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La Justicia

LA JUSTICIA

Estáis viviendo el fin de los tiempos: Era de juicio, de restitución y restauración, en la que recogeréis la cosecha de las siembras pasadas, la consecuencia de vuestras obras.

Antes que Juez, soy Padre amoroso. Yo perdono vuestras faltas a mi Ley y cubro con mi Manto la desnudez del espíritu. Ya sabéis que mi Justicia es inexorable, pero tenéis en Mí al Padre más tierno, paciente y comprensivo; a un Juez que os llama a solas sin delataros, que habla al corazón y os da una nueva oportunidad para reparar las faltas cometidas y concluir vuestra obra.

Hoy llegan ante Mí los enfermos, los vencidos, los pobres de espíritu, y mientras unos bendicen mi Voluntad, otros se rebelan y atribuyen sus sufrimientos a un castigo divino, porque no saben valorizar mi Justicia perfecta.

 ¡Qué distinta sería vuestra vida si en vez de inconformidad e incomprensión, reconocieseis los beneficios que el Padre os brinda! Yo a todos amo y a nadie castigo: es mi Amor el que encauza y perfecciona al espíritu. Si no corregís vuestros errores, la conciencia será quien juzgue si sois dignos de recibir mi perdón. Mi Justicia será al fin comprendida en este tiempo.

Cierto es que debéis saldar ante Mí toda deuda pendiente, mas el tributo o la ofrenda que me deis, será en beneficio vuestro. Si me ofrecéis pureza o me presentáis obras meritorias, ésas serán las galas que enaltezcan a vuestro espíritu; si os arrepentís y reparáis vuestras faltas, la paz será vuestro galardón.

Si permito que apuréis el mismo cáliz de amargura que disteis a beber a vuestro hermano, es porque sólo así comprendéis el mal que habéis causado; mas podéis evitarlo con arrepentimiento y buenas obras, devolviendo una honra o una vida, el pan o la alegría, que alguna vez hubieseis hurtado.

Todavía la cizaña se multiplicará un poco, la mala yerba crecerá y cundirá en la Tierra. Pero pronto vendrá la siega y entre la mala yerba estará el trigo, que será conservado en mis graneros para volverlo a sembrar, cuando la tierra sea propicia, mientras la cizaña será atada en gavillas y arrojada al fuego.

Se acerca la hora en que el juicio en plenitud se haga sentir en todo el mundo. Cada obra, palabra y pensamiento serán juzgados. Desde los grandes de la Tierra que gobiernan los pueblos hasta los más pequeños, serán pesados en la balanza Divina. Todo lo que habéis profanado con vuestras faltas, tenéis que restaurarlo.

Mi Presencia y poder se harán sentir cual nunca los había manifestado. Después del caos, todo volverá a su cauce. Los hombres vendrán a buscarme y descubrirán que mi Palabra se adapta a todas las edades y culturas, porque es sabiduría eterna. El momento de reconciliación será también de Divino perdón para los hijos pródigos que regresan a la casa paterna. Yo no puedo daros sentencia mayor al peso de vuestras faltas, por lo cual nada debéis temer de Mí sino de vosotros. Todo el dolor que sufre la humanidad es obra suya; el espíritu va a despertar ante el resultado de su cosecha: él será su propio juez.

En la hora del juicio muchos me dirán: Señor, perdóname, tenía sobre mis ojos una venda de oscuridad. Yo les perdonaré y haré saber que en esta Era nadie ignora mi Ley y mi Doctrina. Todo el que toma el camino equivocado y se olvida de la luz que lleva en su conciencia, no imagina el juicio a que se hace merecedor.

Pero no confundáis justicia con venganza, ni restitución con castigo: mi Juicio es un acto de amor que os lleva a la luz, a la paz y a la felicidad. Yo sólo permito que recojáis los frutos de vuestra siembra y reconozcáis por su sabor si son buenos o nocivos, si sembrasteis bien o mal.

Todas las instituciones han sido profanadas por los hombres, mas ha llegado la hora en que sus obras sean juzgadas. Ese juicio es a Mí a quien corresponde hacerlo, a vosotros toca velar y cumplir mis Preceptos de amor y perdón.

Tenéis gobernantes en cuyo corazón no se alberga la rectitud ni la magnanimidad, porque van tras el ideal mezquino del poder y la riqueza. Hombres que se dicen representantes míos y no conocen el amor a sus semejantes y jueces que confunden la justicia con la venganza y utilizan la ley con fines perversos.

Los hombres del poder han olvidado que existe un dueño de todas las vidas y ellos las toman como si les perteneciesen; las multitudes claman pan y justicia y no son escuchadas.

A los que hoy llevan a sus pueblos al abismo, que siembran y propagan los vicios y han creado un reinado de injusticia, les daré por restitución combatir la maldad, destruir la perversidad y cortar de raíz el árbol del mal. Dentro de ese juicio estaréis muchos de vosotros que me escucháis, que perseguisteis a Elías, desconocisteis a Moisés, sacrificasteis a Jesús y disteis muerte a los profetas y apóstoles.

Encuentro enriquecido al que hurta y sorprende la buena fe de los demás; al tirano, ensalzado y rodeado de adulaciones; al que se ha manchado con la sangre de su hermano, absuelto, y a los que son víctimas de la crueldad humana, humillados y desconocidos. Yo permito a los que sembraron de espinos el camino de la vida, que vengan ahora a recogerlos. Estáis en el tiempo de la mayor purificación para el espíritu. Mi juicio ha sido abierto y si sus consecuencias son penosas para vosotros, no olvidéis que antes que Juez soy Padre que os amo y que la ternura de María, vuestra intercesora, os envuelve con su manto Divino.

¿Quién ha comprendido verdaderamente el origen y significado del dolor? El hombre no encuentra en la ciencia ni en las religiones respuestas satisfactorias a sus preguntas y ha tratado de buscar por sí mismo la verdad. Mucho tendrá que aprender todavía en este mundo. ¿Cuándo entenderéis que el dolor existe a causa de vuestro pecado y que es el hombre el que se sentencia y castiga? Ya llegaréis a comprender que la injusticia no existe en vuestro destino y entonces exclamaréis: Yo he sido injusto conmigo.

Hoy vengo a deciros: Aprovechad el sufrimiento, que es para vuestro espíritu una bendición. La vida es el maestro que modela y el dolor el cincel que perfecciona. Mas debo deciros que no sólo el dolor purifica. ¡Cuántos seres existen en mi Reino a quienes ha purificado el amor, sin haber experimentado el sufrimiento!

Aprended a bendecir vuestro dolor lo mismo que a vuestras alegrías. Dejad que vuestro espíritu esté conforme con su restitución. No olvidéis que por uno que sufra bendiciéndome, muchos alcanzarán clemencia. Bendecid con el espíritu, con el pensamiento y el corazón y vuestra influencia llegará a vuestros hermanos, aunque estén muy distantes.

En verdad os digo que os he dado más de lo que habéis merecido, porque soy vuestro Padre que os ama y perdona siempre. Buscad mi Amor y mi Sabiduría, antes que mi Justicia.

¿Teméis al dolor? Desechad el pecado, y el dolor nada podrá contra vosotros. Tendréis otras pruebas, pero ya no será el sufrimiento sólo por vosotros, sino comenzaréis a padecer por amor a los demás. ¡Cuántos han encontrado la salud en este camino, porque descubrieron a tiempo la raíz de sus males!

Alegraos de que vuestros sufrimientos sean temporales y desaparezcan pronto. El tiempo de expiación y purificación es pasajero para quien toma las pruebas con fortaleza y elevación. Estoy probando a vuestro espíritu en distintas formas. En esta tarea me sirvo de todo y de todos, lo mismo tomo como instrumento a un justo que a un malvado, todos sois mis siervos.

Ya lo sabéis: la hoja del árbol no su mueve sin mi Voluntad; lo mismo estoy en las grandes como en las pequeñas obras de la Creación.

Cuando sintáis que el dolor penetra en vuestro corazón, conversad con vuestro espíritu, examinad la pena y encontrad de dónde proviene; escuchad la voz de la conciencia y de esa meditación extraeréis un tesoro de luz y de paz. Ese conocimiento os servirá de experiencia y lección. Entonces comprenderéis el porqué de muchas pruebas.

Llevad vuestro dolor con paciencia, no desperdiciéis sus enseñanzas: él os purifica y borra vuestras manchas.

Meditad, sabed luchar, sufrir y esperar: amad siempre. Sed hombres de fe y buena voluntad y seréis grandes espíritus.

Todos llegaréis a Mí, unos primero, otros después, según sea el camino que cada quien haya elegido.

El ejemplo del Maestro en el Segundo Tiempo, transformó la vida de los hombres; su muerte y resurrección les abrió los ojos a la luz de la verdad. El culto a la Divinidad dio un gran paso hacia la perfección, porque mi Amor hizo que ellos tuvieran un nuevo concepto de la Justicia Divina. Como si un nuevo Dios hubiese aparecido delante de aquel pueblo, sus palabras y obras hicieron ver al mundo toda la verdad de mi Doctrina.

Ahora he venido en espíritu a deciros que ninguno se perderá, pero también os recuerdo que toda falta deberá ser borrada del Libro de la Vida. Si habéis caído en desobediencia, debéis levantaros por vuestro propio esfuerzo.

El mundo cristiano tomó como símbolo la cruz, porque Jesús, en aquel madero, consumó su obra de redención. Desde entonces la cruz simboliza el amor y el perdón Divinos y ha sido estandarte en la lucha de ideas entre la humanidad.

El hombre en su vida lleva una cruz a cuestas. Mi Palabra os enseña a soportarla con amor, a hacerla ligera y aun considerarla necesaria. Quien ama su cruz, ama su destino, porque sabe que ella lo sostiene, lo eleva y lo conduce a Mí.

El que es inconforme con el peso de su misión, no podrá tener tranquilidad en su corazón, mas los que llevan la cruz con paciencia no deben dejarla a la medianía del camino, porque sentirán que les hace falta.

Si en aquel tiempo vine a humanizarme para redimiros, ahora serán vuestros méritos los que os eleven a Mí.

Sois un pueblo que conoce el dolor y que tiene la misión de vencerlo, llevando su cruz con abnegación. Quiero que mi Paz se manifieste a través de vuestro espíritu, de vuestra mirada, de vuestra sonrisa. Estoy con vosotros para fortaleceros y protegeros contra el sufrimiento; cuando os sintáis iluminados y preparados, quiero veros consolando a los que sufren.

Todos tenéis una herida en el corazón. Sé de la fatiga de los que han luchado en la Tierra y cuya existencia es como una pesada carga. Sé del vacío de los que han quedado solos en el mundo: a todos vengo a dar compañía, tranquilidad y bálsamo en sus penas.

Cada corazón es una prueba viviente de mi Justicia y Sabiduría. A veces en un miserable se oculta el espíritu del que en otro tiempo llevó cetro y corona; en un presidiario, el que privó de libertad a un pueblo.

Toda vuestra existencia es una lección infinita de amor y justicia.

Si a los reyes les he quitado el cetro, es porque los quiero humildes: si reclamo los actos de los gobernantes, es porque deseo que siembren el amor, la paz y la rectitud en el corazón de los pueblos.

Os amo y os quiero perfectos. Todas las obras pasadas y aparentemente olvidadas por Mí, serán valorizadas, pero antes que juzgaros con rigor, os doy un tiempo propicio para vuestra elevación.

Vuestro deber es reparar hasta la última falta. Nadie, ni vuestro Padre Celestial, ni vuestros hermanos en la Tierra o en el Valle Espiritual, harán lo que sólo a vosotros os corresponde.

No toméis nunca como castigos las pruebas de vuestra vida, soportadlas con amor sabiendo que son lecciones y experiencias que ilustran y fortalecen al espíritu. Si mi Justicia se manifiesta en mayor grado cada día, es porque vuestra falta de armonía con la Ley es más grande también.

La fe y la humildad harán menos penosa vuestra jornada, pero si en las pruebas surgiere la rebeldía e incredulidad, el dolor se presentar á una y otra vez, hasta que aprendáis la lección. Yo sembré de bendiciones esta morada: la práctica de mis Leyes de Amor y Justicia, solamente os brinda paz y bienandanza.

El Espíritu Divino es Amor, en Él no cabe la ira. ¡Cuántas imperfecciones me habéis atribuido por falta de estudio! Si los profetas os hablaron de la “ira santa del Señor”, ahora os digo que aquella expresión debéis interpretarla como Justicia Divina. La ira es sólo una flaqueza humana.

Vengo a hablaros como Maestro, no como juez; en lugar de juicio quiero derramar consuelo y enseñanza entre vosotros.

Me presento como defensor y vengo a libraros de vuestro fardo de errores, a convenceros de que toméis el buen sendero, para que alcancéis la verdadera libertad del espíritu. No os confundáis sí un mismo Dios os juzga, ama y perdona; no os extrañe que del corazón del Padre surja el juicio más severo y, a la vez, la más dulce intercesión por sus hijos.

No debéis temer al juicio de la humanidad, sino al de vuestro Dios. Si vosotros cumplieseis con mi Ley, los jueces del mundo no serían necesarios, ni existiría el castigo injusto ni habría tribunales. Cada uno sabría encauzar sus propios actos y todos seríais guiados por Mí.

He aquí al Juez perfecto entre vosotros, manifestando su omnipotencia y sabiduría. Os estoy juzgando ciertamente, pero mi Amor y Mi perdón se manifiestan en cada uno de vosotros. Debéis reconocer que antes que todo soy Padre y he venido a salvaros.

Habéis llegado a comprender que el culto que debéis rendirme no consiste en sacrificar a la materia, sino en ofrecerme obras meritorias del espíritu. Vuestro espíritu ha sido dotado de fuerza y las pruebas que os envío no son mayores a la potestad y energía que poseéis. Tened paciencia en vuestra vida, no desesperéis en vuestras penas, porque no sabéis qué deudas de pasadas existencias estáis saldando ahora.

Éste es el tiempo que marca el final de la maldad y el principio del bien. ¿Quién de vosotros no desea la verdadera paz en el mundo? ¿Quién no anhela el reinado del amor y la virtud en el corazón de los hombres? Yo aliento en vosotros la esperanza de un cambio en vuestra vida. Cuando la humanidad esté preparada, mi Voz amorosa vibrará en toda conciencia y los hombres palparán mi Poder, mi Justicia y mi Sabiduría.

Mi juicio es Universal. Las obras de todas las criaturas son pesadas en este tiempo en mi Balanza. Al fin estáis presenciando el día del Señor.

Temíais su llegada, porque creíais que en el espíritu de Dios existía la ira y la venganza. Si el mundo solloza, no es que su Padre le haya dado ese fruto amargo, él sólo va recogiendo la cosecha de sus obras.

Mi Palabra revelada en este tiempo, hará que los hombres comprendan el verdadero sentido de la justicia y que en el futuro las leyes humanas estén basadas en mí Doctrina.

Cuando os detengáis para escuchar el juicio de vuestra conciencia, de cierto os digo que estaréis ante mi Presencia. Ese momento de quietud, de serenidad y luz, no llega al mismo tiempo a todos; unos penetran pronto en aquel examen de sí mismos, otros, tardarán en hacerlo.

No os avergüence llorar delante de Mí, varones, que las lágrimas no sólo son del niño o de la mujer. Bienaventurados los que lloran, porque mi mano enjugará su llanto y mi Palabra consolará su corazón. Ya sabéis que el arrepentimiento sincero lava las manchas, corrige vuestros errores y os da paz.

Estáis ya bajo mi Juicio. Debéis permanecer fuertes, porque la tempestad se ha desencadenado y las tentaciones os acechan. Dejad a Sodoma y Gomorra, ciudades pecadoras, y no volváis a ellas vuestro rostro: porque si ya os liberasteis, no debéis volver a caer en su seno, no sea que después no tengáis fuerzas para romper las cadenas de la tentación. Id sin deteneros en pos de la ciudad de la paz, que llegará a establecerse en vuestro corazón cuando el tiempo sea llegado.

La batalla final se está librando y es necesario que tengáis armas para combatir y escudo para defenderos. Este juicio no es como el mundo lo había imaginado, pero ya el hombre sabe que se encuentra dentro de él. Todo aquel que haya despertado, dé la voz de alerta y testifique mi Presencia entre la humanidad.

Estoy iluminando a los espíritus que tienen el destino de levantarse a testificar con sus obras mi Manifestación. Cuando ellos se encuentren reunidos en torno a mi Ley, la Tierra y los astros se conmoverán.

Yo soy la fuente del saber y os revelaré grandes misterios, para que cimentéis vuestro futuro en la ciencia del bien, en la justicia y en el amor.

Y cuando lleguéis al Más Allá y os presente el libro donde están anotadas todas vuestras obras, el espíritu se regocijará si la balanza de mi Justicia se inclina con el peso de vuestros méritos. Al final, os fundiréis con mi Espíritu Divino, de quien habéis brotado y al que tenéis que retornar limpios y puros. Mirad cuán dulce es la Palabra de vuestro Juez; en vez de sentencia os brindo mi Perdón.

¡Mi paz sea con vosotros!

La Ley

LA LEY

En todas las Eras me he manifestado a vosotros para daros a conocer mis mandamientos. Ley, amor, sabiduría: he ahí las tres fases en las cuales me he mostrado al hombre para que llegue a poseer plena firmeza en su camino de evolución y un completo conocimiento de su Creador. Esas tres fases son distintas entre sí, pero todas proceden de un mismo principio y en su conjunto son la perfección absoluta.

En ninguna Era ha carecido el hombre del conocimiento de mi Ley; jamás le ha faltado un destello en el espíritu, una intuición en su mente o un presentimiento en su corazón.

La Ley espiritual que os sirve de norma y de guía, es la misma que os fue revelada en el monte Sinaí. El pan espiritual que os sustenta, está contenido en la palabra que os di por conducto de Jesús. Y en este tiempo he hecho descender, desde el infinito, la inspiración, para que no os desviéis nunca más del sendero de la verdad.

De lección en lección he llevado a la humanidad a la comprensión de que la Ley se resume en un solo mandamiento: Amad. De esa Ley brotan todas las demás. Si queréis saber si estáis cumpliendo mis Mandatos, preguntaos si vais recogiendo en el mundo una cosecha de amor.

Cuando os digo amad, ¿sabéis qué es lo que quiero expresaros? Amad la verdad, el bien, la belleza, la justicia; amad la vida verdadera: la vida espiritual.

Yo os he enseñado: Amarás a Dios más que a tus padres y a tus hijos, de todo corazón y espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo. Y os dije también: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os aborrecen y orad por los que os ultrajan y persiguen, para que seáis reconocidos como hijos de vuestro Padre. Si así lo hiciereis, sentiréis la paz en vuestro corazón, vuestras penas serán leves y los elementos, clementes con vosotros.

Ésta es Ley espiritual, eterna; ella no sufrirá cambio alguno. Sólo lo humano cambia y se transforma, lo Divino es inmutable.

La Enseñanza que es estoy entregando, contiene la misma esencia que inspiré a Moisés y que os confirmé a través de Jesús. Mi Palabra de justicia es fuerza que levanta al débil, al tímido, al cobarde, y lo convierte en valeroso, decidido y ferviente; es ley que guía y conduce por la senda de la verdad: maná que sustenta y, también, paz y bienandanza para los hombres de buena voluntad.

Mi Ley no esclaviza, mi Palabra libera. El que en Mí cree y me sigue, no es esclavo de las pasiones terrestres, deja de ser del mundo y se convierte en dueño de sí mismo, vence las tentaciones y el mundo queda a sus pies.

El camino recto está trazado con luz, amor y virtud, es el camino de la Ley. Los senderos torcidos retardan más la jornada, pero al final todos llegaréis a Mí.

El hombre terminará reconociendo que su espíritu está sujeto a evolución, llegará a presentir su grado de adelanto o retraso y a buscar la forma de lograr su verdadero progreso, comprenderá que no debe concretarse a vivir para él ni darle importancia solamente a la vida material.

Entonces volverá sus ojos a mi Ley y, a través de ella, llegará al conocimiento de la Doctrina que en este tiempo os he esclarecido y comprenderá que ella es Universal.

Nada hay contradictorio en la Ley del Padre, sencilla por sabia y sabia por estar saturada de amor. Amar fue el fin para el que fuisteis creados.

Amar a vuestro Padre y en Él, a todos vuestros hermanos: he ahí la Ley. Mi palabra es el camino. Siempre os he enseñado a vivir dentro del bien y la justicia.

Si desde los primeros tiempos hubieseis sido sumisos y obedientes a mis Mandatos, todas mis Revelaciones y Lecciones os hubiesen llegado a través de la conciencia. Pero cuando vi a la humanidad cautiva de las pasiones y de la ambición de los bienes del mundo, sorda a mi Voz y ciega para seguir la luz espiritual, que siempre alumbra su camino, tuve que dejarles mi Ley en el Primer Tiempo.

Os envié a Abraham, ejemplo de obediencia y fe, a un Isaac virtuoso y a un Jacob fiel y lleno de fortaleza. Del tronco de esa generación que supo conservar la intuición de un Dios de justicia y de bondad, formé al pueblo de Israel. De su seno hice surgir un varón fuerte de espíritu, para entregar por su conducto la Ley a los hombres. El varón fue Moisés, libertador y legislador, quien con fe inquebrantable y gran amor al Señor y a su pueblo, condujo a las muchedumbres a una tierra propicia para construir un santuario y elevar un culto grato al Dios viviente e invisible.

En Moisés contempló la humanidad un reflejo de mi Majestad, vio en él justicia, rectitud, fortaleza inquebrantable; fe, obediencia y caridad.

Aquel enviado fue como una estrella en el desierto, como un índice que guía; fue pan, cuando el hambre se dejó sentir y agua que calmó la sed; fue amable compañía en la soledad de los desiertos y conductor del pueblo hasta las puertas mismas de LA TIERRA PROMETIDA.

¿Creéis acaso que cuando aquella revelación fue llevada a otros países, a tierras de gentiles y paganos, fue creída por todos? No. Muchos no concebían que aquella Ley fuese Divina: pero cuando manifestó su esencia espiritual y su justicia, los grandes incrédulos la aceptaron.

Hubo épocas en que el pueblo de Dios supo interpretar espiritualmente todo cuanto pasaba a su alrededor, porque vivía dentro de la Ley, me amaba y hacía una vida sencilla y virtuosa; las fibras de su corazón eran sensibles, como lo era su espíritu. Aquel pueblo vivía en continua comunicación espiritual con su Señor. Escuchaba la voz humanizada de su Creador, sabía recibir mensajes del mundo espiritual, de los seres iluminados a quienes llamaba ángeles; y en el reposo de la noche, en la paz de su corazón y por medio del don de los sueños, recibía mensajes, avisos y profecías, a los cuales daba crédito y obediencia.

Los patriarcas y los justos de aquellos tiempos os enseñaron, con su ejemplo, a ser felices en la Tierra gozando de los bienes naturales y cumpliendo con la Ley espiritual. Dios no sólo estaba en sus bocas, sino se albergaba en su corazón; la Ley no era para ellos nada más un escrito, sino algo viviente; era natural que su existencia estuviera llena de prodigios.

Por esa Ley encontró su salvación aquel pueblo, alcanzó complacencias y dicha sobre la Tierra y esperanza en el Más Allá. Pero llegó el día de la adulteración y de la familiarización con mis Mandamientos y nuevamente el mal cundió, hasta llegar a pesar más que el bien. ¡Cuántas pruebas atravesó aquel pueblo por su desobediencia! Cuando aquellos preceptos comenzaron a torcerse y se crearon nuevos caminos dentro del mío, hube de venir como Mesías hecho hombre, para enderezar las sendas y comunicarlas con el camino de verdad, para atraer a los hombres a la sabiduría y al bien e invitarlos al camino de la justicia y del amor. Mi Doctrina vino a unir entonces a todos los pueblos en una sola Ley.

Ciertamente Yo combatí las tradiciones de aquel pueblo, porque era el principio de un nuevo tiempo en que el hombre debía recibir enseñanzas más elevadas. Pero nadie podrá decir que Jesús desconoció la Ley de Moisés, porque con su sacrificio y ejemplo os enseñó a darle cumplimiento.

Jamás fue tan clara la Ley de Dios como en los labios de Jesús. Por eso el mundo se conmovió hasta sus raíces y se entregó a su Enseñanza. Era la segunda parte del gran libro de mi Sabiduría en que os enseñé una forma de vivir más elevada; se abría una nueva Era de luz que transformaría la vida de la humanidad.

Yo vine a enseñaros el verdadero cumplimiento de la Ley, para que convirtieseis este mundo en un gran templo donde vuestra vida fuese una constante ofrenda de amor a su Padre.

En el amor a Dios y a vuestros semejantes, resumí toda la Ley.

Ahora quiero veros caminar celosamente dentro de mis Mandatos, libres de errores, para que dejéis a vuestros descendientes una buena simiente, un ejemplo claro, un sendero luminoso.

Si decís en la Tierra que con mi Ley y mi Doctrina os he traído religiones, os digo que ante Mí sólo existe un culto que es el del amor: el que presentáis al Autor de la Vida, a vuestros hermanos y a todo lo creado. Las religiones se transforman según el desarrollo moral y espiritual de quienes las profesan, pero la Ley es eterna e inmutable.

La Divina máxima de amaros unos a otros, será la Ley que una a los hombres, que les ilumine para que se amparen, se ayuden y reconozcan, sin diferencia de razas o credos.

Todo lo que existe vive dentro de una Ley y el que la desobedece se ve juzgado por ella para que reconozca su error.

No os culparé ni os reclamaré de lo que hicisteis cuando dabais vuestros primeros pasos entre la niebla de la ignorancia, mas ahora que tenéis conocimiento pleno de lo que es mi Ley, si persistís en desconocerla, me manifestaré inexorable en vuestra conciencia. Cuando cumpláis con sus preceptos, viviréis en un mundo de paz y llegaréis a ser como una sola familia, regida por el amor, el respeto y la justicia.

La existencia del hombre, separada de la Ley de Dios, es vacía y sin cimientos firmes. Reconoced que una sola es la verdad, una sola la Doctrina y una sola la voz que os ha hablado en todos los tiempos. Esa voz única, eterna, que a través de diversas expresiones os ha manifestado mis Mandamientos, os muestra el camino en el que encontraréis la salud, la felicidad y la vida eterna.

Por eso vengo a recordaros la Ley, la que no puede ser borrada de vuestra conciencia, ni olvidada por vuestro corazón, ni discutida, porque fue dictada por la Mente Universal.

En este tiempo, a imitación de Moisés, atravesáis el desierto de la vida humana. Yo os invito a subir al monte de vuestra elevación para que recibáis nuevamente mi Voz en vuestra conciencia; después comenzaréis a mirar la “Tierra prometida” que se encuentra en la perfección del espíritu.

Mi manifestación en este tiempo, es una nueva invitación a que toméis el camino de la Ley. Hoy puedo deciros nuevamente: No vengo a abolir la Ley sino a darle cumplimiento.

No os estacionéis en vuestra forma de amarme y rendirme culto. No seáis conservadores de hábitos, formas o tradiciones. Buscad siempre vuestro perfeccionamiento. Pero no toquéis la Ley, no la alteréis ni la cambiéis: ella siempre os encaminará a la perfección; venid a Mí por el camino de la fraternidad.

Debéis comprender que no vengo a complicar vuestra vida con mi Palabra, sino a simplificarla. Mi Ley no ata al cuerpo ni al espíritu. Para agradarme, no es menester que os olvidéis de los bienes del mundo ni de vuestros deberes, porque mientras estéis en materia, debéis satisfacer las necesidades humanas; lo que vengo a enseñaros es a tomarlo todo dentro de la Ley, en beneficio de vuestro espíritu, a comprender que el camino de la felicidad no es una fantasía sino una realidad y la forma de transitar por él es hacer obras lícitas; lo que el espíritu cultive, eso será lo que recoja: ésa es la Ley y la Justicia.

El tiempo del despertar del espíritu ha llegado y quiero que os acerquéis a la ciudad bendita, “la Nueva Jerusalén” que os he prometido.

Tened fe en mi Palabra y haréis maravillas. Esta luz despertará de su sueño a la humanidad.

Poned en práctica mi Ley; no existen obstáculos que os impidan su cumplimiento. No vengo a pediros obras perfectas, porque aún os contemplo débiles, pero si perseveráis, todos llegaréis a Mí.

Éste es el tiempo en el que he venido a fundir en una sola Ley los mandamientos de Moisés, la doctrina de amor de Jesús y la enseñanza espiritual que os estoy revelando como un faro luminoso, como una barca salvadora.

Mi Palabra siempre os aconseja el bien y la virtud: Que no habléis mal de vuestros hermanos ni causéis su deshonra; que no menospreciéis a los que sufren enfermedades contagiosas; que no protejáis las guerras y la división, ni tengáis ocupación vergonzosa que quebrante la moralidad y proteja los vicios; que no maldigáis nada de lo creado, ni toméis lo ajeno sin permiso del dueño, ni propaguéis supersticiones. Que visitéis a los enfermos, perdonéis a los que os ofenden, protejáis la virtud, deis buenos ejemplos y me estaréis amando y al mismo tiempo amando a vuestros hermanos.

No sólo con hablar de mi Doctrina estaréis cumpliendo la Ley, sino poniéndola en práctica. Tampoco será suficiente que seáis los grandes analizadores de mi Obra para nombraros mis apóstoles, porque más grande será el humilde que no sabiendo expresar mi Palabra, practique el amor y la caridad entre sus hermanos.

Muchos gustáis de aprender de memoria los preceptos de la Ley y los nombres de las virtudes espirituales, mas Yo os digo: es menester que todo lo sintáis. Saber no es sentir. El que quiera poseer mi Verdad, debe sentirla en lo más profundo de su corazón. Yo os digo que ni elevación ni sabiduría tendrá, ni hará grandes obras, quien no ame con toda la potencia de su espíritu.

La Doctrina que vengo a revelaros y a la que dais el nombre de espiritualismo, es la esencia de la Ley que os entregué en los tiempos pasados, su práctica cambiará la faz del mundo y transformará la vida de los hombres materializados.

Cuando la humanidad comprenda la verdad de esta Enseñanza, su Justicia y los infinitos conocimientos que revela, desechará de su corazón todo temor, todo prejuicio y la tomará como norma de su vida.

Ésta es mi Doctrina que os enseña la forma más práctica y sencilla de dar cumplimiento a la Ley. Comprended que son vuestra ignorancia y pequeñez las que os hacen mirar complicado lo que es simple, y misterioso lo que es diáfano.

Hoy me acerco nuevamente a vosotros para borrar formas, ritos y tradiciones, para que os concretéis al cumplimiento de la Ley y no hagáis ya lo que en los tiempos pasados: entregaros a las tradiciones y festines y olvidaros de la Ley.

Os digo en verdad que no debéis aferraros a lo que os fue revelado en los tiempos pasados, como si fuera la última palabra de mi Doctrina.

Yo me he acercado nuevamente a los hombres a darles mi Enseñanza y puedo deciros que mi última palabra no está dicha. Buscad siempre en mi Libro de sabiduría la nueva página: cada revelación confirma la anterior y todas coinciden entre sí.

¿Queréis un modelo perfecto para llegara Mí? Imitad a Cristo, amadme en Él, venid a Mí por su Divina huella; mas no me améis en su forma corpórea o en su imagen, ni cambiéis por ritos o formas sus Enseñanzas. Amadme en Cristo, en su Espíritu, en su Doctrina, y estaréis cumpliendo con la Ley eterna, porque en ella están resumidos la justicia, el amor y la sabiduría, que siempre he manifestado a la humanidad.

Cuando comprendáis que habéis venido a este mundo a recoger experiencias de vidas pasadas y a poner en práctica la Ley de amor y caridad, comprenderéis la armonía que existe en todo lo creado. Esa Ley no pertenece sólo al espíritu. Meditad sobre la vida que os rodea compuesta de elementos y organismos en número infinito y llegaréis a comprender que cada cuerpo, cada ser, marcha por el camino que le he trazado, guiado por una fuerza en apariencia extraña y misteriosa: esa fuerza es el Amor del Padre, que da vida a cada una de sus criaturas.

Además de mis Preceptos para el espíritu, la vida humana tiene leyes que debéis cumplir para estar en armonía con ella; la naturaleza también exige de vosotros su tributo. Dad a cada ley el cumplimiento que corresponda y me estaréis glorificando.

Cumplid con la Ley aun cuando tengáis que sacrificar vuestro corazón o cambiar las costumbres establecidas en este mundo.

Vengo a limpiar este planeta de su maldad, para que surja una nueva humanidad la cual sabrá dar cumplimiento a mi Ley. Se amarán unos a otros, comerán el fruto del Árbol de la Vida, calmarán la sed de su espíritu en la fuente de la gracia y mi Espíritu Santo los iluminará como el astro rey. Entonces el género humano me alabará y bendecirá.

Aún os falta un breve tiempo para comprender muchas de mis Lecciones. Apartad vuestros titubeos, fortaleced vuestros propósitos y levantaos sobre las bases firmes que os señala mi Ley. No os olvidéis que os he enseñado a simplificar prácticas, culto y creencias, apartándoos de toda rutina.

El cumplimiento de mi Ley no es un sacrificio. Practicar el amor y la caridad no significa dolor, sino alegría y vida para el espíritu. Quien cumple mis Mandatos, encuentra la verdadera felicidad, la paz, la sabiduría y la grandeza espiritual.

Mi Obra irá creciendo hasta que al fin todos los espíritus se unifiquen en mi Enseñanza y esta morada se convierta en un mundo de perfección. Mientras la humanidad no edifique su futuro sobre los cimientos firmes de mi Ley, no podrá tener paz ni luz en su espíritu.

Ya os he dicho que no seréis únicamente vosotros los que en este tiempo recibáis la iluminación de mi Espíritu sino toda la humanidad, pues llegará el instante en que, reunidos todos los mensajes recibidos bajo diferentes formas, constituyan una sola fuerza espiritual en este mundo: la herencia de la gran verdad.

Mis mandamientos no se impondrán por la fuerza, el hombre los aceptará como una invitación al bien. Mi voz en este día es de amor y de justicia, la misma que escuchasteis en el Sinaí. Hoy, como en aquel día, contemplo la incredulidad de muchos.

La lucha de mis discípulos de esta Era para lograr que se establezca mi Ley, será mayor que nunca y para que llegue a reinar en el mundo la espiritualidad, de la cual proviene toda justicia, antes habrán de beber los hombres el cáliz de amargura.

Entonces quedará destruido para siempre el becerro de oro, abolidos los sacrificios inútiles, no serán ya objeto de lucro los bienes espirituales y el hombre, ya alcanzada la evolución plena de su espíritu, sabrá valorizar los dones y atributos con que le he agraciado desde su formación.

Es estrecho el sendero, eso ha mucho lo sabéis. Nadie ignora que mi Ley y mi Enseñanza son estrictas y limpias para que alguien pensara en reformarlas a su conveniencia y voluntad.

El camino espacioso y la puerta amplia no serán los que lleven a vuestro espíritu a la luz, a la paz y a la perfección. El camino amplio, del libertinaje y la desobediencia, es el que los hombres egoístas siguen, buscando huir de su responsabilidad espiritual y del juicio de su conciencia.

Os confío un gran cargo y espero vuestra comprensión: basad todos vuestros actos en la Ley, que es rígida y estricta y así, preparados, caminad con seguridad y firmeza. Sentid temor de infringir mis Mandamientos, de no obrar conscientemente, mas también tened confianza porque Yo soy guía y sostén en la senda de cada uno de vosotros.

Sed celosos siempre de mi Enseñanza. Mi Ley y mi Palabra jamás se contradicen: en lo Divino todo es orden, armonía y perfección.

La Ley es inmutable; el hombre es el que pasa, con sus culturas, civilizaciones y leyes, quedando de todo ello solo lo que el espíritu ha construido con obras de amor y caridad. Después de cada jornada, de cada prueba, al interrogar a Padre, contemplará la piedra inconmovible de mi Ley y el libro siempre abierto que contiene la Doctrina del Espíritu.

Pero escuchad: La parte exterior de la revelación del Padre en el Sinaí, fue la piedra que sirvió como medio para que en ella se grabara la Divina Ley. Lo exterior en la comunicación con los hombres a través de Jesús, fue la forma humana de Cristo, y en este tiempo, la parte exterior de la comunicación ha sido el portavoz, por lo que esta forma, como la de los tiempos pasados, tendrá su fin.

Mi Doctrina y mi Ley son una preparación para que penetréis en la vida espiritual.

Vigilad vuestras obras y vivid en oración y preparación, para que seáis fuertes ante las tentaciones. En el principio vuestros pasos serán vacilantes como los de un niño que empieza a caminar, pero después os iréis fortaleciendo, adquiriendo conocimientos hasta alcanzar el desarrollo de los dones, cuyo valor es inapreciable. Id paso a paso por el camino que os he trazado. La lucha es incesante. A veces beberéis cálices amargos, mas también recogeréis grandes satisfacciones al experimentar en vuestro espíritu la paz de vuestro Señor.

Han pasado muchos milenios sobre el hombre en la Tierra y aún no ha sabido ser feliz en ella, ¿por qué? Porque no ha querido encontrar esa felicidad en el sendero verdadero.

A todos os digo: Quiero que comprendáis esta gran verdad: Ni Dios ni la naturaleza tienen misterios para el hombre. Es la flaqueza y la debilidad ante las lecciones divinas, lo que ha incapacitado al hombre para practicar mi Ley y poder penetrar en mi Arcano.

La Ley os encamina al perfeccionamiento. ¿De qué os sirve decir que creéis en Mí si vuestros pensamientos y obras revelan todo lo contrario?

Día llegará en que os heredaré mi Gloria para que veáis que soy el Padre que está en vosotros y que vosotros estáis en Mí, y a esta alianza la llamaré la alianza de la paz. Entonces se cumplirá la Ley, me reconoceréis como único Señor, no habrá distinción entre vosotros, porque todos os amaréis como un solo hombre, como un solo ser. Y si queréis, si vosotros hacéis el esfuerzo, si deseáis ser los verdaderos trabajadores de mi campiña, hoy mismo podremos establecer esa alianza de paz. No creáis que para ello debéis dejar este planeta, no, lo que necesitáis es voluntad y amor al Padre.

La mesa está puesta, os invito a sentaros; venid y tomad vuestros lugares, dejadme conduciros y serviros. Tomad conmigo el pan de la verdad, alumbraos con la antorcha del amor; dejad caer la venda que cubre vuestros ojos, romped los lazos de las pasiones y permitid que mi Luz os ilumine.

El escudo invisible de mi Ley os protegerá contra las asechanzas y los peligros; llevaréis en vuestras palabras una espada invisible de amor para vencer a los adversarios; un faro de luz alumbrará la ruta en medio de las tormentas; un prodigio constante estará a vuestro alcance siempre que necesitéis de él.

Venid conmigo, Yo os invito; saturaos de bendiciones; entregadme vuestras penas y tristezas, y sentidme, que Yo estoy siempre con vosotros.

¡Mi paz sea con vosotros!

El bien y el mal

EL BIEN Y EL MAL

En el hombre hay dos fuerzas que siempre han estado en lucha: su naturaleza humana y su condición espiritual que es eterna.

Desde el principio de los tiempos existieron dos caminos para que el espíritu decidiera tomar uno de ellos: el del bien y la virtud o el del mal.

En esa lucha el espíritu alcanzaría conocimiento, experiencia y méritos.

Yo preparé al espíritu y a la materia con sabiduría y perfección para que formaran un solo ser capacitado para llegar al final de su gran destino. Os he legado un espíritu fuerte y combativo que ha de luchar hasta el fin.

Vengo a enseñaros a que hagáis uso de la razón y la voluntad para que el amor florezca en vuestro corazón y sea vuestro guía; os estoy transformando para que volváis al estado de sencillez que poseíais al principio, al camino verdadero que os señala los medios para evitar el dolor.

El tiempo del despertar del espíritu ha llegado y he venido a llamar a la humanidad, para que se haga digna de retornar a Mí.

Todo ser humano conoce desde sus primeros pasos en la Tierra lo que le beneficia y descubre aquello que lo daña, mas no siempre es firme en mantenerse dentro de mis Mandatos y se deja vencer en la lucha.

El mal es el conjunto de todas las faltas humanas, los vicios y la ignorancia y ha imperado en todos los tiempos sobre los hombres. Es mi Voluntad que ahora ellos mismos destruyan su fuerza. Ese poder caerá al fin, su influencia será rechazada, sus voces serán desoídas y sus provocaciones ya no serán atendidas. El espíritu se emancipará y levantará sobre el mal, la materia se doblegará al fin y las pasiones serán contenidas.

La experiencia, adquirida con mi Luz, llevará a los hombres a la serenidad como fruto de su elevación espiritual y ésa será la tierra fértil donde descenderá mi Simiente.

Para conquistar la gloria tenéis dos caminos a seguir por voluntad propia: el del amor o el del dolor. Yo seré vuestro cirineo en cualquier sendero que elijáis. Esos caminos son los mismos que conocéis desde el principio de vuestra vida en la Tierra: uno estrecho pero lleno de luz, el otro que os ofrece falsos placeres y está sembrado de espinos. Vosotros queréis transitar por el camino estrecho que es el de la virtud, sin abandonar el otro que os lleva al abismo, y esto no es posible.

A los dóciles de espíritu y materia, les basta el amor para dejarse guiar hacia el buen camino, pero a los que se rebelan y alimentan la soberbia, les es necesario el dolor para que éste los lleve a la moderación y al orden.

Yo reinaré entonces en vuestro corazón y os inspiraré desde el infinito. Las diferencias de raza comenzarán a desaparecer, los obstáculos que os parecían insuperables serán al fin vencidos por la razón. En ese tiempo habrá equidad y buen juicio en las obras humanas y cada hombre vivirá en vigilia para que no se trastorne más la paz en el mundo.

He permitido que existan el bien y el mal, para que el hombre, por amor a Mí y por respeto a sí mismo, venza las tentaciones y se aparte de lo que es perjudicial. Si hubiese un solo camino y vosotros, inconscientemente, llevados por la fuerza de las leyes naturales, cumplieseis vuestra misión como lo hacen los astros, los elementos y los seres inferiores, no tendríais ningún mérito en tomar el camino del bien; no habría lucha, alicientes ni experiencias en vuestro espíritu.

El mal lo ha creado la flaqueza y debilidad del espíritu y la materia. Yo he permitido que sea puesta a prueba vuestra virtud y que el dolor sea como un crisol, en el que aprendáis a ser fuertes y perseverantes en la práctica de mi Ley. No os baste no hacer el mal, debéis hacer el bien, para ser dignos de Mí.

El bien no puede mezclarse con ningún sentimiento impuro. El bien es verdad y amor, es comprensión y caridad; siempre es definido y preciso, no admite variaciones. Conocedlo para que no os equivoquéis.

Cada uno de los hombres podrá ir por diversos caminos, pero si todos coinciden en el bien, llegarán a identificarse y unirse entre sí para llegar a Mí.

La meta que la humanidad debe perseguir es la espiritualidad; a través de ella llegará a distinguir el bien del mal. Cuando logre la verdadera elevación espiritual, sabrá escuchar e interpretar debidamente la voz interior, profunda y sabia de la conciencia y, a través de ella, descubrirá que sus errores son el origen de sus aflicciones.

La lucha que las fuerzas del mal han sostenido en contra del bien, os ha parecido interminable, pero ante la eternidad, será como un instante y las faltas cometidas durante el tiempo de imperfección del espíritu, quedarán como una débil mancha que vuestra virtud y mi Amorosa Justicia, se encargarán de borrar para siempre.

He venido a rescatar esa parte de mi Espíritu que está en vosotros y me pertenece. Vengo a declarar la guerra, pero no a la humanidad sino al pecado, al mal, y en esa lucha, debéis permanecer fuertes y usar vuestra prudencia y buen juicio.

Esta Tierra profanada por crímenes y mancillada por la ambición y el odio, tendrá que recobrar su pureza. Este mundo que ha sido escenario de una lucha incesante entre el bien y el mal, mañana será un hogar de paz, fraternidad, comprensión y nobles anhelos: un refugio para los hijos de Dios. Para alcanzar ese ideal, es necesario que los hombres pasen por diferentes pruebas que les hagan despertar de su letargo espiritual.

¿Acaso hay seguridad y paz en algún pueblo de la Tierra o en algún hombre? ¿Por ventura los humanos han puesto su confianza en el triunfo del bien y la justicia? ¿Tienen los hombres un camino seguro para salvarse moral, espiritual y físicamente de la destrucción que amenaza a la humanidad? No, pueblo, los hombres no saben a dónde van ni qué es lo que quieren. El odio, el temor de los unos a los otros, la ambición, el sentirse superiores a los demás, las bajas pasiones, han conducido a la humanidad a un sendero de errores en el que todo es presagio de acontecimientos funestos. Sin embargo, he perdonado sus faltas después de demostrarles que van por un camino equivocado. Yo respeto su libre albedrío, pero mi Justicia hará que recojan el fruto de lo que van sembrando.

Y cuando parezca que todo ha terminado para el hombre y la muerte sea la que haya vencido o el mal el que haya triunfado, de las tinieblas surgirán seres de luz, de la muerte resucitarán a la verdadera vida, y del abismo del mal se levantarán a practicar mi Ley.

En este tiempo, mientras la humanidad llora y se purifica, vosotros estáis siendo preparados por mi Palabra para llevar consuelo y paz a los corazones.

Cuando se unan en oración todos los que sufren, viendo el caos en que se precipita la humanidad, Yo les confiaré mi espada invencible para que corten rama tras rama del árbol del mal, que tantos frutos de muerte ha dado a la humanidad y conviertan ese dolor en gozo y paz.

¿Queréis dejar de sufrir, humanidad? Amad, haced el bien a vuestro paso, reconstruid vuestra vida. ¿Queréis ser grandes y felices? Perdonad siempre. ¿Queréis llorar, deseáis que la amargura os invada, queréis guerras y desolación? Continuad como estáis viviendo, dejad que en vuestra vida se siga enseñoreando el egoísmo, la hipocresía, la vanidad, la idolatría y el materialismo.

Preparaos, porque entre todos tendréis que cuidar lo que os he confiado. Os estoy dando la oportunidad de lavar vuestras manchas por medio de la práctica del amor, en vez de hacerlo por el dolor.

Comprended que si queréis dominar vuestras pasiones y rechazar la atracción que la maldad del mundo ejerce sobre vosotros, en mi Palabra podéis encontrar la luz y la fuerza para hacerlo.

El mal se interpondrá con insistencia a vuestro paso, pero recordaréis a vuestro Maestro venciendo al mundo, al dolor y a la muerte, para que, imitándolo, salgáis victoriosos de la prueba. Buscad en la conciencia vuestra espada para luchar, ahí encontraréis siempre dispuesta el arma infalible: el amor.

En mis Lecciones desciendo de la enseñanza espiritual al consejo, para que os conduzcáis con rectitud dentro de la vida humana. Estoy hablando al corazón del hombre, exhortándolo a la regeneración, haciéndole comprender el daño que causan al cuerpo y al espíritu los vicios, las pasiones. Discípulos: No os familiaricéis con la perversidad, combatidla sin hacer alarde de pureza, tampoco os escandalicéis ante las faltas de vuestros hermanos. Sed discretos, atinados y oportunos en el hablar y firmes en vuestros pensamientos y obras, y el mundo os oirá y prestará atención a vuestras palabras. ¿Será menester que os diga nuevamente que antes de que entreguéis esta Doctrina, tenéis que vivirla?

Concluid entendiendo que el combate final no será de hermanos contra hermanos, sino del bien contra el mal. Yo pondré mi espada de luz en la diestra del hombre, para que se venza a sí mismo y llegue a poseer la Tierra de promisión. Esta nueva Tierra la encontraréis dentro de vuestro espíritu, en medio de la paz. Contemplaréis la transformación de vuestro mundo, antes incierto, hostil y miserable, en una Tierra pródiga y acogedora. Viviréis una existencia en la que habrá espiritualidad, justicia y amor; esto os traerá progreso como resultado de haberos alimentado del verdadero saber. La vida humana será más elevada y al manifestarse mi Espíritu entre los hombres preparados, vendrá un tiempo de revelaciones en todos los órdenes y se verán cumplidos los prodigios y maravillas que os han sido profetizados.

Yo acudo presuroso al escuchar vuestras voces de auxilio cuando lucháis en el mundo como náufragos, a semejanza de aquellos momentos en que, acompañado de mis discípulos, navegaba en el mar de Galilea y las olas encrespadas amenazaban hundir la barca.

La barca salvadora en este tiempo es mi Obra, el mar es la vida, la tempestad son las pasiones, las vicisitudes, las pruebas; vuestro sostén, la fe. ¡Bienaventurado el que se encuentre dentro de esta barca cuando los vientos huracanados se desaten, porque él será salvo!

La semilla del mal, dispersa por toda la Tierra, está fructificando como nunca, mas he de deciros que la buena simiente también está surgiendo por diferentes puntos del planeta.

Os habéis familiarizado en tal forma con la maldad, que aun a los hombres que inventan las armas destructoras los llamáis grandes, porque en un instante pueden segar millares de vidas. Y aún les llamáis sabios. ¿En dónde está vuestra razón? Grande sólo se puede ser por el espíritu ennoblecido, y sabio es el que va por el camino de la verdad.

No os pido obras perfectas porque vivís en el mundo, pero os aseguro que de vuestro corazón surgirán las virtudes, ese prodigio lo hará mi Palabra. Los dones que hay en vuestro espíritu, que en otro tiempo florecieron en los justos y profetas, aparecerán ahora en los grandes pecadores y por esa labor se salvará la humanidad.

Si a los que predican mi Palabra les parece imposible contener el avance del pecado, el desbordamiento del odio y las pasiones, para vuestro Señor no lo es, ni tampoco el retorno de los hombres al bien y a la justicia. Velad y orad, para que las influencias del mal, en las que vibran los malos pensamientos y se agitan los espíritus turbados, no empañen la luz que he hecho llegar a vuestro entendimiento.

Éste es el tiempo en que mi Justicia y mi Luz han aclarado lo que se hallaba envuelto en confusión y errores. Tiempo difícil y de peligros, porque hasta los seres que habitan en la oscuridad se harán pasar por espíritus de luz entre vosotros para haceros caer en error. Yo os doy mi Palabra para que no os desviéis del camino ni os dejéis engañar.

Los tentadores no son solamente seres invisibles, también los tenéis encarnados en hombres que os hablan de doctrinas de aparente luz, pero que van en contra de mi Enseñanza. A ésos, no les escuchéis. Mi Palabra se distingue por su elevación, su esencia y sabor Divino. El árbol por su fruto es reconocido; quien conoce el sabor de mi Palabra, no se equivocará.

Cuando vea a mi pueblo preparado, le haré reconocer que es la hora en que deberá levantarse a la lucha de la luz contra la tiniebla. Si fueseis desconocidos por esa causa, pensad que no es la primera vez que el hombre repudia mi Semilla: desde los primeros tiempos ha cortado ramas del árbol de la vida para plantarlas según su voluntad, desconociendo después cuál fue su origen. Quiero que sepáis que en esencia ese árbol soy Yo.

Esa lucha de que os hablo, también la podéis encontrar en el Valle Espiritual: en él hay grandes batallas y su influencia llega hasta vosotros. No permitáis que el Mundo Espiritual que os ha venido protegiendo, sea reemplazado por seres de escasa luz.

Os he hablado de las fuerzas del mal y, ¿acaso he hecho mención de algún espíritu que las represente? ¿Lo he nombrado por ventura? No, me decís. Mas debo aclararos, que no existe espíritu alguno que sea el origen del mal.

Las antiguas creencias, formas y nombres simbólicos con que los hombres representaron el mal, dándole forma humana y concediéndole existencia espiritual, deben desaparecer, porque sin daros cuenta habéis creado con ellos mitos y cultos supersticiosos, indignos de la evolución espiritual que el hombre debe alcanzar en este tiempo.

Os he dicho que el mal surgió en el hombre por sus debilidades, y que a medida que fue creciendo en número la humanidad, la influencia del mal fue aumentando. Esa fuerza, formada por pensamientos, ideas y sentimientos, comenzó a hacerse sentir en los hombres y éstos llegaron a creer que se trataba de un espíritu que representaba el mal y que influía en ellos.

Ya empezáis a reconocer que ese ser a quien llamáis demonio, no es sino la flaqueza de vuestra carne, la sed de deleites insanos de la materia, el orgullo, la vanidad y todo aquello que mueve a la maldad.

Yo no he venido a infundiros temor, sino a inspiraros amor. Os he enseñado que no os castigo, sólo dejo que recojáis los frutos de vuestra siembra; sí son dulces, serán vuestra felicidad y salvación, si son amargos, os despertarán al arrepentimiento y al deseo de perfeccionaros.

Vuelvo a deciros: en un principio tenía esta Tierra una semejanza con el Reino espiritual, con su paz, sus maravillas y revelaciones. Si este planeta es un crisol de dolor y amargura, ésta ha sido obra humana.

Así como el hombre en la Tierra puede crear para sí un mundo de paz espiritual, semejante a mi Reino, logra también con su perversidad vivir una existencia que es como el infierno que habéis imaginado.

Éste no es tiempo de castigos ni de muerte, sino de reconciliación y resurrección. Más allá os espera mi Gloria que es la paz. Ni oscuridad, ni fuego, ni cadenas, existen en el inmenso valle espiritual. Cuando penetréis en él, os sorprenderéis de que el fuego purificador es el juez inexorable de la conciencia, ante quien presentaréis el fruto de vuestras obras.

En el reino espiritual no pueden existir elementos materiales, el fuego no tiene acción sobre el espíritu.

El verdadero infierno es el de los remordimientos, del pesar de haber faltado a mi Ley; sólo en la purificación del espíritu por el amor, seréis salvos, consolados y perdonados.

No existen en vosotros la muerte ni la condena eterna, porque al concebir mi Espíritu la idea de la creación, sólo sentí amor y de Mí brotó la vida para mis hijos.

Si Yo os he enseñado a perdonar y amar a vuestros enemigos y os he dicho: haced con vuestros hermanos lo que Yo he hecho con vosotros, ¿estaría dándoos ejemplo de ello si castigara a los que no me amaran o no creyeran en Mí?

He aquí a vuestro Maestro mostrándoos nuevamente el camino. No sea el temor el que guíe vuestros pasos ni el que os obligue a cumplir la Ley; sean la fe y el amor los que os impulsen a realizar buenas obras, para que vuestros méritos sean verdaderos.

La conciencia es la luz de Dios y ésta es fuego de amor que consume toda impureza. He aquí el fuego en el que se purifica nuevamente el espíritu.

Voy a hacer sentir mi Presencia, mi Poder y mi Justicia entre los hombres. Voy a poner límite a su maldad. Si los he dejado caminar por la senda del libre albedrío, les enseñaré que todo tiene un límite; si les he dejado colmar sus ambiciones de poderío y grandeza en el mundo, voy a deteneros para que juzguen su obra a través de la conciencia. Mi deber de Padre es daros a cada paso ocasión de perfeccionaros, mostrándoos el camino por medio de amorosas lecciones que vosotros llamáis pruebas.

Practicad la enmienda, el arrepentimiento, la regeneración y la paciencia en las pruebas, y con ello destruiréis el temor supersticioso al castigo que habéis imaginado y, en cambio, construiréis un santuario a mi Divinidad y tendréis un concepto más claro de mi Justicia.

Preparaos espiritualmente todos los que sintáis que en vuestro corazón empieza a germinar esa Divina semilla, para que cuando encontréis en vuestros caminos a otros sembradores, podáis reconocerlos y uniros a ellos en esa obra de amor.

Cuando la sabiduría brille en todos los hombres, ¿quién se atreverá a tornar el bien en mal? ¿Quién dejará lo eterno por lo pasajero? Nadie, porque todos seréis fuertes en la sabiduría Divina.

¡Cuán distintos volverán vuestros espíritus al Más Allá de como vinieron la última vez! Llegaron contritos, temerosos y vacíos de méritos. Ahora podrán retornar sonrientes y su elevación podrá llevarles a la paz de mi Reino.

Yo haré que la palabra que he venido a entregaros en este tiempo sea escrita con claridad, para que en ese libro encuentre la humanidad la explicación de muchas enseñanzas que no había comprendido y la interpretación justa de mi Doctrina.

Quiero levantarme triunfador, como rey de los ejércitos del bien contra el mal y veros en esa lucha como soldados llenos de dignidad espiritual y de satisfacción por el deber cumplido. Ésa será la mayor de las victorias.

¡Mi paz sea con vosotros!

El espíritu

EL ESPÍRITU

Mi Palabra os señala el camino espiritual al que debéis penetrar con todo vuestro amor.

Antes de haber sido creados, estabais en Mí, en donde todo vibra en perfecta armonía, donde se encuentra la esencia de la vida y la fuente de la sabiduría. Por eso os he dicho que este planeta no es vuestra verdadera morada.

Vengo a estremeceros con los recuerdos de vuestro pasado espiritual, cuando no habitabais aún en ese cuerpo que ahora tenéis, que es crisol y lección para el espíritu.

Os hago meditar en la vida espiritual, oculta tras el velo de la materia, para deciros: esa vida os espera nuevamente para que la gocéis en plenitud después de vuestro peregrinaje, experiencias y evolución.

Y os preguntáis: ¿Qué es el espíritu? ¿Cómo debe prepararse para penetrar en la morada en que habrá de habitar eternamente? ¿Qué evolución debe alcanzar y qué relación tiene con los demás seres y aun con la misma Divinidad?

El espíritu es chispa de luz, semilla de amor y germen de vida; tiene sentidos superiores por medio de los cuales puede sentir, ver y comprender lo elevado para alcanzar su perfeccionamiento; posee la conciencia, la inteligencia y la voluntad, la razón y los sentimientos. Por eso el espíritu es, entre las criaturas del mundo, un ser superior que posee todo lo necesario para su progreso. A través de la mente, es como un espejo que refleja la Luz y el Poder de mi Divinidad. Cuanto más elevado es el espíritu y más evolucionada la mente, tendrá que reflejar mayores revelaciones.

El amor, la verdad y la sabiduría, corresponden al espíritu, porque éste fue creado para amar y conocer a su Padre. Sois parte de Él y estáis revestidos de su gracia. Fuisteis puros en el principio y así debéis retornar al Creador.

Yo soy como un sol y vosotros como un reflejo de él. Os formé pequeños para que crecieseis mediante el desarrollo de vuestros dones. La formación de todos ha sido la misma, por lo que sois hermanos en éste y en los demás mundos: todos habéis sido ungidos y lleváis mi bendición.

No sólo sois mentes que hoy piensan y mañana desaparecen; no sois sólo cuerpos que hoy palpitan y luego dejan de existir. Para Mí sois espíritus eternos. Las potencias, sentidos y virtudes que poseéis, hablan de la esencia superior a la que pertenecéis y son un testimonio viviente de la Perfección Divina.

Sólo a la materia corresponde desintegrarse después de cumplir su misión, pero el espíritu que estuvo en aquel ser, la luz de su inteligencia, la razón, la voluntad y los sentimientos, no mueren jamás, porque todo ello forma parte del espíritu inmortal.

Si por un momento pudieseis contemplaros interiormente, quedaríais asombrados de saber quiénes sois y sentiríais un profundo respeto hacia vosotros. Mas si no podéis ver al espíritu, tened fe en él por sus manifestaciones y así, no seguirá siendo ya vuestra materia prisión ni obstáculo para su elevación.

Os he hablado del fuego del Espíritu Santo. De Él nacieron todos los espíritus, limpios y puros: mas si en su camino han llegado a mancharse con la desobediencia, viene de nuevo mi Fuego Divino, mi Amor sobre ellos, a borrar sus manchas y devolverles su pureza original.

Estoy revelando lo que estaba oculto a vuestra interpretación, porque no quiero que ignoréis lo que es fundamental: la inmortalidad del espíritu, su camino ascendente y su final en Mí. Todo lo creado volverá a la fuente de donde procede.

Así como os dije en aquel tiempo, mi Reino no es de este mundo, a vosotros os digo: vuestro reino tampoco está en la Tierra, está más allá de todo lo que muere, de todo lo que cambia, más allá de vuestra mente, en vuestro espíritu.

Las puertas del Reino están abiertas para todo aquel que quiera recibir sus beneficios.

Qué hermoso es el despertar del hombre cuando se pregunta: ¿Quién vibra dentro de mí? ¿De dónde nace la inspiración y quién me impulsa a hacer el bien?

Hoy vengo a deciros quiénes sois, porque aún no os conocéis. Estoy iluminando vuestro espíritu para que penetre en lo insondable por medio de la elevación y la inspiración.

Si los hombres de ciencia que han escudriñado el cuerpo humano, se maravillan de su perfección, ¿imagináis su asombro cuando conozcan la grandeza del espíritu cuya naturaleza es inmortal?

Os asombráis de la inmensidad del mar, de las dimensiones de vuestro planeta y de todo el Universo, pero considerad que sois más que todas esas maravillas, porque poseéis un espíritu que puede transportarse en un instante más allá de esos límites y que, cuando se encuentre purificado y habite en el Reino del Padre, le serán mostradas todas las moradas.

Nadie como el hombre podrá representar mejor a mi Espíritu: su mente es un reflejo de la razón Divina, su corazón es la fuente donde guardo el amor, en su conciencia está mi Luz.

Sois como piedras preciosas que en este tiempo brillarán para hacer luz en el mundo. Para Mí tenéis un inmenso valor. Despertad y dejad que mi cincel os pulimente para que, ya preparados, podáis trabajar diligentemente dando testimonio de mi Enseñanza con verdaderas obras de amor.

Yo seré quien descubra ante vosotros las virtudes, dones, bellezas y poderes que se encuentran ocultos en vuestro ser, ya que estáis recogiendo los últimos frutos de una Era.

Admiráis la inocencia de un ave o la fragancia de una flor, pero no observáis vuestro propio espíritu, ese ser dotado de belleza y gracia que es luz y vida eterna, inteligencia y amor; y de todo esto carecen las aves y las flores. Buscad la belleza del espíritu, ella será en vosotros como un espejo que refleja fielmente la faz del Creador. Con esto no os digo que descuidéis vuestro cuerpo, pero no os afanéis tanto por vuestra imagen exterior.

Quiero que conozcáis vuestras facultades, para que sepáis amarme y vuestro culto sea digno de Mí, así me sentiréis dentro y fuera de vosotros.

Es necesario que os purifiquéis para que los frutos de vuestro corazón sean limpios y agradables, que obedezcáis mis inspiraciones y vuestro trabajo espiritual sea desinteresado.

Para rescataros he tenido que acercarme a vosotros: hoy tendréis que elevaros por la virtud para llegar a Mí.

Los hombres han preparado muchos caminos para llegar al Padre. Yo lo he permitido para que prueben los frutos de su materialidad y sepan que llevan dentro de sí un ser que es parte del Creador. Elevaos y traspasad los umbrales de lo mundano para que os acerquéis a Mí.

No seáis más el verdugo del espíritu, no sea la materia quien lo gobierne. Dejadle que se libere, que rechace las inclinaciones insanas, como quien ahuyenta al lobo que le persigue.

Destruid las barreras que os separan de Mí, los que se aman pueden comunicarse salvando las mayores distancias. Yo os amo y vosotros estáis aprendiendo a amarme, ¿qué os impide acercaros a vuestro Señor?

El espíritu es como las semillas del mundo: nacen, crecen, florecen y fructifican. Pero no todos los seres germinan al mismo tiempo, aun cuando hayan sido sembrados en el mismo instante. Comprended y aplicad este conocimiento al pasado, presente y futuro de la humanidad, de ello obtendréis grandes conclusiones, revelaciones y respuestas a las preguntas y dudas de los hombres.

Tiempos llegarán en que la mente y el corazón humano, purificados en las pruebas y acrisolados en la espiritualidad, perciban por intuición la voz del espíritu.

El libro del saber se abre para revelaros cuántos dones y atributos poseéis, muchos todavía desconocidos para vosotros. Tenéis sentidos superiores que os permiten comprender la esencia de mis Enseñanzas, que os hacen sensibles para percibir mi Presencia.

Si sólo fuese el instinto el que guiase los actos de vuestra vida, no tendría por qué haberos revelado mi Ley y mi Enseñanza, ni hubiese tenido que venir como Redentor a salvaros. Pero no dependéis del instinto, dones propios del espíritu gobiernan vuestros actos.

A muchas fases de la vida material les habéis concedido mayor importancia que a vuestro adelanto y perfeccionamiento espiritual y con ello habéis creado un mundo falso y vacío. Mas ha llegado la hora en que debéis interesaros por lo esencial y cuando eso sea, habréis dado vida y verdadero sentido a vuestra existencia.

Quienes buscan la verdad utilizando sus ojos materiales o su mente, no dan tres pasos sin que hayan tropezado o encontrado un abismo. El camino certero sólo con espiritualidad puede recorrerse. Pero debéis dar su justo lugar en la vida a los elementos que forman vuestro ser, comprendiendo que lo más importante es el espíritu y después de él, ocupando un lugar digno, se encuentran los sentimientos y la mente. El cuerpo es simplemente un punto de apoyo mientras habitáis la Tierra, pero no debe ser el timón de vuestra vida. ¿Acaso un ciego puede guiar al que no lo es?

No creáis que es indispensable al espíritu para su evolución, el cuerpo humano y el mundo material. Yo sólo le he proporcionado esos elementos para su perfeccionamiento. Observad que todo está relacionado con la vida que os espera. El espíritu es semilla de eternidad.

Cuando el hombre se encuentra espiritualmente a sí mismo, siente la presencia de su Padre. Sólo el espíritu despierto y elevado puede penetrar al Reino de la verdad; el humano, por sus conocimientos no lo logrará. Cuando lleguéis a convertiros en hombres de buena voluntad, vuestra vida armonizará con todo lo creado y el fruto de vuestras obras os dará la paz.

Tengo hambre de vuestra espiritualidad. Ciertamente quiero despertar vuestro interés por lograr una vida superior, mas para alcanzar ésta se requiere de la evolución espiritual, no sólo de la mente.

Cuando se unan al espíritu la inteligencia, los sentimientos y todas vuestras potencias, alcanzaréis la elevación necesaria para cumplir vuestra misión. El hombre está llamado a engrandecer su espíritu y buscar la perfección. Esa materia que poseéis, también alcanzará espiritualidad; cuando eso sea, las condiciones de vida de la humanidad cambiarán y de ella brotarán facultades espirituales hasta hoy desconocidas para vosotros.

Toda la existencia humana ha evolucionado, su ciencia, su forma de pensar y de vivir, sus conquistas y ambiciones; sólo ha descuidado la parte espiritual. Es muy poco el trigo que ha germinado y mucha la mala hierba que ha dejado crecer.

Educad vuestro espíritu de tal manera, que se convierta en un buen observador y analizador; acostumbrad vuestra mente a la meditación; elevaos por medio de la oración sensibilizando vuestro corazón para que podáis recibir mis Mensajes y aprendáis el lenguaje espiritual de la vida que os rodea.

El reino del espíritu es infinito y para alcanzar la elevación que os permita vivirlo y gozarlo, es menester conocer el camino y tener luz para ascender por él, sin menospreciar la vida material.

Cuando el hombre sepa que es más esencia espiritual que materia, la ofrenda que presentará a su Señor emanará de la parte eterna de su ser.

Y me preguntáis: ¿Cómo son las mansiones espirituales y la vida de los seres perfectos? Y Yo os digo: no preguntéis lo que no podéis comprender por ahora. Practicad mis Leyes, esto os hará ascender por la escala de perfección desde la cual podréis ir contemplando, conociendo y admirando cuanto tiene reservado el Padre para vuestra felicidad.

Vuestro espíritu, habiendo sido morador del Valle Espiritual, poco ha conservado de su esencia y casi nada sabe de aquella vida.

A veces, admirando las maravillas de la creación, exclamáis asombrados: Señor, cuán grande es tu poder, sin imaginaros que todo lo que os rodea no es sino un pálido reflejo de lo que es la vida luminosa del espíritu.

Los ojos de vuestro cuerpo lo más que han alcanzado a contemplar, son las estrellas más próximas; vuestra ciencia no os ha llevado mucho más lejos y vuestro espíritu, que es el que podría abolir las distancias y descubrir lo invisible al hombre, se deja llevar por el materialismo del mundo y en vez de elevarse, se rebaja, en vez de admirar, duda.

¡Qué grande es vuestra responsabilidad ante Mí! ¿Hasta cuándo vuestros méritos os harán dignos de habitar moradas más perfectas que ésta en que vivís?

Sabed que vuestra felicidad depende de vosotros. Enseñad a los hombres, que en el fondo de su ser, donde creen llevar sólo amarguras, odios y remordimientos, existe una luz que nadie puede apagar: vuestro espíritu.

Si entendéis todas estas lecciones, por reacia que sea vuestra materia y fuertes vuestras pasiones, tendrá que nacer la sumisión hacia el espíritu y ése será el principio para lograr la armonía que debe existir en el hombre para llamarse dignamente hijo mío.

Quiero que en este tiempo alcancéis tal sensibilidad, que baste con que un pensamiento mío se vea reflejado en vuestra mente, para que lo obedezcáis.

No ambicionéis el descanso después de la vida terrenal, porque la dicha perfecta se encuentra sólo en la actividad. La pereza es egoísmo y esa imperfección es de la carne, no del espíritu.

Quienes se empeñen en ignorar una vida superior, morarán en la Tierra caminando sin rumbo, tropezando y cayendo, sin darse cuenta que en el fondo de su ser tienen la llave de la eternidad y la lámpara que puede iluminar el camino que conduce a la sabiduría y a la felicidad.

A veces pensáis que os hablo demasiado del espíritu y que me olvido de vuestras necesidades humanas, a lo cual os digo nuevamente: Buscad el Reino de Dios y su justicia y lo demás se os dará por añadidura.

Cuando eso sea, vendrá a vosotros la paz, la serenidad y el deseo de amar y perdonar.

Salid de vuestro estancamiento, vuestra misión es renovaros constantemente. Nunca se detendrá en la eternidad vuestro desarrollo, porque estáis sujetos a la Ley de perfeccionamiento.

La vida es una constante lección, una lucha incesante, no un goce absoluto. La paz está en la perfección espiritual. El Universo no tiene otra misión que la de enseñar.

Penetrad en la luz de la eterna aurora para que no volváis a vivir en la oscuridad. A semejanza de la noche es la vida del espíritu materializado.

Semejante a la aurora es la existencia de aquél que busca lo perfecto.

Todos al brotar de Mí, fuisteis dotados de una vestidura limpia y pura. ¿Quién ha logrado conservar intacta esa gracia hasta su retorno?

¿Quién ha salido victorioso de todos los combates y tentaciones? Muy pocos; la mayoría viste andrajos y muchos están desnudos. Procurad ataviaros con la vestidura blanca de la virtud aunque a vuestra materia la vistáis modestamente.

Sólo con la práctica de mis Enseñanzas podréis conservar limpia esa vestidura hecha de luz; es tan delicada, que hasta una mirada que refleje maldad hacia vuestros semejantes, puede imprimir en ella una mancha. Ya podéis comprender que si cometéis faltas mayores, no serán sólo manchas las que dejéis, sino jirones los que le arranquéis.

Ahora he venido a vestiros nuevamente, derramando mi Luz sobre todos como un inmenso manto. Por esa Luz el mundo os reconocerá.

Siempre estoy con mis hijos, mas vosotros no siempre estáis Conmigo. Por eso cuando llegáis ante la manifestación de mi Palabra, os digo, sed bienvenidos.

Venid al festín que vuestro Padre os tiene preparado, para que de Él toméis las lecciones que os corresponden y forméis vuestra heredad.

Aquí, en esta mesa os espero a todos. Ante mi Presencia desaparecen razas, castas y linajes: todos me pertenecéis por igual, todos lleváis un espíritu como joya de valor incalculable y es a él a quien vengo buscando. Al final os fundiréis con mi Espíritu, porque de Él habéis brotado y a Él tendréis que volver, puros y dignos. ¡Este es vuestro tiempo! ¡Despertad, levantaos, venid a Mí!

¡Mi paz sea con vosotros!

El Creador

EL CREADOR

Percibid el silencio con que el universo saluda y rinde culto a su Señor. Todo entra en dulce sumisión, en profunda adoración, en grata contemplación.

Desde que el hombre estuvo consciente de que poseía facultades que lo diferenciaban de las demás criaturas, tuvo la idea de que le estaba reservado un destino más alto; fue naciendo dentro de su ser la intuición de un Dios, un Ser Supremo y, al mismo tiempo, la existencia de su propio espíritu y la necesidad de elevar un culto o tributo a aquel Ser de quien se sentía proceder.

A través de los tiempos fue formando en su mente una imagen de ese Dios, según su grado de evolución. Así llegó a ver en cada elemento de la naturaleza una divinidad y cuando se desencadenaban sus fuerzas, creía ver en ellas la venganza de los dioses.

Pasado el tiempo fue comprendiendo que Dios es el origen de la vida, de la verdad y del bien; el principio de la fuerza, de la luz y la esencia de las cosas. Entendió entonces que en la fuerza, está la chispa creadora y vivificante, en la luz la razón de ser y el conocimiento de la verdad, y en la esencia el fluido que une las cosas entre sí y les transmite su valor real.

Os habla el Creador, Aquél que no tiene ante quién inclinarse, os digo que si sobre Mí existiese alguien más grande, ante él lo haría, porque en mi Espíritu habita la humildad que siempre os he enseñado.

Yo soy la fuerza que todo lo rige, la potencia y sabiduría que se manifiestan en la naturaleza, como un reflejo de mi Perfección.

El hombre es un destello Divino, una imagen de Dios.

Necesariamente los hijos tendrán que parecerse al Padre, del que brotaron; esa semejanza está en el espíritu, el cual está dotado de los atributos Divinos y tiene vida eterna. El cuerpo humano sólo es una vestidura fugaz.

Hoy vengo a vosotros para que me reconozcáis como el Dios único, Creador de todos los seres; a deciros que quiero hacer de cada uno de vosotros un discípulo y heredero mío.

Éste es el tiempo en que el hombre me buscará espiritualmente, porque reconocerá que Dios es Espíritu Universal. Yo soy el amor, y quien me busque deberá inspirarse en él. El amor es principio y fin en el destino de toda criatura. Ante esa fuerza que todo lo mueve, lo ilumina y vivifica, desaparece la muerte, se esfuma el pecado, se desvanecen las pasiones, se lavan las impurezas y se perfecciona todo.

Soy la Luz, la Verdad y la Vida. Soy el Libro abierto. Desde el principio de la humanidad los hombres han buscado el origen de la vida y el porqué de cuanto les rodea; para ello han empleado la inteligencia. De ahí han surgido sus ciencias y filosofías, pero como la mente humana es limitada para abarcar la verdad que sólo el espíritu puede comprender, ha sido poco lo que la ciencia ha logrado descubrir acerca del origen de la vida. Y es que los hombres no han buscado esa luz en la esencia espiritual, y Yo soy Espíritu. El que quiera encontrar la fuente de la vida, la luz de la verdad y el origen de todo lo creado, habrá de buscarme con el espíritu a través de la oración. El que eso haga, le serán reveladas las enseñanzas que otros no han descubierto en el transcurso de los siglos.

Cuando vuestra inteligencia os lleve al principio, y descubráis cómo nacen y se transforman las criaturas, os maravillaréis al encontrar la explicación de muchas de mis lecciones. Ahí encontraréis que Dios se manifiesta en todo, desde los seres imperceptibles a vuestra mirada hasta los astros mayores. ¿Quién si no Yo puede mantener la armonía en el Universo?

De ese modo comprenderéis que el hombre no es creador de vida, que él tan solo emplea y transforma lo que le he dado para su conservación y recreo.

Yo soy la vida y estoy en todo, por eso nada muere. Analizad, para que no quedéis atados a la forma; preparad vuestro espíritu y me encontraréis en la esencia.

La verdad absoluta no la posee ningún hombre ni está contenida en libro alguno. Esa Divina claridad y esa fuerza omnipotente, están en Mí. Yo soy la verdad.

No pretendáis conocer mis íntimos designios, porque ahí no podéis penetrar. Yo no tengo límite, soy esencia infinita y omnipotencia. Mi Espíritu llena el Universo y al mismo tiempo habita en cada espíritu; para reconocerme y sentirme, es menester identificarse conmigo practicando el bien, amándoos y siendo justos.

Mientras los hombres han querido ver en Mí a un Dios distante, remoto, Yo me he propuesto demostrarles que estoy más cerca de ellos que las pestañas de sus ojos, que conozco hasta lo más íntimo de sus pensamientos. Soy la Luz que ilumina vuestra mente con inspiraciones e ideas elevadas, el espíritu que os anima, la conciencia que os juzga.

Doquiera que os encontréis, ahí estoy.

Así lograréis comprender que mi fuerza se manifiesta en todo lo que es vida, y veréis cómo el concepto de ese Dios que los hombres habían creído distante, inaccesible e incomprensible, desaparecerá, para que en su lugar surja el Dios verdadero, presente en todo sitio y en todo instante. Yo tengo mi santuario en vuestro corazón y os he dado la llave para que podáis abrirlo.

Ha pasado el tiempo en que el hombre adorara a Dios en diversas formas como fueron los astros, los elementos y los ídolos hechos por sus manos. Ahora se siente grande y enaltece de tal manera su personalidad, que se avergüenza de proclamar a Dios y lo designa con otros nombres para no comprometer su vanidad, para no descender del pedestal en que se ha colocado. Por eso me llama Inteligencia Cósmica, Arquitecto del Universo; pero a vosotros os he enseñado a que me digáis Padre. ¿Por qué siendo mis hijos, creen rebajarse al nombrarme Padre?

Si creéis en Mí, si me amáis y queréis seguirme, no importa el nombre que me deis, entre los muchos que tenéis para designarme. Lo esencial es que me sintáis en vuestro ser en la medida que vuestra capacidad espiritual lo permita.

Cuando me conozcáis verdaderamente, me amaréis con más perfección y me diréis humildemente: Dios mío, Padre mío. Al brotar ese nombre del fondo del espíritu, en el cielo se escuchará vuestra voz y le arrancaréis sus secretos al Arcano.

A través de las Eras habéis querido humanizar el amor de Dios dándole diversas formas, pero Yo os digo: no le busquéis tan pequeño, tratad de encontrarlo en la grandeza del Espíritu Santo, dueño de todo lo que ha sido, de lo que es y será. Yo, vuestro Dios, no tengo forma, porque si la tuviera, sería un ser limitado como lo sois vosotros. ¿Qué forma puede tener el Espíritu universal, que no tiene principio ni fin?

Dejad lo insondable en la intimidad de mi Arcano y cuando la muerte corpórea deje en libertad a vuestro espíritu, descorreré un velo más del libro infinito de revelaciones, para que conozcáis al Padre y a vosotros y os extasiéis ante la contemplación de un mundo maravilloso que no será el último que habitéis.

Vosotros no podéis representar ni definir lo infinito, porque es imposible abarcarlo todo con una mente limitada; tampoco vuestro lenguaje puede expresar lo Divino ni definir mi Grandeza con términos humanos. Por eso os digo que no tratéis de encerrar a Dios en palabras y alegorías que nunca podrán daros una idea de la verdad.

Con imágenes, símbolos o vagas definiciones de Dios, sólo lograréis hacer que vuestros hermanos me nieguen o permanezcan en la ignorancia.

A medida que comprendáis el sentido de vuestra vida, el destino del espíritu y el porqué de la evolución, iréis penetrando en el camino espiritual; iréis olvidando las formas que me atribuisteis y de vosotros se irán borrando las falsas creencias y conceptos erróneos, que por tantos siglos ha alimentado la humanidad.

Buscadme en lo infinito con la sensibilidad de vuestro espíritu, mas no pretendáis mirarme. Juan mi discípulo del Segundo Tiempo, no contempló en su visión a mi Espíritu en toda su magnitud. Sólo presenté a su pupila espiritual figuras que encerraban un profundo simbolismo que él no alcanzó a interpretar.

¿Quién podrá analizar la esencia de mi Ser? Mi Espíritu es infinito y no habita en un lugar determinado, está en todas partes, en lo espiritual, en lo Divino y en lo material. Aún os falta mucho para que alcancéis a concebirme en mi Verdad absoluta, ya no a través de fantasías forjadas por vuestra mente.

No tratéis de imaginar el cielo, porque nunca podréis concebirlo en toda su perfección. Cuando os libertéis de todo lo material, sentiréis como si rompieseis las cadenas que os ataban, como si una gran muralla se derrumbase ante vuestra vista, como si una espesa bruma se disipase. Entonces contemplaréis un horizonte sin límites y un firmamento desconocido, profundo y luminoso, que será una de tantas moradas que vosotros habitaréis.

Unos decís: Dios está en los cielos; otros: Dios habita en el Más Allá; pero no sabéis lo que decís ni comprendéis lo que creéis. Ciertamente Yo habito en los cielos, mas no en el lugar que habéis imaginado. Yo me encuentro en los cielos de la luz, del poder, del amor, del saber; en los cielos de la justicia, de la felicidad y la perfección.

Estoy en el Más Allá, sí, pero más allá del pecado humano, más allá del materialismo, de la soberbia y la ignorancia; por eso os digo que voy a vosotros, hacia vuestra pequeñez, porque os hablo en tal forma, que vuestros sentidos puedan percibirme y vuestra mente comprenderme; no es que llegue de otros mundos o moradas: mi Espíritu habita en toda la creación.

Tenéis que esforzaros para alcanzar la meta espiritual que os he trazado: la de conocer a vuestro Padre, amarle y rendirle culto a través de vuestro espíritu; hasta entonces comenzaréis a presentir la verdadera gloria, el estado de elevación, armonía y paz, que son el paraíso a donde habréis de llegar todos.

Yo estoy en todo lo creado, por encima de todas las sabidurías, soy la verdad, nada hay contradictorio en Mí.

Soy actividad inagotable, y ante ese ejemplo, debéis ser incansables en el cumplimiento de vuestra labor. Comprended que el trabajo es una bendición y que por medio de él os acercaréis más a Mí. Os digo que no tengo un sitio determinado en el infinito, porque mi presencia está en todo lo que existe, por eso cuando elevéis vuestra mirada, hacedlo como algo simbólico, porque vuestro planeta gira sin cesar y en cada movimiento os presenta nuevos cielos y alturas. Ese infinito del que os hablo no lo podréis medir jamás con vuestra mente.

Vuestro espíritu es mi templo, mi morada. Vuestra conciencia es la intérprete de mi Voz de Justicia. Eso os demuestra que no sois absolutos, sino que procedéis de un Ser omnipotente y debéis de someteros a su Voluntad.

Los hombres que estudian a Dios no están de acuerdo con los científicos. ¿Quiénes están en la verdad? La religión y la ciencia han estado siempre en pugna, sin comprender que una y otra deben vivir en perfecta armonía. Científicos y religiosos tienen diferente misión entre la humanidad, mas debieran imitar la obra Divina, armonizando unos con otros, como los demás seres de la creación. Yo soy la ciencia, el principio y fin de todas las cosas, el Alfa y la Omega, la Luz que lo ilumina todo.

Mientras las criaturas humanas discuten mi Divinidad y mi Doctrina, existen mundos en donde soy amado con perfección. Todavía no os he revelado todo cuanto tengo reservado a vuestro espíritu.

Si todos los hombres rindiesen culto a la verdad, al amor y a la justicia, que son atributos de mi Espíritu. ¿Creéis que en el mundo podría existir el dolor, la guerra, el hambre y la muerte? Nada de ello amenazaría vuestra vida y sí en cambio habría paz y salud en el espíritu y el cuerpo. Soy para vosotros maestro, amigo, doctor y consejero.

Depositad en Mí vuestras penas, secad vuestras lágrimas y confiadme vuestras esperanzas y anhelos: hacedme vuestro confidente.

Nadie puede ocultarse a mi mirada, puesto que soy omnipresente. Yo os seguiré por doquiera que vayáis, como vuestra sombra; ningún pensamiento escapa a mi Divinidad ni existe obra oculta o ignorada por Mí. Lo mismo estoy en los espíritus justos que habitan mansiones elevadas, que en aquéllos cuya turbación espiritual les hace crear y habitar mundos de oscuridad.

Soy perfecto y espero de vosotros perfección, para ello os doy el tiempo necesario.

Os di la Ley en el Primer Tiempo sobre el monte Sinaí a través de Moisés; en la Segunda Era me transfiguré en el monte Tabor para mostraros mis planes Divinos. Ahora me presento sobre la montaña de la elevación espiritual para invitaros a llegar hasta Mí, en donde encontraréis sabiduría y amor.

¿Quién se manifiesta en este tiempo entre vosotros, el Padre, el Hijo o el Espíritu Santo? Yo os contesto: vuestro Dios. Si en el Segundo Tiempo os dije: Quien conoce al Hijo, conoce al Padre, hoy en Espíritu os digo: Quien escuchó a Jesús, recibió a Jehová y al Espíritu Santo. No miréis tres dioses, sino un solo Espíritu que se manifiesta en plenitud. En esta palabra encontraréis al Maestro, descubriréis al Padre y sentiréis la presencia del Espíritu Santo.

Así como es una sola la verdad, una sola es la esencia que os he entregado a través de los tiempos, así la llaméis Ley, Doctrina o Revelación.

En mi Espíritu existe un número infinito de fases y atributos, mas por haberme manifestado en tres formas a través de tres tiempos, os he llamado trinitarios. Ahora ya sabéis unir esas tres revelaciones en una sola, mirando en ella a un solo Dios, que lo mismo puede manifestarse hoy como Juez, mañana como Maestro y más tarde como Padre.

Yo estoy sobre el tiempo, sobre todo lo creado. Mi Divino Espíritu no está sujeto a evolución. Los tiempos me pertenecen. Vosotros sí tenéis principio, sí estáis sujetos a leyes de evolución y sentís sobre vuestro ser el paso del tiempo. No digáis entonces que el Padre pertenece a una era, Cristo a otra y el Espíritu Santo a otra.

El Padre, es el poder absoluto, el Creador universal, el Increado, el Eterno, que no pertenece a ninguna era, sino los tiempos pertenecen a Él. Cristo, es la manifestación del amor de Dios. Y el Espíritu Santo es la sabiduría que se está derramando en vosotros, porque ya estáis capacitados para comprender sus revelaciones.

Ved en mis manifestaciones, a través de los tiempos, a un solo Dios que os ha doctrinado por medio de múltiples lecciones.

Todo esto puede resumirse así: Tres potencias y un solo Dios, una sola voluntad.

Si el Espíritu Divino fue en Jesús, éste fue hombre y Dios: hombre por su naturaleza material y Dios por su naturaleza espiritual. En cuanto hombre, tuvo manifestaciones propias del ser humano: sentía y sufría como hombre; mas el conocimiento que tenía de su misión le hacía sobreponerse a sus necesidades materiales y a las tentaciones. Todo lo que no estaba en armonía con su misión, era evitado por Él. Así, a través de aquel varón justo y puro, se manifestó Dios como hombre.

Cuando Jesús concluyó su misión, su Espíritu volvió al Padre, llevando en sí la huella de la vida humana, las pruebas a que se sometió en cuanto hombre. Por eso es que el Hijo, siendo el Amor del Padre, tiene algo de vosotros, por lo cual os sentís comprendidos, sabiendo que vivió en vuestro mundo y pisó el mismo polvo que vosotros.

Os formé a imagen y semejanza mía y si soy trino y uno, en vosotros existe también esa trinidad: un solo ser formado por tres naturalezas: la material, el cuerpo, la espiritual el espíritu y la Divina, la conciencia.

Ved cuánto amor hay en vuestro Dios, que siendo omnipotente no se detiene en limitarse, para que podáis comprenderlo y sentirlo, que se multiplica en vosotros para mostraros que no sólo es Hacedor y Juez, sino al mismo tiempo Padre. Ahora comprenderéis que mientras cada uno de vosotros sufre su propio dolor, el Espíritu Divino siente el de todas sus criaturas.

El verdadero concepto del Amor de Dios no es conocido aún en la Tierra, a pesar del mensaje que os envié a través de Jesús. Pero si Yo supiese que el hombre no habría de salvarse, no vendría a él con el amor con que siempre le he buscado. Es imposible la separación entre el Creador y sus criaturas; no es posible que haya distancia entre Cristo y los hombres, así como no puede existir un cuerpo sin cabeza ni el Sol sin planetas.

El Arcano que os estoy revelando es mi propio Espíritu, el cual se encuentra más allá de la escala de Jacob. Yo no estoy en la escala, porque soy perfecto, en ella sólo están los seres que evolucionan y caminan en pos de la perfección.

No debéis decir que Cristo nació en el mundo, quien nació fue Jesús, el cuerpo que albergó a Cristo. Antes que Jesús, ya era Cristo, porque Él es el Amor de Dios.

¿Quién os está hablando de Cristo, discípulos? Él mismo, el Verbo, quien viene a vosotros nuevamente: no dudéis de mi Presencia por la humildad con que me presento. La ostentación no puede estar conmigo.

El que llama a vuestras puertas no viene con regios atavíos. Llega con vestidura de caminante en busca de albergue.

El espíritu de Dios es como un árbol infinito en el que las ramas son los mundos y las hojas los seres que los habitan. Si es una misma savia la que pasa del tronco a las ramas y de éstas a las hojas, ¿no pensáis que hay algo de eterno que os une a todos entre sí y os funde con el Creador?

De esta manera os muestro que entre Dios y el hombre existe una relación íntima. Amadme, aun cuando no podáis imaginar cómo soy. Yo no tengo forma, soy simplemente el amor, la sabiduría, la belleza, la fuerza…

No me limitéis en la forma de Jesús. Si queréis recordarme o meditar sobre mi manifestación en cuanto hombre, hacedlo, practicando mis Enseñanzas. Concebidme infinito, para que reconozcáis la prueba de amor que os di, haciéndome semejante a vosotros; después, mediante la práctica de las virtudes, haceos semejantes a Mí.

Ved que no hay forma precisa bajo la cual podáis imaginar a vuestro Dios. Estoy en todo, lo mismo en lo espiritual y eterno que en la naturaleza material.

Mi Doctrina hará evolucionar el concepto que de mi Espíritu ha tenido la humanidad.

Escuchad la voz de la sabiduría que torna la ignorancia en luz; oíd ese dulce coloquio de amor que hace grata la existencia del hombre en el conocimiento de la vida y la eternidad.

Si creéis que me semejo a un rico avaro que todo lo quiere para sí, porque todo lo cuido y lo guardo celosamente, en verdad os digo que lo creado no ha sido para Mí, sino para vosotros. Yo sólo quiero vuestra felicidad para que la gocéis cuando entréis en la vida espiritual.

Yo soy quien todo lo hace, sin Mí nada existiría; pero así como he dado vida a los espíritus, les he participado de mi Obra, de mi Trabajo, de mi Creación.

Todavía os sentís distantes de la paz y la armonía, y tenéis razón, porque es tan diferente en cada hombre el concepto sobre la vida eterna, que parece fuesen diversos dioses y existiese uno para cada hombre.

La comunión entre el hombre y Dios puede verificarse también por medio del conocimiento del Universo, en el que se manifiestan mi Grandeza y mi Poder.

El ideal de muchos es llegar a conocer y amar a Dios, pero no han sabido buscarme donde habito verdaderamente. Recordad lo que dije en aquel tiempo a la mujer de Samaria: “Dios es espíritu y es necesario que le adoren en espíritu y en verdad”.

Ha llegado la hora en que me sintáis como Espíritu, dejando atrás vuestro materialismo.

No me imaginéis tocado con corona y ostentando cetro, buscadme en lo infinito, en donde no existen formas, porque como Dios no las tengo.

Soy Luz, Amor y Justicia; todo el que manifieste en su vida estos atributos, estará comprendiéndome y representando a su Señor. No creáis que me presento sólo en los que me buscan con pureza y perfección. Yo vengo a todos. Cada quien me busca según su capacidad y evolución.

No quiero que analicéis mi Espíritu o me estudiéis a la manera de los científicos, porque caeríais en grandes confusiones. Os he enseñado a elevar el espíritu por medio de la oración, para que consultéis con humildad y respeto a vuestro Padre; entonces el Arcano se abrirá y os dejará contemplar cuanto esté reservado a vosotros y sentiréis llegar al entendimiento la Luz Divina que lo explica todo. Yo soy el Dador, aquél que tiene más que daros que vosotros que pedirme, Yo sé de las necesidades de la materia y del espíritu y sé de vuestras aflicciones.

Mi palabra es bálsamo de curación, sanad de vuestros males poniéndola en práctica. Cada palabra es una gota de la fuente de vida.

Siempre que realicéis una buena obra sentiréis mi Paz. Es que en esos instantes os habréis unido a Mí.

Recordad que os ha bastado pronunciar la palabra Padre, para que todo vuestro ser se estremezca y el corazón se sienta invadido por el consuelo que os da mi Amor. Sabed que cuando me llaméis con ternura, también mi Espíritu se estremecerá de gozo.

El destino del hombre no es sufrir. No os he enviado a padecer, sino a perfeccionaros para llegar a Mí.

¡Ah, humanidad, que me tenéis tan cerca y no me sentís! Me percibe el que lleva la paz y pureza en el corazón; aunque de cierto os digo que estoy en todos los hombres por mucho que hayan pecado. El que ha sido, no morirá jamás, y quien existe me lleva en sí por siempre.

Estáis en la consumación de los tiempos. Ya vuestro espíritu no está sujeto a la vida material: él ha penetrado en la eternidad.

No temáis al futuro por no conocerlo, no lo veáis con incertidumbre, pensad que Yo estoy en el tiempo y soy la eternidad.

Entre Dios y sus criaturas existen lazos que nunca podrán romperse, si los hombres se sienten lejos de su Padre, es por su falta de espiritualidad o de fe. Ni la muerte, ni la falta de amor, podrán destruir esos lazos que los unen a Mí.

Nadie puede huir de mi Presencia. No existe morada o sitio alguno donde podáis ocultaros de Mí. Doquiera vayáis, ahí estaré y en donde os encontréis, estaréis conmigo.

Meditad: si estoy en vosotros, ¿a dónde me lleváis cuando pecáis? Os hablo así para remover la ceniza que hay en vuestro corazón, hasta encontrar en él una chispa de luz.

Yo haré oír mi Voz a todos en su conciencia, una voz de Padre, de Maestro y de Juez, que penetrará en los corazones haciéndoles latir de amor.

La obra espiritual constructiva es la que espera a las futuras generaciones. Cuando el hombre viva consagrado a esta noble y elevada misión, sentirá que ha encontrado la armonía con su Creador.

Hoy me complazco en saberos seguros transitando por mi Senda. Mañana será el gozo Universal cuando todos viváis en el hogar espiritual, que hace tiempo espera vuestra llegada.

He aquí mi lección, cristalina como el agua, para que calméis vuestra sed. Discípulos: para las grandes obras se necesitan mentes elevadas y corazones dispuestos: desarrollad vuestros atributos y sed grandes.

Formad un pueblo de paz, un ejército al servicio del bien.

¡Mi paz sea con vosotros!

El principio

EL PRINCIPIO

Yo soy el increado. Soy Espíritu eterno y mi presencia universal lo llena todo. En ningún sitio del universo existe el vacío, todo está saturado de Mí.

Antes de crear los mundos, cuando no había surgido a la vida criatura alguna, ya os amaba, porque se hallaban latentes en Mí todos los principios, elementos y naturalezas que iban a alentar a los seres nacidos de mi Ser.

Mi inspiración tomó forma bajo la fuerza del amor. Y principió la vida. Primero fueron los espíritus, creados a mi imagen y semejanza, y después la naturaleza material. Como un manantial inagotable fue mi seno. El espacio espiritual se pobló de criaturas y en ellas se manifestó mi Amor, mi Poder y mi Sabiduría.

Todo estuvo dispuesto para aquellos espíritus que iban a tomar forma corpórea y a habitar mundos materiales, en los cuales encontrarían una morada perfecta. Fue mi Voluntad que disfrutaran de cuanto poseía, que supieran amarme y recibir mis Caricias. Así, a cada paso y en cada obra, descubrirían la huella de su Padre.

Como buen sembrador preparé la tierra y deposité la semilla de vida para fecundarla y hacerla germinar. De la unión del espíritu y la materia surgió el hombre y sobre él dejé un destello Divino: la conciencia.

La vida entonces quedó ante el hijo como un libro abierto, en cuyas páginas encontraría respuesta a sus preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy?

Entonces dije al espíritu encarnado: he ahí vuestra morada, recorred los caminos, bebed de las fuentes, saboread los frutos y me conoceréis: ése es vuestro reino temporal, sois el señor de la Tierra.

El hombre tuvo ante sí un camino de bendiciones, una senda plena de bellezas que le señalaba un destino. Desde entonces todo vive para el fin a que fue creado, todo camina hacia la perfección girando en torno un principio, a una ley.

Al final de ese camino de luchas y experiencias quedaría Yo, en espera del retorno de mis hijos, cuando éstos, logrado su perfeccionamiento, me presentaran un fruto maduro, digno, como fue la simiente que lo originó.

Así fue el principio de vuestra vida material que ha quedado muy atrás para vosotros, porque los tiempos lo han ocultado. Si hoy con toda vuestra ciencia no alcanzáis a calcular la antigüedad de la Tierra o el tiempo en que apareciera en ella el hombre, menos vais a poder medir las diferentes etapas de la creación ni saber lo que ha ocurrido en otros mundos, en otras moradas insondables para vosotros. Esa labor dejádmela a Mí, que os lo revelaré todo, porque soy el tiempo y la vida.

Penetrad en mis Enseñanzas con amor y descubriréis que ellas son el camino de la sabiduría.

Decís que mi Espíritu es invisible, sin embargo, Yo me manifiesto ante vosotros en infinidad de formas. El Universo es una expresión material de lo Divino: todo cuanto os rodea es un reflejo de la vida espiritual que está más allá de esta morada.

Cada una de mis Obras tiene por principio el amor y la justicia. Todo cuanto percibís por medio de vuestros sentidos o vuestra mente, encierra esos atributos, mas nunca hallaréis en ellos impureza o imperfección.

De mi Espíritu proceden las tres naturalezas: la Divina, la espiritual y la material. Como Hacedor de todo, puedo hablaros en forma Divina y al mismo tiempo comprensible a vosotros.

Si la naturaleza material es Obra mía, puedo materializar mi Voz y convertirla en palabra para que me escuche el hombre.

Los primeros humanos conservaron por un tiempo la impresión que su espíritu traía del Valle Espiritual, un estado de pureza e inocencia que les permitió sentir la caricia de la naturaleza, un calor de amistad y una armonía entre todas las criaturas.

Cuando surgieron en su vida las pasiones y la lucha por subsistir, se vieron obligados a buscar por medio de la ciencia lo que habían perdido por falta de espiritualidad.

Así comenzó el desarrollo de espíritu y materia, guiados por la luz de la conciencia. ¿Quién reveló al hombre los misterios de la carne? La materia misma. ¿Quién los misterios de la ciencia? La mente. Mas la idea de Dios sólo pudo revelársela el espíritu.

La semilla humana se reprodujo: el hombre y la mujer poblaron la faz de la Tierra. Yo me manifesté entre ellos desde el principio de su vida, llegando a materializarme ante su pequeñez: lejos estaban de sentir y comprender la fuerza del Amor Divino, esencia del espíritu y principio de todo lo creado. Creían en Dios, pero sólo le atribuían fuerza y justicia.

Ellos intuyeron que su Creador les ordenaba siempre el bien, como una ley natural dentro de la cual debían vivir; pero, desviados del buen sendero a causa del libre albedrío, hube de enviarles seres dotados de virtud y sabiduría, para que les hicieran volver al camino del que se hablan apartado. El mensaje de mis enviados venía a salvar de errores a los hombres, quienes se habían formado de su Padre un concepto equivocado al juzgarlo como un Dios temible y vengativo. Por esa razón, cuando creían haberme ofendido, buscaban la forma de desagraviarme, ofreciéndome holocaustos y sacrificios. Pero aquellas ofrendas no siempre estuvieron inspiradas en el amor sino en el temor. Por eso me buscaban como Dios, pero no como Padre o Maestro.

Si desde aquel tiempo en que los hombres tuvieron conocimiento del bien y del mal, hubieran cultivado con amor el árbol de la ciencia, ¡cuán distintos hubieran sido los frutos cosechados!

¡Ved cuánto bien han hecho al género humano, a través de los tiempos, quienes han tomado esos frutos con fines nobles!

En este tiempo, el árbol de la ciencia se sacudirá ante una fuerza incontenible y dejará caer sus frutos sobre la humanidad. Mas, ¿quiénes habrán desatado esos elementos si no los hombres?

Bien está que los primeros seres hayan conocido el dolor a fin de que despertasen a la realidad, naciesen a la luz del conocimiento y se ajustaran a una ley; pero el hombre evolucionado, consciente y desarrollado de éste tiempo, ¿por qué se atreve a profanar el árbol de la ciencia y a desconocer los frutos del árbol de la vida? Es que ha dejado de orar y se ha olvidado de cuanto corresponde al espíritu; una vez consagrado a la vida humana, su mayor ambición ha sido acumular bienes materiales para sentirse fuerte. Es así como, persiguiendo una gloria efímera, se ha hundido en un abismo de debilidades y errores.

Yo quiero que el hombre tenga ambiciones, que luche por ser grande, fuerte y sabio, poseedor de los bienes eternos del espíritu; mas ello requiere de la práctica de las virtudes: la caridad, la humildad, el perdón y la nobleza; en una palabra: el amor.

Cuando la paz entre los hombres esté a punto de establecerse y comprendan el valor que tienen la oración y las virtudes, sabrán que Yo soy el árbol de la vida en cuyas ramas, extendidas hasta el infinito, verán los brazos del Maestro abiertos como en la cruz donde vertí mi sangre por amor a la humanidad.

Para que el hombre llegue a alcanzar el verdadero conocimiento sobre el significado del árbol de la vida, antes habrá lucha, conmoción y perturbaciones en su mente y espíritu. Mi Doctrina, clara y persuasiva, mostrará al mundo el camino del retorno y, uno tras otro, los hombres vendrán a Mí, mas ya no agobiados bajo el peso de sus errores, sino mirando a las alturas con la fe en el corazón y la satisfacción de haber cumplido mis Leyes.

La puerta está abierta y mi Espíritu dispuesto a recibir al hijo en mi seno Divino. Ahora que el hombre está preparado para oír la voz de la conciencia y recibir de ella sus revelaciones, tiene a su alcance el camino que lo conduce al Reino prometido, al mundo infinito del espíritu, el de la sabiduría: al paraíso de la verdadera dicha espiritual, el cielo del amor y de la perfección. Ése será el fruto del árbol de la vida, que al final saboreará después de su gran lucha por alcanzarlo.

La vida es un árbol con un número incontable de ramas, de las cuales no hay dos iguales, en las que cada una cumple su misión. Si un fruto se malogra, es desprendido del árbol, y si una rama se desvía, es podada; porque del árbol de la vida sólo frutos de vida deben brotar.

Toda ciencia que haya causado mal y toda religión que no haya hecho brillar la luz de la verdad, podéis considerarlas como ramas por las cuales no corre la savia del árbol de la vida: ellas serán cortadas.

Tiempo es de que comprendáis que el origen del hombre no es el pecado, sino el resultado de una ley natural, que no sólo él cumple, sino todas las criaturas.

Crecer y multiplicarse es ley Universal: lo mismo brotaron los astros de otros mayores, que la semilla humana se multiplicó. Jamás os he dicho que, por ese hecho, unos y otros hayan ofendido al Creador.

Lo que mancha al hombre y aleja a su espíritu del camino de evolución, son las bajas pasiones, los vicios, porque van en contra de la Ley.

Meditad para que encontréis la verdad, y así dejéis de llamar pecado a lo que ha sido tan solo una Ley del Creador; entonces podréis santificar la existencia de vuestros hijos y guiarlos con ejemplos de amor.

Creced y multiplicaos. Éste es el tiempo en que debéis entenderlo también espiritualmente, llenando el universo de pensamientos elevados y buenas obras, creciendo en sabiduría y ejerciendo el bien.

Multiplicaos en espiritualidad: amaos los unos a los otros sin distinción de razas, clases, credos o mundos y retornad al Padre llenos de méritos.

Cada espíritu nació de un pensamiento mío, por eso sois obra perfecta del Padre.

Nazco en vuestra conciencia, crezco en vuestra evolución y me manifiesto en plenitud en vuestras obras de amor, para que digáis con gozo: ¡El Señor es conmigo!

Todos procedéis de Mí. Todos tenéis un solo origen, porque de un solo Espíritu habéis brotado.

¡El hombre! He ahí mi imagen, porque en él hay vida, inteligencia, voluntad y conciencia; porque posee algo de todos mis Atributos y su espíritu tiene naturaleza eterna. A veces sois más pequeños de lo que os creéis, y otras, más grandes de lo que podéis imaginar.

El envanecido cree ser grande sin serlo; es pequeño porque sólo ambiciona las riquezas superfluas de su vida material, sin llegar a descubrir los verdaderos valores del espíritu. Mas aquél que se alimenta con el pan de vida eterna, que cumple con sus deberes espirituales y en el mundo aprovecha los beneficios que le ofrece la naturaleza, ése sabe vivir y aunque aparentemente nada posea, disfruta de las riquezas del Reino.

En todos los tiempos me he manifestado a los hombres. Desde el principio del mundo les hablé para revelarles mi Ley, también para corregirles. Buscadme en todo cuanto os rodea y ahí me veréis: en los seres animados, en la hoja del árbol movida por la brisa o en el perfume de una flor; en la tierra, en el aire, en la luz. Todo habla de Mí y os descubre la meta hacia donde debéis conducir vuestros pasos. En todo lo creado encontraréis la belleza y el amor con que he rubricado todas mis Obras.

Cuando hayáis alcanzado la perfección, os mostraré mi sonrisa que será como una aurora infinita en todo el universo, porque habrá desaparecido de vosotros toda mancha, dolor e imperfección.

¡Mi paz sea con vosotros!

Del lucro

7-201-12

En la labor espiritual se puede engañar uno mismo, tener tantas excusas quiera uno para según hacer lo permisible, pero es inaceptable.
Hay quienes labran su tesoro aquí en la Tierra, y se permiten ellos que así se haga con los dones del espíritu. Lo espiritual no espera recompensa material; cuando se anhela o desea que a todos sirva, se da sin pedir algo a cambio. Los poderes del Cielo conocen a quienes se les dará más, conocen el corazón, el pensamiento del discípulo de Cristo. También esos poderes conocen quienes van lucrando, el fin con el cual van formando su tesoro aquí en la Tierra. No son discípulos del Maestro, aunque vayan por el mundo haciendo ostentación de ello.
Un lucro es tener la INTENCIÓN de obtener un beneficio, un provecho de las veces económico principalmente. Sí, una intención.
En lo material se puede desarrollar el intelecto para una ciencia particular, algún talento como el arte o la música y de ello obtener un beneficio, para satisfacer nuestras necesidades materiales, o las terrenales. No obstante desarrollar un don espiritual o el tener un cargo, un liderazgo, cierta presencia predominante en la congregación y de ello, conseguir un beneficio para satisfacer las necesidades del mundo y de lo terreno, eso es lucrar. Porque de las veces se tiene la intención de lograr eso, el de ser alguien distinguido por un don o un cargo, y recibir una retribución material.
Hay bastantes quienes depositan su anhelo en el bien de su Semejante, y también porque la Obra de Cristo prospere entre los hombres. Tienen como cierto que para ello suceda les es necesario los recursos materiales. No tienen una intención de beneficio para uno mismo, sino para el de los demás, para el engrandecimiento de la Obra. Lo que consiguen en recursos lo dan, lo entregan de nuevo a la comunidad, a otros más. Su intención no es el beneficiarse uno mismo, sino el de beneficiar a la comunidad. Eso no es lucro, nunca podría serlo. Ese es un espíritu que no se ve dominado ni por la moneda y de lo que puede obtener de ella para su propio yo. Conoce que los recursos le abren las posibilidades de actuar y obrar para beneficio de otros. Conoce que los recursos materiales obtenidos, le abren muchas posibilidades para una finalidad de llevar la Palabra, la Enseñanza, la Obra de Cristo a muchos más. Ese espíritu no está al servicio de su yo, sino hacia el de los demás.
Unos cuantos o toda una congregación que utilizará esa fuente material para ser benefactor de muchos, o de multiplicar la semilla de Cristo es digno de imitarse.
Hay quienes van formando su tesoro en el Cielo de su propio espíritu, donde su Conciencia les dirá que fueron los buenos labriegos, los buenos administradores tanto en el sentido material y el espiritual. Hay quienes su tesoro lo tuvieron aquí mismo en la Tierra, no hicieron algo de provecho para su espíritu, donde su Conciencia como reclamo les preguntará, ¿qué hicieron de los dones y los talentos depositados? ¿Qué responderán? Sino el de servirse de ellos mismos para su propia satisfacción mundana.
Seamos los buenos administradores ante Quién nos confió grandes dones espirituales. Los que tienen su quehacer material y se ocupan de ella, para satisfacer sus necesidades pertinentes del mundo. Quienes no lucran con los dones del espíritu. Quienes pueden administrar los recursos materiales como es la moneda, para el provecho de los demás; así como también para el agradecimiento en este mundo de la luz de Cristo.

La carne y el espíritu

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El espíritu al descender y encarnar por primera vez en una carne terrenal, tuvo la necesidad al paso del tiempo de comprender su naturaleza material.
El ser humano posee tres naturalezas cuando ha encarnado: Su naturaleza divina que es su Conciencia; su naturaleza espiritual representado por su espíritu;… y su naturaleza material siendo ella, su carne terrenal.
Toda criatura terrenal posee instintos, por los cuales tiende a cubrir sus necesidades principales y básicas a la vez. El protegerse, el refugiarse, el satisfacer su necesidad de alimentarse, así como el de la procreación.
Las criaturas terrenales por el estímulo pueden asimilar un comportamiento al estar interactuando en su medio ambiente y con otros organismos. Es como así se desarrollan o evolucionan al paso del tiempo sus instintos, en la finalidad constante de satisfacer sus necesidades naturales. Todos hemos observado el cómo ante un estímulo o impulso nuestras mascotas reaccionan en determinada forma. Un estímulo repetitivo puede hacer que reaccionen en cierta manera o en un comportamiento. Por tanto, podemos entender el adiestramiento, como un estímulo repetitivo en nuestras mascotas en la búsqueda de que reaccionen en una forma determinada, o que vayan asimilando un comportamiento deseado.
No es de extrañarse que ante un estímulo las criaturas en su medio ambiente natural e interacción con otras, hayan aprendido o mejor dicho, asimilado una reacción determinada que les ayudase a satisfacer un instinto natural.
Nuestra carne humana lo es por el espíritu, sin él sería como otras de las tantas criaturas terrenales que existen en su gran diversidad en la madre Naturaleza. Esa carne no tendría un ideal ni un fin elevado en su existencia, se ocuparía tan sólo en cumplir la Ley natural, en satisfacer sus instintos.
¿Qué nos hace diferentes a las demás criaturas terrenales? La Conciencia y el espíritu. Y también muy importante, la consciencia. El espíritu encarnado tiene una luz sabia que le guía en el sendero de su perfeccionamiento espiritual. Esa luz no tiende a la evolución, pues pertenece a la presencia de lo divino en nuestro propio ser; es como una voz que se hace sentir en nuestro espíritu cuando yerra, pero también cuando está en el acierto.
Todas las demás criaturas están desprovistas del espíritu, no así el ser humano, conformado por innumerables atributos como lo son potencias, virtudes, dones, facultades espirituales. Y por último, la consciencia, ese atributo espiritual que al paso del tiempo sí se desarrolla y evoluciona, en ella se encuentra la potencia del pensamiento, y por él, la facultad del razonar. Por la razón reflexionamos, indagamos, cuestionamos, entendemos, deducimos.

Nuestra consciencia se acrecienta cada vez cuando el espíritu se conoce más y más. Se acrecienta con la experiencia de vida del espíritu. Allí se encuentran todo el cúmulo de experiencias de existencias pasadas. Todo cuanto ha comprendido de la vida, de cada morada que ha habitado. De ese aprendizaje que le ha dejado el maestro dolor y el haber obrado en el bien.
Cuando el espíritu se ha dejado dominar por los instintos de su carne, ha dejado de ser, el ser superior para colocarse en el papel de la criatura inferior. Y de las veces, él es el que ha corrompido o hasta pervertido los instintos de su carne. Ya no es el ser espiritual que evoluciona en un sentido elevado, sino bajo y pasional, obedeciendo a los caprichos de su carne. Pero ese capricho no procede o nació de su carne, sino de su propio espíritu que al tiempo hizo de un instinto una perversión, una corrupción.
Es así como el espíritu se mancha, se encuentra en decadencia y contamina por su paso a otros. Pero el hombre, ese ser terrenal conformado por sus tres naturalezas, no está destinado por siempre ser o estar en aquella condición. El dolor, el sufrimiento tiende a despertarle, a hacerle reflexionar su obrar y hacer. Entonces su consciencia le habla por su experiencia acumulada, y la Conciencia como un juez dadivoso le invita a retornar en el camino del bien, del amor y la virtud.
Con carne o sin ella somos y seguiremos siendo el ser con los atributos de la Conciencia y la consciencia,… en una la invitación sabia y perpetua, de una luz que no equivoca al espíritu. En la otra, el cúmulo de experiencia de nuestra eternidad. De cierto en algún momento tendremos un grado de perfeccionamiento espiritual al espiritualizar nuestro ser. De atender las necesidades de nuestro espíritu y carne sin que sea un reflejo de fanatismo, de cadena, sujeción. Sino de armonía entre esas dos naturalezas llegando a comprender, que uno y otra tienen necesidades, las cuales hay que satisfacer a la luz de la Conciencia.

Elevación espiritual

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Eso es la elevación espiritual, el permitir que nuestro espíritu no esté en un determinado lugar, sino que por sus potencias y dones desarrollados por la práctica de la virtud, él cada vez por su vibración espiritual le permita abarcar más.
Los que permanecen en las vibraciones faltos de luz, así mismos se sujetan a un lugar determinado, por ende todavía necesitarán de la substancia y de la forma.
Cuantos hay que han desprendido y vuelven a reencarnar aquí en esta morada llamada Tierra, porque no se han ocupado de su espíritu. Son como aves aprisionadas en una jaula, en la cual no pueden extender sus alas y recrearse de su propio vuelo. Así el espíritu aprisionado por su falta de luz, no puede extender sus alas espirituales más allá de esta morada para recrearse con su propia luz de la belleza de su Creador en innumerables maravillas, edenes que conforman su Creación.
Mas nuestro espíritu conocerá el poder que hay en él, poder oculto, aún invisible a su mirada espiritual, pero que intuye que sí existe en él, por ser y provenir de Quién todo Es.
Los espíritus grandes lo son por su virtud, y en ella el amor perfeccionado. Cada quien tendrá el deleite de su elevación espiritual, unos antes otros después. El ejemplo ya lo tiene el espíritu en esta morada, sólo le es necesario el seguir y practicar ese ejemplo,… Jesús fue el Maestro. Quien permitió que Su templo se desbordase en una y otra forma a través del amor. Su virtud le hacía uno con Dios; no estaba limitado, podía desde lo terreno a lo álmico el abarcar y ser. De lo espiritual a lo divino manifestarse conforme Su luz.
Así el espíritu tendrá una semejanza con Su Maestro, que aunque hoy le parece imposible esto, el modelo también lo tenemos en Elías, hermano evolucionado, lleno de potestad y de la gracia de Dios.

Ir mejorando por amor a la Doctrina

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En este plano material no se nos pide perfección, pero sí cada vez la oportunidad de ir mejorando. Que no seamos ya el del ojo por ojo y diente por diente, como muchas veces estábamos acostumbrados a actuar ante la ofensa y el agravio de nuestro semejante. Que en nosotros ya hay Enseñanza, ya existe cierta elevación espiritual que es sensibilidad del pensamiento y del sentimiento, lo cual aún no lo tiene la mayor parte de nuestra hermana humanidad.

Somos cada vez más Concientes y conscientes de nuestros hechos y actos, por lo cual no nos permitimos ya hacer lo que pudiese ocasionar un daño a los demás. Mas no quiere decir que por ser más acordes a la Enseñanza del Maestro no debemos sentir enojo, malestar. Claro que sí, y no sólo eso, sino hasta expresarlo, pero ya no con una intención de que el fuego nos consuma. La Enseñanza nos ayuda a ser más acordes a la virtud, a ser más afines a la luz de la Conciencia y en ella a la voz del Padre. Lo cierto es, que cada vez somos menos pasionales, menos punzantes hacia el arrebato de la ira y la venganza.

El símbolo del 666 y otros…

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Nuestro Padre-Maestro nos recomienda que a Sus parábolas, metáforas, Su palabra en sentido figurado le demos una interpretación espiritual. Sino lo hiciéramos así, caeríamos en grandes errores al darles un sentido material. Cristo es quien viene a darnos la interpretación acertada de las cosas espirituales, y lo que nos dice, es que por ejemplo el dragón y la bestia, el anticristo no son personajes materiales a presentarse en un futuro cercano a la humanidad. Ellos representan a nuestro espíritu, a nuestro corazón,… al Templo que perteneciendo a nuestro Padre, nosotros le hemos dado cabida a otras fuerzas, o otros poderes que no pertenecen a la luz, como al amor y a la virtud.
Cristo es el amor; el anticristo como bien nos explica es todo aquel que no ama. Así que en esta morada llamada Tierra hay millones de anticristos. Hemos dado cabida al dragón que es y habita aún en nuestro corazón, ese dragón se levanta, se erige y se aposenta en el Templo que es de nuestro Padre. Allí a tomado lugar para blasfemar en contra del amor que debía estar entre los hijos de Dios. La bestia representada por el materialismo de nuestro espíritu, pues así de las veces es con su hermano y Semejante, no se muestra espiritual sino materializado. Otras fuerzas gobiernan su voluntad, su consciencia, su pensamiento,… es el espíritu que se ha doblegado a lo del mundo. Que prefiere la voluntad del hombre y hacer de lado la voluntad divina. Es el César que ha esclavizado nuestro ser, al cual le hemos dado todo; él se ha apoderado de nuestro ser espiritual, tal como lo declara nuestro Padre en Su enseñanza.
¿Qué es el 666? Todo lo anterior, es la marca del dragón, de la bestia y el anticristo que como sello impreso están todavía en nuestro espíritu. Es marca de hombre, donde el hombre se esclaviza por el mismo hombre, se tienta, se blasfema y se adora.
Lo que no entiende nuestro espíritu que por la fuerza del hombre, siempre encontrará quien sea más fuerte que él mismo. Siempre encontrará alguien más fuerte que le domine, le avasalle, le imponga, le condicione. Le diga como actuar, que decir, que pensar, donde llevar su voluntad. Es el número de César, que al tiempo tras tiempo esclaviza como señor a nuestro espíritu. Todos llevamos en algún sentido el 666 en nuestro ser… ya que hemos sido condicionados en nuestra forma de pensar y actuar. Poderes grandes se han apoderado de la voluntad del espíritu, le dicen que pensar, como obrar en su existencia material y espiritual… Sí, todos llevamos ya el 666 como marca en nuestras manos y en nuestra frente, ya que no es la voluntad divina de nuestro Padre quien gobierna en este mundo, sino la fuerza del César que se ha impuesto en nuestra voluntad espiritual.
¿Qué número representa a nuestro Padre? El siete. El siete es símbolo de perfección, de Espiritualidad, de lo santo… Y hay que recordar que en las Escrituras los hijos de Dios llevarán el sello de Dios. Todos en algún momento de nuestra evolución y por nuestros méritos espirituales dejaremos la marca del 666, para colocar otro… el sello del Dios Vivo, será cuando la humanidad, nuestro espíritu refleje la voluntad y la luz de su Dios.
No será eterno que el espíritu ceda a la tentación y a las fuerzas opuestas a la luz. Es destino nuestro, tener por gloria el Sello de Dios. Todo nuestro ser tendrá reflejo de voluntad divina, del Reino de la Conciencia.
Hoy nuestro ser se purifica en el Sexto Sello, pues es la etapa donde nuestro espíritu aún tiende a servir al César, y en él al dragón, a la bestia y al anticristo. Es el dolor nuestro cáliz. Mas llegará el Séptimo Sello y con él la beatitud espiritual. Este mundo será morada de espíritus evolucionados por la experiencia, pero mucho más importante elevados por el amor y la luz. De cierto esta morada tendrá por título el Pueblo de Dios, entonces el hombre y Él serán uno, hasta conquistar ya en el Valle espiritual, otro galardón, ese será… nuestra perfección espiritual, aún muy lejano, pero por destino es y será.

El espíritu sujeto a esta morada

3-64-2
Nuestro Maestro Jesús el Cristo prometió enviar al Espíritu de Verdad en otro tiempo, para recordarnos y esclarecernos lo pasado.
Las religiones tienen por base las Escrituras de primer y segundo Testamentos; pero nosotros tenemos por guía el Tercer Testamento, la Sabiduría del Espíritu de Verdad que no sólo nos vino a recordar lo que quedó en los Testamentos pasados, sino a darle su verdadero significado. Así por ejemplo mientras las religiones Cristianas creen que el Diablo es un ser para tentar y perder a la humanidad, nuestro Padre como Espíritu de Verdad, nos da su verdadero significado. Así también nos aclara qué es el alma, qué el cuerpo y qué el espíritu. En sí, nos vino a revelar las tres naturalezas con las cuales está conformado nuestro ser mientras está encarnado… Conciencia, espíritu y materia. Sin embargo cuando nuestro espíritu se desprende de la carne, ya no es ella la que nos sostiene en el plano material, pero sí nuestra alma la que nos SUJETA aún a esta morada.
El Universo es el hogar de los hijos de Dios… todo ello nos pertenecerá cuando nuestro espíritu conquiste su perfeccionamiento espiritual. En ese perfeccionamiento nuestro ser volverá a ser esencia como lo fue al principio cuando nacimos del Seno divino. Nuestros dones, facultades, virtudes, en sí todos nuestros atributos espirituales estarán en su culminación, aunque nunca dejaremos de evolucionar. Nuestra elevación espiritual será perfecta, es ella la que nos permite estar en un mundo y otro, en un plano y otro, de una morada a otra.
Hoy nuestra elevación espiritual es escasa, poca, no nos hemos permitido desarrollar el amor, el bien, lo noble, el que nuestra voluntad sea afín a la de nuestro Creador. Por ello, cuando desprendemos de la carne, aún no podemos estar en planos o moradas más elevadas en luz, porque no hay méritos en nuestro espíritu y todavía tendemos a cuantas tentaciones y faltas espirituales.
Por ello… nuestro espíritu está sujeto al desencarnar a esta morada por medio del alma. Siendo de una naturaleza sutil, sin ser totalmente espiritual ni material, tiene lo indispensable para sujetar a nuestro espíritu a lo que es forma y substancia.
La gran mayoría de nuestros seres queridos y amados siguen aquí, sujetos a esta morada, sólo que sin carne. Este será nuestro hogar una y otra vez con carne y sin ella, hasta que nuestro espíritu se permita por sus méritos conquistar otras moradas… una tras otra, hasta que por fin conquiste todo, todo el Universo. Para entonces no estará ya sujeto a ninguna morada, a ningún mundo… todo le pertenecerá.
La gran mayoría de nosotros en este mundo somos como aves, aprisionados en una jaula,… limitados a un espacio sin poder ir más allá. Nuestros méritos y elevación espiritual, nos permitirá ser como el ave cuando es liberado de su jaula… Tendrá todo un mundo para él, extenso, inimaginable con todas sus bellezas por haber. A semejanza nuestro espíritu en su elevación y méritos cada vez se permitirá una mayor extensión de la Creación de Dios, hasta que por fin todo le pertenezca sin limitación alguna… mundos, planos materiales, moradas con diversas naturalezas, entre ellas la almica.

Elevación y Evolución

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Hay espíritus evolucionados, pero faltos de elevación espiritual. La elevación espiritual es la que nos permitirá estar en otros planos o moradas superiores a la que tenemos hoy. Es ella la que permitirá que este mundo no sea de tiniebla, sino de luz de los unos a los otros.
Esta morada es de espíritus evolucionados, han desarrollado su inteligencia, su razón, han transformado de tiempo en tiempo su mundo. Sin embargo no se atiende a la voz de la Conciencia, no existe fraternidad entre naciones, aún la miseria y el egoísmo del espíritu se hace presente de los unos a los otros. Evolución no es sinónimo de elevación, la primera todos la vamos adquiriendo, desarrollando conforme pasan las Eras sobre nuestro espíritu; en tanto la elevación espiritual puede quedar abandonada por tanto tiempo como lo permitamos.
Explica nuestro Maestro en el LVV, que Juan su discípulo y apóstol, fue quien se adelantó siglos enteros a una cantidad inimaginable de tantos otros espíritus. ¿Cuál fue su secreto? El haber atesorado los bienes del espíritu: el haberse permitido amar a sus hermanos, el de llevar una existencia noble y buena. El practicar la oración y la meditación. El de cultivar los buenos sentimientos y pensamientos. Si queremos ser grandes, con poder y potestad verdaderos, nos es necesario atesorar los bienes del espíritu.
Un espíritu con una inteligencia desarrollada puede ocuparse en lo innoble, en ideas oscuras y por su libre albedrío llevarlas a cabo. Le llevará todo ello a una purificación, al dolor, al sufrimiento en su propio ser tarde o temprano. Un espíritu elevado no permitirá que su libertad de obrar y hacer, sea para el dolor hacia los demás; tendrá grandes ideales que aunque pequeñas obras, sean para beneficio de todos. Ese espíritu no hizo un sendero hacia el dolor, sino lo opuesto hacia la paz de su ser, el mayor galardón que puede obtener un ser espiritual.
Un espíritu elevado por el amor tiende a desarrollar todos sus dones espirituales, y más aquellos que le atraen a su interés. Un interés no egoísta, sino marcado por un sentimiento noble que sea de utilidad a los demás. No sólo experimenta el goce que va adquiriendo en su experiencia, sino le es permitido por las altas escalas de la luz que lo lleve a cabo. La elevación espiritual desarrollada, le permitirá a un espíritu tener uno de los mayores goces espirituales, la comunicación de Espíritu a espíritu. El Padre y el hijo en una comunicación aún no comprensible al espíritu de la humanidad, pero que está destinada a conquistarla conforme él se lo permita.
Llega el instante del Reino de la Conciencia, entonces esta morada llegará a ser una entre tantas, donde sus moradores gozarán del fruto de su elevación y evolución espirituales. Los dos en un mismo sentido, en un mismo sendero,… hacia su perfeccionamiento espiritual.

Hacer luz en otros

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En los sueños podremos entrever en mucho la condición de nuestro espíritu y la de otros.
Un espíritu no recibe luz tan sólo por haber pronunciado algunas palabras como las que se acostumbran en los recintos. Ni se elevan a una morada superior tan sólo porque lo deseamos. Cada espíritu lo va logrando por sí mismo conforme sus méritos espirituales.
Hay ocasiones que un espíritu es ejemplo para uno o muchos, tanto para encarnados o desencarnados. Ese ejemplo sí influye para que imitándolo, otros puedan hacer luz en su propio ser. Si somos luz, que es ejemplo de virtud, bien, amor, caridad, ellos al imitar aquella luz, podrán hacer luz en su espíritu.
Todos tenemos amigos, familiares, seres queridos y amados en la siguiente morada que nos corresponderá llegado el tiempo, la almica. Todos tenemos también la responsabilidad de hacer luz en nuestro propio espíritu, de no dejarle toda esa responsabilidad a un determinado ser. Cuando uno anhela la luz, podrán presentarse mil actos alejados de la luz, y nuestro ser no tendrá por imitar ni uno de ellos, porque ha preferido la luz. Sin embargo hay hermanos que sí necesitarán que alguien les muestre el sentido de la luz, del amor, del bien.
Tenemos por cierto que ninguno es un justo, que la tentación aún nos vence, que tenemos aún actos y hechos no nobles. Sin embargo, si estamos en este camino del Maestro, nuestro espíritu tendrá que vencer mucho de lo que era antes, porque ha empezado a preferir más la luz que la tiniebla,… y ese sólo hecho de que otros vean nuestra lucha por conservarnos en la luz, hará también luz en muchos. No llegarán a ser justos, pero podrán tener un ideal de que es posible practicar y amar la luz.
Ejemplificar esto es sencillo,… Todos conocemos algún hermano que desde su nacimiento se ha visto imposibilitado hasta para realizar las tareas más sencillas. Y no necesariamente significa que está pasando una purificación por alguna deuda espiritual. Al observarlos en su constante lucha, de estar así durante años, décadas, nuestro espíritu no puede más que aceptar la fortaleza de ellos, de su lucha. Nuestras adversidades parecen menos, y hasta decimos dentro, que nos ahogamos en un vaso de agua. Esa perseverancia, esa lucha de aquellos hermanos hace luz en nosotros. De igual forma sin ser justos, cada uno de nosotros puede influir en muchos para bien,… por nuestra perseverancia en la luz.

Los recintos ETM después de 1950

8-209-57


La Comunicación divina a través de los Portavoces terminó en 1950, aunque para muchos esto no sucedió. Desde Damiana Oviedo la primera Portavoz, esta fecha apareció como un acontecimiento importante a suceder. En el LVV se puede leer que habrían Portavoces que negarían esta fecha, y darían paso al falso Jesús, para engañar a muchos en la no terminación de Su comunicación a través del entendimiento humano. Las profecías se cumplieron y así sucedió.
Es importante mencionar que en los recintos actuales, nuestro Padre ha concedido Su caridad divina a los necesitados. Mas como Él nos explica, que donde quiera se le solicite, Él es. Lo que sucede es que muchos hermanos nuestros que han tomado el papel de Facultad después de 1950, sí han tenido elevación espiritual, han sentido el dolor de quien se acerca, han tenido una existencia en la virtud,… todo ello ha favorecido para que los dones despierten y se manifiesten como lo es el del fluido espiritual.
Sin embargo, esto no ha sucedido así en lo que se transmite por medio los portavoces actuales. Como el RAYO DIVINO ya no es en el entendimiento del portavoz, ellos necesitan recurrir a lo que pueden leer y aprender en otros libros, incluso el del Libro de la Vida Verdadera. Por ello, observaremos la gran diferencia entre un recinto y otros de lo que se transmite y enseña por medio de los portavoces; lo cual no sucedía antes de 1950, que era una Enseñanza uniforme de un recinto a otro.
Los portavoces actuales cuando han tenido una existencia en la virtud, la oración, la meditación, en la caridad, el don de la inspiración se desarrolla. Es un don que todos podemos obtener, el cual fue profetizado por nuestro Padre el que Sus discípulos lo obtendrían después de 1950, según su anhelo y desarrollo.
Es importante mencionar que nuestro Maestro antes de 1950, declaró como una grave falta a quien invocaré Su rayo divino después de 1950, ya que Él no se prestaría a una confusión tal para la humanidad, y quien incurriese en ello no sabría a lo que se expone. Por lo tanto los portavoces actuales sólo tendrían acceso a la inspiración,… aclarando al pueblo reunido que no es el Rayo Divino sobre su entendimiento y tampoco el Maestro dando Enseñanza por sus labios.
Nuestro Padre-Maestro siempre ha pedido nuestra unificación como pueblo. Mas reflexionemos lo siguiente,… si fue Él quien declaró desde Damiana Oviedo, Su primera portavoz el año de 1950 para la finalización de Su comunicación, y luego unas semanas antes de finalizar ese año que no lo haría,… ¿quién hizo división, desunión de Su pueblo? Sino el mismo Maestro. Sí, Él sería el causante de nuestra falta de unificación, e incluso de la discordia entre Su pueblo.
Debemos también reflexionar y considerar la existencia de Jesús en el Segundo Tiempo, Él pidió se le apartara el cáliz a sucederle, ¿Dios accedió a Su petición? No, no lo hizo, y Jesús tuvo que pasar por el cáliz amargo para el cual fue enviado. Desde aquel entonces nuestro Dios nos demostraba que Su palabra es ley y se cumple. Que no es la voluntad humana la que se puede intercalar en los más grandes designios divinos. En los más grandes designios divinos sólo Él es.
También es necesario aclarar un punto muy importante, el cual nuestro Maestro lo explica: Que su Obra y la Doctrina sería más conocida después de 1950, que Sus recintos no desaparecerían, mas sí les era necesario dejar o apartar todo cuanto a ellas no pertenece.
Desde mucho antes de 1950, nos exhortaba a abandonar toda materialidad, todo misticismo, así como todo aquello que proviene de las religiones e incluso de otras creencias espirituales alejados de toda luz. A desarrollar los dones por medio de las virtudes y la caridad. A desarrollar la elevación espiritual, para que por medio de ella la inspiración fluya, así como el fluido espiritual sea presente no en unos cuantos por manifestarse, sino en todos quienes presiden un recinto. Nuestro Padre también explicaba que después de 1950 se dejarán todos los cargos, entre otros el de Facultad, Columna, Pedro, Pluma de Oro, Portavoz. Nos insto a dejar todo indicio de idolatría. E incluso apartar de nuestros ojos todos aquellos símbolos materiales con que se representó Su obra, como las flores, el aceite, la escala, las cruces, los estandartes y hasta la vestimenta.
A la Obra de nuestro Maestro no le es necesario de lo que vemos u observamos de otras religiones o creencias espirituales. Si permitimos que suceda, pasando el tiempo hace que la Obra pierda su sentido esencial y espiritual. Ella tiene cuanto le es necesario para distinguirse de todas las demás ideologías espirituales. Nuestro Padre-Maestro es quien define Su obra tal como debe presentarse a la humanidad, y somos cada uno de nosotros los que tenemos por siempre el respetar Su luz.
La Doctrina y la Obra no termino en 1950, ella debe extenderse conforme a la Sabiduría del Maestro que de las veces después de 1950 no se encuentra en los recintos actuales, pero sí en el Libro de la Vida Verdadera, donde quedó como testimonio Su verbo por medio de Su rayo divino. Esa etapa terminó y es necesario reconocerlo. Ese reconocer no nos hace daño, simplemente nos da la oportunidad de hacer visible la Obra conforme a la luz divina y no la del hombre.

Las tentaciones de Jesús

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A la luz de la Enseñanza del LVV nos explica que Jesús se adentró al desierto como una preparación antes de iniciar su misión. Esa misión como bien tenemos cierto fueron tres años de adoctrinamiento espiritual, donde el pueblo de Israel conoció en Jesús el verbo y el amor divinos de Yo Soy el que Soy, o sea nuestro Padre-Dios.
Jesús según las Escrituras se adentro al desierto por cuarenta días. Israel a su salida de Egipto hacia la conquista de la tierra prometida, fue adentrado por cuarenta años. En la revelación de Juan, Apocalipsis, la Mujer Vestida de Sol perseguida por el dragón, a semejanza paso por 1270 días en el desierto; en aquel lugar fue alimentada y protegida hasta dar a luz. Por la Sabiduría de Cristo como Espíritu de Verdad en el Libro de la Vida Verdadera, se nos declara que quien daría a luz… sería a su pueblo Trinitario Mariano en el Tercer Tiempo.
El desierto simbólicamente ha significado la purificación, la depuración, la preparación hacia el cumplimiento. Israel paso por cuarenta años para depurarse de su idolatría de Egipto,… hacia el conocimiento del Dios Verdadero. El pueblo Israelita del Tercer Tiempo ha tenido necesidad espiritualmente de depurarse de la idolatría actual. De prepararse en la Enseñanza de nuestro Padre en Su manifestación como Espíritu Santo. De purificarse de muchas tentaciones que ha llevado en sí y prevalecido en él mismo… tentaciones del mundo, del corazón, del espíritu.
Jesús nos enseñó al retirarse al desierto, de la necesidad de una preparación hacia un fin noble espiritual. Preparación de la mente, del corazón, del espíritu, de la purificación de aquello de lo que aún nos tienta. Cada uno de nosotros conocemos lo que nos tienta aún, de lo que todavía es tiniebla en nuestro pensamiento, de lo insano en nuestro corazón, y lo que aún es lucha en nuestro espíritu. Conocemos ello, y la Conciencia es como una luz, como un juez que nos hace sentir la realidad que existe en nuestro ser.
El Maestro no era sólo Divino por ser el mismo Espíritu Divino del Padre, sino también era humano a semejanza de cualquiera de nosotros. Jesús Hombre conoció de las debilidades humanas, como de sus luchas, de sus ocupaciones y necesidades. Conoció el tener un padre, una Madre en lo humano; del trabajo, de la faena por conseguir el pan de cada día. Jesús fue lo divino de Dios humanizado.
Jesús conoció de la tentación con que nosotros convivimos en el día a día. El cómo somos tentados y caemos. Conoció de su fuerza, del cómo el espíritu sucumbe ante ella. Siendo en Él la virtud divina, pero a la vez humano como lo dice la Enseñanza, no fueron tentaciones bajas lo que anido en Su naturaleza humana. Cuántas veces demostró Su poder que procedía de Su virtud, y nunca se dio gloria a Sí mismo, sino a la fuerza del amor divino que procedía de Dios. Cuántas veces Él no se permitió llamar ejércitos celestiales a que Le salvaren del yugo y egoísmo humano, y no lo hizo procurando así servir a la Voluntad divina a pesar de Su sufrimiento y dolor. Cuántas veces bendijo el pan de los hombres, y si acaso era necesario, el multiplicarlo agradeciendo a la Caridad divina del Padre. Cuántas veces Jesús glorificó al Padre y no a Sí mismo.
Jesús podía haberse eternizado entre los hombres. Ser glorificado día y noche por la humanidad. A la vez que ella no hiciere esfuerzo alguno para conseguir el pan de cada día; así como por Su caridad ella sanar sus dolencias materiales y espirituales. El espíritu de la humanidad hubiese tenido un Rey divino y humano a la vez, que por Su poder todo le concediera. Tendría ella quien le sirviere, y así una humanidad aletargada por la bondad divina que no haría mérito para conquistar las altas moradas espirituales.
Sí, el corazón humano de Jesús sentía, amaba a la humanidad. No eran tentaciones mezquinas las que tuvo en Su pensamiento y corazón, sino la posibilidad de eternizarse humanamente por amor a ella. Mas dando mucho más valor a la Voluntad divina, Él saliendo del desierto tuvo por buen término el de llevar a cabo, para el fin con que fue enviado aunque en ello significaría un cáliz muy amargo. ¿Acaso Jesús ya en Su adoctrinamiento no pidió que se le apartare ese cáliz? Sí, el dolor de Su carne era real, lo que sentía Su corazón humano tan real como el de cualquiera de nosotros. Su pensamiento humano lo fue, como el de cualquiera de nosotros pidiendo al Padre el no pasar por un trance tan amargo. Al final, lo humanizado de Él se concedió humildemente darle más valor a la Voluntad divina y en ella, Jesús nos dio a entender que el hombre no conoce aún del todo los designios de Dios, pero sí la esperanza de que en Él está la gloria de todo espíritu,… hasta que sienta por sí mismo el proclamar: «Todo está consumado». En esas palabras cuánto ya habrá alcanzado en su luz, en su poder y potestad.

Las moradas y la luz de la Conciencia

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Hay moradas donde también están los hijos de Dios, y no es tanto de ellas su importancia, sino de quienes la habitan. Hay moradas donde nunca necesitaron un Salvador según lo explica Su enseñanza, porque desde un principio amaron la luz que procede de la Conciencia. Por esa luz evolucionaron, desarrollaron sus dones y virtudes, y tienen una gran delantera a comparación de otros hermanos suyos en la Creación.
Aquí en esta morada lamentablemente fue necesario un Salvador, Jesús el Cristo. El Verbo del Cristo es en todas las moradas, mas aquí tuvo que encarnarse para que Él fuese escuchado y visto en lo humano. Él conocía lo que sucedería después, que el espíritu de la humanidad por haber preferido la tiniebla en lugar de la luz, tendría que pasar por el cáliz de la crucifixión.
Cristo dejó las 99 ovejas en Su reino para rescatar a la 100, que está representada por cada uno de nosotros. Descendió a los muertos del espíritu, para resucitarles con Su doctrina de amor a la vida de la gracia. Hoy aún no están salvos, le ha sido necesario al espíritu el purificarse por el maestro dolor, porque por tercera vez rechazaron al Cristo, al Maestro amor.
El Cristo conoce el cáliz de amargura por la que ahora pasan los espíritus. Conoce que el maestro dolor les despertará, les hará reflexionar hacia la luz que otros amaron desde su principio, la luz de la Conciencia.

El Último Testamento de Roque Rojas

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El Último Testamento de Roque Rojas, es un librito compartido entre dos doctrinas y que se puede hallar tanto en los recintos Espiritualistas Trinitarios Marianos y Eliasistas. Un libro que se escribió bastante de su contenido, mucho antes de que el Verbo de nuestro Padre diera Su primera Cátedra en 1884.
Roque Rojas fue inspirado por Elías el profeta de Fuego, el mismo que preparó en otro tiempo como Juan el Bautista los caminos de Jesús el Cristo. Él fue quien también preparó en la apertura del Sexto Sello el advenimiento divino de Cristo en Su manifestación como Espíritu Santo desde 1866.
Roque Rojas fue inspirado a preparar un pueblo, el Israelita espiritual en la nación Mexicana. Elías le inspiró, le protegió, le guío. El Profeta de Fuego a través de Roque prepararía el camino de Quien daría a conocer el verdadero significado de las cosas espirituales: Cristo, ya después del año 1884 por medio de todos Sus portavoces hasta 1950.
Para quien quiere adentrarse en el estudio y análisis del Espiritualismo, le es necesario y conveniente leer el Último Testamento de Roque Rojas. Ya que observaremos en su lectura y análisis como bastantes conceptos espirituales difieren de la Doctrina del Espíritu Santo. Y sucede que, Roque Rojas tenía preparación del Catolicismo, quien en aquella época era la religión predominante en la nación Mexicana.

Roque en su libro, aún entiende el Cielo y el Infierno como lugares determinados. El que la humanidad tenga un dirigente espiritual, como sucede con el Papado, sólo que Roque le llamaría el Gran Hijo del Sol. En su libro tiende todavía hacia la celebración de costumbres, ritos, festines; a vestir de forma sacerdotal. A la consideración de dogmas y anatemas de tendencia religiosa.
Todo lo anterior difiere y en mucho a lo explicado por Cristo en Su manifestación como Espíritu Santo… Ya que nos explica que el Cielo e Infierno no son lugares determinados, sino más bien estados espirituales del espíritu. Que Él no viene a instaurar una religión más, ni una sede más, ni tampoco un hombre con jerarquía espiritual sobre los demás. Así nos insta a dejar los hábitos religiosos, como también el festejo de tantas costumbres y ritos.
Roque Rojas en su libro tiene por anatema la reencarnación del espíritu. Sin embargo, Cristo nos explicó que es una Ley espiritual por medio de la cual el espíritu tiene tantas oportunidades le sean necesarias para su evolución y desarrollo espiritual mientras le corresponda habitar esta morada, como para también el restituir y purificar sus faltas espirituales.
Se entiende en el libro de Roque Rojas, que la inspiración sólo corresponde al hombre y no a la mujer. Mientras que Cristo nos menciona que la inspiración corresponde al espíritu elevado por su amor, su luz y su virtud.

Así podríamos observar otras y tantas diferencias entre lo que entendió Roque Rojas antes de que Cristo viniese a revelar las cosas espirituales en su Doctrina como Espíritu Santo, y que quedo como testimonio en el Libro de la Vida Verdadera. 

De los niños es el Reino de los Cielos

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Nuestro espíritu conquistará el Reino de los Cielos en su propio ser. No existe alguno que no lo logre, hasta aún a quien pensamos que no lo merece.
En un principio fuimos inocentes, semejante al infante que nace en este mundo. Mas así como se desarrolla y crece hasta madurar, así será el espíritu en su evolución hasta alcanzar su perfeccionamiento espiritual. Desarrollados, experimentados, evolucionados en sus atributos espirituales,… afines a la luz de la Conciencia y en ella a la voluntad de su Creador. Cada espíritu será un reflejo de la pureza del Padre, que en algo podemos percibir en la niñez.
No es que el Padre quiera en Sus hijos evolucionados la inocencia del que es faltó de desarrollo como lo es en el infante. Sino el espíritu desarrollado, perfeccionado con la pureza del corazón a semejanza del niño de la Tierra. Esa pureza que habla de la vestidura del espíritu, la virtud acrisolada. El espíritu sencillo, humilde, donde su pensamiento y sentimiento no hay mancha alguna, como es la envidia o el rencor. Donde su luz es pura, que a través del tiempo ella misma paso por la madurez. Esa luz que no es como cuando surgió del Seno divino, que por pertenecer a Dios es perfecta y santa. Que se empañó y hasta quedó oculta por las manchas de las faltas cometidas. Mas el espíritu en su evolución comprendiendo su origen y su naturaleza divina, resuelve volver la blancura de esa luz, hasta volverla potente por sus méritos. No sólo la volverá potente, sino le regresará lo santo y puro como lo fue en su comienzo.
El Reino de los Cielos es de los niños, así lo declaró el Maestro perfecto con la pureza del niño en su Ser. El ejemplo está en el Maestro, que siendo la luz perfecta y santa de Dios, con todas las potencias de su Ser a su disposición, tenía la ternura en Su corazón. Esa ternura divina que a todos envolvía, que no juzgaba como hombre, sino como Padre y Madre buscando la salvación de quienes le pertenecen. Con esa mirada que abrazaba a quienes se acercaban, semejante al niño que no ve mal alguno, esperando encontrar la misma ternura y amor en los otros. Y sí, llorando a semejanza del niño cuando ve sufrir a otro, al estar saldando su deuda con dolor. Clamando porque su dolor acabe, y si pudiera abrazarle, para en algo mitigar el dolor y el sufrimiento de quien ve enfrente sin tener en cuenta su mal.
Todo espíritu tendrá una luz pura. Cada quien tendrá un corazón maduro, acrisolado, perfeccionado, y a la vez sencillo y dulce, con la ternura que todos han experimentado en la Tierra en la etapa de la inocencia.
«Dejad que los niños se acerquen a Mí»,… ¿acaso los niños podían comprender el mensaje del Maestro? No era la comprensión de Su palabra que tarde o temprano cada espíritu alcanzará, sino la pureza del corazón sin malicia a semejanza de los niños, lo que el Padre buscaba entre quienes se acercaban a oírle sin tener importancia la edad. Un corazón así está presto a la luz, lo que un corazón altivo y soberbio desecha sin saber a quien tuvo delante de sí. Un corazón iluminado por la virtud del espíritu, encierra y refleja un sentimiento cada vez más semejante a Quién le dio vida y eternidad.

La Doctrina en otras tierras

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Paso a paso la Palabra del Tercer Tiempo está llegando a otras comarcas. Ella es como brisa suave para quienes la esperan y como estruendo para quienes ven una amenaza a sus intereses. En otras tierras también están los señalados, aquellos de espíritu elevado esperando la llegada de su Maestro. Unos y otros no se conocen más tienen un sentido por el cual se reconocerán. Unos por oriente otros por occidente, nada detendrá la voluntad de Quién les envío.
Una espada afilada hay en cada discípulo, en su espíritu se encuentra ella, no da muerte,… rasga las tinieblas en que se encuentra la humanidad. Es el discípulo preparado que muestra la verdad del Maestro, a semejanza de los apóstoles del Segundo Tiempo, que teniéndolo por un tiempo, después cruzaron tierras a mostrar la luz de Quién les envío. Su palabra era suave para quienes esperaban con el espíritu, más era tempestad para quienes se encontraban materializados. Así será en este tiempo, unos se escandalizarán,… otros verán en la palabra de los nuevos discípulos el oasis de la libertad.
Cada generación tendrá su lucha, unos abrirán camino, otros sembrarán en él y otros más tarde disfrutarán la cosecha, de ese triunfo del Padre que nadie podrá detener.
Este mundo tendrá el sello del Padre, de laurel se coronará esta morada y en ella a quienes triunfen. No todos querrán aún la corona del olivo, será en otro tiempo en el que su espíritu anhele la Nueva Jerusalén.
Para el Padre es ya corto el tiempo en que su Palabra del Tercer Tiempo traspase de nación a nación. Aunque para los discípulos es largo aún. Cada quien en su lucha cumpla con su misión, ella está escrita en el legado que dejó el Maestro. En la Conciencia del discípulo está la invitación de obrar a la luz de Quién le enseñó, por lo tanto la guía la han tenido una y otra vez. Todo aquel que sienta la necesidad de obrar a luz del Maestro, obre. Él es el Camino, la Verdad y la Vida,… la Luz de este y todos los mundos. Es el espíritu que tiene la necesidad de seguir a su Maestro, para después ser luz que alumbre y rasgue las tinieblas de otros más. Es el espíritu que siente el llamado del Maestro para que le enseñe, y Él da a cántaro lleno.
La victoria es del Padre, pero no es una victoria que subyugue, es de libertad. Donde unos por su lucha dieron de su ser para liberación de otros, y al liberarse contemplaron el poder del espíritu. Cada quien antes de ser del Maestro se han vencido a sí mismos, en una lucha interna se encontraron. Al final reconocieron el poder del Maestro, que no subyuga sino liberta, que les hizo partícipe para emancipar a otros.
La libertad del espíritu es sacrificio, es dar tiempo a los demás, cada discípulo conocerá su servicio, aquel donde se siente a gusto obrar. Así es la Iglesia del Espíritu Santo, no todos son campanas ni todos columnas, otros son altares de fe, otros ofrenda de luz, otros más escalinatas por su elevación. Otros más son aceite untando al enfermo, hay quienes son voz. Otros misioneros, otros protectores de la Obra, otros son profetas, otros más soñadores y hay quienes son letra por su inspiración.
La Iglesia del Espíritu Santo es muy grande, más allá del tiempo y del espacio, donde el Padre Es, Él que da y otorga. Donde el mal no prevalecerá, donde callada pero poderosamente conquista espíritus para Su gloria. Es la Iglesia sin cimiento alguno sobre la tierra,… con la potestad y la gracia que se erigen desde el espíritu de la humanidad.
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