Archivos en la Categoría: Reflexiones Espirituales

Las moradas y la luz de la Conciencia

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Hay moradas donde también están los hijos de Dios, y no es tanto de ellas su importancia, sino de quienes la habitan. Hay moradas donde nunca necesitaron un Salvador según lo explica Su enseñanza, porque desde un principio amaron la luz que procede de la Conciencia. Por esa luz evolucionaron, desarrollaron sus dones y virtudes, y tienen una gran delantera a comparación de otros hermanos suyos en la Creación.
Aquí en esta morada lamentablemente fue necesario un Salvador, Jesús el Cristo. El Verbo del Cristo es en todas las moradas, mas aquí tuvo que encarnarse para que Él fuese escuchado y visto en lo humano. Él conocía lo que sucedería después, que el espíritu de la humanidad por haber preferido la tiniebla en lugar de la luz, tendría que pasar por el cáliz de la crucifixión.
Cristo dejó las 99 ovejas en Su reino para rescatar a la 100, que está representada por cada uno de nosotros. Descendió a los muertos del espíritu, para resucitarles con Su doctrina de amor a la vida de la gracia. Hoy aún no están salvos, le ha sido necesario al espíritu el purificarse por el maestro dolor, porque por tercera vez rechazaron al Cristo, al Maestro amor.
El Cristo conoce el cáliz de amargura por la que ahora pasan los espíritus. Conoce que el maestro dolor les despertará, les hará reflexionar hacia la luz que otros amaron desde su principio, la luz de la Conciencia.

El Último Testamento de Roque Rojas

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El Último Testamento de Roque Rojas, es un librito compartido entre dos doctrinas y que se puede hallar tanto en los recintos Espiritualistas Trinitarios Marianos y Eliasistas. Un libro que se escribió bastante de su contenido, mucho antes de que el Verbo de nuestro Padre diera Su primera Cátedra en 1884.
Roque Rojas fue inspirado por Elías el profeta de Fuego, el mismo que preparó en otro tiempo como Juan el Bautista los caminos de Jesús el Cristo. Él fue quien también preparó en la apertura del Sexto Sello el advenimiento divino de Cristo en Su manifestación como Espíritu Santo desde 1866.
Roque Rojas fue inspirado a preparar un pueblo, el Israelita espiritual en la nación Mexicana. Elías le inspiró, le protegió, le guío. El Profeta de Fuego a través de Roque prepararía el camino de Quien daría a conocer el verdadero significado de las cosas espirituales: Cristo, ya después del año 1884 por medio de todos Sus portavoces hasta 1950.
Para quien quiere adentrarse en el estudio y análisis del Espiritualismo, le es necesario y conveniente leer el Último Testamento de Roque Rojas. Ya que observaremos en su lectura y análisis como bastantes conceptos espirituales difieren de la Doctrina del Espíritu Santo. Y sucede que, Roque Rojas tenía preparación del Catolicismo, quien en aquella época era la religión predominante en la nación Mexicana.

Roque en su libro, aún entiende el Cielo y el Infierno como lugares determinados. El que la humanidad tenga un dirigente espiritual, como sucede con el Papado, sólo que Roque le llamaría el Gran Hijo del Sol. En su libro tiende todavía hacia la celebración de costumbres, ritos, festines; a vestir de forma sacerdotal. A la consideración de dogmas y anatemas de tendencia religiosa.
Todo lo anterior difiere y en mucho a lo explicado por Cristo en Su manifestación como Espíritu Santo… Ya que nos explica que el Cielo e Infierno no son lugares determinados, sino más bien estados espirituales del espíritu. Que Él no viene a instaurar una religión más, ni una sede más, ni tampoco un hombre con jerarquía espiritual sobre los demás. Así nos insta a dejar los hábitos religiosos, como también el festejo de tantas costumbres y ritos.
Roque Rojas en su libro tiene por anatema la reencarnación del espíritu. Sin embargo, Cristo nos explicó que es una Ley espiritual por medio de la cual el espíritu tiene tantas oportunidades le sean necesarias para su evolución y desarrollo espiritual mientras le corresponda habitar esta morada, como para también el restituir y purificar sus faltas espirituales.
Se entiende en el libro de Roque Rojas, que la inspiración sólo corresponde al hombre y no a la mujer. Mientras que Cristo nos menciona que la inspiración corresponde al espíritu elevado por su amor, su luz y su virtud.

Así podríamos observar otras y tantas diferencias entre lo que entendió Roque Rojas antes de que Cristo viniese a revelar las cosas espirituales en su Doctrina como Espíritu Santo, y que quedo como testimonio en el Libro de la Vida Verdadera. 

De los niños es el Reino de los Cielos

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Nuestro espíritu conquistará el Reino de los Cielos en su propio ser. No existe alguno que no lo logre, hasta aún a quien pensamos que no lo merece.
En un principio fuimos inocentes, semejante al infante que nace en este mundo. Mas así como se desarrolla y crece hasta madurar, así será el espíritu en su evolución hasta alcanzar su perfeccionamiento espiritual. Desarrollados, experimentados, evolucionados en sus atributos espirituales,… afines a la luz de la Conciencia y en ella a la voluntad de su Creador. Cada espíritu será un reflejo de la pureza del Padre, que en algo podemos percibir en la niñez.
No es que el Padre quiera en Sus hijos evolucionados la inocencia del que es faltó de desarrollo como lo es en el infante. Sino el espíritu desarrollado, perfeccionado con la pureza del corazón a semejanza del niño de la Tierra. Esa pureza que habla de la vestidura del espíritu, la virtud acrisolada. El espíritu sencillo, humilde, donde su pensamiento y sentimiento no hay mancha alguna, como es la envidia o el rencor. Donde su luz es pura, que a través del tiempo ella misma paso por la madurez. Esa luz que no es como cuando surgió del Seno divino, que por pertenecer a Dios es perfecta y santa. Que se empañó y hasta quedó oculta por las manchas de las faltas cometidas. Mas el espíritu en su evolución comprendiendo su origen y su naturaleza divina, resuelve volver la blancura de esa luz, hasta volverla potente por sus méritos. No sólo la volverá potente, sino le regresará lo santo y puro como lo fue en su comienzo.
El Reino de los Cielos es de los niños, así lo declaró el Maestro perfecto con la pureza del niño en su Ser. El ejemplo está en el Maestro, que siendo la luz perfecta y santa de Dios, con todas las potencias de su Ser a su disposición, tenía la ternura en Su corazón. Esa ternura divina que a todos envolvía, que no juzgaba como hombre, sino como Padre y Madre buscando la salvación de quienes le pertenecen. Con esa mirada que abrazaba a quienes se acercaban, semejante al niño que no ve mal alguno, esperando encontrar la misma ternura y amor en los otros. Y sí, llorando a semejanza del niño cuando ve sufrir a otro, al estar saldando su deuda con dolor. Clamando porque su dolor acabe, y si pudiera abrazarle, para en algo mitigar el dolor y el sufrimiento de quien ve enfrente sin tener en cuenta su mal.
Todo espíritu tendrá una luz pura. Cada quien tendrá un corazón maduro, acrisolado, perfeccionado, y a la vez sencillo y dulce, con la ternura que todos han experimentado en la Tierra en la etapa de la inocencia.
«Dejad que los niños se acerquen a Mí»,… ¿acaso los niños podían comprender el mensaje del Maestro? No era la comprensión de Su palabra que tarde o temprano cada espíritu alcanzará, sino la pureza del corazón sin malicia a semejanza de los niños, lo que el Padre buscaba entre quienes se acercaban a oírle sin tener importancia la edad. Un corazón así está presto a la luz, lo que un corazón altivo y soberbio desecha sin saber a quien tuvo delante de sí. Un corazón iluminado por la virtud del espíritu, encierra y refleja un sentimiento cada vez más semejante a Quién le dio vida y eternidad.

La Doctrina en otras tierras

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Paso a paso la Palabra del Tercer Tiempo está llegando a otras comarcas. Ella es como brisa suave para quienes la esperan y como estruendo para quienes ven una amenaza a sus intereses. En otras tierras también están los señalados, aquellos de espíritu elevado esperando la llegada de su Maestro. Unos y otros no se conocen más tienen un sentido por el cual se reconocerán. Unos por oriente otros por occidente, nada detendrá la voluntad de Quién les envío.
Una espada afilada hay en cada discípulo, en su espíritu se encuentra ella, no da muerte,… rasga las tinieblas en que se encuentra la humanidad. Es el discípulo preparado que muestra la verdad del Maestro, a semejanza de los apóstoles del Segundo Tiempo, que teniéndolo por un tiempo, después cruzaron tierras a mostrar la luz de Quién les envío. Su palabra era suave para quienes esperaban con el espíritu, más era tempestad para quienes se encontraban materializados. Así será en este tiempo, unos se escandalizarán,… otros verán en la palabra de los nuevos discípulos el oasis de la libertad.
Cada generación tendrá su lucha, unos abrirán camino, otros sembrarán en él y otros más tarde disfrutarán la cosecha, de ese triunfo del Padre que nadie podrá detener.
Este mundo tendrá el sello del Padre, de laurel se coronará esta morada y en ella a quienes triunfen. No todos querrán aún la corona del olivo, será en otro tiempo en el que su espíritu anhele la Nueva Jerusalén.
Para el Padre es ya corto el tiempo en que su Palabra del Tercer Tiempo traspase de nación a nación. Aunque para los discípulos es largo aún. Cada quien en su lucha cumpla con su misión, ella está escrita en el legado que dejó el Maestro. En la Conciencia del discípulo está la invitación de obrar a la luz de Quién le enseñó, por lo tanto la guía la han tenido una y otra vez. Todo aquel que sienta la necesidad de obrar a luz del Maestro, obre. Él es el Camino, la Verdad y la Vida,… la Luz de este y todos los mundos. Es el espíritu que tiene la necesidad de seguir a su Maestro, para después ser luz que alumbre y rasgue las tinieblas de otros más. Es el espíritu que siente el llamado del Maestro para que le enseñe, y Él da a cántaro lleno.
La victoria es del Padre, pero no es una victoria que subyugue, es de libertad. Donde unos por su lucha dieron de su ser para liberación de otros, y al liberarse contemplaron el poder del espíritu. Cada quien antes de ser del Maestro se han vencido a sí mismos, en una lucha interna se encontraron. Al final reconocieron el poder del Maestro, que no subyuga sino liberta, que les hizo partícipe para emancipar a otros.
La libertad del espíritu es sacrificio, es dar tiempo a los demás, cada discípulo conocerá su servicio, aquel donde se siente a gusto obrar. Así es la Iglesia del Espíritu Santo, no todos son campanas ni todos columnas, otros son altares de fe, otros ofrenda de luz, otros más escalinatas por su elevación. Otros más son aceite untando al enfermo, hay quienes son voz. Otros misioneros, otros protectores de la Obra, otros son profetas, otros más soñadores y hay quienes son letra por su inspiración.
La Iglesia del Espíritu Santo es muy grande, más allá del tiempo y del espacio, donde el Padre Es, Él que da y otorga. Donde el mal no prevalecerá, donde callada pero poderosamente conquista espíritus para Su gloria. Es la Iglesia sin cimiento alguno sobre la tierra,… con la potestad y la gracia que se erigen desde el espíritu de la humanidad.

La atenuación de la purificación por el arrepentimiento

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¿Es posible atenuar el cáliz de amargura por la purificación de las faltas cometidas?
Esta morada es de espíritus faltos de luz, donde la purificación espiritual está presente en cada uno de nosotros. Cada hermano que vemos y se cruza en nuestro camino, ha llevado ya un largo ir y venir en el trayecto de su existencia. No es la primera vez que estamos en este mundo, ya otras veces hemos sido y obrado acertada o equivocadamente en la vida.
Nuestro espíritu lleva en sí la luz de la Conciencia, como un juez le hace sentir su mal proceder. Nadie ha estado exento de esa luz, como voz sabia le ha acompañado desde que surgió del Seno divino. Nuestro espíritu tendría por justificarse de su mal proceder si algo le hubiese faltado desde su nacimiento; mas es semejante a Quién le creó y posee cada atributo de su Espíritu Divino. Nuestro Padre en Su omnisapiencia en los tiempos, ya conocía los senderos por donde habían de caer Sus hijos, por lo tanto en la Conciencia del espíritu marcó con sello indeleble toda falta, cada error, toda equivocación.
El Padre ha develado en este tiempo, que el espíritu se hizo sordo a la voz sabia que lleva en sí. Que siendo la luz que le permitía reconocer el mal por un sentir, se hizo insensible e indiferente.
Por esa insensibilidad el Padre ha tenido de nuevo que recordarle el camino al espíritu. No una sino tres veces ha descendido a quienes les pertenece en esta morada. Recordad que ha dicho, que hay mundos en donde sus moradores no han precisado de un Salvador, que han evolucionado y se han ido perfeccionando dando prioridad a la luz de la Conciencia.
No hay justo alguno en este mundo, eso debemos reconocerlo y aceptarlo. Reconocer que del sendero de luz nos hemos alejado, unos más otros menos; aceptar que nos es necesario obrar en la luz que existe indeleblemente en el espíritu por la Conciencia. En ella está la invitación mas no obligación,… de obrar con justicia, amor, bien y virtud.
Todo espíritu puede adelantar en el camino de su evolución espiritual. Todo espíritu puede ir saldando sus deudas espirituales,… la luz la lleva en sí. Nadie se le ha negado esa luz; a ninguno se le ha despojado de esa voz donde existe como sabiduría el cómo andar en el camino.
No es el dolor el que perfecciona, porque si todavía se presenta en los hijos de Dios, es prueba de lo alejados que están de la verdadera vida. Mas el dolor y la purificación pueden aminorarse, pueden acortarse ante el arrepentimiento sincero. Ese arrepentimiento no es de palabra, nace desde lo más profundo del espíritu, donde ya por convicción ha resuelto obrar en el camino de su existencia conforme a la invitación que le hace su Conciencia. Un arrepentimiento genuino donde ha decidido obrar ya con virtud, luz y bien ante su semejante y por sí mismo.
Parece que un arrepentimiento así todavía no es posible por la mayoría. Mas el Padre no pide aún perfección en las obras de los espíritus, sino una sentida convicción de que es posible obrar así cada día.
Ese arrepentimiento sincero, ese obrar a la luz de la Conciencia hará el milagro, que cada espíritu le llegue el instante de que su existencia sea un Edén, un perpetuo paraíso en el Reino de los Cielos que él mismo edificó en su propio ser.

La importancia de no ser sólo del mundo

Somos un ser conformado de tres naturalezas cuando encarnamos: La divina que corresponde a la Conciencia; la espiritual que pertenece a nuestro espíritu; y la material que corresponde a la carne.
Al desencarnar nuestro espíritu tendrá una vestidura sutil. Es la que ha poseído desde tiempos inmemorables, la cual le seguirá ayudando para sostenerle entre la naturaleza espiritual y la material: el alma.
El espíritu en cada desprendimiento de su carne seguirá conservando su naturaleza divina y su naturaleza espiritual. No tendrá ya materia por un tiempo, sin embargo su alma será la que sujete a su espíritu a esta morada. Y lo será hasta que por sus méritos espirituales conquiste una morada con mayor luz y sabiduría.
Toda la Creación posee alma, desde lo que tiene mayores dimensiones, hasta lo más pequeño e imperceptible a la mirada humana,… como lo es el átomo y la célula. Llegará el instante en que no le sea necesario al espíritu estar sujeto entre lo espiritual y lo material, y sea sólo de nuevo esencia espiritual como lo fue así en su nacimiento primigenio del Seno divino. Para cuando eso suceda no estará limitado ya a una sola morada. Su evolución en todos sus atributos, la perfección de amar y respetar el orden establecido en la Creación le permitirá el que su hogar lo sea todo.
Todavía el espíritu de la humanidad es pequeña para lograr esa finalidad. El materialismo es como una cadena que no le permite avanzar de morada a morada. Por ello la importancia de no ser sólo del mundo. El que ella sea consciente que dentro de su carne existe un ser que le es necesario comprender y aceptar que su reino no es de este mundo.
Su espíritu necesita comprender que puede poseer las grandes riquezas del mundo, sin olvidar darle un sentido espiritual a su existencia. Entender que lo que ha logrado conquistar en el mundo, no debe ser cadena para él. El comprender que su pensamiento y sentimiento no esté sólo para lo del mundo, sino sean un pensamiento y un sentimiento sensibles para sí mismo y los demás. Eso es elevación espiritual. Y es esa elevación lo que le permitirá conquistar moradas superiores en luz.
Esta morada aún tiene muchas lecciones que ofrecerle. Mas debe tener en consideración, que nada de lo creado en ella ha sido para perder a los hijos de Dios. Es el mismo espíritu que ha adulterado lo que es bueno, haciéndolo nocivo para él. Tener consciencia que si no puede darle el sentido verdadero de lo ha sido creado en este mundo para su beneficio, sustento y alegría, no lo podrá hacer en otras moradas con mayores lecciones para el desarrollo de su ser. En todo esto tiene que ser consciente.
Ser consciente de que su pensamiento es potencia,… crea y transforma. Ya mucho conoció lo que acontece cuando esa potencia no está unida al amor espiritual. Pues también es lección que debe conquistar, el de armonizar su pensamiento con el Pensamiento divino. No es que el Padre ate, sólo es una invitación. Porque el libre albedrío del espíritu debe armonizar con la santa libertad que se le concedió desde su nacimiento. Todo le ha sido permitido al espíritu, mas no todo ha sido conveniente para él.
A nuestro ser le está permitido todos los conocimientos tanto los que han procedido de la luz, como los que él ha originado y no pertenecen a la luz. Cuando el conocimiento de la luz es practicado por el espíritu, a eso se le llama sabiduría. Y cuando práctica lo que ha nacido de él como conocimiento y no es luz, y lo sigue haciendo, eso es temeridad, que de las veces le traerá consecuencias y frutos de sabor nada agradables.
La vida también es potencia. Lo que se haga de ella el espíritu se deleitará o lo lamentará. Por ello decir nuevamente,… lo que procede de Dios es bueno, noble, santo, divino; es el espíritu el que ha adulterado haciéndolo nocivo para él mismo. El Padre no le quitará la vida al espíritu, ni el libre albedrío ni el pensamiento. Le dejara como siempre lo ha sido obrar en libertad, y es él que al final unirá su libre albedrío a la santa libertad que se le concedió desde su nacimiento.
Todo le ha sido permitido al espíritu, no ha sido el Padre el que lo ha esclavizado o atado a Su voluntad. En esa santa libertad comprenderá Conciente y conscientemente, que armonizar su ser con el de su Creador, no le hace pequeño sino libre verdaderamente. Pues para aquellos que son libres verdaderamente, les son abiertos todos los arcanos, todas las posibilidades, todos los conocimientos, todas las grandezas,… toda la Creación sin límite alguno.

El Espiritualismo en Tres Advenimientos divinos

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El Espiritualismo es la Doctrina del espíritu. Y la Doctrina es Enseñanza, la Sabiduría de Quien nos sintió nacer y con él, la vida. La vida de nuestro espíritu es eterna, él contemplará nacer y morir estrellas en su largo peregrinar hacia la perfección espiritual.
La perfección espiritual no se logra en una existencia material, le es necesario la vida del espíritu porque él posee la eternidad.
De tiempo en tiempo nuestro Padre ha venido extendiendo su Sabiduría, conforme nuestro espíritu es capaz de comprenderle. Él ya habló a nuestro entendimiento nos dio leyes, normas, preceptos comprensibles a nuestra razón. Leyes que en una forma elevaban nuestra existencia humana: no matarás, no robarás, no codiciaras lo ajeno, etc… Así como por otros enviados nos manifestó el dar salario justo al jornalero, ser caritativo con el forastero, delante del ciego no poner tropiezo… etc.
Nuestro espíritu con el paso del tiempo tendería a evolucionar y por lo tanto el recibir una lección mayor, la del corazón. Nuestro Padre entonces envío Su verbo y amor en Jesús. Él hablo a nuestro corazón, dio muestra de cómo debía amarse al Padre, dio testimonio de redención y salvación para el espíritu alejado del camino. El amor perfecto se hizo presente en la existencia humana del espíritu; Jesús el Cristo fue y sigue siendo la escala donde nuestro ser se fundirá con lo divino.
Mas conocía nuestro Padre que en otro tiempo daría una extensión mayor de su Enseñanza, ya no hablaría al entendimiento ni al corazón, sino a la parte más sublime de nuestro ser, el espíritu. Es así que hoy tenemos presente lo que nuestro Padre dejó como testimonio de Su tercer advenimiento, y en Su sabiduría como Espíritu de Verdad el recordarnos y esclarecernos lo pasado.
Hoy nuestro espíritu puede comprenderle, él ha evolucionado, ha desarrollado no sólo su entendimiento,… su corazón puede sentir el amor espiritual, aquel que vino mostrar en Jesús, ese amor que abraza a todos. Hoy nuestro espíritu puede comprender por Su enseñanza, una lección mucho más extensa que le habla de virtudes, dones y potencias; de Espiritualidad, que significa armonía entre nuestras tres naturalezas. De una comunicación más perfecta y desarrollada con su Espíritu Divino; así como una explicación extensa de lo que nos depara después de esta existencia material, de planos, valles, moradas donde nuestro ser tendrá que atravesar para atesorar sus lecciones.
El Espiritualismo es Enseñanza, es Lección divina. Doctrina que comenzó desde nuestro nacimiento espiritual, y que sólo Quien nos dio vida y eternidad la ha venido ampliando conforme nuestro espíritu ya le puede comprender en mayor grado.
Entendimiento, corazón, espíritu, he allí la trinidad que nuestro Padre-Maestro ha tocado de tiempo en tiempo conforme nuestra evolución.

La Ley divina y la ley Mosaica

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Cristo el verbo divino del Padre, nos viene esclarecer algo importante: la ley Mosaica no es lo mismo que la Ley divina que Yo Soy el que Soy vino a manifestar a Moisés.
La Ley divina es noble, declara los más altos principios que debe poseer el espíritu. Algunos principios le sirven para su existencia humana, otros a su existencia espiritual.
Cuando Moisés libertó al pueblo Israelita, él lo reunió bajo las faldas del Monte Sinaí, aquí recibieron la Ley divina conocida como los Mandamientos… Y se les dijo: No robarás; no codiciaras lo ajeno; no cometerás adulterio; no darás falso testimonio; no matarás;… etc. Y sobre todos estos preceptos, el Mandamiento divino: Amar a Dios. La existencia espiritual y humana del espíritu fue regida bajo estos principios.
Nuestro espíritu ha evolucionado de tiempo en tiempo; no somos los mismos de hace siglos. Teniendo él la potencia del amor, dejo que se infiltrara en su ser otras fuerzas opuestas al amor. Su corazón se endureció, su mente se alejó del ideal espiritual;… perdió la sensibilidad para estar unido al Espíritu Divino.
Entonces nuestro Dios-Padre se dejó oír y se proclamó como Yo Soy el que Soy. En el Monte Sinaí, antes y después fue Su primer advenimiento divino. ¿A qué vino? A salvar como lo ha sido en Sus tres advenimientos a nuestro espíritu.
Él se manifestó en Su primer advenimiento a nuestro entendimiento, a nuestra razón, a la parte que le podía comprender. Dejo esos principios en los Mandamientos, para que el pueblo que le empezaba a conocer normara su existencia humana y espiritual. Mas por su escasa evolución espiritual, por el endurecimiento de su corazón y entendimiento, Moisés tuvo que regir al pueblo con otras normas y preceptos, que no eran parte de la Ley divina,… lo hizo para doblegar el reacio cerviz del pueblo de Israel, y no sólo eso, sino para que le sirviera de pauta al defenderse de otros pueblos contemporáneos a su tiempo, que a semejanza no tenían el amor como principio espiritual.
Fue cuando Moisés tomó como norma o ley: el ojo por ojo y diente por diente. Esa ley no era parte de la Ley divina, sino de la ley Mosaica que implementó un tiempo después el patriarca. Normas como apedrear a la adúltera hasta su muerte; de pena de muerte hacia algunos crímenes; el cómo actuar en guerra con otros pueblos;… etc., eran parte de la ley de Moisés, no de la Ley divina.
Fue Jesús quien vino a declarar en un Segundo Advenimiento de Yo soy el que Soy y en Él el Cristo, de que no venía abolir la Ley que le entregó a Moisés sino a darle cumplimiento. Mas sí abolir la otra ley que el patriarca había implementado entre su pueblo. Fue Cristo en Jesús, quien dio testimonio vivo y verdadero de cómo debía cumplirse la Ley que Él mismo entregó a Moisés en las faldas del Monte Sinaí.
En Jesús proclamó: Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida. Mas en Su tercer advenimiento Yo Soy el que Soy como Espíritu Santo o Espíritu de Verdad, nos vino a revelar: Yo Soy la Luz de todos los mundos.
Yo Soy el que Soy, el Cristo de Dios es el que de tiempo en tiempo ha venido a dar testimonio de Su verbo y amor. Es la Luz de nuestro espíritu, que deacuerdo a nuestra evolución espiritual, da y concede Su sabiduría hasta alcanzar la luz en plenitud, el Reino de los Cielos en nuestro propio ser.

El maestro dolor

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Cada uno de los espíritus que ha venido a esta morada ha tenido la necesidad del maestro dolor.
No es la morada la causante del sufrimiento, no fue hecho para ese propósito. En la Creación de nuestro Padre no existe algo o alguien, para hacer sufrir o perder a Sus hijos. En lo más profundo y esencial de cada hijo de Dios y de todo lo creado por Él, existe Su amor y sabiduría con que formó todo.
El maestro dolor no proviene de la sabiduría y el amor de nuestro Creador, sino de Sus hijos. Ese maestro se hace presente en la existencia del espíritu cuando él desarmoniza con esos dos atributos divinos.
Si el espíritu se hubiese conservado en el amor divino, su existencia sería desde su principio o nacimiento un Edén. Si el espíritu se hubiese guiado con la sabiduría divina, él tendría el goce de haber escalado a la cima de la perfección con la naturalidad con que el Maestro enseña y perfecciona.
Este mundo es morada de espíritus alejados del amor y la sabiduría divinas. Donde el libre albedrío de ellos está sujeto a prueba. Si temerariamente se alejan y obran contrario a la luz, reciben el resultado de ese alejamiento, el dolor y el sufrimiento.
Las enfermedades, las guerras, los elementos desatados, las hambrunas, las pestes, la muerte son frutos de la temeridad de los espíritus. Y en todo esto está presente el maestro dolor,… y éste se irá cuando los espíritus Conciente y conscientemente empiecen a reconocer su alejamiento del amor y la sabiduría divinas.
Las faltas de nuestro espíritu no provienen sólo de esta presente existencia, sino de mucho atrás. Por ello hay veces que no comprendemos el porqué de nuestros dolores y sufrimientos, sólo baste decir que en esta morada no hay un justo ante la mirada divina.
A nuestro espíritu le hace falta la virtud de la humildad, para reconocer que si adolece y sufre es porque está recibiendo la purificación de su alejamiento. Por esa virtud, dejaría florecer la simiente del Maestro, y con esa simiente el que vaya desapareciendo de su ser el maestro dolor.
De cierto, esta morada llamada Tierra será de espíritus elevados por el amor y la sabiduría divinas. Los que por su libre albedrío les sea indispensable aún el maestro dolor, tendrán por morada otra semejante a ésta en alguna parte de la Creación,… donde el egoísmo con todas sus fuerzas opuestas a la luz sean el cáliz de amargura de los unos a los otros, hasta que por sí mismos en su humildad tengan por anhelo el amor espiritual.

No es un nuevo Evangelio

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Profetizado fue por el Maestro que enviaría al Consolador, al Espíritu de Verdad, para recordarnos y explicar lo que nos entregó en el pasado. No es un nuevo Testamento el que se nos da en este tiempo, ni una nueva palabra y ni si acaso un nuevo Evangelio. Es la misma Ley que le entregó a Moisés, la misma palabra en nombre de Yavé que entregaron los profetas. Es la misma Doctrina que entregó Cristo en Jesús, al dar ejemplo de cómo debía cumplirse la Ley,… por medio del amor.
Es el mismo Evangelio que nuestro Padre ha venido dando de tiempo en tiempo, donde los máximos Mandamientos siguen siendo Ley espiritual: Amar a Dios al amarnos los unos a los otros.
La humanidad aquella que se llama Cristiana, ha leído las Escrituras y en torno a ellas ha fundado religiones, y de las veces, cada una tiene un concepto distinto de las mismas Escrituras. Se acerca el tiempo en que lo presente, lo que fue entregado por el Espíritu de Verdad sea guía en las religiones para comprender lo pasado. Antes su entendimiento tendrá que resquebrajarse, tendrá que bajar de su pedestal, para dar principio a su espíritu y por él, en su humildad reconocer su equivocación al interpretar erróneamente lo antiguo.
Hoy la comunidad Cristiana aún no ha reconocido el Evangelio presente, y es por la forma literal de comprender lo pasado. Tan de cierto así aconteció cuando vino el Mesías en Jesús. Le negaron, porque el entendimiento de los grandes doctores de la Ley tuvieron una interpretación también literal, de lo que fue entregado por los antiguos enviados de Dios.
Siendo el mismo Evangelio de tiempo en tiempo, el Padre-Maestro sólo ha venido ampliando Su sabiduría conforme nuestra evolución espiritual. A que el espíritu comprenda más a fondo la finalidad de su existencia humana. A que él tenga una idea mucho más clara y precisa de su ser, de dónde proviene y a dónde va conforme su ser evoluciona. Tenga una comprensión más extensa de sus atributos espirituales, que son lo que le hace semejante al Espíritu Divino. Así como posea una noción más justa de lo que es la Justicia divina, porque ella no pierde ni castiga a ningún espíritu, sólo deja que cada quien reciba la cosecha de su siembra;… pero no sólo eso, que siendo inexorable, ella también tiene como luz y caridad divinas, el que cada espíritu restituya o enmiende sus faltas y errores por medio del amor.
Es Cristo el que revela lo que ha de venir, que teniendo la esencia de Su sabiduría, la hace así conocer. Recordar que Él dijo, que la letra mata más el espíritu vivifica. Pues si la humanidad en la necedad de su razonamiento sólo ve la letra tendrá que equivocar; a ella le es necesario adentrarse con el espíritu, porque él tiene una luz más allá de su entendimiento, la Conciencia.

Pescadores de espíritus

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Muchas ocasiones nos pasa que la Enseñanza del Maestro en Su tercer advenimiento, la hemos llegado a conocer por otros. Es una cadena que se va uniendo de eslabón por eslabón, hasta que un día se cierre porque al fin la humanidad en su conjunto la ha llegado a conocer. ¿En qué tiempo sucederá? En sí no es precisamente el tiempo,… es la necesidad de cada espíritu de ya conocerse a sí mismo mejor por medio de la Enseñanza divina. Necesidad de su espíritu, de ya prepararse hacia planos más elevados en amor y sabiduría.
Nosotros que conocemos la Enseñanza, tiramos la red al mar. Pero esa red no atrapa, lleva un alimento precioso que atrae al espíritu. Muchos prueban ese alimento se satisfacen y quieren más, y el Maestro les da. Otros prueban,… les gustó, pero vuelven al mar. Otros más ni siquiera lo probaron, simplemente dejaron que el mar los envolviera de nuevo. Sin embargo, nuestro deber es arrojar de nuevo la red de vez en cuando, porque en ese mar extenso, de las veces embravecido hay quienes buscan el alimento precioso para satisfacer a su espíritu. Esos pocos o muchos saciarán su necesidad espiritual a través de la Enseñanza del Maestro, y cuando se hayan complacido, ellos volverán al mar, pero no para ser envueltos por ella, sino para arrojar las redes y atraer a otros con la luz del Maestro.

Fuerzas invisibles a la mirada humana

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Cada espíritu tiene en sí la potencia de su pensamiento, así como la vibración de sus sentimientos. Cada uno de nosotros según nuestra elección hacia la luz o lo opuesto a ella, es la fuerza que ofrecemos a los demás.
Hay fuerzas que estando presentes no somos conscientes de ellas y de su influencia constante en nuestra existencia humana. Como dice el Maestro, las hay buenas, saludables, benéficas,… así como todo lo opuesto.
La humanidad menospreciando el conocimiento espiritual es ignorante de lo que acontece a su alrededor; pero no sólo eso, sino también desconoce la responsabilidad de lo que da a su semejante con las potencias espirituales con que fue formado y dotado en su espíritu.
No hay lugar o espacio alguno donde nuestro ser no se vea influenciado por las fuerzas y las vibraciones de luz o,… lo que no lo es. En todo instante recibimos esa influencia.
Es nuestro espíritu el que multiplica a lo que es afín. Si es afín a la luz, él se beneficia multiplicado en la luz. Si no es afín, también multiplica en sí mismo las fuerzas y las vibraciones opuestas a la luz.
Por ello la importancia de pensar y sentir bien. Si nuestro ser se encuentra en un entorno donde nuestros hermanos como familia son proclives a lo que no es luz, con este conocimiento adquirido el tratar de no multiplicar esas fuerzas. Sino con paciencia y voluntad nuestro espíritu el permanecer en la luz, y así contrarrestar lo adverso y lo nocivo.
Cada quien elige que dar a los demás. Cada quien es responsable de este conocimiento adquirido, porque el pensamiento y el sentimiento pueden ser utilizados en y para bien o no a los demás. Mas tengamos en cuenta que lo que damos es siembra y cosecha.
Entre más conscientes seamos de nuestras potencias espirituales como son la fe, el pensamiento, el libre albedrío, la voluntad tendremos una mejor elección de cómo entregar a los demás. Pues nuestras potencias no siempre han sido utilizadas para un fin noble y elevado, sino en lo opuesto.
Seamos luz,… que nuestra voluntad y libre albedrío cada vez estén más dispuestos en la luz. De este actuar y elección, nuestro ser tendrá que beneficiarse de las mismas vibraciones provenientes de las legiones de la luz. Así como también nos estamos acercando, para ser parte de todas aquellas luces que son ya en el Reino de Dios.

La oración sentida

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La oración es el lazo, el vínculo que nos une espiritualmente con nuestro Padre. El lenguaje que no necesita palabras, y en ocasiones ni pensamientos hechos expresión. Sólo el sentir del corazón, que es el Templo que tanto nuestro Padre y el hijo comparten a la vez. Sí, habrá tantas ocasiones como se lo permita nuestro espíritu,… el sólo sentir su oración. Y de las veces ocurre cuando él está en paz,… o cuando a pesar de sus adversidades y pruebas, él se permite relacionarse así con su Padre.
Esa oración es maravillosa, porque el hijo no pide nada al Padre; desde el interno de su Templo siente esa caricia mientras va pasando el tiempo. Esa oración no está aún extendida entre el espíritu de la humanidad; mas llegará el tiempo que lo sea, y entonces una vibración aún no conocida por ella se sentirá en su mundo.
Que tiempos serán aquellos que ya esperan en que los espíritus sientan esa vibración, será semejante a la que sintió el apóstol Juan. Entonces el Cristo, el amor y verbo divinos de Dios tendrá en bien dar a conocer lo que le corresponde al espíritu en esa etapa. Grandes verdades tendrán que relucir de la única Verdad de Su verbo, que serán lecciones que vendrán de la comunicación de Espíritu a espíritu. Pues el Maestro así le concedió a su apóstol en virtud de su elevación espiritual. Él vino a entregarle a Juan.
Parece distante ese tiempo, mas el Maestro también declaró, que Su apóstol se adelantó muchos siglos de lo que otros han necesitado para evolucionar. La nobleza de su corazón, la bondad de sus pensamientos, la pureza de su existencia, y la oración sentida, hicieron que él evolucionase en corto tiempo.
El espíritu de la humanidad debe comprender que el Séptimo Sello, puede y debe ser abierto no sólo por la caridad del Padre, sino por el anhelo de quienes moran este mundo. Ese Sello habla de la culminación de los tiempos, donde el reino del espíritu empieza para no tener fin. Si antes de ese Sello se significó por la carne y el materialismo, cuando éste sea abierto y percibido por el espíritu, se significará por la elevación y la espiritualidad del mismo espíritu. En la armonía del espíritu con la materia. En esa armonía donde la humanidad da al César lo que es, y a su espíritu lo que le corresponde.
La humanidad debe darse la oportunidad de sentir su oración. Quien así la procura, su ser se ennoblece y los dones empiezan a florecer. Las virtudes se hacen más manifiestas; el Séptimo Sello empieza ya a resplandecer desde su interno. Semejante es al apóstol Juan, que estando en el Quinto Sello, que la representa Cristo en Jesús en ese tiempo y en esta morada,… Juan en su interno ya vislumbraba el Séptimo Sello en su ser. Si la humanidad quiere acortar el Sexto Sello, el de la purificación y la restitución, lo puede hacer, el ejemplo lo tiene en Juan.

De párvulos a discípulos

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El espíritu posee muchos dones, y estos sólo pueden florecer a través de la luz de la virtud. Cuanto más virtuoso el espíritu se asemejará cada vez más al Maestro. Esa luz hacía que el Maestro fuera uno con el Padre, esa luz en Él era con la cual prodigó los grandes milagros.
Nosotros aún estamos lejos de asemejarnos a Quién nos vino a mostrar el Camino, la Verdad y la Vida. Sin embargo, nos vino a declarar que Sus discípulos podrían hacer cosas mayores que las que Él hizo. Aún no podríamos del todo llamarnos discípulos, mas nuestro Maestro conoce que Su enseñanza hará ese milagro, de quienes le oyen y le siguen convertirlos de párvulos a discípulos.
Un párvulo aprende; un discípulo práctica. Un párvulo va asimilando, cultivando el sendero de la Espiritualidad; un discípulo tiende armonizar su existencia, dar con certeza al César lo que le pertenece y a su espíritu lo que le corresponde. Un párvulo aún su corazón abraza a unos cuantos; un discípulo abraza con amor espiritual. Un párvulo entiende el poder de la elevación espiritual; un discípulo ya ha comprobado el poder de su elevación espiritual.
Ese es el poder del Maestro, convertir de párvulos a discípulos a quienes le siguen. Pues Él dominó la materia,… se hizo hombre, conoció de las necesidades y las adversidades. Y de cierto, Su elevación espiritual envolvió a todos por el amor espiritual.
Habrá ocasiones que nuestro Dios nos dará prueba del poder de nuestro espíritu, por gracia. Mas espera que no todo lo haga Él, sino que los párvulos vayan adelantando en el camino para ser los discípulos. Entonces seremos como aquellos de Sus profetas antiguos, como aquellos de los apóstoles que siguieron al Maestro, que siendo humanos, dejaron entrever el poder de su espíritu al dar elevación espiritual a su existencia humana. Sensibilidad del pensamiento, sensibilidad del sentimiento; la práctica de la luz de la virtud; el dejar que su ser no estuviese cautivo por lo del mundo, sino mas bien dar a sus espíritus cuanto les era de menester.

¿Existen jerarquías en el Reino de Dios?

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En las legiones de luz hay cargos espirituales, todos de suma importancia. Esas legiones de luz jamás sobrepasan el cargo que no les corresponde, ya que ante todo la humildad brilla como virtud en su ser. Existen quienes poseen cargos delicados y de suma importancia, como lo es Elías, el profeta de Fuego, que de tiempo en tiempo ha preparado, aparejado los caminos en cada advenimiento divino del Padre. Otros más son luz en el camino de sus hermanos, tanto de esta morada como de otras, aquellos que la humanidad ha conocido y nombrado como ángeles. Ellos inspiran, son propicios en el bálsamo, son guardianes,… no es necesario mencionar si hay jerarquías entre ellos, sólo baste conocer que entre unos y otros existe una luz, que cada vez por su dedicación por el Padre y sus hermanos se acrecienta más y más.
Cada hijo que ha sentido el Espíritu Divino nacer de Su seno, posee todos los atributos necesarios para acrecentarlos constantemente en su eternidad. No hay uno que haya sido despojado de algún don, o que se le haya negado. Todos, absolutamente todos poseen la naturaleza divina del Padre, aún aquellos que se han alejado bastante del camino. En cierto cada espíritu, cada hijo del Padre logrará o conquistará el Reino de los Cielos. Y cuando ese Reino sea edificado en su propio ser, tendrá por bien merecer un cargo del cual será su goce espiritual: servir y amar al Padre en Su creación y a sus hermanos.
Quienes son conscientes de su luz reconocen que otros van delante de ellos. Y quienes van delante reconocen que quienes vienen detrás alcanzarán la luz que ellos poseen. No hay vanidad quien por su luz ha conquistado un alto cargo, mas bien tienen por hecho que otros más obtendrán el mismo destino. En la inmensidad de la Creación, infinita, no existe el descanso para los hijos de Dios. Unos tienen gran luz, y el Padre reconoce esa luz que ellos poseen. Tan así hay quienes han conquistado gran luz, que en las altas escalas se encuentra este principio: la voluntad del Padre es la del hijo, y la voluntad del hijo es la del Padre.
Mas que jerarquías existen cargos, grandes y sublimes. Y es nuestro Padre quien da y otorga según la luz del espíritu, y por esa luz la responsabilidad. ¿Acaso no los mayores cargos que se desempeñan en el mundo se les da a quienes están aptos, capacitados para ejercerlos? Sí, un gran cargo es una gran responsabilidad. El hombre podrá engañarse en colocar a quien no debe, y quien acepta sin estar apto, llevar en sí la responsabilidad de su mal actuar, deuda que no sólo es en lo material, sino de las veces esa deuda sobrepasa también ya en lo espiritual. Mas nuestro Dios no es hombre, no es imperfección ni impostor. Da y otorga conforme a la luz de cada espíritu un cargo y en éste una responsabilidad. Y mas que sentirse el espíritu abrumado por lo otorgado, no lo es… La experiencia que ha adquirido en su largo peregrinar en el sendero de la luz y de la perfección, es su fortaleza. Ya conoce por otros y por él mismo el cómo desempeñar lo que se le ha confiado. Ocupaciones múltiples existen, cargos aún no conocidos del todo por el espíritu de la humanidad, responsabilidades que serán goce en los hijos de Dios para ejercerlas en su Creación.

Hay quienes esperan ya la ciencia del espíritu

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Son tiempos en que el espíritu de la humanidad necesita de quienes conocen el sendero espiritual. Ella ha avanzado tanto en sus ciencias, que su mente no puede absorber cuanto ha descubierto en cada disciplina humana.
Son tiempos en que más que ciencia humana, el espíritu de la humanidad necesita la ciencia espiritual. Cuando ella empiece edificar desde su interno la ciencia del espíritu, tendrá que cambiar lo externo, a tal grado será ese cambio que parecerá que una nueva tierra y un nuevo cielo aparecen ante sus ojos.
Cada uno que atesora el conocimiento espiritual y la propaga, es como una brisa suave de viento que no sabe dónde van sus palabras, pero llega a su destino de quienes esperan ya con el espíritu. No toda la humanidad tiende al reinado del César, de aquellos que gustan servir al mundo; hay quienes esperan el reinado del espíritu, donde la paz, el amor brillen con intensidad en esta morada.
Es necesario no vivir sólo para lo del mundo, sino edificar con el espíritu. El caos que prevalece en el interno del hombre se refleja en su exterior. Muchos querrán encadenarse a ese caos, pero otros más ya esperan, quieren liberarse. Y es la Palabra quien les liberará, será la Palabra del espíritu quien les dará el sendero de la vida.

Los libros sagrados de los hombres

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Justicia, Amor y Sabiduría, y entre esta trinidad dos Mandamientos, los más grandes para el espíritu: Amar a Dios y el Amarse los unos a los otros. Donde quiera se encuentre esa trinidad, donde quiera se manifieste la inspiración como luz de amar a Dios y de los unos a los otros, de cierto hay inspiración espiritual en los libros de los hombres que consideran sagrados. Porque el Cristo de Dios no es de un solo pueblo, sino de todos; no es la luz de inspiración de un solo mundo, sino el de todos. La luz divina ilumina, desciende a la Conciencia del espíritu,.. es la voz que sólo lo bueno, lo noble, lo puro puede determinar,… la voz que no se mancha con el pecado del espíritu. Es la voz inmaculada que ha permanecido santa desde el inicio de los tiempos y del espíritu. Porque si en algunos mundos han necesitado de un Cristo Salvador, en otros sólo les ha sido indispensable el atender la voz sublime de la Conciencia, para ascender en el sendero del perfeccionamiento espiritual.
Esa trinidad no sólo es guía del espíritu para tener certeza que es de Dios y que no en los libros sagrados de la humanidad,… sino guía también para la determinación de sus normas y legislaciones, de sus leyes humanas. Las leyes humanas como bien dice el Maestro evolucionan, las leyes que proceden de la Divinidad no. Llegará el momento en que las leyes humanas tengan cariz espiritual, entonces habrá justicia verdadera, habrá amor, habrá sabiduría. Será el tiempo en que el espíritu deje los libros sagrados, la letra, porque él mismo será el espíritu que vivifica.
Mucho tiempo el espíritu de la humanidad ha necesitado de una guía espiritual a través de un libro. Mas llegará el momento del Reino de la Conciencia y tenga por libro, la luz que surge viva y sonante desde su propio ser. Esa luz que desde un principio debió escuchar y atender, y le invitaba,…a amar a Dios amándoos los unos a los otros. Esa Ley es Mandamiento divino, no pasa, es eterna. En esa Ley están condensadas todas las normas y preceptos espirituales, que proceden de la virtud, del bien.
Sí,… hay inspiración espiritual y divina en los libros que los hombres consideran sagrados cuando existe el Mandamiento mayor. Pero también existe en ellos lo que es del hombre, lo que le pertenece, lo que es suyo como obra y hecho, su falta y desvío, su temeridad y insensatez. Si el Maestro ha dicho que los libros antiguos volverán a las manos de los hombres, es para que a través de la luz de la Conciencia ahora pueda reconocer que le pertenece a Dios y que al hombre. Que es lo que debe prevalecer como trigo dorado por provenir de la Justicia, del Amor y la Sabiduría divinas, y que es lo que debe ser consumido por el fuego de esa misma trinidad.

Vida Eterna y vida eterna

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Hay quienes no tienen por fruto espiritual la caridad sentida. Esa virtud que hace al espíritu penetrar a las moradas superiores si la pone en practica. Quien así lo ejerce tiene las puertas abiertas de la eternidad, de su inmortalidad espiritual, porque en esa practica hay amor, hay desinterés y,… a veces sacrificio. Semejante al Cristo que vino a encarnarse en Jesús, que siendo la potencia de la vida eterna por ser el Espíritu Divino y de la cual todos somos poseedores, nos enseñó la otra Vida Eterna que nos es indispensable conquistar.
Todos los espíritus tienen la potencia divina de la vida o la existencia eterna por pertenecer a la vida de Dios, mas no aún la Vida Eterna espiritual. Fue Cristo quien nos vino a mostrar esa finalidad a alcanzar por medio del amor espiritual.
Cuantas veces el amor que dice profesar la humanidad no sobrepasa a quienes considera los suyos, los que les pertenece según por la carne. Cristo vino a mostrar el amor espiritual, aquel que abraza a todos. Ese amor es el que siente Dios por todos, por el cual dejó las noventa y nueve en el Reino de los Cielos para rescatar a la cien, que representa a todos quienes moran en la Tierra. Sí, cada espíritu que ha morado antes y después del Maestro representa a la cien.
No vino a salvar sólo a unos, sino a salvar y a redimir a todos quienes le pertenecen por poseer la vida de Dios. Mas teniendo esa vida, aún precisaban Sus hijos la Vida Eterna. Esa Vida es la que todos estamos destinados a conquistar por nuestros méritos.
Legiones de Sus hijos podrán ser temerarios, llenos de perversidad, tener grandes tentaciones para desafiar y oponerse a la Ley,… y sin embargo, poseen la vida de Dios. En la existencia eterna el pecado desaparecerá. Empezará a suceder cuando Sus hijos sientan la virtud que existe en sus espíritus, ya que ninguno está falto de virtudes y entre ellas… se encuentra la caridad. Caridad para consigo mismos y los demás, porque si grandes fueron los errores y las transgresiones, con la luz de la virtud se puede volver al camino.
¿Por qué querría alguien seguir acumulando deudas espirituales si éstas han de purificarse? Cuando se comprende esto a la luz de la Conciencia, el espíritu deja de errar, empieza a comprender que todo error y falta no pasa desapercibido ante la mirada de esa luz como juez. Comprende que el maestro dolor puede hacerse presente en su camino y así purificarse. Mas también tiene por cierto, que existe una Ley mayor y meritoria, la del amor.
La Caridad divina así es con todo espíritu, porque le da la oportunidad a todo espíritu de purificarse a través del amor. Esa Caridad no es para unos cuantos, envuelve a todos Sus hijos, le pertenece a todos por igual. Ese Amor divino que siente Dios no está para unos y otros no, es de todos. Él mismo volvería a sacrificarse si así fuera necesario, a pasar un calvario, un suplicio más allá del entendimiento del hombre para rescatar a quienes le pertenecen. Mas nuestro Padre conoce que ya fue dada la lección, que en Su doctrina y ejemplo, mostró y enseñó el sendero a la Vida Eterna. Cada quien en su libertad tiene la oportunidad de redimirse a través del amor, sí, de liberarse de las cadenas de la muerte espiritual. Esa muerte que significa el vacío de Vida Eterna espiritual, pero no la ausencia de la vida que poseen los espíritus por ser parte de la esencia del Espíritu Divino.
Cada quien conquiste la Vida Eterna, que paso a paso con verdadero propósito se puede lograr. El Ejemplo ya fue dado. Cada quien meditando la existencia del Maestro podrá encontrar lecciones que traspasan más allá del tiempo, lecciones donde Su amor y caridad fue enseñanza para todos. Así cada uno a la luz de su virtud, en su corazón sienta no sólo el amor humano, sino primordialmente el amor espiritual.Ya lo dijo Elías Tesbita, el profeta del Tercer Tiempo: «Caridad y más caridad a vuestros hermanos y veréis a Dios en todo Su esplendor». Pues la caridad en su expresión más elevada en amor espiritual, eleva al espíritu a las moradas superiores cuando lo ha edificado en su propio ser.
 
 

Conciencia y consciencia

Libro de la Vida Verdadera - Conciencia
El espíritu nació de un pensamiento de amor divino. Sencillo, puro con un todo de los atributos divinos de Quién le daría vida y eternidad. Dos potencias que le hacen semejante en perpetuidad a su Dios. ¿Estaría sólo el espíritu en su largo y eterno peregrinar? No, a cada espíritu le dotó de otra potencia, la Conciencia. En ella el espíritu encontraría la sabia respuesta, la luz que no se empaña, el juez inexorable ante la mancha del espíritu. Siendo el Padre omnipotente, omniabarcante, omnisapiente, en la luz de la Conciencia dejaría Su presencia, Su potencia, Su sapiencia. Esa luz siendo la presencia del Eterno en el espíritu no le era necesario evolucionar. Pues la sapiencia del Creador no evoluciona, todo lo conoce, todo lo sabe. El Padre conocía ya a cada hijo Suyo desde antes de nacer, le sentía,… más también conocía que en el camino de evolución muchos tropezarían con la falta y el error. Esa voz inmutable a cada paso del espíritu le diría el cómo ir en el sendero de su evolución: en la sabiduría del amor,… otra potencia con el cual fue dotado cada espíritu;… pues como lo dice el Padre, ni si acaso al espíritu le era necesario aprender amar, sino sólo sentirlo y manifestarlo. Esa luz como voz le haría percibir a través de un sentir al espíritu, cuando su caminar no fuera el adecuado para él. Así el espíritu detendría su caminar equivocado, y también esa voz a través de un sentir le haría percibir al espíritu la forma de corregir el yerro, por medio del arrepentimiento y la enmienda.
La voz divina de la Conciencia, la presencia del Padre en cada hijo Suyo no evoluciona. Ya que si le fuera necesario la evolución no sería la luz que conoce el error, el pecado, la falta en sí, desde mucho antes de nacer cada hijo Suyo. Si le fuese necesario la evolución, no sería la voz sabia de Dios aconsejando al espíritu en el trayecto de su eternidad; sería como decir que al Padre le era necesario también conocer el error y la falta. Si fuese así, no tendríamos un Padre perfecto, sino alguien que le fue necesario también el desarrollo a través de la evolución espiritual.
No así la consciencia que es parte también del espíritu, pues ninguna otra criatura la posee. Esa consciencia sí precisa de evolución, de desarrollo, de aprendizaje. La consciencia en la eternidad de cada espíritu se va acrecentando. A través de ella el espíritu cada vez mejor se reconoce como un ser espiritual, dotado de todo lo necesario en su transitar hasta alcanzar su perfeccionamiento espiritual. Esa consciencia le hace crecer en su pensamiento, potencia espiritual que también precisa de evolución y desarrollo. El espíritu consciente va acrecentando su saber a través de la experiencia. Esa experiencia adquirida le hace reconocer qué es lo que le da dicha verdadera a su espíritu; por esa consciencia aprende apartarse del yerro y la equivocación.
Cuando el espíritu consciente de sí mismo práctica la luz de su Conciencia, ese espíritu ya no sólo es consciente sino también conciente.Su pensamiento, su razón, su experiencia, el reconocerse él mismo como un ser superior,… todo ello ejercido con la voz sabia de la luz que le acompañó desde su nacimiento, hará que cada hijo de Dios un ser muy superior sobre la Creación. Porque todos los atributos divinos con que fue dotado sabrá respetarlos y no sólo eso, sino llevarlos a un buen cauce, tal como la voz del Padre le encomendó así hacerlo.
Cada espíritu está destinado a ser Conciente y consciente. Su libertad santa para actuar y hacer, hará de cada espíritu un ser semejante a quienes han alcanzado las grandes alturas del Reino de Dios. Pues muchos conocieron en su transitar el yerro, la falta, no escucharon la voz paternal que por medio de la Conciencia el Padre les invitaba a retornar al camino verdadero. Su pensamiento y razón se ofuscaron, sus sentimientos también. ¿Acaso sería siempre así? No, la consciencia del espíritu iría madurando. Así muchos han despertado y en ese despertar se han vuelto responsables, sensatos, lúcidos de gracia para no errar más. Es por ello, que llegará el momento en que cada espíritu sea Conciente obrando sabiamente a la luz de su Conciencia, pero también consciente,… un ser responsable de sus obras y hechos por la experiencia adquirida desde su nacimiento del Seno del Padre, ocupando sus atributos divinos con que fue dotado sólo para el bien suyo, de los demás, del todo.

EL LIBRO DE LA VIDA VERDADERA

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La necesidad de normas y preceptos

Libro de la Vida Verdadera - normas y preceptos
Nuestro espíritu ha tenido necesidad de preceptos, normas, mandamientos que nos ayuden a comprender lo correcto de lo que no es. Que nos ayuden a clarificar lo que realmente eleva a nuestro espíritu y lo que no. Que nos ayuden a entender la Voluntad divina. Desde Moisés, Jesús el Maestro y Elías, nuestro Padre ha tenido que llegar a nuestro entendimiento, nuestro corazón y finalmente a nuestro espíritu.
Hay moradas donde no han necesitado un Jesús para ser crucificado y así salvar al espíritu. Donde no han necesitado un Moisés y por medio de él, entregarse mandamientos. O un profeta tan grande y a la vez el más pequeño en el Reino de Dios, para hacer conocer la voluntad del Todopoderoso. Sí, moradas donde existen hermanos nuestros en esta Creación y también como nosotros están en el camino del perfeccionamiento espiritual. Así como hay moradas donde han necesitado de un Salvador, de normas y preceptos,… hay otras donde los hijos de Dios siguieron desde un inicio la voz de la Conciencia, y en ella la sabiduría del Padre.
Si desde un principio el espíritu en esta morada hubiese escuchado la luz que ha llevado en sí mismo, esa luz inmaculada, no hubiese existido esa necesidad del Padre de materializar Su presencia y Su verbo. Mas nuestro espíritu paso a paso fue descendiendo en sí mismo, hasta ocultar la presencia de lo divino que lleva en sí. Fue el Padre quien descendió al nivel en que se encontraban Sus hijos, para entregarles el camino de la luz. Fue el Padre que de Tiempo en Tiempo se sirvió de espíritus sabiamente escogidos por Él, para enseñar de nuevo a los demás el camino de la luz, del amor, de la verdad, de la virtud. Allí están Moisés, Elías, Abraham, Isaías, Daniel, Juan el apóstol y tantos más,… el mismo Padre-Cristo en Jesús.
De cierto se acerca el tiempo de la Conciencia, entonces el espíritu tendrá en bien decir, que toda luz y sabiduría estaba ya en él. Que la venda densa que él mismo permitió imponerse fue la que no le permitió escuchar esa fuente divina de luz y sabiduría. Llega el tiempo en que el fruto de tantos y tantos enviados por fin tenga su recompensa, el de ver sus hermanos ya en el sendero de su Dios.
No sólo en este pueblo se han dado profetas, enviados para señalar al espíritu el camino de la luz. Donde quiera exista el espíritu, allí encontrará un siervo de Dios si le es necesario. Por eso no es extraño encontrar en las demás grandes religiones del mundo, ese espíritu que ha enseñado también el sendero de la luz. Cada siervo que ha enviado el Padre en la redondez de este mundo ha tenido un mensaje, y ese mensaje es el del amor al prójimo, el amor de los unos a los otros. Si los hombres siguen por convicción este mensaje, también a la vez ya están amando a Dios, el primer precepto o mandamiento que tanto Moisés dio a conocer y Jesús dio a comprender a través de Sus hechos y obras.
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