Los dos sublimes Mandamientos

Segundo Libro

Los dos sublimes Mandamientos

El primer sublime Mandamiento:

Escucha, Israel: Yahvéh es nuestro Dios, sólo Yahvéh. Amarás a Yahvéh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Deuteronomio 6:4-5

Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Levítico 19:18

Si os dijo el Señor: “Amarás a Dios de todo corazón y espíritu y a tu Semejante como a ti mismo”, y si el Maestro os predicó la Doctrina del Amor, esta Voz espiritual que proviene de la misma fuente, viene a deciros que os abracéis a la Ley del Amor, porque ella tiene una fuerza que no encontraréis en los mayores ejércitos del mundo, y que sus conquistas serán firmes y duraderas, porque todo lo que construyáis sobre cimientos de amor, tendrá vida eterna. 10-293-67

Hoy la humanidad está en desgracia, la mente humana está turbada, el corazón ensombrecido por el poder que el hombre ha alcanzado en la Tierra y el remedio lo ha tenido en todo instante a su alcance, pero lo ha despreciado, ese remedio es el conocimiento espiritual. 10-293-68

Bien sabéis que mi Ley os enseña a amarme antes que a todo, no porque el Corazón del Padre encierre egoísmo, sino que debéis comprender que para que podáis amar a la Creación y a vosotros mismos, tenéis que comprender mi amor a través del vuestro, para poder sentirlo por vuestro hermano. Es por eso, que hoy os digo en esta alba de gracia: Quiero que vuestro amor llegue a ser universal, pero en Mí, amándome primeramente a Mí, Amándoos los unos a los otros y amando después a todo lo creado por el Padre, a todas las criaturas, obras perfectas hijas del Padre y por lo tanto hermanas vuestras. 11-332-27

Amadme a través de todo lo creado por Mí y desechad la idea de que Dios pueda estar limitado en alguna forma. La humanidad ha hecho mi imagen bajo diversas formas para sentir que estoy con ella. ¿Por qué no me buscáis a través de mis obras? Yo he dejado que todos podáis contemplar las maravillas que os rodean para que en ellas miréis mi poder, desde las criaturas menos perceptibles hasta el majestuoso astro rey. Mas no os digo que Yo soy la Naturaleza ni que ella es Dios. No os digo tampoco que el Sol es mi Espíritu Divino, porque ellos son apenas átomos de mi obra creadora. 8-227-40

Si limitaseis vuestra mente a esas creencias, imitaríais a vuestros antepasados, aquéllos que me adoraron a través del Sol. Pero no debéis juzgar mal a vuestros antepasados, porque el hombre de entonces apenas alcanzaba a concebir en esa fuerza el poder de Dios, porque en ella encontraba calor, luz y vida; pensad que no estaban muy lejos de la verdad. 8-227-41

Es a vuestro espíritu a quien he venido a buscar, preparándole de esta manera para que pronto pueda comunicarse directa y espiritualmente Conmigo; volverá la humanidad sus ojos al Dios vivo y verdadero, olvidando efigies e imágenes. Mas os digo, que nunca os ha faltado mi Ley como luz de salvación espiritual, porque ha mucho tiempo fue inspirada a Moisés, en la cual existen dos preceptos que si fuesen practicados por los hombres, estarían dando fe de toda mi Doctrina, estarían cumpliendo con toda la Ley y estarían a un paso de la perfección; son aquéllos que os hablan de: “Amar a Dios de todo corazón y espíritu, y Amar a vuestros hermanos como a vosotros mismos”. 8-234-42

No se practica mi Ley entre los hombres, prueba de ello es que existe la injusticia. Ved al rico humillando al pobre, el fuerte dominando al débil, el que goza, sin importarle el que sufre. Por eso he querido en este tiempo hacer justicia, donando a los pobres, a los débiles y a los que sufren para que sus corazones se dulcifiquen y sus labios pronuncien palabras de amor y de perdón, para aquellos por quienes fueron ofendidos. Así os descubro la forma de llegar a poseer los tesoros del Reino. 8-234-43

El hombre, como criatura de Dios, es hermano de todas las criaturas, de éste y de los demás mundos, porque cada forma es un pensamiento del Padre en manifestación distinta. Si vosotros estáis dotados de razón, comprended que sois parte de la Creación y en este sentido hermanos de todos los seres, y debéis daros cuenta en forma consciente del lugar que ocupáis en ella, en el plano divino y en el concierto universal; ¿por qué no actuáis de acuerdo con la misión que os he venido a revelar? Sed el apóstol de mi Doctrina, con claro criterio de que debéis evolucionar de plano en plano; apiadaos de vosotros mismos, acercaos lo más pronto que podáis al camino de salvación, que no es otro que el del amor perfecto, contenido en esta sencilla máxima: “Amad a Dios sobre todo lo creado y a vuestro prójimo como a vos mismo”. 5-115-7

El segundo sublime Mandamiento:

Este es el mandamiento mío: Que os améis los unos a los otros como Yo os he amado. Juan 15:12

Si en aquel tiempo os dije, que un nuevo mandamiento os iba a entregar al deciros: “Amaos los unos a los otros”, hoy os digo, que ese mandamiento sigue siendo el primero y el último. 5-152-4

“Amaos los unos a los otros”, fue el último mandamiento que dejé a mis discípulos en aquel tiempo. Mandamiento es lo mismo que Ley, por lo tanto, en esa Ley de amaros como hermanos en Dios, reuní todos los preceptos, todas las máximas y proverbios conocidos, para que supieseis que el AMOR es la Ley que rige la vida. 5-140-10

Sólo Cristo, el Cordero, reveló al mundo esa luz, por lo que os digo, que vendrá la hora en que todos los hombres se unifiquen en la verdad de ese mandamiento. 5-140-11

Jamás había sido tan clara y extensa mi palabra, como en este Tercer Tiempo, en que he venido a humanizarla. Mi palabra os hace comprender lo que os entregué en las dos Eras pasadas. Toda mi Doctrina se encierra en dos preceptos que os legué desde el principio: “Amarás a Dios con todo tu corazón y espíritu” y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Más tarde Jesús os vino a decir: “Amaos los unos a los otros”. Ahora vengo a continuar mis enseñanzas, para dejar consumada mi Obra entre vosotros, en cumplimiento a mi promesa de volver. 8-208-3

También os he dicho: Si queréis poseer un espíritu fuerte y sano y la esperanza de alcanzar el galardón que os he prometido, practicad mi Ley cumpliendo con los preceptos que os dicen: “Amarás a tu Dios de todo corazón y espíritu, y Amaos los unos a los otros”. 3-80-60

Para cumplir con mi Ley no basta hablar de Mí, ni basta que seáis los grandes analizadores de mi Obra para creer que sois mis apóstoles, porque más grande será ante Mí aquel humilde de que no sepa expresar mi palabra pero que en cambio, sepa practicar el amor y la caridad entre sus hermanos. 3-80-61

Quiero que os miréis como verdaderos hermanos, que viváis unidos, para que lleguéis a sentiros más próximos los unos a los otros, para que estéis más cerca de Mí. Los que hayáis alcanzado mayor comprensión de mi Obra, enseñad a vuestros hermanos, a todos aquéllos que van dando sus primeros pasos. Daos la mano, protegeos los unos a los otros. Esta es mi voluntad. 3-219-66

¡Levantaos, humanidad, encontrad el camino, encontrad la razón de la vida! ¡Uníos pueblos con pueblos, amaos todos! ¡Cuán delgado es el muro que divide un hogar de otro, y sin embargo, cuán distantes se hallan sus moradores unos de otros! Y en las fronteras de vuestros pueblos, ¡cuántas condiciones para que dejéis pasar el extranjero! Y si esto hacéis entre humanos, ¿qué habéis hecho con los que se hallan en otra vida? Poner entre ellos y vosotros, cuando no el velo de vuestro olvido, el de vuestra ignorancia que es como densa tiniebla. 6-167-31

Cuando os dije: “Amaos los unos a los otros”, no quise deciros que esto sólo debía de ser entre humanos, sino aun de un mundo a otro; mas ahora os digo que, cuando penséis en los que decís se han “ido”, no los sintáis distantes ni los imaginéis insensibles. No améis a muertos ni recordéis a muertos, sólo debéis de reconocerlos vivos, porque ellos habitan en la eternidad. 6-173-73

Amaos y respetaos unos a otros, sea cual fuere vuestra creencia, ideal y condición espiritual. Practicad la unión. Perdonad también. No toméis las causas ajenas para juzgarlas. Mas si queréis interceder, hacedlo, y día llegará en que os uniréis e iréis en pos de un ideal. 8-237-48

Cuando vine al mundo a vivir con los hombres, lo hice para enseñarles a ser hermanos. Tomé carne en María, y os llamé mis hermanos para enseñaros cómo debíais Amaros los unos a los otros. Toda mi Doctrina se concretó a mostraros esa Ley divina y única con la que podríais amar y glorificar al Padre. ¿Cómo llegaréis a amarme sin amaros vosotros? De cierto os digo, que todo lo que llegareis a ofrecerme, es mejor que lo compartáis entre vuestros hermanos; porque el Padre todo lo posee y en cambio a vosotros todo os falta. 7-201-24

“Amaos los unos a los otros”, he ahí mi máxima, mi Mandamiento supremo para los hombres, sin distinción de credos o de religión. 5-129-40

Mi paz sea con vosotros.

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