La caridad y el amor espiritual

La caridad1

La caridad es el reflejo del espíritu que se manifiesta en amor por un hermano suyo. Es el sentimiento que enaltece nuestro ser cuando es practicada por él.

La caridad va más allá del razonamiento humano, es el lenguaje del corazón que se manifiesta en un acto de bondad y ayuda para el que la pide o deseamos dar, y por la cual uno y otro nos elevamos en el Amor de los unos a los otros.

La caridad es lo más elevado que puede dar nuestro espíritu, lo más noble y la más bella expresión de nuestro amor nacido de un verdadero y sublime sentimiento por el bien de un hijo de Dios.

La humanidad se conmueve y se atribula, es su rechinar de dientes y su mesar de cabellos. Es por su falta de amor entre hermanos y si esa potencia no es con ella, menos manifestará la virtud de la caridad que lleva en lo más íntimo de su espíritu, y que se llega a manifestar en forma de palabras, sentires, pensares y de obras.

Hoy, la caridad se ha enfriado en el corazón de la humanidad, es que no vibra en sintonía con el Corazón divino. No hay caridad, y, ¿por qué no lo hay? Porque el hombre ha olvidado su espíritu, es porque sólo se siente carne y como tal, cree y siente que este es su reino, donde tiene que luchar avasallando a los demás para sobresalir y sobrevivir en la frivolidad de su estado carnal. En cierto, la carne del hombre fue formado del polvo de la Tierra a semejanza de las demás criaturas terrenales, y por nuestros instintos que pertenecen a la misma carne, hemos llegado a hacer lo que las demás criaturas hacen para sobrevivir: Defender su pan, su territorio, su especie.

Nuestra carne a semejanza de las demás criaturas defienden lo que es suyo, y es ahí donde nuestro espíritu debe dominar a su carne y tiene como misión el manifestar las virtudes espirituales que trae consigo por ser semejante al Espíritu Divino.

Existe el egoísmo en nuestra existencia porque hemos dejado que los instintos de nuestra carne se impongan a las virtudes de nuestro espíritu. Ese predominio hace que nuestro espíritu no comparta lo que ha conseguido con esfuerzo y hasta con sufrimiento, con un Semejante suyo en el espíritu, y lo guarda para sí, y esto no lo eleva de su condición humana y carnal. No ha meditado que ese momento en que tuvo algo por compartir era la llave, que abriría por fin el candado de sus cadenas que lo aprisionan en este mundo. Pues en cierto, no podemos elevarnos a una morada mejor si nuestro espíritu no refleja su verdadera naturaleza al vencer a su carne por medio de las virtudes espirituales, en ellas la bondad y la caridad, el amor y el perdón.

La caridad que podemos manifestar a un hermano nuestro puede ser tanto material o espiritual. Mas es necesario decir, que la caridad espiritual es la que ennoblece verdaderamente a nuestro ser, y si ella es primero en nuestro corazón, lo material se dará por añadidura.

El pueblo de Israel, cuantas veces recibió el reclamo del Padre por medio de sus profetas, mas fueron sordos a la petición divina. He aquí que se les dijo: “Amparad a la viuda, proteged al huérfano, dad hospedaje al extranjero”. Mas su historia que quedo plasmada en las Escrituras, nos muestra un pueblo con un corazón rebelde y de roca muchas de las veces, no obedeciendo ni acatando Su voluntad. Esa muestra de caridad ante los demás pueblos y ante sí mismo era para su dicha y su bienaventuranza. Era la prueba manifiesta ante los demás pueblos de que el Dios vivo y verdadero, de la caridad y el amor divinos se manifestaba en el pueblo de Israel.

En otro tiempo nuestro Padre, encarnado en Jesús, nos vino a entregar la misma enseñanza, el Verbo se hizo obra ante Sus hijos; cuántas veces contempló a Su pueblo cautivo y dominado, enfermo y sin pastor. Mas se hizo Hombre y con ello nos mostró las más excelsas de las caridades espirituales del verdadero amor: Y ello fue, el mostrarnos cómo obrar con las virtudes espirituales con está hecho nuestro espíritu. Hizo de la bondad, la misericordia, el sacrificio, el darse por los demás, el perdón, la ternura, la más bella expresión del Amor divino hecho obra ante Sus hijos. Por medio de Jesús nos mostró que no le debíamos temer sino amar, como un Padre que todo lo da por Sus hijos.

Cuántas veces dijo al pueblo y lo mostró con obras, que los pecadores eran amados inmensamente por Él, pero los corazones no concebían esta verdad, por eso, los doctores de la ley Mosaica, el mismo pueblo e incluso los apóstoles que acompañaban al Rabí de Galilea, se molestaban y se intoleraban al ver cómo convivía con el publicano y cómo perdonaba a la adultera. Eso es caridad divina, una enseñanza que nos muestra el cómo ser igual al Corazón divino, donde nuestro espíritu pueda manifestar esas nobles virtudes, esos sentimientos elevados por cada hermano nuestro sin importarnos su menesterosidad, su falta de amor, su falta de caridad o de elevación.

He aquí que nuestro Padre encarnándose en Jesús habló a nuestro corazón. ¡Con cuánta caridad vino a rescatarnos a pesar del sufrimiento que le otorgaron Sus propios hijos! ¡Con cuánta paciencia soportó en Su carne humana las espinas, las heridas, las burlas y los látigos por nuestra ceguedad y falta de elevación! Todo lo soporto por amor a nosotros. Todo lo perdono por elevarnos de nuestra condición humana y carnal.

En este tiempo de purificación y dolores, es y será necesario amar y perdonar verdaderamente, porque esas virtudes son dos caridades que todo espíritu puede y debe lograr consigo mismo y con sus demás hermanos, ya que el amor y el perdón que nos entreguemos unos a otros tendrá más mérito que el compartir un vaso con agua, una migaja de pan o unas cuantas monedas.

Como seres espirituales encarnados hemos sido puesto a pruebas a través de los tiempos, y es necesario decir que nuestro espíritu ha estado latente para fundirse con el Divino Espíritu; pero nuestras pruebas y luchas que nos hemos hecho los unos a los otros por medio del egoísmo, tendrán que despertar los más sublimes sentimientos de nuestro espíritu, los más nobles pensamientos y sentires que podamos expresar a nuestros Semejantes al comprender que el egoísmo no fue el camino correcto.

Al amarnos y perdonarnos de todo cuanto nos hemos hecho a través de los tiempos, nuestra salvación será, nuestra luz será compartida y la paz que tanto nos ha hecho falta vendrá por añadidura. Entonces, el esplendor del Padre resplandecerá con gran intensidad en este plano terrenal al entregarnos unos a otros la VIDA ETERNA, esa es la caridad más gloriosa que nos podemos dar los unos a los otros. 

Por medio de la virtud de la caridad podremos reparar en mucho nuestros errores que han sido desde tiempos remotos, al arrebatarnos como humanidad el pan que debíamos haber compartido con fraternidad. Así también las guerras que han ensombrecido nuestro espíritu hasta nuestros días desaparecerán y el iris de la paz brillará como un testimonio de la Victoria divina, y lo será cuando seamos en la caridad de los unos a los otros, al amarnos y respetarnos espiritualmente. Entonces, el Esplendor divino resplandecerá en todo este Valle terrenal, hoy convertido en sangre y luto por nuestro egoísmo, porque seremos de aquellos que con vestidura blanca habrán elevado su espíritu por medio del bien, la luz, la fraternidad, la caridad verdadera y sentida, la comprensión a la Voluntad divina,… en una palabra: EL AMOR ESPIRITUAL. 

La mayor caridad que podemos entregar los que hemos tomado camino espiritual, es el de hacer luz en los espíritus. Pues de que sirve que demos monedas a todos los necesitados si después serán pobres nuevamente, de que sirve que alimentemos materialmente a todos los que les hace falta el alimento material si después nuevamente tendrán hambre, de que sirve que curemos sus dolencias corporales si nuevamente volverán a enfermar; pues en cierto, aun los que tienen poder terrenal y oprimen a sus hermanos, les hace falta el conocimiento de la Vida espiritual, para que retomen su misión que les corresponde en su existencia.

Sólo la Enseñanza divina, el Pan de Vida Eterna apartará cuanto acontece en la humanidad, su hambre, su sed y dolencias materiales, porque al alimentarla con el Pan espiritual comprenderá el porqué llora amargamente.

Quien quiera dar un alimento verdadero, una verdadera agua que mitigue toda sed, una luz verdadera que disipe toda tiniebla, que se una con su Señor y no a la voluntad del hombre. Quien quiera que este mundo deje de tener hambre y sed materiales, quien quiera que este mundo ya no haya huérfanos ni abandonados, ni presos en las cárceles, así como paz en toda nación que se una la Voluntad divina y no a la del hombre.

¿En dónde está nuestra voluntad? Si es en la del hombre, entonces no hubo caridad verdadera para con nuestro hermano y Semejante, porque seguirá habiendo pobres en todos los sentidos y la muerte espiritual y material serán las consecuencias de nuestro propio egoísmo. Si nuestra voluntad está con la de nuestro Padre, entonces,¡bienaventurada sea la Tierra, la paz sea en el mundo!…

Reflexión espiritual del Tercer Testamento