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El verdadero amor

¿Qué es el verdadero amor?

Ese vacío que la humanidad me presenta en su espíritu, es el que vengo a llenar con mi amor de Padre.

Deseo explicaros el sentido de aquella máxima, cuyo significado aun no ha sido comprendido. Para vosotros el amor es una bella palabra, pero hasta hoy no habéis penetrado en su verdadero sentido.

En verdad os digo que existe frío en el corazón de los hombres, porque han abandonado el verdadero amor. Es como esos hogares en donde se ha apagado la llama sagrada de los afectos, ya sea entre esposos, entre padres e hijos o entre hermanos. Están juntos sus cuerpos, pero sus espíritus están distantes. ¡Cuán grande es su vacío, cuánta su soledad y qué frío en el interior de aquellos hogares y de esos corazones!

Cuando os hablo de amor, me refiero al lazo divino que une a todos los seres, no me refiero al amor como lo entienden los hombres, donde hay egoísmo o bajas pasiones.

Hoy escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y de fraternidad; mas en verdad os digo, que en donde no existe verdadero amor, no podrá haber verdad, ni justicia y mucho menos paz.

¡Ah, hombres de muchas palabras, de muchos idiomas y de muchas creencias, pero de muy pocas obras de amor! El que ama, no conoce el odio que amarga la vida, ni sabe del rencor que destroza el corazón y entristece el espíritu. El que ama tiene dulzura en su palabra, en su mirada y en sus obras, su vida es dulce y su muerte corporal tendrá que ser apacible.

El amor no se aprende, sino se siente, se lleva dentro. El amor es un compendio de todos los atributos de Dios. El amor es el principio y la razón de vuestra existencia.

Hay muchos que llevan en sí la muerte, y otros que están enfermos tan sólo por no amar a nadie. A pesar de todo esto, Yo sé que en lo más íntimo de cada criatura existe una fibra de amor, que al ser tocada, vibra. Es menester llegar a ella por el camino de la ternura y de la caridad, para que despierte y haga sentir al corazón algo de lo que Dios siente por cada uno de sus hijos: Amor.

A Jesús atribuís muchos milagros y de cierto os digo, que sus obras fueron el efecto natural del amor. Existen muchas formas de hacer el bien, muchas formas de consolar y servir, todas son expresiones del amor, que es sabiduría del espíritu.

El amor que os enseño, nace del espíritu, es puro, limpio, desinteresado, y está más allá del amor por los vuestros, del amor a la patria y a vosotros mismos. Muchas veces no necesita palabras, habla mejor con hechos, y pensamientos.

De todos los afectos humanos, el que más se asemeja al amor divino, es el amor maternal, porque en él existe desinterés, abnegación y el ideal de hacer la felicidad del hijo aun a costa del sacrificio.

Sólo la bondad puede dar paz, alegría, salud, saber; por lo tanto, el que sea abundante en amor, tendrá que ser grande en espíritu. Os he dicho que de la abundancia de buenos sentimientos hablará vuestro corazón.

El amor os dará la sabiduría para entender la verdad que otros buscan inútilmente por el camino de la ciencia. Si lleváis amor en el espíritu, tendréis el cielo dentro de vosotros. Si aprendéis de Mí con amor en el corazón, es imposible que os equivoquéis.

Cuando contemplo a los moradores de este mundo, veo que todos los pueblos conocen mi nombre, que millones de hombres pronuncian mis palabras y sin embargo, no veo amor de los unos a los otros.

Por eso os enseño a amar, para que conozcáis el secreto de la vida. Sed generosos, para que vuestro amor sea un canto que alegre el corazón de los tristes. Sabed también que por los sentimientos del corazón se adquiere sabiduría. El que por amor procura ser útil a sus semejantes, se consagra al bien en cualquiera de las múltiples sendas que ofrece la vida.

Es en vano que los hombres traten de encontrar la solución a sus problemas por otros medios; inútilmente querrán establecer la paz en el mundo, si ella no está cimentada en el amor de los unos hacia los otros. Amad a vuestro Dios y amad a vuestros semejantes, porque en ello radica la comprensión universal.

Cuando os he dicho: «Amadme», ¿sabéis qué es lo que quiero deciros? Amad la verdad, amad la vida, amad la luz, amaos los unos a los otros, amad la vida verdadera.

Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará.

Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor. (1ª de Corintios 13:1-13)

No sentís amor por vuestros semejantes y es por eso que continuamente el dolor os aqueja. Habéis olvidado mi mandamiento que os dice: «Amaos los unos a los otros» el cual os enseña la más grande de todas las sabidurías.

¿Cómo podréis decir que amáis a vuestro Dios, si antes no le habéis amado en vuestros hermanos?

«Amaos los unos a los otros», he ahí mi mandamiento supremo para la humanidad, sin distinción de credo o de religión.

El amor

EL AMOR

Escucho a los hombres hablar de ley, de justicia, de paz, de igualdad y fraternidad. Y Yo os digo, que donde no haya amor, no habrá verdad ni justicia y mucho menos paz.

El amor es la esencia de mi Espíritu, de él surgió toda la Creación: es el principio y fin de toda mi Obra.

¡Con cuánta ternura desciendo entre vosotros, sin detenerme a juzgar vuestras faltas! En mi Amor se lava el que lleva alguna mancha, se redime el pecador y despierta el que duerme.

¡Amadme siempre, no cambiéis del amor a la frialdad! Quiero contemplaros siempre creyentes, siempre elevados espiritualmente.

Un solo idioma os doy para que extendáis mi Palabra: el del amor espiritual, el cual será entendido por todos los hombres. Un lenguaje dulce al oído y grato al corazón, que irá derribando piedra por piedra la torre de Babel, porque todos os entenderéis como hermanos.

Yo os digo que en la medida que améis, será la fuerza y la luz que poseáis. Levantaos a una vida útil y fecunda. Ayer no erais capaces de dirigir vuestros propios pasos, ahora podréis guiar multitudes.

La vida de Jesús, que estuvo tan cerca de vosotros en aquel tiempo, ha sido un ejemplo para los hombres de todas las Eras. En una frase sencilla, os dejó el más grande precepto, que encierra el secreto de la felicidad: amaos los unos a los otros. Llegará la hora en que todos los hombres se unifiquen en la verdad de este mandamiento.

Mi Doctrina os hace sentirme próximo, como un Padre amoroso y no como un Dios lejano, que es como me contempla la mayor parte de la humanidad.

Mi Amor se extiende sobre vosotros, como la alondra que abre sus alas para cubrir a sus polluelos.

Quien no me ama con elevación y pureza, carece del verdadero saber; en cambio el que lo hace con todas las potencias de su espíritu, ése llevará en sí la luz de la sabiduría y sentirá que es dueño de su destino.

El amor y la sabiduría jamás están separados, pues el uno es parte de la otra. ¿Cómo es que el hombre pretende apartarlos, si ambos son la llave que abrirá las puertas del Arcano, para poder penetrar en la esencia de mi Palabra? Quien me ame en verdad, llegará a ser el sabio que comprenda primero al mundo y después abarque al Universo. En el amor está mi Sabiduría, mi Fuerza y mi Verdad.

En todos los tiempos habéis tenido guías en el mundo que os han enseñado, a través de la sabiduría, la fuerza del amor. Han venido a daros ejemplo de virtud y humildad, al cambiar su vida de errores y pecados, por una existencia consagrada al bien y a la caridad.

Si me tenéis por poderoso, mi Poder está fincado en el amor. Si me reconocéis como Juez, mi Justicia se basa también en el amor. Si sabéis que soy eterno, mi Eternidad proviene del amor, que es vida y hace inmortales a los espíritus.

Saturaos de amor, sentidlo espiritualmente para que así lo manifestéis a vuestros hermanos. Todo será renovado, para que las nuevas generaciones encuentren la tierra preparada para el cumplimiento de su misión espiritual.

Ya os encontráis en el tiempo en que los hombres sienten la inquietud de conocer la vida espiritual.

Espiritualizaos y no necesitaréis de los bienes de la Tierra para impartir la caridad. Ved cómo de este pueblo de menesterosos y humildes, he entresacado a mis discípulos, convirtiéndolos en consejeros, doctores y confidentes de los que sufren. De su amor ha brotado inagotablemente el bálsamo de curación, de sus labios antes torpes, ha surgido la palabra de luz que orienta, regenera y convence.

Yo os he enseñado el amor desinteresado. Os he mostrado mi Amor de padre, de amigo y de hermano. Así quiero que os améis, que sintáis por vuestro semejante verdadera caridad, que levantéis al caído, que perdonéis siempre. No escojáis a quiénes amar, hacedlo con todos sin distinción alguna.

Quiero que también me améis en la obra perfecta de mi Creación: en el agua cristalina de los arroyuelos, en el verdor de los campos, en el aire que acaricia vuestras mejillas, en el firmamento saturado de estrellas. Bendecidlo todo en el nombre del Padre Creador. Bendecir es sentir el bien, es impregnarlo todo de pensamientos de amor.

Si los rayos del sol os han quemado, venid a descansar bajo la sombra de este árbol. Aquí vengo a revelaros el poder del amor que redime, purifica y da paz, el que aproxima a los unos y a los otros: el que os acerca al Creador para fundiros en la armonía Universal, en la que se unirán todos los seres en una sola familia.

Hoy he venido a revelaros un amor que está más allá de lo humano, más allá del amor por los vuestros, por la patria y por vosotros, el que unirá a todos los hombres, a todos los espíritus y a todos los mundos.

Por medio de él, lograréis la comunicación con todos los seres; ante él, desaparecerán las diferencias de razas, lenguas y linajes y aun las que existen en la escala de evolución espiritual. Quiero que vuestro amor llegue a ser Universal, que germine primero en vosotros y después lo llevéis a todo lo creado.

Mucho os he hablado de amor, mas grabad en vuestro corazón la lección de este día: El amor Universal.

Acercaos a Mí, hijos amados, descansad de vuestro peregrinaje. Mis brazos se abren para estrecharos: descansad en ellos. Llegáis ante el Padre en busca de calor. Soy vuestro confidente, depositad en Mí vuestras cuitas, amarguras e inquietudes; me complazco escuchando hasta el más íntimo latido de vuestro corazón. Mucho habéis bebido el cáliz de amargura, ahora tomad leche y miel que vengo a ofreceros en esta Palabra.

¿Por qué os hablo así, hijos míos? Porque os amo, porque quiero ver en vuestra faz la sonrisa y en vuestro espíritu la paz. Vengo a consolaros, a sanaros y a perdonaros. Lo mismo tengo caridad para el ferviente que para el incrédulo.

Venid a Mí si estáis cansados. Vengo a libraros del pesado fardo que lleváis, para que carguéis en su lugar la cruz del cumplimiento de mi Ley de Amor.

Al enfermo que ha perdido toda esperanza de salud, lo sano y lo levanto a la vida verdadera. Derramo en él el bálsamo, aquél que sana todos los males y brota del amor. Sanad en Mí, olvidad pesares y amad.

Quien tiene amor, lo tiene todo: quien dice amor, lo dice todo. Niñez bendita: conozco vuestra oración y escucho vuestro lenguaje. No os toman en cuenta los mayores, porque os juzgan pequeños y débiles, ignorando al espíritu que habita en vosotros. Dejad que los niños vengan a Mí, os vuelvo a decir. Dejad que los jóvenes se acerquen al Maestro a recibir la lección.

Doncellas: Yo os comprendo. Vuestro corazón se ha abierto a la vida, como se abre la corola de las flores. Soñáis con el amor, con la ternura y la dicha. A esto os digo: bien está que soñéis, pero debéis prepararos para cumplir la sublime misión que os espera. Mucho tenéis que fortaleceros para cumplir vuestro destino: la maternidad; pero si vuestro corazón ama, hallaréis el báculo y el consuelo para vuestra jornada.

Ancianidad: os encontráis doblegada bajo el peso del tiempo y de la lucha. Vuestros labios callan, vuestro corazón se entristece. Mucho habéis aprendido en el camino de la vida, pero no podéis aspirar ya a las glorias del mundo, porque la juventud quedó atrás y sólo ponéis la esperanza en la vida espiritual. Os sentís inútiles, pero sabéis que en vuestro corazón arde una luz y existe un libro: el de vuestra experiencia. Conversad conmigo, mirad cómo os envuelve mi Amor. Tiempo ha que estoy llamando a vuestra puerta, reconoced mi Voz por su dulzura, no os aletarguéis y al abrir encontréis que estáis al final del camino y que vuestro tiempo ha terminado. Esperad con preparación la hora del llamado, pero no os inquietéis; en el Más Allá os espera una nueva vida: la juventud eterna. Lo que habéis labrado espiritualmente en la Tierra lo guardaré en mi granero, como parte de vuestra cosecha.

Pecadores: llorad ante el Maestro, para que vuestras lágrimas de arrepentimiento os purifiquen; pero que ese llanto sea verdadero, como lo fue en Magdalena y se convierta en amor como el de aquella pecadora arrepentida.

Humanidad: buscad la gloria en mi Amor, porque de él se derivan todas las virtudes. Sólo la bondad puede daros paz, alegría y verdadero saber. Velad y orad. Mi Amor os acompaña eternamente. Venid a Mí, hambrientos y sedientos de justicia, enfermos, pobres de espíritu e incomprendidos. Venid los tristes que anhelan la ternura, los que habéis sufrido el maltrato de vuestros semejantes. Yo os haré sentir la ternura de mi Palabra y apartaré vuestro dolor para convertiros en los hijos de la paz y de la fe. A todos recibo.

No penséis que sois débiles, sois el mismo pueblo de los tiempos pasados. Pueblo fuerte, valeroso, barquilla salvadora para el náufrago; buen compañero de viaje, amigo y ejemplo para vuestros hermanos. A vosotros os he confiado siempre la misión de amar.

El cincel de mi Palabra pule y da forma a vuestro corazón. Estoy escribiendo en él la palabra amor, aquélla que será vuestra mejor defensa y os llevará a todos al Reino de la luz.

Yo soy vuestro Padre y en mi Amor infinito no distingo a ninguno de vosotros. No hay seres desamparados sobre la Tierra. No debéis temer a la miseria, ésta es pasajera si sabéis orar y tener paciencia como Job. Volverá la abundancia y no tendréis palabras con qué darme gracias.

Hay quienes me dicen: Padre, ¿cómo podré ser tu discípulo si soy un ser insignificante que vive sólo entregado al trabajo material? A ellos les digo: Aun dentro de ese trabajo aparentemente sin importancia, podéis amar a vuestros semejantes, si lo hacéis con el deseo de servirlos. Cuando cada hombre trabaje con la idea de hacer el bien y de unir su esfuerzo al de los demás, desaparecerá la miseria y será hermosa la vida de mis hijos.

Todos debéis saber que nadie puede bastarse a sí mismo, porque necesita de los demás. Todos estáis ligados íntimamente a una misión Universal que debéis cumplir unidos, pero no sólo por deberes materiales, sino por altos ideales, por verdadero amor. El fruto será entonces en beneficio de todos.

Soy el sembrador de amor y vosotros mis tierras de labranza. Quiero que aprendáis a amar, que ese sentimiento convertido en piedad os lleve a los enfermos, a los necesitados de consuelo, a los que han perdido la fe.

Preparad vuestro corazón a semejanza de una fuente. Recibid mi Amor que es como agua cristalina y desbordadlo a través de vuestras obras.

Me preguntáis cómo he podido descender hasta vosotros. ¡Ah, hijos míos! ¿No habéis visto alguna vez a una madre descender a la sórdida prisión donde un hijo implora su presencia? Sólo ella podría deciros cómo escuchó la voz del hijo extraviado que la llamaba, esperando sentir su ternura y confiando en que alcanzaría su perdón.

Si las aves en los campos, las flores en los valles y aun las rocas en las entrañas de la tierra, reciben el efluvio de amor y vida de su Padre, ¿cómo podéis pensar que os niegue la gracia de mi Amor, cuando lleváis en vuestro ser un fragmento de mi Espíritu?

Yo, en quien se resumen todos los amores. ¿Podría permanecer insensible al clamor de vuestro espíritu? Vengo a daros todo lo necesario para vuestro bien. Quiero que aprendáis a conversar conmigo.

Vengo a escuchar vuestras peticiones y hasta la más débil de vuestras quejas. Mas no penséis que sólo a vosotros he venido, porque el clamor de la humanidad llega a la altura de mi Solio como un grito angustioso, implorando ayuda. Yo desciendo hacia todos.

Vienen a oírme los que han burlado las leyes Divinas y humanas, lo que han apagado la fe de los corazones. Mi palabra ha tocado la fibra más sensible de su corazón y se han regenerado. Es el milagro del amor, no tan solo de la palabra, porque cuántas veces los hombres han hablado en forma más florida que estos humildes portavoces, pero la esencia de estas palabras, sólo del Amor Divino puede brotar.

Cuando Yo debiera ser vuestro primer amor, me dejáis al último, porque los amores terrenos, las ilusiones y pasiones, os alejan de Mí.

Habéis creído amarme sobre todo lo creado y tendréis que convenceros de que me habéis dejado como vuestro último amor.

¡Oh, humanidad, creación bendita, si supieseis cómo os ama vuestro Padre! Os perdéis y vengo en busca de vosotros; me buscáis y os abro las puertas de salvación; me llamáis y respondo al instante. Mas si no me sentís, ni me escucháis, ni me veis, es que no os habéis preparado.

¿Hasta cuándo haréis uso del poder del amor? Muchas de las obras que el hombre me muestra y a las cuales ha consagrado su vida, su fuerza y su orgullo, no tienen como principio el amor y la justicia, y toda obra que no tenga esas bases, será destruida y sólo dejará como fruto la luz de la experiencia.

Ved que os amo infinitamente, porque Yo sé que detrás de un pecador, está un espíritu que necesita luz y que al encontrarme, ya no se perderá jamás.

¡Levantaos, humanidad, éste es el camino y la razón de vuestra vida!

¡Uníos pueblos con pueblos, amaos todos! ¡Cuán delgado es el muro que divide un hogar de otro, y sin embargo cuán distantes espiritualmente se encuentran sus moradores! Y en las fronteras de vuestras naciones. ¡Cuántas condiciones para dejar pasar al que llamáis extranjero! Y si esto hacéis entre humanos, ¿qué habéis hecho con los que se encuentran en el Valle Espiritual? Habéis puesto entre ellos y vosotros un velo de olvido o una densa niebla que os mantiene separados. A ellos, amadlos también.

He alimentado a vuestro espíritu con el pan de los ángeles y a vuestra materia con los frutos de la naturaleza. Habéis tenido oportunidad de venir a la Tierra a concluir una labor empezada, para perfeccionar vuestro espíritu. Todo os lo he dado, porque os amo y quiero que estéis conmigo en la vida de perfección.

Este mensaje de amor y caridad, que os he traído en el tiempo propicio para vuestra salvación, en su oportunidad lo daréis a conocer a la humanidad.

Al espíritu le corresponden los más elevados y puros amores, mas también en la materia deposité un corazón para que amara y le di sentidos para que a través de ellos gozara de cuanto le rodea. El amor humano es bendecido por Mí, cuando está inspirado por el espíritu. Por eso os he dicho que de las uniones plenas de comprensión espiritual, brotarán buenos frutos.

El amor es el idioma universal del espíritu, pero también el amor humano habla con pensamientos y hechos, sin necesidad de palabras. Si esto hacen ahora los hombres, ¿cómo será su lenguaje espiritual cuando se hayan perfeccionado?

Yo confié al espíritu la vida humana para poner a prueba su amor: para eso formé al hombre y a la mujer. Sólo unidos en el amor podrán ser fuertes y felices y para ello instituí el matrimonio.

Vuestro espíritu se sirve de la materia para amar en el mundo, pero si amáis sólo por la ley de la naturaleza, vuestro amor será pasajero, limitado: mas si lo hacéis espiritualmente, ese sentimiento se asemejará al del Padre, que es eterno e infinito.

Del amor que os he dado, pocas pruebas me presentáis. De todos los afectos humanos el que más se acerca al amor Divino es el maternal, porque en él existen el desinterés, la abnegación y el sacrificio.

No os extrañéis si mi Amor, a pesar de vuestras imperfecciones, os siga por doquier. Todos sois mis hijos. En este mundo habéis tenido un reflejo del amor Divino en el amor de vuestros padres: a ellos respetad y obedeced.

Amad, humanidad, aunque sea a vuestra manera, pero amad siempre. Quiero igualdad entre mis hijos, como la prediqué en el Segundo Tiempo, pero no como la conciben los hombres: Yo les inspiro la igualdad por el amor, haciéndoles comprender que todos son hermanos, hijos de un mismo Padre.

Es verdad que el camino que os he trazado no es una senda placentera, sino una vida de renunciaciones, pero no es de sacrificio. Entregar amor y caridad no significa dolor, sino alegría y vida para el espíritu. Yo os ofrezco ese deleite para que conozcáis el verdadero placer espiritual.

Amad a vuestros semejantes, con el mismo amor que he venido a enseñaros sabiendo que procedéis de Mí, que habéis sido formados de la misma esencia. Así como en el principio habéis estado en el Padre, en el final también lo estaréis.

De vuestras obras buenas tomo sus méritos, aun de aquéllas que consideráis muy pequeñas, porque sólo Yo puedo juzgar su verdadero valor. El que ama y sirve a la humanidad, me está amando y sirviendo.

En vuestro mundo, donde tanto se ha combatido el bien, donde se ha profanado lo más sagrado y se ha rechazado lo lícito y justo, se establecerá la Ley del amor y el hombre tendrá su justa compensación al recobrar el supremo don del espíritu: la paz.

Venid a Mí los que traéis una pena escondida en el corazón. Meditad y orad para que os fortalezcáis en el propósito de perdonar, si os sentís ofendidos.

El perdón, que nace del amor, posee una fuerza poderosa para convertir, regenerar y transformar al pecador en virtuoso.

Aprended a perdonar y tendréis en vuestro mundo el principio del reinado de la paz. Si mil veces fuese necesario perdonar, mil veces debéis hacerlo. Una reconciliación oportuna, evita que apuréis el cáliz de amargura.

Si vuestro hermano os ofendió, perdonadle, tal vez no sepa lo que ha hecho. En cambio, si vosotros que lleváis la luz de mi Enseñanza aún ofendéis, no podréis decir que sois inocentes.

¿Por qué os hacéis justicia y ocupáis mi lugar de Juez? El único que sabe aquilatar vuestras obras, es el Padre. Si queréis apartar de vuestro hermano las manchas que lleva en su espíritu, antes tenéis que desmancharos. Si queréis ser perdonados, antes debéis perdonar.

No miréis enemigos sino hermanos en todos los que os rodean. No pidáis castigo para nadie; sed indulgentes para que deis ejemplo y no haya remordimiento en vuestro espíritu. Cerrad vuestros labios y dejad que Yo juzgue vuestra causa.

En verdad os digo, que la humanidad en este tiempo no conoce la fuerza del perdón y los milagros que obra. Cuando tenga fe en mi Palabra, se convencerá de esta verdad.

En Jesús, el mundo vio a un padre que todo lo da por sus hijos, sin pedir nada a cambio; un padre que perdona con infinito amor las más grandes ofensas, sin ejercer nunca venganza y en lugar de quitarle la vida al hijo que le ofende, le perdona y le traza el camino de su redención.

Yo dije en la cruz: ¡Perdónales, Padre, que no saben lo que hacen! Hoy vuelvo a decir al hombre, que aún no sabe lo que hace.

¡Cuántos milagros se operaron bajo el influjo del perdón del Maestro! Es que su perdón era verdadero y su juicio perfecto. Pero ya os he dicho que debéis comprender que mi Perdón no os evita las consecuencias de vuestras faltas, porque los errores son vuestros. Mi Perdón os estimula, os consuela, para que al fin vengáis a Mí y os reciba en mi regazo. No olvidéis que la mancha a pesar del perdón, queda impresa en vuestro espíritu y vosotros tendréis que lavarla con méritos, para corresponder así a mi amoroso perdón.

Muchos que han recibido una ofensa, se han ofuscado y han devuelto golpe por golpe. Los ha vencido la tentación. Otros, cuando han sido ofendidos, han callado sus labios y contenido sus impulsos, y me han dicho: Señor, me han ofendido, pero antes que vengarme, he perdonado. Mas Yo he descubierto en ellos el deseo de que mi Justicia se descargue sobre su hermano. Estos, se encuentran en plena lucha. Pero los que a imitación de Jesús, al ser ofendidos, se elevan a Mí con sincero amor y me dicen: -Señor, perdónales, me han herido, pero te pido les entregues tu caridad; éstos, han vencido y Yo les bendigo.

Cuando sepáis recibir el golpe en la mejilla derecha y en señal de perdón, amor y humildad, presentéis la izquierda a vuestro ofensor, ya podéis confiar en que comenzáis a ser mis discípulos. Hasta que surja el perdón entre los hombres, cesarán sus guerras fratricidas y nacerá la unión entre las naciones.

Bendito aquél que soporte con fortaleza la humillación y sepa perdonar a quien lo ha ofendido, porque Yo lo justificaré, mas ¡Ay, de los que juzgan los actos de sus hermanos, porque ellos a su vez serán juzgados!

Ahora bien, cuando al ser ofendido devolvéis el golpe y ambos se arrepienten, no retengáis por orgullo vuestra mano, sed el primero en tenderla como prueba de humildad. Y no temáis humillaros, porque Yo os digo el que tal cosa hiciere en el mundo, será ensalzado en el cielo.

No sabéis si ese perdón sea el precio de vuestra salvación. Hoy vengo a deciros: ¿No quisierais al menos una vez en vuestra existencia, llevar a la práctica el perdón, a fin de que os deis cuenta de los milagros que él opera? En verdad os digo que en el mismo instante en que otorguéis el perdón a quien os haya ofendido, sentiréis mi paz en plenitud, porque en ese momento vuestro espíritu se habrá unido al mío y Yo extenderé mi manto para cubriros con mi Amor.

No juzguéis a vuestro hermano, antes conoceos vosotros mismos, y si encontráis alguna mancha, limpiadla. Sólo tendrá derecho a juzgar aquél que lo haga con amor y sepa corregir y enseñar. Sólo Yo puedo juzgaros, porque en vuestro mundo no encuentro a un solo justo que sepa hacerlo.

Si el asesino de vuestro padre se viera perseguido por la justicia humana y llamara a vuestra puerta pidiéndoos protección, ¿le concederíais albergue sin delatarle, en señal de perdón? Ésa es la prueba que pido ahora, al que quiera ser discípulo del Espíritu Santo en este tiempo.

Yo bendeciré a mis discípulos cada vez que perdonen y colmaré de bendiciones a quienes hayan sido perdonados por vosotros.

El acto de perdonar encierra nobleza, amor y comprensión. Ya sabéis entonces cómo debéis comportaros en vuestra vida, si queréis ser verdaderamente los hijos de la luz.

El perfeccionamiento del espíritu se alcanza en la práctica del amor, que es un compendio de todos los atributos de mi Divinidad.

El amor debe brotar natural y espontáneamente, germinar y florecer. Así como los frutos de la tierra llevan dentro la semilla como germen de vida, así en el espíritu el amor es germen de eternidad. He ahí que vosotros nacisteis y existís por amor y sois perdonados por amor.

A los hombres que quieren ser poderosos por la fuerza material, voy a demostrarles que sólo por la bondad, que es emanación del amor, se puede ser grande en verdad. La verdadera paz está cimentada en el amor.

El corazón del pecador es más sensible al toque de mi Palabra. Ha pecado, porque en su vida le ha faltado amor, pero cuando ha escuchado mi Voz que le perdona y sana sus heridas, siente el llamado Divino y experimenta la presencia de su Maestro. Así van por el mundo muchos hombres que buscan una luz redentora, un consuelo para su pena, una frase que alivie su dolor. Buscan a alguien que los encamine a una vida mejor, mas no lo encuentran en el mundo y se encierran en si mismos. Esos corazones sólo los abre la llave del amor que Yo poseo y vengo a confiar a todo aquel que me diga: – Maestro, quiero seguirte.

Dejad que el Maestro os guíe en todos vuestros actos, palabras y pensamientos. Seguid su ejemplo y el amor Divino se manifestará en vosotros. ¡Oh, varones y mujeres del mundo, que habéis olvidado lo único que puede haceros sabios y felices: el amor, que todo lo inspira, que todo lo puede y lo transforma! Vivís dentro del dolor, porque no practicáis el amor que vengo a enseñaros. Hay quienes me aman y no lo saben; otros creen amarme y de ello hacen alarde, y no me aman.

He aquí el camino, venid por él y os salvaréis. En verdad os digo, que no es menester haberme escuchado en este tiempo para alcanzar la salvación. todo hombre que en su vida practique mi Ley, dará testimonio de Mí con sus obras y Yo le recibiré.

No espere vuestro espíritu recoger en el mundo recompensa a sus buenas obras, porque no habéis venido a la Tierra a recibir amor, sino a sembrarlo. Toda semilla que sembréis con amor, la recibiréis multiplicada.

Amad, desechad el odio, sed clementes con vuestros semejantes; practicad la caridad y me estaréis sirviendo. Voy a hacer llegar a todas las naciones mi Doctrina.

Todo está dispuesto para que mis designios se realicen y la prueba más grande de mi Poder, será la de transformar el egoísmo y el odio de los hombres en sincero amor.

¡Mi paz sea con vosotros!

El amor verdadero

Libro de la Vida Verdadera

El amor verdadero

¿Qué venís a pedirme y por quién lloráis? Me decís, que así me buscáis y sabéis pedirme con humildad por vuestros seres queridos y por aquellos que, sin perteneceros por la sangre, les amáis tiernamente y os preocupáis por su adelanto espiritual. Me pedís por los que viven en el cautiverio purgando una condena y por los que siendo inocentes también se encuentran recluidos. Oráis por los enfermos que lejos del hogar se encuentran sufriendo. Ese deseo nace en vosotros, porque empezáis a amar y vais encontrando en ese sentimiento el supremo goce. Inspiraos en el AMOR para realizar todas vuestras obras y ellas tendrán esencia espiritual. 1-8-36

Buscad a los que os aman y a los que os aborrecen, amad a la vida que habéis llamado cruel, sin saber que es como un libro abierto lleno de sabiduría para vosotros. 1-11-50

Para vosotros el amor es una bella palabra, pero hasta hoy no habéis penetrado a su verdadero sentido. 1-12-43 Leer Más

¿Qué es la verdad?

La Verdad_absoluta

La Verdad absoluta del Padre no está contenida en ningún libro; aquella Verdad que abarca toda Su sabiduría, la revela como ha de menester en el preciso momento con sus hijos. Mas la Verdad primordial de toda su sabiduría, nos la reveló al hacerse hombre: EL AMOR.

“Yo Soy el que Soy”; en nuestro Padre se abarca la Verdad misma, y Él es quien con Su sabiduría nos ha guiado siempre de tiempo en tiempo a la perfección espiritual, a la cual todos los espíritus estamos destinados a cumplir y pertenecer. En la lucha espiritual del hombre esa Verdad nos instruye para lograr la paz de nuestro espíritu, que es semejante como cosechar el Reino de los Cielos en nuestro propio ser. Leer Más

La caridad y el amor espiritual

La caridad y el amor espiritual

La caridad es el reflejo del espíritu que se manifiesta en amor por un hermano suyo. Es el sentimiento que enaltece nuestro ser cuando es practicada por él.

La caridad va más allá del razonamiento humano, es el lenguaje del corazón que se manifiesta en un acto de bondad y ayuda para el que la pide o deseamos dar, y por la cual uno y otro nos elevamos en el Amor de los unos a los otros.

La caridad es lo más elevado que puede dar nuestro espíritu, lo más noble y la más bella expresión de nuestro amor nacido de un verdadero y sublime sentimiento por el bien de un hijo de Dios. Leer Más

Espiritualismo y Espiritualidad 1

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Espiritualismo es la Doctrina del espíritu.

Es la Doctrina que enseña al hombre el conocimiento de sí mismo, de su principio y la finalidad de su existencia terrenal. Que le enseña al espíritu a descubrir sus dones, sus virtudes, sus facultades y potencias espirituales. Que enseña al hombre a transitar en su mundo terrenal, viendo en cada ser humano no solamente su parte material, sino mucho más importante al ser espiritual que lleva dentro y que es semejante a su Dios.

Espiritualismo es la ciencia que hace sentir al hombre la presencia de su Creador en todo y en todas partes, en sí mismo. Es la Doctrina que hace despertar al espíritu de la noche angustiosa de su desesperación y de su muerte. Es el conocimiento que debería de llevar consigo mismo para alumbrar su camino. Leer Más

Espiritualismo y Espiritualidad 2

Espiritualidad es el canto del espíritu, el himno que glorifica su triunfo cuando ha vencido sobre sus pasiones terrestres. Es un himno de paz y de alegría que guarda eternamente al haber conseguido armonizar con la Creación.
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¡Cuántos vagan en las penumbras de la noche porque no dan cabida a la luz de la verdadera vida que otorga la sabiduría divina! ¡Cuántos seres van y vienen a este Valle, ya que aún no han logrado cumplir para con sus espíritus! Mas llega el momento en que se encumbren a la montaña y vislumbren su triunfo espiritual.
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Espiritualidad es la armonía que logra el espíritu con su naturaleza material; es saber el encumbrarse a la perfección paso a paso al dar al mundo lo que le corresponde y a Dios lo que le pertenece. Es una armonía en que las tres naturalezas que está formado el hombre dan como culto, la verdadera obra: El Amor espiritual.