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México y la nube espiritual

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México, la nación escogida por Cristo para Su tercer advenimiento, donde manifestaría Su sabiduría como Espíritu Santo. De oriente a occidente Su rayo divino como luz potente estremeció la noche del espíritu.

Sobre la nube divina su Espíritu Divino dio sombra al espíritu, que en su soberbia se aventuro por los caminos extraviados, hallando solo el desierto. Ese destierro que él mismo se infligió al abandonar la casa paterna. La nube bienhechora está para darle sombra, para calmar su sed espiritual. Mas es necesario que el espíritu clame con humildad, que en el Templo de su corazón reconozca su vacío espiritual.

Cristo aún está en la nube, Su promesa de volver entre la humanidad aconteció. Esperando es a Su hija, a que sus pies no sólo toque el polvo de la tierra, sino se eleve y se halle con el Maestro en la nube divina. Que aprenda elevarse a las alturas de su virtud, pues es aquí donde encontrará no sólo la nube, sino el potente rayo divino que estremezca y rasgue su oscuridad de Eras.

Si el oriente por un tiempo y en un pueblo se cubrió de la nube divina en el Monte Sinaí, recibiendo la Voz potente del Yo Soy. En el Segundo Tiempo esa Voz potente bajo de la nube, para hacerse Hombre. Su voz humanizada estremeció como un rayo de luz el corazón de la humanidad.

Tiempo hermoso para Yo Soy, el Cristo, al asemejarse ya en Jesús a quienes amo desde su principio. Esos espíritus en envolturas humanas, olvidando su principio espiritual. ¿Acaso el Maestro no fue como una nube calmando la sed del espíritu? ¿No dijo el Maestro a la samaritana, que quien tomase agua del pozo volvería a tener sed? No vino el Maestro a saciar la sed de la carne, sino la sed del espíritu.

Y he aquí, al Espíritu de Verdad, al Espíritu de Consolación, al Cristo ya no humanizado en Jesús, sino el Espiritual, el Divino, volviendo sobre la nube, estremeciendo con Su rayo de luz a todos los espíritus. Todos le pertenecen, a todos calmará su sed, a tiempo como ellos también se harten del desierto.

No volverá más el Cristo humanizado bajando de la nube, sino el Cristo Espiritual sobre la nube. Pues Dios es Espíritu, y así ha vuelto, no visible a la mirada de los hombres, pero sí a la mirada del espíritu por sus dones espirituales.

México, nación bendita donde se reunieron las doce tribus del antiguo pueblo de Israel;… pueblo que atestiguaste al Mesías en Jesús,… tus ojos espirituales contemplaron el Rayo divino descender al entendimiento del hombre en el Tercer Tiempo. Tu Dios en labios de Jesús habló en otro tiempo una lengua distinta al de hoy, así como los tuyos.

Ese Rayo divino aún rasgando es las tinieblas de Su hija humanidad; la Nube Divina Espiritual, ya no posándose sobre el portavoz, sino sobre todo espíritu. ¿No es la nube que va de un lugar a otro, la que atraviesa sendas y valles? ¿No es ella que con su lluvia hace florecer después de un tiempo, los desiertos áridos? ¿No es ella la esperada por unos y otros, después de una larga sequía, augurando esperanza para los cultivos de los hombres? De cierto, la nube divina se está posando sobre todo aquél que le llama para calmar su sed espiritual, para hacer florecer su corazón árido, y hacer que de él broten las virtudes manifiestas de su espíritu.

Nación que en ti Yo Soy, se manifestó con potente luz,… el Mismo que en otro tiempo dijo, Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida,… de ti saldrá la luz que de occidente a oriente, deje una estela de Sabiduría divina para no ser acallada más. Por ella se reconocerán y se reconciliarán los pueblos y las naciones; los hombres sabrán guiarse por el desierto hasta llegar a la Tierra Prometida. Los espíritus tendrán por bien el ya no pertenecer a esta morada, sino extender sus alas espirituales hacia las alturas, cada vez más hasta donde su elevación se lo permita.

Tiempo de luces es,… y lo será más para la luz divina, iluminando lo profundo del espíritu.

El advenimiento del Espíritu de Verdad

El advenimiento del Espíritu de Verdad

Humanidad: Os prometí volver y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu.

Recordad que en cierta ocasión dije a las multitudes que me oían: Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. (Juan 16:12-13)

He aquí al Espíritu de Verdad, explicando lo que en el Segundo Tiempo os dijo y que no supisteis interpretar.

Si la humanidad hubiese sabido analizar las profecías del Primero y Segundo Testamentos, no se confundiría hoy ante la realización de ellas; esto fue lo que pasó en el Segundo Tiempo cuando el Mesías nació entre los hombres, lo mismo que acontece ahora que he venido en Espíritu.

No todos me esperabais y menos en la forma en que me he manifestado. Ahora mi palabra os anuncia un nuevo tiempo de revelaciones que vendrán a libertarlos de toda esclavitud.

¡La verdad os hará libres, no más cadenas, ni más cautiverio, humanidad!

En verdad os digo que aquella divina promesa de volver entre vosotros como Espíritu de Consolación, nadie la borró, ni el tiempo, ni el pecado, ni las Edades que sobre los hombres han pasado.

Así como en el Segundo Tiempo mi presencia no fue en la misma forma que en el Primero, también en esta Era mi manifestación es diferente, siendo la misma Doctrina.

Este es un nuevo tiempo, y esa es la causa por la cual estáis recibiendo nuevas lecciones, porque los hechos de los primeros tiempos, según los espera la humanidad, no se repetirán, eso sería como si el tiempo se hubiera estacionado y a la humanidad le estuviera repitiendo la misma lección.

Así vengo a vosotros en este tiempo en el cual mi luz, se manifestará en diversas formas sobre los hombres y volverá a estremecerles, a unos de gozo, a otros de temor, a otros de ira, pero no habrá uno que, llegada la hora de ser conocido mi mensaje, no se conmueva.

Cuando estas palabras lleguen a los oídos de los materialistas, éstos se sonreirán con incredulidad ante mi Doctrina y ante mis profecías, pero nunca el escepticismo del hombre me ha herido.

Llegará mi palabra a los palacios y a las casas humildes, llamando a las puertas de los corazones, haciendo estremecer a los espíritus, sanando y consolando a los enfermos del espíritu o del cuerpo e iluminando las mentes que se encuentren en tinieblas.

Aquél que os enseñó la humildad y en su amor os llamó hermanos, es el mismo que hoy viene a hablaros en este tiempo.

Aquí tenéis ante vosotros desarrollándose aquel tiempo, aquí están cumpliéndose aquellas profecías. ¿Quién puede sorprenderse? Sólo los que han dormido en tinieblas o los que borraron de ellos mismos mis promesas.

¿Quién sino Yo podía ser el Espíritu de Consolación?

En verdad os digo, que si en este tiempo yo hubiese venido en cuanto hombre, vuestros ojos habrían tenido que ver mis heridas frescas y sangrantes aún, porque el pecado de los hombres no ha cesado.

Si por decir la verdad al mundo los hombres vuelven a juzgarme, podrán hacerlo, Yo dejaré que lo hagan. Mas si quieren tocarme y aprenderme, no podrán, porque estoy en Espíritu y ante ellos soy intangible e invisible.

Mañana, cuando ya en calma, los hombres estudien la forma de mi manifestación y la comparen con las profecías contenidas en las Escrituras y analicen el medio en el que me presenté y en el que se desarrolló mi manifestación, la nación que escogí y el pueblo a quien llamé, llegarán a la comprensión absoluta de que todo fue hecho a la perfección y que se fueron cumpliendo fielmente todas las profecías.

En aquel Segundo Tiempo encontré al ciego y le di la vista, al tullido le hice andar, al muerto le resucité; ahora encuentro mayor desolación en el mundo, porque contemplo por millares a los ciegos, a los sordos, a los leprosos y a los muertos del espíritu.

Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche. (1ª de Tesalonicenses 5:2)

De puntillas, como ladrón, he penetrado entre vosotros sorprendiendo vuestro sueño.

En verdad os digo que ya mi luz, como el relámpago, ha cruzado de oriente hacia occidente, sin que el mundo se percatara de ello.

Grande será la transformación que sufra la humanidad en breve plazo: instituciones, principios, creencias, doctrinas, costumbres, leyes y todos los órdenes de la vida humana serán conmovidos desde sus cimientos.

La verdad es que vengo con justicia entre vosotros, mas también lleno de amor, porque nunca os dejaré de considerar como mis hijos.

Yo os amo y vengo a buscar a los que me han olvidado, para renovarles mi promesa, diciéndoles que aún les espera el Reino de los Cielos. No traigo para vosotros nueva doctrina, ni nueva ley, pero sí muchas nuevas revelaciones.

De las señales, antes del advenimiento del Espíritu de Verdad

En el Segundo Tiempo, cuando entre mis discípulos o entre las turbas que me seguían, alguien preguntaba si acaso Yo volvería entre vosotros, no tuve motivo alguno para ocultárselo y les declaré que mi retorno sería en un tiempo de grandes pruebas para la humanidad, el cual sería precedido de grandes acontecimientos y trastornos en los distintos órdenes de vuestra vida.

Mirad cómo la guerra ha envuelto a las naciones más adelantadas, la maldad ha alcanzado su más alto grado de desarrollo. La mentira es tomada como si fuera verdad. La ciencia al revelar grandes misterios a la humanidad, le ha permitido utilizarlos para la destrucción y cuántas actividades impuras ha consagrado el mundo como buenas. Entonces es cuando me presento delante de vosotros para iluminar vuestra mente y deteneros en vuestra carrera hacia el abismo.

Las señales de mi manifestación en esta Era, han sido muy claras; la misma sangre de los hombres derramada a torrentes, empapando la Tierra, ha marcado el tiempo de mi presencia entre vosotros como Espíritu Santo.

Hice aparecer todas las señales que debían anunciar mi advenimiento y también pasaron desapercibidas para los hombres, porque estaban dormidos espiritualmente, entregados al mundo y estacionados en sus religiones.

¿Esperará el mundo nuevas manifestaciones para continuar aguardando mi llegada? ¿Hará lo que el pueblo Judío que tuvo las profecías del advenimiento del Mesías, vio el cumplimiento de ellas, recibió en su seno al Salvador, no lo reconoció y aún continúa esperándolo? La experiencia es muy grande y dolorosa para que esta humanidad, aún se obstine en el materialismo.

Mi presencia sorprende a esta humanidad impreparada para recibirme. Mi manifestación en Espíritu en este Tercer Tiempo, coincide con el mayor materialismo de la ciencia.

Veo las armas con las que los hombres se preparan para combatir mi Doctrina, que son: su ciencia, su filosofía, sus teorías materialistas, su egoísmo, su ambición y su soberbia. Mas Yo poseo una espada que es la verdad cuyo resplandor nadie puede resistir, su luz en este tiempo iluminará a la humanidad y pondrá al descubierto todo lo que sea falso y destruirá la tiniebla.

Estáis tan familiarizados con el pecado, que vuestra vida llega a pareceros lo más natural, normal y licito, tal parece que Sodoma y Gomorra, Babilonia y Roma, hubiesen volcado sobre esta humanidad, toda su perversidad y su pecado.

Aunque parezca absurdo, esta es la hora propicia para que mi palabra encuentre eco en el corazón de los hombres. Recordad a la pagana Roma, hastiada de placer, cansada de gozar de los deleites de la carne, abrió su corazón para recibir mi mensaje.

El momento en que Yo había de venir estaba señalado y esta profecía se ha cumplido. Estaba dicho: «Los hombres escalarán el monte del pecado y el materialismo. Las guerras cundirán de nación en nación como incendio que lo destruye todo. El odio y la mala voluntad crecerán como mala hierba e invadirán los campos». (Mateo 24:6-8)

¿Comprendéis el momento que vivís?

La manifestación del Espíritu de Verdad en la mayor sencillez

Para daros esta lección de caridad y amor no he venido a humanizarme, ni a manifestarme en palacios, entre vanidades y rodeado de lujos. En el humilde barrio de vuestra ciudad, entre los pobres y los humildes, así he llegado a vosotros, como corresponde a quien en otro tiempo os dijo: «Mi Reino no es de este mundo».

A nadie extrañe que no haya aparecido en este tiempo en el seno de alguna iglesia, tampoco en el Segundo Tiempo surgí de religión alguna. ¿Para qué había de manifestarme en regios palacios, entre pompas y ceremonias? De cierto os digo, que quienes me conciban entre lujos y esplendores superfluos, tienen un concepto errado de lo que es mi Divinidad.

¿No creéis que si Yo buscase el esplendor mundano, en lugar de haber nacido en cuanto hombre en un establo, hubiera nacido en el interior del templo de Sión? Os digo esto, porque ha habido muchos que en su interior se preguntan por qué no me manifiesto en el interior de las grandes sinagogas o en las suntuosas iglesias.

No me encontraré donde exista vanidad, materialismo e idolatría; quiero manifestarme en el seno de la más grande sencillez y humildad, donde no existan ritos que os hagan olvidar la esencia de mi Ley. La solemnidad de las liturgias, el esplendor de los ritos religiosos no son los que atraen a mi Espíritu ni significan mi Iglesia.

También en el Segundo Tiempo muchos hombres que soñaban con la presencia del Mesías prometido, se sintieron defraudados cuando contemplaron la humildad de Cristo y por eso me negaron. No pudieron ellos descubrir a través de la pobreza exterior de Jesús la presencia del Reino de los Cielos, del Reino de la Luz y la Verdad.

Los príncipes y los sacerdotes esperaban el nacimiento del Mesías en el seno de su iglesia, sin embargo, no nací entre ellos, porque encontré más limpio el establo de Belén, hallé más amor entre los pastores y más clemencia en el crudo invierno. He ahí por qué los teólogos de aquel tiempo se confundieron y por qué los reyes me persiguieron desde mi nacimiento hasta mi muerte. Hoy vuelven a confundirse los teólogos ante mi advenimiento, porque las profecías no han sido interpretadas con acierto.

Si algunos se confunden porque no vengo entre regios altares o suntuosas ceremonias, quiero recordarles que Yo nada tengo en la Tierra y que cuando vine a morar entre vosotros, viví en la humildad, porque así os enseñé a comprender que mi Reino no es de este mundo y que lo que vengo a buscar son corazones. La corona que visteis en mi cabeza no la puse Yo sino los hombres, y fue de espinas.

Lo que más ha torturado la mente de muchos hombres, es la pobreza y la humildad en que he venido a manifestarme, porque están acostumbrados a lo fastuoso de los ritos y a la riqueza derrochada en los templos materiales. Mas Yo os digo, que así como en aquel tiempo vine a juzgar la vanidad de los hombres haciéndoles presente mi humildad, ahora huyendo de los falsos esplendores, he querido aparecer no solo entre pobres, sino entre pecadores.

No temáis por no poder recibirme entre pompas y galas o con regias ceremonias; vuestra humildad y sencillez son el mejor ambiente que podéis preparar para mi manifestación. Yo quiero espíritus, porque son a los que busco, por los que descendí al mundo en otro tiempo, y por los que os di mi sangre.

Algunos esperan que el Espíritu Santo venga en este tiempo a manifestarse en sinagogas o iglesias; Yo solo os digo que vengo en busca de la humildad y de la sencillez, porque el oro, las riquezas o las vanidades, no halaga a quien es Dueño de toda la creación.

Yo podía haber venido entre relámpagos y tempestades para hacer sentir mi poder, pero entonces, ¡cuán fácil hubiese sido que el hombre confesase que era llegada la presencia del Señor! Más, ¿no creéis que hubiese vuelto el temor a vuestro corazón, y también la idea de lo incomprensible? ¿No creéis que todo sentimiento de amor hacia el Padre se hubiese tomado tan sólo en miedo a su justicia? Y debéis saber que Dios, aunque es fuerza omnipotente, no os vencerá con esa fuerza, no se impondrá por ella, sino por otra potencia, y esa es la del amor.

La presencia de Dios, sobre la nube

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre… (Daniel 7:13)

¿Sabéis de aquella nube sobre la cual me vieron ascender mis discípulos la última vez que a ellos me manifesté? Pues en verdad quedó escrito que sobre la nube vendría nuevamente y lo he cumplido.

Yo os revelé que mi retorno sería en una nube. Hoy, ya me encuentro entre vosotros y por lo tanto, he cumplido aquella palabra. De cierto os digo, que la nube es la representación de mi presencia en Espíritu. En la misma forma en que me vieron ascender mis discípulos, una vez que dejé concluida mi obra en el Segundo Tiempo, así he descendido en este tiempo entre la humanidad.

No volveréis a verme en cuanto hombre, hoy tenéis que prepararos para contemplarme en Espíritu; así se os dio a entender desde el Segundo Tiempo.

Ahora que vengo en la nube, estoy posándome en vuestro espíritu, por lo tanto mis manifestaciones en este Tercer Tiempo son invisibles a los ojos mortales. Sólo el espíritu con sus sentidos elevados, es el que puede mirar, sentir y comprender mis revelaciones.

Esta manifestación es el cumplimiento de aquella promesa, si a alguno le parece demasiado pobre la forma en que he venido, es porque no ha sabido elevarse espiritualmente para poder contemplar la luz radiante con que mi Espíritu ilumina el nuevo tiempo.

Muchos creen que Yo he de aparecer en cuanto hombre en la Tierra, y eso nunca os lo dije, en cambio, os di a comprender que mi advenimiento, sería espiritual, que vendría sobre la nube.

Elegí la nube como símbolo para que representase mi llegada al mundo en el Tercer Tiempo. ¿No es la nube la mensajera que cruza sobre montes, valles y ciudades? ¿No es ella la que fecunda los campos con su lluvia y brinda su sombra? ¿No surge de ella el relámpago que anuncia la tempestad y el rayo vibrante que estremece?

Mi promesa de volver hecha en el Segundo Tiempo, os la he cumplido. Los apóstoles, en Betania, me vieron ascender de la tierra al infinito, y vosotros me habéis visto retornar del infinito hacia vuestro corazón. ¿No encontráis también en ello una semejanza con las nubes que se levantan del mar y ascienden para ir a derramar su lluvia en otros lugares, donde las tierras sedientas las llaman?

Pronto sabrá la humanidad que la Tercera Era ha llegado y que Yo me he manifestado conforme a lo anunciado; que vine sobre la nube, o sea en Espíritu, para enviar mi Verbo, como un rayo de luz, a esta humanidad, que aún permanece en tinieblas.

La nube espiritual llegará y cubrirá con un manto de paz a los pueblos que la invocan, a los corazones que la esperan. A todos aquellos que tratan de apagar la sed del espíritu con los placeres del mundo, la nube los sorprenderá con el resplandor de su relámpago y el estruendo de su tempestad les llenará de pavor, porque hasta entonces recordarán que existe una justicia divina y que cada hombre es portador de un espíritu que tendrá que responder a Dios de todas sus obras.

Bienaventurados sean los que en este tiempo esperan mi llegada, me reciban en su corazón y crean en mi palabra, porque ellos me verán en la nube celestial rodeado de mis huestes espirituales, y aunque no toque el polvo de la Tierra como en el Segundo Tiempo, sabrán sentir mi presencia espiritual.

Sí, humanidad: vuestra fe os dice que soy Yo el que os habla, aunque sabéis que no he venido a materializarme, porque os dije que vendría en la nube, y así os lo he cumplido.

La comunicación Divina, a través del entendimiento humano

He aquí una página más del Libro de la Vida, escrita por mi caridad; he venido a hablarle a vuestro espíritu porque en todos los tiempos me he comunicado con la humanidad. La forma en que ahora me manifiesto no es nueva; sólo el que se ha materializado podrá parecerle extraña o imposible, en cambio para el que me esperaba, es lo más natural y justo oír la voz de su Padre en sí mismo.

Profetizada estaba esta Era. Escrito está que Yo volvería. Mas he aquí al escuchar mi enseñanza a través del entendimiento humano, muchos tuvieron duda y me negaron, otros no dieron la menor importancia a mi manifestación.

Los tiempos anunciados por las profecías, aquellos en que el Espíritu de Verdad vendría a esclarecerlo todo, son precisamente éstos que vivís. Mas Yo he querido sorprenderos comunicándome bajo esta forma, para poner a prueba vuestra penetración en el sentido de las profecías, donde está dicho que Yo vendría a comunicarme espiritualmente por el entendimiento humano.

Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá; (Isaías 28:10)

Os digo que cualquier forma que Yo hubiese elegido para comunicarme, habría confundido a todos los que no hubiesen estado preparados para recibirme. En cambio, para el que ha sabido mantenerse en vigilia y preparado, cualquier forma que Yo hubiese empleado para mi manifestación no le habría sorprendido, porque a través de cualquier forma me hubiese sentido.

He tenido que humanizarme haciéndoos escuchar mi voz a través del entendimiento humano, para haceros mirar con claridad, todo lo que os habéis obstinado en ver como misterio y que es tan natural como lo es para el cuerpo, nacer, crecer y morir.

¿Por qué juzgáis imposible esta comunicación? ¿Pensáis que el hombre pueda tener más poder que Dios, al lograr con su ciencia la comunicación a distancia entre unos y otros? En este tiempo me ha placido manifestarme a vosotros a través del entendimiento humano. ¿En qué forma mejor podríais comprenderme, si no en ésta, valiéndome de vuestra propia mente y de vuestro lenguaje?

¿Por qué creéis imposible mi comunicación con vosotros si estáis recibiendo la comunicación del universo? ¿Cómo ha de pareceros imposible la vibración de mi Espíritu a través del espíritu humano, si todos estáis llenos de los pensamientos de Dios? ¿Cómo ha de ser imposible que Dios se comunique con vosotros, cuando los ángeles, los mundos, los espacios y todo lo creado están llenos de Él?

Hay quienes se han sorprendido porque me comunico por conducto del hombre, y no aciertan a comprender si ha sido por voluntad de Dios o por voluntad humana. Mas Yo os digo: ha sido vuestro propio Dios quien ha venido a sorprender a la humanidad.

Os he dicho porqué en vez de buscar al sabio, al teólogo o al científico, busqué al humilde, al rudo y sencillo, para manifestarme por él, porque el testimonio del humilde sorprenderá al mundo. ¿En dónde están los limpios de corazón y los justos para manifestarme en ellos?

Si alguien dijese que es imposible que Yo me comunique por este medio con la humanidad, porque soy infinito y no sois dignos de recibirme, os digo: Mas que fijarme en vuestra pequeñez, me manifiesto a vosotros porque me necesitáis. En verdad os digo y no lo olvidéis: que no es imposible que Yo me comunique, a través del entendimiento humano; imposible sería que no pudiera comunicarme.

Si he venido a manifestarme por medio del ser humano, es porque el hombre constituye la obra máxima de cuanto deposité en la Tierra, si le doté de espíritu. ¿Qué mejor intérprete que él podría encontrar mi Espíritu para hablar con la humanidad? Ahí tenéis la razón de por qué en todos los tiempos ha sido el hombre mi mejor conducto para expresaros mis divinos pensamientos.

Me ha placido comunicarme con el hombre y mi determinación es perfecta. Conozco al hombre porque Yo lo he creado. Puedo servirme de él porque para eso lo formé, y puedo manifestar mi gloria por su conducto, porque lo creé para glorificarme en él.

¡Él espíritu del hombre! He ahí mi imagen porque él es inteligencia, vida, conciencia, voluntad, porque posee algo de todos mis atributos y su espíritu pertenece a la eternidad.

Buscad en el testimonio de mis profetas de los primeros tiempos, el anuncio de esta comunicación a través del entendimiento humano y de cierto os digo, que ahí lo encontraréis. Si hasta ahora los hombres no han descubierto esa profecía, es porque leyendo, no han sabido entender ni interpretar la palabra divina.

Yo he venido a desatar la lengua de los hombres en este tiempo, para que me reconozcan por un solo idioma: el espiritual, el del amor. Cumplida quedará entonces la profecía de Isaías cuando dijo: las lenguas se desatarán porque lenguas de fuego vendrán a desatarlas.

Porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablara a este pueblo. (Isaías 28:11)

*Mira que viene, se oye ya allá a lo lejos el nombre o Majestad del Señor; está su saña encendida, e insoportable: llenos de indignación sus labios y como fuego devorador su lengua. ( Isaías 30.27)) (*Versión Biblia edición ecuménica de Félix Torres Amat, que al margen comenta lo siguiente: Desde aquí parece que se habla de la venida de Jesu-Christo a juzgar al mundo. (Página 662)

Si mi palabra la hubiese dado en todas las naciones, la mayoría la hubiera rechazado, porque la vanidad, el materialismo y la falsa grandeza de los hombres, no hubieran aceptado una doctrina que habla de espiritualidad, de humildad y de fraternidad.

La humanidad no sabe que he estado entre vosotros, que he venido a manifestarme espiritualmente. Cuando conozca mi mensaje, será porque mi palabra ya habrá dejado de oírse por los labios de mis portavoces.

Inicio y fin de la comunicación Divina (1866-1950)

1866 marca el principio de este tiempo de luz. Yo envié al Profeta Elías para que descorriese el velo del misterio e iniciase el tiempo de mi comunicación como Espíritu Santo entre la humanidad. Elías iluminó a un varón destinado por Mí para que fuese el precursor. Aquel escogido llamado Roque Rojas, fue quien escuchó de espíritu a espíritu la voz del Profeta que le ordenaba en mi nombre, llamar y reunir a sus hermanos, porque una revelación divina estaba a punto de iluminar los destinos de la humanidad. Roque Rojas, manso y humilde como un cordero, obedeció la voz espiritual, respondiendo: «Hágase en mí la voluntad de mi Señor».

Roque Rojas reunió a un grupo de hombres y mujeres de fe y buena voluntad, y ahí, en el seno de sus primeras reuniones, Elías se manifestó a través del entendimiento del enviado, diciendo: «Yo soy Elías el Profeta, el de la transfiguración en el Monte Tabor». Y dio las primeras instrucciones a los primeros discípulos, al mismo tiempo que les anunciaba la Era de la Espiritualidad, y les profetizaba que pronto llegaría el Rayo del Divino Maestro a comunicarse con su pueblo.

Un día en que el humilde recinto de Roque Rojas se encontraba pletórico de adeptos que confiaban en la palabra de aquel varón, descendió Elías a iluminar la mente de su portavoz, e inspirado por Mí, ungió a siete de aquellos creyentes a quienes les dio la representación o el simbolismo de los Siete Sellos.

Más tarde, cuando llegó el instante prometido de mi comunicación, encontré que de aquellos siete escogidos, sólo uno velaba en espera de la llegada del Casto Esposo y ese corazón era el de Damiana Oviedo, la doncella cuyo entendimiento fue el primero en recibir la luz del Rayo divino (1884) como premio a su perseverancia y a su preparación.

Desde entonces y por ese conducto mi palabra iniciada con la manifestación de Elías marcó el tiempo de esta comunicación que es desde 1866 hasta el año de 1950.

No intentéis cambiar esa fecha, ni tratéis por ningún medio de retener la manifestación de mi palabra bajo esta forma ni la del mundo espiritual. Desde ahora os digo, que quienes así lo hicieran ya no estarán iluminados por la luz del Maestro. A unos y a otros desde ahora les digo, que si fuera la única forma en que Yo pudiera manifestarme a su espíritu, no os privaría jamás de ella, pero si la voy a hacer cesar, es señal de que algo más elevado y perfecto os aguarda, algo que vosotros también sabéis: la comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Padre.

Mi palabra es de Rey y no vuelve atrás; porque os he dicho que antes dejaría de alumbrar el astro rey, que mi palabra no se cumpliere, y Yo os he profetizado, os he marcado un tiempo para el final de mi comunicación a través del entendimiento humano.

Pretender hacerme esperar un tiempo más entre vosotros sería necio, sería negarle al Padre su perfección y su justicia y sería negar que he sido Yo, el Inmutable, quien os ha hablado.

¡Ay, de los que habiendo oído mi palabra, la olviden, porque llorarán buscando a su Señor y a su paso sólo encontrarán los falsos cristos, quienes les hablarán en apariencia en la misma forma en que Yo me manifesté, pero con una palabra sin esencia y sin verdad que los llevará a la confusión. ¿No consideráis doloroso que una falsa luz os hiciese perder el camino que mi palabra con tanto amor os trazó? Por eso os hablo mucho, para que quedéis llenos de mi palabra y para que conozcáis su esencia.

Si habéis creído en mi manifestación bajo esta forma, debéis también creer que voy a dejaros de hablar como hasta ahora lo he venido haciendo; y si habéis creído en mi presencia cuando os he doctrinado a través del entendimiento humano, sirviéndome de seres rudos e imperfectos. ¿Cómo no habréis de creer que podréis recibir mi divina inspiración de Espíritu a espíritu?

En el tiempo de mi comunicación, nadie ha callado ni callará mi voz; mas si después de ese tiempo alguno dijera que recibe el rayo divino de mi luz, a sabiendas de que desobedece al Padre y de que engaña a su hermano, no sabrá por dónde le toque mi justicia o en qué momento le sorprenda la justicia humana.

No estoy sentenciando a nadie, me concreto a revelaros a tiempo lo que podréis encontrar como resultado natural de vuestras obras. Os lo digo a tiempo, porque os amo y para que lo evitéis, para que miréis de frente hacia la verdad y no os desviéis del camino.

Desde ahora os digo: que los que quieran hacer creer que me sigo comunicando por su conducto, después del tiempo fijado por Mí, serán negados y llamados impostores y quien se comunique por sus entendimientos será llamado falso cristo; mas los videntes que hiciesen causa común con aquel engaño, serán llamados falsos profetas. ¿Quién creéis que se comunique por estos entendimientos, cuando haya cesado el tiempo de mi comunicación? ¿Por ventura queréis hacerme partícipe de vuestra desobediencia?

Ese deseo de que mi palabra prosiga indefinidamente, de que todo siga como hasta ahora, es una prueba de que el tiempo precioso que les fue confiado, lo han desaprovechado y ahora quisieran un tiempo más, para poder hacer algo. Mas cuando el tiempo señalado haya llegado a su término, nadie podrá hacer variar una determinación divina, porque intentarlo, equivaldría a negarle perfección a lo dispuesto por Dios.

La hora está fijada y mi voluntad es irrevocable. Si Yo no cumpliese mi palabra, dejaría de ser vuestro Padre, porque descendería al plano en que vibran los hombres, que hoy afirman un concepto y mañana se traicionan a ellos mismos.

En los designios de Dios no puede existir variación alguna, porque conociendo el futuro, no puede equivocarse.

Dios todo lo tiene previsto desde el principio, con suma justicia y perfección.

Yo os digo, que hasta las lecciones divinas tienen un término. ¿No partió Moisés una vez que hubo revelado a su pueblo mi Ley? ¿No recordáis que Yo, en Jesús, me elevé de entre los hombres cuando concluí mi misión de Maestro y redentor, luego de deciros, todo está consumado? Así en este tiempo, cuando mi revelación haya sido transmitida y los cerebros preparados hayan dejado manifestar mi mensaje y aquellos a quienes he llamado Plumas de Oro hayan anotado mi palabra y mi Mundo Espiritual haya entregado su mensaje, también os diré: Todo está consumado. Entonces callará esta voz y una nueva etapa se presentará ante los discípulos: la comunicación de espíritu a Espíritu.

Después vendrá el tiempo de la espiritualidad y aunque ya no escuchéis mi palabra, me sentiréis más cerca de vosotros.

Bienaventurados los que permanezcan fieles a mi palabra, porque a ellos llegado el tiempo les tomaré como emisarios y testigos de este Mensaje divino, que a través de mi comunicación por el entendimiento humano deje a la humanidad, como una lección precursora para la verdadera comunicación de espíritu a Espíritu con vuestro Dios Padre Creador.

El Divino Maestro

EL DIVINO MAESTRO

Venid a Mí. Soy Cristo, el amor eterno, el faro luminoso que desde el principio alumbra todos los senderos.

Los profetas anunciaron la venida del Mesías y mantuvieron encendida la esperanza en los corazones. Cuando fue llegado el tiempo, me mostré al mundo a través de Jesús. ¡No todos los que me escucharon aceptaron que fuese el Verbo Divino, cuya presencia abarca todas las Eras! ¿Cómo iban a reconocer al Salvador en el humilde nazareno, sencillo y amoroso, si ellos lo esperaban arrogante y soberbio?

Ahora sabéis por qué Jesús, aun diciendo que nada podía hacer si no era Voluntad de su Padre, en realidad todo lo podía, porque fue obediente y porque se hizo siervo de la Ley y de los hombres. Él sabía que esa humildad, esa unidad con el Padre, lo hacía todopoderoso ante la humanidad. ¡He ahí la transfiguración que da el amor, la humildad y la sabiduría!

¿Quiénes me reconocieron en aquel tiempo? Los pecadores, a quienes perdoné, los hambrientos y sedientos de justicia, los ansiosos de verdad, de espiritualidad, a quienes manifesté mi Sabiduría y mi Amor. ¿Quiénes no me reconocieron? Los poderosos de la Tierra, los teólogos, los fariseos, y para muchos que no creyeron ni me reconocieron, mi Palabra fue causa de confusión.

Yo os digo en verdad que no sólo descendí para dar vista a los ciegos, limpiar a los leprosos o resucitar a los muertos. Vine en busca del espíritu adormecido de los hombres, para levantarlo a la verdadera vida y entregarle el más preciado tesoro: la verdad.

Cuando Jesús tuvo que enfrentarse a las preguntas y juicios de los incrédulos, dio cátedra de verdadero saber, porque en Él brillaba la luz del Padre y de sus labios brotaba la palabra poderosa que no se aprende en el mundo.

Hoy os habla el Verbo, el mismo que habló en Jesús en aquel tiempo, porque el Verbo es omnipresente; lo mismo se manifestó por boca de profetas y apóstoles, como ahora lo hace por estos portavoces. Y cuando hayáis penetrado en el tiempo de la elevación, lo hará directamente a través de vuestro espíritu.

Jesús hombre, nació, vivió y murió; mas respecto a Cristo, Él no nació en el mundo, ni murió, porque Él es el Espíritu del amor, la Palabra Divina, la Sabiduría y la Vida eterna.

Nuevamente vengo a mostrar mi mansedumbre y mi amor. En aquel tiempo, para daros pruebas de humildad en Jesús, hube de llamarme “el Hijo del Hombre”. Ahora, no es Jesús de Nazaret el que se presenta delante de vosotros, es Cristo, el Maestro en Espíritu, el que se manifiesta con gran majestad.

La noche en que nació Jesús, fueron los corazones de los humildes y sencillos pastores de Belén, los que rebosaban de alegría al saber de la llegada del Salvador. Mientras mi Espíritu se llenaba de gozo por haber venido a morar entre los hombres, los que tenían en sus manos las profecías que hablaban del Mesías, dormían profundamente, insensibles a mi Presencia, ajenos a los acontecimientos de ese tiempo. Ahí empezó mi calvario.

Me limité en aquel cuerpo, viví como hombre, cumplí las Leyes Divinas y humanas y sentí los rigores de esa vida; trabajé para labrar el pan, pero sobre todos esos deberes, entregué al mundo mi Mensaje de amor y sabiduría.

Aquella carne en que viví, fue obra del Espíritu Santo. Este misterio pertenece a mis Íntimos juicios. Yo os digo en verdad que las Obras Divinas no pueden ser juzgadas por la mente humana.

Ya sabéis que el Espíritu Divino es inmortal, mas aquella carne fue limitada, sensible al dolor físico y mortal por naturaleza; por eso elegí ese medio para manifestarme al mundo y ofrecerle mi vida, mi ejemplo y mi sacrificio verdadero, y enseñarle el camino que conduce a la salvación.

Os había sido prometido el Salvador en un hombre justo, limpio y puro, era natural que su cuerpo proviniese de un seno casto. La promesa fue cumplida en María, llamada bendita entre las mujeres, quien dejó en la humanidad su ejemplo y su ternura. Aquel pueblo tuvo conocimiento de que el Mesías había sido concebido por gracia Divina.

Dejad de escudriñar la encarnación de Jesús; ese estudio no os revelará la sutileza de ese cuerpo: perfecto, pero humanizado y sensible.

Si todas las maravillas de la naturaleza, son la materialización de pensamientos Divinos, ¿no pensáis que en aquel cuerpo se plasmó un pensamiento sublime del amor del Padre?

Jesús consagró su infancia y su juventud a la oración y a la caridad, en tanto llegaba la hora de anunciar la proximidad del Reino de los Cielos. Jesús niño dejó asombrados a los doctores de la Ley; Jesús predicador os legó grandes revelaciones para todos los tiempos; Jesús redentor, selló sus palabras con su sangre y su sacrificio.

Buscad la esencia de mi Palabra de aquel tiempo y decidme si ella puede proceder de alguna doctrina o ciencia humana. Yo vine a enseñar lo que no era conocido en la Tierra; si hubiese tomado la sabiduría de los hombres, de aquellos maestros hubiese entresacado a mis discípulos y no de hombres rudos e ignorantes para formar mi apostolado.

Me preguntáis qué puedo deciros de las doctrinas y filosofías de aquellos pueblos y Yo os digo que son inspiraciones del espíritu, pero no mi suprema verdad.

Durante mi predicación, supe estrechar la mano del amigo, me recreé con la gallardía y nobleza del mancebo y con la pureza de corazón de la doncella. Me llené de satisfacción al contemplar la abnegación y el sacrificio de las madres y la fortaleza de los hombres. Os enseñé el amor a Dios y el cumplimiento de su Ley; os dije cómo debíais amar a vuestros padres, a vuestros hermanos y a vuestros hijos; os hablé del amor entre esposos; os mostré el camino limpio del trabajo, del respeto y la caridad de los unos a los otros. Os invité a vivir en perfecta comunión con el Padre y en armonía con la naturaleza. Cuando los pequeñuelos venían a Mí y me abrían su corazón para pedirme alguna gracia, Yo les acariciaba y bendecía. Y cuando mis discípulos trataban de apartarlos, creyendo que con su presencia me faltaban al respeto, hube de decirles: Dejad a los niños que vengan a Mí, porque es menester que tengáis su pureza y sencillez, para que seáis dignos de penetrar al Reino de los Cielos.

¡Ah, si los hombres hiciesen mi Voluntad imitando a Jesús, qué grandes y hermosas serían las manifestaciones de vuestro espíritu, en obras, palabras y pensamientos!

En aquel tiempo fui el Sembrador y aún sigo cultivando mi Simiente. Después vendré por el fruto para deleitarme eternamente y no volveré a decir: “Tengo hambre” o “Tengo sed”, porque al fin seré amado por mis hijos como Yo les amo.

Mi Palabra de ahora no borrará la que os di en aquel tiempo. Pasarán las Eras, mas las palabras de Jesús no pasarán. Hoy vengo a explicaros el contenido espiritual de las enseñanzas que no lograsteis comprender.

A través de Jesús os enseñé a dar a Dios el culto que a Él corresponde y también al mundo un tributo: el cumplimiento de sus leyes. Para los hombres de hoy nada más existen deberes materiales y a su Señor nada tienen que ofrecerle; si al menos dieseis al mundo lo justo, vuestras penas serían menores, pero habéis dictado leyes que os han convertido en esclavos y os debilitan sin daros nada a cambio.

Yo vine a probaros la fuerza del amor, mi Doctrina y ejemplos quedaron impresos en vuestra conciencia; con amor vencí al dolor y a la muerte. Jesús, el Cristo, en su perfección, dominó la materia y por eso realizó los milagros que conocéis. Era el Espíritu el que a través de aquel cuerpo se manifestaba. Evolucionad, para que también dobleguéis a la materia y vuestro espíritu se manifieste a través de ella.

Jesús os enseñó a practicar la caridad y la mansedumbre, a gozar de vuestras sanas alegrías, a perdonar a vuestros enemigos, a respetar a vuestros semejantes, a huir de la mentira y amar la verdad.

Cuando bendije unos cuantos panes y peces y los hice repartir, la escasa provisión alcanzó para todos. Ése fue un milagro de amor, una lección inmortal para la humanidad materializada de todos los tiempos.

Cuántos milagros de amor y cuántos prodigios de fe hizo Jesús entre las multitudes! Hoy os digo que no existe milagro que no tenga una razón lógica y natural. Nada hay sobrenatural ni contradictorio en la creación.

Conoced la Ley, amad el bien, conceded a vuestro espíritu la santa libertad de elevarse espiritualmente y me estaréis amando. ¿Queréis un modelo perfecto de cuanto debéis hacer para llegar a Mí? Imitad a Jesús, amadme en Él, buscadme a través de Él: venid a Mí por su Divina huella, mas no cambiéis por formas o ritos la práctica de sus Enseñanzas, amadme en el Maestro de sabiduría.

Jamás ofrecí a los pobres una moneda porque no la tuve, sin embargo, Yo les brindaba la salud que a ningún precio habían encontrado y les llevaba al camino de la luz, del consuelo y la alegría.

Muchos de los que fueron en busca de Jesús con la esperanza de recibir riquezas del mundo o poderes temporales, se sintieron defraudados al ver que el Rey que los profetas habían anunciado que salvaría a aquel pueblo, no llevaba corona ni cetro y sus manos estaban vacías.

Si queréis meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, recordad mis Enseñanzas, mis Obras, para que reconozcáis la lección de amor que os di al hacerme semejante a vosotros, después, mediante la práctica de las virtudes, os elevaréis para ser semejantes a Mí.

Fue hasta después de mi ascensión, cuando los hombres comenzaron a comprender que el Cristo anunciado por los profetas era el que había hablado en Jesús. Por eso vuelvo a deciros que Cristo no nació en vuestro mundo, porque Él es antes de todos los mundos; quien nació fue Jesús, el hombre, el cuerpo bendito que fue mi instrumento e intérprete, para que la humanidad pudiese verme y escucharme.

Discípulos amados: Hoy es otro lugar del mundo donde me presento, pero sois el mismo pueblo, los mismos espíritus. Ahora no me rodean aquellos discípulos amados, hoy son muchedumbres a las que estoy preparando. A vosotros que sois mis nuevos discípulos, os digo: Lo que veáis que hago con vosotros, hacedlo con vuestros hermanos, nunca os creáis los primeros sino los últimos. Si en aquel tiempo los hombres se maravillaron de la humildad en que nací, en este tiempo también se sorprenderán cuando sepan el medio humilde que elegí para entregaros mi Palabra.

Cristo es el AMOR; ese amor no está ni antes ni después de ninguna otra potencia, está fundido en todas, para formar lo absoluto, lo divino, lo perfecto.

El que os habla, es el mismo Maestro que en el Segundo Tiempo os prometió un reinado de paz, de amor, de ventura y justicia. Soy el mismo Cristo que ha manifestado la verdad a través de los tiempos, porque mis Lecciones son eternas e inmutables. Así como una sola es la verdad, una sola es la esencia Divina que os he dado en las diferentes Eras, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.

Mi Doctrina os enseña que mientras más se posee, más se está obligado a dar, y que mientras mayor se es, más humilde se debe ser. En este Tiempo el triunfo será de quienes imiten a Jesús en sus obras, porque las armas con que lucharéis, serán las mismas que os mostró en aquel tiempo.

Si os dije: “Yo soy la luz del mundo”, quiero que vosotros seáis también un faro de luz en la vida de vuestros hermanos, que vuestra presencia sea benéfica siempre y vuestra influencia saludable, que vuestros pensamientos sean limpios y vuestros sentimientos sanos. Ya veréis entonces cuán fácil es la vida, qué llevadera la lucha en la Tierra y qué grato servir a vuestros semejantes. Entonces habréis llegado a ser, por méritos, LOS HIJOS DE LA LUZ.

Mientras estéis en el mundo, recordadme en la cruz perdonando, bendiciendo y sanando a mis verdugos, para que en vuestro camino bendigáis a quienes os ofendan y hagáis todo el bien que podáis a quienes os hayan causado mal. Quien obre así, será mi discípulo y sus dolencias serán breves, porque Yo le fortaleceré en las pruebas.

Yo me mostré en aquel tiempo como el Dios de las obras, no sólo de las palabras. Ahora os digo: La sangre del Cordero no sólo trazó el sendero de evolución a los seres de este mundo, sino también a los del valle espiritual. Cumplida la misión de amor de Jesús, su cuerpo fue sepultado para dar término a su misión en cuanto hombre, pero las entrañas de la tierra no podían guardar aquel cuerpo que no les pertenecía; aquellas células que sólo vibraron para amar, se esparcieron en el infinito para caer después como lluvia de vida sobre toda la humanidad.

La Tierra no conserva ninguna huella material de su paso, porque fue mi Voluntad borrar toda señal; quise que el recuerdo de mi Palabra quedase plasmado en la conciencia de mis hijos, que el camino de amor, de luz y sacrificio que os tracé, quedase grabado en el espíritu, en lo más puro de cada hombre.

Os he recordado lecciones de aquel tiempo, para que las unáis a mis nuevas Revelaciones y con ellas iluminéis a la humanidad.

Después de mi partida los hombres me reconocieron, mi semilla germinó y se extendió a otras naciones, mis perseguidores fueron después mis discípulos.

Con cuánta dulzura y amor propagaron mi Doctrina los primeros maestros del Cristianismo. La fuerza de su palabra estuvo en la verdad de sus obras. El testamento que les confié fue para los hombres de todas las razas. De ese pueblo surgieron apóstoles y mártires que hicieron vida ejemplar, que supieron sembrar la semilla de amor que iluminó la vida de la humanidad. Una nueva Era se iniciaba, un camino claro se abría para todos: la senda que conduce a la perfección.

La Doctrina de Jesús conmovió las raíces más profundas del corazón humano, jamás fue tan clara la Ley de Dios, ni tan comprensible para todos. Al hombre le parecía vivir en un mundo antes desconocido, porque viendo no miraban y oyendo no escuchaban. Pero llegué a darles la vista y el oído, la voz, la voluntad y el entendimiento, para que su espíritu se liberara de las ataduras de la carne y pudiera cumplir su alta misión.

Hoy os digo, que si no podéis hacer obras perfectas como las que hice en Jesús, al menos os esforcéis en vuestra vida por acercaros a ellas. A Mí me basta contemplar un poco de buena voluntad para imitarme y algo de amor a vuestros semejantes, para que os ayude y manifieste mi Gracia y mi Poder en ese momento. Cuando entre vosotros empiecen a surgir aquéllos que, impasibles ante la injuria, amen y perdonen al que les ha herido, entonces estaréis en el principio del reinado de Cristo.

Cuando el hombre, cansado de luchar y sufrir, sienta que ya no tiene fuerzas para salvarse a sí mismo, verá maravillado que del fondo de su misma flaqueza, de su desesperación y desengaño, surge una fuerza desconocida que emana del espíritu, el que, al liberarse, se levantará de su mundo de vanidades, egoísmo y mentira, para decir: Ahí está Cristo, Él vive, en vano hemos querido destruirle, vive y viene a salvarnos con su amor.

Casi veinte siglos han transcurrido desde que el mundo dejó de escucharme, sin saber que ni un instante me he apartado de él ni he dejado de hablarle un solo momento.

“Amaos los unos a los otros”, fue el último mandamiento que dejé a mis discípulos de aquel tiempo. En él, reuní todos los preceptos, todas las máximas y proverbios, para que supieseis que el amor es la fuerza que rige la vida.

Ya sabéis que Cristo, el Amor Divino, es el mismo Padre. Jesús fue el hombre perfecto que os trajo mi Mensaje de Sabiduría. Él fue la más alta expresión de la espiritualidad: por eso es llamado EL DIVINO MAESTRO.

¡Mi paz sea con vosotros!

De Su manifestación en México

Libro de la Vida Verdadera

De Su manifestación en México

Velad por vuestra nación, no dejéis que penetre en ella la guerra. Abrid las puertas de vuestro corazón y dejad que penetre al que llamáis extranjero, al hombre de buena voluntad y también aquel que encierre en su corazón la maldad, porque en esta tierra se iluminará su espíritu y ella será para todos como una madre solícita. Preparo los graneros para que deis alimento a los hambrientos y haya bienandanza y paz entre todos mis hijos. 1-13-35

Así como en los tiempos pasados, los lugares de Jerusalén y de Roma, fueron para la humanidad tierras de promisión y fuentes de gracia en donde el Señor se manifestó, a esta nación empequeñecida y humillada, le he señalado una elevada misión para este tiempo; deberá de estar preparada, porque tanto el eco de mi manifestación, como el rumor de mis prodigios y el fervor de los testigos, atraerán la atención de la humanidad. 1-24-65

Serán primero los pobres, los ignorantes, los necesitados, los inocentes, los esclavos, los hambrientos y sedientos de justicia, los que vengan, y después llegarán los escépticos, los señores, los científicos. 1-24-66 Leer Más

El retorno del Espíritu de Verdad

Libro de la Vida Verdadera

El retorno del Espíritu de Verdad

Os prometí volver entre vosotros y no podía dejar de asistir a esta cita con vuestro espíritu. 2-31-2

Comprended y analizad el momento en que vivís. Yo os anuncie en el Segundo Tiempo que volvería y os dije cuales serían las señales de mi venida. Quiero que la humanidad reconozca que estas señales han aparecido ya. 1-3-29

Si os dije que volvería, es que tenía algo más que deciros y que en aquel tiempo aún no os lo podía revelar, porque no lo hubieseis comprendido. 1-3-30

Mi venida en este tiempo es una nueva invitación al camino de la Ley, y toda la esencia de esta palabra se resume en aquella máxima que ha tiempo os enseñé: “Amaos los unos a los otros”. 7-193-22 Leer Más