La Doctrina Espiritual
LA DOCTRINA ESPIRITUAL
Os fue prometido el Espíritu de Verdad para que os esclareciera las lecciones pasadas. Hoy he venido a entregaros todo lo que corresponde a este tiempo.
Estoy llamando a las puertas del corazón del hombre. A unos los encuentro preparados, a otros durmiendo, porque se han estacionado en las distintas doctrinas y se han desviado del camino. Mas ha llegado el tiempo en que mi campana sonora hace el llamado a todos.
El único Mesías es el que hoy os habla, a través de estos portavoces por los que os transmito mi Palabra. No os sorprendáis cuando os digo, que esta Doctrina regirá los destinos de la humanidad.
Las revelaciones Divinas, la Ley, mi Doctrina y mis Manifestaciones, os han dado a entender, desde el principio que el hombre es un ser sujeto a evolución.
Yo os digo que aquella doctrina que despierte al espíritu, que haga luz en él, que lo desarrolle y le revele sus atributos, que lo levante cada vez que tropiece y lo haga caminar hacia adelante sin detenerse, esa doctrina estará inspirada en la verdad.
No vengo creando una nueva religión entre vosotros, ni esta Doctrina viene a desconocer a las religiones existentes. Es mi Palabra un mensaje de Amor Divino para todos y un llamado a los espíritus.
Quien comprenda el propósito Divino y cumpla mis Preceptos, se sentirá guiado hacia el progreso y el mejoramiento de su espíritu; mientras el mundo no penetre en la senda de la espiritualidad, la paz estará muy lejos de ser una realidad.
Os he dado una Doctrina, que a través de los tiempos os he venido explicando, para que rija como ley vuestra vida humana y afirme a vuestro espíritu en el camino que conduce a la vida eterna.
De mi Ley, que es semejante a un árbol, los hombres han cortado ramas que son las sectas y religiones, las cuales al quedar desprendidas han perdido su savia y su sombra ha sido escasa.
Hoy vengo a deciros que no os he revelado mi Doctrina sólo para que viváis bien en la Tierra: Ella es el camino que conduce al espíritu a la parte más alta, a las regiones más elevadas del amor, de la sabiduría y la armonía con todos los seres.
Las religiones no han cumplido con la misión de conducir a los espíritus a los umbrales de la eternidad, para su perfeccionamiento. El espíritu ignora el camino que ha de recorrer al desprenderse de este mundo, tropieza por falta de luz y busca nuevamente la vida que dejó.
La enseñanza que Yo os he traído, es un camino de luz, de revelación, de profunda sabiduría para todos, de caridad y amor. Para no desviarse del sendero se requiere de sacrificio, de renunciación y perseverancia Soy el Consolador prometido, el Espíritu de Verdad anunciado, que vendría a decíroslo todo. La preparación se ha iniciado ya y llegan los tiempos en que seréis aquellos que, teniendo fuerza en el espíritu, guíen a sus hermanos con nobleza y sencillez en su corazón.
Hoy desciende mi Luz en forma vibrante e inspiradora a manifestarse en palabra humana, la que se ha convertido en Doctrina que os ayuda a la elevación de vuestro espíritu, por lo que la habéis llamado ESPIRITUALISMO. Pero nunca os detengáis en nombres o definiciones, lo importante de mi Doctrina es su esencia y su verdad.
Me preguntáis, ¿qué pretendo al manifestarme a la humanidad en este tiempo? Y Yo os contesto: lo que busco es vuestro despertar a la luz, vuestra espiritualidad y unificación, porque mientras unos han procurado los tesoros del espíritu, otros se han consagrado a amar las riquezas del mundo: espiritualismo y materialismo en pugna constante, espiritualistas y materialistas que nunca han podido entenderse entre sí…
Esta Doctrina no es una teoría, es una enseñanza práctica, tanto para la vida humana, como para la del espíritu. No busquéis otra enseñanza más completa y perfecta. Os acompaña desde antes de llegar a la Tierra, os sigue a través de la jornada sobre este mundo y se funde con vuestro espíritu cuando él se eleva a su siguiente morada. Es el camino trazado al hombre, por el cual llegará a conocer, servir y amar a su Creador; es el libro que enseña a amar al Padre en sus propios semejantes, es la Ley que dicta lo puro, lo bueno, lo perfecto.
También os digo: mi Palabra no sólo habla al espíritu, también a la mente, a la razón y aun a los sentidos. Así como os enseño a vivir espiritualmente, vengo a hacer luz en toda ciencia y conocimiento; llego al corazón del hombre para inspirarlo a vivir en este planeta una vida grata, digna y provechosa.
Discípulos: esta Doctrina no necesita de ritos ni ceremonias. La figura, la expresión, la forma, el objeto que necesitabais para impresionar vuestros sentidos, han quedado aparte, porque mi Palabra tiene la suficiente fuerza para que os elevéis hacia la perfección.
Éste es el tiempo en que todo entendimiento y espíritu recibirán mi Luz. Las religiones y doctrinas alcanzarán la completa lucidez en su seno y os sorprenderéis, cuando veáis los pasos de espiritualidad que darán vuestros hermanos sin haber escuchado esta palabra.
Mi obra espiritual es la Doctrina que sin saber anhela la humanidad, porque encierra el amor, la paz, la luz y la justicia, de todo lo cual tienen hambre y sed los hombres; no os lleva al misticismo ni al fanatismo, simplemente os aconseja la simplificación del culto a Dios y la más pura elevación del espíritu.
He aquí los cambios que se verificarán por causa de mi Doctrina: El poder material quedará aniquilado, la ciencia confundida, la soberbia humillada y las pasiones retenidas.
El espíritu de la humanidad, que ya se encuentra desarrollado, pronto comprenderá y asimilará las revelaciones de mi Doctrina. Detrás del materialismo, de los intereses y vanidades, se encuentra el espíritu que está en espera de mi llegada.
Cuando vayáis al mundo, procurad que la semilla que sembréis sea pura como Yo os la he confiado. Encontraréis hombres que piensan de modo diferente al de vosotros, que sienten y viven en forma distinta y que además, sus costumbres y leyes, sus doctrinas y ritos, tienen raíces muy profundas en su corazón. Entregad la simiente sin distinción alguna.
Vendrá la lucha de ideas y doctrinas. Unas se apegarán en parte a mi Ley, otras se apartarán por completo de estos principios. Yo permitiré que se enfrenten unas a otras y luchen. En esa contienda veréis a las grandes religiones usar más de la fuerza y la injusticia que del amor y la caridad: la derrota será en todas, porque la verdad tiene sus propias armas para defenderse, que están dentro de la misma verdad. Y cuando de los hombres surja esta pregunta: ¿En dónde está la verdad? Responderéis vosotros: En el amor.
En todas partes del mundo están diseminados los discípulos del Espíritu Santo, hombres preparados que contribuyen a lograr la paz de la humanidad. Mas os digo que la unión entre ellos, no se hará por medio de la organización de una nueva iglesia, porque su fuerza y unión serán de pensamiento, de ideal y de obras, y de esta manera serán invencibles porque la fuerza la habrán tomado de mi Espíritu.
Discípulos: Si mi venida fue anunciada que sería en medio de guerras y elementos desatados, es porque mi Presencia había de ser oportuna en horas de crisis para la humanidad. Y aquí tenéis el cumplimiento de cuanto os dije de mi nueva venida. Vengo a los hombres cuando un mundo agoniza y en sus estertores estremece y sacude la Tierra, para dar paso a una nueva humanidad. Por ello mi llamado en el Tercer Tiempo es de amor, amor que encierra e inspira justicia, fraternidad y paz.
Esta es la Doctrina que vengo sembrando en el corazón del pueblo Espiritualista Trinitario Mariano. Espiritualista, porque recibe la luz de mi Espíritu, que lo eleva sobre todo lo humano; Trinitario, porque me reconoce bajo las tres fases en las que me he manifestado a la humanidad, y Mariano, porque busca y ama a María como Ternura Divina, como escala que lo eleva hacia el Padre, como la intercesora que lo conforta, consuela y purifica.
Por eso cuando os pregunten qué quiere decir Espiritualismo, decid que es la Doctrina del Espíritu Santo, la Doctrina de la Espiritualidad. Y si os preguntan qué es Espiritualidad, decid que es elevación de pensamiento, limpieza en las obras y en las palabras, vida elevada y generosa.
Yo os he enseñado a buscar la verdad en la sencillez. Los que viven estudiando las escrituras de los tiempos pasados y que se han dividido en sectas y congregaciones, debido a las diferentes formas de interpretación, encontrarán en la espiritualidad la verdadera esencia que nunca habían contemplado.
Bajo la sombra de mi Doctrina no se construirán tronos, desde los cuales puedan los hombres juzgar o dominar a los espíritus de sus hermanos. Sólo Yo puedo juzgar con justicia perfecta a un espíritu.
Preparad vuestro entendimiento para que analicéis con rectitud mi Palabra. Ya os he dicho que mis discípulos serán los que den una justa interpretación a las lecciones que, en esta Era y en los tiempos pasados, os ha revelado vuestro Señor. El que analice con sentido espiritual, ése será el que se acerque a la verdad.
Cuando mis discípulos crucen los caminos del mundo, comenzará el despertar espiritual de las religiones y sectas estacionadas hace mucho tiempo.
Ésta es una etapa en que mi Espíritu está hablando incesantemente a la conciencia, al espíritu, a la razón y al corazón de la humanidad. Mi Voz llega a los hombres a través de pensamientos y pruebas.
Buscad la esencia de mi Obra y dejaos de deliberaciones superfluas.
Principiad por limpiaros de manchas y así no mancillaréis lo que es diáfano y puro, y estimularéis a vuestros hermanos a corregir sus imperfecciones. Amaos como os enseñó Jesús. Apartad el egoísmo, prescindid aun de vuestra personalidad, si fuere necesario.
Mi Enseñanza no es solamente conocimiento, es caricia y consuelo.
Mi Caridad se extiende a todos los que sufren, a los que van derramando lágrimas, a los que van soportado injusticias. Ella conforta a la madre y a la esposa, cuida de la doncella, fortalece al mancebo y sostiene al anciano, y viene a encender la luz de la esperanza en todos.
Los buenos sembradores jamás se distinguirán por algo exterior o material. Ni hábitos, ni insignias, ni ninguna forma especial de hablar habrá en ellos. Todo será en sus actos, sencillez y humildad; sin embargo, si por algo se distinguiesen, será por su caridad y espiritualidad.
Tampoco quiero que encerréis vuestro culto en recintos materiales, porque vuestro espíritu se sentiría aprisionado y no le dejaríais abrir sus alas para conquistar la eternidad. El altar que os dejo para que celebréis el culto que Yo espero de vosotros, es la vida sin limitación alguna, porque existe en mi Espíritu que es eterno.
Mi Palabra de hoy es la misma de los tiempos pasados, sólo es diferente la manifestación. Mañana no os hablaré en la misma forma en que lo hago ahora, porque las costumbres de los pueblos cambian de acuerdo con su evolución, mas siempre estaré con vosotros.
Os he dicho que veréis surgir espiritualistas por todo el mundo, aunque no hayan escuchado esta palabra y, cuando observéis sus prácticas y escucháis sus palabras, os quedaréis asombrados al ver la intuición y la visión tan clara que de mi Doctrina han tenido.
Ya os he dicho que mi Obra no viene a borrar una sola de las palabras que Cristo predicó en aquel Tiempo. Si verdaderamente penetráis en el sentido de esta Doctrina, veréis como mi Palabra de ahora es la explicación o aclaración de cuanto os dije. Pero también os he traído lecciones que no conocíais. Os vengo a entregar mi sabiduría, porque os aproximáis a la plenitud del tiempo en que el espíritu del hombre logrará su liberación, su elevación y su predominio sobre la materia.
Ninguno diga que la vida espiritual era un misterio antes de que Yo viniese en este tiempo a esclarecerla con mis nuevas Revelaciones. Os repito que a través de los tiempos, muchas enseñanzas os fueron entregadas ya, aunque no las supisteis comprender; pero es hasta ahora, cuando comienzan los hombres a interesarse por descubrir y descifrar cuanto encierran las revelaciones de los tiempos pasados para relacionarlas con los acontecimientos del presente. Ya sabéis entonces que cuando digáis Espiritualismo, estaréis hablando de la revelación espiritual que a través de los tiempos os he hecho.
No temáis al juicio y a la censura de los hombres. A Mí también en este tiempo me llevarán a juicio, a la discusión, al cadalso, mas no a la muerte. No será vencida mi Obra, mi Luz ni mi Verdad. Esta Doctrina se manifestará a pesar de la incomprensión, de la desobediencia, de la incredulidad y las ingratitudes humanas.
Mi Espíritu y mi Doctrina seguirán manifestándose y avanzando de corazón en corazón, de espíritu en espíritu, de pueblo en pueblo y de mundo en mundo, porque no hay fuerza, no hay poder ni barrera, que pueda detener a mi Espíritu, no hay sombra que pueda opacar mi Luz Universal. Yo seré siempre sabiduría y amor.
Os hablo de ESPIRITUALISMO como la revelación que os esclarece la vida del espíritu, que os enseña a comunicaros con vuestro Padre y os eleva sobre la vida material. Os digo nuevamente que el ESPIRITUALISMO no es nuevo ni pertenece a este tiempo, ha sido una revelación que he venido mostrando a la humanidad, de acuerdo con su evolución espiritual, a través de los tiempos.
La luz que irradia esta Enseñanza, está alumbrando al espíritu de la humanidad, y cuando los hombres lleguen a tener verdadero conocimiento del tiempo que están viviendo, sabrán distinguir con claridad su esencia que brillará sobre todas vuestras religiones. Me preguntáis: Maestro, ¿las religiones no encierran la VERDAD? A lo cual Yo os digo, que si en ellas existiera toda la VERDAD, sólo habría una, porque una sola es la verdad. Cada una encierra una parte de esa luz, son sólo caminos que conducen al espíritu y lo acercan a la fuente del saber. La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en ningún libro. Esa divina claridad, esa fuerza omnipotente, ese amor infinito, esa justicia perfecta, esa sabiduría sin límites, está en Dios. Él es la única verdad.
Comprended mi lección: cada religión es una forma de entender la verdad, pero no la Verdad misma. Por eso veis las diferencias que existen entre unas y otras; si ellas encerrasen la suprema Verdad, todas serían iguales y formarían una sola idea, un solo camino para llegar a Mí.
Mas vendrá el instante en que la necesidad de unirse, como una fuerza poderosa e irresistible, las aproxime, para aportar cada una su simiente en un anhelo de armonizar todas. Para ello sobrevendrán luchas, controversias y confusiones, para que lleguen todas a la única conclusión: la de aceptar la Verdad inmutable de mi Existencia y de mi Ley.
Al final de la lucha, los hombres ya en paz consigo mismos y con sus semejantes, comprenderán que para alcanzar la meta del saber y experimentar la verdadera paz, es indispensable vivir en comunión con la Ley Divina, que procede del amor del Creador. Al mismo tiempo comprenderán que no es necesario profesar tantas y tan diversas religiones para poderse conservar en el bien, sino que, para lograr la armonía verdadera y tener una moral que esté más allá de lo simplemente humano, bastará con llevar en el corazón la palabra de Cristo, su Doctrina, y que para abrazarla, tendrá que vivirla y amarla con sencillez y humildad.
De cierto os digo que si el orgullo germina en vuestro corazón, no seréis verdaderos discípulos del Espíritu Santo. El materialismo, el egoísmo y el amor al mundo, serán las fuerzas que se levanten en contra de esta revelación, que no es nueva ni distinta de la que os he traído en los tiempos pasados, porque es la esencia de la Ley y la Doctrina, que os fueron reveladas en el Primero y Segundo tiempos.
Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta enseñanza, su justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.
Vendrán los teólogos de este tiempo a escudriñar mi Palabra y las nuevas escrituras y preguntarán: ¿Quién eres tú, que así has hablado? En la misma forma en que se levantaron los escribas y fariseos de aquel tiempo para decirme: ¿Quién eres Tú, que vienes a desconocer y a cambiar la Ley de Moisés? Entonces les haré comprender que las tres revelaciones son la Ley única que siempre he venido a enseñar y a darle cumplimiento.
No sólo este pueblo ha tenido profetas y enviados, a todos les he confiado emisarios para despertarlos. Por la luz y la verdad de sus palabras, podréis juzgar sus doctrinas. Unos llegaron antes del Mesías, otros han sido posteriores a mi presencia en cuanto hombre, pero todos han llevado un mensaje espiritual a los hombres. Esas doctrinas al igual que ésta, han sufrido profanaciones, porque cuando no se ha alterado su esencia, se les ha mutilado.
Una sola verdad he revelado a la humanidad a través de enviados y profetas, ¿por qué han de tener los pueblos diferente concepto acerca de la verdad, de la moral y de la vida?
Esa verdad será restablecida y su luz resplandecerá con tanta fuerza que les parecerá a los hombres como algo nuevo, siendo la misma luz que siempre ha iluminado el camino de evolución de mis hijos.
Viene el tiempo de controversias en el que los hombres pondrán de manifiesto su inteligencia y su elocuencia. Volverá a ponerse a discusión mi Palabra del Segundo Tiempo, y también se analizarán las diversas interpretaciones que a ella se han dado. De ese torbellino surgirá la luz y muchos velos quedarán descorridos; la hipocresía será abatida por la verdad.
Es mi voluntad que los hombres lleguen a la unificación de ideas y de culto espiritual, porque algo trascendental tengo reservado para ellos cuando esto sea.
Estudiad, asimilad y vivid mis Enseñanzas, para que nada tengáis que temer de los sabios, de los científicos y letrados. Orad, para que de vuestra boca emane mi Sabiduría infinita.
Borrad de los hombres la impresión errónea que se han formado de las doctrinas espirituales, cuando se ha mezclado la superchería y el engaño. Presentad mi Doctrina en toda su pureza y majestad, para que ella borre de la humanidad la ignorancia y el fanatismo.
Éste es el tiempo de la comprensión, de la iluminación del espíritu y de la mente, en que el hombre al fin me buscará espiritualmente, porque reconocerá que Dios no es persona ni imagen, sino Espíritu Universal, ilimitado y absoluto.
Esta Doctrina, conocida por unos cuantos e ignorada por la humanidad, pronto llegará como bálsamo sobre todos los que sufren, para impartir consuelo, encender la fe, destruir tinieblas e infundir esperanza. Ella os eleva sobre el pecado, la miseria, el dolor y la muerte.
No podría ser de otra manera porque soy Yo el Consolador prometido quien la ha revelado.
La humanidad, espiritualmente, se encuentra dividida en religiones, sectas, doctrinas e ideologías y Yo demostraré el poder de mi Palabra uniéndolas. Aunque ya os he dicho que antes que esto sea, el mundo se depurará y los espíritus se estremecerán, como los bosques al soplo del huracán.
Por muchas sendas vienen los hombres en mi busca; son las diferentes religiones que existen en la Tierra y, dentro de ellas, los que más cerca me sienten son los que llevan mayor espiritualidad, los que van sembrando amor a su paso.
Discípulos: la palabra que en este tiempo os he dado, no debéis tomarla como el fundamento de una nueva religión, porque ella es sólo la explicación de la Ley que desde los primeros tiempos os revelé. Esta Doctrina no viene a desconocer a las religiones existentes, cuando ellas estén basadas en mi Verdad. Éste es un mensaje de Amor Divino para todos, un llamado a todas las instituciones.
Quien comprenda mis Propósitos y cumpla mis Preceptos, se sentirá guiado hacia el progreso y evolución de su espíritu. Pensad que si se tratase de una religión, estaría destinada solamente a quienes la profesasen, pero siendo ella la luz infinita de Dios, brilla y desciende sobre todos, sin distinción de pueblos, razas, lenguas o credos. Ante Mí sólo existe un culto que es el del amor, el amor al Padre, a los semejantes y a todo cuanto ha brotado de Mí.
Me preguntáis: ¿En quién está la verdadera sabiduría? Y Yo os digo: En Dios. Alguno más me pregunta: ¿Cuál es la verdadera religión? Y el Maestro os contesta: Quien me ame y ame a su hermano, ha encontrado la verdad y ha cumplido con la Ley.
Toda mi Ley se condensa en dos preceptos: El amor a Dios y el amor al prójimo. Ése es el camino.
En verdad, no serán las doctrinas de los hombres las que hagan la paz en el mundo y salven de su abismo a esta humanidad. Unas antes y otras después, todas las religiones y sectas irán llegando ante el templo invisible, el del Espíritu Santo que está presente en mi Obra, firme como una columna que se eleva al infinito en espera de los hombres de todos los pueblos y linajes. Después, todos se levantarán unidos en una misma Ley y tendrán igual forma de rendir culto a su Padre.
Una parte de mi Luz está en cada multitud, en cada congregación. Nadie se ufane por lo tanto de poseer toda la verdad. Debéis unir los conocimientos del uno con los del otro y así con todos. Entonces, de esa armonía brotará una luz clara, purísima, que es la que habéis buscado en el mundo sin haberla encontrado. Lo que quiero daros a entender es que todo aquel que reciba esta enseñanza, deberá también unirse e identificarse espiritualmente con todos, sin que la diferencia exterior de los diversos cultos, sea el obstáculo que os impida reconocer y amar a vuestros semejantes como hermanos en Mí.
No sólo vosotros me invocáis, también vuestros hermanos a través de distintas religiones están llamándome. No únicamente vengo a vosotros; Yo, el Espíritu Consolador, doy paz a todo corazón y espíritu necesitado. No juzguéis a las demás doctrinas como imperfectas, concretaos a obrar bien.
La unificación de las religiones será cuando el espíritu de la humanidad se eleve por encima de materialismos, tradiciones, prejuicios y fanatismo; entonces los hombres se habrán unido espiritualmente en un solo culto: El bien, por amor a Dios y al prójimo.
En ese momento, penetrará la humanidad en un periodo de perfeccionamiento.
Cuando los hombres que buscan la luz a través de ceremonias y actos litúrgicos, prescindan de todo rito y culto exterior, al instante verán surgir ante ellos, en plenitud, la luz de la verdad, como un cesto milagroso de panes y de peces, que se desbordará inagotable ante la avidez de las muchedumbres.
Velad, porque pronto vendré como Juez sobre toda secta y religión y, a cada guía, a cada pastor y ministro, le preguntaré qué ha hecho de los espíritus que le he confiado, qué ha hecho de mi Ley y mi Doctrina.
Amados míos: Yo os digo que debéis enseñar a los hombres a pensar, que los hagáis meditar, que los ayudéis a analizar. El rito, la forma, la tradición, lo externo, ya no pueden satisfacer a los espíritus en la Era presente; para que se sientan seguros en su camino, para que en las horas de prueba no crean que están solos, es menester darles luz, esencia, verdad.
Un pueblo me ha recibido en este tiempo y a él le he confiado esta página de mi Sabiduría, pero en ella hay un mensaje para cada una de las religiones que existen sobre la Tierra.
Mi Luz iluminará todos los senderos y las sectas y religiones verán ante sí un solo camino: la Ley de amor del Espíritu Divino. Ésa será la Doctrina Universal que unificará a todos los espíritus. Vosotros respetaréis la fe y la creencia de todos, recordando que Yo, vuestro Dios, os recibí sin distinción de cultos ni de credos. Ya llegaréis a comprender que esta Doctrina no es para materializarla con símbolos, sino para sentirla en el espíritu. Ofreced al Padre el culto interior, que es el verdadero, el que se hace sin ostentaciones, sin hipocresía, sin intereses terrenales.
El buen discípulo será aquel que aun en su pobreza de bienes materiales se sienta señor, rico y feliz, sabiendo que su Padre le ama, que tiene hermanos a quienes amar y que las riquezas del mundo son relativas junto a las del espíritu. También será buen discípulo el que, siendo dueño de bienes materiales, sepa emplearlos con buenos fines, tomándolos como medios para desempeñar una importante misión en la Tierra.
¿Cuándo sabréis ser los dignos poseedores de vuestra heredad, estimar cada gracia y darle a todo, su justo valor en la vida?
Amaos unos a otros, no os moféis del falso dios que adora vuestro hermano, ni desmintáis su doctrina por errónea que sea. Si vosotros queréis que os respeten y os sigan, antes debéis respetar. No tengáis temor a nadie, porque Yo os he entregado la verdad y el don de la palabra para defenderos. Levantaos, hablad y convenced a vuestros hermanos. En la palabra están el bálsamo, el amor, la fuerza y la vida. En ella está la potestad para que os levantéis a la lucha.
Cuántas doctrinas, cuántos cultos a Dios e ideas nuevas sobre lo espiritual y sobre la vida humana vais a encontrar. Cada una os mostrará una parte buena y justa y otra errónea. Donde encontréis errores, ignorancia o maldad, extended como un manto de luz la esencia de mi Doctrina, que no puede llevar impureza ni error. ¿Qué es lo que llega a Mí de todo ello? La necesidad espiritual de mis hijos, su átomo de amor.
Yo vengo a todos y los recibo por igual.
Las religiones duermen el sueño de los siglos, sin dar un paso adelante y cuando despiertan de su letargo, es sólo para agitarse en su interior, sin atreverse a romper el cerco que han creado con sus tradiciones.
Voy a escoger de las sectas que los hombres han formado, que son ramas del Árbol de la Vida, a los ansiosos de espiritualidad, a los que pronuncian con unción mi Nombre y me presentan actos de amor, de humildad y reconocimiento. Vengo como el buen pescador en busca de corazones, y si hoy el número de los que me siguen es corto, mañana se multiplicará. Serán los humildes, los pobres, los sencillos e ignorados, los primeros que vengan a Mí en busca de luz, de ambiente puro, de verdad y progreso. Serán ellos los que den la campanada de alerta a sus hermanos, al sentir la llegada de los tiempos de mis nuevas Revelaciones.
No habrá poder humano que extinga la luz que he hecho surgir en esta Era entre vosotros, como en aquel tiempo no pudieron los hombres callar la voz de Cristo, y la sangre derramada por ellos, seguirá hablando por una eternidad.
Ved cómo mi Palabra no es ni podrá ser una religión; esta Obra es el camino luminoso en donde habrán de unirse espiritualmente todas las ideas y los credos para llegar a Mí.
Yo no vengo a censurar vuestras creencias cuando están encaminadas a la verdad, mas los errores sí vengo a combatirlos en quienes se encuentren. Encaminaos todos al mismo fin, conciliando y armonizando vuestro culto espiritual.
Aprended a distinguir los diversos caminos que existen, así como a respetar las diferentes misiones que vuestros hermanos desempeñan; para ello necesitáis ser de entendimiento amplio, de juicio recto, de ánimo sereno y mirada profunda.
En torno a esta luz se unirán los hombres, se reconciliarán los pueblos, se perdonarán los enemigos y por ella se comprenderá la esencia de la Doctrina que vine a enseñaros con palabras y obras, hace casi dos mil años.
Analizad mis Lecciones y decidme si esta palabra podrá encerrarse en una de vuestras religiones. Yo os he revelado su carácter y su esencia Universal, que no se concreta tan solo a porciones de la humanidad, sino que traspasa la órbita de vuestro mundo, para abarcar el infinito con todas sus moradas.
Practicad mi Doctrina con pureza, ella será el eslabón espiritual que unificará a los pueblos y razas, porque mi Palabra de amor es Ley Universal.
Velad, porque vosotros aunque ignorados y humildes, poseéis la luz con la cual podréis librar de la oscuridad a los que caminan como ciegos, mostrándoles un cielo despejado y un futuro mejor.
Cuando los hombres se acerquen a preguntaros cuál es vuestra ideología, les mostraréis esta página de Amor Divino, con vuestras obras, palabras y escritos.
A los discípulos del Espíritu Santo les está encomendada esta tarea. Trabajad y veréis coronados vuestros esfuerzos.
Mi Doctrina viene a abrir un campo infinito de adelanto al pensamiento y al corazón, para que podáis elevaros por el camino de la sabiduría.
Este mensaje es para todos los pueblos; la esencia de esta Obra, será la base sobre la que descansen todas las leyes, para que el mundo penetre en un periodo de conciliación, fraternidad y reconstrucción.
Sólo con armas de amor podrán los hombres derribar las barreras que hoy los dividen. Solamente así conseguirán los mandatarios de los pueblos, unir a los hombres de estos tiempos. Entonces se verá al fuerte tendiendo la mano al débil, y éste, al levantarse, ayudando al fuerte, unidos ambos como una sola familia: la familia de Cristo, aquélla que sabe su destino y el fin que le espera: la eternidad en Mí.
No están solos mis discípulos para esparcir mi Doctrina; también mis huestes espirituales se encuentran diseminadas por el mundo, preparando mentes y corazones para proseguir mi Obra entre la humanidad.
A vosotros que estáis recibiendo esta palabra, os toca presentar mi Obra en toda su sencillez, espiritualidad y pureza, sin dar lugar a que caigáis en el error de crear nuevas tradiciones, ritos o símbolos que os alejen del verdadero camino.
No deseo esclavizaros con mi Enseñanza, porque en ella no existen dogmas, sentencias ni anatemas. Quiero que lleguéis a Mí por amor, por méritos, por fe, por convencimiento.
El espíritu tiene un sentido superior que le permite descubrir lo verdadero, lo puro, lo perfecto; pero es menester que se desarrolle para no caer en confusiones. De cierto os digo que no volveré a comunicarme en la forma en que me habéis tenido, ni aquí ni en otros pueblos; extended por la Tierra el testimonio de mi Palabra y la humanidad creerá en mi Mensaje.
La Doctrina Espiritual no estaciona al espíritu ni detiene la evolución del hombre, por el contrario, lo libera de temores y prejuicios y le hace contemplar el camino de luz que lo conduce a Mí.
Surgirán aquellos que mezclen mi Enseñanza con doctrinas humanas.
¡Vivid alerta! Yo os anuncio que llegará el tiempo en que veáis aparecer muchos espiritualismos y debéis estar preparados para descubrir en quiénes existe la verdad y en quiénes la impostura.
Veréis falsas comunicaciones atribuidas a Mí, rumores de enviados divinos que traen mensajes al mundo y muchas doctrinas confusas e indefinidas. Todo ello será producto de la gran confusión espiritual que la humanidad ha venido preparando.
Se acerca la batalla final, después de la cual quedará establecida una sola Doctrina. De todo el poderío de las religiones no quedará piedra sobre piedra. Y, ¿qué harán las multitudes después? ¿Qué harán los rebaños sin pastor y sin aprisco? Es entonces cuando las ovejas busquen en la cumbre del Monte a su Pastor y será cuando venga mi Reino sobre todos; llegaré entre nubes, según mi promesa, de acuerdo a la palabra de mis profetas y todo ojo pecador y no pecador me contemplará. Mi Doctrina se extenderá de corazón a corazón y de pueblo en pueblo, y éstos, se levantarán en pos del Espíritu Santo que ha abierto su Arcano para revelar su sabiduría y depositarla en todos los hombres de buena voluntad.
Para ese tiempo no habrá necesidad de que mi Doctrina ostente un nombre, porque el mundo estará cumpliendo mis Leyes. Seréis soldados de mi Ley y sembradores de la espiritualidad. Mas desde ahora os declaro que esta Doctrina no tendrá su asiento en la Tierra ni como representante a ningún hombre, su gobierno no será de este mundo y vuestro único guía lo tendréis en Cristo, a través de vuestra conciencia.
Cuando tengáis ya un conocimiento completo de lo que habéis recibido, os levantaréis sin demora a esparcir este mensaje, cuyo contenido pertenece a toda la humanidad. Yo haré que mi Doctrina se extienda por doquier, como el aire se introduce en todo lugar, como la luz disipa toda tiniebla para iluminar al mundo. Así se difundirá mi Obra, penetrará en toda congregación, llegará a todo hogar y a todo corazón; cruzará por los caminos, atravesará los desiertos y los mares y cubrirá este mundo, porque la Era de la luz ha llegado para toda la humanidad.
Y si en aquellos tiempos la palabra de Cristo conmovió en sus cimientos la vida de los hombres, ahora esta luz hará estremecer sus fibras más sensibles.
Preparaos, porque vais a ser testigos de grandes acontecimientos espirituales. Hasta aquí, ésta ha sido una etapa de preparación, ahora viene el tiempo de enfrentaros al mundo.
Cuando esta Doctrina reine en todos los corazones, el hombre habrá puesto los cimientos de su verdadera paz. Será la fructificación de la semilla que Yo sembré desde el Segundo Tiempo.
Sirva esta lección de hoy como voz de alerta para quienes la han escuchado, para que inspirándose en ella, se revistan de energía, de celo, de amor y fe y nazca en su corazón el noble ideal de convertirse en mis verdaderos discípulos.
¡Mi paz sea con vosotros!


