Los dones espirituales
LOS DONES ESPIRITUALES
Desde el instante de vuestra formación, fueron depositados los dones en vosotros, pero era necesario que evolucionaseis para que comenzaran a manifestarse.
A fin de que el ser humano descubriera las potencias que lleva dentro de él, ha sido menester que me aproxime a despertarlo de su letargo espiritual y recordarle que no sólo es materia, ni es pequeño y menos paria.
Largo es el desarrollo de los dones del espíritu, tanto, que una sola existencia en la Tierra no es suficiente para su desenvolvimiento. En cada encarnación, dais un paso hacia la perfección y vuestro espíritu se manifiesta cada vez con mayor sabiduría.
Ahora os encontráis en preparación: ya os fueron revelados todos los dones que poseéis y se os dio a conocer la misión que habréis de cumplir.
Ya fuisteis probados para haceros dignos de recibir esta revelación Divina, os resta tan solo iniciar vuestro desarrollo, con la confianza de que vuestro espíritu estará iluminado por la luz de la conciencia, que siempre os dirá lo que debéis hacer.
Todos habéis brotado de Mí con iguales dones. No he distinguido a unos de otros. Cada espíritu tiene las facultades suficientes para lograr su propia evolución.
Hoy habéis comprendido que la imagen del Creador la lleváis en vosotros, puesto que poseéis algo de cada una de las potencias y atributos de la Divinidad, como son la vida, el amor, la conciencia, la voluntad, la razón y la fuerza. También habéis sentido que ante la Justicia del Amor de Dios, todos sois iguales y estáis donados con la misma gracia.
Yo seré quien descubra las virtudes, bellezas, poderes y maravillas, que se encuentran ocultos en vuestro espíritu: estáis recogiendo los últimos frutos de Eras anteriores. Los niños y los jóvenes, los adultos y los ancianos, tendrán manifestaciones que a algunos les parecerán extrañas, pero al analizarlas, las mirarán como algo natural en la vida superior del hombre, hablarán de enseñanzas profundas, tendrán mirajes espirituales y sueños proféticos y se propagará el don de curación por toda la Tierra.
Este es el tiempo que anunció Joel: hoy mi Espíritu está derramado sobre toda carne y sobre todo espíritu. He aquí un pueblo que nace y crece en el silencio y cuyos hijos vierten palabras del Espíritu Santo, transmiten mensajes espirituales y con su mirada, traspasan los umbrales del Más Allá y perciben los acontecimientos del futuro. De cierto os digo, que esta simiente está esparcida en todo el mundo y nadie podrá destruirla.
Hoy despiertan las multitudes ante mi nueva Palabra y ha principiado en mis discípulos un desarrollo espiritual. La intuición ha brillado en su ser, la inspiración ha acariciado su mente, la videncia ha iluminado su vista en el momento de la oración y le ha revelado el futuro. El don de curar, ya sea con la palabra, la unción y aun con el pensamiento, ha brotado de lo más íntimo de su corazón y muchos dones más se han manifestado en los discípulos de esta Obra.
Muchas potencias han permanecido dormidas en vuestro ser, en espera de que mi Voz venga a despertarlas. Desarrollad vuestros dones, para que os guíen por el sendero de la luz y vuestros pensamientos, palabras y obras, lleven siempre la esencia que emana del espíritu.
El hombre ya está recibiendo mensajes por medio de sueños espirituales y en formas diversas. Los acontecimientos de este tiempo hablan al espíritu; él siente que ha penetrado ya en una Era de gran trascendencia, de plenitud espiritual. Vosotros sois los portadores de esta revelación, de esta semilla de Amor Divino que iréis a sembrar en las tierras que ya antes he fecundado con mi Sabiduría.
¿No miráis a los enfermos que llegan a mi Presencia, cómo recobran la salud y la alegría? ¿No presentís una ayuda invisible que levanta a los que habían caído en error? ¿No os dais cuenta que han llegado ante Mí los pobres de espíritu y al serles revelados sus dones, se convierten en mis labriegos y son buscados por las multitudes, necesitadas de bálsamo y de paz?
Vosotros seréis los heraldos que anuncien a los pueblos mis órdenes y revelen a la humanidad el Divino mensaje del que sois portadores. Inspiración e intuición, don de palabra, curación, profecía, revelación y comunicación espiritual: He ahí algunos de los dones que he derramado sobre vosotros y al practicarlos, harán de los hombres una nueva humanidad. Para lograr esto, orad, tened fe, estudiad mi Palabra y revestíos de fortaleza. En verdad os digo, que sois más fuertes de lo que creéis. Penetrad en el fondo de mi Doctrina, practicadla y os iréis aproximando a la comunicación con mi Espíritu.
Estoy dando señales de mi nueva manifestación, a través de la intuición y de los sueños. En todos los pueblos de la Tierra, el eco de mi Palabra se escucha ya cercano. Esta luz significa para el espíritu el camino de su liberación; esta Doctrina viene a ofrecerle los medios para elevarse sobre la vida humana y ser guía de todas sus obras, señor sobre sus sentimientos y no esclavo ni víctima de sus flaquezas.
Todavía vivís una Era en que necesitaréis de los libros que serán el testimonio de mis Manifestaciones, pero se aproxima el tiempo de los intuitivos, de los que hablen por inspiración, de los que reciban la luz del saber en la oración, de los que sin aprender en el mundo, tengan más sabiduría que los hombres de ciencia.
¡Cuántos corazones van llorando en silencio sus penas, sin que nadie lo haya advertido! ¡Cuántas amarguras ocultas tras una sonrisa que vosotros no sabéis interpretar, porque no siempre vuestros hermanos os confían sus secretos!
¿Cómo poder penetrar en ellos sin lesionarlos ni profanar su intimidad? Por medio del don de la intuición, del que he hecho poseedores a todos los hombres. La intuición es videncia, presentimiento y profecía, que aclaran la mente y hacen latir el corazón ante los mensajes y voces recibidos del infinito.
Toda criatura tiene en sí misma los medios y atributos que le he concedido para salvarse. Yo os daré un tiempo de calma, para que meditéis después de mi partida y será entonces cuando la intuición comenzará a brillar poco a poco ante vosotros, bajo distintas formas.
El pueblo de Israel por el espíritu ha despertado y está velando por los que duermen, pues así hacedlo siempre. Voy a convertirlas rocas en tierras fértiles, voy a sembrar en ellas mi semilla en el tiempo propicio; Yo sé el momento: cuando el corazón esté preparado y el espíritu hambriento de recibir la luz de esta Doctrina. Vosotros haced lo mismo con vuestros hermanos.
Dejad que los dones de vuestro espíritu se manifiesten: la intuición y la revelación, guiarán vuestros pasos hacia el camino certero.
Os he confiado el don de la palabra porque soy el Verbo eterno que no cesa de manifestarse. Ese Verbo se derramará por vuestros labios y si hoy son torpes para expresar los conceptos e inspiraciones que os concedo, pronto serán elocuentes y dóciles, fieles intérpretes de mi Divino Mensaje. Será un don que os maravillará y los hombres gozarán al escucharos, al sentir en vuestra palabra mi Presencia. Ahora vuelvo a deciros: “De la abundancia que haya en vuestro corazón y espíritu, hablarán vuestros labios”.
La Tierra se estremecerá de un cabo al otro y es necesario que haya, en esos días de tiniebla, hombres llenos de fe que sean como antorchas que alumbren el camino de los demás.
¿Quiénes de vosotros, al escuchar las voces de contusión, de angustia y dolor de los hombres, pretenderá volverles la espalda y huir, desconfiando del poder de sus dones para salvarlos? ¿No recordáis que en mi Palabra os he dicho que en la hora de prueba, seré Yo quien hable por vuestros labios y manifieste mi Poder en vuestras obras?
Hablaréis como os he enseñado: no brotará de vosotros el verbo florido sin esencia que usan los hombres. Dejad que sea la palabra humilde, sencilla y sincera, la que haga conmover todas las fibras sensibles del que la reciba.
Comprendedme, cimentad vuestra fe sobre el estudio de mi Enseñanza, para que nada pueda destruirla. No calléis vuestros labios por temor a la censura, ni ocultáis a vuestros hermanos que Yo he venido a doctrinaros en este tiempo. Desarrollad el don de la palabra y dejad que vuestro corazón desborde el amor y la sabiduría que os he confiado, Yo os dejaré a la humanidad como planta tierna que necesita de riego y de cuidados.
El don de la palabra será en todos y a través de él, explicaréis fácilmente mi Doctrina, consolaréis el corazón de los hombres y les daréis el pan espiritual que necesitan.
La inspiración de uno será confirmada por el otro y, así, surgirá la fe en los discípulos.
Analizad mi Enseñanza, alcanzad la luz por medio de la oración, haced del bien vuestra norma y cuando menos esperéis, os veréis sorprendidos por inspiraciones que serán verdaderas revelaciones de mi Espíritu. La sabiduría es vuestra mayor heredad, ella constituye vuestra gloria y felicidad eterna. Así como para vuestra mente formé un mundo de inagotables enseñanzas, para vuestro espíritu hice un cielo de infinita sabiduría. Haceos dignos de que os revele los misterios que esperan en mi Arcano el instante de salir a la luz.
La luz Divina brillará en plenitud en mis discípulos. Ellos sanarán invocando mi nombre y su oración tendrá potestad para apaciguar los elementos y combatir las epidemias.
Mi Palabra es bálsamo de curación, sanad con ella, sentidla y ponedla en práctica. Cada palabra es una gota de la fuente de vida. ¿Por qué si me lleváis en vosotros, estáis enfermos, sufrís y lloráis? Examinaos y corregid lo que haya que enmendar, limpiad todo cuanto sea necesario.
Yo modelo vuestra imagen interior, aquella que escondéis a los hombres, pero que a Mí no podéis ocultarme. Vosotros, modelad vuestro exterior de tal manera, que vuestra faz sea un reflejo fiel del espíritu; entonces existirán en vuestros actos sinceridad y verdad.
A todos os he confiado el don de curación, con él podéis hacer milagros en los enfermos del cuerpo y del espíritu y cumpliréis una de las misiones más hermosas entre la humanidad. Mirad vuestro planeta convertido en valle de lágrimas, ved cuántos enfermos cerca de vosotros, cuántos poseídos que no reciben caridad: no hay un hogar libre de enfermedades y aflicciones. He ahí las tierras preparadas para sembrar mi Doctrina de amor, haced uso de vuestros dones y llevadles el consuelo.
Escuchad: no hay motivo para que estéis enfermos si cumplís con la Ley. En la vida del hombre debe haber salud, alegría, felicidad.
Mentes, corazones y cuerpos enfermos, el Maestro os dice: pedid a vuestro espíritu que sane vuestras dolencias y os ayude en vuestras flaquezas. La práctica de la moral, de la virtud y de la espiritualidad, os librarán de las enfermedades de la materia y del reclamo de la conciencia. Cuando descubráis, a través de vuestro espíritu, el origen de vuestras aflicciones y pongáis todos los medios para combatirlas, sentiréis en plenitud la Divina fuerza y conquistaréis la salud. Vengo a dar luz al espíritu, a despertarlo, a encender su fe y librarlo de todo mal, para que después él se encargue de fortalecer y sanar al cuerpo.
Dije a los hombres que en Mí creyeron en el Segundo Tiempo: “Tu fe te ha salvado”. Así lo declaré, porque la fe es una potencia curativa, es una fuerza que transforma y una luz que destruye las tinieblas. Siempre tened fe y haced méritos para que seáis dignos de que se haga el prodigio.
En aquel tiempo os enseñé a curar. Jesús era el bálsamo, su palabra sanaba al que la escuchaba, su mano entregaba la salud al que tocaba, su mirada impartía consuelo al que la recibía. Esos milagros, sólo con amor y caridad los realizaréis vosotros.
Id a vuestros hermanos, como Jesús, llevando antes que la palabra, el bálsamo, y, ¿cuál es el bálsamo, oh, discípulos? ¿Acaso el agua de los manantiales bendecida y transformada en medicina para los enfermos? No, mis hijos. Ese bálsamo de que os hablo está en vuestro corazón: es el amor; ahí lo he depositado como esencia preciosa que brotará inagotablemente. Cuando lo derraméis sobre los enfermos, no serán vuestras manos las que unjan, sino el espíritu inundado de amor y caridad. El verdadero bálsamo, aquél que sana todos los males, brota del amor.
Así como la sangre corre por vuestras venas y vivifica todo el cuerpo, así mi fuerza, como un torrente de vida, pasa a través de vuestro espíritu. Sanad a los enfermos en mi Nombre y llevad con humildad vuestra misión. Cuando Yo señale el término de la vida de vuestros hermanos, no me pidáis que alargue su existencia, dejadme esa causa a Mí, que Yo respondo de ello. Os digo también que no es necesario que el cuerpo esté enfermo para que deje de vivir, basta que el corazón se detenga, cuando la hora sea marcada.
Mi Palabra unge, acaricia y fortalece. Aprended a sentirla, para que después unjáis con mi Verdad y mi Amor a los enfermos que encontréis en vuestro camino. Amad con el espíritu, con el corazón y con la mente y tendréis el poder suficiente para sanar, no sólo las enfermedades del cuerpo, sino las grandes angustias del espíritu, sus turbaciones y remordimientos.
Limpiad a los que se han manchado, descubridles los dones del espíritu y conducidlos a Mí. Los sanaréis con vuestra ternura, con la influencia positiva que ejerzáis, con la regeneración que les inspiréis a través del conocimiento de mi Doctrina.
Cuando un médico llega al lecho del dolor, el enfermo deposita en él toda su fe, en lugar de orar ante el Padre y pedirle la luz para el hombre de ciencia y el bálsamo para él. Ellos se olvidan de que la salud y la vida de ambos dependen de Mí. Vosotros ya sabéis que la sabiduría del espíritu es superior a la ciencia humana: la inteligencia sólo descubre lo que el espíritu te revela.
Llamáis fluido a esa fuerza con que los seres espirituales sanan vuestras dolencias físicas o morales. Y en verdad, en ese fluido está el bálsamo, el mismo con el que Jesús dio vista al ciego, movimiento al paralítico, voz al mudo: con él curó al leproso y resucitó al muerto.
Mi Arcano sólo espera vuestra preparación para desbordarse en salud, fortaleza y luz.
El espíritu tiene la facultad de intuir el futuro, el don de conocer su destino; él sabe que al final del camino recorrido, dentro de la obediencia a la Ley, habrá de llegar al paraíso del espíritu, que es el estado de elevación, pureza y perfección que al fin alcanzará.
El don de la profecía, por medio de la videncia, os descubrirá misterios no revelados aún; eso lo lograréis por la elevación y la espiritualidad; pero el vidente no deberá ser nunca juez o delator de sus hermanos.
¿Os maravilláis al escuchar la descripción de un miraje por medio de la videncia, o de la fuerza profética de un sueño? De cierto os digo que apenas habéis empezado a vislumbrar, lo que otros mirarán plenamente en el futuro.
Si os dije en los tiempos pasados que todo ojo me vería, con ello os he querido anunciar que todos conoceréis la verdad. Ahora os digo, que cuando ascendáis por la escala de perfección, me contemplaréis en todo mi Esplendor. Entonces me veréis caminando delante de vosotros como lo hace el pastor con sus ovejas y oiréis mi Voz que os alienta en vuestro camino.
Todos podéis decir en este tiempo que me habéis visto, unos con el corazón, otros con la mente y otros con el espíritu. Me he dejado mirar bajo distintas formas, para que deis testimonio de mi venida en este tiempo.
¡Oh, profetas del Tercer Tiempo! Preparaos, para que miréis lo que a los señalados les será dado contemplar. Yo soy el eterno milagro, el que da luz a vuestro entendimiento y conmueve vuestro corazón para encauzarlo por el camino del bien. Vengo a daros el fruto de vida, dulce y agradable al espíritu, comed de él.
Bienaventurado el que no me ha pedido el don de la videncia para creer, porque ése me ha visto con los ojos de su fe.
La historia recogió los nombres de los profetas de la antigüedad. Hoy os digo que las profecías de mi nuevo Mensaje, se enlazarán con las de los primeros tiempos; porque todas os hablan de una sola revelación.
El don de la profecía, la intuición y el presentimiento, lo he derramado sobre vuestro espíritu, para que recibáis por ese conducto mis mandatos y orientaciones.
Os tengo reservado un número infinito de señales, manifestaciones y prodigios, los cuales veréis más con vuestra mirada espiritual que con la de la materia.
Es necesario que comprendáis, que los tiempos en que los hombres buscaban mi Voz, mi Lenguaje y mis Mensajes, a través de las manifestaciones de la naturaleza, han pasado. Hoy estáis capacitados para comunicaros espiritualmente Conmigo y recibir mis Revelaciones, por medio de las potencias del espíritu y no por los sentidos del cuerpo.
Ciertamente os digo que los elementos de la naturaleza siguen dando voces a la humanidad, poniéndola a prueba, despertándola y purificándola; esto se debe al materialismo de los hombres, porque sólo son sensibles a lo que perciben con sus sentidos. Mas cuando el hombre se haya espiritualizado y sea sensible a las manifestaciones superiores, la naturaleza con todos sus elementos se aquietará y mostrará una completa armonía con todos los seres.
Ya están llegando al mundo mis enviados, los que en la hora propicia habrán de arrancar de los ojos de los hombres la venda de oscuridad, los que defenderán la verdad con obras de amor, mas ¿quién los ha descubierto? ¿Quién presiente en los niños de hoy a los profetas y apóstoles del mañana? Muy pocos. Pero hoy os aclaro: No sólo son enviados míos los que traen mensajes para el espíritu: todo aquél que entre la humanidad siembre el bien, en cualquiera de sus formas, es enviado mío y estará dando testimonio de mi Verdad.
Os he hablado a través de sueños a los que llamáis revelaciones, más debéis saber que todo conocimiento que procede de Mí, es una revelación.
Anunciad que han sido derramados entre la humanidad, todos los dones y facultades del espíritu y enseñad la forma de desarrollarlos y ponerlos en práctica.
Educad vuestro entendimiento y enseñadlo a despojarse de toda idea superflua en el momento de vuestra comunión espiritual. Cuando logréis esa preparación, todos los dones se manifestarán en vosotros: la inspiración y la revelación, la intuición y el poder curativo, la palabra y muchos atributos más que os mostrarán, cada uno, su esencia y su misión.
Si las facultades del espíritu han estado adormecidas hace tiempo, despertarán a mi llamado y harán que los hombres practiquen la espiritualidad, con todos sus prodigios, maravillas y revelaciones. Cuando os sintáis en armonía Conmigo, recibiréis vitalidad y fuerza, conocimiento e inspiración.
Para que mi Doctrina brille a través de los actos de vuestra vida, debéis consagrar parte de vuestro tiempo al estudio y desarrollo de los dones espirituales, que sólo esperan el momento propicio para manifestarse. Vuestros dones no tienen límite: mientras más ayudéis a los demás, más se multiplicará vuestra heredad.
Si en vuestra labor espiritual tuvieseis grandes triunfos, no os envanezcáis, antes bien sentíos satisfechos porque habéis sido mi instrumento para manifestarme a vuestros hermanos.
De una generación a otra se irán manifestando más grandes y claros los dones del espíritu, y ello será el testimonio de cuanto os anuncié en los tiempos pasados y vengo a confirmar en éste.
Sembradores amados: llevad por el mundo mi Paz y Amor, llevad el bálsamo en la oración, en el pensamiento, en la palabra, en la mirada, en una caricia, en todo vuestro ser, y vuestra jornada espiritual en la Tierra será pródiga en satisfacciones.
Surgirán los analizadores de mis Enseñanzas, los videntes de mirada limpia y palabra convincente, los que practiquen una forma más espiritual de sanar. El bálsamo de curación que en vosotros he depositado, llegará primero al espíritu del enfermo, ayudándolo a levantar su cuerpo decaído y enseñándole la forma de vencer los sufrimientos y dominar las pasiones, para recobrar la libertad y la salud verdaderas.
Hoy vengo a hablaros de los dones espirituales, para que conozcáis el éxtasis, en el que escucharéis la Voz Divina y se hará transparente lo que os parecía impenetrable.
Ese estado de elevación no puede ser privilegio sólo de algunos, es un don que está latente en todo espíritu. Siempre me ha sido grato servirme de aquéllos que han sabido hacer uso de esa gracia. Hoy vuelvo a deciros: Para que el éxtasis sea perfecto, antes tenéis que pasar por la vigilia, como los justos en los primeros tiempos.
He preparado los ojos del espíritu para que podáis mirarme y he conservado puros los sentimientos de vuestro corazón, para servirme de ellos. Vuestros dones están latentes y mi Palabra sólo viene a despertarlos, para que deis principio al cumplimiento de vuestra misión.
Nadie como el hombre podrá reflejar al Creador: su mente es el espejo de la razón Divina, su corazón es fuente donde guardo el amor, su conciencia es luz de mi Espíritu.
Sed sensibles a toda inspiración mía, dejadme manifestar a través de vosotros, que vuestros labios expresen mi Sabiduría y mis Palabras de consuelo lleguen al oído de los que sufren, que vuestras manos me sirvan para acariciar y vuestros ojos para mirar con ternura y piedad.
Una aureola de luz habrá de envolver a mis discípulos cuando se levanten a esparcir el conocimiento que les he revelado: para entonces ya habréis reconocido el poder de mi Palabra.
Mis enviados estarán cumpliendo misiones en todas partes, en el seno de toda congregación, de toda institución. Si su mente y su corazón ignoran el encargo espiritual que están realizando, su espíritu estará consciente de cuanto haga y él será el que presienta el destino que ha venido a cumplir a la Tierra.
No temáis presentar ante el mundo vuestra misión, no ocultéis vuestros dones, porque ellos, tarde o temprano se manifestarán. Yo os anuncio que esta humanidad, que por largo tiempo nada más ha creído en lo que toca, ve y comprende con su entendimiento limitado, se espiritualizará y sabrá mirarme y buscar en Mí la verdad.
En todos los caminos del mundo se encuentran los que me buscan, me siguen y me aman: discípulos, profetas y precursores; por eso quiero que vosotros les sirváis de ejemplo y ante ellos, seáis reconocidos como mis enviados.
Visitad hogares, acercaos al lecho del enfermo, ayudad a los que sufren en presidios y lugares de expiación, id en mi Nombre y consolad a todos.
Para probaros que vuestros dones espirituales están nuevamente con vosotros, os he dicho: Extended vuestra mano en mi Nombre cuando estén desatados los elementos y veréis que ellos os obedecen.
Os habéis elevado y vislumbráis ya la vida espiritual: sentís por momentos la paz del Reino que os espera. Tenéis potestad para vencer las pruebas y un antídoto contra todo mal. Usad vuestras facultades, Yo cultivaré vuestras virtudes, las haré crecer y de ellas me serviré.
Entonces podréis ver las primeras luces del Gran Día anunciado por los profetas de los tiempos pasados, y podréis sentir cómo desciendo en espíritu para hablaros de la vida eterna que a todos espera.
El hombre escudriñará mi Palabra en busca de errores e imperfecciones, pero la sabiduría que encierra destruirá su duda y al fin la aceptará como revelación Divina.
Cerca del año dos mil empezarán a manifestarse los dones espirituales en la humanidad, los que darán testimonio de mi Palabra.
Orad, velad e interceded por el mundo y cuando llegue el tiempo de la lucha, levantaos y esparcid mi Luz. Derramad fortaleza y consuelo, apartad las enfermedades, haced prodigios, para que cuando lleguéis al final de vuestra jornada, os presentéis ante Mí en paz y llenos de méritos. Las puertas del Reino están abiertas en espera de vosotros.
¡Mi paz sea con vosotros!