a semejanza de nuestro Creador. Mientras la existencia de los hombres es un constante ir y venir de sus espíritus, hay hermanos nuestros que no han necesitado pisar el polvo de la tierra para comprender y dar lo que sus espíritus poseen. Fue necesario un plano en que a merced de su libre albedrío comprendiesen el amor de su Creador y con lecciones sabias fue saturado este Valle terrenal, donde el espíritu hecho carne tuviese las oportunidades que le fuesen necesarias para profundizarse en sí mismo.
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Mas la sabiduría con que fue hecha la Tierra, los dejó absortos, en cada belleza que contemplaban se deslumbraron, dando más complacencia lo hecho en la Tierra y olvidando poco a poco la belleza con que fueron creados a semejanza del Divino Espíritu. ¿Cómo puede ser que en cada maravilla que el hombre descubre hoy en día, niegue a su Creador? Con cuánto asombro se maravillan los entendimientos, los razonamientos al descubrir la perfección con que está hecho todo y aún no logran percibir la Sabiduría divina y en ella la Ley primordial, el Amor espiritual con que está hecho todo dentro y fuera de su mundo e incluso en su propio ser, como una muestra palpable de la existencia de su Dios. Ciegos están muchos al no concebir que todo tiene un principio, un origen divino. ¿Podrán esos espíritus encarnados percibir la belleza espiritual que llevan dentro de sus envolturas? No; he aquí que son los ciegos y los sordos de entendimiento espiritual.
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Cuántos son ciegos ante sí mismos al rechazar su naturaleza espiritual, porque si tuviesen como cierto de que un ser dentro de sus envolturas se manifiesta y es el que obra verdaderamente, no habría lo que acontece en el mundo donde hasta la vida de un Semejante no es tomada en consideración. El Espiritualismo viene a abrir los ojos espirituales de la humanidad, para que por los ojos de la carne se asome la verdad del espíritu, obrando así a la luz de su Conciencia. Entonces verá con los ojos de su espíritu, no la carne de sus hermanos sino al ser que vive dentro de aquellas envolturas, un ser que tiene parte de divino como él mismo lo tiene.
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¿Dónde está la verdad en la existencia de los hombres al desconocerse los unos a los otros, sí han surgido sus espíritus de un mismo Origen Divino? Hay falsedad, porque aún no han logrado apreciar lo que realmente vale otro ser humano que tienen frente de sí; pero llega el instante en que abrirán sus ojos espirituales y comprendan la perfección que existe en todos por ser semejantes unos de otros. Su existencia entonces se transformará y gozarán de la libertad que se les concedió, el encaminar su libre albedrío al armonizar los unos a los otros por medio del amor. Todo está dispuesto para que por medio de la Espiritualidad se logre cuanto está profetizado. Una etapa de preparación hoy el espíritu experimenta por medio del dolor, para que en el instante en que surja esta Enseñanza logre contemplar el oasis en el desierto que le invita a calmar su sed abrazadora. Un maná descendió como prueba de caridad divina al pueblo de Israel, hoy el Maná celestial, el espiritual que hay en el Libro de la Vida Verdadera, descenderá a todos los espíritus y vislumbrarán ya no a lo lejos la puerta que les invita a penetrar a la Tierra Prometida.
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¿Qué espíritu querrá salir de aquella Ciudad donde se encuentra el sustento eterno, la vid que calma toda sed? Y de cierto, muchos saldrán de la Ciudad, pero ya no para vivir nuevamente en el desierto abrazador, sino para rescatar a los que aún se encuentran en él. ¡Qué hermoso es aquella contemplación donde el Amor espiritual, el verdadero amor existe en los espíritus que han logrado llegar a la Ciudad Blanca! ¡Qué amor invade los corazones por querer salvar a sus hermanos perdidos en las encrucijadas, en los falsos espejismos del desierto!
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Hay dulzura en la Enseñanza espiritual; en la verdadera Espiritualidad no hay temor hacia el Padre, porque Él sólo vive para dar vida, sustento, luz, sabiduría, amor, calor a todos Sus hijos. Es la dulzura que existe en la Palabra del Padre, la que hace sentir a los hijos alejados de la Casa paterna, el anhelar volver a ella. Todos los espíritus comprenderán en algún momento de su existencia el amor sublime que tiene nuestro Padre, ya que somos gota fiel de su Espíritu.
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El Espiritualismo enseña tanto a encarnados como desencarnados a que sean salvos por ellos mismos. No es necesario que el Divino Espíritu venga nuevamente a sacrificarse por medio de una envoltura para salvar a los espíritus; ellos por su evolución hoy podrán salvarse los unos a los otros, poniendo en práctica todo cuanto recibieron de lección en lección a través de los Tiempos. He aquí, que la Ley, el Amor y la Sabiduría será en todos nosotros.
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No es imposible amar, imposible sería el no sentir y no manifestar ésta potencia divina. Sólo basta entender que si somos semejantes al Divino Espíritu, todo lo noble, todo lo bueno está en nosotros esperando el ser manifestado. No es necesario aprender a amar… sino solamente el sentirlo.
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La Espiritualidad arranca el juicio vano y falso de los entendimientos, porque el que lleva Espiritualidad en su existencia, en su entendimiento, comprende con la luz de su Conciencia que él en un momento de su vida presente y quizás pasada, la viga pudo ser en su andar para con sus hermanos, y por este entendimiento no ve la paja de sus hermanos, sino sólo la ignorancia como lo fue en él en su pasado.
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Si en la existencia de los hombres se manifestase la Espiritualidad, habrán logrado el cumplir con el anhelo Paterno, ese anhelo divino al contemplar que Sus hijos han llegado a manifestar en sus entendimientos, en sus corazones, es sus propios espíritus el sublime Mandamiento que dice: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS”. 
Reflexión espiritual del Tercer Testamento