Las moradas y la luz de la Conciencia

Hay moradas donde también están los hijos de Dios, y no es tanto de ellas su importancia, sino de quienes la habitan. Hay moradas donde nunca necesitaron un Salvador según lo explica Su enseñanza, porque desde un principio amaron la luz que procede de la Conciencia. Por esa luz evolucionaron, desarrollaron sus dones y virtudes, y tienen una gran delantera a comparación de otros hermanos suyos en la Creación.
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Aquí en esta morada lamentablemente fue necesario un Salvador, Jesús el Cristo. El Verbo del Cristo es en todas las moradas, mas aquí tuvo que encarnarse para que Él fuese escuchado y visto en lo humano. Él conocía lo que sucedería después, que el espíritu de la humanidad por haber preferido la tiniebla en lugar de la luz, tendría que pasar por el cáliz de la crucifixión.
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Cristo dejó las 99 ovejas en Su reino para rescatar a la 100, que está representada por cada uno de nosotros. Descendió a los muertos del espíritu, para resucitarles con Su doctrina de amor a la vida de la gracia. Hoy aún no están salvos, le ha sido necesario al espíritu el purificarse por el maestro dolor, porque por tercera vez rechazaron al Cristo, al Maestro amor.
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El Cristo conoce el cáliz de amargura por la que ahora pasan los espíritus. Conoce que el maestro dolor les despertará, les hará reflexionar hacia la luz que otros amaron desde su principio, la luz de la Conciencia.
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